El Movimiento Contra la Tortura Sebastián Acevedo

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El Movimiento Contra la Tortura Sebastián Acevedo
Actualmente reside en Estados Unidos,
donde dirige el Instituto para el Estudio de
Ideologías y Literatura, de la Universidad
de Minnesota. Junto a esto, edita la serie
Literatura y Derechos Humanos.
OTROS TÍTULOS DE ESTA COLECCIÓN
* Ensayos sobre la memoria cultural de
Chile (Juan Armando Epple)
* La militancia juvenil en los ‘60 (Sergio
Martínez)
* Diario de un exiliado político chileno
en Suecia (Enrique Pérez)
* Campos de concentración: Chile 19731976 (Juan del Valle)
* El dictador en la literatura hispanoamericana (Juan Carlos García)
* Actas de Palo Alto: La obra literaria de
Fernando Alegría (Juan Armando Apple)
* En un pueblito olvidado (Ricardo Trojak)
* Los partidos, los sindicatos y Clotario
Blest (Miguel Silva)
José Aldunate
BIBLIOTECA
SETENTA&3
Hernán Vidal
El Movimiento nació en una Comunidad Cristiana de
reflexión y acción. Sería largo hacer la historia de este
grupo que se llamaba EMO (Equipo Misión Obrera)
y que llevaba una larga tradición –desde comienzo de
la década del ’70– en una práctica de análisis de las
situaciones político-sociales y religiosas, de reflexión
sobre ellas y acción. El grupo estaba constituido por
sacerdotes (algunos eran curas-obreros), religiosas y laicos. Nuestro compromiso era religioso-humanista, por
los Derechos Humanos, por una convivencia fraternal,
por el «Reino de Dios» a la que convoca Jesús en su
Evangelio. Este grupo inicialmente vinculado con la
reivindicación obrera, se vio, después del Golpe Militar
(septiembre de 1973) envuelto en la defensa de los perseguidos por el régimen y en propulsar la recuperación
de las libertades cívicas. Tuvo una acción constante en
la prensa clandestina, en las comunidades cristianas de
base, en los comités de Derechos Humanos y vinculación con la Vicaría de la Solidaridad. Sin condenar a
priori toda la violencia, nuestros caminos eran siempre
no violentos.
La coyuntura de ese año 1983 estaba marcada por «las
protestas». Convocadas inicialmente por dirigentes
obreros, prendieron en la sociedad civil muy afectada
por la pobreza y por el mismo régimen de dictadura.
Eran esencialmente protestas no violentas.
El Movimiento Contra la Tortura
Sebastián Acevedo
Derechos Humanos y la producción
de símbolos nacionales bajo el fascismo chileno
El Movimineto Contra la Tortura
Sebastián Acevedo
de Familiares de Detenidos Desaparecidos
(1996)
* Política cultural de la memoria histórica:
Derechos Humanos y discursos culturales
en Chile (1997)
* Tres argumentaciones postmodernistas
en Chile (1998)
* Presencia del MIR: 14 claves existenciales (1999)
* Chile: Poética de la tortura política
(2000)
Hernán Vidal
Hernán Vidal es catedrático de literatura latinoamericana en el Departamento de Español y Portugués y en el
Programa de Estudios Comparados de
Discurso y Sociedad, en la Universidad
de Minnesota, Estados Unidos. Es también miembro del directorio del Centro
de Derechos Humanos, en la misma
institución.
Su principal preocupación como
investigador y catedrático ha sido el
estudio de las implicaciones antropológicas del movimiento de defensa de
los derechos humanos en latinoamérica
y, en particular, en Chile.
Entre otros, ha publicado los siguientes
libros:
* Poética de la población marginal:
Fundamentos materiales para una historiografía estética (1987)
* Cultura nacional chilena: Crítica
literaria y Derechos Humanos (1989)
* Mitología militar chilena: Surrealismo
desde el superego (1989)
* Crítica literaria como defensa de los
Derechos Humanos (1993)
Mosquito Editores, en su colección
biblioteca setenta&3, ha publicado:
* FPMR: El tabú del conflicto armado
en Chile (1995)
* Dar la vida por la vida: Agrupación
(Continúa en solapa 2)
El Movimiento Contra la Tortura
Sebastiánn Acevedo
Sebasti
1
2
Hernán Vidal
El Movimiento Contra la
Tortura
"Sebastián Acevedo"
El Movimiento Contra la Tortura Sebastián Acevedo
© Hernán Vidal
© Mosquito Editores
Para la segunda edición (2002)
Primera edición: 1986
Institute for the study of ideologies and literature
Monographic series of the society for the study
of contemporary hispanic and lusophone revolutionary literatures
Minneapolis, Minnesota
Reg. Propiedad Intelectual Nº: 125.246
I.S.B.N.: 956-265-125-8
Impreso en los Talleres Gráficos de
MOSQUITO COMUNICACIONES
IMPRESO EN CHILE / PRINTED IN CHILE
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Este libro, como totalidad, no puede ser reproducido, transmitido
o almacenado, sea por procedimientos mecánicos, ópticos o químicos, incluida la
portada, sin autorización del autor o el editor.
Se autoriza citarlo, indicando la fuente.
BIBLIOTECA
SETENTA&3
3
4
5) La recuperación del alma de los seres
enceguecidos por el mal
171
Los mitos del MCTSA: Universalidad temática para la
interpelación nacional
175
1) La ciudad
176
2) La cultura de la vida contra la cultura de la muerte
184
3) La materialización de la ciudad espiritual
199
4) Materialidad social, cuerpo humano, praxis
y tortura
202
5) Problemática de la disolución social
209
Fundamentos teatrales para la protesta ritual
215
Significado simbólico de los rituales públicos del
Movimiento Contra la Tortura Sebastián Acevedo
223
Índice
Prólogo
El Movimiento Contra la Tortura Sebastián Acevedo:
Una Relación Complementaria (José Aldunate)
I. Los inicios del movimiento y su inspiración
II. Las acciones del movimiento
III. Finalización del movimiento Sebastián Acevedo
IV. Apreciación retrospectiva sobre el movimiento y su
significación
9
9
11
22
24
Introducción:
Comunidad histórica, cotidianidad, Derechos Humanos
y la reconciliación de un universo simbólico nacional
29
El Movimiento Contra la Tortura
53
La comunidad de organizaciones de defensa de los
Derechos Humanos en Chile
62
Fundación del Movimiento Contra la Tortura:
Contexto histórico-ideológico
72
Lógica del surgimiento del MCTSA
89
El MCTSA en el universo simbólico de la comunidad
chilena para la defensa de los Derechos Humanos
91
El MCTSA en la práctica de sus ritos:
Una visión testimonial
94
Interludio teórico para un desvío expositivo
115
El MCTSA en su elaboración mítica
120
Visión metafórica y simbólica: Una poética para
la acción de protesta
163
1) La ciudad de Santiago y sus habitantes
165
2) Los perpetradores de la deshumanización
del espacio
166
3) La identidad "natural" y "mística" de los agentes
de rehumanización espacial
167
4) La derrota del miedo
168
5
Sebastián Acevedo
Cultura Nacional, Verdad y Justicia
Sebastián Acevedo: Un padre en el laberinto
El sacrificio de un cristiano
El sacrificio de Sebastián Acevedo
La lucha ideológica en torno a Sebastián Acevedo
Sebastián Acevedo: Comunista cristiano
El funeral de Sebastián Acevedo
Sebastián Acevedo y el Movimiento Contra la Tortura
241
244
247
258
261
271
288
295
304
El Movimiento Contra la Tortura Sebastián Acevedo
en la cultura nacional chilena
313
Represión fascista e imposición de Tabúes colectivos
Visión Interna:
Testimonios sacerdotales
1) La cultura de la tortura
2) Enjuiciar a la justicia
3) Asumiendo la responsabilidad del pecado
de la tortura: Los comienzos del MCTSA
4) Los sacerdotes ante la policía
5) Los sacerdotes ante la jerarquía eclesiástica
6
319
326
327
328
329
335
6) El aprendizaje
7) El miedo, la convicción y la fe
8) La identidad del MCTSA
9) Definir el foco de acción
10) Los limites de la expresión ritual y simbólica
Testimonio Laico
1) Necesidad humana y tortura
2) La lucha por la civilización
3) La comunidad de no creyentes y cristianos
4) Rescatar al indefenso
338
342
346
348
350
353
356
358
362
Visión externa
Emociones y expectativas de una oposición agobiada 363
La alegorización del dato cotidiano bajo el fascismo 381
No-violencia activa: La versión de un sector
demócrata cristiano
387
No-violencia activa: La versión de SERPAJ-Chile
404
Influencia socialdemócrata y alegorización
del MCTSA
413
La opción de una violencia política cristiana
417
Civilización contra barbarie
427
La renovación militar de la épica liberal-difusionista:
¿Nuevamente genocidio?
439
Tabúes intelectuales y la necesidad de vanguardias
políticas
452
Vanguardia política, evangelización y conciencia
nacional-popular
461
El MCTSA: Liminalidad y reconstrucción del universo
simbólico nacional chileno
467
Letanías, denuncias, urgimientos, emplazamientos:
Documentos del Movimiento Contra la Tortura
Sebastián Acevedo (1983-1985)
481
7
8
Prólogo:
El Movimiento Contra la Tortura Sebastián Acevedo:
Una relación complementaria
José Aldunate
Nota preliminar
Hernán Vidal me ha propuesto que escribiera una relación
complementaria a su obra consagrada a este Movimiento. Lo
que haré será complementario desde tres puntos de vista. Será
la visión desde adentro de alguien que participó en todo el
desarrollo del Movimiento desde sus inicios hasta su término.
En segundo lugar abarcará no sólo los dos o tres años iniciales
que pudo cubrir Hernán en su libro sino los siete que duró el
Movimiento. En tercer lugar será una apreciación retrospectiva
sobre el Sebastián Acevedo, hecha once años después de su
finalización. Analizaremos su significación política, cultural y
valórica.
I.- Los inicios del movimiento y su inspiración
El Movimiento nació en una Comunidad Cristiana de
reflexión y acción. Sería largo hacer la historia de este grupo
que se llamaba EMO (Equipo Misión Obrera) y que llevaba
una larga tradición –desde comienzo de la década del ’70– en
una práctica de análisis de las situaciones político-sociales y
religiosas, de reflexión sobre ellas y acción. El grupo estaba
constituido por sacerdotes (algunos eran curas-obreros), religiosas y laicos. Nuestro compromiso era religioso-humanista, por
los Derechos Humanos, por una convivencia fraternal, por el
«Reino de Dios» a la que convoca Jesús en su Evangelio. Este
grupo inicialmente vinculado con la reivindicación obrera, se
vio, después del Golpe Militar (septiembre de 1973) envuelto
9
en la defensa de los perseguidos por el régimen y en propulsar
la recuperación de las libertades cívicas. Tuvo una acción constante en la prensa clandestina, en las comunidades cristianas
de base, en los comités de Derechos Humanos y vinculación
con la Vicaría de la Solidaridad. Sin condenar a priori toda la
violencia, nuestros caminos eran siempre no violentos.
La coyuntura de ese año 1983 estaba marcada por «las
Protestas». Convocadas inicialmente por dirigentes obreros,
prendieron en la sociedad civil muy afectada por la pobreza
y por el mismo régimen de dictadura. Eran esencialmente
protestas no violentas. Pero el régimen reaccionó con dureza.
La policía –nuestros «Carabineros» –entre otras estrategias,
recurrió a la tortura como medio de intimidación y técnica al
servicio de la interrogación. El instrumental correspondiente y
la técnica fueron adoptados en las Comisarías de Carabineros,
asesorados por la CNI (policía secreta). La práctica de la tortura
se generalizó.
Allí fue cuando nos alarmamos, los de EMO, y nos
preguntamos qué podíamos hacer.
La tortura, por ser una práctica horrible, está rodeada
de silencio. El silencio de los torturadores y el silencio de los
torturados. El silencio de los medios de comunicación. Nuestra gente no sabe o no quiere saber. O se tiende a justificar:
«Si lo castigan, por algo será». Había que hacer la denuncia
pública y la denuncia escándalo: «Se tortura en Chile y esto
es intolerable». Y para rubricar esta denuncia había que estar
presente, sosteniendo el lienzo acusador. Con esta presencia
se rompía también el clima de temor que imperaba en el país.
Era un gesto liberador.
La denuncia sería por tanto una acción no violenta inspirada en el ejemplo de un Mahatma Gandhi (asistimos a una
película sobre el personaje que estaban pasando): Adoptamos
su línea de «no-violencia activa». En el Movimiento, no hicimos teoría al respecto. Exigíamos sí que en la acción no se
tocara a un Carabinero, ni para botarle la gorra: ningún gesto
agresivo. Pero tolerábamos que participaran en el Movimiento
miristas u otros que profesaban o aun practicaban la violencia
en otros contextos. Personalmente me interesé en la temática
10
de la «acción no violenta». Sin ser pacifista absoluto, creo en
la eficacia política y valórica de la no-violencia. Todo esto en
concordancia con la Teología de la Liberación y con algunos
postulados marxistas. El grupo en que se desarrolló el Movimiento estaba en esta tónica.
Para la primera acción convocamos colaboradores y amigos. Participaron 70: muchos sacerdotes, nacionales y extranjeros, religiosas, agentes pastorales y jóvenes comprometidos en
Derechos Humanos. Así salimos ese 14 de septiembre de 1983
a protestar frente al Cuartel de la CNI de Avenida Borgoño. La
acción tuvo los 5 gestos que caracterizarían nuestros operativos:
el lienzo colocado sobre el portón, la denuncia verbal, el canto,
la detención del tráfico y la espera de la policía que detendría
a algunos (no pudiendo detener a todos). Así se provocaba «el
hecho policial» que saldría en algunos medios de publicidad
y al menos en los noticieros extranjeros. Periodistas amigos
eran convocados para filmar las acciones y así se conservan en
detalle en videos las denuncias y las represiones policiales.
Cada acción del Movimiento pedía una reunión de todos
los que actuaron en un lugar prefijado con el fin de evaluar
la acción. Así íbamos corrigiendo los errores y disciplinando
el grupo. Luego el equipo coordinador preparaba la acción
siguiente. Asistían los jefes de sub-grupos que avisaban a los
suyos el día y la hora de la siguiente acción. Al principio el
Movimiento tuvo una estructura de autoridad más jerarquizada con predominio de los que lo iniciamos. Los últimos años
se constituyó más democráticamente con elección del equipo
Coordinador. Yo fui siempre vocero del Movimiento. Volveremos sobre este desarrollo.
II.- Las acciones del movimiento
Por «acciones» entendemos actividades colectivas de
denuncia que nos sacaban a las calles y lugares públicos. La
mayoría se reunía bajo un lienzo y con nuestro canto: «Por el
pájaro enjaulado...» y los otros gestos característicos de nuestra
liturgia. Las demás acciones eran muy variadas. La mayoría
eran muy breves: 5 o 7 minutos que se cumplían a cabalidad,
11
estuviera o no la policía.
Además de estas acciones se recurría a los medios de
comunicación, se hacían declaraciones a la opinión pública
o cartas a personajes o instituciones. Por ej., les escribíamos
a todos los obispos pidiendo que excomulgaran a todos los
torturadores. Algunos lo hicieron. En Santiago se dio una instrucción de que ningún torturador debía comulgar. Otra cosa
era la correspondencia más particular que la llevaba el vocero
del Movimiento.
Las acciones públicas que nos sacaron a la calle fueron
una 180 en los 6 y medio años que actuó el Movimiento, desde
el 14 de septiembre de 1983 hasta marzo de 1990.
Detallamos por el número de acciones por año:
1983
1984
1985
1986
1987
1988
1989
1990
7
17
20
17
39
40
32
6
Total 178 acciones en 6 y medio años.
Complementemos los contenidos de la primera edición
de «El Movimiento Contra la Tortura Sebastián Acevedo»,
informando sobre las acciones a partir de 1986. El lugar y los
lienzos son significativos.
1.- Acciones de 1986
24/1
En Tribunales. Lienzo: «Suprema Vergüenza libera a
torturadores»
21/3
Paseo Huérfanos. Lienzo: ?
18/4
La Llama de la Libertad. Lienzo: «La Tortura en
Chile, vergüenza mundial»
23/4
Lyon con Providencia. Lienzo: «Ministro García los
entregó a los torturadores»
12
08/4
18/5
10/7
23/7
30/7
10/9
27/9
-/10
26/10
15/11
11/12
24/12
31/12
Alameda- bandejón. Lienzo: «Chile no los quiere ni
tiznados ni torturando sino limpios y en sus cuarteles»
Alameda con San Antonio. Lienzo: «Ahora también
se tortura a niños»
Bascuñan con Alameda. Lienzo: «Por militares, ¡quemados vivos!
Londres 40. Lienzo: «Aquí se torturó a los 119»
Tribunales. Lienzo...
Plaza Constitución. Lienzo: «13 años de dictadura.
basta de tortura»
Peregrinación de jóvenes al Santuario de Maipú.
Lienzo: «No más jóvenes torturados»
Franklin con S. Diego. Lienzo: «Estado de sitio =
secuestros, muertes y torturas»
Independencia con Borgoño. Lienzo. «CNI sigue torturando; ¡esta vez con ratas!»
Tercer aniversario. Acto en San Ignacio con panfleteo
en 36 lugares de Santiago.
Paseo Ahumada. Lienzo: «Navidad... y la Dictadura
sigue torturando»
Tarjetas de Navidad: «Basta de Tortura»
Santiago Centro. Lienzo: «La CNI sigue torturando.
Nosotros ¿Qué hacemos?»
2.- Situando estas últimas acciones en el contexto político
de la época
Los últimos meses de 1986 fueron particularmente tensos, marcados por dos hechos: el descubrimiento de arsenales
con armas introducidas en el país, situados en el norte, y el
atentado contra Pinochet efectuado en septiembre. A raíz de
estos acontecimientos, se declaró el Estado de sitio, cuatro
opositores fueron secuestrados y ultimados, entre ellos el popular periodista Pepe Carrasco, se dictaron leyes represivas
«antiterroristas» que ponían muchos asuntos en manos de la
justicia militar.
Con esto los Derechos Humanos quedaban sin tutela y se
generalizó la tortura. De los 23 detenidos por la introducción
13
de armas 22 fueron bárbaramente torturados, usándose para
algunos formas primitivas como metiéndoles ratas al cuerpo.
El efecto de todo esto fue un repliegue total de la oposición, desaparecieron las Protestas, el temor y la desesperanza
se apoderaron de los ánimos.
En estas condiciones fue ciertamente temeraria la denuncia que efectuó el Movimiento en la Plaza de la Constitución
el 10 de septiembre de 1986. Estaba a pocos metros el auto
presidencial, objeto del atentado, exhibiendo al público sus
impactos de bala. Unos 150 miembros del Sebastián Acevedo
se congregaron al centro de la Plaza e iniciaron su canto. El
público se desplazó hacia ellos para leer en su lienzo: «13
años de dictadura; basta ya de tortura». Este público, atónito
y alarmado, se fue retirando, pero el Movimiento completó su
programa y se retiró. Sólo un minuto más tarde llegó la policía
demostrando gran furia.
Había que ir a poblaciones para contrarrestar el temor,
y fuimos a Franklin y a Independencia. Y ante la CNI denunciamos la tortura con ratas.
Por Navidad y año Nuevo, apelamos a la conciencia o
inconsciencia de los que no piensan sino en sus compras.
3.- Acciones del año 1987
18-1-87 Con estos antecedentes, celebramos el 18 de enero de
1987 nuestra evaluación general. Se trazaron líneas de
acción y elementos de coordinación.
Fue decisión del Movimiento poder reaccionar más
rápidamente a los acontecimientos. La Corte Suprema acababa de paralizar y retrotraer el proceso por
los tres profesionales degollados llevado por el juez
Cánovas. El juez había alcanzado a detener y declarar
reos a varios oficiales de la DICOMCAR, servicio del
Cuerpo de Carabineros. Nosotros salimos a la calle
–Agustinas con Estado– a expresar nuestra indignación: «Corte Suprema lo quiso: degolladores siguen
impunes».
En marzo en cambio, nuestra reacción se hizo frente
a otra práctica perversa de la Justicia chilena, la que
14
protagonizaba la Fiscalía Militar con su Fiscal plenipotenciario, Fernando Torres Silva. Tenía concentradas
en sus manos muchas causas y en las investigaciones
que dirigía la tortura física y moral (las incomunicaciones prolongadísimas) era un recurso obligatorio.
Le llevamos una carta el día 18 y el 19 frente a la
Fiscalía denunciamos extendiendo un lienzo: «Fiscal
Torres Silva ampara la tortura»
Desde fines de marzo, concentramos nuestra atención
en la próxima venida del Papa. Había que decirle que
«en Chile se tortura». Fuera y dentro de la iglesia
había quienes le preparaban una visión irreal de Chile.
La concentración de público nos permitía también denunciar ante muchos ojos esta lacra. Nuestras acciones
fueron las siguientes:
26-27/3 Pegatines, afiches, carteles y sandwiches en las estatuas
30/3
Panfleto: «Gritemos la verdad al Papa: en Chile se
tortura»
31/3
Ante el Hotel Carrera, manifestamos detrás del lienzo: «Juan Pablo II: impida que los Presos Políticos
mueran» (se habían declarado en huelga seca de
hambre)
1/4
En calle San Pablo, para la llegada del Papa
2/4
En la Bandera, la concentración de pobladores. Teníamos lienzos en español y en polaco: «Santo Padre, en
Chile se tortura»
2/3
Se introdujeron también lienzos en el Estadio que
fueron muy visibles y salieron publicitados: «No
más tortura», «Fin a la tortura», «Excomunión para
torturadores».
El Papa no habló sobre la tortura en Chile. No se
refirió a ninguno de los gravísimos abusos de DD.HH.
practicados bajo esta dictadura. Sólo hizo una lejana
referencia a la tortura cuando estuvo en Puerto Montt,
sin referirla a Chile. Pero pensamos que nuestro esfuerzo no fue vano. Ante un gran público nacional y
también extranjero denunciamos el abuso, denuncia15
mos la tortura.
En abril y mayo reaccionamos a dos acontecimientos.
El primero fue un inicio de golpe militar en Argentina
que tenía como meta intimidar al gobierno de Alfonsín
e impedir el juicio a los militares argentinos torturadores. Nuestro gesto fue de apoyo moral al gobierno
argentino para que no cediera a esta presión. Se cortó
el tráfico en la Avenida Vicuña Mackenna frente a la
embajada, se hizo por megáfono una declaración alusiva y se extendió un lienzo: «Se tortura en Argentina,
se tortura en Chile. Juicio a los torturadores».
12/5
El segundo acontecimiento fue una ley presentada por
el Ministro del Interior que prohibía a la CNI detener
en sus locales. Anteriormente se había publicitado un
convenio entre la CNI y la Cruz Roja que disponía la
visita de la Cruz Roja a los locales de la CNI, con lo
que se pretendía dar una garantía de que la tortura ya
no sería posible en Chile. Frente a estos maquillajes
para el mundo exterior, constatábamos que se seguía
torturando. Hicimos una marcha desde Independencia
hasta enfrentar el Cuartel de Borgoño 1470 donde
dejamos nuestras pancartas de denuncias de torturas
y el lienzo: «No más tortura. Una ley no basta».
Mientras tanto se ensayaba una campaña de amedrentamiento contra el Movimiento. Se escogieron doce
adherentes que habían sido detenidos en diciembre
último y se les citó a declarar ante la Fiscalía Militar
con acusaciones de ofensa a Carabineros, maltrato,
inculcación de la Ley de Seguridad del Estado. El
26 de abril habíamos hecho una declaración pública,
denunciando este intento. El 4 de junio el Movimiento acompañó a los primeros citados a la 2ª Fiscalía
Militar y el día siguiente se hizo una conferencia de
prensa. Se recibieron muchas adhesiones. No hubo
detención de los que fueron citados y el proceso
simplemente se detuvo.
6/6
El 6 de junio, respondimos a esta intimidación con
una acción en el centro de Santiago, reafirmando «En
16
Chile se tortura». Esta reiteración obedecía también
a declaraciones oficiales que pretendían afirmar lo
contrario.
19/6
En la semana siguiente sucedieron los 12 asesinatos,
de la «Operación Albania», efectuados por la CNI.
Esta los disfrazó como «enfrentamientos». Salimos
a la Plaza de la Constitución con el lienzo «Basta
de asesinatos, basta de tortura, basta de dictadura».
Terminada la acción, detuvieron frente al Crillón a
12 adherentes.
20/25/26 Cumpliendo una recomendación que se nos hizo a
principios de año, despachamos a fines de junio varias cartas, suscritas por el Movimiento y dirigidas a
partidos políticos, poder judicial, capellanes militares,
empresarios.
10/7
El 10 de julio dimos un aplauso a la Revista Análisis y
al Fortín Mapocho: «Gracias por decir la verdad».
31/7
El 31 de julio se efectuó una marcha por la Alameda
desde la altura de Bandera hasta la Plaza de la Moneda. Fue una acción muy accidentada con 57 detenidos
que fueron liberados el mismo día. El lienzo decía
«Pinochet miente: en Chile se tortura»
28/7
Poco antes habíamos tenido una jornada en un colegio
de la capital. Hubo una instrucción sobre accidentes,
dada por un médico. El tema central fue la mística del
Movimiento. Estuvo presente Carmen Gloria Quintana a quién se recibió como adherente de distinción del
Movimiento (es la muchacha que fue quemada viva
por los militares).
14/8
Dada la prohibición de detener en sus cuarteles, intimada la CNI, se introdujo la práctica de que ellos iban
a Investigaciones –fuera de otros sitios y aun en las
residencias particulares– y allí torturaban. Supimos de
algunos casos e improvisamos una «acción bomberil»
el 14 de agosto frente al cuartel de Investigaciones en
General Mackenna. Llovía y fuimos unos 70. El lienzo decía: «Se sigue torturando, hasta a una anciana»
4/9
Mientras tanto, los torturados por la CNI, sobre todo
17
14/9
2/10
los detenidos y torturados en el proceso de los «arsenales», habían entablado querellas contra la CNI que
caían bajo la jurisdicción de René García, Juez del 20
Juzgado del Crimen. Este juez tomó muy seriamente
su cometido y se vio obstaculizado en sus pesquisas
por todos los medios oficiales y amenazado por anónimos. El 4 de septiembre, fuimos a darle un aplauso
frente a su juzgado. Se asomó a la calle agradeciendo
este apoyo.
El 14 de septiembre teníamos que celebrar nuestro 4º
aniversario. Quisimos hacerlo con una acción en que
pudieran participar de alguna manera círculos más
amplios de amigos. Se ideó una marcha en la Plaza
de Armas que partiría de tres esquinas y convergería
hacia la escalinata de la Catedral. Cada columna o
«cuncuna» traería un lienzo que se desplegaría frente
a la Catedral. Así se hizo: hubo represión y detenidos.
Mucha asistencia de amigos y solidaridad. Los lienzos
decían: «No más tortura», «Fin a la CNI», «Juicio a
los torturadores».
El 2 de octubre reaccionamos a la hipocresía que representaba el que Chile firmara un Convenio Internacional contra la Tortura y al mismo tiempo mantuviera
esta práctica, como lo evidenciaban los hechos. En
Lyon con Providencia protestamos: «Firman convenios y siguen torturando».
4.- Una campaña de denuncias por desaparecidos
El 9 y 10 de octubre de este mismo año 1987, se cumplía exactamente un mes desde el desaparecimiento
de cinco muchachos: José Peña, Manuel Sepúlveda,
Alejandro Pinochet, Gonzalo Fuenzalida y Julio Muñoz. La restauración de esta práctica inhumana que
se combina con la tortura y el asesinato, nos pareció
gravísima. Iniciamos una campaña para mover la
conciencia nacional.
9/10
El 9 de octubre, en Teatinos 251, frente a la oficina
de Ricardo Martain, Presidente de la Comisión oficial
18
11/10
13/10
16/10
18/10
22/10
23/10
30/10
3/11
de DD.HH., clamamos «Los llevaron vivos, los queremos vivos». mientras tanto se le llevaba una carta
a su oficina.
El 11 de octubre se repartió una carta a la salida de las
Iglesias en varios sectores de Santiago. Hubo diversas
reacciones.
El 23 de octubre se detuvo el tráfico en Alameda a
la altura de San Francisco. Llegó la policía pero no
hubo detenidos.
El 16 nos pusimos a ambos lados de Vicuña Mackenna entre la Plaza Baquedano y Curicó, distanciados,
cada uno con un cartel y el nombre de uno de los
desaparecidos. Esto durante 10 minutos. Después nos
concentramos en Vicuña Mackenna con Irarrázabal
donde, al cabo de 5 minutos, dejamos en las veredas
las pancartas. Los carabineros se llevaron a algunos
manifestantes en la proximidad de Plaza Baquedano.
El 18, en tres puntos del recorrido del metro, Estación
Central, El Salvador y Los Héroes hacia Cisterna, se
ocuparon carros del metro, 9 carros en total, que se
tapizaron con pegatinas, afiches y volantes.
El 22 de octubre se hizo la acción de alinearnos con
pancartas a ambos lados de Irarrázabal entre Macul
y Pedro de Valdivia.
Al día siguiente, se colocaron 5 sillas vacías en el
Paseo Huérfanos con ropas y los nombres de los
desaparecidos. El grupo se formó en silencio frente
a las sillas. Una hora permanecieron las sillas vacías,
llamando la atención de los transeúntes. Hasta se
vieron gestos simbólicos de colocar una flor o doblar
la rodilla.
El 30 de octubre hubo una liturgia en el Templo de
Lourdes por los 5 desaparecidos. El Movimiento se
reunió 20 minutos antes en San Pablo con Matucana
para marchar con su lienzo: «Vivos los tomaron, vivos
los queremos» hasta el templo.
Se colocaron lienzos en 16 lugares de Santiago, lu19
gares de concurrencia y tráfico. Cada lienzo llevaba
los 5 nombres de los desaparecidos: «Detenidos en
septiembre. Vivos los llevaron, vivos los queremos».
Hubo tres detenidos por Investigaciones en General
Velázquez esquina Alameda. Los acusaron de incitar
a la subversión y los refirieron a la Fiscalía Militar.
estuvieron 5 días en la cárcel. Pasaron a la competencia de un juez civil quien los liberó el lunes 9.
En noviembre, con cinco acciones más, completamos
dos meses de campaña para denunciar este rebrote de
la más grave violación de todas: el desaparecimiento
forzado. Unos 10 años más tarde presidí el funeral de
uno de estos desaparecidos cuyo cuerpo fue hallado
entre los NN del patio 29 del Cementerio General.
5.- Final del año 1987
El 9 de diciembre solidarizamos con una muchacha
vejada por Investigaciones. Frente a ese cuartel, estuvimos 10
minutos en silencio con un lienzo. «¿Quién torturó a Karen
Eitel?»
El 10 de octubre solemnizamos el día de los Derechos
Humanos con una acción ante el Altar de la Patria con su llama.
Como para compendiar la historia de este año, expusimos un
lienzo que decía: «Chile firma un convenio contra la tortura y
200 casos de torturados en 1987». Detuvieron a cuatro participantes con mucha rudeza. Otros 30 se subieron voluntariamente
a los carros. Una muchacha quedó con un TEC cerrado.
Este fin de año, volvió a Chile Fernando Volio, relator de
N.U. para informar sobre los Derechos Humanos. Quiso hablar
con el Sebastián Acevedo. Estuvimos 4 con él. Mientras tanto
los demás rodeaban con carteles la rotonda Pérez Zúcovic de
Vitacura. Recibieron actitudes positivas de los automovilistas;
pero también rechazos y huevos.
El Movimiento organizó en vísperas de Navidad una
«vigilia de oración» a favor de los detenidos-desaparecidos.
Era en la Catedral. Hubo oración y reflexión, canto y ayuno
de pan y agua desde las 10 a.m. hasta las 16 horas. Se avisó
a las radios y se convidó al público a participar. Esta partici20
pación se vio obstaculizada por el Deán de la Catedral que se
sintió atropellado y cerró las puertas dejándonos encerrados.
Cumplimos con el programa y procuramos hacer ver al Deán
que los templos realmente profanados son los cuerpos de los
torturados y desaparecidos.
En conjunto, este año 1987, el Sebastián Acevedo ha
tenido 38 acciones, repartidas así:
-16 por los desaparecidos, sobre todo en octubre y noviembre
-6 en la campaña papal
-16 en otras acciones
Este año ya han cesado las «Protestas nacionales» Los
partidos se mueven en la perspectiva del Plebiscito (excepto tal
vez el Partido Comunista). El Gobierno intenta reprimir algún
tanto la tortura o al menos borrar su imagen de torturador. Sin
duda el Sebastián Acevedo ha influido en este propósito. Pero
se mantiene la tortura y hasta el desaparecimiento.
6.-Las acciones restantes del Movimiento.
Años 1988, 1989 y principios de 1990.
Daremos solamente una visión general de las acciones de
este último periodo. Recordemos que el 5 de octubre de 1988
fue el Plebiscito que excluyó a Pinochet del poder. Postulaba a
ser el primer Presidente electo en democracia y así mantenerse
en el poder por otros 8 años. Aún así, vencido, se mantuvo en la
Presidencia un año más –eran las reglas del juego establecidas
por su régimen. En septiembre de 1989 hubo elecciones en las
que triunfó el demócrata cristiano Patricio Aylwin. Asumió el
poder en marzo de 1990.
Las acciones fueron más de 40 en 1988 (casi una cada
semana), 32 en 1989 y unas 6 los primeros tres meses de 1990.
Esta mayor frecuencia no se debió a la situación del país. Hubo,
como lo indicamos, menos represión. Se debió a una estructura
más democrática que tomó el Movimiento y a la presión de
un grupo muy acelerado: de esto hablaremos después. Por esto
las acciones han sido un tanto repetitivas: «en Chile se sigue
torturando». Con todo, esta repetitividad ha sido valiosa por
dos razones.
21
La primera es lo importante que era entonces impactar la
opinión pública. 1988 era el año del Plebiscito y el siguiente
un año de elecciones. La segunda razón se relaciona con la detención de Pinochet en Londres y las razones por las que podía
ser procesado en España. Estas razones quedaron reducidas a
la tortura y a la que se hubiera efectuado en Chile después de
1988. Porque en Chile se firmó la Convención Internacional
contra la Tortura en 1987 y en España el año siguiente. Por esto
el Sebastián Acevedo mandó copias de las acciones efectuadas
en 1989 al juez español Garzón.
Hubo con todo algunos temas más específicos. Se mantuvo la preocupación por los 5 desaparecidos. A fines de 1989
se apoyó todo lo posible al juez René García Villegas, valiente
para asumir querellas por tortura, quien terminó exonerado
del Poder Judicial. Se empezó a demandar justicia contra los
torturadores.
Hubo también casos más puntuales. El 10 de enero de
1988 fuimos advertidos de que en San Bernardo, en los cerros
de Chena, se colocaría una Virgen con gran solemnidad y presencia del Obispo y jefes militares del regimiento. Fuimos a
colocarnos en la subida con nuestros carteles. Estos, en varias
formas, pedían que los fieles se acordaran ante la Virgen María,
de los torturados y muertos que quedaron sepultados en los
cerros de Chena.
El otro caso puntual fue al descubrirse los cadáveres
sepultados en Pisagua; hubo marchas con máscaras blancas y
postración en la vía pública de la Alameda.
III.- Finalización del Movimiento Sebastián Acevedo
Llegó 1990 en que Patricio Aylwin debía asumir la Presidencia el 11 de marzo, poniendo así fin al régimen militar.
Antes de esta fecha tuvimos 6 acciones contra la tortura. Después hubo una última acción el 12 de mayo. Ya por ese tiempo
deliberamos sobre el Movimiento.
Había al respecto tres posiciones. Algunos querían que
el Movimiento se disolviera: «misión cumplida». Otros eran
22
partidarios que continuemos tal cual, contra la tortura, porque
esta se mantendría todavía en los mandos medios. La tercera
opción era continuar como Movimiento pero cambiando su
objetivo. Quisimos hacer un discernimiento colectivo ignaciano
en forma y conseguimos un jesuita ajeno al Movimiento que
presidiera nuestra deliberación. Se hizo un día de mayo en el
Colegio San Ignacio.
Después de la deliberación, una primera votación eliminó
la 3ª opción, la de continuar con otro objetivo. La 2ª rueda fue
un empate entre los que estaban por terminar y los que querían
continuar tal cual. Acordamos que los que estaban por continuar, continuasen. Los otros –entre los que estaba yo– dimos
por terminado el Movimiento.
Y en realidad terminó entonces. Los otros no pudieron
mantener el Movimiento.
Me han preguntado por qué quisimos terminar. Mis razones personales fueron dos. La primera era que con un nuevo
Gobierno contrario a la tortura cambiaba esencialmente la situación. Aunque se mantuvieran por un tiempo algunos abusos,
no era la tortura apoyada por la autoridad. La segunda eran las
tensiones internas dentro del Movimiento por lealtades opuestas
de tipo político. Había miembros de línea mirista para quienes
la democracia que se instalaba no significaba una real liberación
y había que seguir denunciando el Gobierno. Me parecía que
hasta allí solamente podía llegar la cohesión. Y creo que tenía
razón. Creo que terminamos muy a tiempo.
Haré un análisis probablemente muy subjetivo del proceso que llevó a este final. En los años 1987 y 1988 se democratizó demasiado el Movimiento con un predominio excesivo
de la asamblea de evaluación (después de cada acción) sobre
el grupo directivo. En la asamblea pesaba demasiado un grupo
de presión, contrario a todo el proceso de transición. El Movimiento para ellos era algo instrumental. Era un muy pequeño
grupo pero eran empeñosos y acelerados. Hubo intento de expulsarlos, pero no se hizo y elementos valiosos abandonaron el
Movimiento. Pero estas tensiones no trascendieron. Se mantuvo
la disciplina también sobre ellos.
Hubo posteriormente intentos de rehacer un movimiento
23
semejante al Sebastián Acevedo, pero ninguno ha perdurado.
IV.- Apreciación retrospectiva sobre el movimiento
y su significación
Analizaremos sucesivamente el impacto que ha tenido
en la opinión pública, la eficacia de su acción para terminar
con la tortura, sus características de no-violencia activa y de
pluralismo participativo. Analizaremos finalmente su mística
que definiríamos como una mística de la acción y de la solidaridad.
1.-Impacto del Movimiento sobre la opinión pública
nacional e internacional
A pesar del clima de silenciamiento y temor, el Movimiento Sebastián Acevedo se dio a conocer ampliamente
fuera y dentro de Chile. Se produjo con grupos muy activos
en Concepción y Arica, inicialmente en Valparaíso y Osorno.
Sus acciones recibían muy buena acogida del público y fueron
difundidas por los medios de comunicación. Un video «Por la
Vida» fue difundido en muchos países traducido a varias lenguas. El Movimiento, a través muchas veces de su vocero el
P. José Aldunate, recibió muchos premios nacionales y algunos
internacionales. Recibió en abril de 1988 el premio «ONG
2001» «ONG 2000» y el premio «Monseñor Proaño» de la
Asamblea Latinoamericana de Derechos Humanos. Ha sido
convocado a Congresos en Buenos Aires, Finlandia y España
sobre los Derechos Humanos.
Ha llamado particularmente la atención el espíritu y la
cohesión de sus miembros, el estilo firme pero no violento de
su acción.
2.-¿Fue eficaz la acción del Sebastián Acevedo?
Su objetivo era terminar con la tortura ¿lo conseguimos?
En cierta manera, no, porque tuvimos que actuar hasta el final.
Pero, sin duda hacia el final personeros de gobierno procuraron
24
cohibir la tortura y limpiar la imagen de Chile que sentían se
iba creando. En 1987 Chile firmó un Convenio Internacional
contra la Tortura, lo que fue fatal para Pinochet en Londres.
Se limitaron además las facultades de la CNI.
El Movimiento sí contribuyó a la derrota de Pinochet en
el Plebiscito y así, indirectamente, al término de la tortura.
Hubo otras eficacias en el terreno de la cultura ética. Se
hizo verdad, se concientizó la opinión sobre la dignidad de la
persona. Muy particularmente nos parece que el Movimiento
fue una escuela de protesta específicamente no violenta.
3.-La acción no violenta
Preferimos esta fórmula a la otra «la no-violencia activa».
El mismo Gandhi subrayaba ante todo la acción frente a la
pasividad; luego exigía que esta acción fuera no violenta.
No somos pacifistas a priori, pero valoramos plenamente
el peso ético de la no-violencia. Más valdrá para la construcción
valórica del pueblo chileno el que Pinochet haya sido al menos
declarado reo por las violaciones que hubo a las Derechos Humanos a que hubiese sido eliminado en el atentado que sufrió a
orillas del río Maipo. Si hubiese muerto entonces, para muchos
hubiera quedado como héroe. Por lo demás, la derrocación del
régimen por vía armada no tenía ninguna posibilidad.
Las normas que dábamos eran: No agredir de obra o de
palabra a los carabineros; no resistir la detención, antes, si se
puede, acompañar voluntariamente a los detenidos, no huir ante
la presencia de los Carabineros sino seguir en nuestro puesto
y terminar la acción.
Este estilo ha hecho escuela. Protestas posteriores como
las «funas» han adoptado procedimientos semejantes.
4.-Democracia, pluralismo y participación
Siempre hemos sido cuidadosos por el pluralismo: a pesar de la presencia sobre todo inicial de sacerdotes y religiosos,
no darle al Movimiento un carácter religioso sino abrirlo totalmente a la consideración de los Derechos Humanos. Sin embargo, por nuestra indudable carga cristiana, nos hemos dirigido a
los Obispos, hemos intervenido en Iglesias y liturgias, a veces
25
con algún disgusto de los encargados. Aun hemos efectuado
una vigilia en la Catedral de reflexión y oración. No somos un
Movimiento específicamente cristiano pero sí un movimiento
mayormente de cristianos.
En cuanto a la democracia y participación, a mi parecer,
hemos pasado por dos períodos. El primer período de 4 años
(septiembre de 1983 a septiembre de 1987) dominaba el Equipo
Coordinador, elegido democráticamente por todos, con mucha
presencia de los iniciadores. A partir de septiembre de 1987,
la Asamblea empezó a predominar en la planificación de las
acciones y aceleró el ritmo. se creó un cierto «asambleísmo»
por la acción de un grupo de presión, como hemos explicado,
pero sin perder la disciplina y coherencia esencial.
5.- ¿Mística del movimiento?
Por «mística» del Movimiento se suele entender la fuerza de los motivos que la animan. Mahatma Gandhi la ponía
en la «satyagra», la fuerza de la verdad. La palabra «mística»
proviene de la raíz griega «myo» = oculto, indica el caracter
oculto o misterioso de esta fuerza, en última instancia, su
trascendencia.
Nadie duda que el Sebastián Acevedo tenía mística. Se
revelaba por sus efectos: adhesión y fidelidad que suscitaba
en sus miembros, la fuerza con que vencían sus miedos, la
convicción con que abrazaban la causa. Quisiéramos analizar
esta mística y analizar el secreto de su fuerza.
Se trata ante todo de una causa justa de defensa de los
DD.HH. La Justicia, la Solidaridad, la Fraternidad son modelos
éticos que atraen lo más noble que llevamos en nuestra naturaleza. Constituyen «motivaciones» o más bien ideales capaces
de motivar, es decir mover a la acción.
Ahora bien, lo que desencadena una mística no es la
mera concepción del ideal sino la acción por la que la volvemos
real. Se trata de una acción efectiva, una «praxis». Jesús decía
«No el que dice sino el que hace la voluntad de Dios entrará
al Reino de los cielos».
La acción es un umbral de entrada hacia una nueva realidad. También Marx asignaba a la praxis la tarea de transformar
26
este mundo. En el Sebastián Acevedo, después de cada acción,
solíamos sentir una gran satisfacción. No se trataba tan sólo
de una distensión después de un esfuerzo. Era la satisfacción
de haber obrado conforme a nuestras convicciones. Era la experiencia única de sentirnos finalmente verdaderos. Fuertes en
virtud de la «satyagra».
Demos un tercer paso a nuestro análisis. Esta acción que
nos fortalecía con su mística, era una acción colectiva. En ella
se insertaba nuestro accionar individual. Por nuestra participación salíamos de nuestro individualismo y nos identificábamos
con el grupo social, con su esfuerzo por destruir los factores
de violencia y opresión y crear un mundo de solidaridad y
fraternidad.
6.-Una mística social de solidaridad y fraternidad
Contrariando nuestro individualismo, el Sebastián Acevedo nos ha hecho entrar en una acción eminentemente social.
Es social por de pronto porque el sujeto de la acción es un
grupo colectivo: el Movimiento Sebastián Acevedo. Pero lo
es también porque la finalidad de la acción es social y esta
finalidad se impone a cada uno. La finalidad es combatir y
eventualmente destruir sistemas, hábitos u otras estructuras
sociales que alimentan la tortura y crear nuevas estructuras
de no-violencia, de solidaridad y fraternidad. El Movimiento
combate la institución tortura instalada en el país, el miedo,
el silencio, la intolerancia, la indiferencia, hábitos todos que
favorecen esta violencia. Por otra parte procura impactar la
conciencia colectiva levantando los sentimientos de solidaridad
y fraternidad para con las víctimas de la violencia.
27
28
Introducción:
Comunidad histórica, cotidianidad, Derechos
Humanos y la reconciliación de un universo
simbólico nacional
El 14 de septiembre de 1983 se iniciaron en Santiago las
actividades de un grupo llamado Movimiento Contra la Tortura
con una manifestación frente a uno de los cuarteles secretos de
la Central Nacional de Informaciones (CNI) –el aparato secreto
de represión del régimen militar chileno– ubicado en la calle
Borgoño. Aproximadamente setenta personas se ubicaron ante
ese edificio con un lienzo que decía AQUI SE ESTA TORTURANDO A UN HOMBRE. Detuvieron el tránsito de la
zona, realizaron una ceremonia de protesta que incluyó gestos
alusivos, canto, recitación de letanías, lanzamiento de volantes.
Todo culminó con el arresto de algunos de los participantes.
Los detenidos se entregaron pacíficamente. Con esta acción
se inauguró en Chile una nueva modalidad de acción por la
defensa de los Derechos Humanos. Mientras los organismos
ya existentes para este efecto mantenían su actividad en circuitos cerrados de estudio de la represión y de desarrollo de
estrategias para la defensa jurídica, la búsqueda de la verdad
y la atención médica, educacional y el bienestar de los afectados, con protestas callejeras ocasionales, los miembros de ese
Movimiento Contra la Tortura más bien optaron por dirigir su
acción al fin exclusivo de irrumpir en los espacios públicos para
crear conciencia sobre la práctica de la tortura como política de
Estado en Chile, agitando y movilizando a la opinión pública
para exigir su suspensión. Cerca de dos meses más tarde, el
11 de noviembre de 1983, Sebastián Acevedo, trabajador de la
construcción de cincuenta años de edad, se prendió fuego de
espaldas a una cruz elevada ante la Catedral de Concepción, de
cara a la Plaza de Armas de esa ciudad, como acto de presión
a la autoridad para que diera a conocer la situación de sus dos
29
hijos –María Candelaria y Galo Fernando–, que llevaban tres
días desaparecidos luego de su arresto por la CNI. Al conocerse
esta noticia en Santiago, el grupo de protesta resolvió unánimemente llamarse Movimiento Contra la Tortura "Sebastián
Acevedo".
Tanto la iniciación del Movimiento Contra la Tortura
como la inmolación de Sebastián Acevedo se produjeron en
momentos muy intensos de la Protesta Nacional iniciada en el
mes de mayo de 1983. La noticia del sacrificio de Sebastián
Acevedo provocó una preocupación que llevó a la conciencia
nacional al nivel más alto que alcanzara en cuanto al conocimiento y a la aceptación de que el régimen militar chileno ha
hecho de la tortura una práctica masiva. ¿Qué importancia tiene
esta convergencia de sucesos en la cultura nacional chilena?
El recrudecimiento de la tortura y el surgimiento del Movimiento Contra la Tortura "Sebastián Acevedo" se dieron en
medio de lo que se ha llamado un "inmovilismo político" dentro
de la oposición al régimen dictatorial instaurado en Chile con el
golpe militar del 11 de septiembre de 1973: la oposición no ha
logrado sentar las bases de un entendimiento mínimo para una
actividad común, sistemáticamente organizada, concertada y
coordinada para derrocar a la dictadura. Los diferentes sectores
sociales y partidos políticos en la oposición polemizan sobre
la violencia y la no-violencia activa como vías legítimas para
la redemocratización del país; intentan coaliciones excluyentes
de centro-derecha, centro e izquierda como la Alianza Democrática, el Bloque Socialista y el Movimiento Democrático Popular; proponen alternativas de transición a la democracia bien
sea pactando con los adherentes al régimen militar o creando
una situación de ingobernabilidad del país o insurrección de
la población tales que el régimen "simplemente" se desplome;
se preocupan de una aparente ruptura en la actividad política,
sindical y gremial entre las "cúpulas" directivas y las "bases";
debaten si establecer un frente de oposición coordinada se hará
sobre la base de un "consenso" o de un "proyecto nacional";
cuestionan la capacidad de los adversarios políticos anteriores
al golpe militar para tener un diálogo de posiciones "flexibles",
ideológicamente "renovadas", en que se abandonen las "rigi30
deces" de las antiguas "ortodoxias". Es decir, los debates y las
maniobras entre los partidos políticos de oposición cumplen
con el requisito característico de este tipo de institución: el de
proyectar a largo plazo, en las mejores condiciones posibles
para sus representados, las formas en que se reorganizarán
institucionalmente, se administrarán y se transformarán las
estructuras sociales.
Consecuencia y paralelo de este inmovilismo actual de la
oposición ha sido su incapacidad de crear referentes simbólicos
más o menos universalizados que impacten la imaginación y
las emociones de individuos y grupos ya mayoritariamente desafectos a la conducción militarizada de la sociedad chilena, para
llevarlos a la demanda masiva e intransigente de que termine la
dictadura y se restaure la democracia. En la cultura chilena contemporánea la producción de esos referentes simbólicos había
estado directa o indirectamente asociada con la actividad de los
partidos políticos, como lo atestiguaron, entre otros síntomas, la
gran burocratización estatal e instrumentalización ideológica de
la producción teatral, literaria y musical hasta 1973. Sin duda
los nombres de Pablo Neruda, Quilapayún, Inti-lllimani, la obra
musical y poética de Violeta Parra y de sus hijos, el teatro de
la Universidad Católica y los canales universitarios y estatal de
televisión, entre otros, inevitablemente evocaban identidades y
definiciones políticas. Del mismo modo, la definición de "lo
popular" se concretaba en el movimiento sindical y los partidos
políticos de la izquierda.
Sin embargo, a pesar de representar y expresar sectores
culturales diferenciados y conflictivos de la sociedad chilena
"cultura laica, cultura católica, 'alta' cultura burguesa, cultura
mesocrática, cultura obrera, urbana, cultura campesina",1 esos
referentes simbólicos eran aceptados como expresión global de
algo consensualmente llamado "cultura nacional", que permitía
un reconocimiento mutuo de la población chilena como ente
históricamente diferenciado en temas de discusión colectiva,
metáforas, símbolos, conocimientos, proposiciones éticas que
se erguían por sobre esas diferenciaciones y conflictos. Pero,
además de ser un factor congregador, la cultura nacional es, obviamente, un sistema de validación y legitimación institucional
31
de los componentes señalados, por lo que podemos diferenciar
entre cultura nacional y cultura nacional oficializada, diferencia que explicaremos más adelante. A falta de un Ministerio
de Cultura, las universidades fueron en Chile el factor más
importante en esa institucionalización hasta el momento del
golpe militar.
Por supuesto, buena parte de esos referentes todavía
mantienen su vigencia y su masiva capacidad identificadora, así
como también luchan por adquirirla otros poetas, dramaturgos,
músicos, científicos y pensadores. Además intervienen en este
proceso formas de la cultura oral difíciles de perfilar. Pero en
la medida en que esos símbolos no encuentran un engarce en
la constitución de un bloque de poder que realmente pueda
impulsar un proceso de redemocratización en Chile, más bien
toman significación sectorial, sin capacidad de comunicación e
integración global de toda la colectividad y servir de base para
un diálogo nacional. La circulación misma de esa producción
simbólica queda encerrada en circuitos de difícil acceso para
quienes no conozcan de antemano su existencia.
Mientras tanto, el régimen militar busca administrar
la crisis económica, social y política de sus intentos de "refundación" neoliberal de la cultura nacional con un aumento
simultáneo de la represión masiva y selectiva, a la vez que
maniobra políticamente para dividir, apaciguar y atraer a sus
adherentes leales, a los desilusionados o temerosos que buscan
distanciarse, a los gremios, a los sindicatos, a la oposición,
entrando en diálogos aperturistas repentinamente desahuciados,
dando beneficios ocasionales, otorgando concesiones momentáneas o suspendiéndolas con una lógica oportunista. Es decir, la
administración militar de la crisis se realiza con una inteligente
estrategia de mantenimiento y cultivo de las fragmentaciones
sociales que han caracterizado a Chile desde la época inmediatamente anterior a la inauguración del régimen militar.
A nivel simbólico, esta represión queda complementada
con el más estricto control de la televisión, a través de la cual
se compensa ese mantenimiento real de la fragmentación social
con la diseminación de imágenes manipuladas de una unidad
nacional que responden a directivas de la guerra psicológica:
32
según ellas el ciudadano goza, a pesar de una profunda depresión económica y altos índices de desempleo, de un acceso
libre a una ilusoria prosperidad y abundancia en el mercado;
se incentiva un hedonismo consumista, egocéntrico y despreocupado de la solidaridad social, en que el consumidor debe
encontrar su identidad social y libertad en directa relación con
su capacidad de compra; se hace énfasis en una sensación casi
mágica de riqueza súbita mediante la participación en concursos
de premios millonarios que homologan la propuesta de que en
el libre mercado cualquier hijo de vecino puede aspirar a prosperidad a corto plazo; se demuestran escenas de diálogo político
ejemplar, racional, calmo y mesurado por parte de personeros
de una supuesta civilidad representativa y de intereses definidos
autónomamente, sin compulsión, con la invitación tácita a que
así se solventen los problemas nacionales, aunque en la realidad
el régimen aplica una represión precisamente contraria a esa
calma y mesura. Las fuerzas armadas son exhibidas como el
epítome del "alma nacional", del patriotismo. Recurriendo a ya
viejas temáticas liberales del siglo XIX, ellas aparecen sacrificándose desinteresadamente en la defensa de una "civilización"
cristiana y occidental en peligro de ser copada por las huestes
de la "barbarie" y del "caos" representado por los terroristas y
conspiradores del comunismo internacional y los "resentidos e
incompetentes" hacinados en las "poblaciones callampas".
En este panorama general de rupturas, fragmentaciones
y ausencias de consenso, el potencial más claramente definido
para una posible reconstrucción de referentes simbólicos universales de la nacionalidad chilena, de acuerdo con necesidades
reales de la ciudadanía y no manipuladas, ha provenido de la
defensa de los Derechos Humanos. Como respuesta al desaparecimiento de prisioneros, a las detenciones ilegales, a la tortura,
al exilio, al hambre y a la miseria surgieron grupos de familiares
que, bajo la protección de diversas denominaciones religiosas
inmediatamente después del golpe militar del 11 de septiembre
de 1973 y luego a través de la Vicaría de la Solidaridad de la
Iglesia Católica de Chile, iniciaron la búsqueda y la recuperación de sus seres queridos. El primer grupo en decantarse, y
quizás el de mayor prestigio moral por las acciones realizadas,
33
fue la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos.2
En la noche más negra de la represión con que se inició el
régimen militar, bajo la más estricta censura de los medios de
comunicación, en medio del desmantelamiento y parálisis de
los organismos sociales por el miedo, la reclusión y la muerte
de sus militantes y participantes, los familiares de detenidosdesaparecidos se organizaron para hacer manifestaciones casi
suicidas, dando a conocer a la ciudadanía lo que estaba ocurriendo, recabando su solidaridad ya no como problema de
afinidad ideológica, sino como el deber y sentimiento mínimo
que se espera de otro ser humano en respeto de su materialidad
corporal y de su calidad de persona. A través de estas acciones
de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos se
fue configurando un espacio en que fue posible la reanudación
de la actividad política, sindical y poblacional, con sus redes de
comunicación, activismo, concertación y asistencia social.
Así surgió y se expandió a múltiples organizaciones
sociales toda una poética de lo que posteriormente se ha venido a llamar no-violencia activa. Esa poética hizo del cuerpo
humano de los manifestantes un instrumento teatral para el
cumplimiento de ceremonias rituales de congregación de la
solidaridad ciudadana en sitios especialmente elegidos por
su significado y referencias históricas. En ellos se dio uso
expresivo a la materialidad corporal en huelgas de hambre,
encadenamientos, detenciones del tránsito por cuerpos humanos que lo obstaculizaron, en apiñamientos bulliciosos o
silenciosos ante la sede de autoridades, marchas, romerías y
peregrinaciones acompañadas de velas, flores, cantos, música,
pancartas, lanzamiento de volantes. En última instancia, estas
manifestaciones han llegado a ser entendidas como verdaderos
festivales públicos de celebración de la vida, en que cuerpos
inermes usan su debilidad para castigar y desafiar moralmente
a los responsables del terrorismo de Estado –los verdaderos
promotores del "caos" y la "barbarie" en Chile–, tratando de
afirmar su derecho a ser comunidad en un espacio social hoy
en día administrado militarmente para el silencio, la reclusión
forzada en lo íntimo y en lo privado, la anonimia, la indefensión y la muerte. Dentro de esta poética de reconstrucción de
34
símbolos de la colectividad nacional chilena queremos situar
las acciones del Movimiento Contra la Tortura "Sebastián Acevedo" (MCTSA) para comprender su propia poética de temas,
metáforas, símbolos y ceremonias rituales.
Al hacer la recolección de datos, materiales y entrevistas
nos acercamos al MCTSA con una serie de suposiciones previas
con respecto a la organización de la sociedad chilena y de la
producción cultural bajo el fascismo. La definición "clásica" del
fascismo lo ha caracterizado como la dictadura terrorista que
los sectores más reaccionarios del capital monopólico ejercen
sobre la clase obrera principalmente, en situaciones de crisis o
cuando por cualesquiera otras circunstancias sienten amenazado
su sistema de dominación.3 Hasta ahora la historia no registra
ningún caso en que un régimen fascista haya caído únicamente
por medio de una insurrección interna. Las divisiones y conflictos sociales que han llevado a la instauración de los fascismos
nunca han sido resueltos por estos regímenes. Más bien han
quedado postergados, enmascarados y supresos por medio de
un aparato represivo permanente, a la vez público y secreto,
y de una maquinaria propagandística que manipula imágenes
espúreas de una unidad nacional. En la tradición gramsciana,4
el fascismo es explicado como consecuencia de una radicalización de sectores medios y pequeño burgueses que provoca una
crisis del bloque de poder y de las ideologías democráticas que
antes sustentaran el proyecto social hegemónico implementado
a través de un Estado de origen liberal. Esta radicalización se
da paralelamente a una serie de derrotas de las organizaciones del proletariado, aunque ellas no pierden su capacidad de
articulación. Se produce, por tanto, un impase en que ningún
sector social es capaz de imponer su propio poder para conducir un proyecto social hegemónico.5 Ese vacío de poder es
llenado por la traumática irrupción en la sociedad civil de una
de las ramas del Estado para suspender dictatorialmente toda
competición política, imponer inicialmente su ideología corporativa y proceder a una reforma de las estructuras sociales que
redunda, en última instancia, en la creación de las condiciones
necesarias para la acumulación de capital en beneficio de los
monopolios financieros. Como ya lo ha señalado la bibliografía
35
existente, en Chile esto se realizó mediante las fuerzas armadas,
que impusieron un neoliberalismo transnacional militarizado de
acuerdo con la Doctrina de la Seguridad Nacional exportada a
Latinoamérica por el aparato militar norteamericano.
Nuestro estudio se dirige a la producción de símbolos
nacionales en la cultura nacional chilena bajo el fascismo. Por
lo tanto, para este propósito nos interesa destacar los conceptos
de cultura nacional y de universo simbólico.
Entendemos por cultura nacional6 el sistema global de relaciones y representaciones sociales que resulta de la capacidad
de cierto sector o sectores sociales para universalizar dentro de
su sociedad –a través de la lucha política, de la concertación
de alianzas y de la formación de alguna forma de aparato de
poder implementador– de un proyecto de desarrollo económico
y social que objetivamente pueda satisfacer las necesidades
materiales y espirituales de las grandes mayorías de la población, incluyendo las minorías étnicas y raciales, mediante la
administración del Estado nacional, más allá de los estrechos
intereses corporativos de quienes proponen ese proyecto. Dentro de esta definición, la fortaleza de una cultura nacional se
mide por el modo en que ese proyecto universalizado es capaz
de definir autónoma y libremente las necesidades que recibirán
una satisfacción prioritaria, estableciendo para ello mecanismos
para una amplia consulta y participación definitoria de las mayorías, a salvaguarda de la compulsión de influencias e intereses
foráneos manifestados directamente desde el exterior o a través
de ciudadanos nacionales. Se desprende que el fascismo, en la
medida en que viola los preceptos de esta definición, es una
aberración de la cultura nacional chilena, en consonancia con
el hecho de que ha sido designado como "estado de excepción"
y como una de las formas más ineficientes de la dominación
social. En estas circunstancias y para los efectos prácticos de
una comunicación más clara, diferenciaremos entre cultura nacional como proyecto democrático integrador, potencial o real,
de las mayorías y la cultura nacional oficializada actualmente
para cumplir con los objetivos de un estado de excepción basado en minorías excluyentes, sin real capacidad o voluntad
integradora.
36
El concepto de universo simbólico7 incide en esta discusión en cuanto a que, a nivel ideológico, todo proyecto social
con potencial de universalizarse dentro de una sociedad debe
desarrollar la capacidad de producir símbolos de apelación
general que, a la vez, tengan el poder para transmitir y lograr
la interiorización psíquica de una visión de mundo en consonancia con su potencial hegemónico. También deben tener la
capacidad para rearticular los sistemas simbólicos acumulados
en la tradición histórica de una colectidad nacional no sólo
con el objeto de legitimar su hegemonía, sino también para
guiar la actividad social del presente como una forma especial
de continuidad narrativa que fluye desde el pasado y se dirige
a un futuro por construirse. Llamamos universo simbólico al
complejo y cúmulo de temas de discusión colectiva, metáforas,
símbolos, formas lingüísticas y discursivas que permiten la
transmisión de un conocimiento que faculta a los seres humanos
para la creación de tipificaciones de significado intersubjetivo,
comunitario y colectivo, y las formas de conducta práctica y
emocional coherentes y cohesivas necesarias para habilitar la
actividad de individuos y grupos en todo orden, participando
en la reproducción de la sociedad según las diferenciaciones y
jerarquías sociales existentes.
Dado el modo traumático en que el fascismo se instaura,
sus consecuencias en el universo simbólico son equivalentes
a un cataclismo cultural. De la noche a la mañana, y por un
largo período, todos los referentes simbólicos que habían regido el orden de las rutinas cotidianas quedan cancelados. Los
espacios, los horarios, los calendarios, los movimientos que
antes dieran a los individuos la sensación de desplazarse en
ámbitos conocidos, domeñados por la costumbre y, por tanto,
no amenazadores, ahora quedan suspendidos y a la espera de
nuevas directivas de uso que la autoridad fascista no comparte
en su etapa de elaboración, sino que dicta con sentido vertical
e inapelable. Puesto que la sociedad ha quedado dividida entre vencedores y vencidos cuyo revanchismo posible debe ser
controlado y neutralizado por el aparato represivo permanente,
la cotidianidad queda escindida, a través de la duración del
fascismo, entre una nación visible y otra invisible.
37
En la nación visible se aposenta y se despliega el boato
de la autoridad fascista y de sus adherentes. Allí transcurren
las biografías de aquellos ciudadanos que han obedecido al
mandato de suspender toda militancia y preocupación política para entregarse únicamente al "gozo" despreocupado de
su vida íntima y privada. En la nación invisible se mueven
aquellos que, por sus convicciones políticas y éticas, no logran adaptarse a la mutilación de sus derechos ciudadanos y
se organizan para la oposición y la resistencia. Algunos de
ellos dan una cara pública en nombre de sus partidos y de las
organizaciones que representan. Llevan una vida de zozobras
por las amenazas, intimidaciones y ataques de hecho que les
dirige el aparato represivo y tienen grandes dificultades para
irrumpir en los espacios públicos o comunicarse abiertamente
con la colectividad nacional por el control y censura oficialista de la mayor parte de los medios de comunicación masiva.
Otros organizan y agitan en una clandestinidad total, por la
que quedan expuestos a riesgos aún mayores que los activistas públicos. En torno a estos las fuerzas de oposición pueden
montar campañas de rescate y protección. Los clandestinos
generalmente son detenidos, torturados y asesinados sin que
para ellos haya noticia o resguardo. También en esta nación
invisible y cuidando celosamente de su anonimia se aposentan
los miembros del aparato secreto de represión, con sus guaridas
enmascaradas, sus centros de administración, confinamiento y
tortura disfrazados, y sus cementerios ocultos.
Los organismos de defensa de los Derechos Humanos
pertenecen a la nación invisible y están poblados por personas
que prestan su identidad individual para servir de representantes públicos de su partido político u organización social de
oposición. Aunque no abandonan su identidad de militantes
y representantes de tales partidos y organizaciones, mientras
realizan su trabajo en los organismos de defensa de los Derechos Humanos deben postergar tal identidad para entregarse
a la dinámica propia de estos organismos, que plantean temas
de reivindicación humana ubicados más allá de una posición
política doctrinaria o actitud ideológica. La dualidad de un
personal que define su identidad pública a la vez como mili38
tante político y como trabajador en defensa de los Derechos
Humanos mediatiza las propuestas simbólicas que los organismos de Derechos Humanos puedan dirigir a la colectividad
nacional chilena. Por una parte, como militantes pertenecen a
partidos cuya tarea se desarrolla a nivel social macrocósmico,
puesto que corresponde a los partidos políticos la proposición
de proyectos de reorganización, administración y reforma de
las estructuras sociales de largo alcance temporal y al nivel de
abstracción (entendida en este punto como artificio conceptual)
que demanda una actividad técnico-administrativa asociada con
el Estado nacional. Simultáneamente, como trabajadores por la
defensa de los Derechos Humanos, este personal ha creado una
poética de la acción política no-violenta afincada más bien a nivel social microcósmico, es decir, asociada con la especificidad
de actividades y rutinas alojadas en la vida cotidiana.
Llamar la atención sobre esta dualidad tiene el propósito de realzar un hecho que no ha recibido, que sepamos, una
elaboración teórica apropiada y que incide en los condicionamientos en que se realizan los esfuerzos para la reconstrucción
del universo simbólico de la cultura chilena: los partidos políticos producen simbolizaciones que aspiran a Institucionalizarse dentro del aparato estatal y apelan a la población como
ciudadanía. Es decir, sobre su producción simbólica gravitan
tanto las reglas estatales que deben seguir los individuos y los
grupos para participar en el juego político como los esfuerzos
por infundir una racionalidad teleológica a la administración
del Estado y de las estructuras sociales, según los objetivos
que se dirimen en una coyuntura histórica. Por su parte, las
simbolizaciones que producen los organismos de defensa de
los Derechos Humanos no tienen necesariamente tal aspiración
institucionalizadora; sus esfuerzos son mucho más difusos: más
bien se dirigen y apelan retóricamente a la población como
comunidad nacional. Es decir, apelan a la población no como
colectividad articulada activamente, de acuerdo con la conducción política de un proyecto social conscientemente negociado
por los diversos sectores que constituyen la nación, sino que
meramente como inercia de identidad ya diferenciada de otras
poblaciones nacionales, identidad que se expresa y reconoce en
39
la acumulación de valores, formas éticas de conducta práctica y
emocional, metáforas, símbolos y mitos recurrentes que, por su
permanencia en el tiempo, ya han llegado a convertirse en tradición, hábito o costumbre, hasta el grado en que sus miembros
llegan a ser incapaces de concebir el fin de su comunidad o su
desmembramiento porque, aparentemente, siempre ha existido
y siempre existirá. De modo más correcto, en segunda instancia habría que agregar que no existe una comunidad nacional,
sino múltiples, en diversas regiones y localidades, dentro de
cada clase social y dentro de cada sector de clase social, en
los diferentes oficios y profesiones, con fines de interés corporativo y con una conducción de limitada gravitación en la
colectividad nacional. En otras palabras, llamamos la atención
sobre la diferencia entre tres conceptos: cultura nacional como
construcción hecha a macronivel político y concertada por una
amplitud de sectores sociales institucionalmente organizados;
comunidad nacional como entidad retórica de inercia de identidades; y comunidades corporativas de ámbito e intereses muy
reducidos. De acuerdo con esto, una cultura nacional estaría en
crisis cuando queda fragmentada en una serie de comunidades
de existencia paralela, de escasa comunicación y concierto para
una acción consensual y estructurada conjunta.
De acuerdo con esta proposición, se podría concebir la
relación entre proyecto social conducido por los partidos políticos y la noción de comunidades nacionales como una relación de estratos: el juego, la lucha y la competición partidista
se monta y se desarrolla sobre este humus anterior que es la
autoidentificación de la población como comunidad nacional o
comunidades corporativas. De allí que los partidos políticos y
bloques de poder intenten articular sus propuestas más abstractas y coyunturales con los símbolos mucho más antiguos de la
población entendida como comunidad histórica y con la especificidad de los intereses corporativos. Tenemos corroboración
y mayor apoyo teórico de esta estratificación en los paralelos
que se pueden encontrar en el concepto de lo popular-democrático utilizado por Ernesto Laclau.8 Para él, este concepto se
refiere al cúmulo de aspiraciones hacia la liberación de todo
dominio que de manera vaga y difusa expresan los pueblos a
40
través de su historia, sin que esas aspiraciones correspondan
necesariamente a límites de clase social. Según Laclau, la lucha
política canalizada dentro de los modernos Estados nacionales
intenta rearticular esas aspiraciones dentro del discurso con
que las diferentes clases sociales e intereses en juego buscan
establecer y legitimar su hegemonía.
En conclusión, habría que clarificar el terreno avanzado
hasta aquí estableciendo un paralelo de niveles horizontales de
actividad simbólica en que quedarían íntimamente conectadas
analíticamente las nociones de cotidianidad, aspiraciones popular-democráticas, comunidad nacional, comunidades corporativas y defensa de los Derechos Humanos. Según esta cadena
de interconexiones, es a nivel de la especificidad de las rutinas
de la vida cotidiana donde se expresan esas aspiraciones más
rudimentariamente esbozadas y tematizadas, de fuerte carga
emocional, que relacionamos con el patriotismo y las tradiciones de nuestra comunidad nacional y que en los años recientes,
debido a la represión militar generalizada en Chile y desde la
perspectiva de la oposición, hemos llegado a asociar estrechamente con la lucha en defensa de los Derechos Humanos.
Dada la inmovilidad política de los partidos políticos
y su incapacidad actual para forjar un consenso mínimo o un
proyecto nacional totalizador, la reconstrucción del universo
simbólico nacional chileno propuesta implícita y explícitamente
por el MCTSA alcanza relevancia por originarse fuera de los
canales partidistas que tradicionalmente habían controlado la
producción simbólica en Chile. Esa proposición proviene desde
los márgenes de la nación invisible y, por tanto, está cargada de todos los sedimentos de cotidianidad y tematizaciones
míticas de alta emotividad y vaguedad discursiva que pueden
dirigirse a una comunidad nacional sin que hayan mediado los
abstractos refinamientos teóricos a que la habrían sometido los
canales partidistas.
Hacer estos deslindes teóricos permite visualizar con
claridad los límites que pueda tener la interpretación de la
dualidad militancia partidista/trabajo por la defensa de los Derechos Humanos. Hablamos de una postergación momentánea
de la identidad partidista durante el trabajo en los organismos
41
de Derechos Humanos. Ambos términos no son excluyentes,
pues una persona puede desarrollar múltiples trabajos, bien sea
en secuencia, paralelos o simultáneos. Puede que en determinadas horas de su rutina cotidiana se dedique a la defensa de
los Derechos Humanos para después entregar el resto de sus
horas hábiles al trabajo partidario. Aún más, es posible que un
trabajador por las defensa de los Derechos Humanos mantenga
una línea de acción política no-violenta mientras se dedica a
estas tareas, a la vez que participa en actividades violentas a
través del aparato partidario. Por lo demás, ya que existe la
fuerte impresión de que la gran mayoría del personal de los
organismos de defensa de los Derechos Humanos proviene de
los partidos políticos más afectados por esas violaciones, hay
una alta probabilidad de coincidencia entre ambas actividades,
pues los partidos mismos pueden haber designado a ese personal para la labores específicas de esa área.
En otras palabras, los organismos de defensa de los Derechos Humanos se caracterizan por su pluralismo. Este término
no puede ser reducido meramente al plano de lo ideológico
como para mostrar diversidades que provean un fundamento
de acción democrática. También debe considerarse que esos
organismos cumplen simultáneamente una enorme cantidad
de funciones bajo un régimen dictatorial que ha restringido al
máximo la actividad política. Esto es lo que acarrea las tensiones a que se ven sometidos internamente en su propósito de
mantener simultáneamente su integridad y cohesión corporativa
a la vez que se respeta ese pluralismo. Pero, por sobre todo,
en lo que se refiere a la dualidad militancia política/trabajo
de defensa de los Derechos Humanos, ese pluralismo debe
entenderse como momentos estratégicos de la actividad de la
oposición antimilitarista. Los términos de esa dualidad no están
tajantemente separados, sino que corresponden a prioridades de
esa lucha, según las cuales los militantes y los miembros de
organizaciones sociales se entregan alternativa o simultáneamente a tareas conectadas con la macrodimensión partidista o
la microdimensión comunitaria.
Reconocer esa dualidad, en el modo que proponemos,
aclara uno de los más profundos errores de interpretación a que
42
se ha visto sometido el MCTSA. Observadores influidos por
posturas socialdemócratas en actitud polémica ante el Partido
Comunista de Chile han interpretado las acciones de este tipo
de organismo como la manifestación del surgimiento de nuevos
actores políticos en la cultura chilena desde sus bases mismas,
del todo independientes de los canales centralizadores de los
partidos políticos más relevantes en el Chile contemporáneo,
particularmente el Partido Comunista. Para llegar a este tipo de
afirmación, esos observadores deben desconocer la dualidad que
relevamos, presentando al MCTSA como organismo formado
por participantes independientes de toda militancia. En este
estudio nos referimos a este fenómeno categorizándolo como
una forma de alegorización del dato cotidiano, ya que, en el
propósito de que sus concepciones teóricas coincidan con el
dato empírico, esos observadores deben desconocer su facticidad para asimilarlo totalmente con sus meditaciones teóricas.
Esta es precisamente la característica principal de la alegoría
como forma discursiva, índice de la importancia cultural del
MCTSA es la variada proyección de deseos que parece atraer
sobre sí de una oposición tan largo tiempo frustrada en sus aspiraciones de un retorno a la democracia. Para ella el MCTSA
parece ser una especie de espejo neutro en que desearían ver
reproducidas sus propias facciones. ¿Es que no se podría decir
lo mismo de este estudio? Al menos tenemos la seguridad de
habernos ceñido al dato empírico.
Creemos de interés introducir la categoría alegorización
para perfilar con mayor claridad los problemas sociales de la
producción de conocimiento bajo el fascismo, en medio de una
cotidianidad reprimida que difícilmente entrega las condiciones
para totalizaciones más acertadas. Se podría plantear que, en
este sentido, una de las principales distorsiones que introduce
esa represión es la tendencia de los investigadores a situar su
foco de estudio primordialmente a nivel macrocósmico, postergando por razones muy justificables la oportunidad de tensar su
discurso confrontándolo con un foco microcósmico. Esperamos
que este estudio sea una contribución en este sentido.
La recolección de datos, materiales y entrevistas para
este estudio se hizo durante los meses de enero, febrero y
43
marzo de 1986 en la ciudad de Santiago, donde comenzara el
Movimiento Contra la Tortura, y en la ciudad de Concepción,
donde se inmolara Sebastián Acevedo. El MCTSA acababa de
celebrar su segundo año de existencia, con más de treinta acciones y manifestaciones. Resultó ser un momento crucial en la
evolución del MCTSA. Ya se había formado un núcleo estable
de participantes; se había ampliado la participación al grado de
reunir cuatrocientos manifestantes en una acción específica; se
había perfilado claramente el estilo teatral de su presentación
ante el público y se había adquirido experiencia en el planeamiento, cronometración y ejecución de las acciones de protesta.
Después de expectativas muy optimistas de que el MCTSA
tendría un crecimiento infinito, éste ya había alcanzado límites
precisos. Por otra parte, se notaba entre los entrevistados una
preocupación por el agotamiento de la novedad de ese estilo
teatral y la necesidad de renovarlo, para así volver a atraer la
atención de la prensa y la radio progresistas, de las que dependen para que su mensaje se conozca. Esta renovación requería
un cuidado especial, puesto que el MCTSA se preparaba para
contribuir a los esfuerzos de la oposición durante 1986, que
había sido proclamado "año de la insurrección nacional" o de
la "creación de una situación de ingobernabilidad del país" para
terminar con la dictadura.
Ya desde las primeras entrevistas se manifestaron los
niveles de tensión descritos más arriba. Debido a las diferentes
formas de asumir esa acumulación de dos años de experiencias, preocupaciones y tensiones, las entrevistas tuvieron cariz
muy diverso. Algunos informadores comunicaban un evidente
placer y alegría al contar las experiencias y aprendizajes vividos y sufridos en el camino a la madurez alcanzada en las
actividades del MCTSA. Este tipo de informador demostró un
mayor grado de conciencia de las implicaciones del MCTSA
en la cultura nacional, entendiéndolas desde la perspectiva de
una comunidad de valores y tradiciones situadas más allá de
líneas clasistas. Otros, que más bien han tendido a absorber y
expresar las tensiones de mantener el perfil no partidista de la
organización, mostraron actitudes que variaron entre lo cauto,
lo receloso, lo reticente, lo defensivo y lo polémico. Al narrar
44
opiniones de los informadores del primer tipo –que podríamos
llamar "cultural-comunitarios"– a algunos de los entrevistados
de este último tipo, con frecuencia éstos se molestaron de que
se las hubiera expresado. Estos informadores demostraron gran
claridad en su propia posición ideológica y, por ello mismo,
daban extraordinario énfasis a la preservación del pluralismo
del MCTSA como mecanismo de defensa de la organización.
Estas actitudes son del todo comprensibles y justificables, dadas
las mistificaciones, malentendimientos y distorsiones de identidad y misión de que ha sido objeto el MCTSA en una cultura
política que tradicionalmente ha demandado identificaciones
ideológicas tajantes y exclusivistas. Por otra parte, es preciso
entender que, bajo las condiciones represivas en que se da toda
actividad de organización social masiva en Chile, los cuidados
por la seguridad de toda institución deben ser considerados
como ingrediente central en todo proceso de recolección de
datos, información, entrevistas y, por sobre todo, en la evaluación de los resultados finales de nuestra narración descriptiva
e interpretativa.
Estas actitudes divergentes revelaron que el pluralismo
del MCTSA corresponde a lo que en la tipología sociológica
se ha llamado movimiento y coalición. El MCTSA es una organización de gran simplicidad: no tiene personal burocrático,
ni local propio, no recauda fondos ni recibe subvenciones de
ninguna especie. Sólo tiene un pequeño comité coordinador y
ciertas personas designadas como portavoces oficiales. Todo
miembro tiene el derecho de expresar sus opiniones y experiencias, pero sólo a título personal y como testimonio. Se trata,
por tanto, de una coalición policefálica en cuanto a que las
opiniones del comité coordinador y de los portavoces no son
expresión homogénea del pensamiento de todo el movimiento.
Esta característica explica en cierta medida las mistificaciones,
malentendidos y distorsiones de la identidad y misión sufridas
por el MCTSA, ya que periodistas no conscientes de esta
tipología sociológica tienden a tomar los juicios personales y
testimoniales como extensivos a toda la coalición.
Las personas primordialmente preocupadas por las tensiones políticas acarreadas por la necesidad de mantener la
45
identidad y misión del MCTSA, a pesar de sus recelos y reticencias, fueron extraordinariamente valiosas para la recolección
de datos sobre la visión externa del grupo, en el contexto de
un cuadro partidista y cultural más amplio. Es evidente que
su contribución a esa visión externa fue sintomática, es decir,
indirecta y, aun, contra su voluntad, puesto que precisamente
sus silencios, autocensuras y censuras indicaron áreas que de
otro modo no habrían sido exploradas e inspeccionadas. La
mayor veta de señales sintomáticas provino del insistente esfuerzo de estas personas por reducir la actividad del MCTSA
estrictamente a la de hacer manifestaciones públicas contra la
tortura, negando que el grupo tuviera un nexo común en lo
ideológico y lo doctrinario o que tuviera alguna trascendencia
cultural. Estas afirmaciones fueron hechas, sin duda, para evitar
la proliferación de interpretaciones del MCTSA que pudieran
exacerbar alguna disensión interna.
La captación de estas dos conciencias internas del
MCTSA ha causado el contraste que se hará evidente en la
exposición que sigue: aunque el MCTSA tiene una estructura
organizativa de extraordinaria simpleza, de reuniones solamente
periódicas, en su dimensión cultural tiene implicaciones y capta
ecos muchísimo más amplios en el contexto global de la cultura
nacional chilena. De allí que quizás parecerá paradojal que un
estudio emprendido específicamente sobre esta organización
gradualmente lleve a explorar esas implicaciones y ecos hasta
el extremo en que es mucho mayor el volumen narrativo dedicado a estos que al MCTSA mismo. Como justificación de
este desbalance aparente nos apresuramos a señalar que ese
mayor volumen narrativo de las referencias culturales globales
es precisamente prueba concreta de la importancia del MCTSA dentro de la cultura chilena actual. Por otra parte, estamos
seguros de que en esto captamos las expectativas de los mismos miembros del MCTSA, quienes reiteradamente protestan
de que su organización a veces atraiga mayor atención que el
problema de la tortura que ellos desean denunciar. Algunos
fueron explícitos con nosotros en cuanto a su descontento de
que nos acercáramos a ellos con el objeto de escribir un libro
sobre el trabajo de su organización y no directamente sobre el
46
problema cultural de la tortura.
Según esta estrategia expositiva, hemos imaginado el
estudio del MCTSA como una travesía exploratoria a través
de los temas, metáforas y símbolos producidos por la cultura
chilena de la oposición y la subcultura de los organismos de
defensa de los Derechos Humanos. Nuestra premisa es que
los discursos, mitos, y ceremonias rituales elaboradas por el
MCTSA a la vez se apropian y contribuyen a ese universo
simbólico, alcanzando sentido y significación solamente si es
que se comprende su ubicación en las tematizaciones elaboradas en esa cultura y subcultura. La trascendencia cultural del
MCTSA está precisamente en el hecho de que, a pesar de ser
una minúscula manifestación de una subcultura, tiene la entereza y el coraje ético de proponer la reconstitución de todo el
universo simbólico de la nacionalidad chilena. De allí que sea
necesaria mayor información en torno al MCTSA que sobre el
MCTSA mismo.
Esto explica, además, otra característica de nuestro aparato expositivo: hemos citado copiosamente de cuanto estudio
y documento a nuestro alcance que nos haya parecido relevante para iluminar el estado de la cultura de la oposición y la
subcultura de la defensa de los Derechos Humanos. Creemos
que este procedimiento es indispensable por varios razones. En
primer lugar, porque seguir la estrategia expositiva de una travesía exploratoria nos ha obligado a penetrar en tal diversidad
de áreas que es imposible tener conocimiento cabal en cada
una y todas ellas; en estas condiciones hemos preferido dejar
la palabra a los expertos. En segundo lugar, hemos imaginado
las declaraciones y entrevistas de los portavoces y participantes del MCTSA como proveedoras de signos sintomáticos, a
veces muy débiles en su expresión, de asuntos que, para ser
captados en su dimensión real, deben ser amplificados en su
resonancia relacionándolos con ese juicio de mayor amplitud
de los expertos. Complementando lo anterior, consideramos
una cultura nacional como un sistema de prácticas materiales
y simbólicas llevadas a cabo en diferentes niveles, por clases
diferenciadas, todas ellas relacionadas entre sí con algún grado
de organicidad funcional que les da un carácter sobredetermi47
nado. De acuerdo con esto, es posible descubrir isomorfías
discursivas –coincidencias homológicas en simbología, matrices
y estrategia argumental– entre los discursos producidos en los
diversos niveles de práctica. Veremos que esta organicidad se da
entre las propuestas míticas del MCTSA y otros organismos e
individuos de la oposición y la defensa de los Derechos Humanos. Probar esas isomorfías requiere citas amplias. Finalmente,
además de considerar la comodidad del lector –a quien se debe
entregar directamente los elementos de juicio necesarios– hay
un problema de historia como disciplina: gran parte de esos
estudios y documentos son dificilísimos de encontrar, tanto por
lo inaccesible que muchas veces son las organizaciones que los
producen, la tirada limitada que se hace de ellos y la calidad
a veces deficiente del papel en que se las imprime, lo cual los
hace piezas históricas de vida muy corta, que debiera preservarse por lo menos en parte. Esto es particularmente válido en
lo que respecta al material escrito producido por el MCTSA,
que transcribimos en el cuerpo central de nuestro trabajo como
corroboración de nuestras interpretaciones y análisis, y también
en una sección especial de anexos. En fin, la imaginación de
este trabajo como una travesía exploratoria a través de la cultura de la oposición chilena y la subcultura de la defensa de
los Derechos Humanos debe ser complementada con la noción
de que en su transcurso se escucharán voces que hemos tenido
el honor y el privilegio de juntar en un solo espacio. Aunque
estas voces darán directamente su testimonio, la responsabilidad
por la disposición en que se las ha estructurado es totalmente
nuestra.
Hemos dividido nuestra exposición en tres partes. En
la primera nos dedicamos al estudio de los condicionamientos
que gravitaron en el surgimiento del MCTSA; su origen en la
subcultura de la defensa de los Derechos Humanos; las características sociológicas del movimiento como coalición y las
implicaciones organizacionales de tales características. Estos
antecedentes son la base sobre la cual luego procedemos al
estudio e interpretación de los mitos y ceremonias rituales diseñadas por el MCTSA en su interpelación a la población chilena
para que luche contra la tortura como política de Estado. Es al
48
situar esos mitos y rituales en referencia a los temas, metáforas
y símbolos producidos por la oposición y los otros organismos
de defensa de los Derechos Humanos donde hemos hecho el
mayor acopio de citas directas. La segunda parte intenta un
estudio especial de la inmolación de Sebastián Acevedo como
ritual afín y a la vez complementario de la identidad y misión
que se había fijado anteriormente el Movimiento Contra la
Tortura, razón que lo llevó a asumir su nombre. La tercera y
última parte busca conectar la visión interna del MCTSA con
perspectivas externas, lo cual nos lleva a situar al movimiento
en el conjunto de polémicas y discusiones que se han dado
sobre dos problemas candentes en el momento en que se hizo
la investigación: primero, la no-violencia activa y la violencia administrada políticamente como formas de oposición y
resistencia legítimas al régimen militar; segundo, la situación
actual de los partidos políticos como sistema. Esta es el área
más problemática de este estudio y quizás la más controversial.
Decíamos que era nuestra expectativa contribuir a esta segunda
problemática tensando los análisis globales con un caso de investigación empírica. Así, desde la perspectiva microcósmica de
la que partimos para dar cuenta de la significación cultural del
MCTSA, a nuestro entender el tratamiento de esos macrotemas
ha sido afectado por los tabúes exitosamente impuestos por la
represión fascista sobre el discurso analítico de la intelectualidad de oposición. Caracterizamos esos tabúes como tres formas
de limitación de ese discurso: en esas polémicas y discusiones
del sistema de partidos se han excluido los efectos concretos
del capitalismo dependiente sobre la población nacional, índice
de lo cual tenemos en las poblaciones marginales; un fuerte anticomunismo que lleva a una grave simplificación del problema
de la violencia política; la supresión del uso explicativo de la
categoría imperialismo. Suplir estas carencias no sólo nos ha
llevado a reintroducir esta última categoría en nuestra crítica,
sino también a referirnos a los otros dos aspectos excluidos.
Resultará obvio, a través de la lectura, que esos tabúes condicionan las interpretaciones mistificadoras y distorsionadoras de
la identidad y misión del MCTSA.
49
NOTAS
1 Esta tipología pertenece a José Joaquín Brunner en "Cultura e
Identidad Nacional: Chile 1973-1983". Documento de Trabajo N°
177, FLACSO -Santiago de Chile, mayo, 1983.
2 Sobre esta Agrupación ver: Hernán Vidal, Dar la vida por la vida:
la Agrupación Chilena de Familiares de Detenidos Desaparecidos
(Minneapolis: Institute for the Study of Ideologies and Literature,
1982).
3 Agustín Cueva, La Fascistización de América Latina. Teoría social
y procesos políticos en América Latina (México: Editorial Edicol,
S.A., 1979).
4 Particularmente, Nicos Poulantzas, Fascism and Dictatorship
(London: Verso Editions, 1979) y Ernesto Laclau, Política e ideología en la teoría marxista (Madrid: Siglo XXI de España, Editores,
S.A., 1978).
5 Nuestro estudio no se sitúa en una macrodimensión política, por lo
tanto no nos corresponde una mayor aclaración de este punto teórico.
Sin embargo, creemos necesario anclarlo más concretamente en la
historia chilena reciente, para lo que hacemos referencia a un pasaje
del trabajo de Tomás Moulian titulado "Tensiones y Crisis Política:
Análisis de la Década del Sesenta", en Adolfo Aldunate, Ángel
Flisfisch y Tomás Moulian, Estudios sobre el sistema de partidos
en Chile (Santiago de Chile: Facultad Latinoamericana de Ciencias
Sociales (FLACSO), 1985): "Tanto la aplicación por parte de la
Unidad Popular de una estrategia de reformas con efectos políticos
rupturistas, como el creciente auge de las posiciones más izquierdistas, contribuyó a producir el "vaciamiento" del Centro, con lo cual se
cerró el ciclo de polarización. A la Democracia Cristiana se le hizo a
cada momento más difícil compatibilizar negociación con el gobierno
y dirección del frente antiizquierda. Aunque ella trató de dirigir a la
oposición desde posiciones moderadas, que implicaban respetar el
período de mandato presidencial y conservar el método electoral, se
le hizo imposible sostener esta línea a partir de octubre de 1972. En
ese momento se tornó evidente la existencia de una avanzada crisis
de legitimidad.
50
A partir de entonces la sujeción a los procedimientos y normas constitucionales dejó de constituir una traba y empezó a prevalecer una
conciencia política elástica. El fin buscado (la salida de Allende, considerada "la salvación de la patria") adquirió una importancia decisiva,
por encima de los medios. A lo "sustantivo" se le empezó a conferir
un valor absoluto, frente a lo cual "lo formal" resultaba insignificante.
En el conjunto de la oposición se expandió el menosprecio por los
métodos legales, cuya ineficiencia parecía probada.
Al unificarse la oposición en un "frente único" y producirse el "vaciamiento" del centro, se debilitaron, hasta terminar anulándose, las
presiones moderadoras. El campo de fuerzas se polarizó de un modo
definitivo durante la "crisis de octubre". Sin embargo, hasta después
de las elecciones de marzo de 1973 no se generó una situación de
equilibrio catastrófico. Ella tiene lugar cuando, en una crisis política,
se produce un empate de fuerzas con el consiguiente empantanamiento
institucional. La ausencia de un claro predominio de un bando sobre
el otro debilita las posibilidades de una salida pacífica.
Paradojalmente, la causa inmediata del derrocamiento de Allende fue
el éxito electoral (relativo) de la izquierda en las elecciones parlamentarias de 1973. Ello clausuró las posibilidades de un "derrocamiento
legal" y, al mismo tiempo, aumentó las incertidumbres políticas sobre
el futuro, acerca tanto del manejo que haría la Unidad Popular de
la fuerza disponible como de las posibilidades de que se concretara
una "moderación táctica" del gobierno, que si bien era deseada por
algunos, era considerada por otros una catástrofe insuperable. La
oposición no tenía una fuerza aplastante, cuya fuerza obligara, por
sí misma, a ceder. Uno y otro lado podían especular con el "triunfo
definitivo" al azar de una coyuntura inesperada o a través de un
largo trabajo de maduración. La crisis ofrecía múltiples y tentadoras
oportunidades de viraje, pese al empate más o menos cristalizado de
entonces.
Todo esto fortaleció la imagen de "necesariedad" y de urgencia del
golpe militar. La obsesión era impedir que la Unidad Popular utilizara
la ampliación de su margen de maniobra. La suerte estaba sellada: el
empate en el enfrentamiento entre los "bandos civiles" se transformó,
apenas las FF.AA. consiguieron producir un "consenso de término",
en un desequilibrio catastrófico. Ellas eran los únicos actores con
capacidad de decisión" (pp. 103-104).
6 Ver: Nils Castro, Cultura nacional y liberación (San José de
Costa Rica: Editorial Universidad de Costa Rica, 1979); "Tareas de
la Cultura Nacional", Casa de las Américas, Año XXI, septiembreoctubre, 1980, N° 122.
51
7 El término es tomado de Peter Berger y Thomas Luckmann, The
Social Construction of Reality (Garden City, New York: Anchor
Books, Doubleday and Company, Inc., 1967).
8 Laclau, op. cit.
52
El Movimiento Contra la Tortura
53
54
El Movimiento Contra la Tortura "Sebastián Acevedo"
(MCTSA) es una coalición que reúne activistas religiosos y
laicos, creyentes y no creyentes, cristianos y librepensadores,
provenientes de diferentes partidos políticos de oposición al
gobierno militar, de diferentes organizaciones dedicadas a la
defensa de los Derechos Humanos en Chile, de diversas clases sociales y profesiones, además de personas independientes
pero motivadas a hacer una contribución concreta y material
a la defensa de esos derechos mediante manifestaciones de
protesta pública.
En términos generales, el MCTSA puede ser descrito
de acuerdo con dos tipologías sociológicas, la de movimiento y de coalición.1 Como ocurre con estas instituciones, el
origen del MCTSA está en una red de relaciones (network)
institucionales y personales preexistente, capaz de redirigir el
personal, la experiencia, los recursos tangibles e intangibles
ya acumulados, para enfrentar nuevas tareas de readaptación a
una crisis individual o colectiva. De este modo se conforma un
movimiento, en la medida en que "los miembros de un público
que comparte una posición común frente al problema enfrentado suplementan su discusión informal persona-a-persona con
alguna forma de organización para promover sus convicciones
más efectivamente y posibilitar una actividad más sostenida".2
Para que el movimiento vaya más allá de sus primeras actividades, es indispensable la existencia de esa red de relaciones ya
preestablecida. Ella asegura su supervivencia sobre la base de
55
un consenso fundamental y de una experiencia organizativa ya
probada, la cual permite la unidad de personas e instituciones
dispares tras el objetivo común.
Desde la perspectiva del concepto de coalición, el MCTSA puede ser entendido como alianza temporal de individuos
y organizaciones que dependen mutuamente para actuar sobre
un objetivo limitado, alianza que, por su naturaleza transitoria,
es necesariamente inestable: es inevitable que las circunstancias cambien, las tareas aumenten o disminuyan, los recursos
puestos en acción decrezcan, aumenten o se modifiquen y las
relaciones y los compromisos personales adquieran otras características. A esta transitoriedad se agregan las tensiones que
nacen del hecho de que los miembros de una coalición, a pesar
de llegar a un consenso básico sobre las tareas comunes, la
forma de realizarlas y ciertas normas de conducta, derechos y
deberes, buscan mantener el perfil distintivo de su personalidad
individual o de grupo menor dentro de la alianza, sin que su
compromiso sea reemplazado por un conjunto ideológicamente uniforme de derechos y obligaciones propio de un grupo
corporativo homogéneo ya largamente estabilizado. En una
coalición el consenso es logrado sobre lugares comunes mucho
más pragmáticos y de alcance restringido.
Los participantes en una coalición tienen la necesidad
de mantener tanto su identidad individual o de grupo menor
como lograr un consenso pragmático para la acción concertada, lo cual obliga a sus miembros a desarrollar un aparato
organizativo que, a pesar de las disparidades, logre una serie
de objetivos concretos: 1) encontrar un foco de coordinación
centralizada, ya sea en un líder o en un comité nuclear; 2)
definir con claridad los objetivos que permiten el lugar común
de concertación más allá de las diferenciaciones reconocidas; 3)
definir las especializaciones de los diferentes comités necesarios
para realizar las acciones convenidas; 4) establecer claramente
los principios con que se reclutarán participantes; 5) crear una
densidad y un contenido interacccional; 6) plantear un mínimo
de normas de conducta que esbocen una identidad nuclear a pesar de los diferentes perfiles de identidad; 7) reunir y diseminar
la información necesaria entre los participantes como para que
56
éstos tengan una clara imagen de los adversarios que deberán
enfrentar en la consecución de los objetivos de la alianza.
En términos prácticos, la eficiencia del aparato organizativo desarrollado es puesta a prueba en la formación de los
grupos de acción (action-sets) que la coalición designa para
efectuar las acciones específicas de su agenda global. Aquí
entran en juego aspectos generales del movimiento tales como
el tamaño total de su membrecía; la densidad de la red de relaciones sobre la que se basa la alianza –es decir, la frecuencia y
amplitud de los contactos entre los individuos y las instituciones
participantes independientemente de la coordinación centralizada que estructura la coalición; la habilidad de la coalición para
encontrar una forma de coordinar las acciones en que prime una
efectiva centralidad –es decir, la designación de un individuo
o grupo dirigente que realmente sea accesible a los miembros
de la red de relaciones como para que a través de su eje de
coordinación cruce el número de circuitos de comunicación
necesario para efectuar las acciones.
Las estrategias que guían esta centralidad son cruciales
para lograr dos objetivos parciales: el primero, que la coalición
ponga en movimiento los recursos de personal, materiales e
inmateriales, tangibles e intangibles de que se dispone, canalizando el flujo direccional de esos recursos para aplicarlos puntualmente a las acciones específicas que el núcleo organizativo
ha puesto en la agenda. Esas estrategias deben responder a un
conocimiento adecuado por parte de los actores de esa centralidad directiva en cuanto a la frecuencia y multiplicidad de los
contactos y formas de transacción existentes entre los miembros
de la red de relaciones y sus instituciones de base. Así se designan los diferentes roles que ellos puedan jugar tanto en la
estrategia global de la coalición como en sus tácticas prácticas
y en las situaciones concretas de las acciones específicas. La
globalidad del conocimiento manejado por la centralidad redunda en un mejor o peor cuadro de las potencialidades de acción
general y específica de la coalición y de los aspectos subjetivos
que puedan influir en su actividad práctica para enfrentar y
adaptarse a circunstancias siempre en movimiento y cambio.
El segundo objetivo parcial que la centralidad directiva
57
debe contemplar es la modulación de la imagen institucional
que la coalición debe proyectar tanto entre sus miembros
como dentro de la comunidad general en que la coalición se
inserta socialmente. Esto es de particular importancia para un
movimiento como el MCTSA, puesto que la aspiración de sus
acciones es involucrar al mayor número de sectores sociales
de Chile en la denuncia de la tortura como arma política del
Estado. Esto implica que se busca un efecto de reverberación
en la conciencia pública del país, efecto en el que intervienen
factores sobre los cuales la centralidad pierde gradualmente
su capacidad de control. Sin duda esto puede afectar el logro
de los objetivos en la medida en que los reclutas potenciales
de la coalición responderán a una imagen percibida desde la
exterioridad del MCTSA que, como indicamos, la centralidad
no puede influir del todo. El contorno de este problema puede
comprenderse en su trascendencia si adoptamos los esquemas
con que se ha descrito la estructura tipológica de las redes de
relaciones.
Teniendo en mente una polaridad institucional que tensa
dos extremos, el núcleo central de una red de relaciones y
su periferia, es posible postular que la centralidad tanto de la
coalición en general como de los grupos de acción designados
desarrollará su actividad organizativa y de modulación de su
imagen institucional con una mejor administración del contorno
de los efectos deseados en los anillos de actividad más cercanos a esa centralidad, perdiéndose su nitidez a medida que los
contactos se alejan hacia la periferia. Mientras mayor sea esa
distancia, la imagen se hará más difusa, bien perdiéndose del
todo o sufriendo serias dislocaciones y distorsiones e inesperadas interpretaciones, problema al que nos referiremos en la
tercera parte de este estudio.
Para mejor visualizar este movimiento considérese una
versión modificada del diagrama de anillos concéntricos y expansivos que conforman una red de relaciones propuesto por
Jeremy Boissevain.3
58
En torno al núcleo organizativo de la red es posible reconocer una célula personal, compuesta por los asociados más
cercanos a la dirigencia de la coalición, con los que el flujo
de información necesaria y comunicación de expectativas es
más diáfano y directo. Por las incidencias del trabajo cercano,
entre estos asociados se multiplica fácilmente la naturaleza
de los contactos, intercambios y transacciones, cargándose
fuertemente de afectividad, ya sea positiva o negativa. Ella
es seguida por dos zonas íntimas, A y B, en que participan
familiares, amigos o relaciones sociales de los miembros de
la dirigencia y de la célula personal. Aunque aquí pueda darse
una buena información y comunicación de expectativas, su
contorno comienza a sufrir modificaciones por el hecho de que
el compromiso para la participación está mucho más marcado
por el mayor o menor grado de intensidad de las emociones
que caracterizan la relación de estos participantes de segundo
orden con los de la célula personal. Luego se concibe un círculo de participantes de tercer orden, que forman una zona
de efectividad caracterizada por el hecho de que están insertos
en otras redes de relaciones, con las que la centralidad guarda
contactos de tipo más bien instrumental; estas personas son
concebidas principalmente como recursos estratégicos con los
que no hay mayores lazos afectivos o emocionales. El área
siguiente, la zona nominal, está compuesta por personas con
que la centralidad tiene relaciones y contactos distantes, intensamente mediatizados por personas pertenecientes a círculos
más cercanos, pero cuya identidad queda por lo menos registrada en el cúmulo de información manejado centralmente. Ya
totalmente en la periferia está la zona extensa, sobre la cual ni
la dirigencia ni los miembros de la coalición pueden hacer aseveraciones coherentes sobre su identidad y significado. Es aquí
donde se ubican los principales problemas que debe enfrentar
la coalición en cuanto a la interpretación pública que pueda
59
recibir su imagen institucional y sus objetivos. Huelga decir que
este esquema no debe ser considerado como una disposición
estática, puesto que la dinámica personal o institucional de una
red de relaciones puede alejar a personas de los anillos más
cercanos a la centralidad, así como acercar a ellos a personas
de gran distanciamiento que puedan cumplir con los requisitos
de reclutamiento. En la tercera parte de este trabajo veremos
que los portavoces del MCTSA se refieren a estos aspectos
hablando de una "rotativa" de la membrecía.
En lo que respecta a coaliciones como el MCTSA, es
indispensable resaltar, como lo hemos hecho anteriormente, la
dimensión emocional y afectiva que cimenta los contactos y
relaciones que se desarrollan en las diversas zonas de la red de
relaciones. Ello responde a la coincidencia de las circunstancias
del surgimiento del MCTSA con observaciones hechas en otras
sociedades en cuanto a las condiciones que promueven este
tipo de alianza. Se ha propuesto la hipótesis de que este tipo
de red de relaciones transitoria e inestable surge –a diferencia
de grupos corporativos de larga permanencia, estabilidad y
homogeneización ideológica prescriptiva de sus miembros, y
capacidad de planeamiento de sus acciones a largo plazo– en
sociedades de gran diversificación de clases, en que la hegemonía social ha sufrido crisis que impiden una articulación
integral de comunidades de diversa función, valores y poder.4
Al fragmentarse esta articulación, no hay instituciones centrales
en la sociedad que garanticen la protección de aquellos sectores
cuya práctica social pueda ser percibida como conflictiva por
el poder político establecido. Por lo tanto, esos sectores deben
entrar en alianzas con grupos y sectores de situación afín, para
compartir recursos y experiencias en una acción común que
les permita encontrar formas de expresar sus preocupaciones e
intereses a la colectividad nacional dentro de las restricciones
impuestas, a la vez que se conservan formas de defensa y seguridad para mantener o expandir esa mayor o menor capacidad
de expresión. Fuera de servir como vehículos para la expresión
y defensa de los sectores sociales reprimidos, estas coaliciones
llegan también a cumplir una función de apoyo psicológico,
en que los individuos afectados equilibran la hostilidad que
60
experimentan en su medio social mediante la participación en
redes de relaciones más circunscritas. En ellas su vida toma
una significación más satisfactoria y más predecible.
La dificultad para llegar a un entendimiento del MCTSA
a nivel ideológico, como el que buscamos en este estudio, está
en el hecho de que, para proteger la identidad diferencial y
pluralista de los participantes en la alianza, esta coalición ha
debido adoptar una organización característica de este tipo de
movimiento, que en la literatura ha sido definida como segmentaria y policéfala. Segmentaria, por cuanto las rupturas,
faccionalismos y conflictos sociales surgidos en el período de
crisis que llevara a la formación de la alianza –la derrota de
la Unidad Popular, en el caso presente– siguen presentes en su
seno, lo cual lleva a constantes discusiones para mantener el
foco consensual que le dio impulso inicial y la ha preservado
dentro del flujo cambiante de situaciones que debe enfrentar. De
allí que, en cuanto al aspecto policefálico de la organización,
aunque el foco consensual se mantenga, éste tiene un efecto
estrictamente limitado a los marcos de ese consenso, a pesar
de que los objetivos globales de la coalición demandan interpretaciones más amplias. Por lo tanto, aunque los personeros
designados por la coalición para hacer de portavoces traten de
proyectar una imagen institucional de cierta homogeneidad en
cuanto a posibles interpretaciones de su actividad y significado,
el observador externo rápidamente llega a percibir que otros
testimonios dados por personas no reconocidas como portavoces, pero de idéntica o mayor importancia por su actividad en
la coalición, pueden ser totalmente contradictorios, creándose
la confusión característica para quienes interpretan estas organizaciones sin atenerse a la naturaleza coalicionista de la alianza.
Más adelante se podrá apreciar la importancia de este problema
en lo que respecta al MCTSA.
Ahora bien, el marco tipológico usado para describir al
MCTSA en primera instancia requiere que un estudio de sus
características específicas preste atención, en primer lugar, a
la red de relaciones preexistente a su surgimiento, y de la que
se nutre, para luego dar cuenta de la forma en que ese origen
determina la actividad ideológico-simbólica que le otorga una
61
identidad diferencial.
La comunidad de organizaciones de defensa
de los Derechos Humanos en Chile
En este acápite recogemos datos de estudios ya existentes sobre el origen, función y estructura de los organismos
surgidos en Chile para la defensa de los derechos humanos.5
Sin embargo, ya que nuestro objetivo es, más bien, esbozar los
condicionamientos que resultan en la creación del MCTSA a
raíz de la preexistencia de esos organismos, estimamos que la
mejor aproximación al examen de esta comunidad es reordenar
ese material para concebirlos como una serie de afinidades
genealógicas que se decantan a través del momento histórico
en que surgen. En este caso, por genealogía institucional entendemos la forma en que la creación de los primeros organismos de defensa de Derechos Humanos en Chile abre las vías
necesarias para el surgimiento de otros que, de acuerdo con un
criterio de división del trabajo y complementación de funciones,
crean todo un tejido de relaciones personales e institucionales
que, a pesar de su diferenciación, mantienen ejes de afinidad,
organización y temáticas prioritarias. Estos ejes son los que
permiten el traslado horizontal de personal que constituye la
red de relaciones característica de este tipo de organismo, cuyo
contenido implica, como decíamos, la acumulación de recursos
humanos, materiales, espirituales, tangibles e intangibles que
nos interesa captar.
Históricamente, la constitución de esta red de relaciones
implica que el surgimiento de las quince instituciones existentes
hasta el momento se ha debido a una larga exploración llevada
a cabo por activistas políticos, profesionales comprometidos
con la preservación de valores progresistas y democráticos,
víctimas directas de la represión, familiares de estos afectados,
comunidades cristianas católicas y de otras denominaciones,
62
además de independientes, por encontrar y abrir espacios estables para la defensa, protección y expresión de actividades
democratizantes, según las diferentes condiciones políticas y
de represión imperantes.
Cualquiera narrativa del proceso de construcción de esa
red de relaciones –como ya se lo ha señalado justa y reiteradamente– debe comenzar por el papel crucial que jugaron y
juegan las diferentes denominaciones religiosas en la apertura
de espacios de maniobra para la defensa de los Derechos Humanos en Chile. Inmediatamente después del golpe militar del 11
de septiembre de 1973, la iniciativa de las Iglesias Evangélica
Luterana, Evangélica Metodista, Católica Romana y Católica
Ortodoxa, algunas denominaciones pentecostales y la comunidad judía, resultó en la fundación del Comité de Cooperación
para la Paz en Chile (COPACHI). Este organismo fue formado
por laicos y religiosos para prestar ayuda y protección legal,
en colaboración con organismos de las Naciones Unidas y el
Consejo Mundial de Iglesias, a extranjeros y nacionales detenidos y torturados, y a los familiares de detenidos-desaparecidos.
De acuerdo con las necesidades, esa actividad llegó a incluir
también la asistencia social, con la formación de talleres y cocinas comunitarias para emplear tanto a víctimas de la represión
como a expulsados de sus trabajos por razones políticas. La
institución se disolvió en noviembre de 1975 por petición del
gobierno militar, luego de habérsele impedido el regreso a Chile
al Obispo luterano Helmut Frenz, co-presidente de COPACHI
con el Obispo católico Fernando Aristía. Poco tiempo después,
el Arzobispado de Santiago anunció la creación de la Vicaría
de la Solidaridad, que comenzó sus actividades en enero de
1976, heredando el personal de COPACHI para continuar sus
funciones sin que el gobierno militar pudiera eliminarlas por
haberse constituido en organismo de la estructura eclesiástica
misma.
COPACHI y la Vicaría de la Solidaridad fundan un modelo general seguido de allí en adelante, por cuanto establecen
una estructura de prestación de servicios jurídicos y asistenciales que requiere la participación tanto de una planta burocrática de funcionarios "donde hay definición de roles, jerarquía,
63
normas formales, división del trabajo y remuneración por el
trabajo aportado"6, como la utilización de trabajo voluntario.
En la Vicaría se realizan labores de investigación y análisis,
existe un centro de documentación, información, publicaciones
–particularmente la revista Solidaridad, de circulación masiva.
La función de denuncia pública es indirecta, en la medida en
que los acuciosos informes del cuerpo de abogados y asistentes
sociales a los tribunales sirven de plataforma para la discusión
de las tendencias y modalidades con que los servicios de seguridad cometen sus violaciones de los Derechos Humanos.
Una consecuencia de esta actividad es que las dependencias
utilizadas se han convertido en espacios para la congregación
y movilización de otras personas comprometidas con esa defensa, en una red que incluye otras dependencias de la Iglesia
a través de todo el país.
Los organismos que se crearían de allí en adelante variarían en cuanto al énfasis dado a la plétora de funciones creadas
por COPACHI y la Vicaría de la Solidaridad y a su asociación
con las iglesias, dando lugar a genealogías institucionales diferenciadas. Examinemos, en primer lugar, las organizaciones
dedicadas a la prestación de servicios.
Con un criterio de mayor especialización, en 1976 se
constituyó la Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas (FASIC), que tuvo su origen en COPACHI. Con la asistencia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los
Refugiados (ACNUR) y con la del Comité Intergubernamental
para Migraciones Europeas (CIME), la Fundación reunió a un
número de profesionales para ayudar a varios centenares de
prisioneros políticos que deseaban conmutar su pena de presidio
por la de extrañamiento del territorio nacional, según el decreto
504. Desde 1976, FASIC comenzó a ampliar sus actividades,
convirtiéndose en agencia de ACNUR para la reunificación de
familias afectadas por la pena de exilio. En esta calidad, facilitó la salida de Chile de familias de asilados en otros países.
Desde 1978, FASIC inició un programa de ayuda a personas
retornadas a Chile, el cual fue expandido en 1980 con un Programa Médico Psiquiátrico y asistencial para prestar apoyo a
ex-relegados, detenidos torturados y exiliados retornados con
64
problemas de reambientación. La experiencia reunida en la
actividad clínica ha permitido a los profesionales de FASIC
desarrollar nuevas modalidades terapéuticas y un flujo continuo
de publicaciones que han valido a la institución el Premio del
Colegio de Psicólogos de 1983.
Una matriz similar siguió la Fundación para la Protección de la Infancia Dañada por los Estados de Emergencia
(PIDEE), organizada en octubre de 1979. Esta organización
presta servicios a hijos de víctimas de la represión y a niños
directamente afectados por ella a través de una planta estable
de apoyo pedagógico que incluye asistentes sociales, médicos
pediatras, enfermeras, psicólogos, psicopedagogos y educadores
que constantemente ofrecen seminarios, publicaciones y participan en congresos internacionales.
Una segunda genealogía de organizaciones de defensa de
los Derechos Humanos surge gracias al apoyo de instituciones
de base eclesiástica e involucra directamente a los familiares
de víctimas de la represión. Se trata de las llamadas Agrupaciones Especiales. La primera de ellas fue la Agrupación de
Familiares de Presos Políticos que, sin embargo, no logró una
organización estable sino hasta 1976. Estabilidad inmediata se
dio con la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos. Ella fue fundada formalmente bajo el alero de COPACHI,
inmediatamente después del golpe militar de 1973. Continuó
después dentro y a través de la Vicaría de la Solidaridad con
la denuncia pública de este método de intimidación y con las
gestiones necesarias para ubicar a prisioneros detenidos ilegalmente por la autoridad militar, aclarar su suerte y extender a
ellos la protección jurídica que teóricamente les corresponde.
Para agitar en este sentido, esta Agrupación debió crear efectivos métodos de apelación a la opinión pública en medio de
una fuerte censura de los medios de comunicación, efectuando
para ello emotivas ceremonias de protesta que alcanzan un
profundo sentido de ritual comunitario, huelgas de hambre,
encadenamientos a edificios de significación social e histórica,
romerías. Para estas acciones la Agrupación desarrolló amplios
contactos con personas conectadas con la organización eclesiástica y con otros organismos de defensa de los Derechos
65
Humanos, adquiriendo una gran capacidad de movilización para
la protesta, particularmente en la década de 1970, en que los
canales para la expresión de la oposición y la disidencia casi no
existían. El MCTSA sería, más tarde, profundamente influido
por las acciones de protesta de esta Agrupación, con la que los
miembros reconocen una deuda de inspiración y aprendizaje de
estrategias y tácticas.
Los logros de la Agrupación de Familiares de Detenidos
Desaparecidos en su objetivo de protesta pública y los modelos
de organización que sentara tuvieron gran repercusión entre
los familiares de víctimas de otras formas de represión. Es
así como, siguiendo un ejemplo adoptado también por otros
organismos posteriores, se fundó en noviembre de 1978 la
Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos, que desde
1974 había estado actuando dentro de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, hasta que la especificidad
de sus problemas requirió una organización aparte. Su labor
ha tendido principalmente a reunir datos fidedignos sobre el
número y extensión de las ejecuciones a través de Chile, aclarar
las circunstancias en que se las realizó, informar a la opinión
pública y, recientemente, crear conciencia para posteriormente
enjuiciar a los militares identificados como instigadores de
ejecuciones ilegales.
En abril de 1978 se fundó oficialmente el Comité ProRetorno de Exiliados para luchar y hacer conciencia en la ciudadanía sobre el derecho a vivir en la patria a través de boletines,
manteniendo un flujo regular de informaciones con las organizaciones de exiliados. En un acápite similar, y respondiendo
a la ola de exilios internos decretada por el gobierno militar
desde 1980 en adelante, se formó la Agrupación de Familiares
de Relegados y Ex-relegados, cuya función es dar solidaridad
a los afectados mediante visitas en los sitios de confinamiento
y apoyo a sus familias durante su ausencia.
Una tercera genealogía la constituyen organizaciones
como la Academia de Humanismo Cristiano y el Servicio Paz
y Justicia (SERPAJ-CHILE). Son afines en cuanto buena parte
de su actividad está dirigida a la reflexión sobre las bases para
un nuevo orden social y jurídico en que la promoción de los
66
Derechos Humanos sea condición fundamental. La Academia
depende de la Iglesia Católica y acogió una cantidad importante de profesores expulsados de las universidades chilenas
después del golpe militar que no quisieron exiliarse. Además
de programas de investigación, se dictan cursos y seminarios de
extensión sobre Derechos Humanos, política, derecho, filosofía
y economía que también han contado con el apoyo y la cooperación de otros organismos afines. Edita la Revista Chilena de
Derechos Humanos, que reúne el pensamiento de investigadores chilenos y extranjeros. Además edita otras publicaciones
especializadas y relacionadas con los diversos proyectos de
investigación desarrollados.
Por su parte, SERPAJ-CHILE, organización cristiana
ecuménica, es filial de SERPAJ de América Latina, institución
con dependencias en varios países en la que el Premio Nobel
de la Paz Adolfo Pérez Esquivel ha tenido una destacada participación. Promueve la reflexión sobre el cambio social y la
redemocratización de acuerdo con los principios de la no-violencia activa y la desobediencia civil colectiva. En este aspecto
SERPAJ-CHILE sirve de foro para el intercambio de ideas en
cuanto a la aplicación de esos principios, a la organización y
la movilización comunitaria a través de seminarios de formación y capacitación de dirigentes, entregando ayuda concreta
para estos efectos y manteniendo una línea de publicaciones
ocasionales. Junto con ello se desarrollan constantes campañas
de denuncia de la situación de los detenidos-desaparecidos, el
exilio y la tortura, tanto a nivel nacional como internacional,
participando con frecuencia en congresos en el extranjero. Ante
la posibilidad de una guerra entre Chile y Argentina, SERPAJ
movilizó sus recursos en una campaña por la paz.
La fundación de la Comisión Chilena de Derechos Humanos el 10 de diciembre de 1978 inauguró la cuarta genealogía al crearse con ella una institución que, al "trabajar [...]
en forma pluralista, libre y autónoma, por la vigencia efectiva,
respeto, protección y promoción de los derechos económicos,
sociales, culturales, civiles y políticos consagrados en la carta
internacional de Derechos Humanos, en los tratados, resoluciones y acuerdos complementarios de las Naciones Unidas y
67
demás organismos internacionales en los cuales es miembro"7,
ha servido de espacio de concertación política a los diferentes
partidos y sectores de la oposición. Los integrantes de su Consejo son personalidades de la vida artística, sindical, política y
social, exministros del gobierno demócratacristiano de Eduardo
Frei y dirigentes de otros espectros de la oposición poco conocidos por sus actividades anteriores. La Comisión funciona
con base en un equipo profesional y administrativo central que
cumple tareas de apoyo a otras organizaciones de defensa de
Derechos Humanos en lo jurídico. Realiza estudios analíticos
y produce constantes publicaciones, además de contar con la
participación de miles de voluntarios a través de todo Chile.
Resultado de su capacidad de congregación pluralista y de la
amplitud de campos en los que se ve involucrada, la Comisión
está permanentemente organizando encuentros, seminarios,
cursos, publicaciones, conferencias de prensa, informes y campañas de toda índole. Sus informes mensuales, semestrales y
anuales sobre la situación de los Derechos Humanos en Chile
son el registro más completo y fidedigno con que se cuenta y
son distribuidos nacional e internacionalmente.
La Comisión Nacional Pro Derechos Juveniles (CODEJU) ha servido también de vehículo de concertación política
en el área estudiantil. Surgió en Valparaíso en 1977 y un año
más tarde se la fundó oficialmente en Santiago. CODEJU es
una de las principales agencias movilizadoras con que cuenta
la oposición. Funciona totalmente sobre la base de trabajo voluntario de rápido reemplazo por la identidad estudiantil de sus
miembros, lo que ha traído un grado de inestabilidad.
El Comité de Defensa de los Derechos del Pueblo (CODEPU) lucha "por el derecho de todo un pueblo a un régimen
democrático que represente el conjunto de los ciudadanos".8
Está asociado con el Movimiento Democrático Popular y se
adhiere tanto a la Declaración Universal de los Derechos del
Hombre de las Naciones Unidas como a la Declaración de los
Derechos de los Pueblos, proclamada en Argelia el 4 de julio de
1976. De acuerdo con esta última, CODEPU afirma el derecho
fundamental de los pueblos a la rebelión para enfrentarse a la
represión. Por tanto, su campo de actividad está en la promo68
ción de organizaciones de base para la defensa popular contra
la violencia estatal, dictando para ello cursos de capacitación
entre pobladores y campesinos, ayudando a la planificación
y promoviendo un periodismo popular. Debido a esto es que
su cuerpo de abogados, médicos y asistentes sociales atiende
preferentemente a prisioneros políticos en grave situación, bien
sea por el maltrato y la tortura o por los cargos y condenas
recibidas.
En enero de 1983 se realizó una asamblea sobre el tema
de la tortura, forma represiva que ese año alcanzó niveles aún
más alarmantes por la iniciación de la Protesta Nacional. La
asamblea terminó con la constitución oficial de la Comisión
Chilena Contra la Tortura para luchar por la abolición de ese
flagelo y superar las condiciones sociales, políticas y los valores
que posibilitan su práctica sistemática. Cuenta con el apoyo y
respaldo de todas las otras organizaciones de Derechos Humanos, tanto nacionales como internacionales, y realiza una labor
de estudio, denuncia y concientización sobre el problema, para
lo cual ha publicado importantes folletos.
Además de la cohesión interna que ha permitido a estas
organizaciones constituirse como tales y sobrevivir a través de
la represión y del tiempo, están los esfuerzos de coordinación
general para afinar tareas y preocupaciones comunes. Es así
como en 1980 se creó la Coordinadora de Agrupaciones de
Familiares de Víctimas de la Represión, que reúne a todas las
Agrupaciones Especiales, mientras que en 1984 se formó la
Comisión Coordinadora Problema Exilio Retorno, para terminar
ese mismo año con la formación del Plenario de Organismos
de Derechos Humanos que los reúne a todos.
Un panorama tan escueto y sintético como el anterior
basta para comprender que las organizaciones dedicadas a la
defensa de los Derechos Humanos en Chile constituyen una
apretada y densa red de relaciones que penetra, directa o indirectamente, toda área de la vida nacional. Se ha calculado
que la forman tres mil personas, mayoritariamente mujeres,
de todas las clases sociales y profesiones, religiosos y laicos,
que le dedican parte importante de sus vidas y de sus rutinas
cotidianas. Se los puede ubicar con certidumbre en locales pre69
cisos: la Comisión Chilena de Derechos Humanos, la Vicaría
de la Solidaridad, en las dependencias de las Vicarias Zonales
de la Iglesia Católica y en los consultorios y clínicas de las
organizaciones prestadoras de servicios legales y médico-psiquiátricos. Es un conjunto en frecuente comunicación personal
e institucional, de constante circulación entre los diferentes
organismos que forman el campo, participando como miembros
en varios de ellos simultáneamente, con estrechos contactos
y apoyo internacional, apoyo que sin duda ha contribuido a
limitar los excesos represivos del régimen militar contra ellos.
Esta circulación les ha permitido montar campañas y manifestaciones conjuntas de alta significación nacional en los años
recientes, tales como el Simposio Internacional sobre Derechos
Humanos organizado por la Vicaría de la Solidaridad en 1978;
"Chile Defiende la Vida", que culminó el 9 de agosto de 1984;
las Primeras y Segundas Jornadas por el Derecho a Vivir en la
Patria, de 1980 y 1985, respectivamente; la Feria del Exilio, que
se realiza anualmente en el mes de agosto; jornadas por una
Universidad libre y por los derechos de la juventud; el Comité
por la Vida, la Justicia y la Verdad.
Su personal está formado por personas que asumen los
riesgos de este trabajo bien por convicción ética y/o militancia
política, ya sea previa o adquirida en el curso de esas tareas de
defensa. Compartir esas tareas de estudio, servicio, movilización, comunicación, denuncia y protesta y asumir esos riesgos,
peligros y penurias cimenta entre ellos lazos de confianza,
lealtad y solidaridad, materiales, espirituales y afectivos, por
demás evidentes para cualquier observador. Esto permite que
intercambien con rapidez y efectividad el temple de ánimo y
toda la información, la experiencia y el conocimiento adquiridos a través de los años, para dar apoyo a las actividades de
los diferentes organismos. Con ello han llegado a formar un
dispositivo de acceso común y permanente a recursos de toda
índole. Sobre estas bases de solidaridad y confianza han podido desarrollar una ética que pone sus relaciones personales e
institucionales y las tareas comunes por sobre las convicciones
partidistas que pudieran alejarlos. Ello ha permitido una capacidad de diálogo pluralista. Son personas que no trepidan en
70
reconocer, valorar y elogiar admirativamente las acciones de
otros defensores de los Derechos Humanos, a quienes levantan
fácilmente como ejemplos de abnegación.
Muchos de ellos han sido personalmente torturados y
relegados; son constantemente amedrentados directamente o a
través de amenazas dirigidas a familiares y seres queridos por
los servicios de seguridad militar; los medios comunicación los
difaman frecuentemente, sin que puedan responder a los cargos;
han tenido familiares ejecutados, desaparecidos o exiliados; han
visto a colegas caer asesinados. Su vida personal ha quedado
mutilada en más de alguna área por haber sido expulsados
de sus estudios, privándoselos de educación o de una carrera
profesional; o por haber pospuesto conscientemente relaciones
amorosas estables o por haber fracasado en un matrimonio con
tal de mantener el compromiso con las tareas asumidas. Son
personas que se han allanado a vivir vidas de gran privación
o enorme estrechez y modestia. Muchos pasan hambre con
frecuencia y la dignidad de su aspecto queda acentuada en sus
rostros demacrados y emaciados. Muchos de ellos viven de
la ayuda que les puedan dar familiares que los apoyan en sus
convicciones o compañeros que cuentan con mayores medios
económicos. No todos han llegado a hacer la paz consigo
mismos por las resoluciones que han adoptado. Abundan las
perturbaciones emocionales y las lesiones psicosomáticas. Sin
embargo, son capaces de llegar a su trabajo y cumplir con las
tareas con ánimo calmo y mente clara, alejando de sí, por lo
menos momentáneamente, el peso a veces agobiador de sus
dolencias.
Sobre esta red y nutriéndose de ella fue creado el Movimiento Contra la Tortura "Sebastián Acevedo", inaugurando
una quinta genealogía. Para comprender su rasgo diferencial
comprendamos la especificidad de las otras organizaciones:
todas realizan su actividad en circuitos cerrados, algunas por
la población específica a la que se dirigen –juventud, pobladores, campesinos; otras por la especificidad de los resultados
que buscan –conocer el destino de los detenidos-desaparecidos,
las circunstancias de la ejecución de prisioneros políticos, por
ejemplo; otras por la naturaleza de los servicios que prestan a
71
afectados por la represión; otras por la índole académica de su
trabajo o porque no tienen ningún o escaso acceso masivo a
la opinión pública o porque lo buscan sólo como derivación o
necesidad secundaria de otros objetivos centrales. A diferencia,
el MCTSA ha optado por dedicarse exclusivamente a la agitación pública en torno a las consecuencias sociales de la tortura,
tratando de convertirse en una red ilimitada de relaciones, con
la intención inicial de que quizás alguna vez pudiera incluir a la
mayoría de la población chilena y con las acentuadas premisas
de rehusar toda ayuda económica y negándose a adoptar una
estructura burocrática.
Fundación del Movimiento Contra la Tortura:
Contexto histórico-ideológico
El Movimiento Contra la Tortura que luego adoptaría el
nombre de Sebastián Acevedo quedó oficialmente constituido
con la primera acción de protesta efectuada el 14 de septiembre
de 1983 ante uno de los cuarteles de la Central Nacional de
Informaciones, el principal servicio de seguridad del régimen
militar chileno, edificio ubicado en el número 1470 de la calle
Borgoño de la ciudad de Santiago. Indudablemente, la creación
de toda institución responde a una lógica que hace necesaria, y
quizás inevitable, su constitución en determinado momento y
no en otro. No obstante, en lo que respecta a la fundación del
MCTSA es imprescindible llamar la atención sobre el hecho
de que la práctica de la tortura por los servicios de seguridad
en Chile era cosa antigua y conocida para los participantes en
la red de defensa de los Derechos Humanos. Cuestión crucial
para el entendimiento e interpretación del MCTSA es, por
tanto, explorar las razones posibles para la tardanza en su
surgimiento.
Con esa primera acción de protesta había culminado la
serie de reflexiones y discusiones que ya meses antes había
estado llevando a cabo un grupo de religiosos asociados con la
Vicaría Oeste del Arzobispado de Santiago en cuanto a la nece72
sidad de crear un mayor compromiso material y concreto de los
religiosos en la lucha por la redemocratización de Chile. Esta
preocupación era antigua en sacerdotes que se habían plegado
desde sus comienzos al movimiento de defensa de los Derechos Humanos. Ya en noviembre de 1978, a raíz de la llamada
Huelga de Hambre Larga –llevada a cabo por la Agrupación de
Familiares de Detenidos Desaparecidos ese año como recurso
extremo ante la frustación de no encontrar respuesta de la autoridad civil y militar a sus diligencias para averiguar el destino
de sus seres queridos– el padre José Aldunate, s.j., uno de los
principales portavoces del MCTSA, había declarado: "Que la
Iglesia, en sus diversos niveles se haya ocupado efectivamente
de ayudar a la causa [de las víctimas de la represión] es indudable y sus familiares lo reconocen. Sin embargo, esta ayuda
no se ha dado sin limitaciones y reticencias, que, con todo, han
ido posiblemente disipándose con el tiempo y los sucesos. La
Iglesia oficialmente se limitó durante cuatro años y medio a una
defensa jurídica de los derechos, defensa por lo demás ineficaz,
dadas las reglas del juego establecidas y la autolimitación de los
Tribunales de Justicia. Sólo recientemente y más bien a raíz de
la huelga de hambre, ha pasado la Iglesia a la denuncia abierta
del abuso y a la movilización de las conciencias al respecto. El
motivo de las reticencias parece haber sido, en ciertos niveles,
un temor a la utilización política de la acción de la Iglesia y
una falta de claridad sobre el imperativo moral que urgía a esta
acción [...] Estas vacilaciones son comprensibles si se piensa
que en la formación recibida por buena parte de los Obispos y
del clero, anterior al [Concilio] Vaticano II, se distinguían dos
planos, el de la acción religiosa y el de la acción temporal. Esta
segunda competía a los laicos, mientras que la acción religiosa
era propia de la Iglesia como tal. Si la Iglesia pensaba que su
fin estaba en un plano exclusivamente religioso, comprendemos
su inhibición para intervenir en el terreno ajeno de "la política
contingente". Pero ahora sabemos que la acción religiosa ha de
encarnarse en lo temporal e incluso en lo político, que el amor
a Dios ha de expresarse en el amor a los hombres y que la
tarea de la Iglesia se desenvuelve en nuestra única historia que
es temporal y a la vez proyectada hacia la eternidad [...] debo
73
añadir que no creo que la Iglesia, en sus diversos niveles, haya
hecho "todo lo que podía hacer" por el problema [...] Era tanto
más lo que se debería haber hecho. Todos somos culpables. Si
desde el comienzo hubiéramos tomado, como católicos y como
Iglesia, una actitud firme y decidida, se hubiera podido salvar
muchos centenares de vidas".9
En estas palabras ya se encuentran temas que el MCTSA
desarrollaría más adelante. Además, queda patente la frustración
e insatisfacción ante la Iglesia, junto con la noción de que
la alta jerarquía eclesiástica parece responder y movilizarse
únicamente ante los requerimientos y urgimientos de la acción
directa. Por otra parte, no puede desconocerse la preocupación
con que religiosos y profesionales dedicados a la defensa de los
Derechos Humanos desde la interioridad de la estructura eclesiástica veían las consecuencias de la elevación de Monseñor
Francisco Fresno al Arzobispado de Santiago, a comienzos de
1983, y su nombramiento como Cardenal de la Iglesia Católica
de Chile por el Vaticano hacia fines de ese año.
El Vaticano ya había lanzado la campaña propiciada por
Juan Pablo II para desprender a la Iglesia de la intensa imagen
política con que la habían asociado religiosos comprometidos
con la reforma social después de las Conferencias Generales del
Episcopado Latinoamericano de Medellín y Puebla, campaña
que luego llevaría a la censura de algunos de los principales
teólogos de la liberación. Esa imagen de una Iglesia politizada
había quedado sobredimensionada por la participación de sacerdotes en el gobierno revolucionario sandinista de Nicaragua.
En lo que respecta a Chile, la designación de Monseñor Fresno
primero al Arzobispado de Santiago –la dependencia más prestigiosa e importante de la Iglesia Católica en Chile– y luego su
ascenso a la dignidad cardenalicia parece haber respondido a
esa intención correctiva, en la medida en que su personalidad y
los antecedentes de su carrera predecían un rol social y político
más retraído para la máxima autoridad eclesiástica. Por otra parte, parece haber sido considerado como obispo de transición, ya
que por su avanzada edad tendrá que jubilar hacia 1989, año en
que la presidencia del general Augusto Pinochet supuestamente
terminaría, a no mediar una exitosa insurrección anterior.
74
En comparación con la brillante y decidida presencia y
prestancia pública del anterior Cardenal Raúl Silva Henríquez
–quien en su defensa de los Derechos Humanos había desarrollado una inteligente estrategia de trato con el gobierno militar
y protección de las organizaciones, llegando a tomar actitudes
conflictivas ante el poder gubernamental–, Monseñor Fresno
aparece como un hombre de menores luces y experiencia.
Es básicamente un conservador, que en su anterior cargo de
obispo de La Serena se había caracterizado por el cultivo de
buenas relaciones con los representantes de la fuerzas armadas
y los sectores de derecha afines al régimen militar. Entre sus
principales asesores actuales está el Vicario Castrense. Privadamente ha expresado su acuerdo con el gobierno militar y con
sus medidas de seguridad, puesto que, a su juicio, la violencia
procede especialmente de la oposición marxista y el gobierno
se ve forzado a reaccionar para neutralizarla. Observadores
estrechamente allegados a los trabajos de asistencia social de
la Iglesia nos comentaron que, en el momento de hacerse cargo
del Arzobispado de Santiago, Monseñor Fresno ocupó su oficio
con una fuerte dosis de escepticismo sobre la misión de la
Vicaría de la Solidaridad y, en general, de la participación de
la Iglesia en la defensa de los Derechos Humanos. Al parecer,
su opinión varió más tarde por la evidencia irrefutable de los
desmanes del régimen que le llegaba en virtud de su cargo, y
también por la necesidad pragmática de tener que contar con un
cuerpo técnico altamente especializado, como es el personal de
la Vicaría de la Solidaridad, para hacer frente a los conflictos
inevitables con el régimen en que se ve envuelta la Iglesia en
el cumplimiento de su misión general. Por otra parte, otros
observadores nos hicieron notar que ya al hacerse Monseñor
Fresno cargo de sus nuevas funciones, el movimiento popular
de oposición, solidaridad social y de defensa de los Derechos
Humanos que se desarrollaba bajo el alero de la Iglesia era un
fenómeno del todo irreversible, a pesar de cualquier cambio en
la política eclesiástica.
No obstante, desde su postura transaccional Monseñor
Fresno ha permitido que el gobierno expulse del país a los
sacerdotes misioneros extranjeros que en su trabajo en las
75
poblaciones marginales que rodean la ciudad de Santiago
han hecho crítica dura y pública de las condiciones sociales
y económicas creadas entre sus feligreses por la política del
gobierno. En este respecto, Monseñor Fresno ha afirmado en
privado que no quiere "francotiradores en sus filas". Por otra
parte, ha tomado medidas de traslado contra otros. Personas
involucradas en la actividad social de la Iglesia estiman que esta
tónica, al filtrarse a través del conducto eclesiástico, en algunas
ocasiones ha hecho cauteloso el apoyo de los vicarios zonales a
las actividades populares reivindicativas que se realizan dentro
de su jurisdicción administrativa.
En torno al significado de la personalidad de Monseñor
Fresno parecen haberse cristalizado actitudes críticas más amplias, las que motivan juicios como los siguientes: "Ha habido
en estos años sectores de la Iglesia que han sido sordos e
indiferentes ante el dolor de las víctimas de atropellos a los
Derechos Humanos. Incluso pueden contarse sectores de la
jerarquía (obispos y sacerdotes) que han tenido esa actitud. La
indiferencia es conseguida mediante un "no querer" oír, ver,
enterarse de antecedentes evidentes. Es un "ignorar intencionado", pues nadie puede afirmar que nunca oyó mencionar estos
problemas [...] Además ha habido sectores de esta Iglesia que
no sólo han sido indiferentes, sino que activamente han apoyado
la política lesiva de los Derechos Humanos, activamente han
estado contra las denuncias y protestas del episcopado, contra la
línea del Cardenal Silva Henríquez (hay parroquias en Santiago
tristemente conocidas, porque algunos de sus fieles abandonan
las misas entre gritos de protesta cuando se habla de Derechos
Humanos); hay laicos y sacerdotes que han gozado de un
amplio acceso a medios de comunicación de masas y que han
tratado de establecer una "enseñanza paralela" (y contradictoria
con la de los obispos) contra la opción de la Iglesia por los
Derechos Humanos".10
Es conveniente considerar que la Iglesia queda expuesta
a profundas contradicciones y percepciones de ambigüedad en
el intento simultáneo de mantener su misión de servir a todo
católico, sea éste democrático o adherente a la dictadura, a la
vez que mantiene su opción por la defensa de los Derechos Hu76
manos. La jerarquía está llamada tanto a mantener un grado de
acuerdo operativo para sí misma como la integridad corporativa
de la Iglesia dentro de ese conjunto de disparidades, tensiones
y conflictos. Sin duda, el logro de algunos de los términos de
la contradicción implica el debilitamiento de otros, creando
la imagen de una Iglesia ambigua e invertebrada. A juicio de
Brian Smith, autor del estudio más acucioso del papel político
de la Iglesia Católica chilena en la época contemporánea entre
1920 y 198011, el término más afectado por esas contradicciones
fue la defensa de los Derechos Humanos, si se toma en cuenta
el potencial y los recursos reales que la institución tenía para
influir efectivamente en la limitación de las violaciones cometidas. Smith menciona que una minoría de seis obispos, incluido
Monseñor Fresno, fue capaz de impedir que la Conferencia
Episcopal como cuerpo articulara una crítica pública coherente
para condenar la violencia militar y el derramamiento de sangre,
en especial durante los seis meses siguientes al golpe militar
del 11 de septiembre de 1973. Smith señala que cuando esa
crítica finalmente ocurre entre abril de 1974 y abril de 1976,
ella fue excesivamente cauta, nunca llegando a afirmar que se
torturaba en Chile como política oficial del gobierno, a pesar
del cúmulo de datos reunidos en la Vicaría de la Solidaridad.
Monseñor Fresno y Monseñor Emilio Tagle, obispo de Valparaíso, fervorosos adherentes públicos al régimen militar en el
momento de su instauración, fueron sindicados como los responsables principales de esa cautela. Los pronunciamientos de
condena pública de las violaciones de los Derechos Humanos
por la Conferencia Episcopal sólo adquirieron especificidad y
consistencia a partir de mayo de 1976, luego que la jerarquía
misma y prominentes líderes del Partido Demócrata Cristiano
sufrieran ataques de palabra y de hecho por el gobierno y los
organismos de seguridad.
Esta ambigüedad de la Iglesia Católica suscitó un severo
juicio por parte de Brian Smith: "A pesar de la imagen profética de los obispos chilenos en el extranjero como francos
opositores del actual régimen militar, un análisis más riguroso
de sus declaraciones públicas durante los siete primeros años
del régimen indica una trayectoria más bien ambigua, y a
77
veces inconsistente. Como grupo expresaron ciertas reservas
al comienzo, pero también proveyeron una importante legitimación moral para el régimen en su primer mes en el poder,
llegando algunos obispos a apoyar sus principios y programas
a título personal. Durante 1974 y 1975 la Conferencia Episcopal criticó públicamente algunas violaciones de Derechos
Humanos e intentó presentar un perspectiva moral alternativa
a la que ofrecía el régimen. Durante este período de consolidación del poder del nuevo gobierno y la institucionalización
de sus métodos represivos, sin embargo, la jerarquía articuló
su crítica específicamente en un comienzo y más vagamente
de allí en adelante, y en cada ocasión incluyó alabanzas por lo
que consideraba como buenas intenciones y sanos logros de la
junta. No fue sino hasta que la represión tocó personalmente
a los obispos y a las élites laicas cercanas a ellos después de
mediados de 1976 cuando comenzaron a proclamar condenas
inequívocas de los aspectos sistemáticos de la represión y a
pedir un retorno a la democracia".12
Obviamente las tendencias intraeclesiásticas descritas son
parte de un desarrollo prolongado, no visible todavía al surgir
el MCTSA. No obstante, la imagen de lo que podría implicar
Monseñor Fresno en la conducción política de la Iglesia fue
preocupación inmediata de sectores religiosos progresistas a
raíz de su nombramiento. Más aún, si consideramos que, en
los meses en que se reunieron los religiosos para meditar y
dialogar en torno a la posibilidad de una actividad práctica
para contribuir a la redemocratización de Chile, ya se habían
desencadenado los procesos de la llamada Protesta Nacional,
iniciada el 11 de mayo de 1983.
La Protesta Nacional fue un complejo desarrollo en el
cual directivas de tipo sindical y político intentaron coordinar
manifestaciones a través de todo el país, especialmente en Santiago, con el propósito de demostrar al régimen militar el masivo descontento acarreado por la crisis ya irrecuperable de la
política económica neoliberal aplicada hasta entonces y forzar
alguna forma de cambio redemocratizador. Aunque se dieron
once manifestaciones masivas entre el 11 de mayo de 1983 y el
30 de octubre de 1984, a nivel de poder convocador se dieron
discontinuidades. Sucesivamente, tanto las directivas sindicales
78
y políticas de la Alianza Democrática y del Movimiento Democrático Popular descubrieron serias limitaciones en su capacidad
de provocar cada una por sí misma una movilización general
de la población, tanto para conectarse orgánicamente con organizaciones de base como para concertar un acuerdo común
que articulara a nivel político nacional la posibilidad de una
efectiva propuesta de gobierno alternativo. Se ha señalado que
esas limitaciones de la conexión y concertación no se debieron
solamente a la implacable actividad militar para desarticular,
fragmentar y descabezar cualquier surgimiento de demandas
sociales organizadas por cualquier sector social, aún de los
adherentes a la dictadura. También se han debido al hecho de
que la consigna de una lucha para derrocar al régimen a la brevedad inmediata no ha podido ser compaginada con proyectos
políticos rivales del todo vigentes todavía en la sociedad chilena
en cuanto a la preservación o el desmantelamiento del sistema
capitalista en el país.13
Como consecuencia de ello, las organizaciones sindicales y políticas miran con mutuas sospechas el sentido de las
diferentes formas de transición a la democracia que se han
planteado desde los dos polos de mayor significación política
en el país. La Alianza Democrática propugna una movilización
masiva de la oposición para demostrar el descontento con la
gestión militar de la cosa pública, a la vez que paralelamente
se negocia con ellos una transición pacífica, puesto que, en
este contexto, las fuerzas armadas supuestamente tendrán que
comprender racionalmente que la redemocratización es la
única forma de preservar el sistema capitalista en Chile. Por
tanto, en la medida en que la Alianza Democrática considera
la preservación de los institutos militares como una garantía
de continuidad capitalista, rechaza la postura del Movimiento
Democrático Popular, que identifica al régimen militar como
una dictadura personalista obcecada, con la cual es absurdo negociar, y postula el derecho a la sublevación y la insurrección,
incluyendo la actividad militar estructurada, para terminar con
la dictadura. Esto implicaría la existencia de un poder armado
paralelo y el fin del monopolio de la violencia por las fuerzas
armadas, lo cual inevitablemente pondría en el debate nacional
79
una posible agenda hacia el socialismo en circunstancias que,
gracias a la existencia de esa capacidad militar paralela, la oposición marxista-leninista superaría la vulnerabilidad que llevó a
la liquidación del gobierno de la Unidad Popular. Mientras tanto, entre estos dos polos se ubican sectores de menor capacidad
convocatoria, como el Bloque Socialista, que están dispuestos a
claudicar en cuanto al problema de la propiedad social de los
medios productivos y/o propician una no-violencia activa para
crear en Chile una situación de ingobernabilidad que cierre toda
opción política al gobierno militar y lo fuerce a dimitir.
La dislocación existente entre los proyectos de liquidación del régimen militar y la posible preservación del sistema
capitalista provocó la discontinua participación de los sectores
medios en la Protesta Nacional, mientras que sectores burgueses
de derecha desafectos recientemente del régimen adhirieron
pasivamente. Todos estos quedaron abiertos a la intimidación
y a la persuasión militar con la entrega de ventajas sectoriales
y puntuales (pequeños aumentos de salarios y condonación o
postergación de deudas contraídas) o la promesa de un aperturismo político. La Alianza Democrática ha seguido una fallida
política de atracción de esos sectores de derecha, a la vez que
intenta aislar al Partido Comunista, principal fuerza en el Movimiento Democrático Popular. Por su parte, este Partido y los
otros agrupados en el Movimiento –Partido Socialista-Almeyda;
Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR)– logran una
fuerte influencia entre sectores estudiantiles y poblacionales. A
su vez, esta influencia hace que las organizaciones sindicales
asociadas con la Democracia Cristiana, principal fuerza de
la Alianza Democrática, eviten conexiones orgánicas con el
movimiento poblacional. Este cuadro general ha introducido
en la discusión política nacional la temática de una supuesta
discontinuidad general entre "cúpulas directivas" y "bases" que
afectaría a toda organización sindical, gremial y partidista, temática que, como veremos en la sección final de este estudio,
gravita fuertemente sobre las interpretaciones formuladas sobre
la significación social y cultural del MCTSA.
La respuesta del régimen militar a la Protesta Nacional
fue la renovación del estado de excepción denominado Estado
80
de Peligro de Perturbación de la Paz Interior, publicado en el
Diario Oficial el 10 de septiembre de 1983, que entrega facultades extraordinarias al Jefe de Estado para relegar, desterrar,
arrestar, autorizar o negar autorización a publicaciones nuevas.
El 27 de octubre se publicó una modificación de la ley N°
12.927 de Seguridad del Estado, que hace delito la promoción
de actos públicos no autorizados y manifestaciones de cualquiera otra especie. También presentó con urgencia a la Junta
Militar una Ley Antiterrorista que otorga poderes omnímodos
a la CNI, establece normas penales en blanco al no precisarse
los tipos penales, crea presunciones legales independientes de la
voluntad del que delinque, amplía la competencia de la justicia
militar en desmedro de los tribunales ordinarios, sanciona los
delitos políticos como terrorismo sujeto a penas gravísimas,
militariza la represión política haciendo participar directamente
a la fuerzas armadas. Esta escalada aumentó el 24 de marzo
de 1984 al agregarse al Estado de Peligro de Perturbación de
la Paz Interior un Estado de Emergencia declarado por noventiséis días, prorrogado por igual plazo el 22 de junio, renovado el mes de septiembre y vuelto a renovar entre el 19 de
diciembre de 1984 y el 19 de marzo de 1985. A los otros dos
estados de excepción acumulados concurrentemente se agregó
el 7 de noviembre de 1984 la implantación de un Estado de
Sitio en todo el país entre el 6 de noviembre y el 4 de febrero
de 1985, que entregó aún mayores facultades extraordinarias
a las autoridades de gobierno, a los servicios policiales y de
seguridad para restringir los Derechos Humanos y ciudadanos
de la población.
Con el aval de estas medidas jurídicas, en agosto de 1983
el gobierno utilizó 18.000 soldados para neutralizar las protestas
en la ciudad de Santiago solamente, causando un total para el
año de 70 muertes por violencia innecesaria, 14 en supuestos
enfrentamientos de terroristas con el aparato de seguridad, 3
homicidios políticos y 6 por abuso de poder.14 En 1984 hubo
35 muertes por violencia innecesaria de la fuerza pública, 22
en supuestos enfrentamientos, 2 por torturas, 1 por ejecución
política, 1 por homicidio y otras causas no caratuladas.15
Desde 1983 en adelante aumentó considerablemente
81
el número de detenciones arbitrarias individuales y masivas,
realizadas por la CNI, el Servicio de Gendarmería y militares
–que no tienen atribuciones para arrestar a ciudadanos–, por
individuos de civil que nunca se identificaron, o por organismos
acreditados para el efecto, como Carabineros e Investigaciones,
quienes, sin embargo, no cumplieron con las formalidades legales para las detenciones y ejercieron una violencia innecesaria.
En 1983 el número de arrestos individuales –641– había crecido
un 100% con respecto al año anterior. Rasgo de importancia
en estos procedimientos fue el hecho de que, hasta entonces,
el organismo principalmente involucrado en ellos había sido la
CNI. Sin embargo, de allí en adelante, el Cuerpo de Carabineros
comienza a ocupar la misma función, en números casi iguales.16 Los arrestos masivos, en su mayoría, fueron practicados
por Carabineros y ocurrieron especialmente en las poblaciones
marginales ubicadas alrededor de la ciudad de Santiago y, por
tanto, afectó en especial a familias de cesantes, obreros, trabajadores del Programa de Empleo Mínimo (PEM) y el Programa
Ocupacional de Jefes de Hogares (POJH) –mantenido por el
gobierno para aliviar el alto desempleo y manipular las estadísticas al respecto en sentido decreciente–, vendedores ambulantes y estudiantes. El número de estos arrestos alcanzó la cifra
de 14.436 en 1983, y afectó especialmente a jóvenes; en 1984
fueron detenidas 10.573 personas en las protestas, mientras que
durante el Estado de Sitio la cifra alcanzó a 30.574.
En cuanto a las detenciones individuales, ellas están
íntimamente asociadas con el fenómeno del amedrentamiento.
La Comisión Chilena de Derechos Humanos las ha definido
como "aquellas (detenciones) que persiguen destruir las organizaciones políticas, sindicales y sociales, y generalmente van
precedidas de un proceso de seguimiento y amedrentamiento.
Ya se ha identificado al perseguido y se intenta atemorizarlo
e inhibirlo a que siga sus actividades supuestamente políticas
o sociales para paralizar u obstaculizar el funcionamiento de
la organización a la cual está vinculado".17 Además de que las
víctimas son seguidas, los amedrentamientos se ejecutan con vigilancia notoria de domicilios, amenazas, golpes, allanamientos
con serios destrozos de las viviendas, lanzamiento en ellas de
panfletos injuriosos y amenazadores firmados por supuestos co82
mandos terroristas, llamadas telefónicas amenazantes, presiones
para que se coopere con los servicios de seguridad bajo amenaza de daño físico personal o de miembros de la familia.
Desde 1983 en adelante, los servicios de seguridad aceleraron su amedrentamiento de religiosos y de personas asociadas
con la actividad social de la Iglesia Católica. La Vicaría de
la Solidaridad y la Comisión Chilena de Derechos Humanos
registran decenas de casos de arrestos de seminaristas; manifestaciones contra los obispos toleradas por las autoridades;
detenciones de sacerdotes durante operativos contra poblaciones; allanamientos y destrucción de parroquias, rayado injurioso
de sus muros; destrucción, amenazas y allanamientos contra
medios de comunicación masiva de propiedad de la Iglesia;
atentados incendiarios; tortura de personas asociadas con la
Iglesia; acusaciones sin base lanzadas a través de medios de
comunicación oficialistas. En 1983 se suspendió la visa de
residencia en Chile a tres sacerdotes extranjeros, dos de los
cuales fueron expulsados violentamente –Brendam Forde y
Desmond McGuillicudy; en manifestaciones del MCTSA en
marzo de 1984 fueron detenidos los sacerdotes extranjeros
Antonio Ghysline, otro sacerdote y siete seminaristas; el 4 de
septiembre, como consecuencia de una ráfaga de ametralladora
lanzada por Carabineros, murió de un impacto de bala en la
cabeza el sacerdote francés André Jarlan mientras rezaba en su
habitación de una casa en la población La Victoria; mediante un
decreto fechado el 7 de noviembre se prohibió el reingreso al
país de Monseñor Ignacio Gutiérrez, Vicario de la Solidaridad,
ciudadano español; en manifestaciones del mismo MCTSA, en
diciembre de ese mismo año detuvieron a los sacerdotes Dennis O'Mara, Gerald Kiram Holhaim y a dos religiosas, siendo
expulsado del país, más tarde, el padre O'Mara; en noviembre
de 1984 fueron detenidos los sacerdotes Mariano Puga, Mariano
Mazur, el prediácono Esteban Merino, el laico Juan Barraza y el
laico extranjero holandés Jeer WurwaI, quien luego fue expulsado de Chile. Sería largo seguir enumerando la larga lista de
atentados contra la Iglesia en 1984. Puesto que la gran mayoría
de los religiosos, nacionales y extranjeros, que participan en el
MCTSA pertenecen a parroquias de poblaciones marginales,
83
nos limitaremos a citar en extenso un pasaje medular del informe de la Comisión Chilena de Derechos Humanos para 1984,
en lo que se refiere a su situación frente a la autoridad:
Juan Lazo, miembro de una comunidad parroquial de la
zona sur, fue detenido y torturado con el fin de obtener
información sobre la militancia política, actividades y
publicaciones del vicario Felipe Barriga y de los sacerdotes Pablo Fontaine y Ronaldo Muñoz.
Marcia Miranda Díaz se suicidó en el mes de noviembre
por no poder soportar más las angustias que le produjeron las torturas que se le aplicaron las dos veces en
que fue detenida, según la carta que le dejó al cura
párroco de Lota.
Doris Brigitte Stahí, religiosa luterana de nacionalidad
alemana, detenida el 27 de marzo y maltratada de palabra y de hecho se querelló contra Carabineros que ella
reconoció. El resultado fue que se le revocara la visa con
una prórroga mientras se resuelve el juicio.
El día 11 de mayo el padre Fierre Dubois, párroco de
la población La Victoria, fue golpeado por Carabineros
porque trató de impedir que detuvieran a un poblador y
tres niños que lanzaban piedras.
En mayo en el puerto de Iquique se disparó una bala
de calibre .38 en contra del sacerdote Miguel 0'Boyle,
que se encontraba en su habitación. El proyectil se incrustó en el escritorio a cincuenta centímetros del padre
0'Boyle.
La casa del padre Mariano Puga fue allanada sin orden
alguna y se llevaron el bolso de documentos, libros y
revistas que le pertenecían.
Las religiosas norteamericanas Odile Laubert y Patricia
Farrell denunciaron el allanamiento de su vivienda por
personal del Servicio de Inteligencia de Carabineros
(SICAR), quienes destruyeron enseres, libros y el piso
de la casa para buscar armas.
A la salida de un oficio religioso fueron golpeados por
Carabineros de Punta Arenas los sacerdotes Natalle
84
Vítale y Jorge Muri. El párroco de San Roque, padre
Gerard Wheelan presentó un recurso de protección por
amenazas a la vida y a la propiedad, por haber albergado a estudiantes de la Universidad Católica en huelga
de hambre.
El sacerdote Ángel Fernández, de la Gruta de Lourdes,
Cavancha en Iquique, fue denunciado al Ministro del
Interior por el Intendente, el general Jorge Dowling,
por "estar interviniendo en política e incitar a rebeliones y subversiones". En la prensa local se le acusó de
político, alcohólico y mujeriego. El obispo, Monseñor
Valle, emitió una declaración en apoyo del sacerdote y
noventa personas enviaron una nota en su defensa al
diario La Estrella.
En una declaración, la Dirección Nacional de Comunicaciones (DINACO), acusó a los sacerdotes Jesús
Rodríguez Iglesias y René Guay Tremblay e incluso al
Vicario de la Zona Norte, Monseñor Damián Acuña, de
haber organizado e instigado una toma de terrenos. El
padre Luis Borremans también fue acusado de proteger
e impulsar tomas de terrenos en Puente Alto en el mes
de octubre, esta vez por el diario El Mercurio .
El arzobispado y el vicario, Monseñor Garfias, desmintieron esas aseveraciones, señalando que las tomas se
producen por los problemas habitacionales y que los
sacerdotes asisten a los pobladores sólo en el orden
pastoral.
El Cardenal Raúl Silva recibió, en junio, un anónimo
amenazándolo de muerte y fue blanco de numerosos
ataques en los rayados murales.18
Durante 1985, declarado Año de la Juventud, el hostigamiento ascendente de la Iglesia motivó al presbítero Cristian
Precht a hacer una presentación a la Corte Suprema, fechada
el 22 de agosto, solicitando la designación de un Ministro en
Visita Extraordinaria "con el fin de que se aboque a la investigación de una asociación ilícita, dotada de medios materiales
y humanos, que durante los últimos dos meses ha efectuado en
85
forma reiterada amenazas, secuestros, agresiones; todos estos
hechos con el inequívoco propósito de inhibir la acción de
grupos juveniles, organizaciones solidarias que actúan en los
sectores populares de la ciudad de Santiago, y, principalmente,
de alterar el funcionamiento normal de la Pastoral Juvenil de la
Iglesia de Santiago, de inhibir a los fieles en la participación de
dicha Pastoral, de desacreditar a miembros del clero que tienen
relación con ella, y en definitiva a aterrorizar al resto de los
fieles impidiendo las actividades normales de la Iglesia". Más
adelante agrega que "la circunstancia fundamental del modus
operandi de esta organización criminal, lo constituye que las
víctimas son personas comunes y corrientes, sin relevancia
especial ni representatividad; víctimas perfectamente intercambiables, con las que puede identificarse cualquier persona
que tenga un mediano compromiso social o con la Iglesia.
Claramente esta característica produce un efecto aterrorizante
en una gran masa de personas, partiendo por aquellos que
realizan actividades similares (Pastoral Juvenil, organizaciones
comunitarias, etc.), ya que no estamos frente a víctimas que
interesen por sí mismas, sino por lo que hacen y por lo que
creen o por lo que piensan. La finalidad inmediata de toda
esta serie de amenazas, secuestros y agresiones es paralizar
las organizaciones populares, impedir el surgimiento de líderes, desalentar a sus integrantes y, en el caso de la Iglesia,
perturbar su acción pastoral en torno a los jóvenes, y aislar a
los miembros del clero que la llevan a cabo, no sólo de sus
víctimas sino también de sus pares que ahora perciben que
puede ocurrirles lo mismo".
La tortura generalmente asociada con las detenciones
individuales creció también considerablemente: en 1983 se
denunciaron 434, más de un 80% de incremento con respecto
a 1982, aunque se sospecha que por temor se haya ocultado un
número considerable; en 1984 hubo 297 denuncias de tortura.
En cuanto a esta forma de represión, la Comisión Chilena de
Derechos Humanos informa que su criterio estadístico contempla la aplicación sistemática de tormentos y por un plazo
prolongado. Reconoce la Comisión que se trata de un criterio
de diferenciación arbitrario con respecto a otros malos tratos:
86
"Se trata de diferenciarlos de aquellos casos en que la persona
es víctima de golpizas y malos tratos, los que ocurren habitualmente con ocasión de manifestaciones públicas y que se
consignan a partir de este año en el subrubro "Tratos crueles,
inhumanos y degradantes". En muchos de estos casos las personas son golpeadas y abandonadas en el mismo lugar; otras son
detenidas y sufren este tratamiento al momento de la detención,
en el traslado o al interior del recintos policiales para ser luego
liberadas sin cargos".19 Si se añadiera este rubro al de la tortura
estricta, la cifra para 1984 sería de 1822. Por otra parte, la Comisión agrega que "Si bien se constata un aumento considerable
de denuncias sobre torturas efectuadas por la CNI, el aumento
es aún mayor cuando se trata de torturas realizadas por otros
organismos represivos, tales como Investigaciones, Fuerzas Armadas, pero especialmente por Carabineros [...] Esta ampliación
de los organismos que practican la tortura se corresponde con
una generalización de los lugares en que ésta se aplica. Ya no se
trata sólo de recintos secretos de reclusión –aunque estos sigan
siendo lugares privilegiados para la aplicación de tortura durante períodos prolongados– sino que se han agregado a ellos los
lugares más diversos: comisarías, buses de Carabineros, calles,
sitios eriazos y domicilios particulares...".20 Por otra parte, se
ha comprobado que la forma en que se ha practicado la tortura
escapa a la definición que se ha tipificado internacionalmente
de ella como instrumento para obtener información que de otra
manera no se alcanzaría, puesto que en innumerables ocasiones
ni siquiera hay interrogatorios. Es evidente que las funciones
de la tortura se han expandido hacia la neutralización y mutilamiento de la personalidad de las víctimas como actores de una
actividad de organización social, a obtener confesiones falsas
que luego puedan ser usadas para justificar el alto nivel de la
represión general, mantener un clima continuo de atemorización
de la población o, simplemente, de tener revanchas personales.
Esto se explica por el hecho de que en la Protesta Nacional
el aparato represivo se enfrenta a oponentes que a todas luces
han perdido el temor al enfrentamiento.
Durante 1985, cuando el MCTSA cumplía su segundo
año de vida, las características generales de la represión ya
87
revistadas se mantuvieron, agregándose modulaciones particulares. A los tres estados de excepción ya existentes se agregó el
de Estado de Catástrofe Interna, a raíz del terremoto del 3 de
marzo de 1985. Más específicamente, el régimen militar atacó
a locales y a la dirigencia social y política de la izquierda, a
directivos del movimiento social y a abogados y otras personas y profesionales vinculados con la defensa de los Derechos
Humanos.21
En Santiago fueron asaltados los locales de PRODEN,
CADES, MUDECHI, AGECH, Sindicato de la Construcción,
Colegio de Periodistas y la Editorial Pensamiento. El procedimiento siguió padrones comunes: individuos encapuchados y
fuertemente armados penetraron violentamente en estos locales,
destruyendo y robando archivos y materiales, golpeando violentamente a los presentes, arrojándolos al suelo, donde se los
pintó con spray y se procedió a robar su dinero, relojes y otros
objetos personales. Al retirarse hicieron amenazas de muerte y
pintaron consignas intimidatorias en las paredes.
Los dirigentes y profesionales atacados fueron finalmente relegados, sufriendo continuas torturas desde el momento
mismo de su arresto. Algunos fueron internados en campos de
concentración que fueron abiertos nuevamente, el de Pisagua en
noviembre de 1984 y el de Conchi en enero de 1985. En estos
campamentos sufrieron incomunicación prolongada, castigos
continuos, privación del sueño, obligación de hacer marchas
y ejercicios agobiantes bajo calor y fríos máximos, comidas
escasas y de mala calidad, pésimas condiciones higiénicas y
ninguna atención médica.
Por otra parte, recrudecieron los secuestros, trece de los
cuales resultaron en la muerte de los detenidos. Uno de ellos
murió en manos de Investigaciones; cinco bajo custodia de
la CNI; trece en manos de Carabineros. Los asesinatos de la
CNI fueron cubiertos oficialmente como muertes resultantes
de enfrentamientos armados contra extremistas, a pesar de que
había testigos de la detención. Rasgo nuevo de los secuestros
durante 1985 fue que estuvieron acompañados por la tortura
y violación de mujeres. Los tres secuestros más impactantes
de 1985 ocurrieron en Santiago el 28 y 29 de marzo: fueron
88
los de José Manuel Parada Maluenda, sociólogo de 34 años,
funcionario de la Vicaría de la Solidaridad; Manuel Guerrero Ceballos, profesor de 35 años, dirigente de la agrupación
gremial de educadores AGECH y Santiago Nattino Allende,
artista gráfico de 50 años. Todos ellos eran altos dirigentes
del Partido Comunista. El 30 de marzo fueron encontrados
en Quilicura, localidad cercana a Santiago, degollados y con
claras señas de tortura en sus cuerpos. La investigación judicial
civil señaló la culpabilidad de altos oficiales de la Dirección de
Comunicaciones de Carabineros (DICOMCAR), caso que luego
fue sobreseído por la justicia militar, a pesar de una sostenida
protesta nacional.
1985 también trajo continuos ataques contra prisioneros
políticos en las mismas cárceles y penitenciarías, en las que
hubo incursiones de la CNI para el interrogatorio, secuestro y
castigo de prisioneros con connivencia del personal de Gendarmería, quienes también practicaron allanamientos, traslados
arbitrarios y no autorizados y hostigamientos contra prisioneros especialmente sindicados. Al mismo tiempo, los familiares
de estos prisioneros políticos sufrieron continuamente los
amedrentamientos y la represión directa de los servicios de
seguridad.
Finalmente, es necesario señalar el desaparecimiento de
Sergio Ruiz Lazo, de 34 años, ex prisionero político y exiliado,
posteriormente retornado, cuyo arresto ha sido negado por la
autoridad hasta la fecha, a pesar de que diversos testigos han
declarado haber escuchado su nombre en un lugar de detención
y tortura secreto. Este desaparecimiento ha sido interpretado
como posibilidad de que el régimen militar reinstaure esta
política de represión que había sido suspendida a comienzos
de 1977.
Lógica del surgimiento del MCTSA
Frente a estas disyunciones irresueltas a nivel de la conducción global de alternativas para el reemplazo del régimen
militar, en el análisis posterior de la Protesta Nacional los co89
mentaristas han hecho énfasis en que el proceso mismo de la
manifestación del descontento creó, a nivel específico, cotidiano,
las condiciones posibles para nuevas modalidades de protesta.22
Esto habría ocurrido porque la situación obligó a los nuevos
actores potenciales a un rápido acuerdo, definición y pronunciamiento de la forma en que se actuaría concertadamente, sin
una mayor preocupación a largo plazo por el mantenimiento
de una estructura organizativa que articulara la protesta en el
momento contingente. Como resultado de esta dinámica, estos
grupos de acción concertada –estas coaliciones, en el lenguaje
que estuviéramos empleando–, a pesar de dirigirse a objetivos
extremadamente limitados como es el de implementar "el momento de la acción", simultáneamente tienden a percibir sus
tareas en el cuadro más amplio de múltiples esfuerzos de protesta realizados por otros grupos, por lo cual, inescapablemente,
tienen la necesidad de buscar como referentes generales de su
acción inmediata proyectos de política global que los partidos
políticos han sido incapaces de articular hasta ahora.
A nuestro juicio esta contradicción es de vasta importancia para comprender la lógica del surgimiento del MCTSA
en el momento en que ocurriera, y constituye la hipótesis
central para nuestra interpretación de esta coalición. Por lo
tanto, especifiquemos más cuidadosamente: esa premura para
la acción obligó a grupos como este –constituidos para una actividad de protesta del todo específica– a resolver esa carencia
de referente de articulación política global creándolo por sus
propios medios, dentro de los estrechos marcos de su perspectiva cotidiana inmediata. Desde esta perspectiva tuvieron
que intentar la monumental tarea de reconstruir un universo
simbólico de significación nacional-colectiva. Vale la pena, al
mismo tiempo, esbozar de inmediato la mayor dificultad con
que nos enfrentaremos en la tarea propuesta para este estudio:
toda reconstrucción de un universo simbólico nacional-colectivo desde márgenes cotidianos tan estrechos redunda en
un cuadro evaluativo-interpretativo de este tipo de coalición
que se presta fácilmente a oscurecimientos, tergiversaciones
y mistificaciones, como comprobaremos en la tercera parte de
este estudio: por una parte es efectivo que, a nivel social mi90
crocósmico, la acción de estos grupos contribuye a la conquista
de nuevos espacios de expresión para la oposición al régimen
militar, pero simultáneamente, a nivel social macrocósmico,
la autoconstrucción de una dimensión utópica del sentido del
propio valer, de significación y resonancia nacional-colectiva,
como es la reconstrucción simbólica, es extraordinariamente
difícil de comprobar en condiciones de represión y censura,
tanto para el mismo participante en la coalición como para el
observador externo.
Opinamos que en esta necesidad de una acción inmediata en medio de las incidencias de la movilización para la
Protesta Nacional, en medio de las tensiones intraeclesiásticas
que afectan a religiosos progresistas en el momento actual de
la Iglesia Católica chilena y en la confrontación ya decidida
entre la Iglesia y el régimen militar está la lógica de lo posible
que llevó al surgimiento del Movimiento Contra la Tortura "Sebastián Acevedo" precisamente en el momento en que ocurre,
a pesar de que la tortura, según decíamos, como instrumento
de la política represiva estatal, era fenómeno de antiguo conocimiento entre la comunidad dedicada a la defensa de los
Derechos Humanos en Chile. Dentro de esa lógica toma ahora
claro sentido la urgencia ya sintomáticamente expresada en
1978 por el padre José Aldunate en cuanto a la necesidad de
una participación más comprometida, material y concreta de los
religiosos en la lucha por la redemocratización chilena. Por otra
parte, ya es obvio agregar que la implementación de esa lógica
se haría de acuerdo con la experiencia acumulada y los recursos
simbólicos ya decantados por la red de relaciones creada por
las organizaciones de defensa de los Derechos Humanos.
El MCTSA en el universo simbólico de la comunidad
chilena para la defensa de los Derechos Humanos
A partir de identidades partidistas e ideológicas dispares
y también discrepantes, los participantes en el movimiento de
defensa de los Derechos Humanos han debido transar en cuanto
91
a la hegemonización de sus propias posturas sobre las otras.
Esto les ha permitido llegar a un acuerdo consensual para la
acción conjunta, en la que hay una suspensión razonable de
conflictos intensos y tensiones que pudieran impedir un grado
aceptable de homogeneidad de propósitos en las estructuras
organizativas, sin que, por otra parte, se sacrifique la crítica
constructiva. Esta capacidad consensual ha creado una estrategia de trabajo colectivo que estudiosos del tema han descrito
como pluralismo de ideología y de acción, entendiéndose por
él un esfuerzo por enfatizar la universalidad de la lucha por la
defensa de los Derechos Humanos mismos como plataforma
para la inclusión en ella de toda posición filosófica, partidista
y religiosa, con un apertura suficiente como para abarcar toda
la gama y áreas de los Derechos Humanos en los objetivos de
su defensa. De allí que se haya descrito estas organizaciones
diciendo que "son organismos y grupos de ejercicio de la libre
determinación, donde no hay propietarios privados del tema,
la organización o el grupo, incluso en aquellos organismos de
origen jerárquico. En estos últimos, se buscan soluciones en
dinámicas especiales para obtener definiciones consensuales de
trabajo [...] Estos grupos, en sus expresiones más populares de
base, en cierto modo regeneran el "demos" griego. Es decir, una
pequeña comunidad funcionando localmente como un órgano
de decisión colectiva para asumir necesidades básicas –las violaciones de Derechos Humanos personales y la necesidad de
ejercer la soberanía en términos de libre determinación".23
A nivel estrictamente funcional –es decir, como integrantes de un proyecto comunitario que debe realizar ciertas
tareas específicas e inmediatas– una de las dimensiones más
importantes de esa transacción consensual a que han llegado los
trabajadores por la defensa de los Derechos Humanos en Chile
ha sido la adopción de la no-violencia activa como estrategia
principal para la acción. De ningún modo esto implica que ella
sea la única forma de lucha que propugnen, puesto que, en los
marcos del pluralismo descrito, militantes en el Movimiento
Democrático Popular sostienen el derecho a la sublevación y
la insurrección empleando la vía armada. De hecho, algunos de
ellos trabajan, contribuyen y cooperan con estructuras militares
92
diseñadas para ese efecto. El compromiso está, no obstante, en
que, mientras se participe en actividades organizadas para la
defensa de los Derechos Humanos, esas personas se allanan a
adoptar métodos basados en la no-violencia activa, postergando
el uso de la violencia para otras ocasiones u oportunidades.
El consenso funcional a que se ha llegado en cuanto a
la adopción de la estrategia de la no-violencia activa gravita
esencialmente sobre la expresión simbólica de los grupos de
defensa de los Derechos Humanos en aquellas acciones en que
interpelan a la opinión pública, convirtiéndose en su factor más
determinante. En la estructura práctica de la protesta, expuesta en sus rasgos más escuetos y, por tanto, anteriores a toda
interpretación ideológica de ellos, esa estrategia se manifiesta
como la elección de un lugar de significación simbólica en la
cultura nacional, convirtiéndoselo virtualmente en un espacio
escénico momentáneamente privilegiado, con el propósito de
realizar allí ceremonias de denuncia que dan testimonio de las
depredaciones cometidas por la represión aplicada por el poder
establecido. Para este efecto los participantes instrumentalizan
su cuerpo como objeto de utilería teatral y expresan gestos
que apelan a la conciencia moral de quienes contemplan la
ceremonia con el objeto de recabar de ellos una simpatía. Esto
da a la ceremonia un carácter ritual, por cuanto ese nexo de
simpatía sólo puede establecerse en la medida en que tanto los
seres actuantes como los receptores de su mensaje corporal
reconozcan una comunidad de valores morales superiores que
otorgan a la comunicación una aureola trascendental, la cual
tiene como referente un universo simbólico ya históricamente
validado y compartido colectivamente en lo emocional y en lo
intelectual.
Esto implica que, por hacerse una renuncia consciente
a la opción de la violencia como forma expresiva, quienes
practican la no-violencia activa se ven forzados a sobredimensionar los aspectos morales y simbólicos de la expresión. Esta
renuncia sienta las bases para lo que se ha llamado la estrategia
de "hacer arma de la debilidad", puesto que, al haberse habilitado un escenario teatral para el rito de apelación al universo
simbólico de la comunidad, quienes se exponen inermes ante
93
la posible represión estatal son los que establecen las reglas
del juego comunicativo: si la fuerza estatal los reprime con
violencia, queda expuesta públicamente la evidencia del terror
secreto que ha querido ocultar. La consecuencia de este desvelamiento público es proponer tácitamente la movilización de
los espectadores para presionar por el retorno a la justicia, ya
que, una vez que ha quedado expuesta la verdad, la conciencia
moral debe despertar y actuar de acuerdo con ella.
Es imprescindible llamar la atención sobre el hecho de
que la práctica concreta y específica de la no-violencia activa
tiene implicaciones del todo restringidas a la inmediatez de los
actos mismos que se diseñan según sus principios. De ninguna
manera se puede desprender de esas acciones específicas consecuencias posteriores en cuanto a la coordinación de acciones
similares para llegar eventualmente a la instauración de un
gobierno que respete los Derechos Humanos. En la cultura
política chilena esas proposiciones globales al respecto han sido
tradicionalmente hechas por los partidos políticos capaces de
movilizar a las masas según proposiciones totalizadoras de la
forma en que debiera articularse la actividad nacional a todo
nivel. La afirmación de la no-violencia activa como el único
método legítimo y deseable para la redemocratización de Chile
requiere una elaboración ideológica muchísimo más compleja,
la cual ciertamente trasciende la significación de las acciones
puntuales mismas. Más adelante veremos las ofuscaciones que
los proponentes de este proyecto acarrean sobre la interpretación recta de un movimiento como el MCTSA al proyectar
sobre él esas elaboraciones posteriores.
El MCTSA en la práctica de sus ritos:
Una visión testimonial
La práctica ritual del MCTSA tiene como referente significativo una narrativa mítica que el grupo ha hecho pública
a través de importantes declaraciones de sus voceros oficiales.
En consonancia con el sentido de esa reconstrucción, por mito
94
entendemos, para estos efectos, "historias que simbolizan el
significado de la vida, así como el origen de los diversos elementos cuya interrelación la constituyen, para los miembros
de una cultura dada".24 Volveremos más adelante sobre esta
definición para elaborar sus consecuencias en lo que respecta
al MCTSA. Por el momento nos interesa perseguir la noción
específica de ritual adoptada por MCTSA, en la medida en que
éste es la instancia teatral en que la historia mítica elaborada
por el movimiento se hace patente para la colectividad cultural
a través de las acciones prescriptivas a que obligan sus ceremonias. Para este efecto, en primer lugar aportaremos mayores
antecedentes sobre la estructura organizativa de la coalición,
para luego transcribir una descripción evaluativa de su práctica
provista oficialmente por uno de sus voceros centrales.
El MCTSA tiene, decíamos, una estructura simple a la
vez que eficaz. Se compone de un pequeño comité coordinador
formado por miembros de mayor antigüedad y experiencia en
el movimiento, que recibe las propuestas de acción, de ritual,
simbolismo y temáticas de las bases, examinando su viabilidad
y afinidad con el foco temático del movimiento, la denuncia
de la tortura. El MCTSA rehusa darse una organización burocrática estable, a la vez que no busca ni acepta contribuciones
de fondos. A nivel medio existe una red un poco más amplia
de personas cuya tarea es comunicar las decisiones del comité,
además de cumplir con el compromiso de movilizar cada una
entre tres a cinco personas, bien para una acción específica
o como personal disponible para otras tareas y acciones del
movimiento. Como ocurre con este tipo de red de relaciones,
es difícil determinar cuántas personas están involucradas en
los anillos más alejados del nucleo-comité coordinador, aun
para los miembros de este. Se calcula que se ha alcanzado una
totalidad de quinientos participantes estables y quizás dos mil
participantes que han rotado a través de los dos años de vida
de la organización. En las reuniones organizativas llamadas por
el comité organizador se designan comisiones para diseñar la
utilería simbólica que caracteriza al movimiento y el personal
que efectuará la acción: el lienzo de gran dimensión con una
consigna alusiva al problema de la tortura en Chile; los volantes
95
que se lanzan; la letanía que se reza como acto de denuncia y
testimonio público. Entre otras organizaciones de defensa de
Derechos Humanos que también han debido protestar públicamente, estas comisiones tienen una gran reputación por su
exacto cumplimiento de calendarios y horarios de preparación
del material requerido, además de la fina cronometración del
comienzo y fin de los rituales públicos. Como mecanismo de
seguridad, en cada reunión preparatoria de acciones los asistentes deben dar cuenta de los invitados presentes, impidiendo
así infiltraciones por los servicios de seguridad. De este modo
se evitó un intento de esta naturaleza.
Todo miembro del MCTSA afirma categóricamente que
se trata de una organización pluralista, no religiosa. Con el
propósito de mantener un perfil de identidad coherente, dentro
de ese pluralismo, la asamblea ha tomado la decisión y el
compromiso de que nadie hable en nombre del movimiento,
sino aquellas personas expresamente designadas para el efecto.
Sin embargo, estrictamente a título personal, se reconoce y
se anima a cada miembro del MCTSA a hacer declaraciones
testimoniales con el objeto de diseminar opiniones sobre el
problema que preocupa a la organización. No obstante, este
acuerdo crea profundos malentendidos, tanto en la interioridad
del movimiento como para el común de los observadores exteriores. Estos tienden a recoger los testimonios dados a título
personal como manifestaciones de la voz autorizada del movimiento, haciendo interpretaciones generalizadoras de él a partir
de opiniones parciales muchas veces reñidas con el consenso a
que han llegado los miembros en cuanto a los propósitos de la
organización y, particularmente, sobre la relevancia y sentido de
la no-violencia activa como método de oposición antimilitar.
Esa forma de comunicación pública de la palabra oficial
crea también problemas en cuanto a la imagen pluralista, no
religiosa que el MCTSA busca proyectar a la ciudadanía. Puesto
que para el comité coordinador se busca a personas de mayor
antigüedad y experiencia en el movimiento, sus portavoces
tienden a ser cristianos y religiosos que, por su lenguaje, rápidamente insertan su propia perspectiva en las declaraciones
y explicaciones. Además, resulta del todo evidente que los
96
portavoces que han reflexionado y publicado más latamente
sobre la significación cultural del MCTSA son religiosos.
Debido a esto, en la comunidad de luchadores por la defensa
de los Derechos Humanos existe la imagen extendida de que
el movimiento es de origen fundamentalmente cristiano. Esta
impresión queda reforzada por otros dos hechos: el primero es
que, a poco de trabajar en la recolección de material y opiniones sobre la organización, el observador externo nota que la
mayoría de las personas entrevistadas hacen referencia reiterada
a la necesidad imperativa de que, para entender cabalmente al
MCTSA, se tome en cuenta la experiencia y opiniones de por
lo menos dos sacerdotes que participaron en las reuniones de
reflexión que iniciaron el grupo. En segundo término, aunque
en el comité coordinador hay por lo menos una persona que
también participa en otras organizaciones políticas que incluyen la utilización de la violencia en sus programas de redemocratización de Chile, ella hace mención del hecho de que
también es cristiana. La gran mayoría de los miembros ateos
entrevistados, a pesar de su intenso compromiso, contribución
y admiración por el proyecto emprendido, verbalmente o por
la actitud con que entregan su testimonio parecen conceder a
los miembros cristianos una mayor gravitación y derecho a
expresión en el movimiento. Por último, cabe señalar que el
ritual y la simbología creados son esencialmente cristianos en
su sentido y significado.
En cuanto a la identidad que finalmente pueda tener el
MCTSA en la historia de la cultura chilena, es preciso comprender que, en última instancia, en la construcción de esa identidad
también tienen influencia los espectadores de sus acciones, del
mismo modo en que la significación del espectáculo teatral
no tiene sentido si no incluye las reacciones de quienes lo
contemplan. Aceptada esta premisa, no pueden quedar dudas
de que existe una opinión mucho más extendida que otorga al
MCTSA una identidad cristiana más que una pluralista y laica.
Por tanto, en el análisis de la actividad ritual de este movimiento y de su producción de significaciones simbólicas, el
criterio que adoptamos atiende tanto a las intenciones internas
de los miembros del MCTSA como a la imagen exterior que
97
ha suscitado. De acuerdo con ello, proponemos que el MCTSA
debe ser entendido como un foco de concertación de acciones
comunes para la defensa de los Derechos Humanos propuesto
principalmente desde una perspectiva cristiana y abierto de
manera pluralista a la participación de todo origen. Esta evaluación comenzará a tomar cuerpo en el documento transcrito
a continuación, para luego tener una confirmación definitiva
en documentos posteriores que usaremos para referirnos a la
narración mítica elaborada por el MCTSA.
MOVIMIENTO CONTRA LA TORTURA
"SEBASTIAN ACEVEDO"
(Se describe y se evalúa la acción de un grupo de denuncia)
Ponencia para el Seminario Internacional sobre la Tortura en
América Latina, Buenos Aires, diciembre de 1985.
José Aldunate, s.j.
Nuestra exposición tiene tres partes: a) El Movimiento
Contra la Tortura "Sebastián Acevedo" y su actuación; b) Justificación de esta actuación; c) Evaluación de la misma.
A. El Movimiento Contra la Tortura "Sebastián Acevedo"
y su actuación
1. El movimiento
El 14 de septiembre de 1983, con una acción frente a un
cuartel secreto de la CNI (Central Nacional de Informaciones)
en la calle Borgoño 1470 de la capital, nació el Movimiento.
Setenta personas interrumpieron el tráfico, desplegaron lienzo
que decía "AQUÍ SE TORTURA", proclamaron a voces su
denuncia y cantaron un himno a la libertad.
El grupo inicial se ha engrosado sin llegar a ser masivo.
Actualmente participan entre doscientas y trescientas personas
en cada acción; unos quinientos han actuado en el Movimiento.
Hay cristianos y no cristianos, sacerdotes, monjas y pobladores,
98
estudiantes universitarios y personas mayores, dueñas de casa
y miembros de diversos movimientos de Derechos Humanos
(SERPAJ, Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, de Presos Políticos, de Exiliados, etc.)
El Movimiento consiste ante todo en acciones de denuncia contra la Tortura; deja a otras entidades la tarea de hacer
investigación o emitir declaraciones. No tiene local propio de
reunión ni secretaría establecida; se reúne en calles y plazas
en el momento en que hay que actuar. No tiene una lista de
miembros sino que transmite las instrucciones de persona a
persona. No hace cursos de formación teórica ni práctica, pues
éstos pueden hacerse en otros movimientos. Sus miembros se
forman en la acción, seguida sí por una evaluación.
Desde la acción inicial, las acciones de denuncia se han
repetido mes a mes. Llevamos más de treinta acciones en dos
años de existencia. Estas se efectúan en múltiples sitios y con
diversas modalidades. Se ha formado sí un modelo o tipo constante de acción que describiremos más particularmente y luego
indicaremos sus variantes. Hay también acciones distintas, pero
todas encaminadas al mismo objetivo.
El objetivo concreto del Movimiento es terminar con la
Tortura en Chile. Y el medio escogido es la denuncia y el llamado a la conciencia. Queremos sacudir la conciencia nacional.
Mostrar obstinadamente esta vergüenza: la Tortura institucionalizada por el régimen. Hasta que, o bien el régimen termine
con la Tortura, o el país termine con el régimen.
Para terminar con la Tortura hemos, pues, escogido un
medio no violento, el que apela a las conciencias. "No violento"
no quiere decir que no esté contra las leyes. Infringimos reglamentos y normas del Estado de Excepción vigentes en Chile,
e incurrimos en sanciones legales cuando nos detienen. Esta
opción por un camino no violento no quiere decir que todos
seamos cruzados de la no-violencia. Esta sí tiene entre nosotros
apóstoles convencidos. Pero en general pensamos que hay que
probar las virtualidades de la no-violencia y la preferimos en
principio a cualquier otro camino más violento.
El 11 de noviembre de 1983, cuando cumplíamos casi
dos meses de existencia, un padre de familia, Sebastián Aceve99
do, sufrió en Concepción el secuestro de un hijo y una hija en
manos de la CNI. Desesperado por haber agotado todos los recursos, se inmoló a lo bonzo frente a la Catedral de esa ciudad.
Nuestro Movimiento adoptó entonces su nombre, llamándose
"Movimiento Contra la Tortura Sebastián Acevedo".
2. Una actuación típica del movimiento
Hay una acción típica o modelo operativo que hemos
reproducido unas veintidós veces en los dos años que lleva el
Movimiento.
A la hora, al minuto convenido, convergen todos los
iniciados sobre el sitio prefijado, por ejemplo, el frontis de los
Tribunales de Justicia. Se despliega inmediatamente un gran
lienzo sostenido por el grupo que expresa la denuncia: "SE
TORTURA EN CHILE Y LA JUSTICIA CALLA". Algunos
carteles exhibidos por participantes llevan nombres de víctimas
que no fueron amparadas por los Tribunales. Se tiran al aire
volantes con las denuncias impresas.
Luego se canta con fuerza un conocido himno que hemos
hecho nuestro:
Por el pájaro enjaulado,
por los cuerpos torturados,
yo te invoco Libertad.
Se hace a viva voz la denuncia, se proclaman los hechos,
y se contesta en coro de letanía, por ejemplo: "Y la Justicia
calla". Unos gestos colectivos como señalar el edificio incriminado y tomarse de las manos acompañan la acción.
La prensa amiga está advertida: fotografías, filmación,
reportajes. Así se socializa una acción cuyos testigos directos
son necesariamente pocos.
En seguida el grupo se disuelve, eludiendo generalmente
la acción policial. El acto en su conjunto habrá durado tres a
cinco minutos.
No tememos la detención. Cuando se detiene a uno, no
faltan voluntarios que lo acompañan. La detención es noticia
y la noticia se traduce en concientización. Pero el grupo no
100
debe agotarse con demasiadas detenciones que pueden traducirse, incluso, en relegaciones de tres meses o aun expulsión
del país.
3. Elementos variables de esta actuación
Se denuncia siempre la Tortura, pero referida a variados
hechos o acontecimientos. Con las denuncias varían también
los sitios de la acción y otras modalidades. Ya hemos ejemplificado la acción ante un lugar secreto de Tortura y ante los
Tribunales de Justicia. Por el ocultamiento que hace la prensa
de los hechos de la Tortura, desplegamos frente al periódico El
Mercurio la acusación: "SE TORTURA Y EL MERCURIO ES
COMPLICE". Y cuando el Jefe de la CNI tuvo el descaro de
afirmar públicamente "No, la CNI no tortura" fuimos a la calle
República donde está la CNI afirmando "LA CNI TORTURA".
Y cuando Juan Antonio Aguirre fue torturado hasta la muerte en
la Comisaría 26a de Carabineros, sin que éstos quisieran admitir
ni siquiera su detención, allá fuimos con el lienzo "¿DONDE
ESTA JUAN ANTONIO AGUIRRE?"
Entregamos una carta al Ministro del Interior y nos presentamos ante el Palacio de la Moneda pidiendo una respuesta:
"SR. MINISTRO, ¿SI O NO A LA TORTURA?" Cuando se
declaró Estado de Sitio, protestamos: "ESTADO DE SITIO =
MAS TORTURA". Y ante una ola de secuestros de muchachos
de Comunidades Cristianas, denunciamos ante la Catedral de
Santiago:
"SECUESTRADOS Y TORTURADOS POR SU FE";
carteles indicaban abusos específicos y nombres de víctimas.
Así hemos denunciado la Ley Antiterrorista, los Consejos
de Guerra, la cárcel secreta de la Dirección de Comunicaciones de Carabineros (DICOMCAR), la no firma del Convenio
Internacional Contra la Tortura.
4. Otros tipos de acciones
Fraternización. El 29 de abril es el "Día del Carabinero".
Ese día, en 1984, salimos a conversar con los Carabineros por
las calles y llevarles un mensaje a los cuarteles. El tema de
estos intercambios era la Tortura.
101
En octubre del mismo año se repartió personalmente
cartas a las veinte y tantas Comisarías de Carabineros aclarando
lo sucedido en la Comisaría 26a, en donde se torturó hasta la
muerte a un joven.
Navidad. Acercándose Navidad, el domingo 23 de diciembre, se repartió profusamente a la salida de los templos
una tarjeta de Navidad hecha en papel. Llevaba una imagen del
Movimiento y expresaba los siguientes deseos:
"POR UNA NOCHE BUENA SIN LOS HERODES Y
UN AÑO NUEVO SIN TORTURADORES".
Increíble, pero cierto: a la salida de las Iglesias del "Barrio Alto" hubo agresividad de parte de los "fieles" y varias
detenciones.
Metro. Cierto día el Movimiento ocupó el ferrocarril
subterráneo de Santiago (el Metro) y en cada vagón se leyó un
llamado a repudiar la Tortura: el público respondía en coro.
Aplausos. Le dedicamos un aplauso al Colegio Médico
de Santiago cuando sancionó a un miembro de la profesión por
haber colaborado en la Tortura.
Liturgias. Ha habido algunos actos litúrgicos en Iglesias, por ejemplo, en el aniversario de la muerte de Sebastián
Acevedo.
Jornadas. Los aniversarios del Movimiento se han celebrado con Jornadas de concientización para el público, con
exposición de cuadros, películas (El hijo de mi vecina), piezas
teatrales (Pedro y el capitán), diaporamas y videos. Buen número de las acciones del Movimiento se conservan en video.
La Jornada termina con un foro o un número artístico.
Es significativo que no nos ha sido fácil encontrar
colegios católicos que se atrevan a prestar sus locales para
semejantes Jornadas.
5. La difusión por los medios de comunicación
Como se indicó, participan reporteros y camarógrafos de
medios de comunicación nacionales e internacionales. Toman
el cuadro con la denuncia consignada en el lienzo y muchas
veces consignan las acciones posteriores de represión cuando
las hay.
102
Los meses que estuvimos en Estado de Sitio, nada pudo
aparecer en el país respecto a nuestras denuncias. En el Estado de Excepción en que ahora estamos, nuestras acciones
sólo aparecen en revistas y boletines semanales o mensuales.
La televisión y los grandes diarios, todos controlados por el
gobierno, no informan al respecto. Dos o tres radios de mucha
sintonía nos apoyan.
6. La represión oficial contra el Movimiento
Las acciones del Movimiento caen bajo la inculpación
de "desorden en la vía pública", "ofensa a las instituciones
armadas" o "contra las autoridades", "acción contra la Ley de
Seguridad del Estado". Además, el gobierno tiene "facultades
transitorias" que le permiten reprimir y aplicar ciertas sanciones
sin dar razón.
A todas las acciones ha llegado algún bus de Carabineros para disolver la acción y tomar detenidos. Al comienzo se
contentaban con disolver la acción, usando a veces chorros de
agua ("guanaco" (furgón cisterna de Carabineros)) y bombas
lacrimógenas. Después tomaban detenidos y los soltaban en el
día, Posteriormente la represión se acentuó: varios días detenidos y dos personas fueron relegadas tres meses; un sacerdote
extranjero expulsado del país. Ahora hemos notado una política
más suave.
Por la acción rápida se busca y generalmente se logra
evitar la detención. Pero esta y la cárcel, como hemos dicho,
sirven también a nuestro propósito. Unos setenta de nosotros
están actualmente bajo la condena de quince días de cárcel y, en
caso de ejecutarse esta condena, se irá a la cárcel, aun cuando
sea posible librarse pagando una multa.
El Movimiento no es un asociación clandestina. Damos
la cara y nos conocen. Las autoridades y las fuerzas policiales
podrían reprimirnos mucho más. Pero deben calcular el costo.
Lo que nos da margen para seguir actuando.
Nuestra acción se fundamenta en tres realidades:
1. La práctica sistemática de la tortura en Chile.
2. La falta de una conciencia pública que conozca y
repudie esta práctica.
3. La importancia de formar esta conciencia.
1. La realidad de la tortura sistematizada en Chile
No vamos a desarrollar aquí este punto. Bástenos reproducir un documento de innegable valor: el párrafo 12 de la
conclusión del Informe Internacional sobre los Derechos Humanos en Chile, elaborado por la Organización de los Estados
Americanos (OEA) y entregado a la publicidad en septiembre
de este año.
La sólida evidencia recogida por la Comisión Internacional de Derechos Humanos y expuesta en el capítulo
respectivo de este Informe le permite afirmar que la
tortura ha sido una práctica continua, deliberada y
sistemática, durante todo el período que se inicia en
1973. Confirma este aserto el hecho que la Comisión
no tiene conocimiento de un solo funcionario que haya
sido castigado por su participación en la tortura, a lo
cual debe sumarse la asignación de recursos materiales y
humanos exigidos por tal práctica. Todo ello, a juicio de
la Comisión, ha tenido un claro objetivo político, como
ha sido el de obtener informaciones o lograr confesiones autoinculpadoras de la víctima, dejando profundas
secuelas en esta y sus familiares.
Este Informe se refiere a los doce años de gobierno militar. Respecto a los dos últimos años, nuestra impresión es que
la práctica de la Tortura se ha incrementado debido tal vez a
dos factores: Carabineros ha entrado a torturar en forma más
sistemática; y ha habido mayor movilización opositora en las
poblaciones y provincias. Es ciertamente la Tortura una técnica
aceptada casi de rutina en las "interrogaciones".
B. Justificación de la acción del Movimiento
2. Falta de conciencia y repudio público de la Tortura
103
104
No disponemos suficientemente de encuestas o sondeos
de opinión respecto a la Tortura. Tales informaciones nos
hacen falta porque nuestra tarea es precisamente remecer las
conciencias.
A fines de 1983, se hizo en Concepción un sondeo de
opiniones a raíz de la autoinmolación de Sebastián Acevedo.
Un 67,3% estaba a favor de la disolución de la CNI; un 16,5%
estaba por su mantención. El Obispo de Concepción pidió la
disolución de la CNI y excomulgó a los torturadores. Tres
Obispos se han sumado a esta excomunión. En Santiago se
declaró que los torturadores se autoexcluían de toda comunión
eclesial.
Con esta ocasión, se acercaron periodistas a personeros
del régimen. Visiblemente incómodos por las preguntas, sus
respuestas fueron muy diversas. Hubo Ministros de Gobierno
que negaron lo evidente: la práctica sistemática de la Tortura;
y hubo quienes procuraron defender lo indefendible: que la
Tortura sería moralmente lícita en la situación actual.
Un sondeo reciente publicado en Policarpo (octubre,
1985) es muy reducido pero sus proporciones parecerían responder a la realidad. Un 80% de la población sabría que hay
en Chile Tortura sistemática y la repudia. Un 20% niega la
existencia de la Tortura como tal. Precisando ahora las actitudes, fuera de este 20% que presumiblemente prefiere no creer
en la Tortura, hay un 20% que admite su existencia pero que
elude el tema; otro 20% para quienes no hay nada que hacer
al respecto; un 15% preocupado pero no informado y un 25%
que están bien informados y les gustaría hacer algo para combatirla. Los que niegan la existencia de la Tortura o eluden el
tema son más bien de la clase media o alta. En la clase baja
habría más conciencia de este abuso.
Un factor que inhibe la conciencia misma de la Tortura,
y sobre todo su expresión, es el miedo.
3. Importancia de remecer la conciencia pública sobre
el abuso de la Tortura
Nuestro régimen militar, como otros en distintas partes,
ha recurrido a la Tortura porque le es funcional. Por muchas
105
razones, le es necesaria o muy conveniente. Y tiene el poder de
usarla, controlando la prensa y la opinión pública para evitar
un abierto repudio.
Pero esta situación de funcionalidad de la Tortura puede
cambiar. La Tortura puede salirse de la clandestinidad y volverse hecho público y monstruoso. Puede así socavar seriamente
el prestigio del régimen que debería sustentar.
Hay motivos para pensar que esto está sucediendo actualmente en Chile. Tres asesinatos (degüellos) monstruosos
a fines de marzo de 1985 y la acción de algunos jueces que
apuntan a los organismos policiales como autores de estos y
otros hechos semejantes han alarmado a la opinión pública. Tal
vez las denuncias del Movimiento Contra la Tortura "Sebastián
Acevedo" han contribuido a esta concientización pública.
De todas maneras, a esto tiende la acción de nuestro
Movimiento: demostrar la monstruosidad de un régimen de
Tortura. Y no esperamos tanto convencer al régimen para que
deje de torturar, cuanto convencer al país para que repudie al
régimen y nunca más permita que se reinstale.
C. Evaluación de la acción del Movimiento
Esta acción habría que evaluarla por sus resultados. ¿Ha
disminuido la Tortura en Chile? ¿Hay al menos más conciencia al respecto y un mayor repudio contra esta práctica? Si
se dan resultados, ¿en qué medida se deben a la acción del
Movimiento?
Hemos visto que la Tortura no parece haber disminuido,
y que si la conciencia de este abuso ha crecido, esto puede deberse mayormente a otros hechos. No tenemos datos científicos
para valorar a estos respectos la acción del Movimiento.
A mi juicio, lo más verdadero es confesar que nos faltan
los elementos necesarios para hacer una verdadera evaluación.
Y me parece que ni aún hay indicios que permitirían aventurar
apreciaciones.
Sin perjuicio de lo anterior, quisiera indicar con todo dos
hechos que me han llamado mucho la atención. Significan una
valoración subjetiva del Movimiento que se escapa del control
106
científico y de la medición efectiva.
Organismos de Derechos Humanos muy especialmente,
pero también otras personas y colectividades, han expresado
su aprecio del Movimiento en términos que me han parecido
muy excesivos. Al reflexionar sobre ello, he pensado que tal
vez esa valoración apunta a la fuerza testimonial que tiene una
acción en que se juega algo de la vida propia (su tranquilidad,
su seguridad) por la vida de otros. Una denuncia acompañada
de acción y riesgo adquiere particular eficacia.
Un segundo hecho que he constatado es el aprecio que
tienen del Movimiento los que participan activamente en él.
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REVISTA SOLIDARIDAD
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MARCO UGARTE
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Interludio teórico
para un desvío expositivo
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Dicen que participar en él ha significado mucho en sus vidas.
¿En qué puede consistir esta experiencia significativa? Me
aventuraría a pensar que podría consistir en la experiencia de
una solidaridad efectiva por el hombre como tal y por el más
desvalido de los humanos, el torturado.
A esto tal vez se debe el que la acción del Movimiento
se hace como contagiosa. Se ha reproducido en Concepción,
donde un Movimiento paralelo lleva ya un año de buena labor,
y también en otras partes. Grupos juveniles y movimientos
femeninos, además de agrupaciones políticas se han inspirado
también en la acción del "Sebastián Acevedo".
Diría en otras palabras que es un Movimiento que tiene
mística, y una mística que se comunica y que dinamiza.
Según lo propuesto al inicio del acápite anterior, y luego
del testimonio sobre la práctica ritual del MCTSA, cabría pensar que inmediatamente después correspondería el análisis de
ella misma para que después siguiera el estudio de su conexión
con la narración mítica elaborada por el grupo, así como el
análisis de ese relato. La conveniencia de este diseño expositivo estaría en que, de este modo, el análisis haría patente la
relación dialéctica entre los términos de la unidad ritual-mito,
en la medida en que, sin duda, cada una de las acciones específicas emprendidas por el MCTSA tienen que haber modificado
gradualmente la narración mítica en el proceso de creación, a
la vez que esa creación paulatina del relato tiene que haber
modificado el programa de acciones específicas. Esta inmediata
contraposición del análisis de los dos términos estaría en consonancia con el hecho de que, en efecto, estamos abocados al
117
estudio de la producción simbólica de un micro-grupo social.
Sin embargo, queremos interferir en esta posible ilación porque
este diseño sacrificaría, en aras de lo expedito, la certeza de
que, en realidad, a pesar de tratarse de un micro-grupo, por las
circunstancias en que actualmente se encuentra la oposición
chilena, él se ve forzado a reconstruir un universo simbólico
global para toda la colectividad nacional. Esta tarea, como
afirmábamos, más bien corresponde a instituciones sociales
masivas y estructuradas más establemente.
La inserción de esa dimensión simbólica de tipo macrosocial en la agenda del MCTSA nos obliga a suspender un
tratamiento como el anunciado para atender, primeramente, a
la naturaleza de esa inserción. Se observará que el acopio de
mayores elementos de juicio al respecto apoyarán la intención
presente de modificar el diseño expositivo con más provecho,
como esperamos demostrar.
En este sentido, en primer lugar se debe llamar la atención sobre el hecho de que, como micro-grupo social, el campo
de acción del MCTSA es la cotidianidad urbana de Santiago.
Por cotidianidad se entiende la vivencia que tiene cada individuo de su mente y de su cuerpo a medida que se desplaza por
los espacios y las relaciones que caracterizan su rutina diaria.
En lo que respecta al caso particular de la directiva del MCTSA, esta vivencia está profundamente marcada por su relación
con organizaciones eclesiásticas, asistenciales y solidarias que
se .ubican y dirigen sus servicios a las poblaciones marginales
de Santiago.
En términos abstractos, podríamos concebir la acumulación de estas experiencias de naturaleza biográfica de lo
cotidiano como una trayectoria de tipo horizontal, en que los
referentes simbólicos de todo tipo que el individuo acumula
en su desplazamiento a través de los espacios de lo íntimo, lo
privado y lo público deben ser compulsados con un eje vertical
que comprende la inyección en su cotidianidad de los referentes simbólicos de un universo mayor de tipo estatal. Aquí se
da la influencia de instituciones tales como los sindicatos, los
gremios, los partidos políticos, los grupos de presión, las diferentes ramas del Estado nacional que administran las relaciones
118
sociales (escuelas, dependencias policiales, de conscripción en
el servicio militar, registros de identificación, oficinas expedidoras de certificados, licencias, Ministerios, municipalidades, etc.,
etc.) influencia que introduce en la biografía individual el infujo
de la capacidad de compulsión ideológica que tiene el bloque
de poder hegemónico en la sociedad. Directa o indirectamente,
esa compulsión arranca los aspectos microcósmicos de esa vida
individual para proyectarlos como significación tipificada de la
"ciudadanía" en el concierto macrocósmico que caracteriza el
universo simbólico nacional.
Dentro de este marco teórico, son las instituciones estatales y las instituciones mediadoras entre el Estado y la sociedad
civil (sindicatos, gremios, partidos políticos, grupos de presión,
además de los medios de comunicación masiva y las Iglesias)
las capacitadas para producir los discursos de proyección significativa de la cotidianidad íntima y privada del individuo al
espacio "universal" de una colectividad nacional. Esto ocurre
porque ellas tienen los canales, personal y dispositivos para
captar, recoger y procesar la plétora de temas que los diversos
sectores sociales introducen al debate colectivo (la "conciencia
nacional", "la opinión pública"), para luego determinar su grado
de coherencia, identificar los agentes sociales que los originan,
compulsar sus efectos reales o potenciales sobre el cálculo de
balance del poder establecido, para después responder a esas
demandas reivindicativas de acuerdo con el grado de poder
que las asista, escuchándolas para satisfacerlas o manteniendo
una sordera y una mudez impenetrable, según convenga. Esta
producción discursiva implica que esas instituciones estatales y
mediadoras son las que crean las categorías que dan coherencia
al conocimiento tipificador que permite el paso del conocimiento limitado, específico y singular de lo cotidiano a las categorías totalizadoras (la "ciudadanía") que maneja el Estado en la
administración de las relaciones sociales de una nación.
Hasta el golpe militar de septiembre de 1973 habían sido
éstos los conductos de "universalización ciudadana" elevados a
la categoría de "tradición" de la cultura política chilena, especialmente en lo que respecta a los partidos políticos. Ya ha sido
discutido extensamente en la literatura de las ciencias sociales
119
chilenas el hecho de que, a través de esos conductos, muchas
veces en situación de clientelismo, los diversos sectores sociales negociaban sus intereses y aspiraciones parciales con otros
sectores, instituciones y el Estado. Pero hoy en día –como proponíamos– dada la desarticulación de la cultura política chilena
por la ingerencia militar, micro-grupos como el MCTSA intentan compensar esa desarticulación proponiendo ellos también
la captación y procesamiento de las multitemáticas colectivas.
El efecto es que el discurso totalizador y universalizador de la
experiencia colectiva propuesto a la colectividad nacional por
esos micro-grupos sociales queda sobrecargado de contenidos
más bien propios del ámbito de la cotidianidad íntima y privada.
Estos contenidos siempre son caracterizados por la emotividad
retórica de personas acostumbradas a formas de comunicación
del cara-a-cara que, sin embargo, ahora deben ser impelidas
precaria y violentamente al ámbito –la "arena"– nacional, con
el intento de cumplir sustitutivamente la trayectoria de las
instituciones mediadoras que ya no funcionan adecuadamente
para ese propósito.
Dada esa sobrecarga de emotividad cotidiana con que se
elabora este discurso de aspiración universalista, proponemos
que, en vez de estudiar de inmediato las categorías analíticas
con que funciona la práctica ritual y mítica del MCTSA, más
bien respondamos a la situación objetiva del grupo y contrapongamos también violentamente su acción cotidiana con el
relato mítico elaborado, y solo después pasemos al trabajo de
interpretación. Esto implica que entraremos al plano interpretativo del significado de las formas rituales planteadas únicamente después de reconstruir las macrotemáticas objetivas que
el grupo ha debido elaborar dentro de las limitaciones de los
medios ideológicos con que puede contar un micro-grupo para
esa tarea. Así captaremos en toda su magnitud la vulnerabilidad
ideológica en que debe ser entendido el MCTSA por la desmedrada situación actual de la oposición, lo cual nos permitirá
captar el perfil monumental del esfuerzo que este movimiento
ha asumido en la cultura chilena reciente.
120
El MCTSA en su elaboración mítica
En general, definíamos el mito como una historia "que
simboliza el significado de la vida, así como el origen de los
diversos elementos cuya interrelación la constituyen, para los
miembros de una cultura dada". Esta definición, aunque útil,
tiene el inconveniente de ser estática, de presentar el mito como
objeto ya dado, presto a su estudio por la conciencia investigadora. No obstante, puesto que en el pensamiento expresado
por los voceros del MCTSA la noción de praxis aparece como
concepto central, estimamos conveniente adecuar esa definición
general a la especificidad de este eje discursivo, haciendo énfasis en una producción mítica activa. Lo intentaremos basándonos libremente en las argumentaciones filosóficas de Leszek
Kolakowski25 sobre lo mítico, revisándolas, modificándolas a
veces y enfatizando aspectos sociales necesarios para nuestro
propósito.
Para Kolakowski la mitificación proviene de una carga
emocional introducida en el conocimiento por la necesidad
humana de encontrar una valoración estable, socialmente trascendental y una permanencia de la significación de las acciones
humanas en un devenir temporal que, por el contrario, durante
el transcurso de esas acciones, sólo parece poner en evidencia
una incierta y difícil correspondencia de los hechos con una
necesidad histórica, además de que, más bien, asegura la probabilidad de su discontinuidad y la restricción de su significado
a la lógica más inmediata de la consecución de los objetivos
acometidos. En términos más concretos, es efectivo que los
seres humanos, al señalarse colectivamente las tareas históricas
que los movilizan en la reproducción y transformación de su
sociedad, otorgan sentido pleno al uso de los recursos, espacios,
relaciones, movimientos y gestos expresivos empleados. No
obstante, esas significaciones elaboradas dentro de un proyecto
social hacen patente su sentido global únicamente a través del
análisis posterior, en que se imputa una lógica histórica a los
actores sociales masivos en la medida en que el analista de un
período histórico sea capaz de determinar las opciones abiertas
a ellos para su acción social y el modo en que adecuaron un
121
discurso ideológico tanto para definirlas como para alcanzarlas.26 Por el contrario, para los actores sociales que todavía se
debaten en el laberinto inmediato del horizonte social en que
les ha correspondido actuar, nada de esa lógica parece tener certidumbre. Sumidos ante la inmediatez de los hechos empíricos
de la cotidianidad, ellos parecieran no tener ningún significado
trascendental más allá de sí mismos.
Pero aun si podemos afirmar que, desde una perspectiva
posterior a los sucesos, las acciones humanas encuadradas en
un período histórico corresponden a la lógica de un proyecto
colectivo, de ninguna manera cancelamos el hecho de que
todo proyecto histórico se da en un escenario material, una
realidad táctica del todo indiferente a la voluntad humana, que
puede súbitamente cancelar su existencia de modo catastrófico:
cataclismos terráqueos, inesperadas consecuencias de acciones que pueden resultar en hecatombes humanas, epidemias
incurables y, sin duda, la posibilidad a veces más intensa de
un holocausto nuclear que destruya a toda la humanidad. Por
lo tanto, en la búsqueda emocional de una estabilidad, de una
trascendencia y de una permanencia de esas significaciones, los
actores sociales sienten la necesidad de referir la inmediatez de
esas experiencias a un orden ahistórico, es decir, a paradigmas
extemporales que en verdad no pueden derivarse lógicamente
de esas experiencias ni pueden explicar esas realidades y, menos aún, predecir ni ejercer influencia alguna sobre los hechos
sociales, a menos que la visión de mundo que contengan sea
asumida por generaciones presentes y posteriores.
Como afirma Kolakowski, en la búsqueda de esas tres
categorías –estabilidad, trascendencia y permanencia– "De
hecho parece como si se mostrara en todas un motivo común:
el deseo de suspender el tiempo físico recubriéndolo con la
forma mítica del tiempo: aquella que en el fluir de las cosas
no sólo permita ver la transformación, sino la acumulación,
o que permita creer que lo pasado, respecto de su valor, se
conserva en lo duradero, que los hechos no sólo son hechos,
sino materiales de un mundo de valores que se pueden salvar
pese a la irreversibilidad de los sucesos. La creencia en el
orden teleológico oculto en la corriente de la experiencia nos
122
da derecho a suponer que en lo pasado crece y se conserva
algo que no es efímero; que en la fugacidad de los hechos
se acumula un sentido no visible directamente, y que, por lo
tanto, sólo el nivel visible de la existencia es alcanzado por la
decrepitud y la destrucción, pero no en el segundo, que resiste
la ruina" (p. 14).
La aceptación y reconocimiento de la mitificación como
necesidad humana introduce una problemática crucial: la responsabilidad moral y ética del ser humano ante una historia
que está construyendo permanente e ineludiblemente. Después
de todo, la producción de mitos es un esfuerzo por escapar de
una realidad material esencialmente indiferente a los valores
construidos por el ser humano. En este plano se instalan los
conflictos sociales a nivel mítico.
Reconociendo que la producción mítica responde a una
necesidad histórica, paralelamente se da el peligro de que la
aceptación social del mito se convierta en una forma ideológica de enajenar a los seres humanos de la noción de que ellos
son quienes colectivamente construyen la realidad social y no
una élite heroica. En otras palabras, a la vez que necesitamos
algún grado de sacralización de los valores comunitarios para
promover la autorreproducción social, estamos en permanente
peligro de caer en la trampa manipuladora de llegar a creer que,
por tanto, esos universos simbólicos construidos en el pasado
–en los que fuimos introducidos con nuestro nacimiento, y que
servirán de plataforma para nuestra proyección hacia el futuro– son de naturaleza inamovible e incuestionable, puesto que
fueron construidos por seres ahora elevados a la eminencia de
héroes sagrados. De esta perversión social del valor mítico nace
la posibilidad de un dogmatismo dictatorial que aliena del ser
humano su ineludible identidad de actor de la historia colectiva
a través del convencimiento o la represión para que abandone
su responsabilidad de partícipe en la permanente reconstrucción de su sociedad y la delegue en una élite heroica (quizás
militar, como en Chile). Una vez consumada esa delegación,
el ser humano se convierte en masa anónima, sin referentes
comunes reales, disperso, ensimismado en su cotidianidad, sin
convicciones apasionadas, solitario, fragmentado y desintegrado
123
tanto individual como comunitariamente, propenso a dolencias
mentales y psicosomáticas e incapaz de solidaridad: "La mitología sólo será socialmente fecunda si está expuesta a una
permanente sospecha, si se la vigila de continuo para que no
se convierta, de acuerdo con su inclinación natural, en un narcótico. Sabemos también con seguridad que el individuo puede
cumplir esa vigilancia. En cambio, no sabemos bien si esto es
posible para el ritmo con que el mito opera socialmente o, al
menos, por otro camino que no sea una división del trabajo que
reconozca, a unos, la dignidad parcial de guardianes del mito,
y a otros, la dignidad parcial de críticos del mito" (p. 109).
La última cita nos permite atisbar ya un entendimiento
de la función social del MCTSA desde su situación microcósmica. Como micro-grupo social pluralista, desde su cotidianidad más inmediata, utilizando una simbología eminentemente
cristiana, interpela a una sociedad civil desarticulada, dispersa,
aparentemente desprovista o incapaz de una conciencia que la
movilice para dar término al terror estatal, recordándole que en
su pasado hay una acumulación mítica liberadora que debería
reasumir para reconstruir un universo simbólico con el que
logre recuperar una dignidad perdida por haber sido paralizada
no sólo por el terror estatal, sino por el heroicismo espúreo de
los mitos militares.
Observábamos anteriormente que, debido a la ubicación
del MCTSA en una cotidianidad drásticamente limitada por
la represión, su propuesta para la reconstrucción del universo
simbólico nacional estaba forzosamente caracterizada por la
carga de contenidos emocionales más bien propias de la comunicación del cara-a-cara que por los grandes artificios de
la abstracción intelectual propios de instituciones mediadoras
entre la sociedad civil y el Estado. Esto se comprende si tomamos en cuenta que es a nivel de cotidianidad donde se dan
las dimensiones existenciales de toda experiencia socialmente
significativa. A este nivel, inescapablemente nos encontramos
con categorías que son fundamentales para el tipo de discurso
que el MCTSA elabora –categorías tales como fe, sufrimiento,
dolor, miedo, amor, esperanza, suicidio, sacrificio– que en un
discurso político más abstracto tendrían mucho menor relevan124
cia. Por tanto, detengámonos para examinar el origen de estas
categorías existenciales como consecuencia de la necesidad
mítica ya problematizada.
Esas categorías existenciales surgen, en los argumentos
de Kolakowski, por el hecho de que los mitos extemporales y
empíricamente inverificables que el ser humano elabora para
asegurarse la estabilidad, trascendencia y permanencia del valor
de su acción social deben ser asumidos a través de un salto de
la imaginación en que gratuitamente, sin bases reales, arbitrariamente, decide entregar su confianza total, sin justificación
ni cálculo. Por este acto de fe, la confianza que el ser humano
entrega a quienes lo acompañan en la aceptación del mito se
transforma en esperanza. Esperanza es el reconocimiento tácito
de que la realización del estado de cosas expresado en el deseo
mítico es primordialmente una tensión del todo incierta, aunque posible y probable, hacia su materialización concreta. Esto
exige una constante renovación de la lealtad tanto a la utopía
mítica como a la colectividad que la apoya y busca concretarla.
Esa renovación periódica se da con el entendimiento también
tácito de que toda concreción real en la acción práctica será,
realmente, sólo una pálida aproximación al ideal deseado: "En
el movimiento de la esperanza me dirijo así hacia la otra persona como participante del campo mítico, donde se realiza el
intercambio entre nosotros. Me vuelvo hacia ella, como en la
perspectiva de la liberación, para experimentar mi fragilidad,
mi deficiencia, mi dependencia" (p. 52).
El amor surge de ese pacto de la esperanza y se experimenta como una tensión espiritual en movimiento hacia un
destino de valor infalible, absoluto y quizás inexplicable, en el
que se busca la unión total, definitiva e inmediata, nunca del
todo satisfecha, con lo deseado, pasando por sobre todo obstáculo y cortapisa, aun a costa de un sacrificio autoaniquilador,
sentido indispensable para comprender la inmolación de Sebastián Acevedo, ya sea desde una perspectiva laica o religiosa.
Es un camino iniciado con una entrega gratuita, sin cálculo
ni pretensión, asumido con una voluntad de compromiso sin
obligaciones ni autorizaciones, sin plazos específicos, experimentada en una dimensión de presente eterno, involucrando
125
todo y a todos los que son enaltecidos por participar en la
voluntad mitificadora.
En situaciones como la del Chile actual, sumido en el
fascismo, la tensión amorosa hacia la plenitud mítica de una
sociedad reconstituida como colectividad libre, en un universo
simbólico nuevamente compartido, sufre las crisis constantes de
la experiencia del miedo y del dolor, ya sea físico o espiritual,
causado por la represión. Hagamos un énfasis en el aspecto
físico, puesto que es el problema de la tortura el que ha servido
de convocatoria para la existencia del MCTSA.
Para Kolakowski la experiencia del dolor corporal lleva
a una de las comprensiones más radicales de la indiferencia de
la realidad material frente a las pretensiones de permanencia del
espíritu humano. Sumidos en una cotidianidad caracterizada por
rutinas de trabajo, familia, deportes, amor, contactos sociales,
etc., en que, como estado de "normalidad" dominadora, hemos
interiorizado algunos de los valores y proyectos sociales y
míticos que movilizan a la colectividad, la experiencia súbita
del dolor traumático nos trae repentinamente la radical diferenciación entre una materia corporal y una conciencia espiritual
que hasta entonces habíamos experimentado como unidad
indisoluble. Acostumbrados como estábamos a asociar nuestra
conciencia con nuestra identidad de ser, experimentamos la
perplejidad de que esa materialidad se vuelve contra nosotros
para dañarnos sin que tengamos escapatoria. Queda patente
para nosotros, en ese momento, la esencial indiferencia de la
realidad, especialmente en el caso de la víctima de torturas
por parte del Estado terrorista omnipotente, para quien el ser
desvalido no tiene recurso ni amparo: "En el dolor corporal,
el cuerpo que soy me abandona, dejo de ser ese cuerpo y me
convierto en la experiencia de él, es decir, precisamente en la
experiencia del sufrimiento. El dolor corporal no me reduce a
mi fisiología; por el contrario, descubre la virtual ajenidad de
ella a mí, su incancelable soberanía. En el sentimiento de la
división que aparece en el dolor corporal, el fenómeno de la
indiferencia del mundo se percibe de la manera más sensible,
pues concierne a ese fragmento del mundo con el cual yo solía
experimentar la más inmediata intimidad. Todas nuestras luchas
126
con la caducidad de la physis humana son intentos de recuperar
la identidad de cada cual con su cuerpo; todos estos esfuerzos
han de superar la repentina indiferencia y ajenidad del cuerpo
frente "a mí", acostumbrarlo a una amistosa confianza conmigo, y finalmente garantizar el sentimiento de la coincidencia
perfecta. La extinción del dolor es la experiencia del retorno
al cuerpo" (p. 75).
Ante el dolor que fragmenta el ser, una reacción radical
es el suicidio. Se trataría de una forma de escape en que no
sólo se huye ante el dolor y la indiferencia de la realidad, sino
que, simultáneamente, la víctima hace arma de sí mismo para
tomarse una venganza ilusoria, retornándole una medida igual
de indiferencia al ultimarse con su propia mano. Ilusoria porque
percibir esa venganza supone la presencia actual de la conciencia que precisamente ha desaparecido. Por tanto, el mundo no
es castigado, no es necesariamente conmovido ni radicalmente
modificado por la ausencia del suicida.
Por el contrario, mejor arma de resistencia es el esfuerzo
por convertir la experiencia del dolor inerme en una forma
de sufrimiento liberador. El sufrimiento se transforma en tal
liberación en la medida en que el doliente asuma radicalmente
la indefensión a que está sometido, aceptando el dolor como
experiencia de aprendizaje disciplinario. La víctima motivada
por un mito que convoca a la liberación cuenta con la capacidad potencial de recuperar el centro y el equilibrio de su ser
para asumir calma y quietamente el dolor y la indiferencia para
transformarla en fortaleza moral nacida del sufrimiento, la cual
le permitirá erguirse con dignidad, más adelante, pasada la
crisis del trauma, para desafiar los orígenes y causas que han
hecho del mundo un espacio de la indiferencia. De este modo,
el dolor inerme, convertido ahora en herramienta y acopio de
recursos espirituales, reafirma la fe, la esperanza y el amor
que sustentan y recuperan nuevas y antiguas solidaridades.
Para comprender el sentido de las actuaciones del MCTSA,
es del caso señalar que el cristianismo ha hecho énfasis en la
asunción del sufrimiento como sacrificio salvífico, aspecto que
exploraremos especialmente en la segunda parte de este estudio,
en torno a la inmolación de Sebastián Acevedo.
Pudiera parecer que la exploración de estas categorías
127
existenciales son un ejercicio del todo alejado de nuestro tema.
Sin embargo, tendremos ocasión de señalar su pertinencia como
marco de introducción al examen de la elaboración mítica que
ha hecho el MCTSA de sus propósitos y experiencia acumulada.
Como acto preparatorio, nuevamente seguiremos la estrategia
de transcribir documentos de importancia. El primero pertenece
a un portavoz anónimo del movimiento, en que explica la naturaleza de la organización, sin duda ante un auditorio presente; el
segundo es un recuento de la actividad del MCTSA al término
de su primer año, que pertenece al padre José Aldunate, s.j.,
preparado especialmente para la revista Mensaje de Santiago
de Chile (N° 333, octubre, 1984), publicación de la Iglesia
Católica; el tercero es una "Reflexión sobre la tortura en Chile:
Los pies de barro", también del padre José Aldunate, aparecido
en Tortura, Documento de Denuncia, 1er semestre, 1985, del
Comité de Defensa de los Derechos del Pueblo (CODEPU); y
finalmente el libreto usado por el maestro de ceremonias anónimo en el acto de celebración del segundo año de actividad
del movimiento, a fines de1985.
(DOCUMENTO N°1)
MOVIMIENTO CONTRA LA TORTURA
"SEBASTIAN ACEVEDO"
Por el pájaro enjaulado
por el pez en la pecera
por mi amigo que está preso
porque ha dicho lo que piensa
por las flores arrancadas
por la hierba pisoteada
por los árboles podados
por los CUERPOS TORTURADOS
yo te nombro Libertad.
Sorpresa causó entre los transeúntes y automovilistas que
pasaban por calle Borgoño, en el sector norte de la ciudad de
Santiago, cuando vieron el día 14 de septiembre de 1983 que
un grupo de alrededor de setenticinco personas se sentaban
en la calle frente al número 1470, desplegaron un lienzo que
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decía "AQUI SE ESTA TORTURANDO A UN HOMBRE" y
con el índice apuntaban al portón gris que encubría uno de
los cuarteles secretos más siniestros de la Central Nacional de
Informaciones (CNI).
Como todo aquel que desafía "el orden establecido", el
grupo fue reprimido cuando se alejaba del lugar. Varias personas fueron detenidas, habían osado desenmascarar esa casa
de tortura. Pero el desconcierto de la policía no terminó ahí;
cuando detenían a algunos manifestantes, el resto de ellos, en
vez de huir del lugar, se quedaron solidariamente con sus compañeros, elevando por ende el número de los detenidos. Con
esta manifestación nacía un grupo de Derechos Humanos que,
por primera vez en Chile, ligó la denuncia teórica de la Tortura
con la denuncia a través de acciones concretas. Un grupo que
intenta dar un TESTIMONIO PROFETICO, ser un fermento
que interpele, que irradie fuerza, que involucre a los demás.
No respondemos a las agresiones físicas ni verbales. Las
resistimos con convicción y, si cabe la posibilidad, interpelamos
a nuestros agresores a través de un diálogo directo. Esta actitud, unida al hecho de no irnos del lugar hasta que termine la
manifestación como la habíamos programado, sabemos que a
algunos los desconcierta y cuestiona. Tratamos con esta práctica
de deslegitimar la violencia institucional.
¿De dónde viene nuestra fuerza, la mística del grupo? De
la firme convicción de que la Tortura es cruel, inhumana, degradante. Que la VIDA tiene que ser respetada, que el HOMBRE
tiene que ser respetado. También del hecho que los torturados
tienen rostros concretos; se llaman María, Juan, Lucho, estamos
unidos a ellos con la esperanza de romper su incomunicación,
de tomamos de sus manos encadenadas y abrazar sus cuerpos
quebrantados. Creemos que existen misteriosos canales que
pueden hacer llegar a ellos, en los oscuros escondites donde los
tienen, la solidaridad de amigos, hermanos y compañeros.
¿Cómo el Movimiento se manifiesta?
A través de gestos simbólicos, de acciones en el lugar
previamente elegido, que puede ser una casa de Tortura que
hayamos descubierto o algún lugar céntrico que concite la
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atención pública. Siempre se lleva un lienzo que se deja en
el lugar y que enfatiza lo que se quiere denunciar. Repetición
de palabras o letanías alusivas; también se canta el himno
"Yo te nombro Libertad". Se tiran volantes y a veces se deja
una frase pintada en la pared o en el suelo, un rayado. Es
esencial la presencia de los medios de comunicación, tanto
locales (democráticos y alternativos) como extranjeros. Ellos
han permitido en gran parte que la denuncia tenga impacto en
la opinión pública.
Hay otro tipo de acciones que son de denuncia simultánea; es decir, el grupo se divide en el sector que quiere
sensibilizar o interpelar. Por ejemplo, el 27 de abril, día del
Carabinero (policía), el Movimiento se convocó en pequeños
grupos ante diversas comisarías y ante carabineros apostados en
el sector céntrico de Santiago llevando a ellos un saludo y el
cuestionamiento de cómo su institución está involucrada en la
práctica de la Tortura. Se hizo esto a través de conversaciones
y cartas entregadas personalmente.
Para la Navidad de 1984 se visitó diversas Parroquias
del Barrio de la Burguesía y del sector céntrico y se entregó
un saludo navideño que pedía: "Por una Navidad sin Herodes
y un Año Nuevo sin torturadores".
Dos meses después de esa primera denuncia el grupo
tomó el nombre de "Sebastián Acevedo". Fue en homenaje
al obrero que en noviembre de 1983 se inmoló frente a la
Catedral de Concepción para exigir que la CNI le devolviera
a sus hijos.
La inhumana práctica de la Tortura introducida en forma
sistemática por la dictadura militar llevó a este grupo de personas a interiorizarse del problema: ¿Quiénes son las víctimas?;
¿a qué tipo de Torturas son sometidas?; ¿cuáles son los efectos
físicos, sicológicos y sociales?; ¿quiénes son los torturadores?;
¿dónde se esconden?; ¿quién los protege?. En fin, un sinnúmero de interrogantes que hay que estar alertas a responder para
poder solidarizarse eficaz y oportunamente con las víctimas y
poder desenmascarar a los victimarios.
Un gran OBJETIVO une al grupo: "Crear conciencia nacional sobre la práctica de la Tortura y luchar por su abolición".
130
Su vía de denuncia es la no-violencia activa.
Está formado por laicos, religiosas, sacerdotes, familiares
y víctimas de la represión, obreros, dueñas de casa, estudiantes,
profesionales, miembros de comunidades cristianas populares
y de grupos de Derechos Humanos. En él convergen cristianos
y no creyentes, con diferentes posturas políticas. En medio de
la heterogeneidad, algo nos une profundamente: NO queremos
ser más CIEGOS, SORDOS, MUDOS frente a este atropello.
Existe el deseo de vencer el miedo, la comodidad, arriesgar
para llamar a la conciencia de cada uno y todos los chilenos,
esperanzados en que un repudio general pueda erradicar de
nuestro pueblo esta perversión. La OPCION POR LA VIDA
nos une más allá de las diferencias políticas, religiosas o de
clase social.
Tratamos de mantener este pluralismo y la democracia
interna, de ahí que las decisiones habitualmente son colectivas.
Queremos hacer nuestro propio camino, funcionar con una
dinámica y recursos propios. Es por eso que nos mantenemos
autónomos de instituciones y organizaciones sociales (partidos
políticos, Iglesia). Tampoco queremos institucionalizarnos, de
ahí que no tengamos sede, ni timbre, ni directiva. Queremos
ser, como hasta el momento, un Movimiento en que todos nos
sentimos responsables de su caminar, cooperando en las tareas
específicas. Un grupo al que la práctica le va enseñando las
formas más adecuadas para enfrentar el miedo, la represión,
las "leyes" y el cómo funcionar mejor.
Hemos aprendido mucho en esta caminata. Por ejemplo,
la fuerza que da el grupo para vencer el miedo. Todos somos
responsables de todos, de ahí que nunca permitimos que se
lleven detenido a un solo compañero.
Hay actividades de sensibilización que son más amplias,
hechas a través de campañas con cartillas. Por ejemplo, sobre la
Ley Antiterrorista; sobre la Tortura y posterior desaparecimiento del joven obrero Juan Antonio Aguirre; sobre la relegación
de dos compañeras luego de haber sido detenidas en una de
las manifestaciones.
Se conmemora el aniversario del Movimiento con un
gran acto público. Este ha sido uno de los momentos más
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significativos. Se motiva a los asistentes a reflexionar sobre el
problema de la Tortura a partir de audiovisuales (videos, diapositivas), foro-panel, estadísticas, se comparte el Testimonio
de algún afectado.
Se han enviado cartas a servicios públicos y privados, a
embajadas, consulados, al Nuncio.
También se solidariza en actividades convocadas por
otros grupos de Derechos Humanos cuando están relacionadas
con nuestro objetivo específico. En este sentido estamos conscientes de que, por la gravedad del problema, la denuncia y la
movilización no pueden ser algo privativo del Movimiento.
Los participantes continuamente están siendo invitados
para dar Testimonio en diversas organizaciones y comunidades.
El factor sorpresa es un elemento a considerar para que
las acciones tengan éxito, por tanto tenemos que poner en juego
la creatividad para lograr mantener la atención sobre el problema. Una cosa nueva que se hizo hace poco (octubre de 1984)
fue subir simultáneamente a tres vagones del Metro, entre las
estaciones más concurridas, y dirigirse a los pasajeros denunciando a los organismos del régimen que están involucrados en
la Tortura. La reacción de los pasajeros fue de adhesión.
¿Qué y a quiénes se denuncia?
Principal preocupación tenemos en dar a conocer la situación de los afectados.
Denunciamos a:
Los torturadores, que son parte del sistema de la dictadura; los servicios de seguridad, la policía, el ejército, Investigaciones, la CNI. Es tarea prioritaria descubrir sus cuarteles
secretos, indagar qué personas han estado ahí. Hemos ido al
Cuartel General de la CNI; a la 26a Comisaria de Carabineros;
al cuartel de la CNI ubicado en la calle Borgoño; al cuartel de la
Dirección de Comunicaciones de Carabineros (DICOMCAR),
situado en pleno centro de Santiago.
A los que por su posición en el gobierno tienen una
responsabilidad que no pueden soslayar. Por ejemplo, el Ministro del Interior. Al ex-Ministro Onofre Jarpa le dirigimos una
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carta pública que fuimos a dejar a su despacho y que luego
repartimos masivamente.
A los cómplices, a quienes sabiendo de esta infernal
práctica no hacen nada por erradicarla y muchas veces la
ocultan:
Los Tribunales de Justicia: los familiares han suplicado
mil veces el Habeas Corpus. "No ha lugar" es la respuesta y
los desenlaces han sido trágicos. Dos veces hemos ¡do a ese
lugar a manifestar nuestro repudio, además nos hemos entrevistado y enviado carta al Presidente de la Corte Suprema.
Los medios de comunicación oficialistas: otro poder
que se ha vuelto sordo frente a hechos que claman al cielo y los
recubren con un manto de silencio. Hicimos una manifestación
frente al periódico El Mercurio enrostrándole su complicidad y
la de otros periódicos y canales de televisión (TV Nacional).
El principal desafío es la continuidad de la PRACTICA
en un clima de represión y sanciones legales en aumento.
Otro desafío es ayudar a que más personas se sumen y
arriesguen en una práctica, LA DEFENSA DE LA VIDA.
Nos preocupa permanentemente mantener nuestra autonomía y especificidad frente a otros grupos y organizaciones.
Un desafío importante es lograr que la Iglesia Católica,
como institución, respete y apoye a los Agentes de Pastoral que
han asumido un compromiso en la defensa de los Derechos
Humanos. Se pide una consecuencia evangélica.
Las personas, grupos sociales e instituciones que, por su
adhesión ideológica al régimen, aceptan esta práctica demencial
de la Tortura y otras personas que, no estando de acuerdo con
esa práctica, prefieren la comodidad del silencio para evitar el
conflicto.
Logros y desafíos
Vemos una creciente sensibilización frente al problema
de la Tortura, a pesar de que el índice de torturados ha ido en
aumento. Esto se entiende dentro del contexto global en Chile,
porque el régimen necesita de la Tortura y otros atropellos para
sostenerse. Pensamos que nuestro aporte es la gota de agua que
cae en la roca con la esperanza de romperla. Seguimos como un
homenaje a los muertos en Tortura, como una forma concreta
de solidarizarnos con los que siguen siendo torturados y para
impedir que otros lo sean.
Queremos ir destacando el hecho de cómo el Movimiento
ha ido creando la UNIDAD a través de una PRACTICA. Un
objetivo común posibilita el encuentro de distintos credos y
posturas políticas. Todos queremos luchar por la VIDA partiendo de algo tan fundamental como es cuidar de la integridad
de la persona.
El Movimiento ha servido como referente para que se inicien prácticas similares en otros lugares. También para mostrar
que el miedo no nos puede paralizar, que tenemos la obligación
de deslegitimar la violencia institucional del régimen. Si no,
perderíamos lo más valioso que tiene un pueblo, su DIGNIDAD, su lucha por conseguir una sociedad JUSTA.
Respuesta del régimen
Frente a datos concretos, el régimen nunca ha asumido la
responsabilidad que le cabe en este atropello. A lo más se ha hablado de la responsabilidad individual de algún funcionario.
Ahora, en relación a nuestra acción, ha respondido con
una violencia creciente. Se trata al Movimiento como a un
delincuente; se le "castiga" como si los que reclaman por algo
tan esencial, en torno a lo cual cualquier ser humano debería
oponerse, fueran "culpables", mientras los verdaderos victimarios siguen libres y protegidos. Es la terrible paradoja del
mundo al revés.
En la realidad, la represión se ha traducido en golpes, uso
del carro lanza-agua ("guanaco") y de bombas lacrimógenas;
en una oportunidad se nos dispararon perdigones. Innumerables
detenciones, llegando una vez a ciento veinte la cifra de los detenidos, entre ellos muchos periodistas que estaban reporteando
la manifestación. Cuando se está detenido es habitual que los
servicios de seguridad hagan una ficha que luego pueden usar
arbitrariamente. Esta incluye datos personales, fotos, huellas
dactilares. En algunos casos se exige el pago de una multa para
salir en libertad. Al negarse el detenido a cancelar, se inician
largos procesos, pero el afectado insiste por la vía legal (hasta
133
134
donde se le permita) en que no es justa la medida aplicada.
Para graficar lo anterior, podemos decir que hay un proceso en
trámite desde hace un año. Cuando se acaben las diligencias, si
se resuelve en contra de los afectados, hay un grupo dispuesto
a ir a la cárcel y no cancelar la multa, esto como una forma
de resistencia a las leyes injustas.
No sólo golpes o detenciones hemos sufrido. También
se ha relegado a compañeras por un período de tres meses
a lugares apartados del país. Siempre está presente en medio
de nuestra lucha el sacerdote norteamericano Dennis 0'Mara,
quien fue expulsado en diciembre de 1984 luego de cinco días
de detención por el solo "delito" de repartir unas tarjetas de
Navidad a la salida de un Templo, en la cual se pedía por un
Año Nuevo sin torturadores.
Este fue el Testimonio, limitado (por espacio y seguridad), de una integrante del Movimiento, quien
tiene certeza de que este tipo de práctica, unida
a otras luchas, son la semilla que hará posible la
instauración del REINO en nuestra Historia. Sólo
la lucha decidida contra el Poder opresor nos Libertará.
(DOCUMENTO N°2)
POR LOS CUERPOS TORTURADOS...
MOVIMIENTO "SEBASTIAN ACEVEDO"
José Aldunate, s.j.
Un año ha cumplido el Movimiento Contra la Tortura
"Sebastián Acevedo", Un año en que hemos salido a las calles
mes a mes. Nos juntamos por primera vez el 14 de septiembre
de 1983, frente al portón gris de Borgoño 1470. Allí nos sentamos en la calle y desplegamos un lienzo que decía "AQUI SE
TORTURA". Con los brazos estirados señalábamos el cuartel
secreto de le CNI. Luego cantamos por primera vez lo que en
adelante sería nuestro himno de todas las veces:
Por el pájaro enjaulado,
135
por el pez en la pecera
....................................
por los árboles podados,
por los cuerpos torturados,
yo te invoco LIBERTAD.
ESCRIBO TU NOMBRE
EN LAS PAREDES DE MI CIUDAD.
Desde entonces hemos desplegado este nombre sobre
muchas paredes de esta terrible ciudad, ciudad donde operan
fuerzas ocultas, donde cualquiera casa puede ser una cárcel
secreta... ciudad donde se tortura.
Al mes estábamos de vuelta a Borgoño 1470. Teníamos
noticias de nuevos detenidos a quienes allí se estaría torturando.
Esta vez nos colocamos junto al portón y cantamos más fuerte
para que, si fuera posible, nos oyeran los allí torturados. Con
gestos simbólicos que expresaban nuestros deseos, procuramos
romper la soledad de su incomunicación, tomarnos de sus manos encadenadas, abrazar sus cuerpos quebrantados. Creemos
que existen misteriosos canales que pueden hacer llegar a los
que padecen en las más hundidas mazmorras, la solidaridad
de los amigos.
Nos retiramos finalmente de ese portón, que no puede
traspasar el abogado, el médico de confianza, el familiar, el
amigo. Nada que signifique humanidad o justicia. Sólo puede
entrar el torturador, sus auspiciadores y sus cómplices.
Es más, la justicia, esto que llamamos "nuestra Justicia" tiene abandonados a los torturados. "¡Habeas corpus!"
–"¡Amparen sus cuerpos!", le han suplicado mil veces padres
angustiados y esposas desesperadas. Y nuestra Justicia se ha
negado. "No ha lugar" ha sido su respuesta. ¡"No ha lugar"!
Para la función primera e irrenunciable de toda justicia: amparar
los cuerpos.
Por esto fuimos, quince días después, a gritar nuestra
indignación ante los Tribunales de Justicia. En ese solemne
encuadramiento del frontis del Palacio, desplegamos la acusación más dura que se ha hecho allí, pero que nadie podrá
136
responsablemente desmentir: "SE TORTURA Y LA JUSTICIA
CALLA". Pensaba en ese momento cómo llorarían los ángeles
de la justicia que presiden ese escenario, y me preguntaba si
algún magistrado, alguna vez, habrá llorado por los cuerpos
torturados. Cantamos, pues, con fuerza "por los pájaros enjaulados y los cuerpos torturados".
Luego, una delegación, nos asomamos al ámbito interior
de los Tribunales y nos dimos cuenta con desesperación que
ninguno allí había escuchado nuestro canto ni visto nuestro
lienzo. En esos espacios abovedados, lo que resonaba no era
precisamente la voz de la Justicia, sino la ley de un régimen
opresor.
Llevábamos una carta del Movimiento para el Presidente
de la Corte Suprema, y conversamos con él. Allí supimos que
un magistrado al menos, había llorado, y más de una vez, por
los cuerpos torturados.
Pero hay otro Poder que se hace sordo frente a hechos
que claman al cielo y que puede además recubrirlos con un
manto de silencio. Nuestra cuarta visita fue a la prensa y, más
particularmente, a El Mercurio. A las puertas de este diario
desplegamos nuestro lienzo: "EN CHILE SE TORTURA Y
EL MERCURIO ES CÓMPLICE". Un lector fue recordando
sucesivamente múltiples hechos de tortura y de muerte en que
El Mercurio o calló, o disimuló o manipuló la noticia. Trescientas voces respondían coreando: "El Mercurio es cómplice".
Una carta dejada al Director lo emplazaba a tomar posición
contra la tortura, hasta ahora tema tabú; de lo contrario, ¿qué
autoridad moral tendrá para disertar sobre la verdad, la justicia
y la convivencia social?
Otros carteles llevaban el mensaje a otros rotativos sobre
los que también pesa esta complicidad. Estuvimos casi media
hora sobre las veredas de El Mercurio para asegurarnos de
que el mensaje fuera escuchado, y cantamos dos veces nuestro
himno. Llegó finalmente la policía para dar más solemnidad
a la ocasión. Detuvo a uno, y cuando nos sentamos alrededor
de la "cuca" (vagón policial para conducir a detenidos), llegó
el "guanaco" (furgón lanza-agua). En vista de que los chorros
no nos movieron, nos desplazaron a viva fuerza. Pudo salir la
137
"cuca" y nos dispersamos.
Sebastián Acevedo
Mientras tanto, el 11 de noviembre, en la lejana ciudad de
Concepción, un obrero, Sebastián Acevedo, se había inmolado
a lo bonzo frente a la Catedral. Murió clamando: "Que la CNI
me devuelva a mis dos hijos". Fue un remezón fuerte para la
conciencia nacional. Amplios sectores, y entre ellos la Iglesia
de Concepción, pidieron la supresión de la CNI. Asumimos
entonces el nombre del que murió para que se terminara con
la tortura. Nuestra acción se llamará en adelante "Movimiento
Contra la Tortura Sebastián Acevedo".
Por esto también, nuestra quinta acción tenía que ser
ante las oficinas centrales de la CNI, en la calle República,
quinta cuadra, allí desde donde el general Gordon dirigía el
cuerpo policial. Precisamente en esos días había respondido
enfáticamente, en entrevista a Raquel Correa (El Mercurio, 4
de diciembre): "No, la CNI no tortura". En la entrada a la calle
República, sobre la Alameda (Libertador Bernardo 0'Higgins),
desplegamos nuestro lienzo: "LA CNI TORTURA".
Nos preparábamos para marchar por República hasta la
sede del organismo, para cantar allí nuestro himno, cuando
intervino la policía, los bastonazos y el "guanaco"; llovieron
bombas lacrimógenas y detuvieron a varios. Veinte y tantos
llegamos finalmente a nuestro destino, pero en el carro policial.
Nos detuvieron en la Comisaría de Toesca con República y nos
fueron a visitar los de la CNI.
En enero, a los dos meses de la inmolación de Sebastián
Acevedo, nos juntamos en la puerta de la Catedral para recordar
su mensaje. Llevábamos flores que significan la fuerza de vida
que ha surgido de su muerte. Las depositamos configurando el
lugar donde habría caído. "QUE LA CNI ME DEVUELVA A
MIS HIJOS". Pensamos que este grito de un padre ha de remecer el corazón mismo de la Iglesia, que en esta conjuración
del silencio podría olvidarse de que es madre también de los
torturados.
Territorio de tortura
138
El Gobierno, en los meses de verano, insensible a la
indignación nacional contra la CNI, elaboraba una "ley antiterrorista" que venía a afianzarla y legitimarla.
El tercer domingo de marzo, en todos los templos de la
ciudad, la Cuaresma recordaba a los cristianos cómo Cristo se
enfrentó a las fuerzas del mal para liberar al hombre. Los fieles,
al salir de sus iglesias, pudieron recibir de nuestras manos un
"Llamado de alerta" que les hiciera comprender en qué términos
podría hoy plantearse la lucha entre el Reino de Cristo y las
fuerzas de la mentira y de la muerte. Recibieron un folleto:
"Se quiere legitimar la tortura y la CNI" que les explicaba el
alcance de la nueva ley. Se esbozaron en ciertos sectores de
Providencia y Barrio Alto algunas disputas teológicas que no
llegaron más allá... Por de pronto, no hubo detenidos.
El 11 de abril volvimos por tercera vez a Borgoño. Volvimos a ese tétrico lugar porque allí estaban los cuerpos torturados. Tal vez nos llevaba también ese impulso desafiante que
arrastraba a los antiguos anacoretas al desierto para enfrentarse
allí con los poderes infernales en sus propias guaridas. ¿No era
Borgoño 1470 el foco maligno que difundía perversión y muerte
sobre toda la ciudad? El número de los torturados había crecido
y la práctica se había difundido a otros organismos policiales.
Teníamos datos fidedignos de personas recientemente torturadas. "TORTURADOS AQUÍ. MARZO-ABRIL" fue nuestra
leyenda. Dos lectores hicieron la denuncia ante el cuartel secreto y los demás pronunciamos en voz alta los nombres de las
víctimas, porque éstas tenían nombre. Había que proclamarlo
fuertemente allí donde eran envilecidos, como objetos que había
que estrujar para sacar de ellos alguna información útil o, aun,
algún goce sádico.
Borgoño 1470 ha sido declarado "cárcel pública de la
CNI" y su entrada oficial se fijó en Santa María 1453. "Cárcel
pública", a requerimiento del Ministro de Justicia, para que
no hubiese una cárcel secreta conocida tan públicamente. Pero
Borgoño –ahora Santa María 1453– sigue igualmente cerrada a
abogados, familiares y amigos, igualmente cerrada a la Justicia.
Es territorio exento de toda garantía de humanidad y derecho...
en suma, territorio de tortura. Y además es una pantalla, detrás
139
de la cual siguen funcionando múltiples centros clandestinos
de la CNI.
La tragedia de Carabineros de Chile
Por lo demás, como lo hemos indicado, el cáncer ha
extendido sus metástasis sobre otros organismos vitales del
cuerpo social. Entre ellos se cuenta el Cuerpo de Carabineros
de Chile.
Lo niegan, pero se sabe y consta por múltiples evidencias: Carabineros está torturando. No nos referimos al trato duro
y ocasional de siempre; nos referimos a la lesión corporal y a
veces grave, a la brutalidad aplicada deliberada y sistemáticamente para aterrorizar, al uso más sofisticado de instrumental,
por ejemplo, eléctrico. Ese cuerpo de los Carabineros de Chile,
que respetábamos por su vocación de servicio y por una tradición que los honra, ha sido infeccionado por el propio régimen
y se ha convertido también en un organismo torturador.
Comprendíamos con todo que no era lo mismo la institución y los hombres que la componen. El 27 de abril era el día
del Carabinero. Nos acercamos ese día a ellos, como amigos,
para saludarlos. Hasta ese día los habíamos encontrado en calles
y plazas como guardianes del orden, en la rudeza de sus golpes
y en el chorro de sus guanacos. Muchos habíamos conocido la
sombra de sus comisarías. Pero ese era su día, y los queríamos
reconocer como hermanos.
De uno o de a dos nos acercamos a ellos en sus comisarías, en sus puestos de guardia, en los "puntos fijos" que
cumplían. Fue bueno, en un apretón de manos, hallar al hombre
debajo del uniforme. Lo logramos, al menos en la mayoría de
los casos. Y conversamos sobre el servicio del Carabinero...
y también sobre la tortura. Les dijimos que su imagen había
cambiado, que ya son demasiados los que los miran con miedo
y odio; les preguntábamos por qué torturaban. En las comisarías se leyeron las cartas que les llevábamos. Ese día no hubo
ningún detenido.
Distinto sería el cuadro al mes siguiente. Volveríamos a
conocer la otra cara de la medalla, el sello que el régimen ha
impreso a la institución. Tocaríamos a fondo y desde dentro la
140
situación imposible en que ésta se debate, la verdadera tragedia
que sufre el respetable Cuerpo de Carabineros de Chile.
El 29 de mayo hicimos nuestra décima acción: una protesta pacífica en la Plaza de Armas. Fue por la Ley Antiterrorista, que salió finalmente publicada. El nuevo texto corregía
ciertas posiciones desorbitadas del primero, pero en definitiva,
legitimaba a la CNI, le permitía detener y encarcelar y permitía prolongar en diez días el tiempo de "interrogación", que es
tiempo de tortura. La praxis abusiva de la CNI, lejos de quedar
encauzada por la ley, se desbordaba con mayor impunidad.
Los sucesos recientes de Pudahuel daban testimonio de esto:
muchos torturados y hasta desaparecidos, particularmente un
padre y un hijo; la CNI negó tenerlos.
Nuestra protesta del 29 de mayo se refería a estos hechos.
Fue un simple desfile con pancartas y en absoluto silencio
alrededor de la Plaza (de Armas), sin bajarnos a la calle. No
alcanzamos a dar una vuelta y tuvimos a Carabineros encima
con desproporcionada violencia, rompiendo carteles, deteniendo
sujetos y golpeándolos. Como es nuestra costumbre, subimos
los que pudimos al bus para acompañar a los detenidos mientras
los restantes, rodeando el bus, cantaban:
Por el pájaro enjaulado,
por el pez en la pecera,
por el amigo que va preso
porque dice lo que piensa...
Esta vez la detención se hizo no a título de desorden
público, sino de Seguridad Interior del Estado. Tendremos que
preguntarle algún día al Ministro del Interior por qué protestar
contra la tortura significa comprometer la seguridad interior
del Estado.
Hubo muchos remolinos tanto fuera como dentro de la
Comisaría, donde nos detuvieron hasta cinco días. Los de afuera
se centraban en este interrogante: ¿Puede ser un delito protestar
contra la tortura? Se sancionó a dos sacerdotes extranjeros que
protestaron, retirándoseles su permiso de residencia definitiva.
Con lo cual se planteó una segunda pregunta: la tortura, ¿es
141
afrenta contra la humanidad, o simple asunto de política interna
en que el extranjero no debe meterse?
Los remolinos de dentro de la Comisaría fueron los originados por el carácter "no tradicional" de los detenidos, sus
visitantes, y los que merodeaban en el contorno. Todos, particularmente los detenidos, plantearon problemas a la disciplina
y a la moral de la Comisaría, que tampoco podían resolverse
con los métodos tradicionales.
Y recíprocamente, el haber conocido de más cerca la
disciplina y la moral de la institución, nos replanteaba serios
interrogantes que no es del caso dilucidar aquí. Digamos solamente que intuimos con espanto que Carabineros de Chile,
un cuerpo hecho para servir la vida, estaba siendo configurado
como instrumento de muerte. Llegamos casi a comprender por
qué Carabineros torturaba.
Constatamos con todo, dentro de la institución, la persistencia de un "resto de Israel" desde el cual podría todavía
reconstruirse lo que han sido y están llamados a ser Carabineros
de Chile.
Opción por la vida
El mes de junio fue un mes de reflexión: Habíamos vivido una corrida de experiencias intensas, personales y colectivas,
y deberíamos hacer una pausa. Nos juntamos a reflexionar,
entre otras cosas, sobre el miedo, porque no somos ángeles ni
robots, sino hombres y mujeres. Cualquiera cosa nos podría
sobrevenir: relegación y exilio, o –¿por qué no?– tortura y
muerte. Comprendimos la lección de "Pedro y el Capitán", la
fuerza incontrastable del que acepta sufrir y morir. ¿No decía
Cristo: "No temáis a los que matan el cuerpo y después de esto
no pueden hacer más?" (Luc. 12,4).
Junio estuvo bajo el signo de la mujer torturada y dinamitada, presumiblemente por la CNI. Reflexionamos sobre los
términos en que se inscribe nuestra lucha contra la tortura: la
opción por la vida o la opción por la muerte. Decidimos plantear esta alternativa a la conciencia de la nación.
El 19 de julio, en la rotonda central de la Alameda, ante
el Palacio de la Moneda, hicimos una manifestación relám142
pago. Desplegamos nuestra opción: "SI A LA VIDA, NO A
LA TORTURA". Una pancarta recordaba a Loreto Castillo, la
mujer dinamitada. En el centro de la ciudad y en el cruce de
sus caminos cantamos por la vida y por la libertad.
Precisamente, ese mismo mes, obedeciendo a una iniciativa de la Iglesia, se estaba convocando a la nación a optar
por la vida. Respondíamos a esta invitación, señalando, eso sí,
que optar por la vida es abstracto y vano si no se destierra la
tortura y todo el sistema que la sustenta.
Por esto nuestra duodécima acción debía emplazar a los
responsables últimos por la existencia de la tortura en el país.
El 22 de agosto nos presentamos en la Plaza de la Constitución.
Una delegación llevó una carta a La Moneda dirigida al Ministro del Interior. Le pedíamos que se definiera, que declarara
oficialmente "si está o no contra la tortura", y, si dice estar en
contra, que la suprima efectivamente.
Luego, en el lado opuesto de la Plaza, desplegamos en
un lienzo nuestra pregunta: "SR. MINISTRO, ¿SI O NO A LA
TORTURA?" Y cantamos a voz en cuello nuestro himno a la
libertad, haciendo resonar la Plaza de la Constitución, hecha
de historia y cemento, con ese nombre que se ha hecho tan
sospechoso y subversivo para el régimen.
Por el miedo que te tienen,
por tus pasos que vigilan,
por la forma que te atacan,
por los hijos que te matan,
yo te invoco LIBERTAD.
del pobre y marginado?
Fue grande, fue emocionante cantar a 200 voces en
ese escenario de la Plaza Constitución y ante el Palacio de la
Moneda ese nuevo himno a la libertad. Los carabineros nos
dieron tiempo para cantarla íntegramente en sus seis estrofas.
Nuevo himno decimos, porque se trata de una nueva libertad,
verdadero desafío para la nación. Una libertad no para unos
pocos afortunados, sino para la gran masa, más esclavizada
que nunca. Una libertad que habrá de construirse desde el
encarcelado, desde el torturado, desde el hombre desaparecido
o destruido. ¿No anunció Cristo su Reino de libertad a partir
En el libro de Daniel, la Biblia nos refiere el sueño de
Nabucodonosor y la interpretación que le dio Daniel. El Rey
de Babilonia vio una estatua inmensa, cuya cabeza era de oro,
el pecho y los brazos de plata, el vientre y caderas de bronce,
las piernas de hierro, y los pies, en parte, de barro. Una gran
piedra desprendida del monte chocó con los pies de barro y los
desmenuzó. Toda la estatua se vino abajo y no quedó rastro de
ella (cfr. Daniel 2, 32-25).
Así será, pronosticó Daniel, el fin del poder de Babilonia.
Pienso que los pies de barro de toda dictadura son la tortura.
143
Por las flores arrancadas,
por la hierba pisoteada,
por los árboles podados.
Por los cuerpos torturados
yo te nombro LIBERTAD.
Y con qué ilusión nos pareció que dejábamos esculpido el
nombre de LIBERTAD en el corazón mismo de nuestra ciudad
como señal de su destino y símbolo de nuestra lucha:
Escribo tu nombre por las
paredes de mi ciudad.
(DOCUMENTO N°3)
REFLEXIÓN SOBRE LA TORTURA EN CHILE
LOS PIES DE BARRO
José Aldunate, s.j.
144
Un sociólogo mundialmente reconocido, Alain Touraine, ha explicado por qué las dictaduras no transan en materia de tortura
y mantienen esta práctica a pesar de la pésima imagen que les
reporta. La razón es muy sencilla: tales regímenes se sustentan
sobre la tortura. Se levantan sobre esos pies. La tortura es para
ellos un instrumento eficaz que los mantiene en el poder.
Pero estos pies son pies de barro. Un sistema policial
represivo, que recurre a la tortura, es un sistema moralmente
corrupto, descompuesto. Una sociedad cuya tarea es organizar
la cooperación ciudadana, necesita poner su consistencia en
elementos nobles, necesita una sólida fundamentación ética. Por
esto mismo, no es fácil que una sociedad que torture reconozca
esta realidad. La cabeza de oro no ve los pies de barro.
Conciencia y realidad
Los sicólogos nos explican las cortinas de humo, las
ideologías legitimadoras y otros mecanismos con que el sujeto
se defiende para no reconocer la verdad cuando ésta le es ingrata. Sería muy revelador hacer una encuesta entre los partidarios
del Gobierno sobre la realidad de la tortura en Chile.
Algún sondeo de este género se hizo cuando Sebastián
Acevedo se inmoló el 11 de noviembre de 1983, desesperado
por haber caído sus hijos en manos de la CNI. Hubo de todo
en respuestas de personeros del Gobierno, desde la del general
Gordon, director de la CNI, quien afirmó con toda tranquilidad:
"La CNI no tortura", hasta la de Márquez de la Plata, que
dijo que situaciones no normales pedían medidas no normales.
Esto último podría equivaler a la respuesta de los generales
argentinos sobre la "guerra sucia", frase que pretende ser una
justificación: "La guerra tiene que ser sucia".
Creo que en nuestra sugerida encuesta encontraríamos
estas dos respuestas extremas (la que niega los hechos y la que
defiende lo indefendible), pero, además, encontraríamos toda
una gama de respuestas más o menos evasivas, nebulosas, contradictorias o frívolas, la mayoría encubridoras de la realidad.
Pensamos que la realidad se compone de dos evidencias: una
es que se tortura, y mucho, en Chile; la otra es que la tortura
es inhumana e inmoral.
145
Sobre la tortura hay en Chile sobrada evidencia. Nos
limitaremos aquí a ilustrarla y reflexionar.
La tortura en Chile
Sobre esta materia hay mucha información estadística y
descriptiva; está también la constatación empírica de todos los
que nos movemos en organismos de Derechos Humanos o simplemente en poblaciones marginales. Aportaremos elementos
que nos ayudarán a un mayor conocimiento de la realidad.1
La más autorizada definición que ha dado el Derecho Internacional sobre la tortura es la acordada por la Naciones Unidas en su "Declaración Contra la Tortura" del 9 de diciembre de
1975. Tortura es "todo acto por el que un funcionario público
(u otra persona a instigación suya) inflija intencionalmente a
una persona penas o sufrimientos graves, ya sean físicos o
mentales, con el fin de obtener información o una confesión,
de castigarla... o de intimidar a esa persona o a otras". "No son
tortura –se añade– las penas y sufrimientos inherentes a una
privación legítima de la libertad".
El inciso 2 observa que "la tortura constituye una forma agravada y deliberada de trato o pena cruel, inhumano y
degradante".
Se enfatiza hoy cada vez más la dimensión sicológica
del sufrimiento y de los daños ocasionados. Esto obedece a la
misma práctica de la tortura que se va perfeccionando: evita
causar daño físico fácilmente registrable, acrecienta el dolor
intenso e insiste en los recursos que apuntan a desmoronar la
personalidad hasta el límite del desequilibrio y la locura. De
aquí que ya son parte de la tortura el secuestro violento, la vista
vendada, el verse desnudado, humillado y vilipendiado, amenazado de muerte y expuesto a toda arbitrariedad. Asimismo
la privación de sueño, de comida, los ruidos ensordecedores
y mantenidos, el estar de pie días y noches enteras, etc. Todo
esto sin perjuicio del uso de las aplicaciones de electricidad, de
la suspensión (el "pau d'arara"), el ahogamiento, golpes varios,
por ejemplo en los oídos, y otras técnicas refinadas.
Las secuelas sicológicas que ha dejado la tortura practicada en Chile son objeto de estudio y tratamiento, tanto dentro
146
como fuera del país. Se hace en este terreno una nueva práctica
clínica y es alarmante constatar la seriedad de los traumas.
Esta visión ampliada de las torturas se traduce en nuevas
cifras. Ya no sería 70 el número de torturas denunciadas en los
cinco primeros meses de 1984, sino 919 conforme al estudio
citado en la nota 1. Y para el resto del año, el número, dice,
se hizo "inconmensurable".
Esta "inconmesurabilidad" se debe a muchos factores.
Testimonios múltiples apuntan a una extensión de la tortura,
en forma alarmante, a otros cuerpos policiales que dispondrían
del instrumental adecuado. Formas de tortura acompañan frecuentemente a los arrestos masivos en poblaciones y campamentos y a los que se hacen a raíz de las protestas, sobre todo
en medios populares. También a las detenciones individuales
(5.260 en 1984, según la Vicaría de la Solidaridad). Esta Vicaría
también refiere la práctica de un desaparecimiento temporal
que permite torturar más libremente: en el año, a 35 personas
se las tuvo detenidas más de 20 días sin que se reconociera su
detención. Todo esto queda envuelto en el silencio impuesto por
la censura. "Tortura" es una palabra prohibida para los medios
ordinarios de comunicación.
Un caso ilustrativo
Escojo este caso, el 71 en los archivos de CODEPU,
cuyo protagonista conocí personalmente. Un joven de 30 años,
de extracción muy humilde, estudios primarios incompletos,
carpintero cesante desde 1975; en 1981 trabajó en el POJH.
Es casado y tiene una hija de tres años.
El 4 de septiembre de 1984, su hogar es allanado por
civiles y carabineros de la 26a Comisaría. Revisan todo, hasta lo
obligan a picar la tierra del patio, y no encuentran nada. Posteriormente se lo acusará de tener botellas y clavos. Es golpeado
delante de su señora e hijita para que entregue direcciones. Lo
obligan a subir a un bus donde ya se encuentran dos personas,
una conocida, y a la otra reconocerá después como Juan Antonio Aguirre Ballesteros. Finalmente, con los ojos vendados,
son llevados a un lugar desconocido.
En este lugar nuestro sujeto es torturado junto con otro
147
que en su testimonio identifica como Aguirre Ballesteros. Desnudos, amarrados a bancos, son interrogados mientras se les
aplican descargas eléctricas en la boca, genitales, ano, oído y
fosas nasales. Estas interrogaciones conjuntas, que tenían algo
de careo, duraron aproximadamente cinco horas (conforme al
testimonio).
En un momento, la máquina eléctrica dio un fuerte
zumbido; su compañero gritó muy fuerte y luego no se lo oyó
más. Hubo agitación y carreras y expresiones varias: "Se nos
fue este h...", "no aguantó", y la amenaza personal: "Lo mismo
te va a pasar a vos si no hablai".
Es retirado de ese lugar para ser colgado de la muñeca
derecha y, en esa posición, lo siguen torturando. Pierde el conocimiento y lo recupera cuando lo descuelgan.
Es llevado en un vehículo a la 26a Comisaría. De ahí
es pasado a la Cárcel Pública. Lo llevan finalmente a la Segunda Fiscalía Militar de Santiago, lugar donde se dispuso su
libertad incondicional por falta de méritos. Eso fue el 10 de
septiembre.2
Mientras tanto Juan Antonio Aguirre no aparece. La 26a
Comisaría niega incluso haberlo detenido. Sus padres lo buscan días, semanas enteras. Toda la población de Pudahuel se
conmueve con este caso y se efectúan actos múltiples y romerías. Y una gran rogativa en la Basílica de Lourdes. El 25 de
octubre, después de 51 días, aparece su cuerpo en la morgue,
rescatado de las aguas del Maipo, sin cabeza y sin un brazo.
Se le reconoce por la ropa y una cicatriz.
Conforme a este testimonio, Juan Antonio Aguirre murió,
pues, en la tortura. Nuestro amigo tuvo más suerte, pero lleva
las secuelas del tormento en su cuerpo y en su psiquis. Resumo
su sintomatología entregada por los médicos:
- Parálisis de músculos enervados por el nervio radial en
la extremidad superior derecha. Compromiso de la sensibilidad
correspondiente.
- Cefalea intensa en la región temporal izquierda (lugar
en que se le aplicó la corriente hasta la inconsciencia). El
electroencefalograma da allí un marcado aplanamiento de los
ritmos cerebrales con otras anomalías.
148
- Dolor, muy particularmente en los testículos. Hay allí
un edema.
- Síntomas de la esfera depresiva angustiosa: pena,
ensimismamiento, preocupación por su situación, insomnio,
taquicardia.
Quedó en tratamiento médico, tanto físico como sicológico.
La tortura es un vestigio de instintos muy primitivos y
si nuestras Fuerzas Armadas la asumen, emprenden una clara
regresión moral.
¿Cuándo van a comprender nuestras Fuerzas Armadas, y
también Carabineros, que no son enemigos suyos los que protestan contra la tortura? Su verdadero enemigo, el que corroe
sus propias entrañas, es la tortura misma.4
Las Fuerzas Armadas y la tortura
Fueron las Fuerzas Armadas las que en 1973 ejecutaron
no solamente el golpe, sino, a lo largo de Chile, la represión
que le siguió. Ellas proporcionaron cuadros para los servicios de
seguridad y para la propia DINA. Las revelaciones de Andrés
Valenzuela Morales denuncian a personal de la Fuerza Aérea
de Chile (FACH) y a otras armas implicadas en acciones de
apremio y de muerte.3
Se ha querido después deslindar las tareas, las propias
de una policía o cuerpo de seguridad (Investigaciones, Carabineros, CNI) y las de las Fuerzas Armadas; pero no solamente
en la práctica, sino también en virtud de la misma Doctrina
de la Seguridad Nacional, estas tareas están indisolublemente
vinculadas. Y, sobre todo, el régimen que nos gobierna es, en
la conciencia de todo el pueblo, el régimen de las Fuerzas
Armadas. En estas condiciones, ¿pueden las Fuerzas Armadas
desligar su responsabilidad de la práctica de la tortura?
Pensamos que la tortura constituye, pues, los pies de
barro del régimen que las Fuerzas Armadas sustentan. Podrá
ser para ellas lo que para las Fuerzas Armadas argentinas fue
el desastre de las Malvinas. Nuestras Fuerzas Armadas no han
tenido ni tendrán sus Malvinas, pero con esto tendrían otra
forma de desprestigio, no tan estruendosa, pero a la larga más
demoledora: el desprestigio moral de la tortura. En este contexto, ¿qué podrá significar, aplicada a ellas, la acostumbrada
fraseología de "honor militar", "valientes soldados", "reserva
moral de la nación"?
En otras palabras, mientras más se alarga esta situación
de permanente tortura en Chile, más socavado va quedando el
prestigio de la institución armada que mantiene el régimen.
Los sectores que colaboran
Con una cita de Orlando Sáenz, que fue presidente de la
Sociedad de Fomento Fabril (SOFOFA) en la actual administración, introduciré el tema de la colaboración.
"Se dice que los países tienen los Gobernantes que se
merecen. Este refrán, como todos, no es sino la expresión liviana y sintética de una verdad mucho más profunda y compleja.
Quiere decir que la acción de un Gobierno, por más autocrático
y arbitrario que sea, no puede realizarse sin algún grado de
colaboración, activa o pasiva, de importantes sectores sociales.
Y ése es el caso de Chile por cierto".
"Tomemos por ejemplo el problema de la violación de
los Derechos Humanos. Si bien en su aspecto material ha
sido la obra de los mecanismos de represión creados por el
régimen y de quienes los han comandado, no puede dudarse
que ello no hubiera sido posible, a lo menos en la escala y
prolongación que ha tenido, sin la complicidad culpable de
amplios sectores ciudadanos:
- El Poder Judicial que no ha sabido ni querido proteger
a la población de la violencia institucionalizada;
- los medios de difusión que han callado y tergiversado
sistemáticamente el sufrimiento del cuerpo social, al intentar
hacerlo aparecer como normal y sin importancia;
- las clases privilegiadas que, vendiendo su conciencia
por el plato de lentejas de la seguridad del orden establecido,
han suspendido la severa sanción moral con que debieron y
pudieron evitar la mayoría de los atropellos;
- los políticos que, con su ambigua posición, han pretendido
hacer compatible el apoyo de este régimen con un verdadero
ideario democrático". (Revista Hoy, 27 de agosto de 1984).
Hasta aquí la cita de Orlando Sáenz. Completaremos un
tanto la enumeración que hace él:
149
150
- Los Colegios Profesionales que se han olvidado de su
función en la sociedad y de su ética. Recién el nuevo Colegio
Médico de Chile ha sancionado a sus miembros que colaboran
directa o indirectamente en las prácticas de la tortura.
- La propia Iglesia, que no ha sido debidamente pronta y
explícita en denunciar y condenar la tortura y otros atropellos,
particularmente donde se hallaba vinculada con católicos que
apoyan el régimen.
- También sectores del pueblo que, por temor o comodidad, se han replegado a su pequeño círculo de intereses, sin
solidarizar con las víctimas de los abusos.
Hemos de decir más generalmente que en una u otra
forma casi todos hemos colaborado con la tortura, aunque no
fuera sino por nuestro silencio o nuestro dejar de hacer y decir
lo que deberíamos haber dicho y hecho.
Y esto es lo grave. El deterioro del torturador es mil
veces mayor que el del torturado. Tal vez una de las secuelas
de este mal es la enfermedad del acostumbramiento. Y vamos
perdiendo la capacidad de asombro y de la indignación. Nos
vamos embotando y endureciendo como se embota y endurece
el verdugo.
Caminos de solución
¿Cómo romper este círculo vicioso que mantiene al país
bajo el signo de la muerte: un régimen que se sustenta sobre
la tortura y una masa de colaboradores, activos y pasivos, que
se acomodan al régimen?
Hay quienes creen que debemos actuar sobre el régimen
para convertirlo a la humanidad. Pero el régimen, si se convierte, ¿no dejaría simplemente de ser? ¿Será razonable esperar de
él tal autoeliminación?
Hay otros que piensan que sólo se erradicará la tortura
cuando termine este régimen. Y, para que termine realmente,
habrá que recurrir a la violencia.
Nosotros, en cambio, creemos que hay que explorar otro
camino.
Una solución es la de mostrar obstinadamente al país los
pies de barro de este régimen: la tortura. Mostrarla a los colaboradores, que somos prácticamente todos, hasta que se nos caiga
151
la cara de vergüenza. Gritar esta vergüenza en calles y plazas,
hacerla llegar a todos los estamentos de la sociedad, despertar
las conciencias acobardadas o embotadas o vendidas, hasta que
la nación se levante con un "no" definitivo a la tortura.
Que este "no" a la tortura implique en definitiva un
"no" al régimen, esto se verá. Pero en todo caso no es el "no"
al régimen lo que pretendemos en primer lugar, sino el "sí"
al hombre y a sus derechos a vivir plenamente en un mundo
libre y fraternal.
Hay quienes miran nuestro empeño con escepticismo:
"¿Qué han avanzado ustedes con denunciar la tortura?" Las
torturas se han incrementado, el público masivo sigue indiferentes, los medios de comunicación igualmente mudos al punto
de ni pronunciar la palabra "tortura".
Todo esto puede ser muy cierto, pero nos sustenta algo
que trasciende los análisis sociales y políticos que podamos
hacer, algo que da incluso sentido y dinámica a estos análisis
porque constituye el motor de la historia: hablamos de la fe
en el hombre. Si se cree en el hombre, si se cree que la historia tiene un sentido, que el mundo tiene un sentido, que el
mundo tiene un futuro, que la humanización de Dios significa
una esperanza cierta, hay que creer que el hombre lleva una
conciencia, que en él se esconde una llama que puede siempre
surgir y encenderse.
En otras palabras, la fe en el hombre es mucho más que
el cálculo fundado en los datos de la realidad. Es una apuesta
que pone un nuevo elemento en esa realidad, una fuerza nueva
y explosiva. Creer en el hombre es, a la vez, empezar a crear
al hombre nuevo.
Por esto seguiremos mostrando la cabeza que se yergue
soberbia y piensa en términos de oro (léase dólares) y a los
brazos que son de bronce y se creen invencibles (las Fuerzas
Armadas), esos pies de barros que los sustentan: la práctica de
la tortura, barro que vuelve vano al oro y hace débil al bronce.
Sobre todo, seguiremos mostrando obstinadamente esos pies a la
conciencia nacional. Saltará por alguna parte –o por muchas– la
chispa que reanimará el alma de la nación; esta comprenderá
en forma nueva y sabrá expresarlo en nuevas instituciones, que
152
Chile estará llamado a ser un país de hermanos.
NOTAS
1. Disponemos de dos documentos preparados por un grupo de la Comisión
de Derechos de Pueblo (CODEPU) sobre la tortura y corresponden a todo
el año 1984. Tienen el mérito de integrar bien en el concepto de tortura, y
en el estudio que hacen al respecto, todo lo que se refiere al sufrimiento y
daño sicológico. Contamos también con los informes tan prestigiados de la
Vicaría de la Solidaridad y los Boletines de las Comisiones sobre Derechos
Humanos.
2. Para todo lo dicho nos remitimos a los documentos citados, como también
al recurso de amparo y subsiguiente querella criminal correspondiente al caso
Aguirre Ballesteros.
3. Ver, Mensaje, N° 336, enero-febrero, 1985.
4. Dos miembros del Movimiento Contra la Tortura "Sebastián Acevedo"
fueron detenidos y relegados a fines de marzo en virtud de la "Ley de Seguridad Interior del Estado". Por lo visto se considera que esta seguridad tiene
que ver con la tortura. Tiene que ver más bien –decimos nosotros– con la
supresión de la tortura.
(DOCUMENTO N°4)
MOVIMIENTO CONTRA LA TORTURA
SEBASTIÁN ACEVEDO
SEGUNDO ANIVERSARIO
ACTO DE RECORDACIÓN
SANTIAGO, 28 DE SEPTIEMBRE DE 1985
Comienzo del acto: Saludo a María Candelaria Acevedo.
El 14 de septiembre del año pasado el Movimiento
Contra la Tortura "Sebastián Acevedo" conmemoraba su Primer Aniversario. Entonces dijimos que no era grato celebrar
aniversarios que suponen que se perpetúa aquello contra lo
cual nos reunimos.
153
Pero hemos cumplido un segundo año de campañas contra la tortura y esta no sólo no ha cesado en Chile, sino que
se ha extendido y diversificado. Verdaderamente porque hay
mucho de satánico tras la tortura y el torturador es que este
demonio no es fácil de exorcizar.
Tenemos, sin embargo, un motivo para CELEBRAR este
segundo aniversario. Y es que, como dice San Pablo, donde
abunda el pecado, sobreabunda la gracia. Después de dos años
es mayor que nunca, y es creciente, el número de participantes
en nuestras acciones de los meses transcurridos este año.
¡Nosotros, compañeros y compañeras, somos la expresión y el signo de la vida que sale al paso del contra-signo
de la muerte que es la tortura; somos la señal combativa de
que este pueblo no se resigna ni se somete a la tortura, a la
opresión ni a la muerte!
Y no sólo eso. ¡Hay brotes del todo nuevos! Durante
este segundo año nuestro nació el Movimiento en Arica, en
Valparaíso y, con particular fuerza y osadía, en la propia tierra
donde se inmoló Sebastián Acevedo: en Concepción. En todos
estos lugares, esa vergüenza nacional, subproducto pustular
del régimen, la tortura, ha sido denunciada y desenmascarada
pública, colectiva, organizada, clara, creativa y valientemente.
Quisiéramos seguir este acto de recordación tributando
a nuestras hermanas y hermanos, a nuestras compañeras y
compañeros denunciantes ariqueños, porteños y penquistas, el
homenaje de nuestro cordial y caluroso aplauso.
Es este un acto de recordación. ¿Cómo transcurrió la vida
del Movimiento en este segundo año de existencia? Intentemos
una apretada síntesis.
La más característica de nuestras acciones es la denuncia
realizada colectivamente en la vía pública. Desde septiembre
del año pasado hasta hoy, realizamos exactamente catorce de estas acciones: un poco más de una por mes, como promedio.
Otra forma de denuncia es la que hemos realizado en
atrios, sitios adyacentes y aún en el mismo interior de ciertos
templos. Fueron dos las ocasiones que nos ofrecieron esta posibilidad: la Navidad y la celebración del tratado de paz con
Argentina a la que convocó la Conferencia Episcopal en el
154
Templo de Maipú.
Otro modo como manifestamos nuestro repudio de la
tortura fue la carta-denuncia, difundida en determinados ámbitos o instituciones. Hemos escrito y repartido denuncias de
esta clase en cuatro ocasiones este año: una a Carabineros en
sus Comisarías y luego otra al público en general, con motivo,
ambas, de la tortura y desaparición del joven obrero Juan Antonio Aguirre Ballesteros. El 24 de enero dirigimos una carta
pública al Ministro del Interior y repartimos entre las autoridades trescientas copias de ella. El 20 de junio hicimos llegar
un mensaje-denuncia al Canciller Del Valle.
Una liturgia en conmemoración del aniversario de la
inmolación de don Sebastián Acevedo hicimos el 11 de noviembre y una asamblea nos congregó en enero de este año.
En mayo nos recogimos en una vigilia por la vida.
En otra oportunidad, del todo diferente, nuestro Movimiento recibió dos premiaciones o estímulos por su labor. El
17 de diciembre del año pasado, el Servicio de Paz y Justicia
nos otorgaba el honroso Premio Oscar Arnulfo Romero, que
compartimos entonces con el padre Pierre Dubois. En esa misma ocasión, las Arpilleras de Melipilla, laboriosas mujeres de
nuestro pueblo, reconocieron y agradecieron nuestros trabajos
obsequiándonos diversos, hermosos y útiles regalos.
Por cierto que las respuestas a nuestra acción no han sido
todas reconocimientos, regalos, premios. Los creyentes del Movimiento sabemos que el discípulo no es mayor que su maestro
y que si a El le pagaron mal los poderosos y dominadores de
su tiempo, no nos pagarán mejor los de ahora a nosotros. La
verdad es que siempre fuimos resistidos, rechazados o perseguidos por aquellos en quienes la palabra tortura despierta la
mala conciencia del propio pecado, de su complicidad o de la
ceguera que provoca en los que miran y no quieren ver.
Cinco veces y de diferentes maneras que fueron desde la
expulsión del país y la relegación hasta la simple detención y
represión callejeras por parte de la policía, nuestro Movimiento
sufrió en carne propia la dura condición de perseguido a que
está permanentemente sometido nuestro pueblo. En esas duras
y penosas ocasiones nuestro movimiento fue víctima y testigo
155
de que se pusiera en evidencia pública que las autoridades
del Chile de hoy no castigan a los torturadores sino a quienes
denuncian la tortura.
Es éste un acto de recordación. Queremos sentirnos una
vez más, hermanos, estrechados unos con otros en el ideal y
la lucha común por el hombre, por el más desamparado de los
desamparados: el torturado. Hay gente en las calles de Santiago
que nos mira en nuestras acciones, que nos aplauden y dicen
que somos valientes. Pero sólo Dios y nosotros sabemos cuánto
nos escuece el miedo en el momento de la acción y cómo lo
superamos sólo con la convicción de que lo que arriesgamos
es nada al lado del horroroso tormento que padece el torturado,
que es nuestro hermano y compatriota.
Para hacer frente al flagelo de la tortura nos hemos
unido en este Movimiento: creyentes y no creyentes, evangélicos protestantes y católicos, jóvenes y viejos, hombres y
mujeres, extranjeros y chilenos, laicos, sacerdotes, pastores y
religiosas, portadores de ideologías y militancias diferentes; a
todos nos subleva por igual el atropello del hombre y la mujer
en los cuerpos y la mentes torturadas. Nos duele también la
autodestrucción que, al torturar, se infiere a sí mismo el propio
torturador.
Todos nosotros encontramos profundas y respetables
motivaciones para esta noble acción. Pero los creyentes, además, descubrimos en el hombre humillado y desecho por la
tortura al Servidor de Yavé, al Jesús que es crucificado hoy, al
profeta denunciador del pecado personal y social de su época
y de la nuestra, al Hijo de Dios muerto y resucitado, presente
en toda acción transformadora de la Historia. A El seguimos, a
El servimos cuando escuchamos su llamado a jugarnos por el
hombre. Y, por eso, casi siempre, al natural miedo sigue en el
interior de nosotros el inexpresable gozo de saber que hacemos
algo, aunque pequeño, por el hombre y por Dios.
Mucho de esto ha pasado por nuestros espíritus un día
cada mes hacia la hora del mediodía, cuando salimos a la calle
en acción denunciadora con e! Movimiento "Sebastián Acevedo". Quisiéramos sentirlo y vivirlo ahora otra vez en esta mañana de aniversario, de recordación; hacer memoria del miedo
156
y de su superación; y también de la fortaleza que da no sólo
la motivación de la fe o de la razón, sino también la presencia
colectiva de hermanos al lado unos de otros, en una vereda de
Santiago, o de Arica o de Concepción o de Valparaíso, en una
plaza, junto a una iglesia o un cuartel de policía o a un palacio
de tribunales o de gobierno.
Pasaremos, como en rápida sinopsis de un film, las acciones colectivas, callejeras, de este segundo año de vida del
Movimiento. Al anunciarse la fecha y lugar de cada acción,
invitamos a pasar adelante a los que participaron en ella; se
situarán tras el facsímil en papel del lienzo que entonces los
congregó. Guardaremos unos segundos de silencio de recordación o cantaremos una estrofa de "Yo te nombro, Libertad..."
para revivir íntimamente la vivencia de entonces; y luego
volveremos a nuestro lugar. En una que otra solamente, de
esas acciones, nos detendremos para escuchar algún testimonio de particular significación. Les rogamos que procedamos
con agilidad y prontitud para no demorar demasiado, pero sin
perder el carácter de Recordación, diríamos, de recogimiento
casi litúrgico... de memoria... de amor.
28 de septiembre de 1984
Vereda frente a la 26a Comisaría de Carabineros, Pudahuel.
Lienzo y pancartas:
¿DONDE ESTA JUAN ANTONIO AGUIRRE?
CAIN, ¿QUE HICISTE CON TU HERMANO?
¡BASTA DE TORTURA!
¡LA 26a COMISARIA TORTURA!
93 participantes y algunos reporteros fueron detenidos en
esta acción. 73 de ellos fueron, luego, pasados al Juzgado de
Policía Local, donde el juez José Navarrete Muñoz dictó sentencia un mes más tarde condenándolos a todos a "la pena de
QUINCE días de prisión, conmutables en multa de $1.000 cada
uno [...] por causar desorden y molestia a la población y ofensas
a Carabineros, alterando el orden público". Ha pasado un año
desde esta acción y todavía no sale el último cúmplase de la
sentencia del juez, al parecer por reticencias que sobrevinieron
157
a este después que supo, por el abogado, que los condenados no
están dispuestos a pagar la multa y, entonces, se temerían las
repercusiones públicas que tendría el hecho insólito de meter
juntos en prisión a 73 silenciosos y pacíficos denunciantes de
la tortura y el asesinato.
10 de octubre de 1984
Pórtico del Palacio de los Tribunales de Justicia.
Lienzo:
PARA JUAN ANTONIO AGUIRRE NO HUBO
RECURSO DE AMPARO
Apaleo y lacrimógenas.
1 de noviembre de 1984
Aniversario de la Inmolación de Sebastián Acevedo
Poema Y TESTIMONIO de María Candelaria Acevedo, su
hija.
[Comienza canto de los asistentes: "Por el pájaro enjaulado..." hasta "por los cuerpos torturados, yo te nombro,
Libertad"]
21 de noviembre de 1984
Plazoleta de la iglesia de San Francisco.
Lienzo:
ESTADO DE SITIO = MAS TORTURA
El Movimiento, con esta acción, fue la primera organización o grupo que rompió el Estado de Sitio, decretado sólo
días antes.
[Canto de los asistentes: "por los dientes apretados..."
hasta "por los nombres prohibidos, yo te nombro, Libertad"]
10 de diciembre de 1984
Esquina de calles Patronato con Santa Filomena.
Lienzo:
NADIE PUEDE SER TORTURADO
ANIVERSARIO DECLARACIÓN
158
DE DERECHOS HUMANOS
La acción no puede realizarse de la manera prevista. Al
parecer por "filtración" de la noticia, ésta llega a Carabineros
antes de tiempo y, a la hora señalada para la acción, se encuentra en la esquina indicada un bus policial. Por primera y única
vez, la acción no puede realizarse. Sin embargo, luego de una
reunión de larga deliberación, los más tenaces no se dan por
vencidos y un grupo pequeño, dos horas más tarde, realiza la
acción en la esquina de Santa María con Independencia.
23 de diciembre de 1984
Tarjetas de NAVIDAD que se reparten:
POR UNA NOCHE BUENA SIN LOS HERODES Y
UN AÑO NUEVO SIN TORTURADORES
Favorable acogida en templos de sectores populares. Repudio e indignación en algunas iglesias del Centro y del Barrio
Alto, especialmente en San Agustín (calle Estado), San Ramón
y Santa Elena. Feligreses llaman a Carabineros y éstos detienen
a varios miembros. Entre ellos el padre Dennis O'Mara
Testimonio de la detención y expulsión del sacerdote
Dennis O'Mara
18 de marzo de 1985
Frente al Colegio Médico.
Lienzo:
AL COLEGIO MEDICO.
APLAUDIMOS SU SANCION A LA TORTURA
Fue nuestra primera acción callejera no denunciante sino
celebrante, de aplauso a este Colegio Profesional que investiga
y desenmascara a aquellos de sus propios miembros que son
cómplices de la tortura al colaborar con ella. Así y todo la
policía intentó reprimirnos con gran despliegue. Sólo que...
llegaron atrasados.
Canto de los asistentes: "Te nombre en nombre de todos..."
Plazoleta de la iglesia de San Francisco.
Lienzo:
DE LA TORTURA A LOS TRIBUNALES
DE GUERRA: ¡PROTESTAMOS!
4 manifestantes detenidos. 2 son liberadas y 2 son relegadas por 90 días a Putú.
(Testimonio de Isabel, relegada a Putú)
25 de abril de 1985
Esquina de Alameda con Santa Rosa.
Lienzo:
CARABINERO: NO MAS TORTURAS NI MUERTES
Nuestro cordial saludo por el Día del Carabinero. Lo
realizamos a metros del edificio donde el Cuerpo de Verdes
tiene una de sus principales oficinas administrativas.
(Canto de los asistentes: "Por la idea perseguida...")
15 de mayo de 1985
Alameda frente a calle Dieciocho, en las cercanías de la Dirección de Comunicaciones de Carabineros (DICOMCAR).
Lienzo:
EN CALLE DIECIOCHO 237 CASA DE TORTURA
Esta denuncia resultó superprofética: DICOMCAR todavía no se mudaba y el Ministro Cánovas (que investigaba el
asesinato por degüello de José Manuel Parada, Manuel Guerrero y Santiago Nattino) todavía no destapaba su olla.
(Canto de los asistentes: "Por las tierras invadidas...")
16 de Junio de 1985
Interior del Templo de Maipú.
Lienzo:
POR LA PAZ DENUNCIAMOS LA TORTURA
25 de marzo de 1985
Testimonio del Movimiento frente al Episcopado Nacio159
160
nal en pleno, cuando éste agradecía a Dios por el Tratado de
Paz con Argentina. Pero no le gustó al Sr. Nuncio que presidía
y nos mandó reprimir. El Reverendo Padre Ferez, Rector del
Santuario, cruza la nave del templo hacia nosotros en indignado vuelo.
(Canto de los asistentes: "Te nombro en nombre de
todos...")
20 de junio de 1985
Alameda esquina calle Cumming.
Lienzo:
¿POR QUE CHILE NO FIRMA LA CONVENCIÓN
INTERNACIONAL CONTRA LA TORTURA?
Simultáneamente una delegación del Movimiento entrega
una carta dirigida al Ministro de Relaciones Exteriores.
(Canto de los asistentes: "Por el pájaro enjaulado...")
18 de julio de 1985
Esquina de Independencia con Borgoño.
Lienzo:
LA CNI TORTURA EN BORGOÑO 1470
PADRE GUIDO ESTAMOS CONTIGO
AÑO INTERNACIONAL DE LA JUVENTUD:
4 JÓVENES SECUESTRADOS Y TORTURADOS
SOY JESÚS A QUIEN PERSIGUES
EN NOMBRE DE DIOS, CESE LA REPRESIÓN
9 de agosto de 1985
Día por la Vida.
Lienzo:
CONTRA LA TORTURA
HASTA LAS ULTIMAS CONSECUENCIAS
El Movimiento marcha adhiriendo a la movilización del
pueblo. Gran represión y ducha general. 9 detenidos del Movimiento, dejados en libertad esa noche.
(Canto de los asistentes: "Por los dientes apretados...")
28 de agosto de 1985
Interior de trenes del Metro.
Nos reunimos una vez más a pasos del siniestro cuartel
de la CNI. Denunciamos recientes casos de tortura; exhibimos
los nombres de las víctimas en otras tantas pancartas. Un
vehículo de Carabineros llega casualmente al lugar. Se detiene frente al grupo pero se abstiene de actuar: lleva sólo dos
tripulantes.
6 de agosto de 1985
Pórtico de la Catedral Metropolitana.
Lienzo:
SECUESTRADOS Y TORTURADOS POR LA FE
Denunciamos, exhibiendo los nombres de las víctimas,
estos hechos de represión y persecución. Los acompañamos
con pancartas:
161
No hay lienzo ni canto. Sólo aclamaciones. Una de nuestras realizaciones más novedosas.
(Testimonio de un manifestante en el Metro)
24 de septiembre de 1985
Avenida Providencia esquina Lyon.
Lienzo:
PINOCHET = TORTURA. ¡QUE SE VAYA!
Nuestra acción más reciente. Primera acción callejera del
Movimiento en el terreno "minado" del Barrio Alto. Felizmente,
¡sin novedad en el frente!
(Canto de los asistentes: "Te nombro en nombre de
todos...")
Hemos llegado al término de nuestro recorrido de recordación de este segundo año. Sólo nos queda agregar una
162
palabra.
En más de treinta acciones públicas en dos años, en
este convulsionado país, siempre aclamamos en coro hablado
nuestra denuncia: jamás gritamos.
Siempre cantamos la libertad: nunca insultamos a nadie. Muchas veces fuimos reprimidos, apaleados, empapados,
semiasfixiados con gases lacrimógenos. Muchos fuimos detenidos, algunas fueron relegadas, Dennis fue expulsado del
país: nunca huimos ni nos disolvimos antes de cumplir la tarea
propuesta. Ni perdimos la calma, ni agredimos a nadie. Este es
nuestro deber de testimonio. ¡Creemos en su fuerza!
Es cierto: no acabamos con la tortura todavía. Deberemos iniciar nuestro tercer año de actividades. Pero –estamos
ciertos de ello– estamos contribuyendo importantemente, más
y más, a formar conciencia pública sobre uno de los más graves atropellos a los Derechos Humanos hoy en Chile. En esto
algunos órganos de difusión social han sido nuestros más efectivos aliados y les tributamos el sentido homenaje de nuestra
profunda gratitud.
Y aunque no hemos recogido hasta ahora confesiones
abiertas, sí divisamos vestigios, gestos velados, de la mella que
nuestras acciones no violentas van causando por lo menos en
uno de los Cuerpos Torturadores: el de Carabineros. Creemos
que lo más fuerte, lo más efectivo y productivo de nuestra
acción, no aparece, no da síntomas. Ello acontece en lo íntimo
de la conciencia de nuestros represores.
Un día se acabará la tortura en Chile y no habrá más
torturadores ni torturados. Será entonces nuestra verdadera
y grande fiesta. Porque sabremos, sin falsa modestia, que el
Movimiento "Sebastián Acevedo" no habrá sido el que menos
hizo para que llegara ese día.
Reiteradamente, obstinadamente, en una ciudad estigmatizada por la tortura, se va grabando la exigencia de la
libertad. Más que las paredes materiales, son las conciencias
ciudadanas "las paredes de mi ciudad". A ellas se dirige ante
todo el Movimiento Contra la Tortura "Sebastián Acevedo". De
la conciencia colectiva de la Nación habrá de brotar un día el
veredicto final: ""No" definitivamente a la tortura".
163
Visión metafórica y simbólica: Una poética para
la acción de protesta
Relevar la dimensión mítica de los documentos transcritos implica un ejercicio de captación del sistema metafórico
que se desliza en el texto de manera consciente o inconsciente.
Todo discurso se apoya en un sistema metafórico en la doble
medida en que la argumentación debe ser organizada analógicamente con respecto a la realidad que intenta re-presentar
discursivamente y ante el hecho de que, para la conciencia
práctica, todo conocimiento adquirido sobre esa realidad captada encuentra límites de incertidumbre, a veces una oscura
concepción del objeto buscado, o confusión sobre el camino
a seguir en la ilación lógica. Es el momento en que surge el
lenguaje del "como si...". La necesidad de esas metáforas se
hace aún más imperiosa en situaciones en que el discurso no
sólo debe cumplir una función re-presentativa, sino también
retórica: convencer al receptor apelando tanto a su intelecto
como a sus emociones, como es el caso de los documentos
transcritos arriba. Ese sistema metafórico forma toda una red
de interrelaciones ubicadas a diverso nivel de conciencia por
parte del emisor del discurso: algunas de ellas se hacen del
todo patentes a la mente analítica que adoptamos en este estudio, mientras otras demandan mayor fineza para captarlas en
el análisis.
Aquellas metáforas que se exhiben en toda su patencia
forman motivos arquetípicos, entendiéndose por tales aquellas
metáforas que cumplen funciones estructurales en la organización del discurso y sirven de eje organizativo de metáforas
menores. Captar ese tejido de metáforas y detectar sus modos
de interrelación revela la sensibilidad emocional del discurso
estudiado, puesto que toda metáfora es, en realidad, un símbolo
–es decir, la fusión en una imagen de un cúmulo de experiencias del más variado orden, captada primordialmente desde una
perspectiva emocional.
Como analogía discursiva de re-presentación de la reali164
dad social, la red metafórica que estructura el conocimiento y
la discursividad es producto de una experiencia práctica en esa
realidad. Es decir, esa metaforización y esa discursividad son
conciencia de un estar en el mundo. Pero, en sentido inverso,
esa conciencia a la vez se vuelca en retorno sobre la realidad
como voluntad de acción, para transformarla sobre la base de
las imágenes que esa misma realidad ha proporcionado como
materia prima, llevando a esta experiencia, quizás, a un nivel
superior de conocimiento. En otras palabras, esos sistemas
metafóricos y simbólicos de la discursividad re-presentativa de
la realidad social son, indefectiblemente, poéticas de la acción
práctica del ser humano para transformarse a sí mismo en el
acto de transformar la naturaleza y la sociedad.
Como ya se argumentara, la visión mítica de la realidad está profundamente marcada por la dimensión emocional
de la sensibilidad humana que se enfrenta a la problemática
estabilidad, trascendencia y permanencia de la significación
social de sus acciones. Esa mitificación se capta esencialmente
en los sistemas metafóricos conscientes y/o inconscientes que
estructuran o se deslizan en el discurso. Reiteramos que, dadas
las circunstancias represivas en que debe actuar el MCTSA, su
discurso de apelación a la colectividad nacional chilena, desde
su micro-perspectiva social, es esencialmente una elaboración
mítica que aboga por la reconstrucción del universo simbólico
comunitario con referencia a un orden ahistórico, extemporal
que se origina en su cristianismo fundamental.
A continuación ordenaremos nuestro análisis de los testimonios transcritos en torno a las metáforas que cumplen una
función de motivos arquetípicos:
1. La ciudad de Santiago y sus habitantes
El material transcrito magnífica el significado del espacio
de la ciudad de Santiago para mostrarlo como ámbito alienado,
como territorio en el que se ha expulsado toda manifestación
de humanidad y sentimiento de solidaridad y amor. Impera la
soledad, el aislamiento, la incomunicación, la oscuridad: "esta
terrible ciudad, ciudad donde operan fuerzas ocultas, donde
cualquiera casa puede ser una cárcel secreta... ciudad donde se
tortura"; "Es territorio exento de toda garantía de humanidad y
derecho... en suma, territorio de tortura. Y además es una pan165
talla". En esta visión de mundo, el espacio sufre una división
fundamental entre un ámbito de los dolientes y un territorio
de seres inconscientes de ese sufrimiento, seres congelados en
ese estado o en los deseos de permanecer en él por "el miedo,
la comodidad", adquiriendo voluntariamente las características
físicas del ciego, sordo y mudo: "Tal vez una de las secuelas
de este mal es la enfermedad del acostumbramiento. Y vamos
perdiendo la capacidad del asombro y la indignación. Nos vamos embotando y endureciendo como se embota y endurece
el verdugo". Estos son "cada uno y todos los chilenos". El
espacio de la inconsciencia es, en especial, el "Barrio de la
Burguesía".
En estas condiciones, la sociedad ha quedado distorsionada en su naturaleza esencial. Ahora la realidad verdadera es
la del imperio del dolor y la muerte y la debilidad moral de
quienes no lo reconocen: "es un sistema moralmente corrupto,
descompuesto". "Pensamos que la realidad se compone de dos
evidencias: una es que se tortura, y mucho, en Chile; la otra
es que la tortura es inhumana e inmoral". Los seres embotados
rehusan confrontar esta verdad, "no es fácil que una sociedad
que torture reconozca esta realidad" y la ocultan con "cortinas
de humo, las ideologías legitimadoras y otros mecanismos con
que el sujeto se defiende para no reconocer la realidad cuando
ésta le es ingrata", "nebulosas contradictorias y frívolas, la mayoría encubridoras de la realidad", "Todo esto queda envuelto
en silencio".
2. Los perpetradores de la deshumanización del espacio
Quienes han deshumanizado la ciudad son falsos y
deshumanizados administradores de las "leyes" que se ocultan
y "enmascaran" en lugares secretos "que no puede traspasar
el abogado, el médico de confianza, el familiar, el amigo.
Nada que signifique humanidad o justicia. Sólo puede entrar
el torturador, sus auspiciadores y sus cómplices". Estos son
seres del mal, "verdaderamente porque hay mucho de satánico
tras la tortura y el torturador es que este demonio no es fácil
166
de exorcizar". El mal demoníaco está presidido por un ídolo
pagano, un falso dios monstruoso por su falta de armonía y
pretenciosa e ilusoria solidez que concreta en su volumen a la
vez la riqueza, la arrogancia corruptoras, la alianza con extranjeros pervertidores y la debilidad real de su poderío aparente:
"una estatua inmensa, cuya cabeza era de oro, el pecho y los
brazos de plata, el vientre y las caderas de bronce, las piernas
de hierro, y los pies, en parte, de barro".
Protegidos por este ídolo y desde sus guaridas, los seres
malignos, "insensibles a la indignación nacional", inundan la
ciudad e incursionan en ella para producir la parálisis y la
insensibilidad, atropellando y secuestrando los cuerpos de los
seres intransigentes en la oposición a sus designios perversos
para "castigarlos", "incomunicarlos", "encadenarlos" y "quebrantarlos", "apuntan a desmoronar la persona hasta el límite
del desequilibrio y la locura". "Lejos de quedar encauzados
por la ley, se desbordan con mayor impunidad". Este sigilo
transforma la ciudad en un espacio estático, en que el cambio rehumanizador no parece ser posible, espacio maligno y
diabólico, de prácticas "infernales" y "demenciales" que, sin
embargo, son "recubiertas con un manto de silencio", condenando a los dolientes a un anonimato en que pierden identidad,
rostro y nombre; todo porque los "poderes" de la Justicia y
de la información se han hecho "cómplices" irresponsables y
han decidido callar. Se trata de una burocracia deshumanizada,
antinaturalmente motivada por el deseo de permear el espacio
con el espíritu de la muerte.
3. La identidad "natural" y "mística" de los agentes de
rehumanización espacial
Sin embargo, como si la naturaleza misma produjera
sustancias para combatir la deshumanización antinatural del
espacio, surge de su seno un grupo especial, inmune al mal,
que sirve de "fermento" que reintroduce el espíritu de la vida
y produce agua, líquido vital, que gota a gota "cae en la roca",
la dureza sin vida de un espacio convertido en desierto por la
alienación y la insensibilidad. Con la pujanza de sus emocio167
nes y sus sentimientos tienen "la esperanza de romperla". "El
miedo no nos puede paralizar". Estos seres están animados por
una "mística", es decir, por lo que en el idioma español se entiende como un "estado extraordinario de perfección religiosa,
que consiste esencialmente en cierta unión inefable del alma
con Dios por el amor, y que va acompañado accidentalmente
de éxtasis y revelaciones", según el Diccionario de la lengua
española de la Real Academia.
En el designio divino, el surgimiento de estos seres se
debe a que, "como dice San Pablo, donde abunda el pecado,
sobreabunda la gracia". "Unidos" por la "opción por la vida",
inician una "caminata" afirmando un compromiso moral, declarando que "queremos hacer nuestro propio camino", introduciendo el movimiento vital al "funcionar con una dinámica y
recursos propios". Se identifican a sí mismos primordialmente
como seres de movimiento y de conciencia "alerta" que están
en una permanente "vigilia por la vida", asistidos por la normalidad natural, con la fortaleza ("nuestra fuerza") y la noción
de riesgo suficiente para vencer todos los influjos que han
llevado a la alienación, a la parálisis, a la desviación anormal:
"No queremos ser más CIEGOS, SORDOS, MUDOS frente a
este atropello".
Por ser seres de sensibilidad viva, pueden contrastar la
fuerza vital y divina que los anima con la insensibilidad de
muerte que se ha aposentado en la ciudad para dar testimonio de
la extensión del imperio del mal: "Pensaba en esos momentos
cómo llorarían los ángeles de la justicia que presiden ese escenario, y me preguntaba si algún magistrado, alguna vez, habrá
llorado por los cuerpos torturados"; "Luego, una delegación,
nos asomamos al interior de los Tribunales y nos dimos cuenta
con desesperación que ninguno allí había escuchado nuestro
canto ni visto nuestro lienzo. En esos espacios abovedados, lo
que resonaba no era precisamente la voz de la Justicia, sino la
ley de un régimen opresor".
4. La derrota del miedo
La divinidad de su fuerza vital crea en ellos la capacidad
para ponerse en contacto revigorizador con sus propias emocio168
nes y tener así la valentía de vencer el miedo, la comodidad y
arriesgarse personalmente para llamar a la conciencia de cada
uno y todos los chilenos, "esperanzados en que un repudio
general pueda erradicar de nuestro pueblo esta perversión",
"hay que creer que el hombre lleva una conciencia, que en él
se esconde una llama que puede siempre surgir y encenderse".
"Nos juntamos a reflexionar, entre otras cosas, sobre el miedo,
porque no somos ángeles ni robots, sino hombres y mujeres";
"Reflexionamos sobre los términos en que se inscribe nuestra
lucha contra la tortura, la opción por la vida o la opción por la
muerte. Decidimos plantear esta suprema alternativa a la conciencia de la nación". La conciencia de sus propias emociones
los prepara para el sacrificio que emprenden en nombre de Cristo. A través de este sacrificio se convierten en espejo revelador
para los moralmente ciegos, sordos, mudos y embotados de
todo lo que quisieran olvidar para mantener el comfort de sus
falsas tranquilidades: "Por cierto que las respuestas a nuestra
acción no han sido todas reconocimientos, regalos y premios.
Los creyentes del Movimiento sabemos que el discípulo no es
mayor que su maestro y que si a El le pagaron mal los poderosos y dominadores de su tiempo, no nos pagarán mejor los de
ahora a nosotros. La verdad es que siempre fuimos resistidos o
perseguidos por aquellos en quienes la palabra tortura despierta
la mala conciencia del propio pecado, de su complicidad o de
la ceguera que provoca en los que miran y no quieren ver".
Su fortaleza les entrega una voz estentórea que "clama al
cielo" para romper el silencio, terminar con la sordera y despertar la conciencia, "emplazar a tomar posición contra la tortura",
de manera que los seres vuelvan a ser humanos con el trauma
de contemplar su propia cobardía moral al retirarse ante las
fuerzas del mal. Dan "un fuerte remezón a la conciencia nacional". Con este objetivo de convertirse en espejo de pecadores,
no trepidan ni siquiera ante la posibilidad de enfrentarse a su
propio pecado: "Una solución es la demostrar obstinadamente
al país los pies de barro de este régimen: la tortura. Mostrarla
a los colaboradores, que somos prácticamente todos, hasta que
se nos caiga la cara de vergüenza. Gritar esta vergüenza en
las calles y plazas, hasta hacerla llegar a todos los estamentos
169
de la sociedad, despertando las conciencias acobardadas o
embotadas o vendidas, hasta que la nación se levante con un
"no" definitivo a la tortura"; "en el centro de la ciudad y en
el cruce de sus caminos cantamos por la vida y la libertad";
"dejábamos esculpido el nombre de LIBERTAD en el corazón
mismo de nuestra ciudad como señal de su destino y símbolo de
nuestra lucha"; "Reiteradamente, obstinadamente, en una ciudad
estigmatizada por la tortura, se va grabando la exigencia de la
libertad. Más que las paredes materiales, son las conciencias
ciudadanas "las paredes de mi ciudad". A ellas se dirige ante
todo el Movimiento Contra la Tortura "Sebastián Acevedo". De
la conciencia colectiva de la Nación habrá de brotar un día el
veredicto final: "No" definitivamente a la tortura".
Para ello también crean santuarios recordatorios en que
los habitantes de la ciudad puedan encontrarse materialmente
con los signos de la vida y del sacrificio libertario: "nos juntamos en la puerta de la Catedral para recordar su mensaje.
Llevábamos flores que significan la fuerza de la vida que ha
surgido de su muerte. Las depositamos configurando el lugar
donde habría caído. "QUE LA CNI ME DEVUELVA A MIS
HIJOS". "Pensamos que este grito de un padre ha de remecer el
corazón mismo de la Iglesia, que en esta conjuración de silencio
podría olvidarse de que es madre también de los torturados."
Estos clamores de resensibilización de la conciencia pública
los convierte, finalmente, en voces proféticas que anuncian el
porvenir de la sacralidad de un nuevo orden: "pretendemos en
primer lugar [...] el "sí" al hombre y a sus derechos a vivir plenamente en un mundo libre y fraternal"; "se trata de una nueva
libertad, verdadero desafío para la nación. Una libertad no para
unos pocos afortunados, sino para la gran masa, más esclavizada que nunca. Una libertad que habrá que construir desde el
encarcelado, desde el torturado, desde el hombre desaparecido o
destruido. ¿No anunció Cristo su Reino de libertad a partir del
pobre y marginado?"; "somos la expresión y el signo de vida
que sale al paso del contra-signo de muerte que es la tortura;
somos la señal combativa de que este pueblo no se resigna ni
se somete a la tortura, a la opresión ni a la muerte".
En "su caminar" "sorprenden", "desconciertan" y "de170
safían" al poder del mal para "deslegitimarlo" y suspender el
sortilegio con que aprisiona a los otros seres, "interpelándolos"
y "sensibilizándolos" con su voz. Con su actitud desafiante
"osan desenmascarar las casas de Tortura" para restablecer la
solidaridad y la comunicación emocional con los sufrientes y
arrancarlos de la indefensión a que los condena el anonimato
y el silencio en que operan los seres malignos: "los demás
pronunciamos en voz alta los nombres de las víctimas, porque
éstas tenían nombre. Había que proclamarlo fuertemente allí
donde eran envilecidos, como objetos que había que estrujar
para sacar de ellos alguna información útil o aún, algún goce
sádico"; "unirse a ellos con la esperanza de romper la incomunicación, de tomarnos de sus manos encadenadas y abrazar sus
cuerpos quebrantados".
Su "mística" les da la certidumbre de que "existen
misteriosos canales que pueden hacer llegar a ellos en los
oscuros escondites donde los tienen prisioneros, la solidaridad
de los amigos, hermanos y compañeros". Condicionados por
el conocimiento de esos "misteriosos canales" su cuerpos se
transforman en carne valerosa para el sacrificio con que comulgan amorosamente con los dolientes: "nuestro Movimiento
sufrió en carne propia la dura condición de perseguido a que
está permanentemente sometido nuestro pueblo. En esas duras
y penosas ocasiones nuestro movimiento fue víctima y testigo
de que se pusiera en evidencia pública que, las autoridades de
Chile hoy, no castigan a los torturadores sino a los que denuncian"; "Hay gente en las calles de Santiago que nos mira en
nuestras acciones, que nos aplauden y dicen que somos valientes. Pero sólo Dios y nosotros sabemos cuánto nos escuece el
miedo en el momento de la acción y cómo lo superamos sólo
en la convicción de que lo que arriesgamos es nada al lado
del horroroso tormento que padece el torturado, que es nuestro
hermano y compatriota".
Finalmente, la exposición sacrificada de sus carnes al castigo de los seres malignos durante las actuaciones es asumida
como parte de un camino de perfeccionamiento moral que se
logra al compartir simbólicamente el dolor del torturado en el
cuerpo de Cristo: "Todos nosotros encontramos profundas y res171
petables motivaciones para esta noble acción. Pero los creyentes, además, descubrimos en el hombre humillado y desecho por
la tortura, al Servidor de Yavé, al Jesús que es sacrificado hoy,
al profeta denunciador del pecado personal y social de su época
y de la nuestra, al Hijo de Dios muerto y resucitado, presente
en toda acción transformadora de la Historia. A El seguimos, a
El servimos cuando escuchamos su llamado a jugarnos por el
hombre. Y, por eso, casi siempre, al natural miedo sigue en el
interior de nosotros el inexpresable gozo de saber que hacemos
algo, aunque pequeño, por el hombre y por Dios".
5. La recuperación del alma de los seres enceguecidos
por el mal
Los lugares donde se guarecen los seres que siguen a la
autoridad maligna o desde los Palacios desde donde se disemina
su poder, son zonas desde las que se disemina la perversión
y la enfermedad a todos los cuerpos de la sociedad: "Por lo
demás, como lo hemos indicado, el cáncer ha extendido sus
metástasis sobre otros órganos vitales del cuerpo social"; "Ese
Cuerpo de los Carabineros de Chile, que respetábamos por su
vocación de servicio y por una tradición que los honra, ha sido
infeccionado por el propio régimen y se ha convertido también
en un organismo torturador"; "intuimos con espanto que Carabineros de Chile, un cuerpo hecho para servir a la vida, estaba
siendo configurado como instrumento de muerte. Llegamos casi
a comprender por qué Carabineros torturaba".
Sin embargo, a esos seres de "mística" los asiste la bondad necesaria como para reconocer que esos seres malignos
son, a pesar de todo, depositarios de un alma que es necesario
recuperar para el bien: "hay que creer que el hombre lleva una
conciencia, que en él se esconde una llama que puede siempre
surgir y encenderse". "Nos duele también la autodestrucción
que, al torturar, se infiere a sí mismo el propio torturador". Por
lo tanto, los seres de "mística" son capaces de retornar a los
lugares de peligro para emprender su salvataje: "Volvimos a
ese tétrico lugar porque allí estaban los cuerpos torturados. Tal
vez nos llevaba también ese impulso desafiante que arrastraba a
los antiguos anacoretas al desierto para enfrentarse allí con los
172
poderes infernales en sus propias guaridas. ¿No era Borgoño
1470 el foco maligno de perversión y muerte sobre toda la
ciudad?"; "Volveríamos a conocer la otra cara de la medalla,
el sello que el régimen ha impreso a la institución. Tocaríamos
a fondo y desde dentro la situación imposible en que ésta se
debate, la verdadera tragedia que sufre el respetable Cuerpo de
Carabineros". A pesar de todo, a pesar de su miedo, se acercan
a esos seres maquinizados por el mal para reconocerlos como
parte de una humanidad doliente, todavía con cierta conciencia
de que son instrumentalizados para la muerte, todavía capaces
de llorar por otros dolientes y, por tanto, capaz de ser redimida:
"Fue bueno, en un apretón de manos, hallar al hombre debajo
del uniforme"; "Constatamos con todo, dentro de la Institución,
la persistencia de un "resto de Israel" desde el cual podría
todavía reconstruirse lo que han sido y están llamados a ser
Carabineros de Chile"; "Llevábamos una carta del Movimiento
para el Presidente de la Corte Suprema, y conversamos con él.
Allí supimos que un magistrado al menos, había llorado, y más
de una vez, por los cuerpos torturados".
Finalmente se levanta una visión profética, utópica y
apocalíptica. Siendo las conciencias humanas depositarias de la
llama divina, una vez que ellas despierten purificarán el ámbito
corrupto con un fuego que extirpará la malignidad idolátrica:
"Saltará por alguna parte –o por muchas– la chispa que reanimará el alma de la nación; ésta comprenderá en forma nueva y
sabrá expresarlo en nuevas instituciones, que Chile está llamado
a ser un país de hermanos". Para ello, estos seres de "mística"
continuarán denunciando la idolatría corruptora hasta vencerla
con las armas de su debilidad moralmente superior: "Por esto
seguiremos mostrando a la cabeza que se yergue soberbia y que
piensa en términos de oro (léase dólares) y a los brazos que
son de bronce y se creen invencibles (las Fuerzas Armadas),
esos pies de barro que los sustentan: la práctica de la tortura,
barro que vuelve vano al oro y débil al bronce".
Desde una perspectiva de observación más distanciada de
este tejido metafórico, ahora trataremos de captar más nítidamente su estructura conceptual. Como primer paso, es necesario
llamar la atención sobre el hecho de que la visión mítica esbo173
zada parte de la premisa fundamental de que la sociedad es un
ámbito homogéneo, en que no hay diferenciaciones ni rupturas
esenciales ni entre los seres humanos –entendidos como "todos
los chilenos"– ni entre los espacios que ocupan. La homogeneidad se manifiesta como una proyección extremadamente
compacta de la metáfora organicista del cuerpo humano como
noción de nexo en todo orden social. Es compacta de ese modo
en la medida que busca un violentísimo acercamiento de ambos
términos, lo individual y lo colectivo, sin siquiera intentar la
cauta creación de categorías mediadoras para el paso entre las
zonas micro y macrocósmicos, cautela característica del pensamiento social contemporáneo. Esto justifica, finalmente, nuestro
"interludio teórico para el desvío expositivo". Es así como el
cuerpo humano individual es propuesto como equivalente de
la totalidad colectiva, existiendo instituciones intermedias que
también son entendidas como cuerpos similares a los otros. Esto
conforma una utopía que establece un ideal de normalidad y de
bien social en la ocupación eficaz y la continuidad de proyección ininterrumpida entre los espacios humanos de la intimidad,
la privacidad y lo público por todos los volúmenes corporales.
En la ocupación irrestricta de todos los espacios existentes,
tanto por el volumen físico de los seres humanos como por su
imaginación, se exhiben los seres de bien los unos a los otros
y logran comunicarse con plenitud, estableciendo nexos que
fundamentalmente se basan en el amor y la solidaridad. Esta
comunicación es gozosa y placentera porque los seres humanos
están juntos, comparten; la comunicación se expresa en movimiento y bullicio alegre a través del espacio. Esta comunicación
ininterrumpida mantiene la salud tanto de los individuos como
del cuerpo social. El origen de esa homogeneidad sana está en
un estrato de suprarrealidad en que se aposenta lo divino, estrato que nutre la energía, emotividad, fortaleza y vivacidad que
normalmente animan al espacio social y otorgan una identidad
esencialmente igual a todos los que lo ocupan.
Sin embargo, el mal ha logrado interferir en el nexo entre
el espacio social y la suprarrealidad numinosa. La consecuencia
es que la normalidad queda suspendida y los seres malignos
logran conquistar el espacio amplio para luego aposentarse en
174
espacios restringidos –guaridas– en que se ocultan y enmascaran. Desde esos aposentos hacen frecuentes excursiones que
impiden la comunicación humana y el gozo en la solidaridad.
Los seres humanos se ven forzados a retraerse a los espacios
más recónditos de su privacidad, donde viven confinados por el
terror y el amedrentamiento. Los seres humanos quedan incomunicados, divididos, separados. Los espacios sociales se transforman en desiertos solitarios. Ahora en los espacios campea
el espíritu de la muerte. Detenido el flujo numinoso, los seres
humanos que viven existencias aisladas se hacen insensibles,
objetos inertes, a la espera de ser castigados. Sólo quienes se
adaptan a este nuevo orden pueden sobrevivir, aunque sin dignidad. Se diferencian de los otros seres humanos porque también
son ricos, mientras los otros quedan condenados a la categoría
de pobres humillados y torturados. Desde sus lugares secretos
los seres malignos irradian pestilencias y enferman el cuerpo
social, a la vez que promueven placeres perversos.
La normalidad natural de origen divino no puede ser
reprimida, sin embargo. Ella se expresa a través de seres que
encarnan su vitalidad numinosa y son capaces de vencer las barreras confinadoras del miedo para salir a los espacios públicos
y reconquistarlos, recuperarlos para la vida, restableciendo la
homogeneidad natural de la sociedad, estado real, verdadero y
eterno. Esto se da mediante el sacrificio ritual de exponer sus
cuerpos inermes a la violencia de los seres malignos como signo
de solidaridad y comunión con todos los dolientes. El origen
que los anima y la disciplina del sufrimiento les da la fortaleza
para volver a llenar los espacios con el bullicio, el movimiento
y el ajetreo de los seres vivos. Con ello buscan despertar a los
seres anestesiados por el mal y a los que han llevado a cabo la
implementación directa de los designios y la violencia malignas
y recuperarlos para el bien eterno y para la vida. Redimirlos
implica restablecer una normalidad en que todo ser humano
tenga conciencia de ser manifestación de la divinidad.
Los mitos de MCTSA: Universalidad temática
175
para la interpelación nacional
Se puede postular que la posibilidad de que un grupo
social reconstruya un universo simbólico de apelación nacional
puede medirse por su capacidad de absorber en su visión de
mundo el conjunto temático que ha desarrollado la colectividad para tomar conciencia y explicar el horizonte histórico del
momento y articularlo en un discurso orgánico. Por horizonte
histórico se entiende el cúmulo de opciones de acción colectiva que se abre para un grupo social dentro de la lógica del
proyecto social hegemónico que se dirime en una sociedad.
Ese horizonte queda conformado según diversas instancias: de
acuerdo con los objetivos puestos en juego por los diferentes
agentes sociales masivos reconocibles dentro de una sociedad;
de acuerdo con la estructuración de la actividades económicas,
las relaciones sociales, la institucionalidad política y el acopio
general de discursos de representación figurativa de la sociedad;
de acuerdo también con las interrelaciones sobredeterminadas
de este conjunto de actividades y la orientación que les imprime
el poder que articula el proyecto social hegemónico.
Ni el número de esas opciones de acción posible ni el
conjunto temático que producen y usan los diferentes actores
sociales para constituirse en tales alcanza un número infinito.
Por lo tanto, esas temáticas de debate y entendimiento colectivo
pueden ser identificadas, su lógica con respecto a las luchas sociales que se desarrollan en la amplitud social puede ser captada
y articulada dentro de otros discursos que buscan globalizar una
interpretación general de la sociedad, a veces en una relación
isomórfica, en cuanto reproducen una estructura común.
Observemos el modo en que el MCTSA ha captado esas
temáticas colectivas para elaborar su propuesta ético-simbólica.
Para ello debemos entender que, en la medida en el discurso
mítico del MCTSA haya logrado óptimamente esa captación y
esa articulación, los otros discursos de que se ha nutrido presentarán una continuidad frente a su discurso propio y no una
serie de rupturas. Esa continuidad servirá, por tanto, de mutuo
reflejo explicatorio, según el cual las mitificaciones del MCTSA
iluminarán a las otras y viceversa. El proceso de reconstrucción
176
del universo simbólico nacional equivaldría, de acuerdo con
esto, a una ubicación del discurso del MCTSA en el centro de
todas las temáticas que universalizan las aspiraciones de los
sectores de oposición al militarismo en Chile, hecho efectivo
que esperamos demostrar. Esto haría del discurso poético-mítíco del MCTSA un foco de concentración ideológica profundamente traspasado por los ideologemas de otros discursos
paralelos y convergentes. Comprobaremos esto con un examen
del amplio espectro de preocupaciones discutidas y debatidas
por la intelectualidad chilena progresista en los años recientes,
comenzando por la más evidente en la mitificación del MCTSA,
la ciudad, tema profundamente conectado con la problemática
de los Derechos Humanos.
1. La ciudad
Tras toda argumentación en defensa de los Derechos
Humanos yace el mito utópico-político de la definición de
un espacio social en que múltiples generaciones, a través del
tiempo, laboran para que la especie humana pueda concretar
y satisfacer la potencialidad máxima de necesidades y de impulsos hacia la creación material y espiritual de que la especie
sea capaz. La apertura y mantenimiento de ese espacio requiere
crear condiciones de salubridad ecológica, formas de relación
social, organización institucional y acumulación de representaciones ideológicas de la realidad, de manera que los seres
humanos puedan desarrollar un ciclo expansivo y ascendente
de creación de nuevas necesidades y modos de satisfacerlas a
través del tiempo. Al trabajar por satisfacerlas, ineludiblemente
estarán humanizando cada vez con mayor intensidad el espacio
en que habitan, su propia personalidad y la de su comunidad.
En otras palabras, lo que llamamos Derechos Humanos es un
vasto movimiento de aspiraciones y demandas de libertad y
democracia para tener acceso amplio e irrestringido al acopio
cultural que la especie humana ha acumulado en su historia.
En la decantación jurídica de este movimiento progresivo
se ha llegado al consenso internacional de que ese proceso de
humanización conforma derechos intangibles anteriores a toda
forma de institucionalización económica, social y política.
177
Esta institucionalización surgiría, más bien, como forma de
administración de las libertades concretas y potenciales que
ha permitido la confrontación conflictiva con la estructura del
poder establecido. Ello supone que los principales impulsadores de la lucha por la ampliación de los Derechos Humanos
son los grupos y clases sociales subordinadas y desposeídas
–es decir, "el pueblo"– que, precisamente por su situación de
tales, al luchar por sus reivindicaciones expanden el gozo de
esos nuevos derechos irrestringidamente para las generaciones
futuras. Esta utopía adquiere carácter político en el momento
en que los seres subordinados avizoran conscientemente el
agotamiento de las opciones de ampliación de sus derechos
por la situación histórica concreta de las estructuras sociales en
que les toca vivir y son capaces de movilizarse y organizarse
para formar un bloque de poder que cree la hegemonía de un
nuevo orden social.
Planteado el mito utópico de los Derechos Humanos en
estos términos, es fácil comprender la importancia central que
en él tiene la ciudad como localización de todo esfuerzo de
humanización y rehumanización de la especie. La ciudad es el
símbolo más claro del trabajo de autoproducción de la humanidad en su proceso de diferenciación de la naturaleza, resultado
de las complejas variables de relación de la voluntad subjetiva
de la especie y los factores materiales determinantes en sus
diferentes momentos históricos. De manera tal que su diseño
espacial, la disposición de sus redes de comunicación, la habilitación de los espacios de encuentro público de los diferentes
sectores sociales, su capacidad para utilizar los espacios designados para la residencia, el trabajo, el ocio y la reproducción
cultural son índice material, visible, certero y concreto, no sólo
del legado histórico de anteriores generaciones que abrieron o
mantuvieron el espacio citadino sino, además, del estado actual
de los Derechos Humanos en una sociedad.
Por este motivo es que, luego del golpe militar del 11 de
septiembre de 1973 en Chile, grupos de intelectuales han prestado intensa atención al problema de la ciudad, particularmente
Santiago, como foco de un pensamiento que rearticule la dimensión de futuro utópico del pensamiento democrático opositor
178
al militarismo. Alfredo Rodríguez en su libro Por una ciudad
democrática27 ha dado clara intuición de esa utopía: "Por esto,
pensar en la posibilidad de una alternativa [de organización
urbana] es recuperar nuestro sentido de protagonistas. Vivimos
en una ciudad, tenemos algo que decir respecto a ella y, sobre
todo, tenemos el derecho de hacerlo. Hoy lo más concreto que
podemos hacer es pensar. Pensar en alternativas a esta realidad
autoritaria y, a la vez, descubrir cómo, a pesar de todo, hay
gente, trabajadores, pobladores, estudiantes, profesionales, artistas, que en distintos órdenes de cosas están realizando obras
que muestran nuevos caminos, realizan experiencias portadoras
de futuro" (p. 46). Se podrá comprobar que este pensamiento
guarda estrechos paralelos con las matrices míticas propuestas
por el MCTSA. Estos paralelos se explican por el magnetismo
utópico del tema. El ha trascendido más allá del núcleo profesional de urbanistas, arquitectos y geógrafos, de cuyos seminarios resultó la obra de Rodríguez, para convertirse en tópico
literario y musical de importancia general. Esto lo atestigua el
surgimiento, producción y popularidad masiva de un conjunto
de Canto Nuevo llamado "Santiago del Nuevo Extremo", cuyo
principal tema se titula "A mi Ciudad".
De la cita anterior se deduce que, por las interferencias
de la represión, la meditación sobre la ciudad se ha estado
llevando a cabo desde una postura restringida en su capacidad
de acción social, consciente de que se especula como ejercicio
previo a la práctica concreta. Con claros ecos del mito del
MCTSA, individuos confinados a espacios privados, desde
los cuales todavía no pueden hacer extensamente público un
pensamiento que hace propuestas colectivas, estos profesionales
han estado discutiendo la ciudad como espacio para que se
constituyan grupos humanos capaces de definir autónomamente
sus propios proyectos históricos, atendiendo a sus propias necesidades. Por ello las discusiones tocan tanto las condiciones en
que se da la reproducción de la vida –trabajo vivienda, salud,
educación– como también las posibilidades de organización,
participación y movilización comunitaria bajo relaciones de
dominación que tienen profundo efecto sobre la vida cotidiana
de los ciudadanos: "La ciudad debe ser obra de sus habitantes.
179
Para que esto suceda, se deben establecer canales adecuados
de participación, decisión, gestión y administración. Cuando
planteamos una ciudad obra de quienes la habitan, estamos
hablando de una ciudad democrática" (p. 67).
En estos planteamientos llama la atención el gran espacio
dedicado a la dimensión emocional para describir la utopía de
la ciudad democrática, rasgo similar al discurso del MCTSA.
Estos urbanistas, geógrafos y arquitectos tematizan sus preocupaciones hablando de "Una Ciudad de Ciudadanos"; "Una
Ciudad que Acoge"; "Una Ciudad Hecha por Todos"; "Una
Ciudad para Vivir". Se habla de la cotidianidad bajo la represión
militar indicando tácitamente la pérdida de un universo simbólico colectivo, puesto que la cotidianidad "se ha convertido
en angustia y desesperación para muchas familias. Nos enfrentamos a una situación de pérdida de sentido de la vida. Esta,
para los jóvenes, se agrava con la sensación de pérdida de la
capacidad de futuro. Y esto implica, más gravemente aún, la
pérdida del sentido de la patria como aquello por lo cual uno
vive, y no por lo cual uno muere" (p. 59); "Lo que buscamos
es la felicidad, queremos vivir bien. Para esto es necesario superar toda explotación y todo sometimiento. La miseria en las
condiciones de vida material de amplias capas de la población
es uno de los obstáculos objetivos a la felicidad" (p. 65).
La emotividad expresada demuestra una voluntad de
reintegrar la dimensión política a la habilitación de espacios
citadinos. Esa dimensión es considerada hecho fundacional
del espacio humanizado, y recibe rango de derecho humano militarmente conculcado. Con el objeto de legitimar esta
apreciación se retorna a un pasado remoto, buscándose avalar
un pensamiento social en sus raíces filológicas más antiguas:
"Ciudad y política nacieron en la tradición occidental como
conceptos y realidades interrelacionadas. Etimológicamente
las articulaciones son claras: civitas y polis son raíces que en
distintos idiomas expresan, al mismo tiempo, un modo de habitar y una forma de participar: civismo y política" (pp. 52-53).
Este retorno a los orígenes de un pensamiento social adquiere
pronunciados visos míticos en la medida en que se va aún
más atrás de las antigüedades fundacionales de la civilización
180
contemporánea para enfrentarse a la naturaleza y al problema
del desarrollo de un espacio humanizado en armonía con ella:
"El respeto por la tierra. Nuestras ciudades ocupan en la historia del planeta un lugar muy reciente, son casi un instante en
la vida de la Tierra. Con nuestras obras destruimos lo que ha
tomado millones de años en formarse. Pero el respeto por la
naturaleza no es sólo importante por eso, sino porque a través
de las modificaciones y transformaciones introducimos cambios
que afectarán a las próximas generaciones. En este sentido
el respeto por la naturaleza tiene una dimensión profunda de
respeto por la especie humana, por la continuidad de la vida.
El pensamiento ecológico nos ofrece además la posibilidad de
repensar las formas arquitectónicas que construimos, introduciendo respuestas acordes con la naturaleza: aprovechamiento
de la energía solar pasiva, de la energía eólica, etc. Y, lo que
considero más importante, es que el movimiento ecologista
pone en duda, discute y cuestiona la mantención de la idea de
progreso tal como ha sido el ideal de las sociedades capitalistas
avanzadas. La posibilidad de discutir otras ideas de progreso
y de desarrollo que permitan la expansión de nuestras capacidades creativas, nuestros sentidos, las formas de relacionarnos
entre nosotros, creo que dan una nueva función social a los
arquitectos" (p. 147).
El propósito implícito de esta estrategia discursiva es del
todo paradójico, puesto que se intenta anclar la actividad futura
de diseños espaciales para la democracia –actividad producto
del trabajo humano históricamente consciente– en una "normalidad" cercana a la naturaleza, en una "naturalidad", desde la
cual se pueda condenar la "anormalidad" y "antinaturalidad"
de los designios militaristas al respecto. Aquí encontramos
obvias homologías con los actores "naturales" de la rehumanización de la ciudad en los mitos del MCTSA. En la obra
de Rodríguez esta paradoja es resuelta otorgando conciencia
histórica a procesos animales carentes de ella. Así es como
se ilustra la imbricación de la antigua experiencia de diseño
urbano acumulada con los dilemas del presente dictatorial y
las tareas del futuro echando mano de una fábula de notorio
corte iluminista característico del siglo XVIII, aclarándose la
181
relación dialéctica entre el presente y sus necesidades con las
formas culturales legadas por el pasado: "El abejorro estaba
enamorado de la oruga, la oruga murió y se amortajó con el
capullo. El abejorro permaneció junto al cuerpo de su amada.
En una ocasión el capullo se rompió y salió de él una mariposa.
El abejorro odiaba a la mariposa que había matado a la oruga
[...] Una vez quiso matar a la mariposa, pero al acercarse vio
que los ojos de la mariposa eran conocidos, eran los ojos de la
oruga [...] Los ojos quedaban [...] Lo viejo queda en lo nuevo,
es reconocible, pero recibe una nueva interpretación, adquiere
alas, otras funciones [...] Ahora los ojos se necesitan para volar,
no para arrastrarse".
Reiteramos el paralelo de esta estrategia naturalizadora
con la forma en que las fuerzas de renovación planteadas en
los mitos del MCTSA surgen de la naturaleza como "fermento",
agua que emana. Hay un momento en que en esos mitos se
afirma que "¡Hay brotes nuevos!".
De manera también similar a la lógica mítica del MCTSA, el mito de lo "natural" resulta ineludiblemente en un marco
de pensamiento nostálgico en la obra de Rodríguez, según el
cual los seres que no pueden actuar en el ahora añoran un pasado en que lo "natural" se expresaba con pleno vigor. Esto se
hace patente en el título de uno de los acápites que da cuenta
de la historia anterior del uso de los espacios urbanos para la
comunicación y contacto social: "ESO YA CASI LO HABÍAMOS OLVIDADO". A lo que ese olvido se refiere es al hecho
de que la plenitud del uso urbano en el pasado chileno se inició
con el movimiento de organización poblacional de la década de
los sesenta y llegó a su culminación con la gran movilización
popular de los tres años de la Unidad Popular a comienzos de
los setenta. Dentro de la matriz metafórica general utilizada en
este discurso, lo "natural" resulta ser, en última instancia, el
pueblo –las clases subordinadas y explotadas más desposeídas–
que se ponen en movimiento para barrer con el orden burgués
como marejadas que todo lo cubren: "Los sectores populares,
tradicionalmente relegados a la periferia, tenían presencia en
casi todo el conjunto de la ciudad. El centro había perdido su
carácter meramente administrativo o comercial para transfor182
marse en el espacio de las manifestaciones, en el lugar donde
los sectores populares expresaban su respaldo al gobierno. La
ciudad entera, en sus muros, señalaba la presencia de los nuevos
actores sociales: dibujos, consignas, banderas [...] El ordenamiento urbano tradicional se resquebrajaba. Se cuestionaba la
propiedad privada territorial a través de la toma de terrenos. Se
cuestionaba la propiedad privada de los medios de producción
a través de las ocupaciones de industrias y de la creación del
Área de la Propiedad Social. Se cuestionaba el ordenamiento
del conjunto de la sociedad a través de las organizaciones que
en la base ejercían su poder de decisión" (pp. 15-16). Como se
podrá observar, aquí queda patente el sentido simbólico de los
dibujos sobre los muros y los pavimentos de la ciudad como
manifestación de una nueva democracia, metáfora recuperada
por el MCTSA en sus rituales de protesta.
Considerar al pueblo como tal marejada que expresa
fuerzas naturales de inmediato asocia el movimiento popular
con las manifestaciones de la vida, del impulso vital que busca
imponerse sobre el espíritu de la muerte. Con esto queda ya
del todo expuesta una matriz simbólica similar a la estructura
de la argumentación en defensa de los Derechos Humanos,
la práctica ritual y mítica del MCTSA y la concepción de lo
urbano que comentamos. En sus premisas más fundamentales
esa matriz se expresa como la lucha de la cultura de la vida
en contra de la cultura de la muerte.
No es de extrañar, entonces, que, en el momento de
esbozar la política urbana del régimen militar, en la obra de
Rodríguez se haga énfasis en una conducta que altera lo urbano para reprimir lo vital mediante el castigo y la disciplina; la
reordenación y fragmentación de espacios; la desarticulación
y segregación de relaciones de clase; la transformación del
espacio urbano adecuado para la ocupación constructiva, la
comunicación y el gozo –es decir, espacio para la expresión
y satisfacción de necesidades humanas– en mercancía para la
especulación financiera: "La irrupción de los sectores populares en la escena urbana amenazaba los intereses de las clases
dominantes. La ciudad. Santiago 1973, ya no se ajustaba a la
imagen que la burguesía tenía del ordenamiento segmentado y
183
jerarquizado del espacio urbano. Las diferentes clases sociales
tienen distintas imágenes de la ciudad de acuerdo a sus propios
intereses, a cómo viven, transitan, duermen: el nuevo orden que
se gestaba les era inaceptable" (p. 17).
Por surgir del temor a la destrucción de su orden social
y por provenir de una aguda sensación de peligro, este pensamiento imputa a la reacción burguesa una lógica irracional que
ubica, en su trasfondo, una analogía con bestias que temen por
sus vidas: "Discurso surrealista que impone el orden a través del
terror de la imagen desprovista de contexto; hipnotizante autoritarismo del discurso sin interlocutor que impide la respuesta; terrorismo de las palabras que, ocultando la explicación histórica,
reduce la realidad a dos polos: Ayer, manifestaciones estudiantiles / Hoy, estudiantes secundarios pulcramente uniformados; La
Universidad con lienzos / La Universidad recién pintada. Calles
con enfrentamientos entre trabajadores y carabineros / Calles
en que circulan libremente los automóviles. Vitrinas vacías y
colas para el abastecimiento / Vitrinas repletas de mercancías.
Manifestaciones con cientos de banderas, de distintos países,
de distintos partidos / La bandera nacional. Tomas de terrenos,
campamentos / Entrega oficial de viviendas de material sólido.
Tomas de industrias / Industrias produciendo, etc". Se trata, sin
duda, de una explicación de la lógica neoliberal de la rancia
temática de la civilización versus la barbarie. Esta manipulación
de violentísimos contrastes ideológicos no puede sino concluir
en un paroxismo de la regimentación por parte de los militares,
la cual culmina en una voluntad de imponer la muerte como
estrategia de acción consciente. Esto se imputa al militarismo
trayendo a colación una cita tomada del Príncipe de Maquiavelo: "En verdad, el único medio seguro de dominar una ciudad
acostumbrada a vivir libre es destruirla. Quien se haga dueño
de una ciudad así y no la aplaste, espere ser aplastado por
ella. Sus rebeliones siempre tendrán por baluarte el nombre de
la libertad y sus antiguos estatutos, cuyo hábito nunca podrá
perder el tiempo ni los beneficios. Por mucho que se haga y
se prevea, si los habitantes no se separan ni se dispersan, nadie
se olvida de aquel nombre ni de aquellos estatutos, y a ellos
inmediatamente recurren en cualquier contingencia" (p. 9). No
184
olvidemos que el MCTSA ha hecho suyo y canta el himno "Yo
te nombro Libertad" por la ciudad de Santiago.
Por tanto, de acuerdo con esta interpretación de la vida
citadina bajo el fascismo, los sectores populares distan de ser
la manifestación del caos de la barbarie a punto de invadir la
ciudad para apoderarse de ella, sino la restauración de la vida
normal y natural, el pueblo que se reconstituye como actor de
su propia historia, se reorganiza y se moviliza para expresar
políticamente sus aspiraciones: "Lo que está en la base de las
jornadas de protesta es un cierto sentido de la historia como
construcción colectiva a partir de una multiplicidad de pequeños
actos simultáneos, casi anónimos, y que tienen una dimensión
espacial. Esto cambia cualitativamente las formas de hacer
política, otorgándole a ésta una dimensión espacial, territorial
y un carácter concreto" (p. 70).
2. La cultura de la vida contra la cultura de la muerte
Como observamos, la temática de la ciudad contiene
otra, la vida tratando de manifestarse en medio de una cultura
administrada para la muerte. El desarrollo de este acápite requiere, sin embargo, un tratamiento levemente diferente a los
anteriores, ya que aquí no solamente está en juego el examen
de una evidencia documental, sino una lucha ideológica anclada
directamente en la práctica concreta de la oposición. Aunque
el tema de la cultura de la vida identificada con el pueblo
contra la cultura de la muerte identificada con el militarismo
fascista ya estaba planteado largo tiempo atrás en el lenguaje
de la oposición, su asunto tomó una terrible urgencia por las
consecuencias de la represión durante la Protesta Nacional. Por
tanto, en este segmento trazaremos una relación más directa
entre producción ideológica y práctica concreta, señalando con
ello un antecedente lateral más, paralelo a nuestra preocupación
particular por el MCTSA, sobre la importancia que ha tenido
la defensa de los Derechos Humanos en los intentos hacia una
posible reconstrucción de un universo simbólico de carácter
nacional. Como se podrá observar en lo que sigue, este hecho
de ninguna manera pasa desapercibido a las autoridades militares, que invierten bastante tiempo en desvirtuarlos. En cuanto
185
a la conexión de esta lucha ideológica con los temas recogidos
por el MCTSA en su mitificación, tengamos en mente que ella
se dio poco tiempo antes de que el movimiento celebrara su
primer año de vida el 11 de septiembre de 1984, hecho que,
por una referencia que encontraremos en el material siguiente,
parece ubicarla en un lugar central de las meditaciones del
grupo para esa ocasión.
Hacia fines de mayo de 1984, 87 personas habían sido
muertas, la mayoría de ellas habitantes de poblaciones marginales, además de 13 militares y una cuenta de heridos difícil
de precisar. Reaccionando con alarma ante esta situación, el Arzobispado de Santiago, a través de la Vicaría de la Solidaridad
comenzó una movilización de protesta contra el gobierno que
se inició el 20 de junio con un encuentro de noventa agentes
pastorales de las diversas zonas de Santiago bajo el lema "Por el
Derecho a la Vida". Como fue anunciado en el boletín emitido
al cerrarse el acto, la reunión tuvo el objetivo de promover una
reflexión a todo nivel sobre las condiciones de vida en Chile
entre los desposeídos, en particular los habitantes de poblaciones marginales: "Ante los repetidos atentados contra la vida, el
deterioro progresivo de la salud, de las expectativas de futuro
y el riesgo de entrar en una espiral de violencia y de muerte,
nos hemos decidido a tener un encuentro de agentes pastorales,
sobre "El Derecho a la Vida". Su finalidad era mantener viva
la conciencia del valor de la vida humana, redoblar nuestros
esfuerzos para defender los derechos básicos de los más pobres
y proponer iniciativas o caminos que nos alejen de esta "cultura de la muerte" y nos devuelvan más alegría y esperanzas
de vivir [...] Que no escuchemos más lo que una madre decía
ante la detención de su hijo: "Yo les diría a las mujeres que
no tengan hijos". Preocupados de que la reacción de la Iglesia
no estaba "a la altura de la gravedad de los hechos", se urgía
a los agentes pastorales a "permanecer unidos entre sí frente a
las diversas líneas que se ven aflorar en la Iglesia. No desanimarse, seguir trabajando y tratar de ser creativos", a que mantuvieran una ancha vía de comunicación y de información con
su comunidad, orientándola para que no se dejara amedrentar,
denunciara los atropellos sufridos a manos de las fuerzas y
186
armadas y los enfrentara con unión y decisión. El efecto debía
ser la creación y el refuerzo de un espíritu de acción digna y
solidaria en la comunidad impidiendo, ante los atropellos, "una
cierta tendencia al acostumbramiento, a la aceptación fatalista".
Esa acción debía darse con una no-violencia activa que realzara
la expresión de solidaridad mediante la organización de vigilias
de oración, cartas de adhesión, la organización de campañas de
alimento y peñas. Particularmente se pedía "apoyar la denuncia
testimonial del Movimiento Sebastián Acevedo". A los miembros de las comunidades cristianas se les pedía que fomentaran
los comités de defensa de los Derechos Humanos y "educar a
los cristianos a trabajar con no cristianos". Como sugerencias
globales se pidió una campaña para exigir la supresión de la
CNI y la derogación de la Ley Antiterrorista.
A Monseñor Francisco Fresno, Arzobispo de Santiago, se
le solicitaba que tuviera un encuentro con los Vicarios zonales
para unificar criterios y que tuviera encuentros con pobladores
para "observar directamente los hechos que ocurren al pueblo
y escuche sus gritos de dolor con el corazón"; que denunciara
no sólo la violencia, sino también las condiciones de vida de
los pobladores. De todos los Vicarios se pedía mayor iniciativa
para que hicieran "las denuncias atingentes a sus Zonas sin
tener que esperar un pronunciamiento global de la Iglesia de
Santiago". Resalta la conminación de "que cuando la Jerarquía
hable o actúe piense en su interlocutor propio que es el pueblo
de Dios, más que en la reacción de las autoridades. De otro
modo el pueblo se siente desconcertado ante palabras, actitudes
y gestos que él no esperaba".
En apoyo documental de esta actividad de la Iglesia, el
Arzobispado de Santiago publicó en julio de 1984 un panfleto
titulado Por una cultura de vida, basta de muerte, Informe
del Vicario de la Solidaridad a los Agentes Pastorales de la
Iglesia de Santiago. En él se consignan los nombres de todas
las personas muertas durante la Protesta Nacional hasta mayo
de ese año, precedidos de un análisis estadístico de las muertes
titulado "El Estado Actual del Derecho a la Vida en Chile".
En un momento de reflexión dice: "Cierto es que, aunque se
tratara de sólo de una muerte, esto sería grave. Pues, como
187
bien decía un escritor, cada hombre "es un ensayo único y
precioso de la naturaleza... Si cada uno de nosotros pudiese
realmente ser borrado por completo del mundo por una bala
de fusil, no tendría ya sentido alguno relatar historias. Pero
cada uno de los hombres no es tan sólo él mismo; es también
el punto único, particularísimo, importante y siempre singular
en el que se cruzan los hechos del mundo, sólo una vez de
aquel modo y nunca más [...] Pero si una muerte es grave,
no menos lo será el centenar de muertes ocurridas en medio
de un clima que evidencia un verdadero desprecio al derecho
a la vida" (p. 16). Por otra parte, en un corto estudio de las
débiles garantías judiciales existentes para la protección del
derecho a la vida por parte de un Poder Judicial que actúa en
connivencia con el régimen militar, titulado "Doce Meses de...
¿Derecho a la Vida?", se cuestiona irónicamente: "El recuerdo
de estos principios muy elementales de derecho nos permitirá
contestar la pregunta de si –a la luz de los hechos de que da
cuenta este documento– existe hoy reconocido en Chile auténticamente "el derecho a la vida", o si por el contrario, el
estar vivo es una mera concesión graciosa de la autoridad, de
la que ella –o sus agentes– puede impunemente retractarse"
(p. 13). La ironía surge del enmarcamiento de este material
por una reflexión teológica escrita por el entonces Vícaro de
la Solidaridad, Monseñor Ignacio Gutiérrez, que introduce el
panfleto. Allí, obviamente, se detecta el derecho a la vida en
una fuente superior, en que indirectamente se acusa a la autoridad militar de una idolatría ya mencionada en los mitos del
MCTSA: "El que la gloria de Dios haya querido manifestarse
no en una corona, sino en una cruz, invierte el orden de valores, convirtiéndose en gloria suprema lo que la sociedad había
convertido y degradado en lo más bajo [...] La libertad no la
garantizan las coronas, los absolutismos y las dictaduras, sino
la solidaridad con los débiles, la dignificación de los pobres,
el amor en la defensa de la vida [...] En esta perspectiva cae
por su base toda autoridad que no sirva a la vida. El futuro
del Crucificado-Resucitado "reducirá a la nada todo principado,
toda potestad" (I Cor. 15,24)" (p. 8).
Por último, es de importancia consignar la forma en que
188
se describe la cultura de la muerte a partir de sus síntomas en
la cotidianidad:
Con excesiva frecuencia nos sentimos rodeados por
manifestaciones del poderío de la muerte. Caín sigue
campando entre nosotros construyendo la cultura de la
muerte:
-Rostros de cesantes, agotados por la angustia, acomplejados en sus hogares;
-Rostros de niños con hambre, que no pueden resistir sin
dolor la primera alimentación en una "Colonia Urbana
de Verano";
-Rostros de niñitas que venden sus cuerpos y a quienes
se les mata el alma para ganar unos pesos;
-Rostros de familias enteras a quienes el terrorismo
ha marcado para siempre con la ausencia de sus seres
queridos;
-Rostros de relegados, arrancados de los suyos y lanzados a la soledad inhóspita;
-Rostros de pobladores aterrorizados por allanamientos
intempestivos en la noche;
-Rostros de torturados con el temor a cuestas y un sin
fin de secuelas sicológicas;
-Rostros de desaparecidos que salen a nuestras calles en
las solapas de sus madres, esposas e hijos;
-Rostros de golpeados brutalmente, marcados con cicatrices por la violencia represiva;
-Rostros de exiliados que añoran desde la lejanía tener
la posibilidad de pisar su patria;
-Rostros avariciosos de lujo que no trepidan en usar a
las personas y a las cosas en propio provecho;
-Rostros de 100 hermanos nuestros muertos desde el 11
de mayo del pasado año, cuya sangre es preciosa a los
ojos de Dios, su Padre;
Estos rostros y muchos otros no son ficción, sino dramática realidad" (PP. 5-6).
Se trata de una letanía que, en su repetición de términos,
189
intenta despertar la conciencia moral de una nacionalidad en
que se percibe "una cierta tendencia al acostumbramiento, a la
aceptación fatalista", a una cotidianidad recargada de datos de
horrible antihumanidad, pero que se prefiere leer como superficie plana y opaca, en que nada resalta ni interpela a mentes
alertas, de allí la reiteración de la imagen de los rostros que
contemplan y son contemplados. En lenguaje cercano al del
MCTSA, la colectividad ha sido anestesiada por los medios de
comunicación masiva, que en sus campañas de desinformación
han convertido la "dramática realidad" de los desposeídos en
una "ficción" de mentes complacidas y complacientes con el
poder militar. La metáfora de los "rostros" proviene de la concepción de la Teología de la Liberación que ve en la miseria
del pueblo latinoamericano una realidad de violencia que no
puede sino "interpelar" y remecer la conciencia cristiana para
moverla a la acción liberadora.
Estos llamados y sugerencias a la acción culminaron el
13 de julio con un "vehemente llamado a la comunidad nacional para que se respete y promueva la vida de los chilenos"
hecho por el Comité Permanente del Episcopado. Tres días
después se formó un "Comité de personalidades que tienen una
gran relevancia moral" –integrado por el Cardenal Raúl Silva
Henríquez; el ex dirigente sindical cristiano Clotario Blest; el
ex Ministro demócratacristiano Bernardo Leighton; el pintor
Nemesio Antúnez; María Angélica Prats, una de las hijas del
general Carlos Prats, asesinado en Buenos Aires en un atentado de los servicios de seguridad chilenos; y los académicos
Héctor Croxato y Teresa Carvajal– que convocó a una campaña
nacional denominada CHILE DEFIENDE LA VIDA "porque
creemos en la vida, porque nos preocupa lo que atenta contra
ella, lo que la empobrece, la limita, la destruye..." Luego se
constituyó una Comisión Nacional encargada de coordinar el
proyecto a través del país, en la cual quedaron "representadas
las máximas instancias progresistas del país, mujeres, jóvenes, profesionales, trabajadores, el Plenario de Organismos
de Derechos Humanos, los tres conglomerados políticos (el
Movimiento Democrático Popular, la Alianza Democrática y el
Bloque Socialista) y la Iglesia Católica a través de la Vicaría
190
de la Solidaridad".
La descripción oficial que se hizo de la propuesta de
acción a través de CHILE DEFIENDE LA VIDA decía:
¿EN QUE CONSISTE LA CAMPAÑA?
La iniciativa es en sí muy sencilla. Se invita al pueblo
chileno a realizar diversas actividades en torno a la
defensa de la vida de acuerdo a la creatividad de cada
organización social.
La campaña fue convocada el 16 de julio por las personalidades nacionales. Concluirá el día jueves 9 de agosto
con tres gestos masivos:
* Al mediodía de esa fecha se solicita a todos los chilenos, dondequiera que estén en sus casas, sus lugares de
trabajo y de estudio, a reunirse para cantar o escuchar
la canción (de Violeta Parra) GRACIAS A LA VIDA.
* Hacia la hora vespertina (17 a 19 hrs.) se invita a
todos los chilenos de buena voluntad a llevar y dejar
una vela encendida y una flor en el atrio de la principal
parroquia o templo catedral de cada ciudad como testimonio de una decisión común de respetar, promover y
defender la integridad y la plenitud de la vida de todos
los chilenos.
* Después de la ofrenda, se invita al pueblo chileno a
que, en familia, se desarrolle una noche de reflexión y
silencio.
La idea básica, entonces, es unirnos a través de todo
Chile en esa fecha del 9 de agosto en gestos similares.
Previo al día 9, se desea que el máximo de organizaciones de todo tipo adhieran al sentido de la campaña, es
decir, la defensa de la vida.
Esta adhesión ha de ser pública y, en lo posible, lo
óptimo sería que estuviera acompañada por iniciativas
que permitan realizar encuentros, jornadas, festivales,
concentraciones en recintos públicos, etc.
¿CUAL ES EL LEMA DE LA CAMPAÑA?
Queremos estar plenamente unidos a través de todo Chile
y en un sólo gran sentido. Por tal razón el lema básico
191
es : CHILE DEFIENDE LA VIDA.
CARACTER DE LA CAMPAÑA
La campaña trasciende los elementos de denuncia. Lleva
implícita la vitalidad de un anuncio positivo: la cultura
de la vida significa justicia, solidaridad, libertad. Es
importante destacar los valores positivos, sin dejar de
señalar aquellos contravalores que atentaron contra la
vida digna de nuestro pueblo. Los símbolos de la campaña (flor y fuego) también tienen un carácter universal
y es importante respetarlos y darle contenido".
El régimen autorizó las actividades públicas con que
culminaría la jornada CHILE DEFIENDE LA VIDA el 9 de
agosto, pero a la vez montó su propia campaña para desvirtuarla, en circunstancias en que los medios comunicativos de
oposición no podían comentar los sucesos por la censura del
Estado de Sitio. En su campaña el régimen demostró una vez
más su dominio de las estrategias de la guerra psicológica.
Siguió la inteligente táctica de simular una adherencia a los
actos adoptando una perspectiva y un lenguaje muy cercano
al de la convocación eclesiástica. Se aceptaba la premisa de
una cotidianidad anestesiada, se mostraba preocupación por
la deshumanización del entorno, para luego ofrecer a la colectividad un espacio para supuestas meditaciones que luego
desvían la atención de la represión gubernamental causante
del clima de muerte, trivializándose todo el proyecto. Muestra
de esto es la sección editorial intitulada "Derecho a la Vida"
de la revista oficialista Qué Pasa en su edición del 26 al 1 de
agosto de 1984. Allí se comienza con las siguientes disquisiciones: "Normalmente, poco se opina de los hechos que nos
son más triviales o de aquellos que estamos acostumbrados a
presenciar día a día. Pareciera que su repetición los transforma
en algo que fuera parte nuestra y que –aunque negativos– no
son susceptibles de ser mejorados o modificados. Sin duda que
la vida es el don más preciado para todo hombre y para la
humanidad como un todo. Cada vida tiene un valor no mensurable, sin ningún padrón ni medida. Ella ha motivado en estos
días la preocupación del Comité Permanente del Episcopado,
192
el cual con razón ha iniciado una campaña para enaltecer y
llevar al sitial que le corresponde el derecho a la vida [...]
Este, que es un derecho otorgado por Dios, anterior y superior
a todo hombre e institución, tiende a ser olvidado en medio
de los odios, las disputas políticas, los intereses mezquinos,
las frivolidades, y también por el acostumbramiento. Algunos
hechos ocurren constantemente entre nosotros y ya casi no nos
llaman la atención, no obstante ser una amenaza real a la vida
de cada hombre".
Luego, en el momento álgido de los argumentos, se termina con una mofa que tergiversa y trivializa grotescamente
los índices cotidianos de la cultura de la muerte propuestos por
el Arzobispado: "A diario toda persona que se moviliza hacia
o desde sus lugares de trabajo debe sufrir el terror de verse
expuesta a un accidente provocado por un chofer desaprensivo.
Poco, en cambio, se hace para evitar el hecho insólito de que
una persona muera como consecuencia de una falla técnica
(siempre le ocurren a este tipo de vehículos) de una desenfrenada carrera por el "mercado" (aquí sí que se da la competencia
de mercado pero a costa de la vida de los ciudadanos)". Este
tema desviado era luego redirigido en contra de la oposición,
precaviéndose a la ciudadanía, en otra sección editorial ubicada inmediatamente después de la anterior, de la posibilidad
de violencia a causa del llamado de la Alianza Democrática
a una protesta en contra del gobierno para los días 4 y 5 de
septiembre. Con la ubicación de este editorial, este llamado de
alerta obtenía un triple efecto simultáneo: se condenaba tácita e
indiscriminadamente la acción de los políticos "desprestigiados
e incompetentes" con la convocación de la Iglesia a CHILE DEFIENDE LA VIDA; a la vez se distanciaba respetuosamente a
la Iglesia de la "politiquería", sin embargo condenándosela por
una asociación de cercanías; se mantenía una semblanza de pensamiento democrático: "Por todo ello, reiterar en los llamados
a protesta, pacíficas o de las otras, nos parece que dista mucho
de ser el camino que lleve al éxito a los grupos de oposición
[...] Realmente cuesta entender que políticos experimentados no
capten que ello contribuye eficazmente –y contradiciendo sus
objetivos– a fortalecer al Presidente Pinochet".
193
El 9 de agosto, día de culminación de la campaña CHILE
DEFIENDE LA VIDA, las desviaciones de su sentido y las
tergiversaciones aumentaron. El Mercurio publicó dos extensas
notas, la primera con evidente intención de confundir al lector y
la segunda para amedrentarlo, junto con acrecentar la imagen de
control omnipotente de la situación por parte del gobierno.
El título principal de la primera es "Dos Formas de Adhesión a Jornada" y tiene como subtítulo "Programas del comité
organizador y del Movimiento Avanzada Nacional son distintos
en algunos aspectos y en otros incluso se contraponen". Los
dos títulos reflejan dos líneas de información antagónicas entre
sí que, sin embargo, son mezcladas en párrafos intercalados
como si fueran complementarias. De acuerdo con el primero,
el periódico aparentemente concuerda con los objetivos de la
campaña y los apoya. Según el segundo, a la vez concentra
la atención sobre el grupo fascista Movimiento Avanzada
Nacional, que realmente buscó el doble propósito de concentrar sobre sí toda la atención de los medios de comunicación
oficialistas, con exclusión de todas las otras organizaciones de
oposición, las verdaderas protagonistas de la jornada, y el de
dividir las celebraciones con actos alternativos favorables al
régimen militar.
El mecanismo ofuscador está en la fragmentación de
la continuidad narrativa de estas dos secuencias antagónicas
en párrafos intercalados como si hubiera armonía entre ellos,
creando una extraña ruptura del ritmo informativo. Ya el subtítulo de la nota da una pauta de esta confusión intencional
al decirse que los programas de ambos comités organizadores
"son distintos en algunos aspectos y en otros incluso se contraponen", lo que equivale a decir que "son distintos en algunos
aspectos y en otros incluso son distintos". Así por ejemplo, se
introduce la información con un tono positivo que luego se
continúa más abajo: "Diversas manifestaciones para adherir
a la jornada "Chile Defiende la Vida", convocada para hoy
por el Cardenal Raúl Silva Henríquez y otras personalidades,
realizarán las diversas colectividades políticas y sindicales que
se han plegado a este llamado". A continuación se presenta al
grupo fascista como una leve divergencia: "Mientras el comité
194
organizador de este evento ha programado que al mediodía la
gente cante "Gracias a la Vida" de Violeta Parra, la Avanzada
Nacional ha organizado un acto, a la misma hora, en la Plaza
del Roto Chileno, donde se invita a corear la canción "Chile
Lindo", que será transmitida por varias emisoras". Luego se
vuelve a la línea de adherencia: "El presidente de la Avanzada
Nacional, César Hidalgo, al ser consultado por estas diferencias
al adherir a este llamado, respondió que "sustancialmente se
debe a que el llamado que han formulado los señores obispos,
es amplio, generoso y de concordia. Es una invitación, no se
está conminando ni se está ordenando". Inmediatamente se
reintroduce una divergencia, ahora más intensa: "Agregó que
"el señor Cardenal considera que para adherirse a la vida hay
que apagar la luz. Nosotros pensamos en contrapunto, pues
es un tema esencialmente subjetivo, que para adherirse a la
vida precisamente hay que mostrar uno de los símbolos que
ella tiene y que es la luz. Por lo tanto, es una interpretación
diferente, pero creemos que tanto los buenos propósitos que
han inspirado al señor Cardenal como honestamente los que
nos inspiran a nosotros deben concluir a un mismo objetivo,
cual es la defensa de la vida, el repudio al violentismo y la
búsqueda de la paz y la concordia nacional". Subrayamos esa
frase para indicar el nuevo intento de trivializar el sentido de
la jornada, reduciéndolo a un mero juego de sensibilidades
que buscan expresarse como si un símbolo más o un símbolo
menos no hubieran tenido el referente dado por la Iglesia en
su definición de la cultura de la muerte.
En el lenguaje oficial, las palabras "violentista" y "violentismo" se refieren específicamente al Partido Comunista y
al MIR; establecido esto, cuando más adelante se menciona de
nuevo al Cardenal Silva Henríquez, se funden las dos hebras
en una sola, la positiva y la negativa, creándose la impresión
de que la jornada CHILE DEFIENDE LA VIDA está dirigida
en particular contra esos partidos: "Por ello, le enviaron una
carta donde le informan que hoy a las 11 horas se efectuará una
romería a la tumba del teniente de Carabineros Julio Allende
Ovalle, fallecido el 26 de julio pasado, tras una acción terrorista
en la comuna de Pudahuel. Agregan que en caso de no poder
195
asistir, le ofrecen la posibilidad de que los acompañe a un
oficio ecuménico que se realizará en la Iglesia de la Gratitud
Nacional, a las 19:30 horas". Después de esto, finalmente se
abre una celada contra el Cardenal, sugiriéndose vagamente
que si no asiste es porque la jornada que él patrocina es parte
de una conspiración comunista: "La motivación esencial que
nos ha llamado a adherirnos a esta jornada es responder a un
llamado de la Iglesia Católica. No hay más motivaciones ni
implícita ni explícita en cuanto a nuestro accionar. En este
sentido nosotros creemos de que esta jornada si ha sido llamada
por la Iglesia es una jornada que queremos entender honesta,
clara y lealmente de que no existe la menor atingencia ni coincidencia, porque no podríamos pensarlo así, con una acción
del Partido Comunista".
La segunda nota aparecida el 9 de agosto en El Mercurio
se titula "Gobierno Denuncia Plan Comunista". Ella debe ser
leída en reverso, puesto que las últimas imágenes que entrega
son las que el lector guardará en su mente con mayor claridad:
esas imágenes son las de un estado mayor militar disciplinada, previsora y diestramente preparado para hacer frente a las
actividades subversivas de la jornada CHILE DEFIENDE LA
VIDA. La nota termina diciendo: "El Secretario de Estado
(Ministro de Defensa, vicealmirante (R) Patricio Carvajal) dijo
que en la mañana de ayer había presidido la primera reunión
como Ministro del Interior subrogante, con el fin de coordinar
las medidas de seguridad en caso de algún brote violentista.
"Se revisaron todas las disposiciones. Las medidas son las de
costumbre". También se da cuenta de la participación del Jefe
de Zona de Estado de Emergencia de la Región Metropolitana
y provincia de San Antonio, general René Vidal Basauri".
Retornando desde este foco a los inicios de la nota, se
percibe la creación de una imagen de guardianes del orden
y la tranquilidad ciudadana, destacados para proteger una
actividad pública meritoria, pero que, sin embargo, corre el
peligro de ser desvirtuada por distorsiones, manipulaciones
y usos indebidos por parte del Partido Comunista y sus "organismos de fachada". En otras palabras, emerge una imagen
característica de la Doctrina de la Seguridad Nacional, según
196
la cual las instituciones sociales pueden ser infiltradas por la
conspiración comunista internacional que mañosamente ubica
a ciertas personalidades en el rol de "tontos útiles", a quienes
se debe impedir que, por ignorancia, caigan en el juego. Así
es como un importante funcionario de gobierno es presentado
con el cometido de alertar a Monseñor Francisco Fresno con
una certera información que sólo pueden tener organismos
idóneos de gran especialización profesional, los organismos
de seguridad militar, siempre vigilantes: "El subsecretario
del Interior, Alberto Cardemil, informó ayer al Arzobispo de
Santiago, Monseñor Juan Francisco Fresno, que el Gobierno
había detectado un plan elaborado por el Partido Comunista
y cuyo objeto es utilizar en su beneficio la llamada jornada
"Chile Defiende la Vida" y que se ha programado para hoy [...]
Agregó que "los actos programados tienen un fin muy loable
y creemos que en su organización no ha habido una intención
política subyacente. Sin embargo –dijo– el Gobierno ha detectado que estas acciones serán utilizadas políticamente, con
objetivos opositores, por diversos grupos de fachada del Partido
Comunista [...] Cardemil recordó que antenoche "se inició una
nueva escalada terrorista que se considera el preludio de los
actos que se podrían producir mañana (hoy), añadiendo que
hay también una penosa coincidencia de fechas, en el sentido
de que el Comando Nacional de Trabajadores, que preside el
señor Rodolfo Seguel, dio como plazo el 9 de agosto para que
el Gobierno respondiera a un petitorio" de 21 puntos entregado
en el Palacio de la Moneda recientemente".
De una plumada, el pluralismo de la oposición ha quedado convertido en un organismo de "fachada comunista", lo
cual, sin duda, redunda en las fricciones que se dan en su seno
sobre el uso de la violencia políticamente administrada como
otro camino de rebelión propiciado por los sectores marxistaleninistas. Evidentemente, la jerarquía eclesiástica mantenía su
línea permanente de desligar sus requerimientos morales a la
colectividad de cualquiera postura política específica, así como
también estaba preocupada del potencial de confrontación de un
acto masivo como ese, en circunstancias en que la oposición no
contaba con ningún canal de expresión colectiva por la estricta
197
censura de los medios de comunicación durante el Estado de
Sitio. Es de notar que, ya en otras manifestaciones se habían
hecho conocidos los "gurkhas", provocadores infiltrados por los
servicios de seguridad para crear desórdenes luego achacados a
la oposición. Dado el origen y sentido de su iniciativa para la
jornada, ya desde días atrás la Iglesia había estado difundiendo
llamados a la calma entre los manifestantes, para que no se
dejaran provocar por la policía y los servicios de seguridad.
No obstante, la nota periodística presenta a Monseñor Fresno
reiterando esos llamados a la calma para enfrentar a la manipulación y al "violentismo" comunista. Y, finalmente, se inserta la
cuña maestra de este tipo de desinformación: la Iglesia aparece
vagamente desautorizando la jornada: "El Arzobispo de Santiago, Monseñor Juan Francisco Fresno, exhortó a las personas
que participen hoy en la jornada "Chile Defiende la Vida" que
"lo hagan con serenidad, evitando todo tipo de provocaciones,
convencidos de que están haciendo un valioso servicio al país"
[...] El llamado está contenido en una declaración pública difundida ayer luego de que el Pastor recibiera la visita en su
domicilio del subsecretario del Interior, Alberto Cardemil [...]
El señor Arzobispo señaló a la autoridad gubernamental que si
bien la Iglesia de Santiago no es la organizadora de la jornada
de mañana (hoy), el grupo de personalidades que han llamado a
este acto lo ha hecho recogiendo el llamado de los Obispos de
Chile para que "hagamos un esfuerzo para recuperar el respeto
a la vida y el honor debido al Creador".
Para la culminación de la jornada frente a la Catedral de
Santiago se reunieron miles de personas que llenaron totalmente
la Plaza de Armas y las calles adyacentes. A las cinco de la
tarde comenzó la ceremonia final del depósito de flores y velas
ante la entrada de la Catedral. La columna de dignatarios, artistas, políticos, dirigentes estudiantiles, sindicales, poblacionales,
etc. que participaron con cantos y signos de alegría tomó una
hora y cuarenticinco minutos en desplazarse.
Al día siguiente, 10 de agosto de 1984, en su información
sobre los actos, la prensa oficialista hizo énfasis en una supuesta
incompetencia de los organizadores y ejecutores de la jornada,
presentándolos como una retahila de personajes incapaces de
198
conservar el orden de masas indisciplinadas y "violentistas" que
no cumplieron su compromiso, ante una autoridad motivada por
un espíritu de cooperación con la Iglesia, de guardar el carácter no-violento de la manifestación; colección de individuos
caóticos, entre quienes las rencillas de la politiquería afloraron
en múltiples ocasiones. El Mercurio inició su nota llamando la
atención sobre el arresto de 34 personas por "Incidentes [que]
se produjeron cuando militantes de corrientes izquierdistas
provocaron a las fuerzas policiales que vigilaban el desarrollo
del acto convocado por la Iglesia Católica". El día anterior la
Iglesia había sido presentada sin desconexión con la jornada;
ese día, sin embargo, esas "corrientes izquierdistas" aparecían
faltándole el respeto como convocadora. Ricardo Hormazábal,
exdirigente de la Juventud Demócrata Cristiana, maestro de
ceremonias ante la Catedral, aparecía haciendo constantes y, al
parecer, desoídos llamados "a que el acto mantuviera su "carácter pacífico", "sin demostraciones de partidismo u odios", y que
la marcha debía "constituir un signo de madurez del pueblo".
La reiteración de esos llamados y el énfasis en la violencia de
los participantes en el resto del texto no sólo crea una imagen
de patetismo impotente para los organizadores, sino que, por
el don de la palabra, convierten un acto pacífico en un desmán
de proporciones azuzado por individuos histéricos contrarios al
orden y las rutinas normales de la civilización: "No obstante,
en repetidas ocasiones los manifestantes desbordaron las instrucciones del locutor oficial, desviando sus cánticos hacia consignas de carácter político contrarias al Gobierno"; "En medio
de cánticos, portando velas y flores, los manifestantes lanzaron
panfletos, consignas y gritos contra las autoridades, mientras se
desplazaban levantando carteles y pancartas ajenas al carácter
de la jornada"; "Pasadas las 19 horas, grupos de jóvenes protagonizaron incidentes en los alrededores de la Catedral. Junto
con gritar consignas contra el gobierno, improvisaron pequeñas barricadas en la calle Catedral, entre Puente y Morandé,
y lanzaron piedras y otros objetos contundentes a carabineros
instalados en el sector"; "Gran cantidad de establecimientos
comerciales cerraron sus puertas, mientras el público buscaba
refugio en los pasajes de los edificios cercanos"; "Los grupos
199
de manifestantes, que habían encendido velas en los alrededores
de la Catedral, se trasladaron luego al Paseo Ahumada, entre
Compañía y Agustinas, donde continuaron los incidentes, hasta
cerca de las 20:30 horas".
En esa oportunidad El Mercurio prestó especial atención
al acto del mediodía del 9 de agosto en torno a la canción
"Gracias a la Vida": "Luego de una concentración que tuvo
lugar a las 12:00 horas en la Plaza de Armas, donde se entonó
"Gracias a la Vida", varios centenares de personas, entre estas
numerosos jóvenes y estudiantes, irrumpieron por el Paseo Ahumada elevando diversas consignas alusivas a la jornada, a las
autoridades, e insultos a Carabineros"; "Uno de los dirigentes
del movimiento (Avanzada Nacional) señaló a los presentes (en
su propio acto en la Plaza del Roto Chileno) que no es posible
que en esta jornada por la vida se interpretara el tema "Gracias
a la Vida", ya que su autora, Violeta Parra, se suicidó".
En su información del desfile ante la Catedral, La Ultima
Hora, diario vespertino, llegó a la carcajada con su sugerencia
de que los manifestantes habían alterado hasta el orden natural: "Frente a la Catedral, junto a la estatua del Cardenal José
María Caro [...] las palomas [estaban] en continuo revoloteo
–desconcertadas por no encontrar un espacio en la Plaza de
Armas para posarse, asustadas por el grito y la música..."
3. La materialización de la ciudad espiritual
La protesta es, entonces, en este cuadro general, tanto
como lo es en la obra de Alfredo Rodríguez, la búsqueda de
una materialización de la presencia popular para que recobre la
experiencia de la ciudad como ámbito de la vida. Desde su veta
cristiana, el discurso mítico del MCTSA plantea una búsqueda
similar. Recordemos que en ese mito la fortaleza de los seres
llamados a recuperar la ciudad para la vida proviene de un
estrato de suprarrealidad divina que ha sido bloqueado por el
mal; para ello emergían estos seres como elementos naturales
para inyectar nueva vida en el espacio y purificarlo del mal. Esa
división de estratos de realidad responde a una vertiente de la
tradición católica que divide los asuntos humanos contingentes
y la preocupación eclesiástica por lo divino entre una ciudad
200
terrenal y otra espiritual, en torno a lo cual la Teología de la
Liberación ha entablado una polémica sobre el modo en que
ambos planos realmente se conectan en la historia.
El padre José Aldunate, s.j., –a quien ya identificáramos
como uno de los voceros principales del MCTSA– expande la
temática de la ciudad desde esa perspectiva cristiana, en un
trabajo titulado "Los Derechos Humanos en el Magisterio de la
Iglesia". El es parte de la obra conjunta escrita con Fernando
Castillo y Joaquín Silva S. bajo el nombre general de Los Derechos Humanos y la Iglesia chilena, obra que ya citáramos. En
su segmento, el padre Aldunate llamó la atención sobre el tema
al analizar los documentos eclesiásticos fundamentales que surgieron del Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes; Octogésima
Adviens y Evangelii Nuntiandí, y su continuidad doctrinaria
en las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano
de Medellín (1968) y Puebla (1979). Hace notar la renovación
del pensamiento eclesiástico al plantearse una misión profética
de compromiso material y evangelizador de la Iglesia y los
cristianos con la transformación de las estructuras de injusticia
social, abarcando en ello no sólo los derechos de los individuos,
sino también la liberación de los pueblos de toda opresión.
En Medellín este espíritu había quedado solidificado con la
consagración de la Teología de la Liberación, que introdujo la
noción de la praxis como dialéctica de mutua transformación
de lo espiritual y lo material a través de la acción social concreta: "Se ha definido la Teología de la Liberación como "la
reflexión crítica sobre la praxis transformadora y liberadora del
mundo, a la Luz de la Palabra aceptada en la fe"" (p. 35). Sin
embargo, el padre Aldunate señala que el juicio condenatorio
de las estructuras sociales capitalistas, que debió haber sido
relevado, había quedado circunscrito a la esfera de lo moral,
la "injusticia", y su superación únicamente al convencimiento
moral de los empresarios capitalistas, por cuanto no se logró
introducir un análisis histórico "de la conflictividad y de la
lucha económica de clases sociales y de naciones. Se echan
de menos medios realmente eficaces para lograr un cambio de
estructuras sociales" (p. 37).
Finalmente llega a una conclusión que ilumina el uso
201
metafórico del sueño de Nabucodonosor y el ídolo pagano en
los mitos del MCTSA: el "lenguaje eclesiástico tiende a transfigurar el problema real del abuso del dinero y del poder en un
problema religioso de idolatría de la riqueza y del poder. Esta
transposición es legítima, pues todo problema ético tiene tres
vertientes: concierne a Dios (vertiente religiosa), concierne a la
sociedad (vertiente social), y concierne al individuo (vertiente
personal). Es natural que la Iglesia enfátice el aspecto religioso: rectificar la actitud frente a Dios y sus posibles sustitutos,
los ídolos. Pero su denuncia no puede quedarse en este plano
"religioso", pues la misma idolatría se combate en el plano de
las relaciones sociales y el respeto al derecho del pobre y débil.
La raíz de las idolatrías suele ser la perversión de la praxis. A
este respecto, es sumamente débil el tratamiento que se hace
aquí de la liberación del ídolo de la riqueza. No hay asomo de
análisis de la explotación capitalista; hay apenas una alusión
a ella" (p. 51).
En otras palabras, aunque la Iglesia comenzaba a atisbar
para sí misma una misión social concreta que abandonara la
tradicional división de planos entre lo temporal y lo espiritual
delegando el primero totalmente a los laicos, su pensamiento
todavía no lograba una decantación concordante con la necesidad de dar expresión material a su renovación doctrinal.
Este juicio concuerda con apreciaciones hechas sobre
la actitud institucional cuando a la Iglesia Católica chilena
le correspondió cumplir una nueva misión en el momento de
enfrentarse al régimen militar por su violación de los Derechos Humanos, encarnando con ello esa renovación doctrinal.
Esto implicó que la Iglesia debió haber asumido una postura
directa y decididamente política, en circunstancias en que
tradicionalmente la había evitado. Al respecto, Joaquín Silva
S. ha planteado que "A partir de aquí se puede constatar una
cierta vacilación, imprecisión y tensión en el planteo de los
obispos. Esto les impide dar cuenta plenamente del alcance y
la riqueza que tiene la acción de la Iglesia. Hay vacilaciones
en asumir que la Iglesia –con su defensa de los Derechos
Humanos– está dando pasos en un camino nuevo que es parte
de un capítulo inédito en su historia. Creemos que se puede
202
constatar una tensión en el planteo de los obispos entre un
apego aún muy fuerte a un esquema de "distinción de planos"
(temporal-espiritual, político-fe) y una concepción demasiado
rígida y unidimensional de la política, por una parte, y, por
otra las exigencias e implicaciones de la práctica de defensa de
los Derechos Humanos, que cuestionan estas rigideces y que
demandan más bien un pensamiento que une estrechamente fe
e historia también en su dimensión política" (p. 350). De paso,
aquí aparece el "camino nuevo" abierto por los "seres naturales"
en los mitos del MCTSA.
En el marco de esta problemática, la actuación de religiosos y cristianos en el MCTSA debe entenderse como un
urgimiento y una enseñanza concretas, a través de la acción, a
una jerarquía que, por su rigidez tradicionalista, no ha logrado
solucionar el paso de la doctrina a su materialización en una
actuación social liberadora de los oprimidos.
4. Materialidad social, cuerpo humano, praxis y tortura
Observábamos que en el discurso mítico del MCTSA hay
una violentísima y compacta proyección del cuerpo humano
individual a la categoría de metáfora de la sociedad en general,
el llamado "cuerpo social". Decíamos que esta metaforización
organicista tiene ya una larga historia en el pensamiento social.
La diferencia está en que, al usársela, generalmente los cientistas sociales tienen gran cuidado en establecer mediaciones (es
decir, descripciones de la función de las instituciones mediadoras entre la sociedad civil y el Estado) en el paso entre lo
microsocial a lo macrosocial implícito en tal comparación. No
así en el mito del MCTSA: en él se muestra una total homogeneidad utópica entre espacio íntimo, privado y público, cuerpo
humano individual y social, espíritu colectivo y materialidad
espacial comunitaria. A no dudar, tal compacticidad se explica
por las temáticas colectivas revistadas hasta ahora, y que han
sido recogidas en el mito: el imperativo social de que la oposición salga a los espacios públicos para recuperar la ciudad
como ámbito de vida; la necesidad de articular un pensamiento
que se traduzca en acciones materiales precisas. Sin embargo,
cabe preguntarse sobre el origen conceptual del planteamiento
203
de esa compacticidad, en la medida en que hemos propuesto
que el discurso mítico del MCTSA, si es que es válido como
proyecto de reconstrucción de un universo simbólico nacional,
debe demostrar que ha recogido preocupaciones comunitarias
realmente tematizadas isomórficamente.
Nuevamente podemos comprobar que esto es efectivo,
puesto que está la evidencia del modo en que la psiquiatría
chilena se ha abocado a la explicación de la tortura como problema político. Allí se encuentra precisamente el origen de esa
compacticidad. Dato de gran relevancia al respecto es el hecho
de que, en los períodos de formación del MCTSA, los religiosos
y laicos que constituyeron el núcleo inicial buscaron la opinión
de psiquiatras involucrados en el tratamiento de las víctimas
de la represión, particularmente la doctora Fanny Pollarolo de
FASIC. No obstante, antes de enfocar el tema, aportemos ciertas
consideraciones sobre el concepto de mediación en su relación
con el concepto de poder hegemónico. Consideramos esto un
requisito previo para poner el problema de la compacticidad
esbozada en una perspectiva adecuada.
Al respecto volvemos a plantear la noción gramsciana de
poder hegemónico. Un grupo social es capaz de establecerlo
sobre una sociedad en la medida en que su propuesta política
para la administración de las estructuras sociales tenga la capacidad de convertirse en proyecto que integre objetivamente los
intereses y aspiraciones de otras clases y sectores sociales, más
allá de los estrechos marcos del interés corporativo del grupo
proponente. Esa capacidad objetiva de trascender el interés
corporativo sienta las bases para una dominación social en que
las clases y sectores subordinados pueden integrarse al proyecto
hegemónico consensualmente, interiorizando sin compulsiones
extremas las pautas éticas y simbólicas que mantendrán ese
poder, sin que éste tenga que ejercer una violencia evidente y
brutal para reproducir las funciones jerárquicas. Esto permite
al Estado nacional, institución articuladora del poder hegemónico, la capacidad de exhibirse colectivamente como autoridad
impersonal que, a pesar de representar directa e indirectamente
un poder sectorial, aparece a los ojos de los subordinados como
ente neutral que vela imparcialmente sobre el bien común. A
204
no dudar, esta maniobra ideológica ha sido esgrimida por el
régimen militar chileno mediante su adhesión en parte a una
simbología portaliana.
En los Estados modernos, esta imagen de impersonalidad
del poder hegemónico ha sido manipulada a través de la creación de ciertas categorías del discurso político cuya función es
conectar ideológicamente la sociedad civil con el poder estatal.
Estas categorías son mediaciones, por lo tanto, en la medida en
que conectan la experiencia microcósmica de los individuos y
los grupos con la administración macrocósmica de la sociedad
por parte del Estado.
A juicio de Guillermo O'Donnell28, esas mediaciones
fundamentales en los Estados-naciones modernos han sido las
categorías de nación, ciudadanía y de lo popular. Nación es
la creación de una identidad colectiva diferencial que, mediante
específicas interpretaciones míticas de la experiencia histórica
colectiva, define a una comunidad como ente de proyectos
sociales compartidos y diferenciados de otras colectividades.
La participación en esa interpretación de la colectividad queda sujeta a los canales que el Estado permita y estipule para
ello, lo cual constituye la ciudadanía. Por su parte, lo popular
implica que, dentro de esos canales, aún los seres más desposeídos tienen el derecho de exigir protección y sustento para
su supervivencia al poder estatal.
Al referirse a los regímenes latinoamericanos basados en
la Doctrina de la Seguridad Nacional, O'Donnell ha mostrado
que ellos son formas ineficientes de la dominación social en
la medida en que, para mantenerse e implementar su proyecto,
se ven forzados a una acción que muestra con una transparencia cristalina el uso de la violencia brutal como su principal
arma, sin que demuestren mayor voluntad de ocultarla tras
las mediaciones de nación, ciudadanía y lo popular. En otros
términos, su voluntad de suspender las mediaciones con que
normalmente se oscurecen los mecanismos y la naturaleza
esencial del Estado como poder dominador, permite que súbitamente se puedan captar en su mayor cercanía las formas
en que la fuerza hegemónica controla la sociedad civil. Esta
iluminación súbita produce el efecto de compacticidad del que
205
hemos estado hablando, por cuanto ahora, en la represión desnuda ejercida por un Estado terrorista, se puede comprender la
ingerencia directa de su poder en los hechos más mínimos de
la vida cotidiana. Esto permite, por tanto, comprobar que entre
el destino individual y el ejercicio del poder estatal no hay tal
distancia desmedida de efectos como se pensaba durante el
imperio de las mediaciones ideológicas de nación, ciudadanía
y de lo popular. De allí que esta experiencia cotidiana sirva
como instrumento para aprehender directamente la lógica de
la acción estatal. Por tanto, la metáfora más cercana del cuerpo humano individual se transforma en instrumento apto para
captar la lógica de funcionamiento del "cuerpo social" más
amplio, particularmente si es que el individuo es sometido a
la tortura, con la cual experimenta con brutal inmediatez en
su materialidad carnal las políticas de represión aparentemente
más abstractas del Estado terrorista.
La proyección-superposición metafórica cuerpo individual/cuerpo social se inicia en la psiquiatría chilena con un
cuestionamiento del instrumental teórico que antes impedía
formular tal compacticidad, planteándose claramente que no
reconocerla es una insuficiencia conceptual: "...la violencia
represiva no consiste solamente en hacer una precisión metodológica, sino también señalar que las consecuencias psicológicas
de tal violencia están relacionadas, en gran medida, a condiciones contextuales, en donde el factor violencia puede y debe
ser reconocido como el agente disfuncionante pero en donde,
a su vez, los vectores (condiciones) de la trama contextual
integran con carácter concreto la estructura de la respuesta
sindromátíca [...] Como se ve, aquí no hay solamente una relación de causa y efecto, sino una integración objetiva de factores
de contexto en supuestas respuestas individuales y por ende
lo interior y lo exterior pierden significación como nociones
separadas [...] Esto que, hoy día, es reconocido ya por muchos,
nos sitúa frente al mayor problema que debemos resolver en el
plano teórico para poder modificar nuestros instrumentos de la
práctica con el fin de tornarlos eficaces. El problema es cómo
concebir el aparato psíquico, es decir, lo psicológico de manera
que nos posibilite un manejo de las situaciones concretas del
206
hombre en su existencia real".29
Nuevamente nos encontramos aquí con la preocupación
por concretar en la práctica material un discurso ideológico que
expresaran los urbanistas, arquitectos, geógrafos y teólogos. Las
consecuencias de los psiquiatras apuntan, sin embargo, en una
dirección mucho más radical, ya que, en la cita anterior, se busca no sólo la homogeneidad total entre cuerpo individual/cuerpo
social, sino que, además, se avanza hacia la homogeneización
del espacio psíquico interior, íntimo, con el espacio social y
político público. ¿No homologa esto la afirmación del MCTSA
de que "más que las paredes materiales, son las conciencias
ciudadanas "las paredes de mi ciudad""?
La lógica de esta homologación responde al hecho simple y evidente de que los torturados no son el común del ser
humano, que se desplaza por sus rutinas cotidianas como si
éstas fueran dato "natural que siempre ha sido así y lo será
eternamente", sin cuestionar el hecho de que esas rutinas están
diagramadas por una estructura de poder, que son una construcción social como cualquier otra y que, por tanto, pueden
ser modificadas para vivir una humanidad más satisfactoria. El
torturado en Chile es casi siempre un militante político que,
por su compromiso, tiene una actitud crítica ante su entorno y
fundamenta su identidad social sobre la premisa primordial de
que es ser humano activo, entregado a un proyecto colectivo
para la transformación humanitaria de su sociedad. El militante
es un individuo que no acepta diagramaciones de espacios y
rutinas que aíslen, fragmenten, alienen la continuidad entre lo
íntimo lo privado y lo público. En la medida en que participa
en ese proyecto él es la colectividad y viceversa: "La identidad
es construida colectivamente en la sociedad y se inserta también
en prácticas colectivas. Los hombres determinados y determinándose en su proyecto vital, requieren expresar en la realidad
concreta y en el quehacer con otros, lo que constituye ese proyecto para reapropiarse de la identidad que desean. Requieren
reencontrarse con los otros con los cuales vivieron su pasado y
con los cuales comparten la visión de futuro. La dictadura, al
actuar subvirtiendo la subjetividad personal mediante la reformulación falseada de la historia de un pueblo y de sus luchas
207
sociales, pretende quebrar la identificación entre el yo-persona
y el yo-proyecto que impulsa a la acción transformadora. Porque el hombre no puede generar pensamientos y un quehacer
colectivo sin una permanente confrontación dialéctica entre su
identidad, su quehacer, su pensamiento y la realidad" (Valentina
Arcos, Ana Julia Cienfuegos, Cristina Monelli, "Represión y
Daño Psicológico. Respuesta Subjetiva Frente a la Ruptura de
un Proyecto Político", pp. 39-40).
De manera que la derrota de un cometido social como el
de la Unidad Popular no es vivida como dato externo, lejano,
sino como parte integral de la propia personalidad individual:
"La constatación de la grave derrota del proyecto político, se
asocia rápidamente a conmociones personales importantes y
pérdidas significativas, que repercuten en su grupo social y
familiar, en su trabajo y en su futuro. El pasado que fue vivido
en forma legítima y en la gran mayoría de los casos, como una
percepción personal creadora y constructiva, se transforma en
un elemento de estigmatización, de amenaza vital y de pérdida. La tolerancia emocional de esta situación genera diversas
reacciones: un temor generalizado y paralizante, reacciones
angustiosas y/o depresivas, imposibilidad de proyectarse hacia el futuro incierto y en consecuencia una vivencia de estar
abrumado" (p. 37).
El terror estatal dirigido contra el militante tiene, por
tanto, el preciso objetivo de desmantelar, de demoler, una
personalidad eminentemente práctica y comprometida con su
colectividad. Este desmantelamiento-demolición se logra con la
aplicación científica y sistemática de una violencia traumática
que, en términos cotidianos muy concretos, busca fragmentar
al máximo esa sensación de continuidad psico-espacial entre
el yo y la colectividad, lo íntimo y lo público. La aplicación
de tortura intenta interiorizar y suscitar en la víctima un temor
permanente e incontrolado ante la mera contemplación imaginativa de restaurar esa continuidad y esas relaciones colectivistas,
más aún ante la posibilidad de reasumir una práctica política:
"Cuando la violencia represiva se desata irrumpiendo en la
cotidianidad, esta se desestructura [...] La violencia represiva
psicotiza la cotidianidad mediante la irrupción súbita de irracio208
nalidad violenta, y como reflejo al hombre común, para el cual
es tremendamente destructiva, pues por un lado lo engancha
con el represor a través de la psicotización y por otro lado se
encuentra desprovisto de soportes en su cotidianidad desestructurada (llámese experiencia de cárcel, de tortura, de pérdida de
familiares, amigos o desocupación)" (Carrasco, p 26).
De manera que la terapia del torturado, entendida como
hecho político, es una cura que busca reconstruir la personalidad activa y comprometida del militante políticamente desmantelado, demolido, para que venza los temores interiorizados y
vuelva a experimentar su identidad como continuo dialéctico
individuo-sociedad mediante la reasunción de sus tareas en el
proyecto político colectivo. Esto requiere un trabajo conjunto
entre el terapeuta y el paciente para que el dolor traumático
que experimentara como ser humano violentamente convertido
en objeto inerme y vulnerable con su secuestro y tortura sea
reelaborado en sufrimiento padecido sobre el cual ahora se
tiene una perspectiva de significado personal y colectivo, recuperando, por tanto, su dignidad humillada en la tortura. Dada
la compacticidad entre individuo y colectividad creada por el
compromiso militante, sanar a este individuo es una analogía
del saneamiento de toda la sociedad: "La demolición vivida por
Pedro en su carne, presenta pues la doble dimensión de una
tragedia personal y de un fenómeno central de la psicología
colectiva. El lugar y el destino de Pedro, la proximidad y la
familiaridad con los Pedros presentes en cada ciudad, pueblo
o medio profesional, constituyen una realidad omnipresente en
toda la sociedad donde la respuesta a la lucha de clases instaura la violencia. Su eficacia, dando cuerpo al horror latente
y universal existente en todo ser humano, consiste en constituirse como un destino virtualmente posible para cada cual y
en cualquier momento, y exige por lo tanto una organización
de construcción que, a nivel real y fantasmático, organizan la
totalidad de las conductas cualquiera que sea la distancia objetiva del hecho político" (Rosalía Fuentes-Ma, Pía Arismendi,
"Descripción de las Repercusiones de la Muerte en Mujeres
Familiares de Ejecutados Políticos", p. 141).
209
5. Problemática de la disolución social
Una vez establecida la cercanía de la experiencia individual, personal, con la experiencia colectiva en términos
de una compacta homogeneidad, como lo hace la psiquiatría
chilena, se abre una matriz discursiva en que es posible hablar
de las emociones de toda la colectividad a nivel de valores y
tradiciones comunitarias generales, más allá de diferenciaciones de clase, puesto que las mediaciones entre el individuo y
la colectividad nacional han quedado suspendidas. Esta matriz
discursiva es utilizada en una recolección hecha por Patricia
Politzer de testimonios de personas de diferente condición
social, con el título de El miedo en Chile.30 Temáticante esta
obra está ligada con la problemática de la disolución social
explorada por Eugenio Tironi.
Desde las primeras palabras de la "Presentación" de su
obra, Patricia Politzer busca borrar las mediaciones entre lo
individual y lo colectivo, arguyendo desde una perspectiva
altamente moral y emocional para acercar al máximo la responsabilidad ética de cada chileno por la experiencia histórica de la
dictadura vivida por la totalidad. La lógica objetiva del sistema
social –que no puede responder necesariamente a la voluntad
moral individual– es explicada por la autora mediante anécdotas
de la mayor inmediatez cotidiana, de manera que la purificación
de nuestros errores morales y emocionales como individuos
es, en realidad, equivalente a la restauración de una posible
democracia. Para Patricia Politzer, la redemocratización sólo
se hará posible en la medida en que esa purificación moral y
emocional nos permita recuperar la imagen humana de los otros
seres con que cohabitamos en nuestro espacio social, haciendo
de su humanidad el criterio básico para evaluar su diversidad
social, ideológica y partidista, y no la lógica de la guerra, que
hace de todos aliados o enemigos. Queda implícita la noción de
que, en la medida en que no seamos capaces de lograrlo, sólo
encontraremos un lugar común en la experiencia dislocadora del
miedo. Sin duda este argumento acerca su discurso a la noción
teológica de pecado social, que atribuye la fragmentación y el
aislamiento de la población nacional a la perversidad moral de
los hábitos de comunidad humana generados por estructuras
210
objetivas de la organización de sus relaciones sociales, noción
que examinaremos más adelante.
Veamos esa progresión, puesto que en ella encontraremos
nexos evidentes con los argumentos de Tironi. Subrayaremos
para que esos nexos queden del todo evidentes:
"Chile tuvo y tiene miedo. Un miedo que nos hace vivir a medias, reprimidos y sofocados [...] A medida que fue
pasando el tiempo y fui escarbando en el corazón de gente
tan heterogénea como un sacerdote, un militar, una militante
comunista y un empleado de banco, comencé a percibir que el
miedo era un elemento común a casi todos. Sus historias son
tan distintas como pueden serlo las vivencias de un Chicago
boy, de un minero del cobre, la de una voluntaria de la Secretaría de la Mujer o de la madre de un detenido-desaparecido.
Sin embargo, en algún momento de la conversación, el temor
surgió en forma más a menos explícita y con razones más o
menos fundadas. En algunos, era el miedo a los militares; en
otros, a la cesantía; en el siguiente a la pobreza, al soplonaje,
a la represión, al comunismo, a los marxistas, al caos, a la
violencia o al terrorismo. Cada uno tenía el suyo [...] Esta suma
de terrores me recordó el 3 de septiembre de 1970 cuando vi
partir a Buenos Aires a mi mejor amiga. Si al día siguiente
Allende ganaba las elecciones, su viaje sería sin retorno. Su
padre, un inmigrante europeo víctima del nazismo primero y
del stalinismo después, se convirtió en un ser profundamente
irracional ante la sola idea de un gobierno de izquierda [...]
Mi amiga no volvió y muchos –como ella– hicieron sus maletas
y lo abandonaron todo para escapar. ¿De qué? No lo entendí en
aquellos años, pero hoy –aunque sigo pensando que no había
razón para huir– creo comprender lo que pasó: el miedo se
apoderó de Chile y lo trastocó todo [...] Desde entonces hemos
sido incapaces de ver la realidad y actuar con cordura. A los
sentimientos eminentemente subjetivos, se sumaron el temor
inevitable que produce el cambio y aquel que fomentaban las
campañas del terror, que unos y otros implementaron consciente
o inconscientemente. Empezó a primar esa irracionalidad que
arrastró a mi amiga a Buenos Aires y que ha llevado al país
de una locura a otra [...] Desde hace varios años, Chile está
211
dividido en dos países claramente definidos que no se miran,
no se tocan y no se conocen; pero se intuyen y se temen. Esta
situación encierra –sin duda– un enorme riesgo, porque pasar
del miedo al odio y del odio a la agresión es una evolución casi
natural que nos lleva inevitablemente a la lógica de la guerra,
como sucedió en septiembre de 1973 [...] Cuando logremos
vernos unos a otros con todas nuestras cualidades, nuestros
defectos, nuestros sufrimientos, nuestras debilidades, nuestros
errores y nuestra experiencia acumulada, podremos respetarnos
de verdad, sin que nadie tenga por qué sentir miedo. En este
contexto, las vivencias de mis entrevistados pretenden ser un
aporte al desafío que implica mirarnos y reconocernos tal cual
somos, ni tan buenos ni tan malos como creíamos, ni tan negros
ni tan blancos como prejuzgábamos".
En esta progresión argumental parece obvia no sólo la
equiparación de irracionalidad individual y colectiva como camino hacia la convivencia comunitaria a que aludíamos, sino el
hecho de que ella procede del temor a nuevos cambios, cuando
los individuos todavía no han podido absorber los contradictorios sentimientos ya acumulados de cambios violentísimos
en el pasado. Este es precisamente el argumento que presenta
Eugenio Tironi en su concepción de la disolución social.
Con apoyo en conceptos de Durkheim, Ch. Tilly, Talcott
Parsons y W. Kornhauser, Tironi escribió un ensayo titulado
"Disolución Social: Cuatro Variaciones Sobre una Misma
Hipótesis", publicado por Sur, Documento de Trabajo No 43,
mayo, 1985.31 En él argumenta la necesidad de fundamentar un
conocimiento sociológico más acorde con la experiencia chilena
del fascismo introduciendo las nociones de involución y desintegración social. A juicio suyo, esta medida contrarrestaría
las tendencias predominantes en el pensamiento social sobre
el desarrollo, que hacen hincapié sólo en una evolución lineal
"focalizada sobre la positividad, el progreso, la solidaridad, el
desarrollo y el crecimiento, para volcarse a otra centrada en la
negatividad ("les fleurs du mal"), la inercia, la des-solidaridad,
la regresión, la decadencia" (p. 6). Implícita está la concepción
de una psicología colectiva basada en la individual, similar a
la que propone Patricia Politzer, puesto que se arguye, indi212
rectamente, la manifestación de tendencias psíquicas colectivas
que, como en la psiquis individual, buscan el balance a través
de la experiencia histórica. De acuerdo con esto, la disolución
social provendría de tendencias involutivas de gran escala y por
períodos prolongados, causadas por grandes transformaciones
estructurales de la sociedad. En otras palabras, la regresión
está normalmente precedida por largas y profundas corrientes
evolucionistas.
Observemos el análisis que Tironi hace de la historia
chilena reciente a partir de estas premisas: "Mirado en su perspectiva histórica el caso de Chile es paradigmático. Durante el
segundo tercio de este siglo, en efecto, su sociedad experimentó
un acelerado proceso de cambio y modernización: entre 1930 y
1970 la población se duplicó y los núcleos urbanos pasaron del
49 al 75 por ciento; el sistema educacional llegó en 1970 a cubrir a la mitad de la población menor de 24 años, multiplicando
por dos su cobertura en veinte años; y el cuerpo electoral, que
en 1949 no alcanzaba sino al 20 por ciento de la población,
alcanzó a la mitad hacia 1970. Paralelamente se desarrolló un
acelerado proceso de industrialización inducido por el Estado:
solamente en su primera etapa (1940-1954) este llevó a que
la participación de la industria en la generación del producto
geográfico se duplicara (llegando al 25%), mientras el empleo
manufacturero aumentó en un 70% y el peso de la industria
se mantuvo en todo el período. Por su parte la producción
general creció como promedio (1940 a 1970) a una tasa anual
del 4%, comportamiento más que satisfactorio desde el punto
de vista de los estándares latinoamericanos; la desocupación no
superó el 6%, con niveles de subempleo relativamente bajos;
y se observaba por último una tendencia redistribucionista a
nivel de los ingresos: el quinto más pobre de la población, en
efecto, triplicó su participación en el ingreso entre 1954 y 1968,
mientras la proporción de familias en condición de "extrema
pobreza" se redujo del 46 al 15 por ciento entre 1954 y fines
de los setenta [...] Como ha sido indicado, el período abierto
en 1973 puede ser caracterizado como una involución global
del sentido de aquella extendida y profunda corriente "evolucionista" de los 40 años anteriores. La tendencia al cambio,
213
por lo demás, alcanzó un ritmo casi frenético en el quinquenio
inmediatamente precedente a la instauración del régimen militar
con el ensayo de la "vía chilena al socialismo" del Presidente
Allende y la experiencia de una "revolución en libertad" de su
antecesor, el Presidente Frei [...] Con todo, sería simplificar al
extremo no ver en el período reciente sino pura regresión. Al
contrario, hasta 1981 la sociedad fue sacudida otra vez en sus
raíces por el curioso experimento neoliberal de los militares
chilenos. El "modelo de Chicago" incuestionablemente desató a
su vez tendencias modernizadoras, aunque de carácter concentrado, selectivo y espúreo. Es el caso de la extensión relativa
–simultánea a la generalización de relaciones de tipo mercantil– de un comportamiento racional con arreglo a fines con
predominio de pautas económicas; el paso de una movilidad
basada en la pertenencia al grupo (ascribed) a otra basada en el
mérito individual (achieved); en fin, una mayor emancipación
del individuo respecto al grupo, estamento o comunidad (el "individualismo"), rasgo que también se ha asociado clásicamente
a la modernización" (pp. 9-11).
Para Tironi, el cúmulo de fenómenos tales como la cesantía provocada por el desmantelamiento de la industria nacional
debido a la política económica neoliberal militarizada y, luego,
el fracaso de esa política, la caída de la tasa de inversiones y del
Producto Geográfico Bruto conforman la involución que siguió
a la evolución anterior a 1973. Esta es luego seguida por un
proceso de desintegración del sistema social: los subsistemas
económicos, sociales y culturales pierden su coordinación y la
capacidad de propuesta de proyectos colectivos por la falta de
una arena política de transacción democrática, mientras que la
articulación que permanece la realiza un Estado autoritario que
integra de manera selectiva, rígida y centralizada. Esa desintegración se da como un repliegue comunitario desde los espacios
públicos a los privados, aislándose los grupos y reforzando
más bien sus lazos internos. Así es como se ha dado en Chile
el surgimiento y multiplicación de comunidades religiosas de
base, cristianas y esotéricas, diversas micro-formas de solidaridad comunitaria y la constitución de la familia como unidad
de supervivencia básica.
214
Con una preocupación cercana a la que motiva nuestro
estudio en lo referente al nivel simbólico y la sensibilidad
social, Tironi apunta que el sistema simbólico precedente ha
quedado destruido sin que otro lo haya sustituido. El psicologismo que advirtiéramos en referencia a Patricia Politzer está
en que ello provoca simultáneamente en los actores individuales y colectivos una gran pérdida de identidad y tensión
emocional. Surge así un "romanticismo" social –término de
T. Parsons–, puesto que "los actores tienden a reemplazar una
realidad negativa por "imágenes de sustitución" idealistas".
Este romanticismo se caracteriza por la oscilación entre grandes extremos emocionales, la pasividad de grandes números
de individuos y grupos y el activismo intenso: "En Chile, por
ejemplo, allí donde no prevalece la apatía cunde en efecto el
ideologismo "romántico": el antimarxismo de los militares, el
neoliberalismo de los Chicago boys, el espiritualismo religioso tradicional, el misticismo religioso popular o esotérico, en
fin, el radicalismo revolucionario de grupos de izquierda y de
cristianos" (pp. 37-38).
El mito y las actividades del MCTSA parecen coincidir
con estas matrices discursivas, aunque aquí habría que reconocer un grado de ambigüedad. Es preciso considerar que junto
con el irracionalismo religioso de esas elaboraciones y la concepción de una mentalidad nacional ("todos los chilenos"), los
portavoces del MCTSA también tienen buen cuidado en anclar
sus argumentos en una objetividad social e histórica, como
veremos más adelante, al estudiar el modo en que el MCTSA
usa el concepto de pecado social que afecta a todo ciudadano. De acuerdo con este concepto, los individuos logran una
homogeneidad de pensamiento y hábitos no por la existencia
de un "alma nacional", sino por los imperativos sistémicos del
capitalismo dependiente, que fuerzan sobre ellos roles y funciones pecaminosas. Junto con reconocer esa mente nacional,
a diferencia de Politzer y Tironi ellos introducen la cuestión
de la diferenciación de las experiencias de clases sociales y el
problema del imperialismo. Si nos atenemos únicamente a las
implicaciones de este mentalidad nacional en el discurso del
MCTSA –erróneamente, creemos–, es evidente una isomorfia
215
con el psicologismo de Patricia Politzer y Eugenio Tironi: dar
por sentada una psiquis nacional en la manera en que lo hacen, esas implicaciones tenderían a mostrar una sociedad que
en su historia reciente ha perdido su cordura y su racionalidad
para entregarse a los excesos políticos más deleznables. Sin
embargo, insistimos, el MCTSA hace un mayor esfuerzo por
establecer diferentes motivaciones para la acción social basadas
en intereses de clase e imperiales. Fuera de comprobar esta
ambigua cercanía de pensamiento, nos tienta inevitablemente
hacer un comentario sobre lo curioso que resulta tratar de
entender la cuidadosa aplicación de una política represiva por
parte del régimen militar, de manera científica y sistemática,
para la implementación del modelo económico neoliberal, como
arranque de irracionalidad.
Fundamentos teatrales para la protesta ritual
Aunque el material y las perspectivas acopiadas hasta
ahora muestran al MCTSA como un punto de convergencia
ideológica de múltiples preocupaciones de la oposición chilena,
no explican, sin embargo, el hecho de que esa interpelación
del MCTSA a la colectividad nacional, para materializarse en
esa ceremonia ritual, debe contar con una concepción teatral
del sacrificio de someterse voluntariamente a un dolor sufrido
públicamente. El hecho es que la noción de sacrificio está
profundamente permeada por visos religiosos y de compromiso
moral que deben ser exhibidos públicamente por ser acto de
edificación comunitaria. Observemos los significados principales que el Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española registra para la palabra sacrificio que, sin duda,
están en consonancia con el origen cristiano de la simbología
creada por el MCTSA: "m. Ofrenda a una deidad en señal de
homenaje o expiación. // 2. Acto del sacerdote al ofrecer en la
misa el cuerpo de Cristo bajo las especies de pan y vino en
honor de su Eterno Padre. // 3. fig. Peligro o trabajo graves
a que se somete una persona. // 4. fig. Acción a que uno se
216
sujeta con gran repugnancia por consideraciones que a ello lo
mueven. // 5. fig. Acto de abnegación inspirado por la vehemencia del cariño". Una ofrenda o peligro dado en aras de un
compromiso superior de amor sacralizado implica una noción
simbólica del espacio que, en su consagración como perímetro
moral y éticamente privilegiado, funde imaginariamente a la
persona individual con el plano superior de un ideal exaltado
colectivamente. En términos más simples, para que pueda darse
un ritual comunitario debe darse también una noción ética que,
más allá de su naturaleza espiritual, se dirija primordialmente
hacia una materialidad espacial. Esta la encontramos en el
concepto de pecado social.
La noción de pecado social parece haberse extendido en
el trabajo pastoral de base de la Iglesia, por lo menos a través
de una cartilla de estudio preparada y publicada por EDUPO
(Equipo de Educación Popular de la Vicaría Zona Oeste).
Explicaremos su significado utilizando tanto los argumentos
pedagógicos de la cartilla, por su valor de vulgarización, como
sus antecedentes teológicos en el pensamiento de José Aldunate, s.j., Clodovis Boff, o.s.m., y Alberto Libanio Christo, o.p.
(Fray Betto), a quienes citaremos en los lugares apropiados
para ilustrar nuestra tesis.
Según sus instrucciones, la cartilla se trabaja en grupos
de cuatro a cinco personas en un período de aproximadamente
dos horas. Mediante una corta tira cómica, se presenta una
situación cotidiana que protagoniza la madre de una familia
en una población marginal. Ya es de noche y espera preocupada por la tardanza de su marido al volver al hogar. Cuando
éste llega, está borracho, pues se había detenido a beber con
amigos. Violentamente exige que se le sirva la comida, le
molesta el ruido que hacen sus tres hijos pequeños. La madre
expresa su gran disgusto no sólo por el trato que reciben, sino
también por el hecho de que el marido ya no trae dinero al
hogar para la comida. El se justifica por su cesantía; no hay
trabajo para nadie. Hastiada, la madre expulsa al hombre del
hogar, alegando que le es mejor vivir sola con los hijos. En la
calle el hombre se sienta en la vereda, totalmente confuso en
sus pensamientos.
217
En los treinta minutos que siguen los participantes son
invitados a meditar sobre situaciones similares que hayan
encontrado en su experiencia cotidiana. Se pregunta la razón
por la que el número de familias afectadas del mismo modo
ha crecido en Chile durante los últimos años. Se invita a describir "las cosas que aplastan al hombre chileno hoy en día".
A continuación se cita la palabra de los pastores para sugerir
una respuesta que debe ser elaborada. Citando de Puebla #30
se afirma: ""Al analizar más a fondo la situación, descubrimos
que esta pobreza no es una etapa casual, sino el producto de
las situaciones y estructuras económicas, sociales y políticas..."
Luego, los obispos, citando a nuestro papa Juan Pablo II, nos
advierten que hay "RICOS CADA VEZ MAS RICOS A COSTA
DE POBRES CADA VEZ MAS POBRES"
En los treinta minutos siguientes se propone la exploración de las causas de la miseria social de acuerdo con el
siguiente planteamiento: "Ahora los invitamos a construir una
"cadena de causas" parecida pero esta vez [...] pensando en el
problema de la familia de Juan. La cadena se basa en la pregunta ¿por qué? Y comienza con el hecho que hay una pelea en la
familia. Preguntémonos ¿por qué? La respuesta puede ser que
Juan toma. Entonces esto sería el segundo eslabón en nuestra
"cadena de causas". Y volvamos a preguntar ¿por qué toma
Juan? Y así sucesivamente hasta llegar a la causa original".
Después de una elaboración un poco más extensa del
tema, se llega a la conclusión que expone el concepto de pecado
social. Citemos en su extensión por la importancia que tiene
para nuestros propósitos: "Cada uno de nosotros nace dentro de
una familia, una población y una sociedad. No podemos elegir
dónde vamos a nacer, ni quienes van a ser nuestros padres ni el
tipo de sociedad. El mundo en que vivimos hoy es el resultado
de todo un proceso histórico y por eso lleva dentro de él todos
los valores y antivalores de nuestros antepasados. Al nacer entramos ya a un mundo formado con estructuras y sistemas políticos, económicos, culturales y religiosos [...] En este momento
de la historia del hombre latinoamericano, vemos "como el más
devastador y humillante flagelo, es la situación de inhumana
pobreza en que viven millones de latinoamericanos expresada,
218
por ejemplo, en mortalidad infantil, falta de vivienda adecuada,
problemas de salud, salarios de hambre, el desempleo y subempleo, desnutrición, inestabilidad laboral, migraciones masivas,
forzadas y desamparadas" (Puebla #29). Esta situación es el
producto de SISTEMAS y NO de una persona determinada. Es
el producto de un largo tiempo de dominación y explotación
por una clase poderosa que controla los medios de producción,
información, comunicación. Todos los hombres están esclavizados en la relación opresor-oprimido y esto es, en el fondo,
la relación que está contra el plan de Dios y que llamamos
PECADO SOCIAL Recordemos la situación de Juan. Vimos
que los problemas en su hogar no tienen su origen esencial en
el alcoholismo sino en el hecho de que no existe una política
económica justa que le permita conseguir trabajo. La culpa no
es de él, sino de todo un sistema injusto [...] Pero no hay que
resignarse a la realidad de esta situación de pecado social. Es
verdad que no podemos determinar el tipo de sociedad en que
nacemos, pero esto no significa que no podemos transformarla.
Como personas comprometidas con el proyecto del hombre es
nuestro deber luchar por cambiar profundamente las estructuras que esclavizan al hombre. Como dicen nuestros pastores
en Puebla: "Esta realidad exige, pues, conversión personal
y cambios profundos de las estructuras que respondan a las
legítimas aspiraciones del pueblo hacia una verdadera justicia
social; cambios que, o no se han dado o han sido demasiado
lentos en la experiencia de América Latina (Puebla N°30). [...]
La misión de la Iglesia en medio de los conflictos que amenazan
al género humano y al continente latinoamericano, frente a los
atropellos contra la justicia y la libertad, frente a la injusticia
institucionalizada de regímenes que se inspiran en ideologías
opuestas y frente a la violencia terrorista es inmensa y más que
nunca necesaria (Puebla N°562)."
Seguir la lógica argumentativa de esta cartilla de enseñanza es importante para demostrar que ella funciona sobre
la base de una concepción espacial del pecado humano. La
estrategia pedagógica utilizada para la concientización confirma
esta espacialidad al invitar a los participantes a rememorar y
explorar críticamente las experiencias que puedan haber tenido
219
dentro de su horizonte social volviendo a visualizarlas. De allí
el uso de una tira cómica para ilustrar una tipicidad cotidiana que muestre a personajes situados en un tiempo y en un
espacio específicos. Así el ser humano es visualizado como
ocupante de un espacio social que lo antecede y que influye
su conducta desde la exterioridad, más allá de su voluntad, al
quedar expuesto a las instituciones que lo rigen y a asumir
las relaciones éticas y sociales imperantes. Ese espacio puede
influir como para que el ser humano peque contra Dios aun
contra su voluntad, inconscientemente, en la medida en que la
lógica de esas estructuras fije hábitos de convivencia propensos
a la promoción del mal, como quedó ilustrado con Juan, el
personaje de la tira cómica.
Clodovis Boff abunda al respecto resaltando una espacialidad de efluvios malignos: "Por eso se podría pensar que
la humanidad está envuelta por una especie de atmósfera de
pecado (hamartiósfera). El hombre segrega esta atmósfera a
través de sus pecados individuales, al mismo tiempo que vive
de ella como del aire que respira".32 Más adelante agrega:
"Pecado social será entonces un mal humano que adquiere una
existencia exterior a la conciencia de los individuos y se impone a ella. Exactamente a eso aludimos cuando hablamos de
"estructuras de pecado". Las estructuras no son cosas, sino un
modo de relación entre cosas y tales modos de relación se dejan
percibir principalmente [...en] los hábitos sociales, por ejemplo,
los prejuicios raciales, religiosos, políticos, ideológicos, etc. [...
en] las leyes que legitiman prácticas sociales perversas, como
la esclavitud, el poder arbitrario, etc." (p. 23).
La noción de pecado social ya queda efectivamente configurada en lo siguiente: "[...] independientemente de cualquier
conciencia, las estructuras injustas u opresoras son objetivamente un mal. Por eso son "pecado" en un sentido material
y estructural. Estas estructuras injustas son para la sociedad
lo que la concupiscencia es para el individuo: llevan y hasta
arrastran al mal. Por eso, podemos decir de ellas lo que decimos
de la concupiscencia: son "pecaminosas". Pensemos por ejemplo en una estructura económica donde el patrón debe pagar a
los obreros un salario de hambre para mantener la competencia;
220
pensemos en un régimen político que ha de usar la violencia
contra los grupos rebeldes, para imponer el orden social, etc.
Se percibe que aquí también se perfila la terrible figura de lo
"trágico" [...] Pero tales estructuras pueden ser también un mal
en el sentido subjetivo, cuando nos adherimos personalmente a
ellas, cuando nos aprovechamos de ellas, cuando las apoyamos
y por consiguiente las reforzamos. En la mayoría de los casos
hacemos esto ingenuamente, sin darnos cuenta de su iniquidad,
sin conciencia crítica. Por ejemplo, éste fue el caso del 90% de
los alemanes que el 19 de agosto de 1934 votaron masivamente
a favor de Hitler como Führer y Jefe del Reich" (p. 31). Más
adelante, en la parte tercera y final de este estudio, tendremos
ocasión de volver a ese concepto dramático que se esboza aquí
en cuanto a lo trágico.
La teatralidad contenida en la noción de pecado social
emerge claramente si contrastamos su concepción espacial de lo
ético con la teoría de los gestos sociales que elaborara Bertold
Brecht como fundamento de su efecto de alienación, objetivo
social de la obra del dramaturgo alemán.33
Como se sabe, desde una posición materialista histórica
Brecht planteaba que las relaciones sociales predominantes en
una formación social tienen una lógica que decanta ciertos esquemas de conducta y de emociones posibles en una coyuntura
histórica. Esos esquemas le otorgan un perfil único e irrepetible. Ellos pueden ser tipificados y puestos en escena para una
instrucción política del espectador que lo lleve a definirse en
la lucha de clases. Esta incitación es posible en la medida en
que el teatrista medite sobre su cotidianidad para captar esos
esquemas y luego dramatizarlos, exponiendo en la actuación
los mecanismos de la lógica social que los origina. Ese espejo
dramático mostrado al espectador era el llamado efecto de alienación o efecto-A. Así el espectador podría llegar a comprender
que las relaciones sociales son una construcción humana y
que, por tanto, la movilización de agentes sociales masivos y
democráticos puede crear un orden alternativo más humano y
humanizador. Según Brecht, la captación de esos esquemas conductuales cotidianos requería que el actor hiciera un inventario
fenomenológico de las emociones posibles para cada esquema
221
conductual, de manera que pudiera actuarlos distanciándose él
mismo de ellas, como para impedir una empatía del espectador
con la situación social mostrada. Esta noción de un inventario
de las emociones posibles en un sistema de relaciones sociales
es su teoría teatral de los gestos.
En lo anterior podemos atestiguar los extraordinarios
paralelos que guarda esa teoría teatral con el concepto de
estructura social generadora de hábitos que fundamenta el
concepto de pecado social. En ambos casos se busca iluminar
una conciencia social entre los testigos de un hecho para que
se constituyan en agente de cambio de las estructuras estimadas injustas, preocupación que hemos encontrado en todos los
testimonios intelectuales del Chile actual revistados hasta este
punto. Sin embargo, como criterio que potencia una actuación
ritual en el MCTSA, existe una gran diferencia entre el pensamiento ético que yace tras el concepto de pecado social y el
que anima los gestos y el efecto de alienación brechtianos. La
diferencia está en el modo en que se concibe la iluminación del
espectador para su acción social. Brecht tiene en mente todo un
largo proceso de contemplación meditativa y racional por parte
del espectador, quien, durante el prolongado espectáculo teatral,
recibe incitaciones en el escenario para suspender los hábitos
mentales que imponen las estructuras sociales. Por el contrario,
el MCTSA busca alienar al espectador de sus acciones públicas
mediante rituales de muy breve duración que, por tanto, deben
impactar al espectador por sobre todo en sus emociones, de
manera que su conciencia moral dormida despierte. Por tanto,
habiendo ya relevado los paralelos existentes para exponer
las bases teatrales del MCTSA, ahora es necesario, más bien,
deslindar sus diferencias con lo brechtiano. Esto lo haremos
introduciendo el concepto de Kairós, central en la noción de
pecado social e indirectamente fundamento de las acciones
públicas del MCTSA.
Clodovis Boff introduce la noción de Kairós al esbozar la forma en que concibe la propensión humana a ignorar
problemas sociales que realmente se despliegan ante nuestras
propias narices en la cotidianidad vivida más cercanamente.
Este "no querer ver, no querer saber" es una forma de escape y
222
de mala fe, mediante la cual el individuo pretende desprenderse
de una realidad circundante que lo incita a la acción correctiva
escudándose en e identificándose con ideales inefables, supuestamente constituyentes de la verdadera personalidad humana,
ideales en los que se refugia otorgándoles un ser superior
que no debe ser manchado por la menguada materialidad del
entorno. Echando mano de Hegel, Clodovis Boff tipifica este
moralismo escapista con el epíteto de "alma bella": "Ella vive
en la angustia de manchar el esplendor de su interioridad por
la acción y el compromiso real. Y para proteger la pureza de
su corazón, huye del contacto con la realidad y persevera en
la incapacidad temerosa, incapacidad de renunciar a su yo
afinado hasta la última abstracción, incapacidad de darse una
existencia substancial, de transformar su pensamiento en ser y
de confiarse a un cambio absoluto. El objeto vacío que ella crea
para sí misma, la llena de un sentimiento de vacío. Su actividad
consiste en un deseo nostálgico (Sehnen). En estos momentos
de pureza transparente, se convierte en una infeliz "alma bella".
Su luz se apaga dentro de sí misma y se volatiliza como un
vapor informe que se disuelve en el aire" (p. 35).
Sin embargo, Boff también propone que en nuestra misma
cotidianidad permeada por el pecado social se dan momentos de
iluminación fulminante, quizás de escasa duración, al parecer de
significado intrascendente pero que remecen el letargo cotidiano: "Esos son los momentos que el filósofo alemán Max Müller
llamó de "Kairós". Son tiempos de gracia, ocasiones en las que
la conciencia despierta, oportunidades de una opción decisiva
y que organiza toda una serie de acciones posteriores, es como
cuando nos encontramos con una encrucijada y nos vemos
obligados a escoger. Los Kairoi señalan la conjunción propicia
entre la conciencia personal y la existencia social. En el campo
de la individualidad, vienen configurados por experiencias y
prácticas sociales de las que estamos hablando y, en el campo
social, por las coyunturas críticas, acontecimientos históricos,
cambios culturales o momentos álgidos de la política" (p
37). En una vena similar, y hablando de la conversión, Fray
Betto señala: "Esta apertura a la llamada de Jesucristo y esa
disposición a la conversión pueden ser suscitadas en nosotros
223
por años y años de reflexión sobre el misterio cristiano, como
también por un acontecimiento aparentemente sin importancia:
el testimonio de una persona, un libro, el pronunciamiento de
un obispo, la muerte de un pariente, la victoria de un pueblo en
su lucha por la justicia, etc. Pero esto no es aún la conversión.
Esta supone no solamente una aceptación del sentido profundo
de la historia sino también el empeño de hacer de su vida un
testimonio de este sentido" (p. 51).
Significado simbólico de los rituales públicos
del Movimiento Contra la Tortura Sebastián
Acevedo
Una discusión como esta, sobre los orígenes de la teatralidad ritual del MCTSA, nuevamente hace resaltar la preocupación religiosa ya observada, la de lograr una materialización
del compromiso eclesiástico por la redemocratización de Chile
en términos activos y concretos, bajo pena de que también la
Iglesia Católica chilena se convierta en un panteón de "almas
bellas". Pero, por sobre todo, ahora disponemos de los criterios
necesarios como para entender que las acciones públicas del
MCTSA tienen el propósito de llenar el espacio de la ciudad
con Kairoi que inicien la dinámica de conversión de los seres
humanos hacia la recuperación de su sentido de actores de su
propia historia, sentido perdido bajo una dictadura militar que
ha exacerbado la injusticia inherente a las relaciones sociales
capitalistas y permeado todo el ámbito social de pecado, de
muerte y tragedia.
Con todo lo aportado podemos ya comenzar a visualizar
que el significado mítico de los rituales de protesta del MCTSA es el de una ceremonia convocatoria de la ciudadanía, de
gestos simbólicos mediante los cuales un grupo de personas
se exponen al dolor de la represión para ilustrar a sus compatriotas la necesidad de recuperar la continuidad solidaria
entre individuo y colectividad, desafiando y venciendo el temor
que fragmenta la identidad, la voluntad libertaría y la digni224
dad, del mismo modo con que ellos someten su cuerpo a la
violencia estatal para experimentarla no como dolor inerme,
sino más bien como sufrimiento conscientemente asumido,
que restaure el ámbito social a la calidad de universo simbólico compartido y abierto al trabajo humano hacia el cambio
y la transformación social.
Con esta interpretación ya es posible hacer una lectura
ajustada del aparataje simbólico utilizado en las acciones del
MCTSA, tarea que habíamos postergado. En realidad, ahora
se trata más bien de precisiones, puesto que en el proceso de
describir las temáticas colectivas recogidas por el MCTSA en
su mitificación, ya había quedado sugerido un cúmulo de estas
significaciones simbólicas. Por lo tanto, entendemos este acápite especial no como una ocasión para la repetición redundante,
sino para las precisiones.
Al enfrentarnos a esta tarea debemos sentar una premisa
fundamental: la lectura del aparataje simbólico del MCTSA la
realizamos teniendo en cuenta que las actuaciones rituales del
grupo ante la colectividad nacional son un intento de materializar en la cotidianidad un ideal mítico. En otras palabras –y
como observáramos en el acápite anterior dedicado a la elaboración mítica– el MCTSA dicotomiza su visión de mundo en
dos niveles, uno ideal y utópico (la narración mítica) y otro real
y concreto (la ceremonia ritual). Ambos niveles están mediados
por movimientos y gestos expresivos en que cuerpos humanos
son consciente y voluntariamente utilizados como parte de
una coreografía que incluye elementos figurativos, espaciales,
temporales y materiales. De acuerdo con esto, una lectura interpretativa debe forzosamente establecer relaciones que muestren
una continuidad significativa entre esos dos niveles de realidad.
Establecer esa continuidad significativa requiere un movimiento
interpretativo de ascenso y retorno que parte del dato cotidiano
de los rituales de protesta, se eleva hacia la visión mítica del
MCTSA, para luego retornar a ese dato cotidiano para percibirlo como carga aún mayor de significaciones simbólicas.
En sus rituales, los participantes aparecen bien detrás o
debajo del lienzo con la consigna elegida para la acción específica. El lienzo ha quedado asegurado a algún adminículo
225
callejero –poste, señal del tránsito–, adosado contra una pared
o sujeto por las manos de los manifestantes. Además del hecho
de que la ubicación del lienzo tiene el propósito pragmático e
inmediato de que sea visible para todo transeúnte, dadas las
referencias temáticas recolectadas con anterioridad, podemos
conectar su uso con la voluntad de materializar un precepto
ético ideal que debería regir una colectividad sana. Esta materialización de los ideales de convivencia olvidados por la
autoridad militar aparecen, entonces, respaldados por ciudadanos moralmente sensitivos y responsables, ubicados detrás del
lienzo, que no los han olvidado y que les otorgan una presencia
visible en el espacio de la ciudad con el soporte de los cuerpos
que los sostienen, que los han adosado y fijado. Fuera de ser
adosados a cierta altura en las paredes para que la policía tenga
dificultad en desprenderlos, los lienzos son, del mismo modo,
concreción de un ideal moral superior, que debiera alzarse por
sobre todo ser humano.
Con el acto de desplegar el lienzo y reunirse alrededor
de él, el entorno inmediato ocupado por los cuerpos de los
manifestantes queda simbólicamente demarcado como espacio
teatral sacralizado porque allí se busca exhibir verdades que se
juzgan de importancia para la supervivencia de la sociedad. El
despliegue de esas verdades separa radicalmente ese espacio
sacralizado de una cotidianidad caída, en que las relaciones
humanas han quedado fragmentadas por la alienación introducida por el mal. Durante un tiempo fugaz se jugará la ilusión
de que en ese espacio se ha suspendido el mal e impera la
Gracia divina y las relaciones humanas asentadas en el amor y
el cuidado por los destinos colectivos. Al condensar a través de
sus cuerpos las verdades desplegadas, y conscientes de ello, los
manifestantes tienen ahora la legitimidad para adoptar actitudes
corporales y faciales increpatorias, emplazadoras, enjuiciadoras, concientizadoras, puesto que la verdad ética exhibida los
avala. Esas actitudes faciales y corporales reactualizan para el
espectador los ideales de una comunidad perdida y olvidada y
le proponen el recuerdo y el reencuentro, llamándolo al desafío
de alcanzar la plenitud de un perfeccionamiento moral.
Una vez definido el espacio como lugar de condensación
226
de la verdad moral, los manifestantes inician una dinámica
que, a través del sacrificio, pretende transformar positivamente
la insensibilidad moral de los espectadores pasivos. Usan la
propia materialidad corporal para demostrar las carencias de
humanidad de una sociedad reprimida que, aparentemente, se ha
allanado a ver mutilada su expresividad. Cantar, recitar letanías,
gritar consignas a viva voz y en coro restauran ejemplarmente
esa carencia e ilustran una capacidad de acción concertada por
un imperativo moral que se espera tenga impacto suficiente
como para congregar a otros seres, todavía desconocidos, de
idéntica conciencia moral. La incitación moral aumenta con la
llegada de la represión. Aun cuando esos cuerpos caen abatidos
por el agua o los golpes policiales, esa superioridad moral se
impone cuando se arrodillan ante la violencia y espontáneamente rezan un Padre Nuestro al poder erguido y omnipotente, o se
abrazan, se toman de las manos o forman una cadena de brazos
para permanecer de pie o no ser arrastrados por el impacto
de las aguas, que de líquido para la vida y la pureza ha sido
pervertida en arma de agresión. En la manera en que se entregan desvalidos pero resistentes a que los policías los recojan
como bultos para encerrarlos, esos cuerpos inermes demuestran
la superioridad moral de seres que han elegido ese sacrificio
para exponer y desenmascarar públicamente una violencia que
rutinariamente prefiere la oscuridad, la anonimia, el retaimiento, el enmascaramiento. Al no retirarse cuando la represión se
hace intensa, al increpar a los policías por algún tratamiento
innecesariamente descomedido y violento de algún manifestante, al intentar el masivo acompañamiento de los detenidos con
la entrada voluntaria a los furgones policiales para padecer un
destino común, se propone la restauración de un espíritu solidario, de preocupación por el desvalido que es, decididamente,
uno de nosotros, es nosotros, no un ser distante y anónimo,
a quien nada nos ata ni nada nos compromete.
La introducción de una sacralidad social a través del
sacrificio se hace patente con la lectura a coro de una letanía
alusiva. Toda letanía tiene como referente la divinidad, como
lo atestigua la definición principal del término por el Diccionario de la lengua española: "Rogativa, súplica que se hace
227
a Dios con cierto orden, invocando a la Santísima Trinidad y
poniendo por medianeros a Jesucristo, la Virgen y los santos".
Este significado religioso marca ineludiblemente otro, de tipo
secular figurativo y familiar que se asigna al término: "Lista,
retahíla, enumeración seguida de muchos nombres, locuciones
o frases".
- De la muerte de Víctor Jara...
El Mercurio es cómplice
- Del sacrificio de José Tohá... El Mercurio es cómplice
- De la tortura y asesinato de
Marta Ligarte...
El Mercurio es
cómplice
- Del desaparecimiento de
Carlos Lorca y tantos otros...
El Mercurio es cómplice
- De la masacre de los campesinos
de Lonquén...
El Mercurio es cómplice
- De los asesinatos de Laja...
El Mercurio es cómplice
- De los sepultamientos
clandestinos de Mulchén...
El Mercurio es cómplice
[...]
-¿Puede un cómplice de
hablar de humanidad?
-¿Puede un cómplice de
hablar de democracia?
-¿Puede un cómplice de
hablar de convivencia?
-¿Puede un cómplice de
hablar de paz?
[...]
228
la tortura
No, no puede
la tortura
No, no puede
la tortura
No, no puede
la tortura
No, no puede
- Detienen a Juan Antonio Aguirre...
y la justicia
calla
- Lo encierran en la 26a Comisaría...
y la justicia
calla
- Lo torturan...
y la justicia
calla
- Lo hacen desaparecer...
y la justicia
calla
- Su madre pide recurso de amparo... y la justicia calla
- El Vicario pide fiscal ad-hoc...
y la justicia
calla
- Pasan diez días...
y la justicia
calla
- Pasan veinte días...
y la justicia
calla
- Pasan treinticinco días...
y la justicia
calla
- Carabineros dice "no lo tenemos"...
y la justicia
calla
- El Ministro niega su detención...
y la justicia
calla
- El General Mendoza dice "olvídense"...
y la justicia
calla
- El Ministro Jarpa dice
"los desaparecimientos son normales"...
y la justicia
calla
- La tortura se generaliza...
y la justicia
calla
- Se tortura en los buses policiales...
y la justicia
calla
- Se tortura en las poblaciones...
y la justicia
calla
- Se tortura en las Comisarías...
y la justicia
calla
- Chile entero es territorio de tortura…
y la justicia
calla
La convocatoria a los manifestantes para compartir esa
229
sacralidad de las verdades desplegadas y del sacrificio corporal
ejemplificador implica, además, un llamado a la imaginación
de los transeúntes para que compartan con ellos el viaje utópico hacia un orden social en que impere el amor. Con ello
se afirma la igualdad tácita de todo ser humano, presente en
la protesta o ausente, manifestante o transeúnte, por la que
se reconoce un valor y una dignidad moral que nos ampara a
todos, aunque en el caso del espectador ella es sólo potencial
todavía, mientras que en los manifestantes ya se ha hecho
concreta, material, en virtud de su protesta efectiva contra el
mal. Compartir la imaginación de un orden moral superior se
hace objetivamente posible con el significado catártico de los
lienzos, carteles y volantes exhibidos. Ellos traen a la superficie
una práctica secreta, perversa y maligna, la tortura, que el poder
quisiera confinar a la clandestinidad de espacios secretos para
que proceda sin impedimentos. Sacar a la superficie el dato
irrefutable de un contenido social maligno, que la colectividad
rehusa reconocer como práctica generalizada, es acto catártico
por cuanto muestra un referente objetivo que, a su vez, ofrece
la oportunidad para que despierten las conciencias morales dormidas, e inicien la riesgosa aventura de concretar materialmente
–del mismo modo como lo hacen los manifestantes– ese valor
y esa dignidad común que se les ha acordado. El rescate del
dato oculto y el despertar de la conciencia moral adormilada
son propuestos como inicio del proceso de curación y restablecimiento de un cuerpo, de un órgano o de un miembro social
enfermo, infectado, del mismo modo que la confesión arroja
de la mente distorsionada el contenido que la agobia. En el
momento en que la materia enfermante emerge, ahora puede
ser atacada para que se restablezca la salud, señalándose con
claridad la naturaleza oculta de la dolencia, del mismo modo
como los manifestantes apuntan colectivamente los índices de
su mano hacia el lugar secreto donde se tortura.
Ese viaje implícito es el de trascender la cotidianidad
caída en que se encuentra sumido en el presente el espectador
pasivo, de manera que tome memoria de los ideales de amor
comunitario que ha olvidado. Esa memoria es del amor divino
que transforma el espacio del ritual de protesta en espacio en
230
que se manifiesta la Gracia de Dios para que todos los seres
humanos se reconcilien en ese recuerdo. Si es que el transeúnte
acepta esta invitación al viaje de la imaginación moral, la reconciliación provocará la unidad, la estabilidad y la permanencia
de una colectividad seriamente amenazada en su supervivencia
por las fuerzas malignas. Así se habrá producido un cambio en
su percepción de la realidad agotada por los abusos perversos
perpetrados por el mal y quizás el transeúnte se movilice para
él también contribuir al imperio de la verdad y del amor comunitario. De este modo se habrán realineado el pasado perdido y
el presente caído para impulsar a la colectividad hacia un futuro
utópico en que la fragmentación abra paso a la totalidad, la
enfermedad a la sanidad, la privación a la plenitud, la carencia
moral a la restauración. Con ello se habrá restaurado la noción
de la ciudad, de la sociedad, como ámbito para la vida.
La fuerza represiva, a todo esto, padece un dilema que
querría postergar. Si no actúa para neutralizar, desvirtuar o,
por lo menos, desacreditar estas protestas pacíficas, estará
permitiendo un semillero de futura desobediencia civil que
minará su imagen de omnipotencia. Si su violencia es intensa,
quedará expuesta a la colectividad que contempla como entidad moralmente inferior, sin recursos para actuar ante seres
pacíficos, y por sobre todo, ella misma habrá confirmado con
los manifestantes castigados las aseveraciones que éstos hacen
y que la autoridad niega.
Pero, a pesar de todo, ese compromiso de solidaridad y
respeto a la dignidad moral entregado por el MCTSA a todo
ser humano incluye aun a aquellos cuya conciencia ha sido
apropiada por el mal. Se reconoce en ellos el dilema implícito
en el concepto de pecado social de tener que cumplir con un
deber funcionario, el pecado institucionalizado. Ese compromiso redentor incluye también a las "almas bellas" que defienden
su pureza en la ignorancia conscientemente cultivada. No de
otro modo puede entenderse la aproximación para saludar a
Carabineros o dirigirles una carta en el aniversario de su institución; o saludar con tarjetas de Navidad a desconocidos en
el Barrio Alto. Sólo intercambiamos saludos, misivas o tarjetas
de conmemoración con personas con las que todavía tenemos
231
algo en común, con las que todavía podemos comunicamos,
por mucho que nuestro trato sea duro:
Señor Ministro, volvemos entonces a preguntarle con
insistencia
¿Está usted o no contra la práctica de la tortura en
Chile?
Nosotros nos hacemos esa pregunta cada vez que se nos
reprime por protestar contra ella.
Apelamos a su conciencia y autoridad. Chile está atravesado por muchas heridas. La de la tortura es una de
las más profundas. Nosotros deseamos colaborar para
que esa herida se cierre. Pero la impunidad con que actúan los funcionarios que torturan a otras personas nos
alarma, pero nos inquieta más el hecho que la autoridad
–que debiera regirse por el máximo principio cristiano
de respetar al hombre– no ofrezca una muestra clara de
su voluntad de terminar con esto.
Le pedimos una vez más su pronunciamiento público. Lo
saluda atentamente,
MOVIMIENTO CONTRA LA TORTURA
Sebastián Acevedo
SEÑOR COMISARIO:
[...]
Todo esto crea una situación muy grave para Carabineros de Chile, ante la opinión de la nación. Apelamos al
sentido de Justicia y de defensa de la vida que ha estado
en las mejores tradiciones de ese Cuerpo. Creemos que
corresponde a Uds. mismos, individual y colectivamente,
recapacitar sobre el rumbo que van tomando".
Movimiento Contra la Tortura
SEBASTIAN ACEVEDO
a los Carabineros de Chile en su día,
27 de abril de 1984.
[...]
Nosotros también tenemos algo que decirles, una palabra
de verdad de parte de este mismo pueblo. Reconocemos
lo que han sido Carabineros de Chile y lo que no pocos
232
siguen siendo. Pero el conjunto de la Institución ha cambiado. El pueblo ya no los miramos como antes. Demasiada ha sido la sangre derramada y el dolor que tantas
veces han dejado a su paso por caminos y poblaciones.
Un pueblo hambreado y una juventud frustrada han recibido de Uds. un castigo que jamás merecieron".
[...]
Señor Director (de El Mercurio), el valor supremo que
puede tener un medio de comunicación es su prestigio
moral. Las ventajas económicas, el servicio de intereses
de grupo, el favor de los poderosos, las amenazas de un
régimen dictatorial, no pueden, no deben comprometer
ese prestigio moral.
Diez años de colaboración de El Mercurio con el régimen más inhumano de nuestra historia han destruido
todo fundamento para invocar este prestigio.
Si ahora [...] El Mercurio no es capaz de sumarse a
una campaña nacional por la erradicación inmediata y
definitiva de la tortura, la supresión de la CNI y el desmantelamiento del presente aparato policial, El Mercurio
ya no tendrá, en el futuro, derecho alguno de posar como
defensor de los Derechos Humanos ni de sentar cátedra
sobre temas como "convivencia social", "democracia",
"libertad", "Humanidad".
Todo lo que dijera sobre estos temas no constituiría más
que ruido de palabras, hipocresía, fariseísmo.
Emplazamos a El Mercurio a dar esta prueba de compromiso con el hombre y con los valores fundamentales
de la eticidad.
Por el Movimiento Contra la Tortura
Sebastián Acevedo...
católicos del Barrio Alto que en vísperas de la última Navidad
luego de comulgar en la Misa entregaron a las Fuerzas Represivas a sus hermanos religiosos que protestaban pacíficamente
contra la tortura.
Mi alma engrandece al Señor
porque no depone de su trono a los poderosos
ni levanta a los humildes,
porque no despide a los ricos con las manos vacías
ni colma de bienes a los hambrientos.
Porque, después de todo,
para los mismos humillados y los hambreados es mejor
así.
Comparar con el evangelio de María:
Lucas 1, 43-56
Gloria a Dios en el cielo
y en la tierra paz
a todos los hombres:
a los pastores del campo
y también a Herodes,
porque anunciamos una gran alegría
para el pueblo
y también para sus opresores.
Comparar con el evangelio de los ángeles:
Lucas 2, 8-14 y
Mateo 2, 13-16
Por eso,
bienaventurados los pobres,
los misericordiosos,
y también bienaventurados
los ricos,
los que siguen indiferentes
ante tanto sufrimiento,
porque el Reino es para todos
por igual.
EL ANTIEVANGELIO DE ALGUNOS CRISTIANOS
Ronaldo Muñoz (sacerdote)
29 de diciembre de 1984
Comparar con el evangelio de Jesús:
Mateo 5,1-12 y
Dedico estas líneas como interpelación a los hermanos
233
234
Mateo 25, 31-46
Lucas 6, 20-26
Es verdad
que hay mucha pobreza y sufrimiento,
pero no busquemos las causas
ni interpelemos a los causantes.
Es verdad
que hay aquí mucho miedo
y afuera muchos exiliados
pero no mencionemos
la represión violenta,
porque podríamos arriesgar
nuestra propia seguridad.
Comparar con el evangelio de Puebla:
N° 28-42 y 1159-1163
Y de todos modos la denuncia pública
del pecado social
no es cristiana ni evangélica,
porque el cristiano ha de ser signo
de reconciliación
y no de contradicción,
y porque el consenso
y no la verdad
nos hará libres.
Comparar con el evangelio de Simeón:
Lucas 2, 25-35
Comparar con el evangelio de Jesús:
Juan 8, 31-32
Por eso,
¡Feliz Navidad!
Para opresores y oprimidos,
para torturadores y torturados.
Porque la Navidad es un misterio grande,
muy por encima de cosas tan materiales
como la opresión económica
y la tortura corporal.
Comparar con el evangelio de Jesús:
235
Con sus acciones para poblar la ciudad de Kairoi redentores, entonces, el MCTSA se constituye simbólicamente en conciencia de vida para una colectividad aletargada por la muerte y
la "pureza espiritual". Por ello sus acciones son repentinas. Súbitamente llenan el espacio de la ciudad atemorizada con gritos
y cantos que claman por la vida y la libertad, bullicio y ajetreo
inesperado que suspenden momentáneamente las disciplinas y
orden para el amordazamiento, el silencio y la parálisis. Como
en u celebración de festival, durante sus actuaciones rituales
vuelan panfletos, se escuchan cantos, se arrodillan algunos
manifestantes para dibujar sobre las calzadas y dejar rastros
de que allí hubo y estuvo gente dedicada a defensa de la vida.
No siempre cerca, generalmente a cierta distancia, se congrega
gente, se concita la curiosidad por lo insólito, la gente aplaude,
algunos se pliegan a los cantos, acompañan a los manifestantes, se mezclan con ellos, se llenan de su entusiasmo, quedan
admirados con su valentía, gritan, los animan. Otros se alejan
con rapidez. No quieren ver. Aquello que contemplan y/o celebran a la distancia deberían estarlo haciendo ellos mismos.
También deberíamos manifestar nuestra dignidad moral, si
es que no fuéramos tan cobardes, o escépticos habiéndonos
allanado voluntariamente a una impotencia que mutila nuestra humanidad. A nuestras casas quizás nos llevemos el peso,
moral de un incidente que difícilmente podremos esconder,
borrar de nuestra conciencia, sobre el que quizás tengamos
que meditar íntimamente. O quizás lo borraremos de nuestra
conciencia y de nuestra memoria para cautelar la visión de
mundo con que hemos definido y protegido nuestra identidad
social y las comodidades, reales o ficticias, que nos concede.
Sin embargo aún así habrá que reconocer en el futuro que
ese grupo de manifestantes nos confrontó con algo que nos
amenaza, que quizás no queramos captar. Por lo menos no
podremos suprimir esa sensación de amenaza difusa que,
después de todo, es la voz de nuestra conciencia moral escuchada o acallada. Por lo menos en el futuro no podremos
alegar que no sabíamos, que fuimos engañados.
236
Los reporteros de medios de comunicación masiva acuden a las acciones principalmente por un imperativo profesional
–allí se dará un incidente que convertido en noticia quizás
pueda atraer, bien al consumidor nacional de un semanario,
si es que no existe Estado de Sitio, o a alguna agencia noticiosa internacional. Es difícil precisar el grado de simpatía de
los reporteros, seres habituados por su ejercicio profesional a
observar con la convención del distanciamiento emocional aun
los sucesos más estremecedores. A pesar de todo, el efecto de
la noticia, si es que se la reproduce, no deja de transmitir el
mensaje simbólico de que allí todavía se agita la vida de una
oposición que no ha cejado, que todavía encuentra los caminos
y la imaginación para mostrar su pervivencia a pesar de toda
una política de represión y muerte sistemática, una oposición
que usa todos los recursos de emociones, gestos, ceremonias
y rituales de que dispone su cultura.
NOTAS
1 Ver: Jo Freeman, ed. Social Movements of the Sixties and Seventies (New
York: Longman, Inc., 1983); Luther P. Gerlach and Virginia Hine, People,
Power, Change, Movements of Social Transformation (Indianapolis: The
Bobbs-Merrill Company, Inc., 1970); Norman E. Whitten, Jr. and Alvin W.
Wolfe, "Network Analysis", Handbook of Social and Cultural Anthropology, John J. Hongmann, ed. (Chicago: Rand McNally and Company, 1973);
Jeremy Boissevain, Friends of Friends, Manipulators and Coalitions (New
York: St. Martin"s Press, 1974); J. Boissevain, "The Place of Non-Groups
in the Social Sciences." Man, The Journal of the Royal Anthropological
Institute, New Series, Vol. 3, N° 4, December, 1968; J. Boissevain, "Second
Thoughts on Quasi-Groups, Categories and Coalitions." Man, New Series,
Vol. 6, No 3.
2 Jo Freeman, op. cit., p. 9.
3 Boissevain, Friends of Friends, p. 47.
4 Ibid., pp. 203-204.
5 Patricio Orellana, "Los Organismos de Derechos Humanos en Chile Hacia
1985". Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas (FASIC). Agradecemos al autor su permiso para utilizar su material; Hugo Frühling, "NonProfit Organizations as Opposition to Authoritarian Rule: The Case of Human
Rights Organizations and Private Research Centers in Chile". Institution for
237
Social and Policy Studies, Yale University, Working Paper NB 2096.
6 Orellana, p. 53.
7 Orellana, p. 34.
8 Orellana, p. 38.
9 La huelga de hambre por los detenidos-desaparecidos. Alcances Morales
(Santiago de Chile: Arzobispado de Santiago, Vicaría de la Solidaridad,
1978) Pregunta 6.
10 José Aldunate y Fernando Castillo, "Tercera Parte: Conclusiones y Nuevas
Perspectivas". Los Derechos Humanos y la Iglesia chilena (Santiago de Chile:
ECO, Educación y Comunicaciones, s.f.) p. 365.
11 Brian H. Smith, The Church and Politics in Chile. Challenges to Modern
Catholicism (Princeton, New Jersey: Princeton University Press, 1982).
12 Ibid., p. 287.
13 Recogemos material sobre la Protesta Nacional de dos publicaciones:
Gonzalo de la Maza y Mario Garcés, La explosión de las mayorías. Protesta
Nacional, 1983-1984 (Santiago de Chile: ECO, Educación y Comunicaciones, 1985); Rodrigo Baño, "Movimiento Popular y Política de Partido en la
Coyuntura Crítica del Régimen". Documento de Trabajo, Programa FLACSO-Santiago de Chile, N° 236, Marzo, 1985. El trabajo de Baño tiene la
importancia especial de ser uno de los comentarios recientes que con mayor
claridad releva la gravitación del problema no resuelto del capitalismo en
Chile. Afirma: "Como se ha señalado, la crisis del régimen tiene un proceso
de incubación relativamente largo cuya expresión de madurez se encuentra en
la primera Protesta Nacional del 11 de mayo de 1983. De ahí en adelante la
oposición al régimen toma la ofensiva y éste se ve obligado a realizar aquella
informal, limitada e inestable apertura política, tendiente a descomprimir la
tensa situación generada.
Se establece así una especie de tiempo político en el cual van a expresarse
las diferencias y contradicciones que existen en el seno de la oposición. Estas
diferencias y contradicciones no son sólo las consustanciales a una configuración plural de partidos, puesto que, admitidas estas, nada debería estorbar
la unidad en lo que se proclama solemnemente como el objetivo común, esto
es, el término del régimen militar.
Sin embargo, hay tras esto un excesivo simplismo, pues el conflicto en
relación al régimen encubre otros conflictos de gran importancia que están
detrás de las diferencias que hay entre la oposición política.
Por una parte hay un conflicto interno de los sectores en el poder. La crisis
económica acarrea la pérdida de hegemonía del sector financiero que había
impuesto el modelo económico. Pero esta pérdida de hegemonía, que se
traduce en la práctica en la quiebra del sistema bancario y la liquidación de
los grandes grupos económicos ligados a tal modelo (Grupos Vial y CruzatLarraín), no es reemplazada por el empresariado productivo y los grupos
económicos más tradicionales. Esto básicamente por dos razones. Una es la
debilidad económica de este sector, que lo hace muy dependiente del crédito
estatal y extranjero. La otra es el enorme peso que adquiere la banca extranjera producto de la abultada deuda externa.
238
El conflicto al interior de los sectores en el poder es muy fuerte, pero, a la
vez, es el mismo carácter del conflicto el que impide la capacidad de maniobra política a tales sectores, permaneciendo así impermeables a la oposición
y, por tanto, dificultando la opción de una apertura desde adentro que es
preconizada por el centro político.
Otro conflicto es [...] el que se plantea en cuanto al sistema socio-económico:
capitalismo o socialismo, con sus respectivas variantes. La solución formal
del conflicto no parece fácil, puesto que la importancia del movimiento popular, tanto social como políticamente, impide ninguna seguridad en cuanto
al destino de la apertura. Además, el hecho que la amenaza al sistema, que se
percibió al comienzo de los setenta, se haya desarrollado a partir de la propia
institucionalidad democrática hace que surjan especiales precauciones.
Son estos conflictos: al interior de sectores en el poder y entre opciones
sobre el sistema, los que están en el centro del conflicto en cuanto al régimen político. De manera tal que la sola discusión sobre el régimen no logra
dar cuenta de gran parte de las alternativas que la oposición de los partidos
presenta" (pp. 33-34).
14 Comisión Chilena de Derechos Humanos, Situación de los Derechos
Humanos en Chile. Informe anual, 1983. Mimeo, Santiago de Chile, febrero
de 1984.
15 Comisión Chilena de Derechos Humanos, Situación de los Derechos
Humanos en Chile. Informe anual, 1984. Mimeo, 1985. Por diversas razones técnicas la Comisión no había publicado este informe en el momento
en que realizamos nuestra investigación. No obstante, se nos proporcionó un
borrador, cosa que agradecemos.
16 Informe anual, 1983, p. 20.
17 Ibid.
18 Informe anual, 1984, pp. 67-68.
19 Ibid., sección "Torturas".
20 Ibid., p. 38.
21 Comité de Defensa de los Derechos del Pueblo (CODEPU), Santiago de
Chile, Tortura. Documento de denuncia. 1er semestre, 1985.
22 De la Maza y Garcés, "2. Buscando una Definición", op. cit., pp. 1822.
23 Andrés Domínguez Vial, "Potencialidad y Obstáculos para el Desarrollo y
Afianzamiento de los Grupos de Derechos Humanos en Chile". Seminario de
Derechos Humanos y problemas de la transición. Hugo Frühling, ed., Academia de Humanismo Cristiano, Santiago de Chile, mayo de 1985, mimeo.
24 Fernando Savater, La tarea del héroe (Madrid: Taurus Ediciones,
S.A.,1983) p.91.
25 Leszek Kolakowki, La presencia del mito (Buenos Aires: Amorrortu
Editores, 1975) De aquí en adelante citaremos de esta edición, indicando la
página del texto de inmediato.
26 G. Lukács, "Class Consciousness" History and Class Consciousness.
(Cambridge, Massachusetts: The MIT Press, 1973)
27 Alfredo Rodríguez, Por una ciudad democrática (Santiago de Chile:
239
240
Sebastián Acevedo
241
242
Ediciones Sur, Colección Estudios Sociales, 1983) Al citar de este texto
indicaremos de inmediato el número de página.
28 Guillermo O'Donnell, "Tensions in the Bureaucratic-Authoritarian State
and the Question of Democracy". The New Authoritarianism in Latin America. David Collier, ed. (Princeton: Princeton University Press, 1979).
29 Juan Carlos Carrasco, "Juntos Lograremos Amanecer". Lecturas de
psicología política: Crisis política y daño psicológico (Santiago de Chile:
Colectivo Chileno de Trabajo Psicosocial, 1983) p. 24. De aquí en adelante,
al citar de esta colección de artículos indicaremos de inmediato el título de
los otros trabajos y el número de página. Los subrayados son nuestros. En
cuanto a represión y daño psíquico individual y comunitario, ver además:
"Los Problemas Provocados por la Tortura en los Refugiados Políticos Chilenos y Latinoamericanos", Colectivo Latinoamericano de Trabajo Psicosocial,
Leuven, Bélgica, noviembre de 1976, mimeo; J. Barudy, D. Páez, J. Martens,
"La Reconstrucción del Sí Mismo Traumatizado por la Tortura. El Proceso
Terapéutico", Colectivo Latinoamericano de Trabajo Psicosocial, Bruxelles,
Bélgica, s.f., mimeo; Fanny Pollarolo, Elena Gómez, Eugenia Weinstein,
Elisa Neumann, "La Política de la Tortura en Chile Durante el Año 1983",
Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas (FASIC), Santiago de
Chile, junio de 1984, mimeo; Sofía Salamovich, Elizabeth Lira, "Psicología
del Miedo en las Situaciones de Represión Política", Fundación de Ayuda
Social de las Iglesias Cristianas (FASIC), Santiago de Chile, mayo de 1985,
mimeo; Elizabeth Lira, Eugenia Weinstein, "Experiencias Traumáticas: Violencia y Tortura, Abordaje Psicoterapéutico", Fundación de Ayuda Social de
las Iglesias Cristianas (FASIC), Santiago de Chile, julio de 1985, mimeo;
Angélica Monreal, Elisa Neumann, "Aspectos Sociales de la Represión: El
Temor", Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas (FASIC), Santiago de Chile, julio de 1985, mimeo; Sergio Pesutic P., Tortura y psiquiatría.
(1) responsabilidades, publicación sin nombre de editor y sin fecha, 98 pp.
30 Patricia Politzer, El miedo en Chile (Santiago de Chile: Ediciones de
Chile y América, Centro de Estudios Sociales, Ltda., 1985)
31 Como trabajos complementarios de este ensayo, ver, del mismo autor:
"E. Durkheim o la Sociología de la Integración Social", Sur, Documento de
Trabajo No 32, abril de 1985, mimeo; "Hacia una Teoría de la Disolución
Social", Sur, Documento de Trabajo No 35, abril de 1985, mimeo.
32 Clodovis Boff, o.s.m., y Alberto Libanio Christo, o.p., (Fray Betto), Pecado social y conversión estructural (Bogotá: Confederación Latinoamericana
de Religiosos, CLAR, 1978) p. 23. Al citar de este texto indicaremos de
inmediato el número de página. También ver: José Aldunate, "El Pecado Social, Teoría y Alcances", Teología y Vida (Facultad de Teología, Universidad
Católica de Chile), Año XXIV, N° 1-2, l-ll Trismestre, 1983.
33 Berthold Brecht, "Short Description of a New Technique of Acting which
Produces an Alienation Effect". Brecht on Theatre (New York: Hill and
Wang, 1964) pp., 136-140.
243
La inmolación de Sebastián Acevedo puede alcanzar un
sentido pleno ahora que conocemos la intención y actuación del
Movimiento Contra la Tortura. Su mito y su ritual, elementos
anteriores a la inmolación de Sebastián Acevedo, ubican su
sacrificio individual en coordenadas de significación simbólica
más amplias, que sin duda involucran a toda la comunidad
chilena y, finalmente, a la humanidad, en la medida en que la
defensa de los Derechos Humanos es empresa que ha comprometido y sigue comprometiendo no sólo a instituciones expresamente dedicadas a este efecto, sino también a las grandes
organizaciones y foros internacionales de congregación y pactos
específicos de los Estados nacionales. Pero, a la inversa, y muy
enfáticamente, es necesario reconocer que la muerte de Sebastián Acevedo aporta significados aún más ricos y complejos a
esos mitos y rituales de congregación nacional y humana, particularmente en lo que se refiere a la noción de sacrificio, que
244
en la parte anterior sólo quedara esbozada. Para comprender ese
aporte y ese sacrificio se hace necesaria una meditación sobre
la repentina trascendencia colectiva que alcanzan en Chile –o
en toda sociedad en que se impide la libre expresión comunitaria– actos de sacrificio extremo, absolutamente individuales,
procedentes de individuos que, como decía el Vicario Cristian
Precht en su presentación a la Corte Suprema chilena, "son personas comunes y corrientes, sin relevancia especial ni representatividad [...] perfectamente intercambiables". Paradójicamente,
en circunstancias de normalidad social el individuo pareciera
disolverse en una masa anónima, pero ahora, bajo estados de
excepción, recupera un potencial histriónico de comunicación
social incalculable. El de Sebastián Acevedo es el único caso
de inmolación de que se tenga noticia en la historia chilena. En
lo que sigue se verá que el significado de esos actos y sacrificios individuales está estrechamente unido a las aspiraciones
de verdad y justicia vividas como experiencias comunitarias,
lo cual nos obliga a captar el sentido social de la verdad y la
justicia como condición previa. En este sentido, la inmolación
de Sebastián Acevedo es un Kairós supremo.
Cultura Nacional, Verdad y Justicia
La sociedad, decíamos anteriormente, es un ámbito
para la vida habilitado por incontables generaciones pasadas
y presentes. Constituidas en agentes sociales masivos, esas
generaciones han ido desarrollando proyectos de utilización
de los recursos humanos, materiales y espirituales existentes,
decantándolos en la ordenación de objetos, espacios, horarios,
símbolos, jerarquías, instituciones, formas de comportamiento,
reglas y providencias morales, éticas y jurídicas que afectan
nuestra cotidianidad aun en nuestra mayor intimidad y privacidad, seamos conscientes o no de ello. En estos parámetros
cotidianos, entender "lo verdadero" equivale a la posibilidad
y capacidad individual y colectiva de reconstruir el sentido
de esos proyectos que tan directa y permanentemente nos
245
afectan. No tener la posibilidad de reconstruir esa arqueología
condena a los individuos y a los grupos a la derelicción en el
presente, a un no poder orientar inteligiblemente la actividad
con que reproducen sus vidas, puesto que no logran captar la
forma en que su ser social tuvo, tiene o toma sentido dentro
de los movimientos sociales en desarrollo. En otras palabras,
el ámbito social se convierte en espacio pleno de significación
real y potencial sólo en la medida en que se pueda definir en
el mayor grado posible la actuación individual y colectiva en
relación con aquellos aspectos de la realidad que deben ser
aprehendidos por las conciencias prácticas para concretar los
proyectos de dirección comunitaria.
El problema del conocimiento se convierte en un problema político en la medida en que la experiencia histórica acumulada por los proyectos sociales pasados y presentes circule
libre y ampliamente entre los diversos sectores que participan
en el proyecto global, de manera que ese conocimiento les
permita constituirse en agentes de cambio social con profunda
conciencia de la historia colectiva y, por ende, con un mayor
número de recursos a la mano. A su vez, esto facilita una mayor conciencia de las opciones y alternativas de acción abiertas
dentro del proyecto social hegemónico que se dirime.
En esencia, esto es lo que se llama democracia. La
institucionalización democrática del conocimiento surge de la
premisa de la existencia de un poder político que establece
todos los canales administrativos indispensables para que la
acumulación de conocimiento para la acción sea amplia, fácil y
libremente puesta a disposición de quienes tengan necesidad de
acceso a ella, evitándose situaciones de control social de un grupo sobre otros basadas en restricciones de un conocimiento que
debiera estar homogéneamente disperso. La noción de justicia
social está conectada con la democratización del conocimiento,
por cuanto su circulación libre permite a los participantes en el
proyecto global una visión de los logros materiales obtenidos
en el trabajo colectivo de toda la sociedad, anterior y presente,
creando las estrategias y los mecanismos necesarios para validar
sus peticiones y derecho a la parte o porción solicitada.
La problemática del conocimiento de la sociedad bajo el
246
fascismo está en que, por la naturaleza de su proyecto global
–la entrega del proceso de acumulación de capital a los sectores financieros transnacionalizados– la diseminación de "lo
verdadero" para la buena conducción del proyecto debe quedar
en manos extremadamente minoritarias, mientras se recaba y
exige la participación y el apoyo de las mayorías en términos
de una fe y de una pasividad que permita a los cuadros técnicos
la administración e implementación del proyecto con el mínimo
de "distorsiones" posibles, es decir, de demandas de los sectores
que han producido la riqueza material socialmente acumulada.
De allí que los regímenes fascistas establezcan una estricta separación de la actividad económica y de la política, dándosele
a la primera un cariz tecnocrático y científico prestigioso, mientras se menosprecia y vilipendia a la segunda. Por otra parte,
la historia anterior es condenada a la categoría de politiquería
ínfima y despreciable que debe ser destruida. En términos de
adquisición de "lo verdadero", el fascismo es un sistema de
ordenación social que no puede mostrar claramente las reglas
de su juego real, por lo que debe enmascararse tras escisiones
radicales de la vida cotidiana, administrando cuidadosamente
los espacios públicos y la totalización del conocimiento social,
dando al conocimiento necesario para la conducción económica y política de la sociedad la categoría de secreto de Estado
ultrarreservado para la minoría de los altos rangos financieros,
burocráticos y militares.
Desmantelados por el fascismo los mecanismos mediadores entre la sociedad civil y el Estado anterior para la elaboración de múltiples visiones alternativas para la conducción de
la cultura nacional; intervenidos los órganos de diseminación de
información, a nivel de cotidianidad se da una actitud escéptica
ante el valor de la información administrada central o delegadamente por el aparato estatal, desconfianza que involucra tanto
a los sectores profascistas como a la oposición. El ciudadano
siente que puede emitir juicios fidedignos únicamente sobre
su medio cotidiano más cercano. Aún más, en su campaña por
desmovilizar a los sectores sociales no directrices en su proyecto, el fascismo busca una despolitización de la sociedad civil.
Esta se implementa en la medida en que la ciudadanía acceda
247
a despreocuparse de problemáticas sociales de tipo global y
se allane a "disfrutar de los beneficios de la paz social", es
decir, que acceda a reducir su horizonte al de su cotidianidad
más inmediata. De acuerdo con las ideologías tecnocráticas
promovidas por el fascismo, se incita a los ciudadanos a dejar
la discusión de esas problemáticas globales en "manos competentes", de los expertos y de la burocracia designada.
Sin embargo, la necesidad de un conocimiento global
de los procesos culturales en términos de una experiencia
comparativa es necesidad vital para la ciudadanía. De allí
que, bajo los regímenes fascistas, se exacerbe el rumor como
mecanismo compensatorio de las distorsiones y compulsiones
introducidas al conocimiento por la canalización oficial de la
información; de allí que se busque y atienda cuidadosamente
a relatos testimoniales de primera mano y que la ciudadanía
tienda a sobreinterpretar la noticia circulante, dándole a los
datos expuestos la categoría de síntomas que realmente remiten a contextos ocultos en la subterraneidad, reproduciéndose
síndromes paranoicos.
Sebastián Acevedo: Un padre en el laberinto
La sensibilidad paranoica se exacerba hasta los límites de
lo posible para los familiares de víctimas de la represión. Para
ellos, tener acceso a la verdad de lo ocurrido a seres queridos
que han sido detenidos, que han desaparecido, que han sido
torturados, que son buscados por los servicios de seguridad militar no son dato de elucubración antropológica, sino necesidad
de inmediatez intensísima. Los familiares se convierten súbitamente en la encarnación material más cercana e irreductible
de los modos fascistas de enmascarar su administración de las
relaciones sociales. Cuando, para saber la verdad, se ven forzados a entrar en el laberinto inhumano de viajes de una ciudad
a otra, de un lugar a otro, de una dependencia administrativa a
otra, de una diligencia judicial o policial a otra, de un testigo a
otro, de un burócrata a otro, cargando con su angustia, con sus
248
temores, su desesperación y la premura y esperanza paroxísticas
de recuperar a sus seres queridos con el menor daño posible,
esos familiares se convierten en símbolo concreto y totalmente
expuesto a la luz del día, en la superficie social más desnuda,
del significado de lo humano, del valor de la persona humana.
Por eso es que los familiares espontáneamente esperan y demandan un apoyo moral y emocional de la comunidad; por eso
es que encontramos natural que adopten posturas, hagan gestos
y emitan un lenguaje sobrecargado de símbolos y referencias
trascendentales que, en ocasiones normales, consideraríamos
repelentes por su "melodramatismo y truculencia", por eso es
que los testigos de su traumática situación y de su búsqueda
desesperada –ya sean profascistas, opositores al fascismo o
espectadores neutrales o pasivos– no pueden dejar de emitir
algún juicio solidario o conmiserativo. Es el momento en que
descubrimos –como el MCTSA lo ha ilustrado tan fehacientemente– que como seres humanos somos una comunidad unida
por nexos aún más fundamentales y antiguos que el presente
o el pasado de nuestra colectividad social políticamente entendida. Es el momento en que sacralizamos la situación de
los familiares desesperados y queremos usar un lenguaje que
convierta el laberinto de sus viajes y diligencias para obtener
la verdad en un "vía crucis", en "una peregrinación" dolorosa
de significación más trascendental. Aun los agentes mismos de
la represión llegan a reconocer esa sacralidad en algún grado,
y aceptan estoicamente de esos familiares los insultos más
incisivos.
Dentro de los diagramas laberínticos de la retención
fascista de la verdad como secreto de Estado, dentro del escepticismo creado por la forma en que la administración militar
dosifica la información social, dentro de la visión de mundo
emocionalmente encallecida de quienes deben trabajar como
informadores sociales o prestadores de servicios de asistencia
social –ya sea porque como profascistas no les importa el destino del enemigo o porque, como simpatizantes de la oposición
antifascista, han contemplado ya tanto sufrimiento humano por
la represión que han llegado a tomar actitudes burocráticas ante
él como mecanismo emocional de defensa y supervivencia–,
249
Sebastián Acevedo intentó encontrar la verdad que le era necesaria para mantener intacto, por sobre toda otra consideración,
su proyecto existencial de padre cariñoso.
Tiempo después de las seis de la mañana del miércoles
9 de noviembre de 1983, Sebastián Acevedo, persona de altura
media, cuerpo macizo, de cincuenta años, esperaba un bus a
una cuadra de su domicilio en el número 680 de la calle Uno
Oriente, en la población Villa Mora de Coronel, para dirigirse
a su trabajo en la Constructora Lago Ranco de Concepción.
Hacia las 6:45 observó el paso de cuatro furgones civiles que
se dirigieron con gran conmoción hacia su domicilio. Alrededor
de veinte individuos de civil descendieron para tomar rápidas
posiciones, incluso en los techos de las casas de madera de
las cercanías, en la intersección de calles. Sebastián Acevedo
volvió apresuradamente a su domicilio. Allí encontró unos
quince hombres de civil, que usaban como distintivo amarrado
al brazo derecho un brazalete amarillo con un círculo azul y
en el centro una estrella blanca, todos portando metralletas,
que habían entrado violentamente a una pequeña casa de no
más de cuatro piezas. Sebastián Acevedo se introdujo a la casa
a la fuerza, con gran dificultad. Los invasores preguntaban
por María Candelaria Acevedo Sáez –una de las tres hijas de
Sebastián Acevedo–, joven de veinticinco años, madre de dos
hijos pequeños, Cristian y Jessica Andrea, separada. Cuando
ella se presentó, le exigieron su carnet de identidad y le dijeron que la andaban buscando: "–Tú sabes por lo que es". No
obstante, no declararon los cargos que se le hacían ni mostraron
orden de arresto competente. Sólo llevaban unos formularios
en blanco que llenaron en el lugar y que resultó ser un acta
de allanamiento. A Sebastián Acevedo le dijeron: "–Nos llevaremos a sus hijos porque son terroristas". Para neutralizar
su oposición, Sebastián Acevedo fue duramente golpeado, lo
botaron al suelo y le apretaron el cuello con una silla. Luego
de registrar rudamente toda la casa, amarraron las manos de
María Candelaria y la condujeron con la vista vendada a uno
de los furgones. Nadia, una de sus hermanas, observó que dos
de los individuos del operativo colocaron un artefacto "o no
sé lo que sería" en el patio. Sebastián Acevedo fue obligado a
250
firmar el acta de allanamiento. Después él y su esposa Elena
Sáez, de 55 años, quedaron en el domicilio llorando de impotencia y desesperación.
Más tarde, Galo Fernando, uno de los cuatro hijos, casado, padre de un niño pequeño, fue detenido en Concepción, en
su trabajo en la empresa Constructora Lago Ranco. Sebastián
Acevedo se informó de esto al volver de la presentación de un
recurso de amparo en favor de María Candelaria.
Para la familia y amigos comenzaron así tres días de
intensísima e incansable actividad para ubicar a María Candelaria y Galo Fernando. Visitaron comisarías de Carabineros,
autoridades civiles y militares de la zona sin que obtuvieran
información de su estado y de su destino. María Candelaria y
Galo Fernando estaban desaparecidos. El 10 de noviembre la
Intendencia Regional reconoció que los prisioneros estaban en
manos de la CNI. Entonces comenzó para la familia la tarea
de recuperarlos para asegurarles un proceso público, con mayores garantías de supervivencia, si es que se comprobaba su
culpabilidad. La mañana del viernes 11 de noviembre, Sebastián
Acevedo, su esposa Elena y otras dos mujeres –Rosa Moreno
Godoy e Inés Moreno Godoy, tía y madre de otro detenidodesaparecido en esos días, Ramón Pérez Moreno– se dirigieron
a Concepción para entregar una carta al Intendente Regional,
brigadier general Eduardo Ibáñez Tillaría, en el edificio administrativo ubicado a un costado de la Plaza de Armas de
Concepción. En ella decían:
siguientes detenidos, los cuales se encuentran en poder
de la CNI.
Al Señor Intendente:
Le hacemos llegar la presente carta como un último y
desesperado intento por saber de nuestros queridos familiares, que se encuentran detenidos en lugares secretos,
en manos de la CNI, como lo ha reconocido oficialmente
esta Intendencia.
El caso más dramático es el de Ramón Pérez Moreno,
detenido el 2 de noviembre de 1983 en su domicilio, el
cual va a completar nueve días en poder de la CNI, y
sin embargo no se sabe absolutamente nada de él.
Queremos saber en forma urgente la situación de los
Sabiendo que lo que pedimos es lo mínimo que puede
solicitar un familiar en estas condiciones y apelando a
vuestra buena voluntad, esperamos acoja favorablemente
nuestras peticiones.
Le saludan atentamente a Ud. los siguientes familiares
de detenidos:
Rosa Moreno Godoy, Inés Moreno Godoy, Elena del
Carmen Sáez Retamal, Sebastián Acevedo Becerra.
251
-
Vilma Cecilia Toledo (7. 11. 83)
Mario Fabriano Ramos Muñoz (7.11. 83)
Ubildo Iván Parra Mora (7.11. 83)
María Candelaria Acevedo Sáez (9.11. 83)
Galo Fernando Acevedo Sáez (9.11. 83)
Por testimonios de detenidos que se encuentran en libertad y que estuvieron con ellos en lugares secretos
de detención y por los innumerables casos en que la
CNI se ha visto involucrada en hechos en que se atenta
gravemente contra los Derechos Humanos y la vida de
las personas, es que tememos fundamentadamente por
su vida e integridad física y psíquica.
Por ser usted la autoridad máxima en esta región y como
representante directo y único del Poder Ejecutivo, es que
venimos a solicitarle lo siguiente:
1. Saber de su paradero y estado de salud.
2. Saber las causas de su detención.
3. Su inmediata libertad en caso de no haber casos
concretos.
4. Nos conceda una entrevista en el día de hoy a sus
familiares directos.
Aunque la carta fue timbrada como recibida oficialmente
por los burócratas y se les dieron palabras de esperanza, no
252
hubo reacción inmediata.
Durante el resto de la mañana, Sebastián Acevedo intentó conseguir el apoyo de periodistas. Ante un reportero de
la Crónica de Concepción se quejó doloridamente de la forma
en que la prensa había calificado a sus hijos de terroristas: "Yo
creo que no se puede emplear ningún calificativo [...] porque,
según me explicó una abogada hace poco, aún no se reconoce
el paradero oficial de mis hijos [...] me parece que la forma en
que se da publicidad a los hechos es malintencionada. No lo
digo solamente por mis hijos, por muchos más. No se pueden
decir cosas que puedan justificar en última instancia cualquier
medida en contra de ellos. Se adjetiva. Yo espero que no sean
REVISTA HOY
cosas influyentes en el ánimo del juez, sea militar o no, ya que
éste debe actuar de acuerdo a las pruebas que se le presenten".
Al corresponsal del diario La Tercera y de la revista Hoy de
Santiago le dijo: "Se trata de algo breve. Hace tres días que no
como ni duermo. Tres días de sufrimiento. No puedo comprender por qué mantienen escondidos a mis hijos. Esto es lo peor
de mi vida. No pueden hacerme esto. Temo que los maten".
Luego pidió: "Ayúdeme. Quiero ver a mis hijos. Si tienen algún
delito, que los procesen los tribunales y los condenen, pero que
253
la CNI los entregue. Si antes de las 18 horas no me entregan
a mis hijos, me crucificaré... me quemaré vivo". Aunque sus
palabras tuvieron gran impacto, no fueron creídas y no se le
concedió la ayuda inmediata que solicitara.
A las 13:00 horas se dirigió al Departamento Arquidiocesano de Comunicación Social del Arzobispado de Concepción,
ubicado en una calle adyacente a la Plaza de Armas, para hacer
un último intento de ser oído. Por lo tardío de la hora, las
oficinas estaban por cerrar para el almuerzo. Se le pidió que
volviera a las 15:30 para ser entrevistado y también grabar un
testimonio para los programas radiales del Arzobispado. Ya
desesperado por tanto burocratismo, dijo que se quemaría para
llamar la atención y recibir una respuesta acerca del paradero
de sus hijos. Fue en busca de los dos bidones con diez litros de
una mezcla de bencina y parafina que había preparado y compró
un encendedor en una tienda de la Galería Alessandri.
A las 15:30 volvió al Arzobispado con los dos bidones.
En la portería los dejó en custodia junto con su chaqueta de
color azul, mientras subía al segundo piso para hablar con
alguien y dar un mensaje. Al bajar vació uno de los bidones
sobre su cuerpo y después salió apresuradamente del edificio
en dirección a la Plaza de Armas, que está a la vuelta, llevando
el segundo bidón. Caminó dando grandes voces, demandando
información sobre el paradero de sus hijos. Junto a él marchaba el sacerdote Juan Bautista Robles, secretario general del
Arzobispado, rogándole encarecidamente que no cumpliera su
palabra.
Era un día transparente, de luminosa primavera, de cielos
azules y de calor. Sebastián Acevedo se detuvo bajo una gran
cruz blanca de madera que había sido instalada en la explanada
de acceso a la puerta principal de la Catedral de Concepción
para celebrar el Año Santo y de la Reconciliación en Chile. Allí
terminó de vaciar sobre su cuerpo todo el combustible restante.
Dando la espalda hacia la cruz y la Catedral, levantó su brazo
izquierdo y continuó gritando para reclamar noticias sobre sus
hijos en poder de la Central Nacional de Informaciones.
En frente, la Plaza de Armas estaba llena de personas
sentadas en los escaños, transeúntes que caminaban en direc254
ción a las tiendas, oficinas y reparticiones públicas que rodean
el lugar. En la vereda opuesta a la iglesia hay un paradero
permanente de taxis, con varios de ellos siempre estacionados,
con sus conductores siempre alertas para conseguir pasajeros.
Los gritos, protestas y reclamos de Sebastián Acevedo ya habían causado curiosidad. La atención del público quedó fija
sobre las gradas que suben a la Catedral. Ante su intención
declarada de quemarse, varias personas trataron de acercarse
para impedirlo. Sebastián Acevedo los alejó haciendo una raya
con tiza blanca ante sí; aseguró que sólo podrían pasarla quienes tuvieran información sobre sus hijos. Con el encendedor
fuertemente apretado en su mano derecha, prometió quemarse
si se aproximaba cualquiera otra persona.
Un joven oficial de Carabineros, en servicio en el lugar,
se acercó resueltamente para poner fin al disturbio del orden
público y lo conminó a que abandonara el lugar. Sebastián Acevedo le respondió: "Si usted cruza la línea enciendo el fuego.
No lo haga. Les pido que dejen a mis hijos en libertad. Sólo eso.
Confío en la palabra de Dios, crean en Dios". El oficial avanzó.
Sebastián Acevedo cumplió su palabra, accionó el encendedor
y se prendió fuego inmediatamente. Personas que al parecer
conocían a este oficial, más tarde comentaron que estaba recién
egresado de la Escuela de Carabineros, que tenía la voluntad
de excesiva afirmación personal característica del novicio que
comienza a ejercer una posición de autoridad. Según hoy se
rumorea, no ha podido reponerse de las consecuencias de su
acción, su personalidad ha quedado desquiciada y ha sido dado
de baja del Cuerpo de Carabineros.
El cuerpo de Sebastián Acevedo estalló en fuego y humo.
Ya eran casi las 16:00 horas. Nadie pudo acercarse a él por
la furia del fuego. Luego, con los brazos en alto, convertido
en una pira de fuego furioso, todavía gritando en favor de
sus hijos, Sebastián Acevedo bajó lentamente las gradas de la
Catedral y cruzó la calle Caupolicán hacia la Plaza de Armas.
Su intención era marchar hasta el edificio de la Intendencia
Regional, que se encuentra en el costado opuesto de la Plaza,
para confrontar a la autoridad militar con el testimonio de que
sí había estado dispuesto a hacer todo lo posible por salvar a
255
sus hijos y urgir su conciencia moral. El daño sufrido hasta
ese momento se lo impidió, sin embargo. Apenas alcanzó a
cruzar la línea de taxis estacionados y se desplomó boca abajo
sobre las baldosas, cerca de uno de los escaños de la acera sur
de la Plaza, junto a los árboles. En su camino había tratado
de abrazar a un Carabinero que se le aproximó tratando de
prestarle ayuda. Varios taxistas habían sacado los pequeños
extinguidores de fuego de sus coches y corrieron tras Sebastián
Acevedo vaciando el escaso contenido sobre su cuerpo, sin
poder sofocar el fuego. Un muchacho de mandados de oficina
se quitó su guardapolvos y lo lanzó sobre el cuerpo yaciente.
Cientos de personas que ya se habían congregado en el lugar
observaban los hechos sin poder articular palabra, mientras
otras gritaban histéricamente. Muchos lloraban abiertamente.
Por coincidencia, la propia esposa del Intendente Regional,
general Eduardo Ibáñez, iba conduciendo su coche por la calle
Caupolicán en el mismo instante en que Sebastián Acevedo se
prendió fuego. Días después su marido confesó lo afectada que
ella había quedado por lo presenciado.
Finalmente las llamas fueron sofocadas. El cuerpo estaba
totalmente negro, sus ropas y su pelo destruido.
A todo esto, personal del Departamento Arquidiocesano
de Comunicación Social llegó al lugar, avisado por la portería.
El sacerdote Enrique Moreno Laval, periodista, se encuclilló
junto a Sebastián Acevedo con una máquina grabadora y tomó
sus palabras en el momento de administrarle la extremaunción,
quedándose luego para orar junto a él: "–Quiero que la CNI
devuelva a mis hijos... Quiero que la CNI devuelva a mis
hijos... Señor, perdónalos a ellos y también perdóname a mí
por este sacrificio". El funcionario que había transportado la
grabadora hasta el lugar la mantuvo abierta todo el tiempo,
mientras lloraba incontenidamente.
Los Carabineros que convergieron al lugar tuvieron
serios problemas para ordenar el tumulto que siguió. Algunos
pedían a gritos que se llamara una ambulancia. Otros pedían
una frazada para cubrir el cuerpo carbonizado de Sebastián
Acevedo. La muchedumbre, indignada al tomar conciencia del
motivo de la inmolación, comenzó a insultar violentamente
256
a los Carabineros. Alguien dijo: "Esto no puede ser, ya es
hora que este país se arregle, porque hemos llegado a límites
increíbles".
La ambulancia no llegó. Por último, el coronel Prefecto
de Carabineros, llamado al lugar, usó un furgón de su institución para coordinar la evacuación de Sebastián Acevedo,
increíblemente vivo todavía y despidiendo humo, rodeado de
un repelente olor a carne asada, hacia el Hospital Regional.
Al pie de la gran cruz blanca del Año Santo de la Reconciliación en Chile, lugar de inicio de la inmolación, quedó
una mancha aceitosa, negra, viscosa, que también ardió largos
minutos.
Sebastián Acevedo llegó al Hospital Regional a las 16:30.
Los médicos que lo atendieron indicaron que su cuerpo estaba quemado en un 95%. En estos casos, dijeron, se produce
"una suerte de anestesia general" en la víctima, "por lo que
no debe haber sufrido mucho dolor". Sebastián Acevedo vivió
siete horas más. Los médicos declararon que durante todo este
período estuvo totalmente lúcido y tranquilo. Por el contrario,
el personal hospitalario vivió momentos de dolor, tensión y
drama. El capellán que le administraba los últimos sacramentos tuvo un principio de ataque cardíaco y debió ser atendido
médicamente.
Los doctores Juan Zuchel y Gustavo Valenzuela, que
estuvieron con Sebastián Acevedo desde su ingreso al hospital,
lo interrogaron para determinar su capacidad de orientación y
posibles antecedentes de enfermedad mental. La información
periodística consigna lo siguiente: "Sólo le hicimos consultas
para averiguar su orientación en tiempo y espacio, para saber
su grado de conciencia, la que estaba bien, y también de su
razón. La víctima sólo había bebido jugo. Cuando se le consultó si había estado en tratamiento psiquiátrico se indignó y
respondió: "¿Para qué quieren embotinar la perdiz? Yo nunca
he estado loco". Y dio a conocer que había trabajado hasta
el día anterior. Y como hombre de trabajo aseguró que su intención era permanecer de pie en el lugar que había marcado
para protestar por la desaparición de sus hijos. El sólo quería
saber dónde estaban, que se los mostraran. Recuerdo que dijo:
257
"Me rocié el cuerpo con una mezcla de bencina y parafina y
compré un encendedor en la Galería Alessandri para utilizarlo
si es que no se cumplían mis deseos de que me mostraran a
mis hijos. Un oficial de Carabineros se rió de mí. No creyó mis
palabras, atravesó la raya y yo como hombre de palabra tuve
que cumplir lo que había prometido. Por eso prendí el encendedor y me quemé". El doctor Zuchel asegura que le consultó
si guardaba rencor hacia el oficial. El médico dijo [...] que
Sebastián Acevedo no guardaba rencor y le envió el siguiente
mensaje: "Debe creer en la palabra de Dios y en la palabra de
los hombres". Siempre se mantuvo consciente y durante gran
parte de su conversación hizo saber que su mayor preocupación
fue que se terminara con las detenciones por organismos que
no fueran ni Carabineros ni Investigaciones. Se le preguntó
si quería la libertad de sus hijos y, según el relato del doctor
Zuchel, dijo que no: "Si son culpables [...] lo único que quiero
es que sean llevados a un lugar público de detención y luego
sean juzgados por un tribunal competente".
Mientras tanto, María Candelaria Acevedo, la hija, fue
puesta en libertad por la CNI a las 17:00 horas. Había estado
detenida en un lugar secreto donde se la había interrogado
constantemente sobre sus actividades políticas. Se la mantuvo
permanentemente con la vista vendada. Sólo el primer día de
arresto, el 9 de noviembre, se le permitió dormir. De allí en
adelante fue sometida a interrogatorios y torturas sostenidas.
Durante los períodos en que no se la agredía físicamente se
la obligaba a permanecer de pie por horas, en un patio, al
sol, junto a muchas otras mujeres. Los golpes recibidos y la
exposición al sol le acarrearon terribles dolores a un pierna y
fuertísimas jaquecas. Un doctor y un practicante examinaban
a los prisioneros y les daban aspirinas para que pudieran seguir tolerando los interrogatorios y la tortura. Súbitamente, sin
embargo, se la sacó de su celda y, sin mayores explicaciones,
se le permitió un aseo general, se le devolvió su ropa y se la
obligó a firmar un documento en que declaraba no haber sido
maltratada. Su vida fue amenazada si comunicaba datos y detalles de su detención. Un vehículo la condujo a su casa en la
población Villa Mora.
258
María Candelaria sólo pensaba en volver a su hogar para
abrazar a su hijo Cristian Alejandro, de 6 años, quien vive con
ella, a sus hermanos, familiares, padres y amigos. Allí, sin embargo, se enteró de la inmolación de su padre. María Candelaria
fue llevada rápidamente al Hospital Regional para que viera
por última vez a su padre. Se le impidió entrar a la unidad de
cuidado intensivo. Se comunicó con Sebastián Acevedo a través
de un citófono. En su lucidez, Sebastián Acevedo temió que
una triquiñuela de la CNI lo engañara:
-Papá, soy María. Estoy libre. Quiero verte pero no
puedo.
-Cómo sé yo que eres mi hija, me pueden engañar.
-No, soy María.
-A ver, dime cómo te decía cuando chica y cómo le digo
a tu hermano.
-Me decías Candelaria como a la virgen y mi hermano
es Gualo.
-Ahora sí que te creo. Hija, perdona lo que te hice, lo
hago por todos los padres que tienen hijos detenidos en el
mundo. Cuidate. Cuida al niño. Críalo derechito. Estudia y
lucha para que él sea un buen hombre y tenga una profesión.
Ayuda a la casa.
Sebastián Acevedo murió a las 23:45, sin dolor, sin
odio: "Murió sin odiar a nadie. Por el contrario, los perdonó
a todos".
El sábado 12 de noviembre, Galo Fernando Acevedo fue
sacado del centro secreto de tortura de la CNI y públicamente
fue puesto a disposición de la Fiscalía Militar y luego conducido a la Cárcel Pública.
El sacrificio de un cristiano
Un hombre que muere sacrificándose por sus hijos en
nombre de todos los padres del mundo que tienen hijos detenidos; un hombre que en los instantes más dramáticos y culminantes de su vida apela a Dios diciendo "confío en la palabra
259
de Dios, crean en Dios"; que en su conciencia absuelve a los
perpetradores del sufrimiento que lo llevó al sacrificio diciendo,
"Señor, perdónalos a ellos y también perdóname a mí por este
sacrificio"; que se dirige al oficial que lo llevó a encenderse
fuego legándole palabras como "Debe creer en la palabra de
Dios y en la palabra de los hombres" es irrebatiblemente un
cristiano. De acuerdo con la teología, un cristiano es un ser
humano capaz de asumir en su más inmediata cotidianidad los
principios éticos que le permiten vivir a semejanza e imitación
de la vida de Cristo, que se sacrificó por redimir a la humanidad
de sus pecados.
La teoría antropológica ha acumulado una tipología sobre
el significado y función social del sacrificio.1 Se lo define como
un ritual con forma dramática, artística, creída por quienes lo
realizan en cuanto a sus efectos sobre los participantes y la comunidad humana que representan. Se lo realiza en momentos de
grave crisis para los individuos y los grupos o periódicamente,
según el consejo sacerdotal para mantener o recuperar el bien
común. El ritual de sacrificio se fundamenta en la creencia de
un poder o poderes suprahumanos, de los que el ser depende,
y se lo realiza con la esperanza de influirlos de manera causal
para obtener algún resultado beneficioso para el individuo o
la comunidad que lo realiza. La comunicación, es decir, la
comunión con esos poderes, se realiza a través de un ente
mediador –sea un ser humano, animal, vegetal u objeto– que
posee una energía afín con la naturaleza de los poderes suprahumanos, energía esencial que debe ser liberada mediante la
destrucción ceremonial del ente que la contiene. El objetivo de
esa comunión es lograr la intervención de esa suprahumanidad
para que el individuo o la comunidad puedan desprenderse o
purificarse de un poder, presencia o cualidad maligna que los
ha contagiado y ha llegado a habitarlos. El ente sacrificado es,
por tanto, un sustituto que reemplaza, que representa indirectamente a los afectados. Su destrucción simboliza al individuo
o grupo que realiza la ceremonia; la destrucción está alejada
de ellos en cuanto a que no son ellos mismos los destruidos,
sino algo o alguien en su nombre. Por otra parte, la destrucción
tiene un sentido catártico, puesto que el ritual mismo expone
260
públicamente a la comunidad la noción de una falta cometida
por individuos o grupos en contra de la suprahumanidad, ya sea
porque se la ha olvidado, porque los individuos o los grupos
se han alejado de ella y ahora se necesita que se la acerque
nuevamente, que se la aplaque, para que intervenga y restituya
su favor en pos del bien colectivo.
Si se aplicara tal tipología, no quedarían dudas de que Sebastián Acevedo realizó un sacrificio religioso, máxime cuando
cumplió con las etapas que se han reconocido en el desarrollo
de este tipo de ceremonia2: la presentación y consagración del
sacrificio en nombre de la divinidad, para lo cual Sebastián
Acevedo gastó tiempo en la actividad característica de estas
etapas, es decir, en la alocución declamatoria en que se explica
la situación que ha provocado la necesidad del sacrificio, en
lo cual se hacen aseveraciones descriptivas y no súplicas, para
dar paso de inmediato a la inmolación , es decir, a la muerte
ritual.
Sin embargo, es necesario realzar la naturaleza cristiana
del sacrificio realizado por Sebastián Acevedo. Según ella, él
no buscó alejar de sí mismo la destrucción del ente sacrificial
para darle un sentido simbólico que no lo tocara directamente.
Muy lejos de esto, Sebastián Acevedo mismo asumió la función
de ente sacrificial para purificar la malignidad que afecta a su
comunidad y directamente cumplió con la ejecución ritual de
sí mismo. Por comodidad y gozo de los bienes materiales que
puedan derramarse en una sociedad en que la evidencia de la
explotación humana no se ha hecho del todo patente, hay cristianos que podrían cuestionar la "literalidad" de esta concepción
del sacrificio para reducirla simplemente a un plano simbólico,
sin comprometer su materialidad corporal, simbolismo, por tanto, ni real ni concreto: "¿Qué debemos pensar de la relevancia
de estos símbolos para "el hombre moderno"? Hay quienes
arguyen que la cristiandad implica esencialmente una "espiritualización" del sacrificio, un alejamiento del énfasis original
de la correcta implementación de los rituales sagrados [...] Si
este fuera el caso, quizás la conclusión lógica sería abandonar
lo ritual totalmente".3 No obstante, el realismo del pensamiento
cristiano apunta a un compromiso material ineludible: "Para los
261
cristianos, el sacrificio de Cristo es clave para el entendimiento
de la vida, y por lo tanto de todo otro sacrificio. Para ellos, la
vida y la muerte de Cristo es el sacrificio central, final y universal, del cual otros intentos de sacrificio pueden ser atisbos
directos o indirectos. Cristo es concebido como "cordero sacrificado desde la fundación del mundo" (Revelación 13:8). Para
los cristianos, este sacrificio integra muchos de los significados
que se han atribuido al sacrificio: donaciones u ofrecimientos a
Dios; restauración del orden contra las fuerzas de la muerte y
el mal, mediada por el Divino Rey; la sustitución de una vida
por otras vidas; la precondición de la última cena "del Reino";
la compleja relación del poder y la vida con el sufrimiento y
la muerte".4
En los comentarios del Nuevo Testamento referidos a las
tradiciones de Cristo, la teología de San Pablo y la noción de
sacrificio en otros documentos de la misma obra, la teología
cristiana ha demostrado que, con la muerte de Cristo, emerge
una nueva concepción de la vida religiosa. Con ella el sacrificio
toma un significado último en cuanto obliga a una consideración
de la calidad particular de la vida de Cristo y de la narrativa
de su muerte realizada como memorial de un nuevo pacto en
la relación de Dios con los seres humanos. Cristo es el fundamento de toda forma de vida cristiana, la materialidad corporal
de los cristianos es la materialidad del cuerpo de Cristo, toda la
congregación de cristianos es el cuerpo de Cristo. El bautismo
cristiano es una unión con El en su muerte, con vistas a la
total participación en su Resurrección, puesto que los sucesos
de su vida y de su muerte proveen el horizonte y los objetivos
vitales de sus discípulos. Cuidar amorosamente de los intereses
del prójimo es el propósito de toda vida dedicada a la vida de
Jesús. La vida del cristiano no puede considerarse, por tanto,
como dedicada totalmente al cumplimiento de la ley social de
su tiempo, sino al significado ético superior de la crucifixión
personal con Cristo. En el universo simbólico del cristiano, la
muerte de Cristo es la culminación de su sacrificio por amor
al prójimo. Es un sacrificio que los cristianos deben reproducir
en sus propias vidas, presentando sus propios cuerpos como
sacrificio aceptable a Dios: "En el universo simbólico cristiano
262
estos sacrificios pierden significado metafórico en la misma proporción en que el de Cristo fue real".5 El sacrificio de Cristo se
convierte en situación paradigmática para toda vida humana en
el futuro, intercediendo continuamente con su sangre sacrificada
por los pecadores ante Dios. Sebastián Acevedo asumió estas
normas éticas hasta sus últimas consecuencias.
El sacrificio de Sebastián Acevedo
En la descripción de los sucesos que llevaron a la muerte
de Sebastián Acevedo, la prensa empleó los términos "suicidio", "inmolación" y "autoinmolación", muchas veces usando
todos ellos en una misma información, sin discriminar. Que
sepamos, en ningún caso los periodistas trataron de analizar
los hechos para determinar la propiedad del lenguaje usado,
por lo que razonablemente podemos suponer que esos términos
fueron usados de acuerdo con sus significados cotidianos y no
técnicos. Según el Diccionario de la lengua española, suicidarse es "quitarse violenta y voluntariamente la vida", mientras
que inmolarse es "dar la vida, la hacienda, el reposo, etc., en
provecho u honor de una persona o cosa". Ahora bien, quien
elige morir en público –y de manera tan ceremonial como lo
hizo Sebastián Acevedo– está realizando, por sobre todo, un
acto de comunicación social, ya que señala algo de sí mismo
y de su circunstancia a la colectividad, elige un espacio y un
momento específicos y simbólicamente apropiados para el
acto mismo. De allí que, aunque el término "suicidio" parece
tener un significado de precisión del todo transparente, en el
momento en que se lo utiliza para captar el sentido de un suceso
como el que nos preocupa, se puede observar de inmediato la
ineficacia de la palabra. El hecho es que el término suicidio
está sobrecargado de suposiciones prejuiciosas y abstractas,
demasiado cercanas al estereotipo, lo cual, sin duda, impide o
distorsiona el entendimiento del sentido de ese acto de comunicación social.
Por ejemplo, a nivel fenomenológico o semántico, la
palabra suicidio no clarifica si es que la persona en efecto
263
tenía la voluntad inquebrantable de ultimarse; no explica si es
que sólo intentó suicidarse o amenazó suicidarse; no dice si la
muerte misma fue resultado no deseado, acarreado por factores
concomitantes y no por la voluntad del suicida. Por otra parte,
tras el término se deslizan de inmediato suposiciones tales
como un posible estado de depresión anterior a la muerte; una
posible historia de problemas mentales, quizás de constantes
tendencias a la autodestrucción; el deseo de escapar de algún
problema. Estas presuposiciones nacen de que somos nosotros,
los que conservamos nuestras vidas, los llamados a explicar, a
dar un veredicto y a enjuiciar las motivaciones que llevan al
suicidio. Esto lo hacemos comúnmente sin contar con todos
los elementos de juicio, que sólo el suicida podría aportar, y
a partir del prejuicio fundamental de que la vida humana es
sagrada y que la muerte aparentemente sin lógica pone en
peligro nuestra confianza en el orden humano, por lo que la
autoeliminación sólo puede entenderse como violación a esa
norma. Es decir, es una anormalidad. El efecto final es que la
descripción de la muerte de Sebastián Acevedo como suicidio
tiende, directa o indirectamente, consciente o inconscientemente, a trivializar la magnitud y profundidad de su gesto y a
ofuscar su perfil significativo tras los prejuicios y estereotipos
que la palabra contiene. Recordemos los frecuentes intentos del
régimen militar por trivializar las acciones de la oposición.
La dimensión de esa trivialización y de ese ofuscamiento puede medirse si consideramos que el sacrificio de
Sebastián Acevedo fue primordialmente un acto político y
secundariamente un acto religioso: la simbología cristiana que
empleó fue el arbitrio con que comunicó su intención política.
Su sacrificio fue un acto genuina e inobjetablemente político
en cuanto a que con él buscó modificar la forma en que el
régimen militar utiliza la represión y la tortura a través del
Estado nacional para implementar un proyecto que impone una
particular forma de administrar la economía, las relaciones de
clases, la institucionalidad política y los criterios para excluir
o validar otras opciones posibles de desarrollo social. Sebastián Acevedo llevó a cabo ese objetivo político luego de una
calculada consideración de diversos factores: el desinterés o la
264
incapacidad del Poder Jurídico para proteger a los ciudadanos
de las violaciones de sus derechos legales por otras ramas
del Estado, particularmente en períodos de excepción de la
legalidad como era la triple vigencia del Estado de Peligro de
Perturbación de la Paz Interior, del Estado de Emergencia y del
Estado de Sitio. Esto lo pudo comprobar durante sus dos días
de infructuosa búsqueda de datos sobre el paradero de sus hijos;
la inexistencia de canales no intervenidos para la expresión individual y comunitaria, como lo constató en sus visitas a varios
medios de comunicación masiva; la falta de receptividad de la
autoridad estatal –quien, de acuerdo con la ley, está llamada a
implementar el cumplimiento de las disposiciones legales– y
de la Iglesia Católica, única institución con poder y prestigio
para ser escuchada por el gobierno, según lo demostraron sus
visitas a la Intendencia Regional y al Arzobispado de Concepción. Fracasadas sus diligencias a través de los conductos
regulares, Sebastián Acevedo estimó que sólo quedaba abierta
la opción de manifestar sus preocupaciones a la colectividad
según métodos extraordinarios, fuera de cauces regulares, comunes y acostumbrados.
Debido a su profundo cristianismo es que eligió manifestarse ante la comunidad frente a la Catedral, de espaldas a
la cruz del Año Santo de la Reconciliación en Chile, frente a
la Plaza de Armas de Concepción. El que haya ido allí para
interpelar a los transeúntes, recabando de ellos información
sobre sus hijos desaparecidos indica que concebía las relaciones
humanas en términos idénticos a los expresados por el MCTSA:
como lazos comunitarios de solidaridad en que todos somos
responsables y en que todos estamos comprometidos. De allí
que se dirigiera a esa Plaza, donde espacialmente están en cercanía comunidad y autoridad gubernamental. De hecho venía a
reclamar una atención tácitamente reconocida en el concepto de
comunidad y en la noción de ciudad como espacio en que se
han concretado históricamente los Derechos Humanos porque
allí se han aposentado los modos de conducta que colectivamente han satisfecho las necesidades que hacen del ser humano
tal ser humano. De hecho convirtió el espacio que ocupó en la
Catedral, frente a la Plaza, en una audiencia, que en la tradición
265
legal hispánica implica la constitución de un acto y de un espacio en que el soberano y la autoridad oyen a las personas que
exponen, reclaman o solicitan algo en justicia. Indirectamente,
por tanto, fracasadas sus diligencias ante la autoridad militar
y gubernamental, al interpelar a la comunidad para averiguar
datos de sus hijos, Sebastián Acevedo retornó al pueblo comprometido como soberano desde el que genuinamente emana la
soberanía nacional. Así restableció tácitamente el criterio de lo
popular violado y abandonado por el Estado fascista.
Pero no fue allí necesariamente para matarse, según declaró en el Hospital Regional antes de morir, sino para arrancar
una respuesta de la autoridad, saber la verdad, "saber donde
estaban" sus hijos, "que se los mostraran". En otras palabras,
Sebastián Acevedo parece haber jugado conscientemente el
riesgo de la muerte como movida calculada, de consecuencias terribles pero aceptables, con tal de saber de sus hijos,
recuperarlos para un proceso judicial normal y denunciar a la
colectividad prácticas represivas que la autoridad militar desea
mantener en secreto. No existe evidencia para pensar que la
inmolación haya sido un curso de acción tomado por Sebastián
Acevedo de manera irracional, apresurada, impremeditada. Por
el contrario, la decisión del sacrificio fue largamente discutida
con su esposa, decidida una vez que Sebastián Acevedo comprobó que se agotaban sus recursos y luego cuidadosamente
preparada hasta el extremo de prever la mezcla altamente
combustible y adherente que se utilizaría –bencina y parafina–, elegir el momento en que se la compraría, además de
haber elegido cuidadosamente el sitio del posible sacrificio de
acuerdo con sus propias convicciones y las potencialidades de
expresividad simbólica del lugar.
Cierta información de prensa dio a conocer testimonios
que avalan nuestras suposiciones6: "Durante tres largas noches
permanecieron despiertos, conversando en el dormitorio que
compartieron por espacio de 25 años. Así pretendían que la
mañana llegara más pronto, para salir a la calle en busca de
sus dos hijos: María Candelaria y Galo Fernando. Ella, Elena
Sáez Retamal, tenía la certeza de que su esposo, Sebastián
Acevedo, quería sacrificarse por sus hijos. "Yo sabía –dice en266
tre sollozos, mientras permanece en cama– que él quería hacer
eso. Y yo le decía que no lo hiciera, que esperáramos, que los
niños tenían que aparecer. Y él me reprochaba que yo quería
que aparecieran muertos". La última vez que lo vio –relata
con voz entrecortada– fue a la hora del almuerzo, el viernes:
"Fuimos donde una tía a almorzar, después de haber andado
en oficina tras oficina. El me engañó para partir solo. Me dijo
que iba a pagarse a la firma donde trabajaba y de ahí no lo vi
más. Sólo cuando escuchamos en la radio que se había quemado
una persona, supe que era él... ¡Lo supe de inmediato!" El día
antes, en la noche, mientras los cónyuges conversaban "aquí
sentados en esta misma cama", Acevedo le dijo a su esposa: "Si
es la única manera, hija... Sacrificarme por mis hijos" [...] De
esas tres largas noches que compartieron por última vez, dice:
"Estábamos aquí, nos abrazábamos llorando. "¿Qué vamos a
hacer?", me decía. Y yo sólo le podía responder que me sentía
desconcertada por completo. Lo único que pensábamos era en
que amaneciera luego para partir a buscarlos. Así anduvimos
todos esos días... Hasta a pies pelados anduve un día, para
poder caminar mejor en Concepción. Preguntábamos en todas
partes para que nos dijeran dónde estaban, y nadie nos daba
una respuesta... ¡Nadie!"
Por su parte, Bernard Hurault, sacerdote francés, párroco
de la población Villa Mora, dio testimonio del conocimiento
personal que tenía de Sebastián Acevedo y de la forma mesurada con que había asumido los sucesos ocurridos a sus hijos,
dado que él tenía la responsabilidad de la búsqueda, para lo
que necesitaba un ánimo calmo. Ese testimonio también apoya
nuestras suposiciones: ""Era un hombre de mucha bondad, que
se entregó entero a las tareas de la Iglesia. En el último tiempo se esmeraba por participar en las lecturas bíblicas los días
domingo y jueves. Aparte de ello participaba bastante con la
comunidad y tenía muchas inquietudes. Buscaba también en la
conversación profundizarse en algunos temas importantes de la
religión". Sobre la actitud que observó en Sebastián Acevedo en
los últimos días de su vida el religioso recuerda que "en general
se le veía bien, sin alteraciones. En un momento me comentó
que estaba asimilando bien el problema que tenía, es decir la
267
detención de sus dos hijos, sin saber dónde se encontraban.
Decía que él se daba cuenta que como padre tenía que mantener
la calma y que lo estaba logrando bien, que las cosas tendrían
que evolucionar y que llegado un momento debía empezar a
volver a la normalidad". ¿Notó algún gesto sobre la actitud que
tomó más tarde? "En un momento me pareció notarlo diferente.
Fue el día jueves antes de su decisión. Mi impresión es que
en ese momento quizás pensaba de una manera distinta a la
anterior". El sacerdote Bernard Hurault agregó otros conceptos
que hablaban de Sebastián Acevedo como un hombre recto,
responsable, que se estaba entregando enteramente a las cosas
de Dios. Dijo que en Sebastián Acevedo se perfilaba claramente
un líder u orientador católico".
La inmolación no dependió de la voluntad de Sebastián Acevedo, aunque sí puede haber certeza de que él estaba
preparado para asumirla como opción posible y necesaria. La
inmolación fue impuesta por el joven oficial que, con un tono a
todas luces despectivo y prepotente ("Un oficial de Carabineros
se rió de mí. No creyó mis palabras...") se acercó a él para
obligarlo a retirarse. Es necesario detenerse en este incidente,
pues es el momento trascendental del sacrificio.
Hasta ese instante, en que la búsqueda de la verdad sobre los hijos había sido infructuosa, la autoridad represiva se
había exhibido a Sebastián Acevedo como potencia distante,
inalcanzable, silenciosa, remota. Es la estrategia característica
con que los militares dan cara a la población civil que desean
amedrentar, confundir y neutralizar como opositores. Como
técnica represiva, los desaparecimientos están diseñados para
sumir a los familiares, amigos y miembros posibles de una red
subversiva en la incertidumbre sobre el destino del desaparecido, de manera que se agoten física y emocionalmente en la
búsqueda, que se obsesionen con la incógnita, que posterguen
toda otra expectativa de acción social para fijar una atención
enfermiza en la memoria del detenido-desaparecido, además
del hecho de que la misma ausencia inexplicada es una señal de amedrentamiento potencialmente desestabilizadora de
cualquier voluntad de rebeldía. Nunca podrá la red familiar
y política del desaparecido solventar del todo el dilema de
268
actuar enérgicamente para recuperar al prisionero o callar pasivamente, indicando con ello a la autoridad militar que así se
transa tácitamente para asegurarle una mayor posibilidad de
supervivencia.
Por lo tanto, en esta maniobra de guerra psicológica
la autoridad que teóricamente podría aclarar el destino del
desaparecido debe distanciarse del contacto con los familiares
afectados, prolongar sus expectativas y sus búsquedas laberínticas, callar y enmascararse, pero sin dejar de dar algún indicio
de esperanza que los incentive a continuar el juego hasta que
queden exhaustos. Por ello es que la autoridad interpone un
gran aparato burocrático entre sí misma y los que se lanzan a
la búsqueda de los desaparecidos. Los burócratas pueden presentarse amablemente; con estricto ajuste a la verdad pueden
declarar que no hay registro oficial del prisionero buscado,
el jefe superior puede continuar la maniobra dando un rostro
comprensivo y una palabra de apoyo moral, si es que los familiares tienen la suerte de llegar hasta ese nivel de la cúpula
de mando.
Es decir, el desaparecimiento es quizás la forma más
brutal de la represión en la medida en que la personalidad de
quienes buscan una respuesta sobre el destino del desaparecido pueden verse hundidos en una situación que promueve
la disolución gradual de su energía física y emocional, de
su voluntad y de su resolución, de sus recursos materiales y
espirituales en un laberinto burocrático anónimo, impersonal,
inmutable, inconmovible, en que ilusoriamente la responsabilidad parece difuminarse a través de todo el sistema represivo
y no estar alojada en ningún cuerpo humano, en ningún rostro
identificable.
Sin embargo, en el momento en que el joven oficial se
acercó a Sebastián Acevedo para ejercer su autoridad sobre
él, repentinamente el anonimato y la impersonalidad de todo
el sistema represivo cesó y se materializó en ese cuerpo que
se erguía ante él desafiantemente, en ese rostro particular y
específico que estaba haciendo mofa de ese padre doliente y
sufriente para exhibir el orgullo de quien se inicia en el poder
recién adquirido. En ese preciso instante ese oficial se convirtió
269
en la corporización puntual, situacional, específica de todo el
sistema represivo. Los datos existentes permiten pensar que ese
oficial no se aproximó a Sebastián Acevedo para prevenir una
emergencia de suicidio posible, sino, más bien, para reprimir
a un subversivo. Según procedimientos policiales rutinarios,
adoptados por cuerpos policiales que los basan en un entendimiento psicológico del problema del suicidio, un policía no
debe acercarse a la persona porque, con su precipitación, podría
causar una reacción incontrolable.7 Se recomienda mantener una
distancia apropiada, desde la que se pueda tener un diálogo
que presente al suicida alternativas de solución del problema
que lo ha impulsado a tomar su decisión. Se debe presuponer
que todo suicida realmente tiene imágenes ambivalentes ante
su propia muerte, no está totalmente seguro del paso que está
tomando, por lo cual se lo puede llevar a una discusión que
gane el tiempo necesario para evaluar sus sentimientos y emociones, y, por sobre todo, la eficacia del método que ha elegido
para eliminarse. Todo esto debe hacerse adoptando una actitud
y una expresión que comunique al suicida la sensación de que
el policía interlocutor está genuinamente interesado en su dilema. Su intervención debe lograr datos suficientes no sólo para
quizás neutralizar la amenaza directamente, sino, también, para
tratar de obtener datos de un posible mediador de la confianza
del suicida que pueda llegar al sitio de los sucesos, calmarlo
y hacerlo desistir. A la espera de estos resultados, el diálogo
debe establecer un compromiso humano entre las dos partes,
que comprometa al suicida en un pacto por el cual no llevará a
cabo su acción sin antes avisar al policía. Ciertamente ésta no
fue la opción elegida por el oficial. La información existente
revela que "Ahí pasaron como 20 minutos y hasta el lugar llegaron varias personas, entre ellos un sacerdote y un periodista,
pero él [Sebastián Acevedo] no los dejó pasar y no pasaron. En
cambio, un oficial de Carabineros no le hizo caso [...] y cruzó
la línea y ahí él encendió el encendedor. En ese momento el
oficial salió arrancando y [Sebastián Acevedo] también, para
impedir que la gente apagara el fuego".
Sebastián Acevedo dirigió hacia el oficial toda la frustración, la furia, el temor y la esperanza que se habían acumulado
270
en él sin encontrar hasta entonces un objetivo específico. Toda
esa energía potencialmente destructora del otro, que debió haber terminado en y con el otro, fue desviada hacia él mismo
en virtud del cristianismo de Sebastián Acevedo, el cual le
impedía disponer de la vida ajena. Quizás en ese momento este
padre comprendió que con su acto descargó un terrible golpe
moral sobre ese ser humano, puesto que, al sacrificarse ante él,
transformó al joven oficial en una especie de altar maligno ante
quien debía oficiarse la muerte ritual para purificarlo en nombre
de toda la comunidad nacional. Ese fue el momento en que la
indefensión de ese padre ante la fuerza armada se convirtió
en superioridad moral, ya que redefinió allí mismo el rol del
poder social que hasta entonces se ejercía por la represión y
violentamente descargó sobre los hombros del oficial la responsabilidad de tener que jugar la máscara ceremonial de todas las
culpas de su institución, el Cuerpo de Carabineros, en un acto
teatral expiatorio. Quizás una intuición como esta haya llevado
a Sebastián Acevedo a comprender que tanto él mismo como
ese joven y todo el aparato represivo se merecían el perdón que
necesita todo aquel ser humano que, de un instante a otro, se
ve arrancado del anonimato de su intimidad y de su privacidad
individual e intransferible para verse envuelto en la teatralidad
de un drama en que se dirime la sacralidad de los valores colectivos. Tal vez por esto Sebastián Acevedo haya dicho "Señor,
perdónalos a ellos y perdóname a mí por este sacrificio". Sebastián Acevedo no fue el único sacrificado; también lo fue ese
oficial joven, a quien el sistema represivo había preparado para
jugar automáticamente –sin medir consecuencias, sin buscar
alternativas humanitarias y humanistas para solucionar crisis
de vida o muerte– la máscara de la prepotencia y del desdén
por el débil. Si los rumores son exactos, el precio que parece
haber pagado fue el de su desquiciamiento mental.
Todo esto atrae la atención sobre el proceso de transfiguración que ocurre en todo ritual de trascendencia colectiva. Al
respecto conviene considerar la meditación "clásica" que han
hecho Hubert y Mauss8 sobre la función social de esa transfiguración: "Pero si el sacrificio es tan complejo, ¿de dónde
proviene su unidad? Se debe a que, fundamentalmente, bajo
271
las diversas formas que pueda tomar, siempre consiste en un
mismo procedimiento, que puede ser usado para los propósitos
más divergentes. Este procedimiento consiste en establecer un
medio de comunicación entre los mundos sagrado y profano
a través de la mediación de una víctima, es decir, de algo que
es destruido en el curso de una ceremonia [...La] víctima no
llega necesariamente al sacrificio con una naturaleza religiosa
ya perfecta y claramente definida: es el sacrificio mismo el
que se la confiere. El sacrificio puede impartir por lo tanto a
la víctima los poderes más variados y de esa manera la hace
apropiada para cumplir las funciones más variadas, bien sea
mediante rituales diferentes o durante el mismo ritual. Asimismo la víctima puede traspasar un carácter sagrado propio del
mundo religioso al mundo profano, o viceversa. Es indiferente
a la dirección de la corriente que pasa a través de ella. Al
mismo tiempo, al espíritu que se ha desprendido de la víctima
se le puede confiar la tarea de llevar una oración a los poderes
celestiales, se la puede usar para pronosticar el futuro, para
redimirse de la ira de los dioses traspasándole a ellos una
porción de la víctima, y, por último, disfrutando de la carne
sagrada que ha quedado. Por otra parte, una vez que la víctima
ha quedado diferenciada (por la transfiguración del sacrificio
ritual), tiene cierta autonomía, sin que se pueda hacer nada al
respecto. Es un foco de energía del cual se desprenden efectos
que sobrepasan el propósito restringido que el sacrificante ha
asignado al ritual".
A partir de una lectura materialista histórica, de esta
meditación quisiéramos relevar el hecho de que la trascendentalidad que la comunidad otorga a la ceremonia ritual del
sacrificio provoca descargas de energía psíquica colectiva que
será elaborada de las maneras más diversas por los sectores
sociales, tanto en lo sagrado como en lo profano, de manera
que hasta los no creyentes, en el momento en que reconocen la
trascendencia social del sacrificio, pueden "disfrutar" del cuerpo
sacrificado. Es decir, pueden identificarlo con sus aspiraciones
más queridas y deseadas. A nivel epistemológico, esto significa
que los diversos sectores sociales que reconocen la trascendencia de un sacrificio lucharán por apropiarse de él como factor
272
emblemático, reelaborando ideológicamente su significación en
estrecha cercanía con sus propios valores.
La lucha ideológica en torno a Sebastián Acevedo
Esa lucha ideológica se dio simultáneamente en tres niveles: como apropiación a nivel institucional, a nivel semántico
y a nivel de acción popular espontánea. A nivel institucional,
tanto por parte de la oposición como del régimen militar, esa acción se dio con diversos grados de coordinación centralizada.
En términos generales, la información difundida a través
de todo el país por los medios masivos de comunicación se
restringió a la prensa y dos radios de alcance nacional, Cooperativa Vitalicia y Radio Chilena. La televisión no participó,
hecho que se explica por el grado mucho más intenso de censura que se le impone. En cuanto a la prensa, la información
más copiosa, amplia y con diversidad de contenidos circuló en
los diarios El Sur y Crónica de Concepción, lugar de la inmolación. En estos dos periódicos la información más importante
fue de tipo testimonial, entregada por reporteros que fueron
contactados directamente por Sebastián Acevedo en su busca
de apoyo para obtener datos sobre sus hijos, o que estuvieron
presentes en la inmolación. Sus informes están fuertemente
cargados de contenido emocional.
La información de los periódicos de Santiago fue mucho
menor en cantidad y apareció en El Mercurio, La Tercera de la
Hora, Las Ultimas Noticias y La Segunda. En ella se adoptó
un tono de mayor y aparente objetividad. Si se compara el
contenido y las estrategias de presentación del material en estos
periódicos con la información entregada por los de Concepción,
se podrá comprobar una mayor manipulación ideológica favorable a las estrategias del régimen militar. La Nación, diario
perteneciente al Estado, no se sumó. De las revistas semanales
o quincenales de circulación nacional sólo Hoy, publicación
de oposición demócratacristiana, dedicó un articulo central a
273
la inmolación, mientras que otras publicaciones opositoras de
izquierda como Apsi, Análisis, Fortín Mapocho, Cauce no lo
hicieron, quizás por estar sometidas a mayor censura bajo los
estados de excepción existentes al momento. Extrañamente,
Mensaje, revista de la Iglesia Católica, fuertemente crítica del
gobierno, no publicó información al respecto. Esta desinformación provocó una protesta del Dr. Pedro Castillo, presidente de
la Comisión Nacional Contra la Tortura en cuanto a que "significa un ocultamiento que encierra una grave complicidad". Las
participaciones de mayor claridad crítica y denunciatoria fueron
las de las dos radios; una de ellas, Radio Chilena, pertenece a
la Iglesia Católica.
Las primeras reseñas informativas de la inmolación
aparecieron el sábado 12 de noviembre de 1983. En Concepción se publicaron largos artículos de periodistas-testigos, las
que fueron acompañadas de cortas notas complementarias,
con escaso número de fotos. En Santiago se publicaron notas
cortas y muy parcas en su descripción de los hechos. La gran
profusión informativa se dio durante los días domingo 13,
lunes 14 y martes 15, decreciendo considerablemente los días
miércoles 16, jueves 17 y viernes 18. De allí en adelante, los
diferentes periódicos no publican grupos de artículos de alguna
coherencia. No obstante, dos artículos de relevancia aparecieron
en la revista Hoy, en su edición del 23 al 29 de noviembre
de 1983. Uno se titula "El Impacto de la Inmolación" y el
otro "Hemos Pedido la Disolución de la CNI", entrevista al
Obispo de Concepción, Monseñor Alejandro Goic. Finalmente,
con ocasión de una visita de María Candelaria Acevedo y de
su madre, Elena Sáez, a la sede de la Comisión Chilena de
Derechos Humanos en Santiago, aparecieron notas los día 22
y 23 de noviembre en La Segunda, El Mercurio, Las Ultimas
Noticias y La Tercera.
A nivel de acción popular espontánea, la primera reelaboración fue la de convertir el sitio de la inmolación de Sebastián
Acevedo en una "animita", culto a los difuntos que consiste en
la creencia de que sus espíritus pueden actuar en el mundo de
los vivos para beneficiarlos o perjudicarlos. Se ha señalado que
esta forma de religiosidad "en el medio marginal toma sobre
274
todo el carácter de utilización personal de un poder superior
que viene a socorrer al poblador obteniéndole beneficios que
la sociedad no le da, o bien consolándolo en su frustración".9
Al parecer, se trata de una religiosidad primitiva de origen
precristiano: "El culto de gran parte de las religiones primitivas
se dirigía a los diversos dioses del panteón, pero poco a un
lejano dios del cielo, poderoso creador de todas las cosas. La
evangelización cristiana exige que el culto se dirija a Dios o a
su Hijo Jesucristo, y las peticiones pueden dirigirse a los santos
como a mediadores, reprimiendo la forma religiosa primitiva.
Ante la represión el culto se dirige ahora a personas (o sus
espíritus o sus imágenes) que están más cercanos a nuestras
necesidades que Dios o su Hijo" (p. 68). La prensa informó
que "En la Catedral, en el sitio donde Acevedo se inmoló,
una romería de centenares de personas ha desfilado desde el
instante mismo en que ocurrió el hecho. Un matrimonio dejó
una carta rogando a Sebastián que ante Dios le pida ayuda
para sanar una hija que tiene cáncer. Fue motivación para que
otras personas se sumaran pidiendo milagros. También llamaron
la atención las coronas y las flores depositadas a los pies de
la cruz"; "El fervor popular ya transformó el significado del
lugar donde intentó inmolarse a lo bonzo el obrero Sebastián
Acevedo [...] Allí se hincaban, oraban, depositaban dinero,
flores y encendían velas al que la gente considera ya como un
mártir. A las diez de la mañana se acercó el vicario general del
Arzobispado, padre René Inostroza, para comunicar a la gente
que se designaría un comité encargado de recoger los dineros,
con la finalidad de evitar que sean sustraídos [...] Los rezos y
los llantos de las mujeres ponían un marco sobrecogedor a este
nuevo sitio de reunión popular, en pleno centro penquista. Junto
a la improvisada alcancía alguien escribió con lápiz de pasta
en una hoja de papel el siguiente mensaje: "Sebastián, tú que
fuiste capaz de dar la vida por tus hijos, te ruego que ahora
intercedas ante El por nuestra hija que padece de cáncer y yo no
puedo ayudarla por encontrarme cesante hace un año y medio.
Además, te rogamos por nuestros hermanos de sufrimientos,
por pan, trabajo, justicia y libertad. Siempre tus hermanos de
fe y de lucha. A.C. y C.C."
275
Una frase como "pan, trabajo, justicia y libertad" sitúa
esta religiosidad en un plano muy cercano al de la política,
pues ella es una de las consignas que se cantan en las demostraciones masivas de la oposición al régimen militar. Este
"nuevo sitio de reunión popular" es convertido, entonces, en
eje de una expresión espontánea que se guarece y se aprovecha
de la resignificación sagrada del espacio para manifestarse al
nivel más básico de opinión cotidiana cargada de emoción, sin
mayor elaboración intelectual. Una "dueña de casa" se expresa
diciendo: "lamento mucho lo que ha pasado. Estamos muy mal
en nuestro país. Parece que ya nada es bueno. Es para no creer
que tengamos un nuevo mártir. Todavía no me puedo convencer.
Este hecho lo llevaré en mi corazón y rezaré para que Dios
acoja en su Santo Reino a este hombre que murió por sus hijos"; un ciudadano comenta que "ha sido terrible. Esta acción
no tiene nombre. Se obliga a la gente a cometer este tipo de
cosas. Todo ha sido producto de la desesperación de un padre,
de la falta de humanidad. Ya se puede esperar cualquier cosa";
un estudiante dice: "esto ha sido un acontecimiento histórico.
Ha sido el resultado de la desesperación de un padre que agotó
todos los medios para saber el paradero de sus hijos detenidos.
Pienso que cristianamente debería ser perdonado por su acción.
Es un nuevo mártir"; otra persona se expresa con mayor lucidez: "Esto afecta la conciencia de todos los ciudadanos de la
región y del país. Nadie de nosotros puede sentirse liberado
de culpa. Todos, unos más que otros, la tenemos. ¿Cuándo
terminará la crisis moral de las detenciones?"
La primera reacción institucional fue de la Iglesia Católica, a través del Arzobispado de Concepción. A las 06:30
Radio Chilena, en su programa "Primera Plana", difundió
información general y una entrevista con el sacerdote Enrique
Moreno Laval, testigo de la inmolación, en que entregó su
testimonio de los hechos. A las 07:00, en ese mismo programa
intervino el Obispo de Concepción, Monseñor Alejandro Goic,
con una fuerte denuncia de los efectos disociadores sobre la
comunidad nacional de la actividad represiva de la CNI. Con
esta denuncia se inició una campaña nacional que demandó la
disolución de la CNI.
276
En sus partes más medulares, Monseñor Goic declaró:
"Ha habido veinticuatro detenciones, y desde el año pasado
que en esta región no operaba directamente la Central Nacional de Informaciones. Fueron informaciones de aquellos que
salían libres por falta de méritos, después de haber estado dos
o tres días detenidos, en algunos casos más, los maltratos, las
torturas –incluso, algunas de ellas denunciadas ayer por el
Colegio Médico de Concepción– las que provocaron en este
hermano Sebastián una angustia tan grande que lo llevó a esta
determinación tan trágica y tan sobrecogedora, que llegó a inmolar su vida para tratar de saber sobre dónde se encontraban
sus hijos [...] Creo que esta situación refleja lo enferma que
está nuestra nación, y especialmente, organismos como esta
Central Nacional de Informaciones, que tanto daño ha hecho
y continúa haciendo, torturando atrozmente a la gente [...] Yo
creo que esto es lo que siente la inmensa mayoría del pueblo,
por encima de ideologías políticas. No es posible, en un país
que se dice perteneciente a una civilización occidental y cristiana, que se mutile así, cruelmente, a personas por supuestos
delitos que, finalmente, salen en libertad, y no han hecho nada.
Y si hubieran hecho algún delito, lo lógico es que pasen a los
Tribunales, y que sean los Tribunales los que juzguen la magnitud del delito que se supone hayan cometido [...] Yo pido a
Dios y a todos los que tienen el poder, en nombre de Dios y
de su Iglesia hago un llamado para que volvamos a la cordura,
y para que realmente cese la represión, cese la tortura, cese el
daño a la dignidad de los hombres. Yo confío en que este hecho
tan dramático pueda ser un signo –terrible sí–, pero un signo
que nos haga reflexionar a todos, por encima de posiciones
políticas partidistas, de que tenemos que trabajar todos por
reencontrarnos como hermanos, y por superar estas situaciones, y ojalá creo que será una de las peticiones que haremos,
que se disuelva este organismo que tanto daño ha hecho a la
convivencia nacional".
De allí en adelante se sumaron líderes sindicales y gremiales a la petición de que se disolviera la CNI. La información
de prensa existente tiende a mostrar que esas reacciones fueron
totalmente desarticuladas, muchas de ellas dadas solamente a
277
través de declaraciones de individuos, lo que refleja la fragmentación de los sectores de oposición en la época. Rodolfo
Seguel, presidente de la Confederación de Trabajadores del
Cobre expresó su solidaridad con la familia Acevedo e "instó
a los chilenos a no dejarse influir por el clima de violencia".
En parte de su petición y denuncia, la Agrupación Nacional de
Empleados Fiscales (ANEF), uno de los gremios más poderosos
de Chile antes del golpe militar, se declaraba: "Estos hechos
innobles, que llenan de vergüenza a toda la Nación chilena,
se suman a otros que vienen sucediéndose en todo el ámbito
del país, como los [cementerios secretos] de Laja y Lonquén,
y otros muchos que visten de luto la historia de la patria, y
el de TUCAPEL JIMÉNEZ [dirigente de la ANEF], cometido
con ensañamiento, premeditación, alevosía y sobre seguro, sin
que después de 21 meses se haya descubierto a los autores
de tan horrendo crimen. Del mismo modo nos avergüenza
que algunos órganos de difusión hayan silenciado esta atroz
noticia, en una actitud que no puede menos de ser calificada
de encubrimiento".
La Asociación Gremial de Educadores de Chile (AGECH), expresó su "más enérgico repudio a la escalada de detenciones emprendida por organismos de Seguridad, en condiciones y formas atentatorias contra la dignidad de los ciudadanos
y contrarias a normas y atribuciones propias de los tribunales
de Justicia". Califica la inmolación de Sebastián Acevedo como
hecho "sin precedente en la vida nacional, reviste para el país
un suceso catastrófico que sobrepasa todo marco de racionalidad conocido" y pide la "disolución del organismo inconstitucional llamado CNI y con ello el término de actos de barbarie
científicamente organizados, que en su mayoría quedan en la
impunidad y sin sanción judicial".
Otras organizaciones como la Agrupación de Estudiantes
Secundarios, Pastoral Universitaria, la Pastoral de Profesionales
de Concepción, la Unión Democrática de Trabajadores, la Coordinadora Regional Sindical de Concepción y 27 organizaciones
de defensa de los Derechos Humanos se plegaron también a la
demanda de disolución de la CNI. A nivel de Consejos Provinciales se pronunciaron también la Juventud del Partido Radical
278
y del Partido Demócrata Cristiano. El Consejo Regional de
Concepción del Colegio de Abogados unánimemente pidió a la
Corte de Apelaciones que designara un Ministro en Visita para
investigar la violencia represiva desatada en la zona.
Dirigentes de otros gremios de clase media y media alta,
tales como el presidente del Colegio Médico de Chile, Dr. Juan
Luis González; del Colegio de Ingenieros, Eduardo Amagada,
hicieron declaraciones sólo a título personal, de orden estrictamente moral, sin involucrar a sus instituciones, reflejando
la actitud de compromiso distanciado que este tipo de gremio
mantuvo durante todo el proceso de la Protesta Nacional. El
tenor de sus declaraciones queda reflejado en palabras de
Eduardo Amagada: "Aquí ha habido un problema de que la
conciencia nacional, y en eso incluyo muy especialmente a
los profesionales, ha estado bastante dormida al respecto. Creo
que evidentemente no se ha hecho lo suficiente ni ha habido
un movimiento que hubiera impedido que estas cosas pasaran.
Creo que en esta "anestesia" a la conciencia nacional que ha
existido participan en parte muy activa algunos medios de
comunicación muy importantes".
Es evidente que el impacto regional de la inmolación
de Sebastián Acevedo obligó a los periódicos de Concepción
a dedicar más espacio a la información, sin duda con autorización de los delegados militares, lo que para ellos ha tenido
que significar un cierto grado de retirada defensiva frente a
la opinión pública. Las reseñas más valiosas para un estudio
como el que nos preocupa fueron publicadas por El Sur y
Crónica. Sin embargo, para observar la elaboración ideológica
de la inmolación de Sebastián Acevedo es preciso relevar la
ambigüedad con que fue tratado el tema. Esa ambigüedad se
expresa sintomática y simultáneamente en el uso indiscriminado de los términos "suicidio" e "inmolación" y en el tono
testimonial, cotidiano con que se informó. Es obvio pensar
que bajo condiciones de intensa intimidación y censura ningún
periodista puede fácilmente asumir el riesgo de poner en perspectiva el hecho puntual de la muerte de Sebastián Acevedo
dentro del cuadro global de conducción de la cultura nacional
en la política del neoliberalismo militarizado. Reconocido esto,
279
que los reporteros hayan informado con cierta amplitud, aunque muy emocionalmente, y que hayan abierto un espacio en
sus periódicos para recoger la "voz de la calle" fue un aporte
importante para el conocimiento de una grave situación nacional. No obstante, el hecho de que en algunas de las reseñas
de mayor importancia se usara en un mismo artículo palabras
como "suicidio" e "inmolación" implican una cierta incapacidad o incertidumbre valorativa sobre la significación real de
la muerte de Sebastián Acevedo. Todo intelectual formado en
una cultura fundamentalmente católica, como es la chilena,
puede distinguir entre el valor de ambos términos, puesto que
la Iglesia condena fuertemente el suicidio y niega la misa al
suicida en los momentos de su sepelio. En caso de dudas, un
periodista concienzudo debió haber hecho averiguaciones al
respecto con la autoridad eclesiástica. Sin embargo, Mario Aravena, corresponsal en Concepción de importantes publicaciones
de Santiago, autor de un impactante artículo aparecido en la
revista Hoy en su edición del 16 al 22 de noviembre de 1983,
a pesar de esos reparos, publicó en la edición del domingo 13
de noviembre del diario La Tercera de la Hora una nota en que
claramente se presenta a Sebastián Acevedo como desquiciado
mental, acentuando la imagen estereotípica del suicida y no de
quien se sacrifica por un ideal superior.
La nota se intitula "Era un Hombre Preocupado y Triste"
y trata de la entrevista que Sebastián Acevedo tuvo con él la
mañana del día de su inmolación, una de las varias que el padre
hizo ese día con periodistas. Contra el trasfondo del término
"suicidio" que rápidamente puede asociarse con los hechos, ya
el título mismo parece afirmar categóricamente una personalidad agobiada por antiguos problemas mentales. Las palabras
iniciales del texto acentúan esta impresión: "Sebastián Acevedo
Becerra era al menos hasta el viernes 11 un hombre preocupado
y triste". Más adelante se trata de crear una imagen de incoherencia, de confusión, de inseguridad de propósito: "Antes de
sentarme, Acevedo trató de hablarme. No le entendí. Luego se
me aproximó y estirando su mano derecha quiso nuevamente
saludarme. Yo, de pie, sentí su piel húmeda [...] Acevedo estaba
sudoroso. Su nerviosismo era evidente".
280
Sin duda la elaboración de esta imagen contrasta diametralmente con la capacidad de articulación y coherencia
que Sebastián Acevedo demuestra en otra entrevista, en la que
pudo protestar con toda energía, decisión y lucidez en contra
del amañamiento de la noticia de la detención de sus hijos por
la prensa al usar lenguaje que daba por sentada su culpabilidad
en actos terroristas. Un periodista no identificado de El Sur, en
una nota del día anterior, sábado 12, relata: "Habíamos puesto
la grabadora. Estuvo ahí, frente a nuestro escritorio. Se veía
tenso al hablar. Hilvanaba con claro nerviosismo las frases. Su
hálito fluía con energía al hablar. Había pasado muchas horas
con deseo de decir algo. Era más que evidente. "No se puede
emplear ese calificativo porque, según me explicó una abogada
hace poco, aún no se reconoce el paradero de mis hijos. Otra
cosa: me parece que la forma en que se da publicidad a los
hechos es una forma malintencionada. No lo digo por mis hijos,
por muchos más. No se pueden decir cosas que puedan justificar en última instancia cualquier medida en contra de ellos. Se
adjetiva. Yo espero que no sean cosas influyentes en el ánimo
del juez, sea militar o no, ya que éste debe actuar de acuerdo
con las pruebas que le presenten". Parte de esta grabación
fue usada en el programa radial con que el Departamento de
Comunicaciones del Arzobispado de Concepción dio la noticia
de la inmolación de Sebastián Acevedo el 12 de noviembre
de 1983. Al escuchar sus palabras no quedan dudas de que lo
asistía una gran calma, mesura y lucidez.
¿Qué llevaría a un periodista como Mario Aravena a
propalar tan descuidadamente imágenes como esas de un hombre que ya para ese día tenía conmovida a la opinión pública
y suscitaba una intensa lucha ideológica? Es de notar que su
publicación del 13 de noviembre en La Tercera de la Hora
termina con un franco sentimiento de culpabilidad: "Ya solo
nuevamente, pensé. No lo creí, sinceramente. En los últimos
días nuestro trabajo había sido de bastante tensión. Me dije que
posiblemente pasaba Acevedo por un instante crítico y que a lo
mejor quería llamar sólo la atención. Después, cuando conocí
la tragedia, me tomé la cabeza con las manos. Como cristiano
pensé: "Que Dios me perdone". Desde esos instantes sus pala281
bras me han dado vueltas. Durante el reporteo comprendí que
a veces nos ponemos insensibles". En el articulo de Hoy, aparecido tres días después, Mario Aravena evita cuidadosamente
el uso de ambas palabras, "suicidio" e "inmolación".
En general, a excepción de Hoy, la prensa de Santiago
introdujo en la información ángulos sutilmente negativos sobre la inmolación, a veces desacreditando el estado mental de
Sebastián Acevedo, a veces distorsionando o tergiversando los
hechos. En las dos únicas notas aparecidas en esa ciudad el
12 de noviembre, El Mercurio señaló muy escuetamente los
hechos, terminando la breve nota con datos de que los hijos
de Sebastián Acevedo habían sido detenidos por pertenecer a
una célula terrorista del Partido Comunista a la que se atribuían
diversos atentados en la zona. Es interesante mencionar que
el corresponsal usó el término "inmolación" en su despacho.
Por su parte, La Tercera de la Hora, sin duda con un texto
preparado por Mario Aravena, informó con un parco lenguaje
que "Cuando ya su cuerpo estaba en llamas, llegó personal del
cuerpo de Carabineros que trasladó al hombre hasta el Hospital
Regional..." No se menciona aquí la responsabilidad del oficial
de policía que llevó a Sebastián Acevedo a prenderse fuego.
Por otra parte, se acentúa la imagen de desequilibrado mental
a quien "la angustia le llevaría a cometer un acto de suicidio",
lo que habría hecho agobiado por la culpa: "Mientras su cuerpo
ardía pidió perdón a Dios por la acción que cometería". Esta
nota fue seguida por otra breve, en que se reproducían algunas
palabras de una entrevista a María Candelaria Acevedo. Al día
siguiente, domingo 13 de noviembre, La Tercera de la Hora
publicó un largo artículo, en que se informaba ampliamente y
se terminaba con una nota de simpatía por el drama humano
similar a las publicaciones de Concepción. Quizás este cambio
de orientación haya correspondido a la experiencia sufrida por
Mario Aravena: "En la Catedral, en el sitio donde Acevedo se
inmoló, una romería de centenares de personas ha desfilado
desde el instante mismo en que ocurrió el hecho. Un matrimonio dejó una carta rogando a Sebastián que ante Dios le
pida ayuda para sanar una hija de cáncer. Fue la motivación
para que otras cartas se sumaran pidiendo milagros. También
282
llamaron la atención las coronas y flores depositadas a los pies
de la cruz".
El domingo 13 de noviembre Las Ultimas Noticias publicó dos notas relacionadas con la Iglesia, la primera de ellas
relacionada con declaraciones del Cardenal Juan Francisco
Fresno. La segunda informa sobre la demanda del Arzobispado
de Concepción de que se disolviera la CNI. La cercanía de ambas notas desvirtúa esta demanda, por cuanto las declaraciones
del Cardenal Fresno parecen ser favorables al gobierno. Aunque
no se lo especifica, las palabras recogidas de Monseñor Fresno
demuestran la creencia de que Sebastián Acevedo se suicidó
por un problema emocional: "Todos estamos doloridos por algo
tan espantoso. Es posible que estas cosas sucedan cuando en
un momento de desesperanza no siempre se juzgan con paz y
tranquilidad los acontecimientos". Estas frases aparecen en el
contexto mayor de declaraciones hechas en la misma ocasión
por Monseñor Fresno justificando a sacerdotes párrocos de la
población de Pudahuel –espacio de fuerte confrontación popular
contra la policía durante la Protesta Nacional– que, según una
carta de denuncia de mujeres progobiernistas, habrían estado
haciendo agitación política: "Quiero establecer desde ya que
nuestros sacerdotes están con un ánimo verdadero de servicio a
su pueblo y de expresar el verdadero deseo de que todos están
buscando la verdad. Y conociendo la verdad la pueden poner en
práctica. Si acaso se pasan en algunas obligaciones que cumplir antes de recibir los sacramentos, no es por molestar. Por
el contrario, es por hacer el mayor bien posible, construyendo
de este modo un verdadero pueblo de Dios". Más adelante,
Monseñor Fresno aparece desasociándose de una carta –y, por
tanto, desautorizándola– que el presidente de la Conferencia
Episcopal, Monseñor Carlos González, había enviado al gobierno pidiendo que se terminara con el exilio de chilenos: "Yo
no he estado en la redacción de la carta". Por lo tanto, dentro
de este contexto de aparente simpatía cardenalicia al régimen
militar, la creencia de Monseñor Fresno en un posible suicidio
de Sebastián Acevedo desacredita indirectamente el verdadero
mensaje de su sacrificio.
En cuanto a la segunda nota de información relativa al
283
Arzobispado de Concepción, ella viene después de lo anterior
y con un título que dice "Arzobispado Penquista Condena
los Últimos Hechos de Violencia". Se puede comprobar una
dislocación entre el título y el texto teniendo en mente que,
para periódicos oficialistas como La Ultima Hora, el término
"violencia", "violentismo" o "violentistas" es aplicado exclusivamente a la resistencia antimilitar, de manera que un lector
poco cuidadoso podría desatender un texto que, en realidad, se
refiere a desmanes de la CNI: "El Departamento de Derechos
Humanos de nuestro Arzobispado ha constatado que continúan
registrándose detenciones arbitrarias de ciudadanos, por personal que no se identifica y que no exhibe órdenes de detención.
Ante esta evidencia, no podemos sino condenar una vez más
la práctica de la tortura con las palabras del Papa Juan Pablo
II: "La Iglesia se interesa por la suerte de los sometidos a la
tortura, sea el que fuere el régimen político, pues a sus ojos
nada puede justificar este envilecimiento que, desgraciadamente, va acompañado con frecuencia de vejámenes bárbaros y
repugnantes [...] A lo anterior se suman otros hechos: la muerte
de una persona en dudosos enfrentamientos con personal de
seguridad hace algunos días; y la muerte dramática y sobrecogedora del trabajador y padre de familia, Sebastián Acevedo
Becerra, en un intento desesperado por reclamar noticias de
sus hijos secuestrados por la CNI, autoinmolándose por medio
del fuego [...] Estos hechos, reflexionados serenamente en la
fe, nos llevan con renovada urgencia a exigir el término de
este tipo de situaciones inhumanas y anticristianas; a exigir
que quienes sean sospechosos de culpabilidad sean puestos en
manos de los tribunales de justicia para que sean ellos mismos
quienes determinen responsabilidades; a exigir la disolución de
la CNI, porque sus actuaciones han dañado profundamente la
convivencia de nuestro país".
En lo que se refiere a la aparente creencia de Monseñor
Fresno en el suicidio de Sebastián Acevedo, es de especial
importancia señalar que, en su entrevista a Hoy del 23 al 29
de noviembre, Monseñor Alejandro Goic, Obispo de Concepción, declara enfática y fehacientemente que la Iglesia no había
considerado suicidio la inmolación de Sebastián Acevedo: "No
284
hemos hablado de suicidio porque inmediatamente después que
se inmoló, y en las largas horas de su agonía, en que conservó
su lucidez, dio ejemplo de amor, de fe y de una capacidad
de perdón extraordinarias. Le dijo al sacerdote que le dio la
absolución sacramental, lo que para nosotros significa morir
en gracia: "Señor, perdónalos a ellos". Se refería a la CNI
que tenía a sus hijos. "Y también perdóname a mí por este
sacrificio". Dejemos a Dios, el único capaz de penetrar en las
profundidades del corazón humano, el juicio definitivo. Objetivamente, este hombre murió en amistad con El, reconciliado
y rogando por quienes estaban haciendo daño a sus hijos. Eso
es cristianismo puro".
El domingo 13 de noviembre tanto El Mercurio como
Las Ultimas Noticias publicaron notas sobre la reacción del
Arzobispado de Concepción ante la CNI, y sobre el destino
de Sebastián Acevedo y el de su familia. El Mercurio tiene un
título por demás claro –"Arzobispado de Concepción Exige
Disolución de la CNI"– e informa con objetividad sobre la
muerte del inmolado y la liberación de María Candelaria. Sin
embargo, se refiere a ella como "hija del suicida", para luego
dar espacio a la demanda del Arzobispado sobre la disolución
de la CNI, reproduciendo argumentos de esa demanda en cuanto
a la violencia usada contra ciudadanos por ese servicio. Idéntica
objetividad se encuentra en la nota de Las Ultimas Noticias
titulada "Calcinado Habló con su Hija y Murió". Allí se entrevista a María Candelaria Acevedo, quien relata su detención y
su estadía e interrogatorio en un lugar secreto de la CNI. Ante
esta objetividad es importante acotar que, al día siguiente. Radio Santiago, a las 07:15, en su programa "Show de Noticias",
transmitió una protesta de periodistas de El Mercurio en que
se quejaban de la presión que habían recibido del editor del
diario en cuanto al tratamiento de la noticia. Reproducimos las
partes más relevantes de ese espacio:
[...]
- Mire, esto ya no es periodismo, el Duni es un banquero.
Les dijo:
- Lo de Concepción no lleva ningún llamado en primera
página, tampoco un título que pueda decir algo, y a una
columna en párrafos chicos.
El sábado el diario colocó un pequeño (trozo) en páginas interiores y ayer domingo, también muy perdido,
informó de esta manera: Declaración del Arzobispado
de Concepción.
Y en la información todo se daba como posible y supuesto.
El Duni llamó al jefe de regiones y le dijo:
- En esto hay que tener mucho cuidado porque no podemos prestarnos para perjudicar al gobierno, o sea hable
de presunto suicidio a lo bonzo como protesta por la
presunta detención de dos de sus hijos.
- Mire, disculpe, pero tal vez sería mejor decir suicidio
y no presunto, porque hasta la información oficial habla
de suicidio.
- Bueno, ponga que se suicidó, pero que fue por la
presunta detención de sus hijos y que vaya bien perdido
entre muchas informaciones.
En el Canal 13 (de televisión) también recibieron órdenes desde muy arriba de suprimir toda la información
acerca del trágico hecho que en estos momentos no sólo
conmueve a Chile, sino que a todo el mundo. El Canal
11 también recibió orden de no dar ni una mención.
El Canal 13 tenía un despacho completo enviado por su
filial de Concepción y debió guardarlo. Curiosamente, la
BBC de Londres dio para los ingleses y norteamericanos
vía satélite la escena del padre de los dos jóvenes en
el momento en que se ha convertido en una antorcha
humana. Por eso un periodista del Canal 13 dijo:
- Pero en Chile mismo eso está prohibido, y aquí hay democracia más completa, que Chile está con más libertad
Para el diario El Mercurio, lo ocurrido en Conce es algo
supuesto. Indignación entre los periodistas que trabajan
en El Mercurio causó la orden que dio el propio director
y dueño del diario, el Duni Edwards.
285
286
de expresión. Tiene toda la razón el Ministro Secretario
General de Gobierno, Márquez de la Plata, en afirmar
que en Chile hay absoluta libertad de expresión.
Lo único embromado es que, según los colegas de la
tele, fue el Ministro Márquez de la Plata el que dio esa
orden".
La ironía de la últimas frases citadas es evidente. Dentro
de pautas similares, en los días siguientes se publicaron notas de
mayor o menor extensión. La Segunda –periódico perteneciente
a la cadena de El Mercurio– habló el 15 de noviembre de la
petición de los abogados para que se nombrara un Ministro en
Visita para investigar los arrestos ocurridos en Concepción y
cortos extractos de una entrevista a la abogado Marta Werner,
del Arzobispado, en que ella habla del trasfondo de arrestos en
que se dio la inmolación de Sebastián Acevedo, la liberación
de Marta Candelaria y su conversación final con su padre. El
17 de noviembre tanto El Mercurio como Las Ultimas Noticias dedican dos breves notas al sumario que había iniciado el
Consejo General del Colegio Médico de Chile contra el doctor
involucrado en torturas en lugares secretos de detención de la
CNI en Concepción. Por último, los días 22 y 23 de noviembre
de 1983, La Segunda, Las Ultimas Noticias, El Mercurio y La
Tercera de la Hora dedicaron cortas notas a la conferencia de
prensa que Elena Sáez, esposa de Sebastián Acevedo, y su hija
María Candelaria dieron en el local de la Comisión Chilena
de Derechos Humanos. En ellas se recoge tanto información
sobre el arresto y "apremios" de la joven como el énfasis que
ella hizo sobre el hecho de que Sebastián Acevedo no era un
desequilibrado mental, sino un padre que se sacrificó por sus
hijos.
A todo esto, las autoridades de gobierno mantuvieron
su estrategia pública acostumbrada, de silencio, cierto grado y selectividad de censura de los medios comunicativos
y finalmente, desvirtuar el sentido de los hechos y restarles
importancia trivializándolos. Las primeras palabras expresadas
por el Intendente Regional, general Eduardo Ibáñez Tillerías,
sólo se dieron el 13 de noviembre, muy crípticas y sólo a
287
título individual, "como cristiano", ante requerimiento de los
periodistas y no como declaración formal. Aquí ya se plantea
el tema que los militares reiterarían de allí en adelante una y
otra vez –Sebastián Acevedo fue una figura que merece lastima y comprensión, pero su sacrificio sólo puede ser entendido
como suicidio, aberración del cristianismo: "[El general Ibáñez]
Hizo saber su pensamiento como cristiano y recordó que "nadie
debe hacer a los otros lo que no quieren que le hagan a uno".
Frente a la acción de Sebastián Acevedo Becerra, expresó
que se sentía "dolido por algo así, porque creo que cualquier
cristiano y ante cualquier persona que tome una determinación
como esta, nosotros nos sentimos bastante dolidos y estamos
rogando a Dios" para que lo perdone, "porque nosotros los
cristianos no aceptamos el suicidio". Parte de esta declaración
individual del Intendente fue reproducida en Santiago al día
siguiente, ocasión en que se recogió el aspecto moral: ""Lo
más que puedo dar, en este momento, es mi pensamiento en el
aspecto humano. Creo que no podría hablar de otra cosa que
no sea el sentimiento que siento como hombre, como humano,
como cristiano, ante un hecho de esta naturaleza. Estaba en
Santiago cuando recibí la noticia. En ese momento me pareció algo raro, fuera de lo normal, de que hubiese acontecido
algo así en este país". Dijo que el hecho le impacto. 'Yo me
siento bastante dolido y apesadumbrado. Cuando llegué, noté
a mi mujer emocionada. Ella iba pasando en el auto cuando
ocurrió esto y le tocó ver, sin ánimo de morbosidad, y lo vio
y le impacto mucho'". En frases como "me pareció algo raro,
fuera de lo normal, de que hubiese acontecido algo así en este
país" se desliza subrepticiamente una noción sustentada en la
Doctrina de la Seguridad Nacional –que organiza la lógica de
la represión militar– de considerar los disturbios sociales como
hechos originados por agentes del comunismo internacional, del
todo extraños a la cultura y al "alma" nacional". De allí que
en las publicaciones oficialistas, especialmente de Santiago, se
hiciera tanto énfasis en que la muerte de Sebastián Acevedo
había sido un "suicidio a lo bonzo".
El descrédito del sacrificio de Sebastián Acevedo se hizo
ya postura oficial el 14 de noviembre, con declaraciones tanto
288
del Presidente de la República, general Augusto Pinochet, como
del Ministro Secretario General de Gobierno, Alfonso Márquez
de la Plata. El general Pinochet hizo una muy corta declaración
sobre Sebastián Acevedo, al pasar, para una periodista de Radio
Cooperativa Vitalicia, palabras que fueron reproducidas al día
siguiente: "Que le puedo decir, pos, señorita; la gente reacciona
de diferentes maneras. Casi siempre en estos casos hay una falla
cerebral, en consecuencia no puedo pronunciarme ni decir sino
que lamento mucho la muerte de este hombre". En cuanto a las
demandas de disolución de la CNI, el general Pinochet usó palabras que contenían veladas amenazas para el Arzobispado de
Concepción: "Los que piden la disolución del CNI son aquellos
que tienen alguna situación que los pueda afectar. Me explico,
especialmente los comunistas, los socialistas, marxistas y otros
más que están envueltos en todas estas cosas. Entonces para
ellos es más cómodo no tener ningún control y actuar como si
no hubiera nada, entonces causar todos los daños que causan
cuando están sin control. Ahora este organismo le da seguridad
a usted que puede dormir tranquila, a usted que duerma tranquilo y a usted". La declaración del Ministro Márquez de la
Plata fue del todo trivial: "no hay ningún chileno que no esté
impactado por la actitud de Sebastián Acevedo Becerra".
Estas formas de descrédito de la muerte de Sebastián
Acevedo quedan, finalmente, asentadas en las palabras del Intendente Metropolitano de Santiago, brigadier general Roberto
Guillard, el 17 de noviembre: "Lamentable, es totalmente lamentable que una persona... me imagino yo que una persona
que se quema en esas condiciones tendrá que tener un trastorno
mental, porque no me lo explico. Creo que lo realizado no es
solución para los hijos y menos para la situación que se está
viviendo en estos momentos. Lo considero un acto muy lamentable, muy doloroso, muy penoso que suceda una cosa así [...]
Esto pasa en otros lugares del mundo, el otro día sucedió en
Moscú, pero creo que en Chile nunca había ocurrido un acto
así. A lo mejor es gente que copia estas cosas. Además, que
me extraña profundamente por cosas que he leído y las creo,
porque incluso vi los documentos que este señor firmó; la orden
de aprehensión que hicieron elementos de seguridad, en su caso,
289
de sus hijos; él firmó conforme [...] O sea, él sabía por qué los
detenían, dónde los tenían y qué es lo que estaba pasando con
sus hijos; entonces quemarse lo encuentro un acto que no está
dentro de la mentalidad mía, ni tampoco de los chilenos".
Sebastián Acevedo: Comunista cristiano
La cuestión más problemática en la evaluación de esta
lucha ideológica está en que no trascendió a la opinión pública
de todo el país el hecho de que Sebastián Acevedo había sido
militante comunista de ya larga trayectoria. Por lo demás, tanto
su padre como su madrastra habían sido militantes que habían
ocupado cargos municipales en Coronel como representantes
elegidos por el Partido Comunista. Sin duda este dato era conocido por la autoridad militar –que lleva fichas personales de
aquellos que los servicios de seguridad mantienen bajo vigilancia– del mismo modo como lo sabían los vecinos y religiosos de
la parroquia de la población Villa Mora, sin que éstos cuestionaran su sinceridad cristiana. Por el contrario, hay testimonios
de que el padre Bernard Hurault tenía especial respeto por la
convicción religiosa de este individuo que se había hecho parte
importante de la actividad catequística de la parroquia.
El conocimiento de su militancia política podría explicar
el modo en que los militares desacreditaron la inmolación de
Sebastián Acevedo. De acuerdo con los postulados de la Doctrina de la Seguridad Nacional, que guía su actividad represiva,
en la actualidad las sociedades "occidentales y cristianas" se
oponen a la Unión Soviética en una guerra cuya característica
principal no es el enfrentamiento militar directo, sino la infiltración ideológica a través de los Partidos Comunistas locales.
Cualquier ciudadano de aspecto común e inocente, un profesor, un doctor, un sacerdote, una monja podrían ser agentes
de esta conspiración. Esto justifica, entonces, mantener en pie
permanente toda una burocracia represiva para neutralizar y
eliminar esa infiltración que corroe "la voluntad nacional" en
la consecución de sus objetivos de fortalecimiento. De allí que
la autoridad militar considerara la inmolación de Sebastián
290
Acevedo como suceso extraño a la conciencia del chileno.
Sebastián Acevedo Becerra era hijo de Vicente Acevedo,
obrero de ferrocarriles y militante del Partido Comunista. Desde
joven Vicente Acevedo había mostrado una gran preocupación
por la causa de los desposeídos, motivado no sólo por su propia pobreza e infortunios, sino también por el espectáculo de
la miseria permanente en que viven los mineros del carbón y
las perturbaciones económicas acarreadas a Chile por la gran
depresión de la década de 1930. Ingresó al Partido Comunista
cuando tenía veinte años. Sebastián Acevedo fue criado por su
madrastra, Ana Aguilera Botros, mujer de la ciudad de Coronel,
profunda creyente que comenzó su militancia en el Partido Comunista motivada, a su vez, por el ejemplo de dedicación social
de su esposo. Durante el gobierno de Gabriel González Videla
tanto Vicente como Ana fueron elegidos por votación a cargos
municipales en Coronel, él como regidor y ella como alcaldesa,
en un período en que la tradicional influencia del Partido Comunista entre los obreros carboníferos había alcanzado uno de sus
más altos grados. Sebastián Acevedo siempre expresó la gran
influencia en su vida de los ejemplos de compromiso político
y religioso de su padre y de su madrastra y conscientemente
modeló su existencia en cercanía a ese ejemplo.
Al comenzar la represión anticomunista instigada por
González Videla, Vicente Acevedo entró en la clandestinidad
y vivió varios años como fugitivo acosado. Ana fue detenida
tempranamente y vivió relegada en el campo de concentración de Pisagua, miserable caleta ubicada en el Norte Grande
chileno. Años después, emocionada, contaría a la familia de
sus experiencias como prisionera: "Mueren hombres en mis
brazos, compañeros de lucha nuestros". También en Pisagua
estuvo destacado el capitán de ejército Augusto Pinochet, a
cargo del campo de concentración. Años después, el general
Pinochet haría el siguiente comentario sobre su experiencia
en Pisagua: "Las mayores dificultades para efectuar control y
poder mantener la disciplina en ese lugar provinieron de las
mujeres comunistas, que no vacilaban en producir incidentes
con el objeto de alterar el orden que debía existir allí para
la buena convivencia. La mayoría de ellas eran mujeres de
291
cierta edad, muy violentas y exageradamente vehementes [...]
Mientras más conocía a estos relegados, cuando escuchaba sus
planteamientos y a la vez avanzaba en la lectura de Marx y
Engeis, me iba formando un concepto totalmente diferente de lo
que nosotros habíamos pensado del Partido Comunista. No era
un partido más. Había una diferencia grande y muy profunda.
La forma como analizaban las diferentes materias, revelaba un
sistema que lo trastocaba todo sin dejar fidelidad ni creencia
algunas. Con cuanta razón S.S. Pío XI calificó a esta doctrina
de "intrínsicamente perversa". Confieso que desde ese momento
sentí un profundo deseo de adentrarme y estudiar dichos conceptos y conocer sus finalidades, pues mucho me inquietaba
que estas ideas tan perniciosas y contaminadoras continuaran
difundiéndose en Chile".10
Sebastián Acevedo, apenas un adolescente, fue detenido
y torturado varias veces para arrancarle información sobre el
paradero de su padre. Cuando finalmente lo capturaron, los
detectives fueron en busca de Sebastián a su escuela, lo sacaron de allí a patadas y lo forzaron a contemplar la tortura de
su padre. Vicente no claudicó. A pesar del durísimo castigo no
delató a otros comunistas. Estas experiencias marcaron la vida
de Sebastián Acevedo e influirían en su conducta a propósito
del arresto de sus propios hijos.
Sebastián Acevedo y Elena Sáez se habían conocido y
enamorado durante sus estudios de Liceo, cuando tenía diecisiete años. Ella, sin embargo, se casó más adelante con un
funcionario del Cuerpo de Carabineros, con el que tuvo cuatro
hijos, Jenny, Verónica, Glía y José Luis Ocares Sáez. Cuando
supo de su viudez, Sebastián buscó a Elena inmediatamente
para renovar su amistad. Se casaron en 1958 y tuvieron cuatro
hijos, María Candelaria, Nadia, Galo Fernando y Erika Acevedo
Sáez. Todos los hijos fueron criados juntos, sin distinciones de
afecto familiar.
Sebastián Acevedo fue autodidacta de curiosidad intelectual insaciable. Leía constantemente y discutía los temas de
su interés con sus hijos, en los que también influyó política
y religiosamente. Con este ejemplo y el de los abuelos, casi
todos ellos ingresarían a las Juventudes Comunistas. El gran
292
orgullo moral de Sebastián Acevedo, que pudo transmitir a sus
hijos, fue el de que su palabra de compromiso ético y social
coincidiera intachablemente con sus actos concretos. Repudiaba
la posibilidad de que alguien pudiera ser, como decía, "farol de
la calle y oscuridad del hogar". Hasta el día de su inmolación
tuvo importante participación en las actividades de la parroquia
de los Sagrados Corazones cercana a su domicilio, donde se
había convertido en un pilar del movimiento apostólico.
Después del 11 de septiembre de 1973 la familia fue
nuevamente perseguida. La casa de los Acevedo fue allanada.
En 1974 el abuelo Vicente fue detenido y estuvo desaparecido
por seis meses. Los militares conspiraron para desorientar y
confundir a la familia en su búsqueda. Por último, Vicente fue
ubicado en el campo de concentración de la marina chilena en
la Isla Quinquina. Poco tiempo después fue dejado en libertad.
Al salir, por las torturas infligidas, este anciano había perdido
la visión en el ojo derecho, el oído derecho, respirar era para
él un tormento por las múltiples fracturas en las costillas.
La represión en la ciudad de Concepción durante los días
anteriores a la inmolación de Sebastián Acevedo había alcanzado grados que sin duda revivieron sus más duras experiencias
durante su adolescencia. Al parecer, luego de un período de
inactividad en Concepción que databa desde el mes de septiembre de 1981, la CNI de Santiago había destacado allí un
comando especial para enfrentar la fuerte actividad de oposición
generada durante las jornadas de Protesta Nacional, en un área
minera e industrial que en los años de prosperidad anteriores
al régimen militar había logrado altos niveles de organización
social y sindical. El gran desempleo regional causado por la
ruina de la industria textil y de la loza, consecuencia de la
política neoliberal de libre importación, y las aún más míseras
condiciones de vida de los mineros del carbón explican la
gran actividad política y paramilitar de la oposición en Lota,
Schwager, Coronel, Penco, Tomé, Chiguayante y Concepción.
Desde el 1 de noviembre de 1983 comenzó una serie de arrestos que, por la irregularidad del procedimiento, efectuado por
agentes no identificados, sin mostrar orden de arresto competente, pueden ser calificados como secuestros, argumento que
293
los abogados defensores aportados por el Comité de Defensa de
los Derechos del Pueblo presentarían más tarde ante la Corte
de Apelaciones.
Los secuestros se iniciaron con el de René Osvaldo Castillo, auxiliar de servicio del hogar de hombres de la Universidad
Católica de Talcahuano. Individuos de civil, enmascarados,
portando metralletas se presentaron a ese domicilio alrededor
de la medianoche y violentamente sacaron de allí a René
Osvaldo Castillo, llevándolo a un lugar secreto de detención
donde fue torturado e interrogado durante veinticuatro horas.
El interrogatorio de Castillo da una clave del objetivo de la
CNI: a través de él se quiso saber de las actividades políticas
de los estudiantes alojados en el pensionado. Los secuestros e
interrogatorios posteriores demuestran que el operativo especial
estaba dirigido a detectar y desbaratar la red clandestina de las
Juventudes y el Partido Comunista en la Región del Bío-Bío.
Hasta el 15 de noviembre los arrestos habían sido veinticinco; luego de dos o tres días de interrogatorio y tortura,
aproximadamente un tercio de los arrestados fue puesto en
libertad sin que se les hicieran cargos, mientras otros pasaban
a disposición de la Segunda Fiscalía Militar. Sin embargo, un
núcleo especial de cuatro detenidos continuó en prisión indefinida, sin que se informara ni de su condición ni de su paradero,
de acuerdo con un decreto exento especial promulgado por el
Ministerio del Interior. Ellos eran Ramón Pérez Moreno, Vilma
Cecilia Rojas Toledo y Uberlindo Parra Mora, además de María
Candelaria y Galo Fernando Acevedo Sáez, detenidos el 9 de
noviembre. Los tres primeros eran asociados por la CNI con
recientes asaltos a mano armada contra la compañía lechera
Soprole y la Embotelladora del Sur.
De acuerdo con deducciones basadas en la línea de interrogatorio seguida por los agentes de la CNI con María Candelaria y Galo Fernando y otros detenidos, personas entendidas
en la situación política del momento llegaron a la conclusión
de que ese organismo de seguridad, con esos arrestos, creía
haber detectado a la jerarquía superior del Partido Comunista
en la región o que, por lo menos, estaba en vías de obtener
pistas que lo acercara a ella. Anteriormente el comando espe294
cial de la CNI había sufrido un fuerte revés en ese objetivo
con la muerte de Víctor Hugo Huerta Beiza, de 52 años, alto
dirigente del Partido Comunista. Al parecer, Huerta había
viajado a Concepción desde Santiago para realizar diligencias
relacionadas con la coordinación de la actividad comunista en la
zona. Su identidad ya había sido detectada en Santiago y había
sido seguido a Concepción, donde fue arrestado a las 17:00 del
jueves 3 de noviembre de 1983, con un allanamiento del lugar
donde alojaba. Huerta fue salvajemente torturado en las horas
que siguieron, para arrancarle información sobre la red que
venía a supervisar. Los esfuerzos de los interrogadores fueron
inútiles y, finalmente, fue asesinado con un disparo entre los
ojos. Luego se formó un operativo nocturno para deshacerse de
su cadáver en el barrio Pedro de Valdivia de Concepción, en la
Avenida Sanders, fingiéndose un enfrentamiento con agentes de
seguridad. Dos días después, el sábado 5, el parte oficial de la
Intendencia Regional decía que Víctor Huerta había muerto en
un enfrentamiento armado a las 22:45 del jueves 3, mientras
otros dos "extremistas" habían logrado huir: "En su poder se
encontró un revólver, abundante material propagandístico del
Partido Comunista incitando a la subversión armada".
Fracasados los esfuerzos de la CNI a través de Víctor
Huerta, su segunda opción de importancia era, aparentemente,
Ramón Pérez Moreno, quien tampoco fue quebrado en los
interrogatorios. Sin embargo, trazando su red de relaciones
visibles, Pérez fue conectado con María Candelaria y Galo
Fernando, razón por la que fueron arrestados, interrogados y
largamente torturados.
Puesto que Sebastián Acevedo era militante comunista
conocido, sabía de estos hechos y estaba extremadamente preocupado de que sus hijos fueran eliminados en falsos enfrentamientos, como le ocurriera a Víctor Huerta. Indudablemente
los sufrimientos causados por la persecución política durante
su juventud tuvieron un papel decisivo en la determinación de
jugarse el riesgo que finalmente lo llevó a la muerte.
Estos datos nos obligan a reabrir la cuestión sobre los
motivos que pudieran haber llevado a la autoridad militar a
guardar total silencio sobre la militancia comunista de Sebastián
295
Acevedo. Quizás la razón esté en el hecho de que la sinceridad cristiana de su sacrificio no podía ser puesta en duda, en
circunstancias en que la opinión pública había quedado profundamente conmovida con su holocausto. Haber informado
sobre la militancia comunista de Sebastián Acevedo habría
desacreditado uno de los principales pilares ideológicos con que
las Fuerzas Armadas han legitimado su dictadura: la defensa
de la civilización cristiana. Con mayor amplitud, es necesario
señalar que buena parte de la lucha ideológica que hoy en día
desarrollan las fuerzas procapitalistas en Latinoamérica tiende
a impedir el acercamiento de cristianos y marxistas-leninistas,
como ha ocurrido en Nicaragua. Una fusión de voluntades de
esta naturaleza acarrearía la formación de una fuerza revolucionaria tal vez incontenible.
Esto explica la vehemencia con que aquellos ideólogos
que intentan impedir tal acercamiento se refieren a la absoluta
incompatibilidad de ambos términos. Tengamos en cuenta nuevamente palabras de una eminente autoridad en este intento, el
general Augusto Pinochet. En su panfleto titulado Repaso de
la agresión comunista a Chile11 afirma: "Para comprender la
fuerza de las convicciones marxistas, que hace de sus verdaderos prosélitos peligrosos fanáticos, hay que tener en cuenta
que el marxismo es una cosmovisión integral del hombre, del
mundo, de la sociedad y de la política; es una fe, una mística
que, en sus auténticos adeptos, tiene las características de un
sustituto secular de la religión. Pero, extrañamente, es el polo
opuesto de cualquier religión por constituir un pensamiento
esencialmente ateo y materialista, lo que lo hace inconciliable
con toda creencia espiritual. Vano y estéril es el intento de
quienes, en su afán revolucionario, han pretendido conciliar
el marxismo con el cristianismo. Donde el primero postula el
ateísmo, el materialismo, el determinismo, la lucha de clases y
el odio como incentivo de la lucha revolucionaria, el segundo
nos habla de Dios, del alma inmortal, de la libertad humana,
de la fraternidad y del amor. No puede haber ninguna coincidencia ideológica entre dos doctrinas totalmente opuestas, de
las que puede afirmarse, con toda propiedad, que cada una de
ellas es la antítesis de la otra". ¿Era posible que los militares
296
revelaran la militancia comunista del inmolado y trajeran este
tipo de afirmación a la opinión pública en momentos en que,
mediante su sacrificio, Sebastián Acevedo había dado testimonio de la más profunda sinceridad cristiana, hasta el extremo
de comprometer su propia vida por la revitalización de toda
la colectividad chilena, incluyendo a los propios torturadores
de sus hijos? Creemos que no. Nuestras suposiciones tienen
apoyo en la violenta lucha que se generó en torno al funeral
de Sebastián Acevedo.
El funeral de Sebastián Acevedo
Obviamente, dadas las fuerzas en juego, el velorio y el
sepelio de Sebastián Acevedo debían convertirse en importante
símbolo, a la vez comunitario y político. Debido a la algidez
alcanzada en la zona por la Protesta Nacional, para comunistas,
miristas y socialistas agrupados en el Movimiento Democrático
Popular, el funeral se transformaba naturalmente en símbolo
para mostrar a la colectividad nacional su presencia continua,
su voluntad de supervivencia a pesar de la terrible represión
sufrida en la zona y su capacidad organizativa para seguir resistiendo y combatiendo, en idéntica medida en que su camarada
Sebastián Acevedo había estado preparado para inmolarse por
sus hijos y sus convicciones cristianas y marxista-leninistas.
Para las Fuerzas Armadas el funeral era símbolo de una
historia que debía ser reprimida y condenada al olvido de lo
sin trascendencia. Para ello diseñaron una estrategia múltiple:
aislar la ciudad de Coronel para que no pudieran converger
allí las multitudes que querían rendir homenaje al mártir; amedrentar sistemáticamente a la población del lugar para que se
mantuviera alejada de las ceremonias; coordinar maniobras de
provocación entre el Cuerpo de Carabineros y agentes de los
diferentes servicios de seguridad militar y el CNI infiltrados
entre las multitudes; permitir en la Región del Bío-Bío una información velada de los desmanes policiales en torno al velorio
y el sepelio e impedirlos en el resto del país.
Esta lucha se inició el sábado 12 de noviembre con una
297
misa en la Catedral de Concepción, dirigida por su Obispo,
Alejandro Goic, la cual coincidió con el envío de los restos
de Sebastián Acevedo a Coronel en una carroza. Frente a la
Catedral se reunieron pacíficamente más de dos mil personas
que rodearon el vehículo. Oraron por el sacrificado e instalaron
innumerables pancartas que pedían la disolución de la CNI
y la excomunión de los torturadores y del general Pinochet.
Grupos cantaban la consigna "Se va a acabar, se va a acabar,
esa costumbre de matar".
En el interior de la Catedral escucharon una emocionante
homilía sobre el compromiso de la Iglesia en la defensa de los
Derechos Humanos. La homilía de Monseñor Goic daba a las
ceremonias relacionadas con la muerte de Sebastián Acevedo
el inevitable significado político que la autoridad militar quería
impedir y borrar: "Nuestra misión es anunciar la buena nueva
de Jesucristo con todas sus consecuencias, es decir, que el hombre es sagrado, que el hombre merece el respeto y la dignidad.
La Iglesia también le dice a sus fieles, y yo les digo a ustedes,
que tienen el legítimo derecho a tener opiniones diferentes
frente a la cosa pública. Ningún obispo, ningún sacerdote les
va a decir ni tiene derecho a decirles que ustedes tienen que
militar en tal o cual agrupación, favorable u opositora a este
sistema o al que pueda venir el día de mañana. Ustedes los laicos y los cristianos son libres para elegir aquel sistema o aquel
proyecto social que más los interprete. Hay algunos criterios
para los cristianos, eso sí, que es el proyecto de dirigirse a las
grandes mayorías, a los pobres, porque así lo hizo Jesús. Es
muy probable que entre los que están aquí esta mañana nos une
una cosa por sobre todo, que es la fe en Jesús, aunque haya
diferentes opciones políticas, diferentes opciones frente a lo
que pasa. Pero lo que sí está claro, mis hermanos, lo que está
absolutamente claro, es que ningún cristiano, ningún católico
puede aceptar que se pisotee la dignidad del hombre. Allí sí
que tenemos que estar de acuerdo los que estén a favor o en
contra de este gobierno o del que pueda venir mañana. Nada ni
nadie nos puede apartar de la lucha apasionada por defender la
sagrada dignidad del hombre, aunque ese hombre sea el peor
de los delincuentes de este mundo, aunque tenga una ideología
298
que entre en contradicción con la mía; es un hombre, un hijo
de Dios y por eso merece nuestro respeto".
Sin duda estas severas amonestaciones no estaban dirigidas únicamente a la acción de los militares, sino también
a los partidos marxista-leninistas del Movimiento Democrático Popular. Además de la expresión de un punto de vista
ideológico, es también posible encontrar en esas palabras la
necesidad de la Iglesia de mostrar públicamente una imagen
de independencia frente a los actores políticos del momento
inmediato, ya que la autoridad militar había estado reiterando
su preocupación de que el funeral fuera "usado políticamente".
En realidad, la aplicación del criterio más mínimo de objetividad hace imposible pensar que hubiera habido otra alternativa
de interpretación de los hechos que ocurrían más allá y fuera
de lo político: el sacrificio mismo y su impacto posterior en la
colectividad nacional eran ya de naturaleza ineludiblemente política. Por lo tanto, esa reiteración no podía sino ser interpretada
como un anuncio de que la autoridad militar estaba dispuesta
a aplicar todo su rigor a las manifestaciones. Esto, a su vez,
podría explicar la reacción de Monseñor Alejandro Goic a la
huelga de hambre indefinida que se declaró al mediodía de ese
sábado. Inmediatamente antes de la misa, dieciséis personas,
familiares de personas detenidas, ocuparon la Catedral y declararon la huelga, exigiendo que fueran puestas a disposición
de los tribunales de justicia, haciendo frecuentes comunicados
de prensa denunciando la continua hostilización de la familia
Acevedo por elementos policiales, pidiendo el cese de la represión y llamando a la ciudadanía a participar en los funerales de
Sebastián Acevedo. Monseñor Goic manifestó públicamente su
desacuerdo a través de un comunicado oficial del Arzobispado:
"A través de los dos vicarios informantes dejé constancia de mi
desacuerdo con esta acción que se pretendía iniciar". Quizás
pensaba que esa acción estaría recargando una situación ya de
sí tensa, atrayendo sobre la Iglesia ataques de parcialismo por
parte de la autoridad.
Desde el anochecer del sábado 12 de noviembre se inició
el plan represivo concertado por el Cuerpo de Carabineros y
la CNI. Carabineros de la Tenencia de Coronel comenzaron,
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temprano en la tarde, a controlar la entrada al pueblo mediante
un puesto de interdicción instalado en la avenida principal de
ingreso. Además, buses de Carabineros con personal especializado en control de disturbios masivos estuvo patrullando la localidad. Ya desde la noche anterior había aumentado el número
de amedrentamientos en Coronel. Desconocidos habían estado
haciendo disparos en la oscuridad cerca de las poblaciones.
Individuos no identificados cometieron actos sacrílegos contra
tres iglesias de mineros y contra sacerdotes y monjas.
A las 19:30 del domingo 13 de noviembre, en la parroquia de Villa Mora Monseñor Alejandro Goic ofició una misa
de desagravio por los sacrilegios sufridos por las iglesias y
los amedrentamientos de sacerdotes y monjas. En la capilla
adyacente se velaban los restos de Sebastián Acevedo. La misa
fue escuchada o presenciada por alrededor de mil quinientas
personas. Las que no cupieron en el recinto se congregaron en
los jardines de la iglesia y fuera de ella, en la Avenida Manuel
Montt. Terminado el oficio, el obispo volvió a Concepción a
las 21:15.
Quince minutos más tarde, hacia las 21:30, frente a la
parroquia todavía quedaban congregadas pacíficamente ciento
de personas, especialmente jóvenes, niños y mujeres. Un furgón
de Carabineros pasó tres veces ante ellos, de una manera que
la gente estimó provocativa; le comenzaron a gritar consignas
en contra del gobierno. Al parecer, alguien lanzó piedras. Más
adelante, el cura párroco, Bernard Hurault, declararía que "hay
provocadores que pretenden crear estos enfrentamientos. Aquí
ha habido algo muy planificado, porque no es nuestra gente,
ni tampoco quienes gritan consignas contra el gobierno los que
generan estos hechos. Se trata de algo muy planificado, con
gente infiltrada. Ya no es la primera vez que ocurre".
Una tropa de policías bajó de un bus estacionado a corta
distancia y arremetió contra el grupo. No se detuvieron cuando los fugitivos buscaron refugio en el interior de la iglesia,
cuyos portones encontraron cerrados. En la capilla, alrededor
de cientocincuenta personas oraban, rendían sus respetos al
cuerpo de Sebastián Acevedo y daban sus condolencias a la
familia. Los Carabineros rodearon la iglesia, subieron al techo,
300
rompieron los vidrios de los ventanales y lanzaron entre ocho
a diez bombas lacrimógenas al interior de la capilla. Simultáneamente la luz se apagó. El recinto de la capilla no es muy
grande. Ciertamente la cantidad de gas acumulada tenía que
causar efectos devastadores. Se produjo el pánico general. Tumultuosamente el público corrió despavorido a las salidas para
escapar o respirar aire puro. Carabineros entraron violentamente
a la capilla y lanzaron más bombas de gas, ahora contra las
mujeres que se habían refugiado en la iglesia, que desde el
interior está comunicada con la capilla. En la oscuridad hubo
caídas serias, cuerpos pisoteados y cortados por los vidrios,
gente arrodillada vomitando, gran número de resbalones por
la sangre derramada y los vómitos. Un bebé estuvo a punto
de morir de asfixia. Un número de personas intentaron subir al
segundo piso de la parroquia, pero los Carabineros que estaban
en el techo también lanzaron allí sus bombas lacrimógenas. La
urna de Sebastián Acevedo se desplomó estrepitosamente y se
abrió, su cuerpo cayó fuera; las coronas y flores que lo rodeaban fueron desparramadas y pisoteadas en gran desorden. Una
de las hijas de Sebastián Acevedo tuvo un shock nervioso. A
todo esto, Carabineros ya había acordonado el edificio; mientras algunos policías esparcían más gas con mangueras, otros,
apostados en las salidas, hicieron arrestos y disparos contra
quienes escaparon por el sitio ubicado detrás de la iglesia. Un
joven deportista que en esos momentos pasaba por la calle
cayó herido de bala.
Al día siguiente, a las 11:30 del lunes 14, día del sepelio,
Monseñor Goic pidió una entrevista con el Intendente Regional, general Eduardo Ibáñez, a la que fue acompañado por el
vicario diocesano, René Inostroza. Su propósito fue exponer a
la autoridad su preocupación por la violencia que se estaba desatando. Sin duda le preocuparía todavía más que en el sepelio,
que tendría lugar a las 16:00, ella pudiera hacerse incontrolable.
Con el objeto de pacificar los ánimos, le solicitaron al Intendente que los detenidos en manos de la CNI fueran puestos a
disposición de los Tribunales a la brevedad posible. A juzgar
por las declaraciones que ambas partes hicieron inmediatamente
después a la prensa, su intercambio de opiniones fue muy tenso,
301
pues ambos hicieron duros cargos. Al parecer, el general Ibáñez
cuestionó la misa oficiada inmediatamente antes del disturbio,
en lo que él, sin duda, vio una relación de causa y efecto. De
allí que el primer punto tocado por Monseñor Goic ante los
periodistas que esperaban a la salida haya sido una explicación
aclaratoria de la razón de esa misa: "La misa que oficié estaba
programada con antelación, era por desagravio a la violación
de varios templos y ataques a sacerdotes, religiosas y laicos. La
misa fue normal y después hubo lamentables sucesos. Al señor
Intendente le manifestamos nuestra preocupación y le pedimos
medidas de seguridad para esta tarde, para que los restos de
Sebastián Acevedo puedan encontrar cristiana sepultura".
El general Ibáñez obviamente objetó la versión de los
sucesos dada por la Iglesia, dando credibilidad al informe del
coronel prefecto de Carabineros de Concepción. Este declaró
que "efectivamente Carabineros actuó anoche en Coronel para
disolver a la gente que estaba en la misa y que salió a la calle
para tratar de iniciar un desfile [...] hubo, incluso, una entrevista
previa entre la gente que hacía de cabeza entre los manifestantes con el comisario, mayor Berríos, y ante la negativa el
comisario sufrió una lesión en la cabeza al recibir una pedrada.
Se hizo uso de disuasivos químicos y muchos manifestantes
huyeron hacia la parroquia, pero no se disparó al interior. No
lo hemos hecho en Concepción donde han ocurrido incidentes
mayores, menos lo habríamos intentado en este caso. La gente
entró en tropel hacia la iglesia, pero no se lanzaron disuasivos al interior". El prefecto alegó que el joven herido había
recibido una pedrada y no una bala. De allí que el Intendente
dijera: "Aquellas cosas que se dicen tan directamente no pasan
de ser subjetivas. Pero a raíz de esto, pedí que no se hiciera
aprovechamiento político por parte de la Iglesia y de algunos
interesados. Monseñor prometió que no lo va a haber de parte
de ellos. Aseguré que aunque hubiese gritos, en contra de autoridades o determinados organismos, Carabineros se mantendría
alejado en lo posible". El general Ibáñez fue mucho más claro
en su opinión de que la Iglesia estaba haciendo uso sedicioso y
propagandístico de los sucesos en connivencia con otros "interesados" al llamar la atención sobre el artículo 149 del Código
302
Sanitario, el cual prohibe que un cadáver esté insepulto más
de 48 horas, salvo lo estime conveniente el Servicio Nacional
de Salud: "Consideramos nosotros que se ha hecho un aprovechamiento de esto, desgraciadamente. El día domingo no daba
muchos dividendos enterrar en las condiciones en que [Sebastián
Acevedo] se quitó la vida".
Por su parte, dada la airada reacción del general, Monseñor Goic parece haberle sugerido que estaba perdiendo el
control de sus subordinados. La reacción del general Ibáñez
hace transparente su enojo: "Le di mi manera de pensar, y la
he mantenido siempre, por más de 33 años, seis trabajando en
el gobierno del interior (primero gobernador, ahora intendente).
Soy enemigo declarado de la tortura, totalmente declarado,
y del abuso de autoridad, y hay constancia. Ustedes pueden
testificarlo, si lo desean, de la cantidad de veces que he tenido
que actuar cuando se han aplicado normas que no son las que
no corresponden".
Lo asistentes al funeral convergieron a Coronel desde
tempranas horas de la mañana del día lunes. Llegaron delegaciones sociales, sindicales y gremiales de la zona –Concepción,
Lota, Chiguayante, Penco, Talcahuano–, de más al sur –Cañete,
Curanilahue, Valdivia–, y de Santiago. Innumerables grupos
tuvieron dificultad para entrar a la ciudad, dado que Carabineros detuvo el tránsito y lo desvió. Un individuo desconocido,
que fue calificado como "de aspecto raro", llegó a casa de la
familia Acevedo a tempranas horas de la madrugada con la
falsa noticia de que Carabineros habían intervenido por segunda vez en la capilla de la parroquia y se habían llevado el
ataúd. Esto obligó a los familiares a permanecer el resto de la
noche haciendo guardia a las puertas de la iglesia. A las seis
de la mañana retornaron a su hogar. Ya a esa hora se estaba
congregando gente para el sepelio.
A las 16:00 comenzó la misa por el alma de Sebastián
Acevedo. En parte de su prédica Monseñor Alejandro Goic,
refiriéndose al inmolado, dijo: "¿Cuál era, mis hermanos, su
angustiosa pregunta y búsqueda? ¿De qué se acusaba a sus
hijos? En su larga, dolorosa y ejemplar agonía de fe, esperanza
y amor le manifestó a un médico que quería saber de sus hijos.
303
Si habían hecho algo negativo que los juzgaran los tribunales y
que si hubiera culpa que el castigo fuera justo y que el juicio
fuera corto. ¿Puede pedirse algo más honesto y justo que esto?
Sin embargo, no hubo respuesta. El silencio y sólo el silencio
que aumentaron su angustia y su dolor de padre amante y sacrificado. Y en esas circunstancias brota su decisión. Motivada
por amor, quiere dar la vida por sus hijos, por aquellos que más
ama. ¿Cuál era su honda intención? ¿Su profunda motivación?
Nos parece ver un gesto heroico de amor. Pero dejemos a Dios
–que penetra las profundidades del corazón humano– el juicio
definitivo. Nosotros recogemos con emoción las palabras que
le dirigió al hermano sacerdote que le confortó en la fe y en la
oración. Así dijo Sebastián, yacente, sacrificado e inmolado por
querer saber, por el derecho a la verdad: "quiero que la CNI
devuelva a mis hijos... quiero que la CNI devuelva a mis hijos...
Señor, perdónalos a ellos y también perdóname a mí por este
sacrificio" [...] Ya pueden llevarme a la cárcel, que nosotros les
seguiremos amando. Ya pueden lanzar bombas contra nuestras
casas, amenazar a nuestros hijos, que les seguiremos amando
a pesar de todo. Ya pueden mandar mercenarios a nuestra vivienda a medianoche para que nos den una paliza y nos dejen
medio muertos, que les seguiremos amando. Y estén seguros
que con nuestra capacidad de sufrimiento triunfaremos sobre
ustedes. Algún día lograremos la libertad. Pero no la habremos
ganado sólo para nosotros. Seguiremos apelando a su corazón
y a su alma hasta conquistarles. Y entonces nuestra victoria
será doble".
El cementerio de Coronel dista aproximadamente dos
kilómetros de la parroquia de Villa Mora. La mayor parte
del recorrido es a través de una avenida relativamente ancha,
Manuel Montt. Sin embargo, el acceso al cementerio mismo
es difícil porque está ubicado en un alto cerro que domina la
bahía. El movimiento hacia el lugar fue de gran lentitud, por
ese motivo y por el hecho de que se congregaron entre veinte
y veinticinco mil personas en la procesión misma, además de
las muchedumbres que miraban desde las aceras, llenaban las
intersecciones de las calles y se instalaron en los techos de las
casas, sobre muros y en segundos pisos. Agentes de la CNI se
304
mezclaron en el desfile. Algunos de ellos fueron reconocidos
y se les enrostró su conducta. Carabineros se mantuvo a la
distancia.
Junto a la tumba hablaron representantes de trabajadores
mineros, del Movimiento Democrático Popular, del Comité de
Defensa de los Derechos del Pueblo, de la Coordinadora Regional Sindical y del Sindicato de la Construcción, al que Sebastián
Acevedo había pertenecido. Se leyeron mensajes de la junta de
vecinos del barrio Pedro de Valdivia, en que vive la familia
Acevedo. Nadia Acevedo habló en nombre de la familia: "Recordó el pasaje bíblico del pastor que por ir a buscar una oveja
dejó otras noventa. Seguidamente puntualizó que "yo no lloro,
porque mi padre nos había dicho que si moría no lloráramos
por él. Yo tengo que ser fuerte para acompañar en el dolor a mi
madre. Tengo que ser fuerte para luchar por la libertad de mi
hermano aún detenido. Tengo que ser fuerte para defender a mi
hermano Jorge Luis que se encuentra amenazado de muerte. Y
tengo que ser fuerte para cuidar de mi hermana María, a quien
dejaron hecha una huila. Debo luchar por todos ellos y por eso
les pido calma. No queremos que nos hagan más daño". A las
18:15 el ataúd fue bajado a la tumba, los asistentes cantaron
la Canción Nacional y comenzaron a dispersarse.
Hacia las 19:00 aproximadamente quinientas personas
marcharon hacia el centro de Coronel gritando contra el gobierno, siendo atacados por Carabineros con bombas lacrimógenas
y golpes. Los manifestantes contestaron lanzando piedras y
otros objetos. Las confrontaciones con la policía continuaron
hasta la madrugada del martes 15. Los manifestantes levantaron
barricadas en los caminos y detuvieron el tránsito.
En Santiago la prensa casi no informó del asalto policial
a la Parroquia de Villa Mora. Sólo hay una reseña del funeral
publicada en La Tercera de la Hora por el corresponsal Mario
Aravena. Desde el miércoles 16 de noviembre, en esa ciudad
predominaron las notas con información sobre los cargos oficiales contra María Candelaria y Galo Fernando por pertenecer
a una célula terrorista del Partido Comunista que habría infringido la Ley N° 12.927 de Seguridad del Estado y la Ley No
17.798 sobre el Control de Armas. La Dirección Nacional de
305
Comunicación Social del Estado publicó un largo comunicado
de prensa para ese efecto, el cual fue desmentido por Galo
Fernando desde la cárcel.
Al parecer por los efectos de esta conmoción, la CNI
suspendió momentáneamente sus operativos en la región del
Bío-Bío. El comando especial parece haber sido retirado. Por
más de veinte días después del funeral los enfrentamientos
continuaron en la plaza de Coronel. En el lugar de la inmolación de Sebastián Acevedo grupos de personas continuaron
prendiendo velas y depositando flores todos los viernes, por más
de cuatro meses. Hasta hoy lo continúan haciendo, reafirmando
la conversión del lugar en santuario popular. Informalmente la
cuadra en que ocurrió la inmolación ha sido bautizada Paseo
Sebastián Acevedo. El 30 de noviembre de 1983, a su vuelta
de las conferencias de prensa dadas en Santiago por María
Candelaria y su madre en la Comisión Chilena de Derechos
Humanos, la joven fue detenida. Permaneció en prisión hasta
el 5 de febrero de 1985, sin que existieran cargos contra ella.
Las causas contra María Candelaria y Galo Fernando todavía
estaban en trámite hacia comienzos de 1986. Hay información
de que ellas han sido revistadas en Santiago por la autoridad
judicial superior y las condenas a prisión propuestas han sido
elevadas considerablemente.
Sebastián Acevedo y el Movimiento Contra la
Tortura
Los diferentes aspectos revistados hasta ahora permiten
concluir que la adopción del nombre "Sebastián Acevedo" por
el grupo de protesta contra la tortura, anteriormente formado
en la ciudad de Santiago, correspondió estrechamente con su
propia praxis y con su espíritu crítico. A través de las entrevistas
personales hechas a miembros del MCTSA, se nos reiteró la admiración sentida por este padre que tuvo la entereza moral para
unir pensamiento y acción hasta sus últimas consecuencias en la
recuperación de sus hijos. Según este juicio, el gran problema
que ha prolongado la dictadura, la represión y la violación de
los Derechos Humanos en Chile ha sido la incapacidad de los
306
ciudadanos progresistas precisamente para efectuar esa unión,
a pesar de las muchas palabras a veces gastadas en la mera
denuncia. Diferentes partidos de oposición, la Iglesia Católica
misma, individuos afectados directamente por la represión, ya
sea personalmente o a través de un familiar cercano, no han
logrado reunir la fortaleza moral para actuar decisivamente en
la oposición, aun a costa del sacrificio de la vida. Se asevera
que si esto ocurriera, el régimen militar no tendría ni las balas
suficientes ni el ánimo para enfrentarse a masas que exigen el
respeto de su dignidad humana. Por tanto, la propia acción ritual
no violenta de los miembros del MCTSA asume un carácter
profético, según el lenguaje cristiano frecuentemente empleado,
por cuanto denuncia las violaciones de los Derechos Humanos,
urge las conciencias de los pusilánimes y muestra un camino
más hacia la redemocratización de Chile mediante el sacrificio
de quienes se someten pacíficamente a la represión para manifestar su rechazo de la tortura.
Esta lógica ha creado condiciones favorables para un
mejor entendimiento, respeto e, incluso, una evidente admiración
mutuas entre militantes activos de los partidos marxista-leninistas del Movimiento Democrático Popular y los miembros
cristianos del MCTSA. Estos militantes, comunistas, miristas y
socialistas, ya hace tiempo tienen solucionada la contradicción
entre palabra y acción, desde el momento mismo en que asumen
una identidad marxista-leninista en condiciones de represión
máxima. Por su parte, muchos de los cristianos –religiosos y
laicos– del MCTSA tienen una larga experiencia testimonial
de trabajo de servicio social en los sectores poblacionales más
azotados por la represión y la miseria causada por las políticas
económicas neoliberales. En diferentes ocasiones durante nuestro trabajo esos militantes se refirieron, con una gran carga de
emoción en sus voces y en sus rostros, al conmovedor espectáculo de valentía mostrado por sacerdotes, monjas y cristianos
laicos apaleados, maltratados, vejados y mojados violentamente
por la policía, que no se retiran de las manifestaciones del
MCTSA y siguen allí para enfrentar la represión, a veces de
rodillas y rezando un Padrenuestro. Por su parte, estos cristianos
defienden vehementemente la entereza y el valor moral y huma307
no de los militantes que actúan concretamente, aun mediante la
violencia, por sus ideales. Ese entendimiento, ese respeto y esa
admiración hacen de Sebastián Acevedo una figura profética de
los cambios ideológicos que parecen estar gestándose dentro de
la Iglesia Católica que sirve en las poblaciones de las grandes
ciudades chilenas.
Hasta el golpe militar de septiembre de 1973 existían
causas concretas para el distanciamiento de la Iglesia por parte de militantes y simpatizantes de izquierda. Tanto la Iglesia
como los partidos marxista-leninistas hacían énfasis en las
incompatibilidades ideológicas de la religión y del materialismo dialéctico e histórico. Por otra parte, estaba la inevitable y
real imagen de asociación de la jerarquía de la Iglesia con los
contrincantes de la Unidad Popular, la Democracia Cristiana y
diferentes sectores de derecha. De manera que, hasta entonces,
la búsqueda visible de un acercamiento al parecer provenía
esencialmente de los cristianos y no de los marxistas. Esto queda demostrado con el movimiento Cristianos por el Socialismo,
iniciado por sacerdotes y monjas, que surgió en 1971 para dar
apoyo directo al gobierno de la Unidad Popular. Basados en
los principios de la Teología de la Liberación, estos religiosos
formaron filiales a través de todo Chile y publicaron boletines
mensuales, artículos y panfletos para comentar y justificar teológicamente la participación directa de los cristianos en apoyo
de la transición al socialismo.
Sin embargo, desde septiembre de 1973 en adelante, las
estructuras de la Iglesia ofrecieron tanto a militantes como a
cristianos simpatizantes de los partidos de izquierda la oportunidad de trabajar por la defensa de los Derechos Humanos y
la prestación de servicios asistenciales en torno al Comité de
Cooperación por la Paz en Chile, la Vicaría de la Solidaridad y
las comunidades de base organizadas en las parroquias de trabajadores. A través de estas comunidades se ha realizado un trabajo simultáneo de catequesis y solidaridad social. Los "comités
de ayuda fraterna" –cocinas comunitarias, centros juveniles, de
madres y de cuidado de infantes, bolsas de cesantes, comités
de compra de vituallas– son dirigidos a veces por las mismas
personas que tienen a su cargo el entrenamiento de personas
308
para la enseñanza del catecismo, los estudios bíblicos y los
grupos de reflexión y oración. La influencia laica en las bases
de la Iglesia Católica se ha ampliado significativamente, en
circunstancias en que la institución no contaba con los recursos
humanos para llevar a cabo las reformas pastorales propuestas
por el Concilio Vaticano II y las Conferencias Episcopales
Latinoamericanas de Medellín y Puebla: descentralización de
la estructura de las parroquias, promoción de pequeñas comunidades vecinales para el culto, fomento de la participación de
mujeres y laicos en puestos de dirigencia, experimentación con
nuevas formas de evangelización entre el proletariado.
En este panorama, una figura como la de Sebastián Acevedo podría ser interpretada como un movimiento inverso en el
acercamiento cristiano/marxista-leninista. Si es que este padre
tiene significación social de mayor trascendencia que su propia
individualidad, ahora este acercamiento proviene de marxistaleninistas, aunque, en realidad, para él la cuestión no parece
haber sido un problema asumido como intelectual, sino como
personaje del pueblo que vivió esa síntesis de acuerdo con la
tradición sincrética del cristianismo popular. Y, en realidad,
existe evidencia de que Sebastián Acevedo representa, más allá
de su individualidad, una tipología social. Estudios sociológicos hechos en poblaciones de Pudahuel, en Santiago, por la
Vicaría Oeste del Arzobispado de Santiago, hablan de que un
37% de los entrevistados tenían una orientación política hacia
el socialismo. Se los describe del siguiente modo: "Proporcionalmente [son] más [numerosos los] hombres. En su mayoría
tienen más de 41 años aunque también se concentran entre los
31 y 40 años de edad. Son principalmente asalariados o bien
trabajadores por cuenta propia inestables ("peloteros"). Principalmente se concentran aquí los de más baja escolaridad: no
más allá de la enseñanza básica. Participan, en términos proporcionales, mucho en organizaciones sindicales; luego lo hacen
en organizaciones solidarias y centros de padres. Algunos de
ellos participan en la comunidad cristiana. No están de acuerdo en que se discrimine socialmente por escuelas para ricos y
escuelas para pobres. Piensan que en Chile no existe la justicia
porque ésta está con el gobierno o favorece a los poderosos.
309
Sus aspiraciones fundamentales son el perfeccionamiento moral
y, en general, el futuro de sus hijos".12 Aquí nos encontramos
con trazos que perfilan la personalidad de Sebastián Acevedo,
en la forma en que hemos llegado a conocerla y exponerla en
este estudio. Sin duda el inmolado, tan igual como en su sacrificio, llevó adelante ese perfil hasta sus últimas consecuencias,
puesto que su conciencia política y moral lo llevó a la fusión
de cristianismo y marxismo-leninismo.
A nivel popular, es del todo probable que esa fusión responda a tendencias de una religiosidad no purificada ni aceptada
por la teología católica oficial, aunque sí por la Teología de la
Liberación. No cabe duda, sin embargo, que responde tanto a
necesidades espirituales como a la de encontrar una identidad
para una rebelión que conduzca a la recuperación de la dignidad entre los sectores más desposeídos de los habitantes de
poblaciones marginales. De ello existen estudios que tienden a
reforzar la noción de que Sebastián Acevedo es más bien una
figura típica que emerge de lo popular y no una figura cuyo
mensaje se agota en su individualidad. En esto, según veremos
inmediatamente, la figura de Sebastián Acevedo alcanza reverberaciones sacrificiales de gran impacto social, aún mucho más
amplias dentro de la historia chilena reciente.
Eduardo Valenzuela, en La rebelión de los jóvenes,13
estudio sociológico de la juventud en esas poblaciones, señala
el significado casi religioso que ha tomado entre esos jóvenes
la memoria de Salvador Allende, el otro gran mártir surgido de
septiembre de 1973: "... el peso de las masas populares excluidas del empleo y de la participación política se ha redoblado:
terreno propicio e ineludible para la reaparición del radicalismo
político, vale decir, para la crítica global de las instituciones. Es
cierto que se ha tenido la precaución suficiente para conservar
y fortalecer la alianza entre las masas marginalizadas y el poder sindical (y el rol que ha jugado la dirigencia sindical en la
movilización social así lo confirma). No obstante, el peso que
han adquirido los jóvenes desproletarizados en la lucha social
es un signo del nuevo carácter que asume la movilización política, cuya tendencia hacia el radicalismo se acentuará día a día
mientras perduren la condiciones de opresión y exclusión que
310
la han hecho surgir [...] Esta disposición hacia el radicalismo
entre los jóvenes se expresará, antes que por la adhesión a liderazgos institucionales, por la reaparición de un mito sacrificial
como principio de identidad: el allendismo [...] La paradoja del
allendismo es extraordinaria. Fue el dirigente más representativo de la izquierda institucional; para los estudiantes radicales
del setenta, el símbolo de la política tradicional, parlamentaria
y constitucionalista. Aquella generación fue militantemente
antiallendista. El carisma histórico de Allende, sin embargo,
proviene de su muerte trágica, de sus últimos momentos. Hoy
Allende es un símbolo épico, reforzado por la censura y la
persecución que el gobierno militar ha hecho de su memoria.
Para una generación que no conoce las formas institucionalizadas de participación y representación, la epicidad de Allende
es atributo adecuado: es la dignificación a través del combate,
aun con el riesgo de la derrota y de la muerte. Esta dimensión
sacrificial del allendismo está contenida plena y dramáticamente
en la consigna que los jóvenes más radicales gritan por doquier:
"Morir, luchando, de hambre ni cagando".
Luego Valenzuela agrega términos que, indirectamente,
a través de la mitificación popular de la figura de Salvador
Allende, iluminan aún más el significado político del sacrificio
de Sebastián Acevedo: "El allendismo juega un papel central:
funda (o refunda) a través del sacrificio colectivo la noción
de "pueblo". Esta lógica sacrificial, desde luego, no se realiza
sólo a través de la invocación del nombre de Allende, sino
que se actualiza en la representación cotidiana de la muerte,
tan intensamente presente en el curso de las movilizaciones
sociales del último tiempo. El sacrificio funda, en efecto, los
valores y la identidad, pero lo hace fuera del mundo de las
instituciones sociales. La pretensión de las sociedades modernas
fue, por el contrario, eliminar el sacrificio, y más exactamente
introyectarlo o privatizarlo: eliminar la representación colectiva
de la muerte, de la incertidumbre y la desintegración. Tal es
justamente la función que cumplen las instituciones sociales:
definen el sentido que constituye el orden social y evitan la
anomia, cuya expresión máxima es, sin duda, la presencia de
la muerte. Existen momentos, sin embargo, en que el mecanismo de las instituciones falla por completo: son incapaces
311
312
El Movimiento Contra la Tortura
Sebastián Acevedo
en la cultura nacional chilena
313
314
de cumplir esta función "nómica", de establecer los sentidos
apropiados y de eliminar la incertidumbre y el caos. Este es
el momento en que la representación sacrificial se restituye
como experiencia colectiva".14 De acuerdo con esto, Salvador
Allende, el socialista, y Sebastián Acevedo, el comunista, podrían quedar estrechamente ligados en el acercamiento con los
cristianos dentro de un posible universo simbólico renovado por
la comunidad histórica chilena, en la medida en que el pueblo
lucha por la redención de su dignidad mediante personas-símbolos cuyo sacrificio rememora el de Cristo, fundiendo así la
necesidad política con la religiosa.
Situaciones como esta han llevado a Brian Smith, investigador de los desafíos que debe enfrentar la Iglesia Católica
chilena en el presente, a comentar: "Por lo tanto, a la vez que
la Iglesia chilena ha hecho significativos avances desde el
golpe de Estado en el refuerzo de sus compromisos entre los
sectores pobres de la población que anteriormente tenían poco o
ningún contacto con la Iglesia, hay problemas formidables que
todavía quedan por resolver. La utilización masiva de laicos y
monjas para implementar la mayoría de los nuevos programas
sociales y religiosos patrocinados por la Iglesia entre los grupos
de ingresos bajos está generando nuevas actitudes sociales y
religiosas a nivel de base en la institución que no corresponden
con las políticas oficiales de la cúpula jerárquica. A menos que
se desarrollen métodos de planificación y evaluación junto con
canales de comunicación más adecuados, probablemente surgirán serias tensiones entre la jerarquía y los dirigentes locales
especialmente cuando la represión general decrezca. Una nueva
Iglesia se está claramente formando a nivel de las bases. Para
que los obispos puedan guiarla efectivamente en el futuro, deberán afrontar su vitalidad y sus frustraciones de manera más
honesta de lo que lo han hecho hasta ahora".15
in Modern Christianity". Sacrifice, M.F.C. Bourdillon and Meyer Fortes, eds.
(London: Academic Press, 1980) p. 129. Las traducciones son nuestras.
4 Ibid., p. 128.
5 S.W. Sykes, "Sacrifice in the New Testament and Christian Theology"
Sacrifice, p. 76.
6 Con el propósito de establecer sucintamente un criterio de corroboración,
señalamos que toda referencia o cita tomada de periódicos o radios usada
en esta segunda parte proviene de las fuentes mencionadas durante la discusión.
7 Ralph L. Rickgarn, The Issue is Suicide (Minneapolis: University of Minnesota, 1983).
8 Henri Hubert and Marcel Mauss, Sacrifice: Its Nature and Function (Chicago: The University of Chicago Press, 1964) La traducción del inglés es
nuestra.
9 Cristian Parker Gumucio, Wenceslao Barra Carmona, Marco Antonio Recuero del Solar, Pablo Sahii Illanes, Rasgos de cultura popular en poblaciones
de Pudahuel, mimeo (Santiago de Chile: Arzobispado de Santiago, Vicaría
Zona Oeste, 1981) p. 71.
10 Augusto Pinochet Ugarte, El día decisivo, 11 de septiembre de 1973
(Santiago de Chile: Editorial Andrés Bello, 1979) pp. 24 y 29.
11 Augusto Pinochet Ugarte, Repaso de la agresión comunista a Chile (Santiago de Chile: Diario La Nación, 1986) p. 32.
12 Cristian Parker, et al., op. cít., p. 252.
13 Eduardo Valenzuela, La rebelión de los jóvenes (un estudio de anomia
social) (Santiago de Chile: Ediciones Sur, Colección Estudie Sociales, 1984)
pp. 115-116.
14 Ibid.
15 Brian Smith, The Church..., op. cit., p. 345. Toda traducción de citas
de esta obra es nuestra.
NOTAS
1 Para un panorama general, ver: Th. P. Van Baaren, "Theoretical Speculations
on Sacrifice". Numen, IX, January, 1964, pp. 1-12.
2 E.E. Evans-Pritchard, Chapter 8, Nuer Religión (Oxford: Clarendon Press,
1956).
3 S. Barrington-Ward and M.F.C. Bourdillon, "Poscript: A Place for Sacrifice
315
316
En conclusión, las denuncias, las presentaciones y declaraciones públicas, los símbolos, mitos y rituales del MCTSA
proponen que las condiciones mínimas para reconstruir un
universo simbólico de recongregación nacional están en la
sacralización del cuerpo humano individual como proyección
significativa del cuerpo social colectivo. En este sentido, el
cuerpo sufriente del torturado sirve de núcleo de ese universo
simbólico para llamar proféticamente a la nacionalidad a que
se reconozca en él y luche por la promoción de los Derechos
Humanos a partir de un respeto fundamental por la materia
corporal. Esta es ofrecida como concreción de un prolongado
trabajo histórico de la humanidad en la construcción de valores
intransables e impostergables, ubicados más allá de toda diferenciación de clases, competición, debate y conflicto político.
La posibilidad efectiva de tal modo de recongregación nacional
quedó demostrada en la inmolación de Sebastián Acevedo.
Con este párrafo inicial, la parte final de nuestro trabajo
enfila hacia una sumatoria de los argumentos desarrollados en
el análisis del material recolectado. Normalmente este tipo de
recapitulación tiene un sentido descriptivo, en que se demuestra
algún grado de comprobación de las hipótesis planteadas en
la Introducción. Sin embargo, la motivación que nos animara
a emprender este trabajo no tenía un sentido exclusivamente
empírico, sino también interpretativo. En esa Introducción explicábamos que el eje propuesto para la interpretación está en
las implicaciones del MCTSA dentro del proceso más vasto de
reconstrucción de la cultura nacional, entendida ella como un
proyecto económica, social y políticamente integrativo de las
mayorías ciudadanas mediante la elaboración de un universo
simbólico que provee referentes ideológicos adecuados a sus
objetivos. No obstante, dada la magnitud del tema propuesto,
en circunstancias en que la intelectualidad chilena labora arduamente por encontrar un mínimo de certidumbres en medio de
las complejidades de la presente crisis cultural, quizás el paso
de lo empírico a lo interpretativo en los términos que nos son
necesarios podría tomar visos de arrogancia. Pero, por otra parte, no se puede desconocer que para alcanzar esas certidumbres
317
es preciso recolectar las verdades pequeñas y tentativas que
puedan descubrir los individuos, según lo han demostrado los
participantes en el MCTSA.
¿Cómo resolver este dilema? Intuimos que la solución no
está en dar a estas conclusiones la categoría de interpretación,
sino la de captación de una problemática de importancia para
una discusión colectiva, precisamente a partir de la acción y de
la experiencia acumulada por los participantes en el MCTSA.
De acuerdo con esto, en lo que resta buscamos solamente un
enfoque prioritario en cuanto a lo que se podría considerar la
imagen más importante que se desprende de los esfuerzos del
MCTSA. Esto no nos exime de la arrogancia de señalar posibles prioridades futuras a los participantes en el MCTSA, en
circunstancias en que ellos no las han solicitado. Sin embargo,
en una época de gran crisis, como la que Chile vive actualmente, es preciso echar mano de todos los recursos con que
cuenta la cultura nacional para dinamizar una discusión sobre
la experiencia histórica ganada. Ciertamente el MCTSA es uno
de los grandes recursos culturales chilenos surgido en esta etapa
y debemos abrir una discusión colectiva del significado de su
propuesta simbólica. Esta discusión debe comenzar en alguna
parte. Esta la presentamos como muestra de lo que hemos
aprendido de su ejemplo, y en homenaje a ese ejemplo.
Es hecho obvio que la trascendencia del mensaje comunitario de un grupo social está en su capacidad para rebasar su
propio contexto histórico y permitir que generaciones futuras se
vean reflejadas en él. En este sentido es imperativo señalar que
"más temprano que tarde" el terrorismo de Estado terminará y
la práctica de la tortura misma dejará de ser un tema de importancia inmediata. Ya en ese entonces la atención colectiva se
dirigirá al problema de sus secuelas en la convivencia nacional
y, por tanto, quizás un grupo como el MCTSA pierda razón de
ser y se disuelva. Sin duda valoraremos que en medio de la
fuerza palpable del temor científicamente administrado por los
militares haya habido compatriotas capaces de vencer su miedo
y la debilidad de sus cuerpos para exponerse a la represión en
la denuncia de la tortura. Ya hoy día mismo ese coraje nos
trae la conciencia de nuestras limitaciones personales en el
318
compromiso por la defensa de los Derechos Humanos. La memoria de las acciones del MCTSA prolongará indefinidamente
nuestra sensación de deber. Y cuando la sociedad chilena haya
reconstruido una convivencia sin haber abandonado el imperativo de hacer justicia por todos estos años de violación de los
Derechos Humanos, sin duda el MCTSA servirá a las nuevas
generaciones para mostrar la sanidad de otro testimonio más
de que realmente hubo seres inermes que se arriesgaron por la
verdad y la conservación de por lo menos una forma mínima
de identidad colectiva, que no claudicaron ante la corrupción
del dedicarse a "vivir su propia vida", que no se drogaron en
el "no querer saber".
¿Se disolverá el MCTSA en ese entonces? Si así ocurriera, no cabría sino pensar que en su seno han primado tendencias que no reflexionan sobre las implicaciones culturales a
largo plazo del movimiento. Esta restricción de la perspectiva
no es poco frecuente entre participantes en organismos de defensa de los Derechos Humanos. Preocupados por la cohesión
corporativa del grupo en medio de los debates y polémicas
que inevitablemente surgen a raíz del pluralismo ideológico
interno, junto con la necesidad de modular la imagen externa
que se proyecta en un medio social permeado por la represión,
los intentos de infiltramiento por los servicios de seguridad
y el cautelamiento de la función de defensa de los Derechos
Humanos como identidad independiente de instituciones partidarias, muchos miembros buscan una solución demasiado fácil
a estas tensiones restringiendo el significado de su organización
estrictamente al problema puntual que los ha coalicionado,
bien sea la tortura, los desaparecimientos, el exilio. Dejan de
lado el hecho de que, de manera directa o indirecta, lo que
ellos realmente han aportado a la cultura de la colectividad
democrática es la conquista de espacios para la creación y
la expresión de las condiciones emocionales, morales, éticas
y simbólicas mínimas e indispensables para que la población
chilena vuelva a pensar su nacionalidad como un conjunto de
propuestas solidariamente compartidas para la rehumanización
de su sociedad, a partir de la legitimidad más fundamental que
pueda tener un grupo de protesta: la experiencia directa de la
319
represión en aras del bien colectivo.
En el caso del MCTSA este tipo de legitimidad es aún
más intensa, puesto que, a diferencia de otras organizaciones
como la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos,
el MCTSA no está compuesto exclusivamente por participantes
cuyo compromiso para la acción haya surgido de los efectos
directamente personales o familiares de alguna forma de la violencia estatal. Por el contrario, buena parte de los miembros del
MCTSA no han sufrido represión alguna, excepto aquella que
pueda haber ocurrido en las acciones mismas del movimiento.
Entonces, una vez terminada la dictadura y ante la posibilidad
de la disolución, ¿qué nuevo significado podrá tomar toda esa
experiencia de lealtades y compromisos morales libre y gratuitamente asumidos?
En lo que respecta a un estudio como el que hacemos, esa
problemática de la supervivencia de un organismo de defensa
de los Derechos Humanos como el MCTSA corre a la par con
un dato técnico siempre reiterado en la ciencia social, y que ya
hemos sugerido: el de que los productores de mitos y rituales
comunitarios no siempre están conscientes del significado, de la
dimensión y de la trascendencia de su propia producción. En el
caso particular del MCTSA, según hemos indicado poco antes,
esa trascendencia no está necesariamente en la tarea inmediata
de protestar y hacer conciencia nacional sobre las implicaciones
de la tortura, sino en las consecuencias que se desprenden del
acto mismo de organizarse para la protesta y la concientización,
es decir, el acercamiento entre cristianos y marxista-leninistas.
Surgiendo desde la misma experiencia del MCTSA, quizás
su contribución futura más importante a la memoria histórica
chilena para la rehumanización de la sociedad sea la iniciación
consciente de una lucha por extender a la colectividad el respeto, la confianza, la admiración mutuas y la capacidad de trabajo
conjunto por la defensa de los Derechos Humanos que los cristianos y los marxista-leninistas han encontrado en su seno. De
ningún modo sugerimos que la presencia de otras perspectivas
políticas no sea de importancia en el MCTSA. Sólo queremos
relevar su aspecto más sobresaliente para el futuro de nuestra
cultura. Para comprender las implicaciones de esta propuesta
320
nos es conveniente echar mano de uno de los temas clásicos
del interaccionismo simbólico: el problema del tabú.
Represión fascista e imposición de tabúes colectivos
Decíamos que ningún régimen fascista conocido en la
historia ha podido resolver las contradicciones y conflictos
sociales que crearon las condiciones para su instauración. Solamente quedan postergados y ocultos bajo la acción represiva
que trata de neutralizar la actividad política en la sociedad civil.
Esos conflictos vuelven a aparecer en cada momento en que se
descomprime la represión general. Aún más, con el propósito
de inmovilizar a la oposición, decíamos que el fascismo incluso
llega a explotar estratégica y tácticamente esas divisiones, prolongándolas conscientemente de acuerdo con una lógica guerrera de la administración social. Si es que consideramos que el
ejercicio permanente de esa lógica y de la represión distorsionan la normalidad de las rutinas cotidianas de la reproducción
social, esto puede, en realidad, ser considerado una ineficiencia
de la reorganización fascista de la sociedad. Sin embargo, en
términos generales, el disciplinamiento represivo de la sociedad
por el fascismo es a todos luces exitoso en cuanto a redefinir
la imaginación de alternativas para la constitución de actores
masivos viables y legítimos para la transformación social y de
las relaciones, alianzas y opciones disponibles para tal acción.
La represión fascista puede llevar a la oposición a interiorizar
una serie de normas de control restrictivo en su concepción de
la acción política que limitan la selección de formas y áreas de
conocimiento, ideologemas y formas metafóricas existentes en
el universo simbólico nacional para el manejo e ilación de las
categorías y formas discursivas necesarias para la representación de acciones posibles, su comunicación, implementación y
universalización en la colectividad. Los tabúes son este conjunto de normas restrictivas interiorizadas.
Su resultado es erigir una serie de delimitaciones dentro
321
del código cultural mediante las cuales el poder hegemónico
cerca determinadas zonas de significación que son preservadas
de toda crítica abierta, franca y directa mediante un juego de
oposiciones valorativas expresadas en términos binarios tales
como orden/desorden, virtud/vicio, seguridad/amenaza, pureza/contaminación, sano/enfermo, normal/anormal, civilización/
barbarie, etc., etc. La función de estas oposiciones binarias es
inflexibilizar los roles sociales más afines a la reproducción
del poder, universalizándolos como si fueran consecuencia
"natural" de la "tradición nacional", o bien promoviéndolos
como el curso de acción más "razonable y realista dadas las
circunstancias", así frenando por largo tiempo la posibilidad de
cambio real. La interiorización de estas delimitaciones afecta
la identidad de los sectores subordinados de manera tal, que
se ven absortos en la lógica del poder hegemónico, llegando
a mutilar de grado y voluntad aspectos importantes de su
personalidad distintiva y abandonando del mismo modo otras
autodefiniciones y formas de comportamiento quizás más afines
con sus propios intereses. Sería del todo apropiado, razonable
y absolutamente justificado argumentar que si no existen las
condiciones para maximar la demanda de antiguas aspiraciones
políticas, a una oposición derrotada, agotada, desarticulada le
es necesario transar y reconocer sus limitaciones. Sin embargo,
el modo en que se asume la conciencia y discusión de esas
limitaciones precisamente implica el éxito fascista en imponer
una lógica de lo posible si es que finalmente se gastan más
energías en el ataque a quienes buscan mantener el perfil de esas
antiguas aspiraciones en coyunturas nuevas que en el ataque a
la autoridad dictatorial.
En el caso chileno, prueba de la eficacia de los tabúes
impuestos por la represión fascista es la distancia que separa
actualmente a los diferentes sectores políticos institucionalizados para llegar a un acuerdo de formación de un frente nacional
para la redemocratización. En el fondo, esas discrepancias se
deben al modo en que se concibe el futuro del sistema capitalista en Chile. A través de ellas se crean condiciones promotoras
de diversas reacciones. Una de gran importancia está en que
intereses imperiales exacerban esas rupturas, opción claramente
322
demostrada en la forma en que el gobierno norteamericano
actualmente interpreta el conflicto político, planteándolo como
la lucha irracional entre los extremismos totalitarios de derecha
e izquierda. Entre ambos debería surgir una fuerza centrista
moderadora y razonable como la Democracia Cristiana, según
una fórmula que ha sido impuesta en El Salvador con el gobierno de Napoleón Duarte. Allí su función ha sido, en última
instancia, la de legitimar una violencia represiva permanente en
la medida en que a todas luces no habrá una solución política
de la guerra civil mientras no se reconozca la existencia real e
institucionalizada de una izquierda con capacidad efectiva de
construir una dualidad de poder que se concreta en diferentes
zonas de control territorial.
Reconociendo la diferencia de situaciones, sin duda tal
ficcionalización de la política tampoco es posible en Chile,
puesto que el marxismo y el marxismo-leninismo, a través de
sus múltiples expresiones, no han podido ser eliminados por el
militarismo. Sin embargo, ese tipo de presiones foráneas tiende
a reeditar y reforzar las aspiraciones maximalistas con que la
Democracia Cristiana surgiera a la arena política chilena en la
década de 1950, según las cuales se presentó como la única
fuerza política capaz de detener y neutralizar los avances del
marxismo-leninismo. Al reeditar ese maximalismo, la Democracia Cristiana encuentra asidero para demandar de la izquierda
marxista-leninista que abandone todas las premisas teóricas y
los postulados que le dan identidad en la historia chilena, junto
con demandar de ella que difumine y silencie su presencia al
máximo para así apaciguar intereses nacionales y extranjeros
-la conocida petición de que el Partido Comunista "submarinee". Obviamente, tales demandas equivalen a la petición de
un suicidio que, dada la tradición de ahincamiento que tiene el
marxismo-leninismo en la cultura popular, simplemente no es
realista. Mientras esto no se reconozca no habrá perspectivas
de paz social en Chile. De este modo la oposición ha llegado
al inmovilismo que actualmente la aqueja.
Mientras la Democracia Cristiana aparece como la alternativa "ideal" para la preservación del sistema capitalista
chileno en el proceso de redemocratización, los sectores más
323
afectados en su identidad por los tabúes fascistas han sido partidos y sectores de partidos que antiguamente colaboraron en
la Unidad Popular. Sin duda bajo la influencia anticomunista
de la socialdemocracia europea, intelectuales de importancia
han estado polemizando con el Partido Comunista en cuanto al
impacto de la represión sobre la cultura de izquierda.1 El Partido Comunista asigna al golpe militar de septiembre de 1973
la categoría de derrota momentánea, por lo que queda implícita
la noción de que sus núcleos institucionales más básicos han
podido ser reorganizados, generándose nuevos cuadros, mandos
medios y superiores de acuerdo con una teoría y una línea
partidista que sus autoridades juzgan como evolución orgánica
y consecuente con premisas políticas largamente maduradas
a través de diferentes circunstancias históricas. Esta postura
permite al Partido Comunista la elaboración de propuestas
globales para la conducción de la cultura chilena hechas con
gran certidumbre y convicción.
Por su parte, intelectuales portavoces de tendencias socialdemócratas han asignado a la represión militar una eficacia
mayor de la que le otorga el diagnóstico comunista. Para ellos
la llamada "guerra interna" realmente logró desbaratar los "tejidos" más fundamentales de la cultura chilena de izquierda,
por lo que hablar de una "derrota momentánea" impide elaborar
un cuadro objetivo y realista de la situación política presente y
de sus opciones futuras. Según estos argumentos, no reconocer
este hecho implica un retorno a estilos de conducción de la
política nacional anteriores a la intervención militar, en que
los lideratos partidistas se arrogaban la calidad de portavoces
legítimos de los sectores sociales representados, de acuerdo con
interpretaciones leninistas de los partidos de vanguardia, en medio de circunstancias presentes en que la atomización real del
cuerpo social producidas por la represión no fundamentan una
articulación homogénea de tal representatividad. Partiendo de
esta premisa, entonces, se plantea que la regeneración de esos
tejidos fundamentales de la izquierda chilena se está dando por
una práctica espontánea en las bases, de la cual surgen organizaciones sociales como respuesta apropiada a las necesidades
populares. Se afirma que, en este proceso de regeneración, el
324
mantenimiento de una concepción leninista de la vanguardia
partidista no hace sino distorsionar la naturaleza de esos organismos de base. Por tanto, esta tendencia socialdemócrata
ha declarado una crisis de la izquierda chilena, cuestionando
el modo en que el marxismo-leninismo fue asumido por los
partidos Socialista (en algunas de sus fracciones) y el MAPU,
así como se ha cuestionado la real capacidad de movilización
de las masas por el marxismo como ideología de lo popular y
la identidad de la clase obrera como avanzada revolucionaria.
Como consecuencia de este razonamiento, esos intelectuales
han proclamado la necesidad de una apertura teórica que pone
en tela de juicio conceptos fundamentales del marxismo-leninismo, llegando a restar importancia al problema de la liquidación
de la propiedad privada de los medios productivos como vía
hacia el socialismo.
En otros términos, la exitosa imposición militar de tabúes
represivos sobre la oposición en Chile se ha dado principalmente al nivel macrocósmico de la institucionalidad partidista,
especialmente en tres formas: con mayor evidencia, como un
anticomunismo compartido tanto por sectores de derecha, como
de centro e izquierda, anticomunismo que en sus manifestaciones más crudas hace del comunista figura de irracionalidad
dogmática y de un fanatismo que recuerda a veces las más
grotescas representaciones militaristas del comunismo como
encarnación de un mal metafísico con raíces en las pestilencias de lo satánico. Más puntualmente, esto se manifiesta con
acusaciones de que los partidos agrupados en el Movimiento
Democrático Popular no han aprendido nada de la experiencia
catastrófica del fascismo en Chile y todavía se adhieren a una
"ortodoxia" revolucionaria que los hace inflexibles e incapaces
para readaptarse a las nuevas condiciones históricas.
Lo expuesto hasta aquí sugiere que el maximalismo de
la Democracia Cristiana está precisamente aquejado de tal inflexibilidad ortodoxa. Sin embargo, este hecho es desplazado
hacia una lucha ideológica entablada en los años recientes en
torno a la no-violencia activa y al uso de la violencia como
vías legítimas para la resistencia antimilitar, dado que el Partido Comunista ha integrado esta última opción como otra de
325
las armas, aunque no la única, para la acción popular. Este
punto revela la segunda forma de censura introducida por los
tabúes de la represión: en los comentarios de la lucha política
los intentos de autodefensa de los sectores marxista-leninistas
–los más golpeados por la represión fascista– son desvirtuados
como estrategia militar posible, sujeta a leyes de guerra que
conforman todo un cuerpo jurídico internacional2 y al cuidadoso
desarrollo de estrategias y tácticas apropiadas para el decurso
de múltiples coyunturas políticas, reduciendo su discusión a
veces simplista y estrechamente a un problema moral y de retórica emocional en que se "condena la violencia, de cualquier
lado que provenga", sin sopesarla como opción que realmente
sirve las necesidades de sectores importantes de la población
chilena, especialmente los pobladores marginales de las grandes
ciudades.
El tercer tabú afecta a buena parte de los estudios globales de la cultura chilena actual, en los que se difumina la
imagen de la intervención imperial con que se han fraguado
las gestiones más importantes del neoliberalismo en Chile y
la supervisión permanente del aparato represivo por técnicos
extranjeros, enfocándose la crítica casi exclusivamente en los
agentes financieros y militares locales, sin que haya intentos de
trazar paralelos con experiencias recientes similares, como las
de Vietnam y Sudáfrica, por ejemplo, de las cuales se originaron buena parte de las estrategias represivas usadas en Chile
y otros lugares de Latinoamérica. ¿Es que los chilenos, como
"habitantes del tercer mundo" aspiramos a ser radicalmente
diferentes en la forma en que nos afecta la administración de
la represión imperial, concediéndosenos, por razones ocultas,
algún privilegio especial?
Sin embargo, a nivel comunitario microcósmico, una
observación de las implicaciones simbólicas del MCTSA demuestra que el inmovilismo a que se ha llegado a nivel de
institucionalismo partidario no es compartido, puesto que la
práctica de este movimiento demuestra que las opciones de
conjunción política censuradas a macronivel no son mutuamente excluyentes sino compatibles. Aún más, a este nivel
microcósmico, la exploración por parte de religiosos de la lucha
326
armada como alternativa política válida toma una lucidez que
no logran los ideólogos demócratacristianos y socialdemócratas. Sin embargo, las tensiones del institucionalismo partidista
gravitan fuertemente sobre este micro-grupo social, introduciendo un potencial de disensión que ciertamente amenaza su
integridad corporativa.
No corresponde a este estudio señalar los términos en
que se podrían dar los esfuerzos del MCTSA por promover
el acercamiento cristiano/marxista-leninista como temática de
discusión colectiva, si es que el movimiento llega alguna vez a
considerar este proyecto virtual. No obstante, despejar la cortina
de humo ideológico que se ha tendido en torno a la opción
por la no-violencia activa, debate que directa e indirectamente
afecta al MCTSA, delimita perfectamente las posibilidades y
obstáculos que el movimiento podría tener al emprenderlo. A
su vez esa delimitación evalúa indirectamente la capacidad del
MCTSA como agente para la reconstrucción de un universo
simbólico nacional. Este despeje lo haremos en términos metodológicamente simples: contrastaremos la visión interna del
MCTSA que hemos venido desarrollando hasta este momento
-pero ahora expresada directamente por sacerdotes y laicos– con
la visión externa que se tiene del MCTSA en círculos periodísticos y en otros organismos para la defensa de los Derechos
Humanos, junto con determinar el lugar que corresponde al
movimiento en las polémicas políticas más globales del Chile
actual. Ese despeje nos llevará obligatoriamente a un examen
más sostenido de la cultura de las poblaciones marginales, de
donde proviene el núcleo fundamental del MCTSA. Finalmente descubriremos una nueva dimensión del significado del
MCTSA que surge de ese examen, con lo cual terminaremos
este estudio.
Visión interna
Testimonios sacerdotales
327
1. La cultura de la tortura
La cultura es un hábito social, es una segunda naturaleza,
una manera que se impone, como el hábito de fumar, el hábito
de renegar o tirar papeles, o de llegar tarde a las reuniones. Es
una segunda naturaleza que se impone a la naturaleza propia
y uno va obrando consecuentemente. La cultura es también
un hábito social, es una manera de pensar, de reaccionar, de
juzgar que impone la sociedad a los individuos. Cuando se introduce la tortura dentro de una cultura, de una civilización, se
introduce de muchas maneras. Por de pronto, hay instituciones
que están organizadas en torno a esto, instituciones policiales,
judiciales, de gobierno, que cuentan con la tortura, que saben
que existe, que toleran o que organizan las prácticas de la
tortura. Hay toda una estructura, aun económica. Se necesitan
medios para torturar, y en el país se establece una conciencia
de que hay tortura; una conciencia más o menos lúcida, una
tolerancia, un decir, "Bueno, ¡qué le vamos a hacer!". A veces
se da una reprobación, pero que no va más allá. Luego se instala el miedo y las personas dicen, "Yo no me voy a meter en
mayores problemas". A través del miedo, de la tolerancia, de
esa conciencia difusa, la tortura entra en la conciencia, en la
responsabilidad de cada uno. Penetra aunque uno no lo quiera.
Por eso es que en un país en que se tortura, en cierto modo
todos torturamos. Lo que un país hace oficialmente, lo hacemos
todos. Entonces todos estamos envueltos en esta práctica de
la tortura. Todos estamos implicados en una u otra forma. Es
como un elemento en nuestra vida, en nuestras decisiones, en
nuestra libertad, que de una u otra forma debemos asumir. O
nos convertimos en torturadores o en víctimas, en torturados.
La tortura tiene eso de convertirnos bien en cómplices activos
o pasivos, o bien en torturados, los que sufrimos esto y los que
solidarizamos con los torturados y luchamos con ellos. En ese
sentido es como un pecado social en que todos somos peca328
dores o bien luchamos contra el pecado. Nadie puede lavarse
las manos y decir, "–Mire, esto no me interesa, me pongo al
margen de todo lo que está pasando. Nada sé de todo esto".
Sabemos y no podemos ponernos al margen porque un hecho
social nos implica a todos.
La sociedad es como un engranaje, un tejido en que
los hilos están todos entrelazados, en que nosotros estamos
metidos. La sociedad es como un cuerpo humano en que lo
que pasa en un pie, en un miembro no puede ser indiferente
a lo demás. Cuando hay una infección en una parte es todo
el organismo el que reacciona y se defiende, o bien sufre esa
infección que llega a todas partes. Hay por ahí una concepción
muy individual de la sociedad, en que cada individuo es como
una célula independiente y las relaciones son extrínsecas. Pero
también hay una concepción más orgánica de la sociedad y con
ella se ve que hay una solidaridad también orgánica de todos.
La tortura no es solamente un atentado contra un individuo,
sino contra toda la sociedad; si se está torturando a un miembro del cuerpo, están torturando a todo el cuerpo. Insistimos
en eso. Nadie puede decir que no lo han torturado. Insistimos
en que somos responsables no sólo de lo que hacemos o no
hacemos, sino de las estructuras sociales en que vivimos. Esas
estructuras también son obra nuestra. Esas, en este momento
en Chile, son un pecado social.
2. Enjuiciar a la justicia
Nosotros denunciamos a una justicia que no cumple su
realidad esencial. Le escribimos una carta a la Tercera Sala de
la Corte Suprema que soltó a los Carabineros que habían sido
prácticamente convictos del asesinato de los tres degollados en
marzo de 1985. En ella dijimos que la desgracia mayor de Chile
no es que haya tortura, que haya asesinato, que haya desaparecidos, sino que no haya una justicia que pueda juzgar todo eso.
En Chile hoy en día hay jueces que llegan a la Corte Suprema,
pero lo que falta es que haya jueces que hagan justicia. Para
hacer justicia hoy en día hay que tener el amor a la justicia en
329
el corazón y un alma y una fortaleza de héroe. Es necesario
arriesgarse, y lo que nos falta son jueces que se sepan arriesgar.
Sebastián Acevedo tuvo ese espíritu de héroe y tuvo el amor a
la justicia más fuerte en él que cualquier otro interés. Por eso
superó las llamas porque era más fuerte el ansia que tenía de
que hubiera justicia en Chile. De los Tribunales depende todo
el futuro de Chile. Si se pierde en el país la confianza en la
justicia, ella no podrá condenar a los que toman otros medios
para conseguir que haya justicia en Chile. ¿Con qué derecho
podrá un juez condenar al violento si en realidad se ha demostrado que no hay otro camino hacia la justicia que la misma
violencia? La culpa de eso la tienen los jueces. Es muy fuerte
hoy en día la responsabilidad de la justicia.
3. Asumiendo la responsabilidad del pecado
de la tortura: Los comienzos del MCTSA
La idea de comenzar el Movimiento "Sebastián Acevedo"
partió muy simple, de una comunidad cristiana de base, de
gente que eran agentes pastorales, sacerdotes, algunos laicos.
Una comunidad como cualquiera otra de poblaciones, aunque
no todos somos de una misma población. Como siempre, se
partió de la realidad y para mirarla a la luz de la fe. El problema de la tortura estaba muy vivo y resolvimos tomar ese
problema para analizarlo hace algo más de dos años. Nos tomó
algo de dos meses.
Entonces dijimos, "–Hay que hacer algo". Y se nos ocurrió invitar a gente que conociéramos y se interesaran por esto,
para hacer una denuncia pública ahí en el cuartel de la CNI
en Borgoño. Y así lo hicimos, una cosa simple. No pensamos
el alcance que iba a tener. No pensábamos en un movimiento,
aunque sí esperábamos que no sería una sola acción. En el
primer momento no nos imaginábamos lo que iba a pasar.
Nos pusimos en contacto con la Comisión Nacional Contra la
Tortura a la cual pertenecen personalidades, incluso hay cuatro
obispos y personalidades de distintos sectores, cuyo objetivo
es investigar con respecto a la tortura en todos los aspectos y
330
hacer publicaciones, una cosa más intelectual. Nos pusimos en
contacto con la directiva y le dijimos, "–Nosotros queremos hacer algo". Ellos estuvieron muy felices porque esto se necesita.
Dijeron, "–Nosotros investigamos solamente". Les pedimos, ya
que ellos investigan, que nos dijeran los lugares de tortura y
cuándo alguien está siendo torturado. "–Entonces ustedes nos
avisan y cuando sepamos a ciencia cierta que alguien está siendo torturado nosotros hacemos una acción". Así pensábamos
al comienzo y nosotros nos imaginábamos que íbamos a hacer
una primera acción concretamente y la próxima vez que nos
dijera la Comisión que había una persona que estuviera siendo
torturada le íbamos a pedir a esos cincuenta que invitaran a
otros y la segunda vez íbamos a ser cien. Pero resultó que la
gente de la Comisión sabía mucho menos que nosotros de los
lugares secretos de tortura y las detenciones, porque muchos del
Movimiento trabajan en las poblaciones y ahí se informan de lo
que está pasando directamente. Y pensábamos que al siguiente
caso, a la siguiente acción de protesta, cada uno iba a llevar a
otros dos e íbamos a ser doscientos y a la quinta vez íbamos
a ser una poblada grande y entonces se iban a dar cuenta que
iban a tener que pensarlo dos veces antes de torturar porque
esto va creciendo. Eso pensamos. Nos imaginamos eso. La cosa
no fue así, en realidad. En cierto modo fue mejor.
4. Los sacerdotes ante la policía
Lo que pasó fue que invitamos a esa primera acción del
14 de septiembre de 1983 y fuimos frente al cuartel de Borgoño. Fue realmente una locura porque nunca nadie había hecho
nada parecido ni nadie se acercaba a ese cuartel. Es la cosa
más siniestra que hay. Nos pusimos al medio de la calle para
detener el tráfico. Se produjo un taco. Eramos como setenta.
Era un día viernes, un día bien húmedo de septiembre, con el
suelo mojado. Llevábamos un lienzo que decía "AQUÍ ESTÁN
TORTURANDO A UN HOMBRE". Con la mano mostrábamos;
eran setenta manos mostrando el edificio. La gente se impresionó mucho. Repartimos unos papelitos a los autos detenidos
331
y a los buses de las líneas que pasan por ahí que indicaban
qué era la tortura, que en Chile se torturaba. Llegó un par de
Carabineros por casualidad, porque les tocaba hacer patrulla
por ahí. Nos dijeron que nos disolviéramos pero nosotros seguimos cantando y los Carabineros les decían a los choferes que
siguieran, que avanzaran hasta tocarnos. Pero nosotros no nos
movimos. Serían cerca de diez minutos. Luego dijimos, "–Ya,
nos disolvemos", pero todavía no sabíamos ninguna técnica
y todos caminamos juntos hacia la Avenida Independencia.
En ese momento llegó un bus con Carabineros, cuando ya no
estábamos haciendo nada. Además, en ese momento, desde el
cuartel de la CNI en Borgoño dispararon piedras con honda y
a un sacerdote le dieron en la cabeza. Yo me di cuenta y me
detuve, volví atrás para ver a este sacerdote y no me di cuenta
que habían llegado los Carabineros en el bus. Ellos dijeron,
"–¡Alto!", nos rodearon, y dieron la orden de que subiéramos al
bus para llevarnos detenidos, incluso al sacerdote que le habían
pegado en la cabeza y que estaba sangrando. Llegaron como
llegan siempre los Carabineros, muy agresivos, con rostros congestionados, pero pronto nos dimos cuenta que estaban como
sorprendidos porque nosotros no dijimos nada. Teníamos muy
claro que nosotros no nos íbamos a defender ni íbamos a huir
ya desde la primera acción. Ellos siempre esperan que la gente
que van a detener les diga cosas, que arranquen. Nosotros nos
detuvimos y empezamos a subir mansamente al bus, sin decir
una palabra. Estaban realmente extrañados. ¿Qué era esto, que
nadie hablaba nada? Nos íbamos presos calladitos. Nos llevaron
a la novena Comisaría, que queda en la calle Dávila.
A pesar de que éramos setenta los que habíamos estado en la manifestación, a los que nos rodearon éramos como
veintitantos, entre los cuales había dos niñas que estaban en la
calle y que no tenían nada que ver y las hicieron subir. Tenían
como dieciocho años. Estaban aterradas. Nosotros las alentábamos, las consolábamos, que no se asustaran, que no iba a
pasar nada, que lo que habíamos estado haciendo era una cosa
que nadie podía castigar. En la Comisaría separaron a hombres
y mujeres, nos registraron, y ligerito preguntaron quiénes eran
sacerdotes. Se dieron cuenta que había sacerdotes. Como ésta
332
era la primera acción y no teníamos ninguna práctica, esa vez
nos pidieron el carnet de identidad y ahí generalmente dice
que uno es sacerdote. Ahora nosotros no decimos nunca que
somos sacerdotes. Eramos seis o siete sacerdotes. Nos separaron
y nos llevaron a la oficina del comandante. Una oficina muy
elegante. Era un día bastante frío; allí había calefacción. Una
oficina con alfombra de muro a muro. Ahí nos atendieron muy
bien. Mientras tanto, los otros quedaron en el patio mojándose
con esa llovizna que había.
Fue bastante curioso: el comandante nos dio un sermón
que en el fondo era autojustificador. Que los Carabineros son
tan sacrificados, que tenían que hacer acciones tan duras, que
en esos días había muchas manifestaciones y que tenía ahí
personal que hacía días que no dormía y que comían mal,
dormían mal. "–¡Ustedes no se imaginan por las que pasan
los Carabineros!" Nosotros le dijimos que no teníamos nada
contra los Carabineros. Es contra los torturadores. A esa altura
todavía no sabíamos que los Carabineros también torturaban.
Nosotros no nos excusamos. Dijimos que éramos creyentes,
cristianos, sacerdotes, seres humanos simplemente, que creen
que la tortura no puede ser. "–Pero ustedes interrumpieron el
tráfico". Eso sí. Lo habíamos hecho para llamar la atención.
El comandante no dijo nada de la CNI, pero nos habló mucho
rato. Tuvimos que absorbernos un largo sermón de él sobre la
bondad y el sacrificio de los Carabineros. Después nosotros le
dijimos nuestra parte, por qué lo hacíamos y que también era
un deber nuestro que debía comprender. Entre los sacerdotes
había uno que no sé por qué los Carabineros dijeron que ése
era el cabecilla, Estaba entre la gente mojándose en el patio.
Resulta que es un sacerdote casado, que dejó el ministerio. Lo
trajeron. Dijimos que él también era sacerdote. El comandante
se mostró muy comprensivo con él. Dijo, "–Yo comprendo muy
bien que usted se haya casado". En fin. Después hasta nos trajeron café del casino, a los sacerdotes solamente. Fue un trato
completamente distinto. Después llegó un coronel. Llegó muy
simpático. Un hombre de edad, de unos sesenta años o más.
Entonces dijo, "–Yo los quiero mucho. Ustedes son sacerdotes.
Yo me eduqué en el Instituto Lasalle de los Hermanos Maris333
tas". Era todo bondad.
Sin embargo, pasó una cosa curiosa. Ya el comandante
se había dado cuenta que esto era una cosa distinta, que no
era ningún delito, fuera de que habíamos detenido el tránsito.
Por todo lo que nos decía nos dimos cuenta de que nos iba a
largar inmediatamente. Por lo menos a los sacerdotes nos iba
a dejar libres. Pero en ese momento recibió una llamada, larga, y el decía "–Sí, sí, están aquí, como no". Después de eso
dejó de hablar de liberarnos. Nos parece que fue una llamada
del Ministerio del Interior y de la CNI que le dijo que nos
retuviera allí. Luego llegó otro personal que sabíamos que era
de la CNI. Nos ficharon, nos tomaron fotografías, verificaron
nuestros domicilios. Por primera vez todos quedamos fichados
con la CNI, los sacerdotes, las religiosas y eso es ilegal porque
no puede hacerse si una persona no está encargada reo o si hay
alguna forma de detención menos formal. Nosotros estábamos
allí retenidos nada más. No podían habernos fichado, pero lo
hicieron no más. Entonces le reclamamos al coronel que llegó
después y él dijo "–No, no se preocupen, si esto es sólo una
formalidad". Después llegó un médico, por lo menos dijo que
era médico, para un examen. En realidad no nos examinó. Nos
preguntaba, "–¿Tiene usted algún golpe?", entonces lo miraba
nada más a uno y uno tenía que firmar. Entonces una de las
niñas detenidas dijo, "–No, yo no firmo, porque aquí dice que
éste es un examen médico y usted no me ha examinado". El
médico se indignó y a ella la dejó a un lado. Todos los demás
firmamos porque nos parecía que era una fórmula nada más
y nos iban a largar, pero dijo que la señorita sería trasladada
a una clínica durante dos días para que la examinaran, porque ella decía que no la habían examinado. Era sumamente
expuesto dejarla dos días en manos de la CNI. Entonces yo,
como persona de más edad y cura, intervine con el doctor. El
dijo que ella había dudado de su eficiencia médica y tenía que
ser examinada. Le rogamos que no, le dijimos que había sido
cosa del momento, y ella misma aceptó y firmó. Nos largaron
a todos esa tarde, después que este coronel nos dio muchas
muestras de benevolencia.
Allí aprendimos que no había que decir que éramos
334
sacerdotes porque el trato era muy distinto y nos molestaba
mucho eso de que siendo sacerdotes nos separaran del resto y
nos dieran un trato privilegiado. En adelante tratamos de no
decirlo.
Más tarde yo fui detenido en la Comisaría 26a. Ante esta
Comisaría en que se torturó y asesinó a Juan Antonio Aguirre
nos sentamos silenciosamente en la vereda, enfrente, con nuestro lienzo y pancartas. No hubo casi testigos de nuestra acción.
Es una Comisaría de barrio, en que no hay mucho movimiento.
Pero el impacto para los Carabineros fue muy fuerte, tanto,
que nos metieron a todos adentro. Caímos detenidos setenta
y tres, dos sacerdotes. Había habido otros sacerdotes, pero los
largaron cuando se dieron cuenta quiénes eran. De mí no se
dieron cuenta porque tenía un carnet de identidad que no decía
nada. Eso fue bastante divertido porque la radio dio la noticia
inmediatamente. Dijo que seis o siete sacerdotes habían caído
presos. Los Carabineros contaron cuántos habían salido y eran
menos, como cuatro o cinco. Entonces llamaron por teléfono
del Ministerio del Interior y dijeron que quedaban dos sacerdotes adentro. Los Carabineros insistían que todos los sacerdotes
habían salido. Empezaron a buscar y me llamaron a mí y me
preguntaron si yo era sacerdote y les dije una cosa que es cierta:
yo trabajé diez años de obrero en el Servicio Nacional de Salud
y soy jubilado de allí. Por lo tanto tengo credenciales de ese
Servicio. Lo que pasa es que ellos no juntan en su cabeza que
un trabajador de la salud pueda ser sacerdote. Bastaba que mostrara mis credenciales para que dijeran "–Ah, sí, váyase". Los
Carabineros no entienden la experiencia del sacerdote obrero.
Yo no podía ser sacerdote. Me volvían a llamar y yo volvía a
decir no, a los Carabineros primero y después a la CNI. Estos
me dijeron, "–Pero usted cayó otra vez". Yo dije que sí, que
había estado detenido por eso mismo. Se acordaban, aunque no
tenían la ficha allí: "–En la ficha dice que usted es profesor de
moral". Yo les dije que yo nunca había hecho clases de moral
y en realidad yo nunca lo he hecho, pero José Aldunate es
profesor de moral. Yo les señalé que ahí estaba el error, "–Es
que otro sacerdote que cayó detenido pero que ustedes largaron
es el profesor de moral". Me di cuenta de que tenían mi ficha
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y que cuando llegaran al cuartel y la vieran se iba a armar la
grande. Entonces yo mismo volví donde ellos y les dije, "–Todo
lo que le he dicho es cierto: yo soy trabajador de la salud, he
sido trabajador de la salud, soy jubilado, yo no he hecho nunca
clases de moral, pero soy sacerdote". Me preguntaron por qué
no lo había dicho: "–No lo dije porque ustedes dan un trato
preferencial al sacerdote y eso no debe ser". Ya era bastante
tarde y faltaba muy poco para que los largaran a todos.
También llegó un coronel allí. Otro coronel. Este coronel
preguntó si habían sacerdotes y me señalaron. Dijo que me
fuera inmediatamente. Me acerqué a él y le pregunté si le podía
pedir una cosa: "–Me gustaría salir junto con los compañeros
con que caí, a la misma hora". Me dijo, "–Mire, padre, yo soy
muy católico –siempre dicen que son muy católicos– y aprecio mucho a los sacerdotes, ustedes son distintos, así que por
eso usted debe irse". Yo le dije: "–Mire, si usted es católico y
aprecia tanto a los sacerdotes debe saber que el sacerdote es el
pastor y que el pastor debe estar donde están las ovejas. Por eso
le estoy pidiendo que me deje ir con los que son mis ovejas".
Me dijo, "–Sí, pues padre, usted debería llevar a sus ovejas por
caminos mejores". "–Es mi obispo quien me tiene que decir por
donde debo llevar a mis ovejas", le contesté. Y no me largaron.
Yo salí el último, pero ese diálogo con el coronel fue muy importante. Yo le dije que allí se torturaba. "–Aquí no se tortura,
padre", me dijo. "–Mire, nosotros sabemos que aquí se tortura
porque dos jóvenes de la población estuvieron aquí y uno de
ellos murió y el otro se dio cuenta cuándo murió porque estaba
en la otra pieza". El había estado oyendo que el otro gritaba
y que en un momento dado dejó de gritar y los que lo habían
estado torturando dijeron "–Se nos pasó la mano". "Padre, aquí
no se tortura y podría visitar las dependencias si lo permitiera
la ley". Quedamos en las mismas. Después apareció el cadáver
de ese muchacho. Ciertamente había sido torturado ahí.
De esa situación los setenta y tres salimos con citación al
juez de policía local. Nos tocó un mal juez; creyó todo lo que
le dijeron los Carabineros. Nosotros nos habíamos puesto en la
vereda, ni siquiera habíamos interrumpido el tráfico; ni siquiera
cantamos; no hablamos nada. Solamente llevamos un lienzo
336
que decía "DONDE ESTA JUAN ANTONIO AGUIRRE" y
algunas pancartas que decían "En la Comisaría 26a torturan".
El juez nos condenó a quince días de cárcel o mil pesos de
multa. Eso es casi como una fórmula, porque a todos los que
les dan esa pena siempre pagan los mil pesos y no hacen cárcel.
Nosotros dijimos no. Nosotros no vamos a pagar los mil pesos.
Nosotros nos vamos presos porque lo que nosotros hacemos,
lo hacemos hasta las últimas consecuencias. Y se lo dijimos
al abogado y él se lo dijo al juez. Parece que a éste le dio un
miedo muy grande porque nosotros no íbamos a ir a la cárcel
sin meter bulla. Es decir, íbamos a avisar a la prensa, y desde
luego íbamos a apelar. La apelación significa ir a la Corte, en
la Corte hay alegatos públicos; íbamos a ir todos a los alegatos.
De esto ya hace más de un año y el proceso no se movió más.
A mí me llegó la condena y todo, pero no el ejecútese. No nos
han llamado más. Yo supongo que el juez se dio cuenta que
iba a ser mucho más conflicto el que se iba a armar ante la
opinión pública si íbamos setenta y tres presos a la cárcel por
protestar contra la tortura mientras los torturadores están libres.
Eso lo íbamos a decir. Entonces ahí estamos: condenados pero
no encarcelados.
5. Los sacerdotes ante la jerarquía eclesiástica
Nos negamos a identificarnos como sacerdotes porque
cuando yo me ordené de sacerdote hice un voto de no utilizar
ninguno de los privilegios que tuviera un sacerdote. Yo pertenezco a mi pueblo y corro los mismos riesgos que ellos. No
lo entienden mucho, pero ésa es la razón. Si estamos juntos e
invitamos a laicos que hacen las mismas cosas no tienen por
qué darnos un trato distinto. Si es un delito, es el mismo delito. Sabemos que no es delito, pero para ellos sí. Entonces que
nos traten igual que a todos si somos tan delincuentes como
los otros. Todo privilegio es odioso. Son nuestros compañeros
y amigos con los que vamos a la acción; si nosotros sabemos
que no nos va a pasar nada y a ellos sí, entonces no tiene ningún sentido actuar juntos. Incluso hay muchos sacerdotes que
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hemos hecho un escrito que hemos pasado al obispo, diciéndole
que, en caso de caer detenidos, nosotros no deseamos que se
haga nada por nosotros que no se haga por los demás, por los
laicos. Nosotros creemos que la Iglesia debe defendernos, pero
debe defendernos igual que a los laicos, sin hacer ninguna
preferencia. Esto se lo decíamos al Cardenal Silva Henríquez
también. El decía, "–Pero cómo no me voy a preocupar más
de ustedes que son los sacerdotes, mis ayudantes inmediatos".
Pero nosotros le decíamos que no, pues.
Monseñor Fresno tuvo una falla humana la primera
vez, cuando caímos detenidos ahí en Borgoño. Los periodistas
fueron en la noche donde Monseñor Fresno y le preguntaron,
"–¿Qué piensa usted de los sacerdotes que cayeron detenidos
en la manifestación callejera?" El dijo, "–Yo he dicho que los
sacerdotes no deben meterse en política, así que no estoy de
acuerdo". Eso salió en el diario. Nosotros nos sentimos mucho
porque no estábamos en una manifestación callejera cualquiera.
Estábamos en una denuncia pacífica contra la tortura, que no
era política. Reclamar contra la tortura no es política. Fuimos
donde Monseñor Fresno y se lo dijimos. Nos pidió disculpas
y nos explicó que los periodistas lo encontraron cuando regresaba a su casa en la noche y estaba muy cansado, y no les
había entendido lo que le habían dicho. Había entendido que
se trataba de una manifestación política, pero que estaba de
acuerdo con lo que nosotros hacemos. Lo malo es que eso no
lo desmintió públicamente. Eso quedó ahí no más. Tampoco se
lo pedimos, pero nos interesaba saber que él estaba de acuerdo.
Y así es. El nunca nos ha censurado. Hasta donde sabemos, e
incluso sabemos de varios obispos, que concretamente admiran
mucho al Movimiento. Saben que es de no-violencia activa, que
solamente lo hacemos por razón de la tortura.
Ningún partido político ha podido apoderarse del Movimiento. Hay de todos los partidos políticos dentro del Movimiento y nunca ninguno ha intentado siquiera decir que el Movimiento ha sido inspirado por ellos. Eso se ha mantenido bien,
como también hay católicos y no católicos. Hay varios pastores
protestantes y no creyentes, ateos, pero que están a favor del ser
humano y contra la tortura. También hay personas que pertene338
cen a movimientos que tienen la violencia entre sus métodos.
Pero ellos en el MCTSA están de acuerdo en ser leales a que,
mientras realizan una acción, ellos no hacen ninguna violencia.
Y me consta. Yo conozco a un muchacho que es del MIR, que
es karateka. Lo he visto caer detenido, y no sólo caer detenido,
sino que ser golpeado por la policía –y tengo el documento
visual, porque hay un video sobre eso–, ser tomado del pelo
por los Carabineros, golpearle un brazo que se lo fracturaron,
y él no hizo nada. Y es un mirista y karateka; podría haberse
defendido. Eso es una prueba muy clara de que la gente que
está en el Movimiento asume absolutamente sus principios. Es
una de las cosas lindas que tengamos gente de todos lados y
que todos entiendan perfectamente esos principios.
Hay obispos que positivamente dicen que el movimiento
más organizado que hay hoy en día en Chile es el MCTSA
y lo admiran mucho. También es cierto que al comienzo del
Movimiento fueron tres laicos –no quisimos que fueran sacerdotes– a hablar con los obispos, con su Comité Permanente,
para decirles lo que éramos y preguntarles qué les parecía. Un
obispo del Comité anterior les dijo que le parecían muy bien
los objetivos del Movimiento, como operábamos, que todas
nuestras acciones eran de no-violencia activa. Otros obispos
agregaron que lo único que no les gustaba era el nombre porque ese caballero –Sebastián Acevedo– había sido comunista.
A nosotros nos molestó mucho esa respuesta de los obispos,
se lo digo francamente, y nos sorprendió mucho. No creo que
lo sostengan mucho ahora, porque es cierto que don Sebastián
Acevedo fue comunista, pero que también tuvo una evolución
personal, interior, muy interesante. Participó en una misión
que hubo allí en Coronel y todos los comentarios que hay es
que sus alcances sobre el Evangelio eran muy vivos y que
era un hombre realmente de fe. Entonces, sea comunista o no
sea comunista –aun supongamos que no hubiera tenido esa
evolución de fe y que no hubiera sido religioso ni nada y que
hubiera sido comunista en el momento de morir– a nosotros
lo que nos interesa es el gesto que hizo y por sus hijos, que
fue una inmolación, y no un suicidio. Eso es lo que nos interesa al asumir el nombre y no nos importa si es comunista o
339
no es comunista. A nosotros nos extrañó mucho que hubiera
obispos que pusieran ese pero. No lo dijeron dándole mayor
importancia, pero parecía que era una cosa que no les gustaba.
Nos molestó, nos indignó. Yo más bien hubiera esperado eso de
otros obispos que los del Comité. Hay obispos en Chile en que
eso no me sorprendería nada. Pero los obispos que había en el
Comité Permanente de entonces eran bastante abiertos.
Hubo un roce también en el Templo Votivo de Maipú
para la misa de acción de gracias en el Año de la Reconciliación, especialmente la reconciliación entre Argentina y Chile,
a raíz de que se había evitado la guerra. El lenguaje de todos
los obispos reunidos allí –todo el Comité Episcopal estaba allí
delante, incluyendo a uno argentino– era muy etéreo. Estar ahí,
en silencio, sin hacer nada, con un lienzo que decía "PARA
RECONCILIARNOS TERMINEMOS CON LA TORTURA"
era hacer presente que una de las condiciones de la paz y
la reconciliación es que se suprima la tortura. Era necesario
hacer aterrizar un poco esa especie de teatro un poco etéreo y
celestial, para decir que la tortura es una realidad y hay que
tenerla presente. Eso provocó la ira del encargado de la iglesia,
un sacerdote de Schoenstadt. Vio ahí que esto le rompía lo
previsto, la armonía de lo previsto. Le molestó mucho y pidió
que se quitara el lienzo. Con todo lo que se movió y actuó,
se convirtió en incidente el asunto, la gente se dio cuenta. El
lienzo fue quitado.
6. El aprendizaje
Hemos ido aprendiendo mucho. Me parece que la acción
más fuerte en cuanto a la represión tal vez fue la que se hizo
frente a El Mercurio. Ahí hubo lanza-aguas muy violentos, trato
muy violento de los Carabineros y después bombas lacrimógenas. Duró mucho rato ese encuentro en la calle con los Carabineros porque se rodeó el carro celular en que habían tomado a
uno o dos del Movimiento y la gente se hincó en el suelo y se
puso a rezar. Los Carabineros no hallaban qué hacer; entonces
340
tiraban agua y los empujaban un poco con el chorro, pero no se
movían. Después vinieron las bombas lacrimógenas y con ellas
no hay nada que hacer. Esa acción, en cuanto a violencia, fue
la más fuerte. Ahí fue la primera vez en que espontáneamente
se produjo algo que aprendimos, que es cuando toman a uno
hay que rodear y hacer el gesto de sit in en torno al vehículo
y no moverse mientras se pueda.
Esto se hizo de nuevo frente al Teatro Municipal. Ahí
pasó una cosa muy divertida. En el bus de Carabineros que
pasó casualmente en ese momento llevaban a varios vendedores ambulantes que acababan de tomar presos. Luego metieron
no sé cuántos de los nuestros y no se pudieron mover porque
estábamos adelante y atrás del vehículo. No se sabe cómo, se
le reventó una bomba lacrimógena a uno de los Carabineros
adentro del bus. Todo el mundo comenzó a asfixiarse y comenzaron a salir y todos los detenidos, incluso los muchachos
vendedores ambulantes salieron; los Carabineros lloraban vivamente, y quedaron todos libres. Esos muchachos no entendían
esto y preguntaban, "–¿Quiénes son ustedes? Los vimos que
cantaban y después los metieron acá adentro". Empezaron a
repartir los dulces que vendían como regalos. Decían, "–Entre
que se los agarren los Carabineros y que se los coman ustedes,
mejor ustedes". Quedamos como ángeles con ellos porque les
trajimos la libertad. Uno de ellos quedó muy mal con los gases
y lo llevamos a que tomara leche. Es posible que uno de ellos
esté en el Movimiento porque dijo que entraría.
Hemos hecho otras acciones de índole muy diferente.
Hicimos una acción en el Metro. Fue una cosa enteramente
nueva, distinta. Ahí se aprendió todo de nuevo, ahí todo era
distinto y funcionó muy bien. No arrestaron a nadie. Fue sumamente peligroso porque estábamos metidos en la cueva, de
ahí no se puede arrancar. Fue muy bien sincronizado. Entramos
unos doscientos en un tren, subimos en la Estación Central, tomamos tres carros, esperamos durante varias estaciones y entre
las estaciones Moneda y Universidad de Chile nos dirigimos
a los pasajeros como los vendedores ambulantes, diciéndoles:
"–Señores pasajeros, ustedes perdonarán, pero hay algo que
nosotros no podemos callar y queremos decirlo aquí, que en
341
Chile hay tortura". Les leímos una de estas aclamaciones con
respuesta contra la tortura: "En cuarteles de las Fuerzas Armadas, en Comisarías de Carabineros y en la CNI... En Chile se
tortura", contestaban todos. Invitábamos a participar a la gente
que había allí y había gente que nos acompañaba. Esto tenía
que durar cuarenta y cinco segundos, así que eran unas pocas
aclamaciones y al final les pedimos a los pasajeros a que nos
acompañaran a decir juntos, tres veces "¡No a la tortura!".
Como todo estaba cronometrado, después de esto se abrieron
las puertas y salimos como si no hubiera pasado nada. Fue muy
lindo. Dejamos el tren y la estación invadida de volantes, de
palomitas con datos sobre la tortura.
El Día del Carabinero, en mayo, salimos a las calles de
Santiago y a las Comisarías, repartidos en grupos de a dos y
un observador. Eramos entre doscientos y trescientos. Nos acercábamos a un Carabinero, lo saludábamos, conversábamos. Los
Carabineros se ponían muy sonrientes porque se supone que
la gente los saluda –y, en realidad, hay gente que los saluda.
Luego les hacíamos dos preguntas: "–Hay personas que dicen
que los Carabineros torturan, ¿es cierto?". Si el Carabinero no
se indignaba, nosotros le preguntábamos, "–Y a usted, ¿qué le
parece?". Algunos decían, "–Mire, yo no sé nada de eso; no
tengo que ver nada con eso". A las Comisarías íbamos y entregábamos una carta al comisario en que se decía que sabíamos
que Carabineros torturaba y que nosotros no estábamos de
acuerdo con eso y que esperábamos que se terminara. Una cosa
muy respetuosa, la dejábamos allí, nada más, y nos retirábamos.
Nunca leían la carta inmediatamente. Todo esto sucedía a la
misma hora en todas las Comisarías de Santiago.
Donde también aprendimos algo fue en un momento
bastante crítico. Preparamos una acción en la calle Patronato
con Santa Filomena. Allí hay mucho público y hay como ferias en la calle. Es un lugar muy popular. A las doce del día
hay mucha gente. Ahí preparamos algo. Cuando llegamos, en
la misma esquina donde teníamos que hacer había un bus de
Carabineros preparado. Nos dimos cuenta que sabían que iba a
haber una acción porque algunos de los nuestros que pasaron
cerca escucharon en la radio del bus instrucciones para que
342
los Carabineros estuvieran un rato más allí porque había una
alarma para ese sitio. Es decir, se habían infiltrado. Es la única
vez en que se ha filtrado la información. Entonces no hicimos
el acto. Fue ésta una crisis del Movimiento porque nos dimos
cuenta de que las medidas de seguridad habían aflojado mucho.
Hicimos una reunión de análisis bastante polémica inmediatamente después de eso. Nos juntamos en una iglesia cerca, y
discutimos mucho por qué había pasado y qué debíamos hacer.
Allí supimos que había escuelas universitarias donde se decía
a gritos "–Hoy hay "Sebastián Acevedo" a tal hora. No se olviden." Se había perdido el rigor de las medidas de seguridad.
Había, por tanto, mucha gente que estaba sin mayores controles.
Ahí tuvimos que apretar un poco. Incluso bajó el número de
participantes. Después de muchos debates se acordó hacer la
acción de todas maneras, pero en otra esquina cerca. Como
una hora y media después se hizo, con voluntarios, porque ya
era muy tarde. Se hizo una acción con pocas personas, en la
esquina con Independencia, a metros de Borgoño. A los pocos
minutos llegaron del CNI y retiraron el lienzo.
La acción de la esquina de Santa Rosa con la Alameda
fue muy interesante porque allí está el edificio del Cuerpo de
Carabineros. Como se tomó un video a la distancia, desde una
altura, con toda comodidad pudimos ver qué pasa con los Carabineros que llegan después de una acción. Es muy curioso.
Se tomó desde dos minutos antes de la acción, la confluencia
de la gente, como se empieza puntualísimo, la acción misma,
después como se disuelven, y después llegaron dos Carabineros.
Habíamos dejado el lugar tapizado con volantes. Los Carabineros llegan, miran para todos lados, toman uno de los papelitos,
lo leen, se dan cuenta de qué se trata: era contra ellos, era
sobre Carabineros. Entonces lo arrugaron y lo botaron disimuladamente, miraron para atrás como si fuera a aparecer gente
contra ellos, y muy desconcertados no sabían qué hacer. Luego
llegan dos Carabineros en moto, hablan con ellos, vuelven a
tomar volantes, pero esta vez los toman disimulando, como si
les diera vergüenza que la gente vea que toman los papeles.
Gozamos con esto. Finalmente se fueron.
Después de las primeras veces, por allí por la tercera
343
acción, más o menos, ya los Carabineros sabían cuando se
encontraban con el Movimiento Sebastián Acevedo. Nosotros
veíamos notoriamente que nos trataban mejor que cualquier otra
represión. Eso fue un tiempo, y después percibimos claramente
que, al revés, empezó a recrudecer, a ser cada vez más violenta.
Ahora es muy fuerte. Hay dos niñas relegadas.
7. El miedo, la convicción y la fe
Una vez al año nos reunimos todos y hacemos una
evaluación general. La primera vez hicimos un estudio sobre el miedo. Todos tenemos mucho miedo. La gente parece
admirar al Movimiento "Sebastián Acevedo" por su valentía,
y no saben que en las acciones estamos temblando. Estamos
temblando sobre todo en los momentos anteriores. A menudo
he oído que a la gente se le descompone el estómago. Todos
con diarrea, por ejemplo. Yo siento las piernas como de lana
cuando camino la última cuadra hacia el lugar de la acción.
El miedo disminuye notablemente cuando ya estamos juntos.
El apoyo del grupo es decisivo y varios han señalado que esas
acciones que hemos hecho de dos o tres nada más, por ejemplo,
en el Día del Carabinero, acercarse a un Carabinero o a una
comisaría, han sido las que les han dado más miedo. Han sido
las más duras, a pesar de que en sí mismas no trajeron ningún
enfrentamiento. El estar solo o casi solo aumenta mucho más
el temor. El temor disminuye con la presencia grupal.
A más de algún creyente le he oído decir que el "Sebastián Acevedo" es una oración, que la acción es como un
momento de oración porque en una buena teología para nosotros el torturado es Cristo que hoy es crucificado. Es como la
convicción de fe de que hacemos algo en ese momento, como
un homenaje, como un apoyo, como un servicio al Cristo que
hoy día está siendo crucificado en los perseguidos y en los
torturados. Eso es muy íntimo y muy intenso. Yo recuerdo que
para esa primera acción, en que nadie sabía qué podía pasar,
porque nadie había hecho una cosa así, yo me fui en una micro.
En ese entonces yo estaba trabajando todavía, no había jubilado.
344
Prácticamente me arranqué del trabajo, porque la acción era en
una hora de trabajo. Fue bastante curioso. Yo le pedí al director
permiso para salir porque tenía un pariente difunto. Era cierto,
pero era un pariente lejano. En el viaje a la acción iba terriblemente asustado. Hice oración todo el trayecto de la micro.
Fui orando, y fui orando una oración que unas pocas veces he
hecho, de decirle al Señor, "–Voy a encontrarme Contigo, a Ti
torturado es a quien voy a visitar, voy a ayudar". Eso me dio
un poco más de paz. Sobre todo me dio una conciencia de la
presencia del Señor en la fe y desde entonces lo hago siempre:
un rato de oración antes de irme a la acción. Para mí cada
acción es una presencia del Señor. Sé que muchos tienen ese
mismo momento de fe, de oración, de presencia del Señor que
nos ayuda mucho, nos tonifica mucho.
El rezo a veces sale espontáneo en las acciones, no lo
hacemos conscientemente, ni tampoco lo hemos recomendado.
No tenemos muy claro por qué un Padrenuestro es lo indicado
para estas cosas. Después de todo, no todos somos cristianos.
Pero de hecho, en las ocasiones en que estamos sentados rodeando un vehículo de Carabineros para inmovilizarlo, nos
lanzan chorros de agua, entonces nos tomamos de las manos
y la gente comienza a rezar el Padrenuestro. Yo no sé, no
entiendo por qué esto ocurre. No me gusta meter cosas de religión, de rezos, o actuar de esa forma sobre los Carabineros,
que también tienen sus sentimientos religiosos. No creo que
sea legítimo obrar sobre sus sentimientos religiosos. Es como
abusar. No sé si es una medida legítima, pero se ha hecho, ha
resultado espontáneamente. No ha sido recomendado por el
grupo. También algunos de nosotros se arrodillan espontáneamente. Ha causado mucho impacto esto, junto con la oración,
a la gente que mira nuestras acciones. Pero no es favorecido
esto por nosotros, porque también hay que respetar a los que
no tienen fe religiosa.
Los no creyentes tendrán otras motivaciones para participar, por supuesto. Cuando hemos estado detenidos en Carabineros y después de horas afloja un poco la rigidez del Carabinero,
conversamos con él y le decimos "–Si usted no ha torturado,
nosotros no tenemos nada contra usted. Pero hay Carabineros
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que torturan". Ahí he escuchado a ateos decir que ellos participan en las acciones por el valor que tiene el ser humano, por
amor al ser humano, que es una motivación que por supuesto
los creyentes también tenemos. Es un hombre el torturado y
eso me duele mucho; sé que en el torturado hay una presencia
del Señor, es una repetición de la Pasión de Jesucristo. Las
motivaciones son muy semejantes, entonces.
Lo más importante es llegar a las acciones unos minutos
antes. El temor de atrasarse es terrible. Estar unos minutos antes
relaja un poco. Ver el lugar, pasar por ahí cerca, reconocerlo,
ver que hay otros compañeros que están por ahí dando vueltas,
pasar cerca como si no nos conociéramos, todo esto inicia el
apoyo grupal. Un segundo después de la acción es enteramente
distinto a antes de la acción. Soy como otro hombre. Se pasa
todo. Está la sensación gratificante de que he hecho algo por
los oprimidos. Hice algo bueno. Vivimos aplastados por la
situación de opresión que hay en Chile. Entonces tenemos la
sensación de que rompimos algo de eso, que hicimos algo para
que eso disminuya. También está la alegría de que burlamos a
los Carabineros, que no llegaron a tiempo. La acción se hace
pase lo que pase, llegue quien llegue y pase lo que pase, la
acción se hace entera. En la acción misma nos ha pasado que
estamos cantando y llegan los Carabineros. Una vez, por casualidad se paró ante nosotros un coche de patrulla y no hizo
nada, Otra vez, en la Avenida Dieciocho había mucho movimiento de Carabineros y también llegó un coche de ellos y el
tráfico de la Alameda no le permitió pasar. Comenzó a hacer
sonar la sirena y nosotros cantábamos y oíamos la sirena ahí
mismo. Era como una película de horror, pero ya estar ahí no
aumenta el miedo, pase lo que pase. A veces alguno dice "–Ya
llegaron". Ni miramos. Sabemos que tenemos que terminar
y ahí veremos. Ayuda mucho ver a los compañeros y que el
público aplauda. Donde más nos impresionó eso y nos ayudó
fue en Providencia con Los Leones. Hicimos allí una acción
en que por primera vez, y única vez, nos fuimos a meter al
bastión de la burguesía, donde sabemos que se mira con menos
simpatía nuestras acciones. Nos impresionó grandemente que
en ninguna parte nos han aplaudido más que ahí. Fue impre346
sionante. Nos dijimos "–Si ni siquiera aquí Pinochet tiene gente
que lo defienda y que lo apoye, entonces qué le queda". Luego
que terminamos aplaudieron y el lienzo quedó un largo rato,
hasta que pasó un señor que debe haber sido CNI y lo retiró.
La gente lo pifió. Esas cosas ayudan mucho, pero vienen más
bien después. Cuando estuvimos frente al Teatro Municipal, en
que en ese bus se metió detenidos a los vendedores ambulantes,
se juntó mucha gente que no sólo aplaudía y apoyaba, sino
que también vimos a varios del público que se incorporaron a
nuestra acción. Oímos a gente que se invitaba a unírsenos.
A veces, con la tensión, hacemos el canto demasiado
rápido. Nos apuramos demasiado por el miedo y porque somos
muy fieles a que no nos vamos a ir hasta que terminemos.
Cuando estamos en algún sitio muy peligroso a veces nos
reímos de nosotros mismos diciendo que cantamos abreviando
inconscientemente. Pero nunca la gente nos ha dicho que cantamos demasiado apurados.
El Movimiento "Sebastián Acevedo" fue el primero en
romper el Estado de Sitio. La primera acción pública pocos
días después que se lo declarara fue frente a la iglesia de San
Francisco. Ahí cayeron las dos niñas que fueron relegadas.
Como había Estado de Sitio podían relegar sin necesidad de
juicio. Estas dos muchachas cayeron porque no observaron las
reglas de seguridad. Entre esas reglas de seguridad está que
inmediatamente después de la acción nos disolvemos y nadie
se queda mirando lo que pasa. Eso tienen que hacerlo otros,
personas especialmente designadas, que no han intervenido en
la acción. Sucedió que los Carabineros tomaron a dos monjas
que no estaban en la acción. Las dos niñas quedaron preocupadas por las dos monjas y las siguieron. Los Carabineros que
las llevaban las detuvieron.
Algo que nunca hemos aprendido es a disolvernos
realmente separándonos. El apoyo del grupo cuesta mucho
romperlo después de las acciones. Entonces la gente siempre
se va como en piño, y eso es malo, porque si viene la fuerza
represiva los toma. Siempre hay uno o dos o tres piños. Es la
necesidad psicológica insuperable de apoyarse unos con otros.
Como sabemos que el peligro sigue, romper eso cuesta mucho.
347
Entonces, a pesar de que lo hemos repetido mucho, yo veo que
hasta ahora –y llevamos treinta y tantas acciones– eso no se ha
logrado. La gente siempre se retira en grupo.
8. La identidad del MCTSA
En las reuniones de evaluación que siguen a las acciones
se nota una euforia. Es una reunión muy especial, muy única.
Hay efectivamente un ambiente de fiesta. Las personas que han
estado observando las acciones cuentan los distintos episodios
que han visto y también los errores que se han cometido y las
cosas más acertadas que se han hecho. Cada uno, además, puede decir su experiencia, si tiene alguna experiencia particular.
Generalmente todo eso es muy divertido. Siempre está lo que
hicieron algunos Carabineros, o lo que dijo la gente. Yo recuerdo que una de las dos veces que hicimos una acción frente a la
iglesia de San Francisco, una religiosa que estaba observando
contó que se había colocado al lado de dos Carabineros que
estaban allí de servicio. Nosotros ya sabemos que cuando hay
dos nada más no hacen nada; sólo avisan. Los Carabineros
actúan nada más que cuando están en grupo o están armados.
Ella oyó perfectamente que un Carabinero le dijo al otro, "–No
te preocupís, estos huevones duran cinco minutos no más y se
van". Nosotros sabíamos donde estaba el puesto de Carabineros más próximo, de donde podían venir. Así que ese aviso lo
suponíamos, pero llegaron cuando ya nos habíamos disuelto.
Estas anécdotas son muy divertidas para nosotros.
Algunas veces también se cuentan cosas más alarmantes.
Una vez se temió que allí cerca de donde estábamos reunidos
había alguien sospechoso, pero no pasó nada. Es una reunión
de mucha alegría, son una de las pocas veces en que todos
estamos juntos. También en ellas se pregunta quiénes son los
que han estado por primera vez en una acción. Siempre hay
alguno; entonces se les anima, se les aplaude. No es difícil que
se integren a nosotros, eso sí que no entra nadie que no sea
conocido de alguien en el Movimiento. No hay adiestramiento
especial ni nada. Se tiene que tener claro no más de qué se trata
348
y el método que es de no-violencia activa. Hay una que otra
condición que no se puede decir sin autorización. La persona
que quiere hacer una denuncia contra la tortura y quiere hacerla
de esta manera sólo tiene que ser de confianza de alguien en
el Movimiento para que tenga asegurada su entrada. Lo que
luego tiene que hacer es bastante poco.
El crecimiento del Movimiento no resultó como habíamos pensado primitivamente. Es que nos habíamos hecho un
esquema demasiado mecánico. En los dos años de vida que
tenemos no se ha infiltrado nadie de la CNI, cosa muy rara en
Chile hoy en día: un movimiento que mueve unas decientas
personas para cada acción, clandestinamente, por el que en total
habrán pasado unas dos mil personas. El "Sebastián Acevedo"
es manifiestamente de gente joven. En la Universidad es más
fácil invitar a la participación a la gente de confianza. Hay toda
una rotativa. Yo estoy consciente de gente que estuvo unas dos
o tres veces en el Movimiento y cada vez tuvo tanto temor que
prefirió no seguir, o gente que va sólo cada tres veces. En los
aniversarios hemos hecho como una estadística de los miembros, pero visual nada más, pidiendo que levanten la mano las
personas que han estado desde el principio. No son muchos.
Hay unos cuantos que permanecen. Luego se pregunta por las
personas que ya llevan un año y las personas que llevan tres
acciones nada más. Así nos hemos dado cuenta que hay bastante
rotativa. Es difícil saber de la estabilidad de permanencia de la
gente. Uno siempre ve que se mantiene más o menos el mismo
número, pero uno ve siempre caras nuevas, lo que significa que
hay caras que se van retirando también. Hay una evolución en
un sentido bueno. Al principio, la proporción de sacerdotes y
religiosos era alta. Ahora hay mucha más gente joven, estudiantes. Permanece un buen grupo de sacerdotes y religiosas,
pero entre los doscientos, trescientos estables somos lejos los
menos. Al comienzo el Movimiento parecía una cosa de puros
curas y monjas, ahora es mucho más de laicos.
Hay poca participación de pobladores. Nunca hemos hecho mucho empeño de buscar mucha más gente de ahí. Lo que
pasa es que el mundo estudiantil es mucho más para este tipo
de cosas, para acciones en la calle. Se invitan entre ellos. Hay
349
gente de poblaciones y si uno piensa en gente pobre, señoras
que hacen colas con una guagua en los brazos, naturalmente
que no son ellos los que participan. Son los jóvenes de las
poblaciones los que participan, pero yo no sé en qué proporción. Pero es cierto que da la impresión de que hay mucho
más estudiantes. También está el problema de la diferencia de
conciencia política en las diversas poblaciones. Pudahuel, por
ejemplo, tiene muchos curas y gente activa. La gente de las
poblaciones se moviliza más por las cosas de las poblaciones,
cosas más puntuales y concretas, como comprar comida, encontrar plata para pagar los dividendos de las habitaciones. La
conciencia social que tiene la gente de poblaciones es bastante
localista. El hecho mismo de ir al centro de la ciudad obliga
a tener mayor conciencia de la represión para estar en esto.
La gente de población claro que la tiene, pero esa conciencia
de la represión es local. Yo veo gente en mi población muy
politizada, y sin embargo no va mucha gente a las acciones de
la "Sebastián Acevedo", y los que vamos no sé por qué no le
hacemos mucho empeño de buscar gente ahí.
9. Definir el foco de acción
Hemos tenido cuidado de no movilizarnos frente a otras
cosas que no son la tortura. Por ejemplo, frente al conflicto
carcelario, los asesinatos en la vía pública, el asesinato de
los hijos de la familia Vergara. Hemos mantenido una política de acción relacionada solamente con la tortura. Puede
haber desaparecimientos, puede haber asesinatos, puede haber
abusos carcelarios, puede haber alguna ley abusiva en uno
u otro sentido, pero no salimos a protestar por todo eso. Es
una limitación que nos hemos autoimpuesto. Queremos seguir
pegando en el mismo clavo. Es cierto que nos tienta hacer
manifestaciones del "Sebastián Acevedo" por otras cosas; por
ejemplo, otro desaparecido que hubo hace poco, el muchacho
Lazo; por ejemplo, participar en una protesta por los Derechos
Humanos en general. Hay gente que tiende a eso. Pero en la
práctica nos hemos limitado siempre a la tortura y hay gente
350
que es un poco estricta en eso. Cuando hubo estado de sitio
hicimos una manifestación. Algunos dijeron que nos habíamos
salido de nuestra meta. Pero en realidad ahí dijimos ESTADO
DE SITIO = MAS TORTURA. Es decir, siempre relacionado
con la tortura. Cuando hubo una manifestación respecto a Pinochet dijimos PINOCHET ES EL MAYOR TORTURADOR.
QUE SE VAYA. Algunos dijeron, "No nos corresponde decir
que se vaya", pero, en fin.
Otra divergencia que hay es que algunos quieren acciones
más atrevidas. Hay bastante deseo de que nos atrevamos más.
Que estemos más tiempo en las acciones, un cuarto de hora, que
no importa que estén los Carabineros, que nos detengan a todos
no importa. De hecho, la última acción fue bastante atrevida.
Fue frente a los Tribunales, donde siempre hay Carabineros.
Ese viernes, el último viernes en que funciona la justicia, era
previsible que hubiera un bus de Carabineros. Pero de hecho no
hubo; nadie fue detenido. Este año la norma que se ha dado es
que nos atrevamos más. Este año de 1986 va a ser muy duro,
va a haber más acción y más represión. Otros quieren que evitemos las detenciones, en lo posible; que no nos desgastemos
demasiado en ello. La Comisión Coordinadora busca una línea
sensata entre esas divergencias que hay.
La lógica de nuestras acciones obedece a varios propósitos: el emplazamiento de las autoridades; otro, el de llevar a las
autoridades a definirse en algunos casos de Derechos Humanos;
otro, revelar violaciones de Derechos Humanos en lo que se
refiere a tortura, exponer a la luz pública situaciones desconocidas. Crear repudio y vencer el temor es otra contribución
de nuestras acciones. Por ejemplo, la acción que hicimos en
Providencia con Los Leones, en el centro comercial de Providencia, pusimos un gran lienzo que decía PINOCHET GRAN
TORTURADOR. QUE SE VAYA. Que se ponga eso allí –el
lienzo estuvo expuesto como veinte minutos–, que salga gente,
que se grite y retumbe, todo eso es muy bonito. Después que
nos fuimos quedó público dando vueltas por ahí, gritando, cuidando el lienzo, repartiendo los papeles, leyendo. Esto es vencer
el miedo. Este es otro de los provechos de nuestra acción. En
esa acción nosotros temíamos un poco, porque es un público
351
de Barrio Alto, donde hay clase alta, donde la gente está más
intimidada por el ambiente. Generalmente hemos actuado en el
centro de Santiago. Pero fue realmente donde ha habido más
receptividad por parte del público, es curioso. Pero cuando repartimos las tarjetas de Navidad en las iglesias del Barrio Alto
la reacción fue negativa. Ahí fue donde tomaron al sacerdote
Dennis O'Mara y después lo expulsaron del país. El público
alegó que eso era política, subversión, que no se podía permitir,
hubo denuncias a Carabineros, hubo gente detenida, ¡de parte
de los mismos cristianos que salían de las iglesias!
10. Los límites de la expresión ritual y simbólica
El Movimiento "Sebastián Acevedo" es muy conocido.
Eso por razón de algo que siempre hemos considerado muy
importante, que es la cobertura de prensa. Esa ha sido siempre
una preocupación muy grande. Las acciones nuestras no son
lo que pasa allí en el momento, y todos nosotros nos damos
cuenta de eso. Lo importante es lo que la prensa dice de las
acciones. Eso llega a muchísima más gente. La gente que nos ve
en los mejores casos serán mil personas, quizás menos, aun en el
centro, la gente que va pasando en ese momento. Entonces para
nosotros la prensa y la radio son decisivas. Algunas revistas
publican siempre una fotografía. El Movimiento es también
muy conocido en el exterior. Los videos nuestros se han visto
en todo el mundo. Con cierta frecuencia en nuestras acciones
nos damos cuenta que algunos camarógrafos y fotógrafos son
extranjeros. La dictadura le teme a esto. Los Carabineros nos
dicen: "–A ustedes les gusta que les tomen fotografías". Pero
es decepcionante, en cierto modo, que después de dos años de
estas acciones, que son bastante cubiertas por los medios de
comunicación, la tortura sigue igual. No tenemos la impresión
que en eso hayamos hecho mella. Esa era nuestra intención. La
evaluación que hemos hecho es que a la dictadura no le hemos
hecho mella. Nos conoce sí muy bien. Le hemos escrito cartas
352
al Ministro del Interior, por ejemplo. En cambio, en la opinión
pública hemos crecido mucho. Ahora, junte esas dos cosas usted
y resulta que lo que pasa es que la dictadura es de una enorme
insensibilidad a la opinión pública, es burra sencillamente, es
mula, le importa un pepino lo que la opinión pública piense.
Hay otro límite para nosotros que es la novedad que esperan los medios de comunicación. Hay periodistas que piensan
que nos repetimos mucho. Además, como hacemos acciones
relámpago, por mucho que se les avise a veces no alcanzan a
llegar. Tienen que ser superpuntuales y a veces pasa al revés.
Llegan antes y se acumulan un poco en el lugar de la acción
anunciada. Esto es peligroso porque es como que avisan que
allí va a pasar algo. En la primera acción, en Borgoño, pasó
una cosa muy extraña. Había un camarógrafo del Canal 11 de
televisión y la acción no fue interferida por la policía. La policía, entonces, no sabía. Suponemos que alguien contrario al
régimen le avisó a alguien contrario al régimen dentro de ese
Canal. Nos preocupa que la prensa esté pensando que en nuestras acciones ya no hay un valor de noticia. Hemos comentado
que tenemos que renovarnos. Hay gente pensando en esto; por
eso es que hemos hecho acciones distintas, como la del Metro.
Algo de cobertura de prensa hubo para ella. Pero en el Metro no
se pueden tomar fotos. Estamos con la preocupación de buscar
formas nuevas de expresión. Se piensa en tener, por ejemplo,
como un grupo de bomberos que esté a disposición para que
en un momento dado, con la noticia de una tortura, se entre
inmediatamente en acción. Lo bomberil está en que uno se
compromete a realizar la acción pase lo que pase. El bombero
que está trabajando, a la noticia de un incendio deja inmediatamente su trabajo y marcha hacia allí. Nuestra expresión es una
fórmula muy precisa: lienzo, muchedumbre apelotonada, canto,
pancartas, letanía, aclamaciones y disolverse. Lo del Metro
fue enteramente distinto, lo del Día del Carabinero fue muy
distinto. Incluso en una de las reuniones se dio un rato para
esto, como una especie de elenco para que diferentes grupos
piensen y propongan nuevas formas de acción. Tenemos un
listado de acciones, pero se han hecho unas pocas de esas no
más. Habrá y tendrá que haber creatividad en la proposición de
353
símbolos, pero no tanto que vengan del cuerpo del ser humano
individual, sino más bien del grupo, la comunidad. Aquí está
la noción de elenco.
Todavía hay muchos signos posibles. Una vez fuimos a
las iglesias del Barrio Alto para repartir tarjetas de Navidad.
Allí aprendimos mucho sobre el ser humano, sobre el católico,
cosas muy vergonzosas. Gente que acababa de estar en misa,
de comulgar y que luego llamaban a los Carabineros para
que detuvieran a sacerdotes porque habían hablado contra la
tortura. En la iglesia del Golf, de Nuestra Señora de la Divina Providencia , en San Ramón hubo reacciones muy sucias,
incluso de agresión a una monja por parte de varios hombres.
Nos gritan "¡pagados!", "¡comunistas!". ¡Hubo tal expresión de
odio! Una compañera estaba desolada de esa reacción, no la
aceptaba. Había estado en la misa, había comulgado con los
otros y trataron de arrebatarle las tarjetas a la fuerza. Ella es
muy expresiva y les decía "–¡Cómo es posible, usted acaba de
comulgar. Usted es cristiano y yo también y nosotros estamos
contra la tortura, pero usted está con la tortura!" No le cabía
en la cabeza. Eso fue bien penoso. A raíz de eso Ronaldo Muñoz hizo una especie de "Credo del Burgués" que acusa a su
hermano, el revés del Credo.
Al hablar de elenco entramos a una teatralidad más meditada, una coreografía distinta. Estamos preocupados de eso.
No sé si podremos hacerlo, o cómo lo vamos a hacer, pero
estamos preocupados de ir variando. Hay grupos de teatro en
las poblaciones, en las comunidades de base cristianas.
Testimonio laico
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1. Necesidad humana y tortura
Los laicos estamos en el Movimiento desde los inicios.
Aunque esto fue idea de seis personas, gente como nosotros,
de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos,
no podíamos sino integrar este Movimiento porque somos los
más afectados entre todas las violaciones de Derechos Humanos. Nuestros familiares sufrieron la tortura física y psíquica.
Muchos de los que estamos activos también hemos sufrido eso
por parte de este régimen. Era realmente importante formar el
Movimiento. Antes no se había formado porque los gestores
estaban dándole vueltas a la idea hacía ya bastante tiempo, meses antes, sobre la forma de llamar la atención sobre la tortura
que estaba sucediendo en el país.
Pero, ¿cómo darle cuerpo al grupo? De una u otra forma
todos los chilenos hemos sido torturados. Los niños desnutridos
también son torturados. No tener cómo darles un pan es una
tortura, para los padres y para los niños que piden, a los que
se les dice que no hay. No hay una taza de leche para ellos.
Gente como nosotros fue formando organizaciones desde el año
1974, cuando no quedaban organizaciones sociales, habían sido
desmanteladas. Por ejemplo, se fueron formando organizaciones
de cesantes. En ellas veíamos con mucho dolor cómo el padre
de familia se daba vuelta en la cama, viendo cómo la mujer
y la hija salían temprano en la mañana para ganarse la vida,
mientras él tenía que quedarse en la casa porque no hay trabajo
o está en listas de gente política que no podrá conseguir trabajo. Desgraciadamente la mentalidad del chileno es machista:
es el hombre el que mantiene la casa. De golpe y porrazo se
encuentra con que es incapaz de mantener esa casa porque no
hay trabajo. Nosotros fuimos palpando cómo pasaron los meses
y pasaron los años y ese hombre fue aniquilándose cada vez
más con lo que significaba esa tortura psicológica.
Recuerdo un caso muy patético en la zona norte de Santiago. Una persona que tenía seis hijos, que no podía encontrar
trabajo a raíz de su condición política, invertía el dinero que
ganaba en pequeños trabajitos en pan para sus hijos y no se atre355
vía a comer de ese pan porque iba a faltar para alguno de ellos.
Al cabo de un par de años murió completamente desnutrido.
Casos como ese están a diario. Que no se den a la publicidad
es otra cosa, pero cuando uno los ha palpado en forma personal,
jamás se pueden olvidar. Jamás se podrán olvidar las torturas de
aquellos dos jóvenes que se sienten impotentes de formar una
familia porque no tienen cómo mantener a la compañera, o por
lo menos cooperar en ese nuevo hogar que están formando. Van
pasando los años y ese joven se va frustrando porque no tiene
trabajo, no tiene posibilidades de estudio. No tiene recreación,
no tiene ningún tipo de incentivo. Solamente se dedica a las
drogas y al alcoholismo. También es una tortura que la gente no
tenga un techo bajo el que vivir. En este momento hay cientos
de miles de personas en Chile que viven allegadas con otras
familias. Hasta seis familias metidas en una casa pequeña, que
fue hecha para una familia de dos o tres personas.
Entre los que comenzaron el Movimiento había religiosos y laicos, mitad y mitad. Nosotros los de la Agrupación de
Familiares de Detenidos Desaparecidos los apoyamos en la
parte de estrategias de acciones no violentas. Los del Movimiento tenían todo de sí por entregar, pero faltaba una práctica
sin caer en la provocación. Lo que se necesitaba era el modo
cómo denunciar para crear una conciencia sobre la tortura.
También se conversó con psicólogos sobre lo que significaba
la tortura porque no podíamos estar denunciando algo que no
conociéramos a fondo, lo que significa estar siendo torturado
tanto física como mentalmente, sus secuelas. De los muchos
testimonios que nos dieron lo que más me impacto fue entender
cómo puede un ser humano resistir tanto, entender cómo es
posible, después de un tratamiento muy intenso por parte de
los psicólogos, lograr recuperarlos.
Después de meses, años, todavía queda la incertidumbre
en los torturados: ¿ahora a quién le toca?, cuando se siente un
ruido en la noche después del toque de queda, cuando se siente
que un vehículo se acerca. Ha sido torturada gente que no ha
tenido ninguna participación política, como ha pasado en la Protesta Nacional. Balas militares han asesinado a madres delante
de sus hijos, niños chicos han caído muertos en sus dormitorios.
356
Todo eso va creando un círculo en torno a la familia que los
va afectando. Es como un mal contagioso que va infectando
a toda la sociedad, se van generando como anticuerpos como
para que no le pase al resto de la gente. Quisiéramos que los
niños no se den cuenta de lo que estamos viviendo. Aunque sí,
ellos se dan cuenta de todo, van demostrándolo de otra forma:
terror a la oscuridad, orinarse en las camas, olvidarse de todo lo
que han aprendido a leer en la escuela. Esta tortura psicológica
es tan grave como la tortura física. Esta va dejando secuelas
visibles, pero las otras están más escondida.
Sin embargo, hemos tenido discusiones sobre qué tipo de
tortura vamos a concentrar nuestra acción. Si bien está la tortura
psicológica, la tortura física, también es una tortura cuando
a un joven se lo detiene en una protesta y se lo comienza a
golpear. Pero nosotros nacimos denunciando la tortura del que
está en las cárceles secretas, aquel que es detenido en forma
oculta, por varias horas, por varios días, aplicándole todos los
métodos y maquinarias especializadas que tienen. Sabemos
que la tortura psicológica deja dañado a un chico o a un joven
incluso por el resto de su vida, pero sí respetamos el hecho de
que llegamos a protestar por la tortura entendida de esa manera.
Si queremos denunciar otras formas de tortura hay otros grupos
y organizaciones.
Hemos tenido que ir analizando y definiendo nuestro
foco de actividad y seguir respetándolo. Esto se ha seguido
respetando aunque la entrada de más jóvenes en el Movimiento ha traído la demanda de que nuestras acciones no sean tan
pacíficas. Los jóvenes son más impulsivos. Pero nosotros no
podemos pasar a llevar la razón por la que se creó el Movimiento. Estaríamos engañando a los integrantes, que entraron
en forma muy voluntaria, si esto cambia. Al cambiar tendría
que crearse otra organización. Un ejemplo fue la petición de
los jóvenes ante la situación de los prisioneros sometidos a
juicio de Consejos de Guerra, sobre lo que también hemos
intervenido. Ellos son los más torturados, porque se les saca
declaraciones a toda costa para luego usarlas en los Consejos,
y se los sigue torturando en el lapso de días meses y años
después que se los ha detenido.
357
Como a veces se dice y se piensa, revolucionario es el
que más ama la vida, el que está dispuesto a entregarla, aun a
través de la violencia, con tal de que otros logren vivir en paz.
Hay otros que piensan que es necesario hacer cosas pacíficas.
Nosotros respetamos a todos.
2. La lucha por la civilización
Hay que tener un pleno conocimiento de lo que significa
la tortura para poder trabajar en conjunto con otros grupos. Esta
relación se da con cada persona que está contra la tortura. Ningún chileno bien nacido realmente practicaría la tortura, aquí
en Chile o en cualquier otro país. La integración de la gente se
da mucho más cuando han trabajado en diferentes equipos, en
diferentes lugares, contra la tortura. Las diferentes comisiones
o equipos de salud han tenido un trabajo bastante intenso y
agotador. Antes, tener un detenido en la familia era una vergüenza, porque era como tener un criminal; pero ahora es un
orgullo, porque es un luchador social es que lo han detenido.
Antes costaba enfrentar a los hijos y decirles de los parientes
detenidos o explicarle a las amistades. A los niños muchas veces
se les decía que andaba de viaje. A la larga esto produjo más
problemas que enfrentar la realidad poco a poco, en ese mismo
momento. No había una forma, un método para decir que en
Chile se está matando secretamente, se está torturando.
Si la gente tuviera conocimiento cabal de que el MCTSA
existe, estaría formando parte de él. Por eso es que el MCTSA
ahora no está solamente aquí en Santiago, sino también en provincias. Toda persona que ha sido torturada debería denunciar
aquello, debería dar testimonio de lo que significa pasar por
aquello, para que este método no se repita con otra persona, con
algún vecino. Muchas veces la gente es detenida y no quiere
hacer la denuncia porque a ellos no les han hecho tanto daño
como a otros. Además, como los han amenazado para que no
digan lo que les ha pasado, temen que quizás les pase algo
peor. Tenemos que afirmar que esto no puede continuar, ni en
Chile, ni en ningún otro país del mundo, porque vivimos en
358
un mundo civilizado.
Si no estamos preparados para la denuncia con conciencia, ahora, en el futuro los afectados generarán alguna forma
de venganza. Hay un grueso del sector de las poblaciones que
no participan en ningún tipo de actividad de oposición. Cuando
ven que alguien de su familia es arrebatado, torturado, se les
generan unas ansias y unos deseos de venganza. Hemos tratado en especial de que los niños no críen esa sed de venganza,
mostrarles que todo es posible en un país que tendrá que ser
democrático y hacer que los tribunales hagan justicia, que
castiguen a los culpables de tanta maldad. Pero cuesta bastante
luchar contra el "ojo por ojo", no puede ser la mano nuestra
la que aplique la justicia. Ya volveremos a aquellos tribunales
civiles que realmente la apliquen. Proponemos una manera
más creativa de uso de energías que de otra manera irían al
odio. No se puede seguir sembrando odio para que luego lo
que recojamos sea más odio. El niño, la juventud, que lo han
perdido todo, tienden a encerrarse en sí mismos y cuesta sacarlos de allí, del egoísmo de que porque la represión les hizo
algo, ellos también van a hacer lo mismo el día de mañana.
Hay niños que realmente en sus juegos viven practicando la
violencia porque se han criado viendo violencia. Esos niños no
pueden seguir en ese odio.
Hablamos en las poblaciones pidiendo a los jóvenes
que no se ensimismen, que hay otros caminos además de la
violencia. Reconforta saber que hay jóvenes que están por el
diálogo, por conocer testimonios de los afectados por la violencia represiva. Es impresionante ver la atención que prestan,
las preguntas que hacen. Luego terminan preguntando eso tan
hermoso, "–¿Y qué podemos hacer nosotros?" Es muy importante que eso surja de los niños y los jóvenes. Nosotros los
invitamos a que vayan a nuestras manifestaciones, a nuestras
acciones. Que ellos vayan también creando grupos, formando
conciencia en la demás juventud, especialmente entre esos que
están siendo arrastrados a las drogas, al alcohol. El joven puede
tener un futuro mejor, hay un futuro lindo, hermoso.
Si bien es cierto, con el desgaste que tenemos muchos
–que estamos ya tantos años en el trabajo social, cuando había
359
dirigentes que estaban siendo exterminados, cuando la represión fue tan dura, el año 1974, como también fue en los años
1984 y 1985–, pudimos sacar la voz, y la gente nos ha ido
apoyando, recibimos una inmensa solidaridad. Junto con los
cesantes, los allegados, los jóvenes alcohólicos, los drogadictos hemos llegado a perder el miedo. Si hemos perdido todo,
¿por qué ahora no vamos a perder el miedo, que es lo último
que nos falta? Así que cuando una sale por la puerta para ir a
una acción una va con miedo. Pero cada vez que salimos, el
miedo queda adentro, más allá de la puerta el miedo se pierde.
Una sabe que, si bien es cierto que va ser reprimida, se va a
conseguir una cosa: que esta dictadura se vaya acabando. Con
nuestra denuncia no hemos terminado con la tortura. A veces
se la ha aplicado mucho más fuerte, pero sí hemos conseguido
crear más conciencia y eso ha sido una buena experiencia, y un
buen aprendizaje. Quizás no será hoy día, pero mañana vamos
a conseguir que se críe una población sana, donde no tengamos
ni odios ni rencores.
3. La comunidad de no creyentes y cristianos
Se trabaja en conjunto con los religiosos y los cristianos.
El Movimiento no es de Iglesia, no es perteneciente sólo a los
católicos. Pertenece a él toda persona que esté contra la tortura,
que esté protestando contra ella, que tiene disposiciones para
participar en estas acciones de denuncia, como la gota que
perfora la roca. Sin embargo, no hemos conseguido, después de
tanto tiempo, parar la tortura, pero sí hemos conseguido hacer
conciencia en mucha gente de que ella existe, que se la ha
estado practicando desde el momento mismo del golpe militar
hasta la fecha, y que se la continuará practicando mientras estemos en estas condiciones. En este momento el grupo es muy
numeroso. Va a llegar un momento en que el Movimiento va a
tener dificultad para salir a la calle con tanta gente. Si continúa
la tortura, es muy probable que se tenga que hacer un trabajo
sectorial en Santiago. El grupo se siente satisfecho de crecer y
estar generando esta conciencia. Desgraciadamente hay mucha
360
gente que no puede participar por los horarios. Las acciones
tienen que ser al mediodía, a la hora de la colación. Después de
su trabajo, en vez de ir a comer, la gente va y participa. Como
hay un grueso muy grande de cesantía en la población chilena,
los cesantes son los más dispuestos a participar.
Con nuestras acciones de denuncia de la tortura, de los
lugares en que se tortura, del personal que los ha torturado, según la información que hemos estado recibiendo de torturados,
de trabajadores de la salud, se puede ir creando esa conciencia.
En cuanto a esto, el Movimiento tiene una certificación exacta
de que todo lo que denuncia es verdad. Con la verdad tenemos
una fuerza de denuncia superior. No mentimos, no tenemos
nada que ocultar, no hemos causado daño. Los que tienen temor
son los que nos han causado daño. Tienen temor de ser identificados, tienen temor de que el día de mañana la gente sepa
quiénes son los criminales que practican la tortura que muchas
veces desemboca en la muerte. Ellos tienen terror de que el
día de mañana, como pasó en Haití, la gente tome la revancha
por sus propias manos. Después de estar reprimido, torturado
por tantos años, es imposible frenar a un pueblo sediento de
justicia, que lo único que quiere es vivir en paz, trabajar en
paz. Será quizás imposible frenar a esa gente. Entonces los
torturadores sienten ese terror cuando se sienten identificados,
porque saben toda la maldad que han causado. Consideramos
que no es nuestro papel identificar a torturadores individuales,
porque eso corresponde a la justicia. El Movimiento nació, más
bien, para denunciar la tortura.
Después de la acción de Borgoño, en El Mercurio, en
los Tribunales de Justicia, cómplices de la tortura, las acciones
duraban como veinte minutos. Se realizaba el programa preparado, y como no había problemas –la policía no llegaba–,
se seguía repitiendo la denuncia. Era importante informar a la
gente de lo que pasaba. De allí que seguíamos denunciando en
el mismo lugar. Cuando llegaban las fuerzas represivas, veían a
los cuerpos de los religiosos botados en la calle por los chorros
de agua y por sus golpes y como su sentimiento de culpabilidad es tan grande, siguen golpeando a palos, a puntapiés, con
bombas lacrimógenas. Va a llegar el instante en que todo eso
361
no les va a servir. Un pueblo pierde el miedo porque ya nada
tiene que perder. Ha perdido todo. Hay familias completas
exterminadas, va quedando una persona sola. Entonces, ¿qué
más puede perder esa persona? Si no tiene derecho al trabajo,
no tiene derecho a subsistir como ser humano, qué queda sino
denunciar esto. La gente tiene una necesidad de entrega total,
hacer una entrega personal con vocación de que realmente
estamos por la liberación del país, por que la tortura no se
repita, por que queremos vivir en democracia, en paz, como
antes vivía el chileno, tendiendo la mano al caído.
Con nuestra experiencia hemos aprendido una buena lección. Es una buena lección saber que el pueblo no es insensible
como el régimen pretende que aparezca. Piensan que al pueblo
torturado, si se le aplica más tortura, se va a quedar más callado.
Nosotros los laicos también hemos aprendido cómo los religiosos, personas de edad, con cabezas encanecidas totalmente,
personas que solamente quieren decir que no es posible que
se esté torturando, que se siga torturando, sean tratados en esa
forma, sean golpeados, ver cómo son arrastrados por los chorros de agua, cómo se encadenan con los brazos para resistir
el impacto, son imágenes que impactan, hasta a las personas
más deshumanizadas, a los mismos Carabineros. ¡Verlos ahí
arrodillados, ante los Carabineros, mientras los Carabineros les
están aplicando palos, orando una letanía! No se necesita ser
cristiano para gritar "¡No se los golpee!", como también "¡No
se golpee a ese niño!", o "¡No se golpee a esa madre embarazada!" En las reuniones de evaluación de las acciones podemos
decir, "Mire, yo tenía tanto miedo... inmenso... me tiritaban las
rodillas... me castañeteaban los dientes... pero cuando las vi a
ustedes tan serenas fui adquiriendo también aquello tan hermoso, de relajación porque estaba haciendo algo por los demás, no
sólo por mí, haciendo esa entrega, sea el costo que sea ante la
represión sobre nuestros, saber que quizás estaremos evitando
que se siga torturando a tanta gente".
Y pensar que esta gente que hace estos sacrificios no ha
sido afectada antes por la represión, nadie les ha arrebatado
un ser querido y, sin embargo, están haciendo una entrega.
Esto es lo más hermoso del Movimiento "Sebastián Acevedo".
362
Están dispuestos a jugarse enteros para decir "¡Basta ya, basta ya de tanto crimen, basta ya de tanta tortura, basta ya de
tanta violación de Derechos Humanos!" Gente de tanta edad,
como son algunas personas, están en la misma disposición que
aquel joven que podría estar metido en cualquier otra cosa, sin
embargo está ahí, con su espíritu, su cuerpo, su mente sana.
Unidos vamos generando una fuerza y recordamos que lo que
estamos haciendo lo hacemos voluntariamente.
Quienes hemos sido golpeados sabemos que el dolor
físico dura, pero se lo supera con la satisfacción del deber cumplido. El dolor pasa a segundo plano porque está la conciencia
tranquila de que hemos cumplido con una labor, una etapa más.
Para olvidar el dolor físico sigo participando, sigo trabajando,
sigo denunciando, exigiendo la verdad y la justicia, el castigo
para los culpables de la violación de los Derechos Humanos.
Es tanta la actividad que tenemos a diario y son ya tantos los
años, incluso sábados y domingo, día y noche, invierno y verano, porque la dictadura no descansa, que tampoco nosotros
podemos descansar. El desgaste se va notando, las secuelas
van quedando, pero yo me refugio en el pensamiento de que
uno tiene una misión que cumplir. Sólo cuando cambien las
cosas podremos decir, "–Tu papel está cumplido". Sólo cuando
podamos volver a ser personas, personas dignas, cuando los
niños realmente puedan volver a ser niños, cuando la juventud
siga estudiando, siga educándose, cuando los adultos tengan un
trabajo seguro para mantener a sus familias.
A pesar de todo, de vez en cuando a uno le entra la
duda de hasta cuándo uno debe dejarse golpear. Empiezan las
interrogantes. Cuando a uno lo están golpeando no importa,
pero ver golpear a la persona que está al lado hace sentir una
impotencia inmensa. Da un enorme deseo de empujarla, de
sacarla de allí y reemplazarla en ese lugar. Uno quisiera tener
un enorme poder, un extraordinario poder para conseguir que
aquel hombre que está levantando ese palo para golpear, que
está tomando impulso para dar un puntapié tome conciencia
de que eso no debería existir, que si se invirtiera la situación
y a él lo pusieran ahí abajo él tendría que decidir cuál sería
su forma de reacción, ¿atacar al que está golpeando? ¿Cómo
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crearle una conciencia de que lo que él está practicando sería
también horrible si se lo aplicaran a él? ¿Cómo se pudiera
ponerlo a él en esa situación, no como venganza, sino para
que tomara conciencia de aquello que está haciendo, de que
si se invirtieran los papeles él también estaría con un horror
absoluto? ¿Qué le pasaría a esta persona si por el solo hecho
de tener un hijo identificado en algún archivo le tomaran un
hijo y se lo torturaran? Desgraciadamente, por más conciencia
que se cree, a lo mejor sucede lo que pasó en Haití. La gente
ya no se pudo reprimir a sí misma, y llega un momento en
que todo desemboca en una violencia, que nunca desearíamos
que suceda en Chile.
4. Rescatar al indefenso
En la denuncia ante el Teatro Municipal de Santiago
llegó un bus de Carabineros. Creímos que venían a detenernos
a nosotros. No se veía a otros civiles en él, porque acostumbran a tirar boca abajo a los detenidos para pisar sobre ellos y
patearlos. Cruzó la calle un par de policías para detener a un
joven de nuestro Movimiento y dos muchachas se acercaron a
ellos para protegerlos y tratar de arrancarlos de las manos de
los Carabineros. A los tres los subieron detenidos al bus. Al
verlos subir, automáticamente la gente del Movimiento se sentó
delante del bus, encadenados unos con otros por los brazos
hicieron presión para que soltaran a todos porque no estábamos provocando sino denunciando. Continuaron sentándose
personas, el bus no pudo avanzar, y se sentaron personas que
no pertenecían al Movimiento. Era público que, al saber de qué
se trataba, se sumó; madres con niños en brazos, denunciando
allí. Fue una de las cosas más emocionantes que me ha tocado
ver. Cuando los Carabineros vieron impotentes el taco de vehículos que se había armado, con bocinazos que venían de todas
partes, se bajó un Carabinero, sacó una bomba lacrimógena y
la tiró. Uno de nosotros empujó la bomba con el pie y cayó
debajo del bus. El gas comenzó a llenar el vehículo. Desde la
puerta del bus, otro Carabinero trató de tirar otra bomba, sin
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saber hacerlo. A garabato limpio el Carabinero conductor le
dijo que se deshiciera de ella, pero el otro no podía. Siguieron
insultándose entre ellos. Finalmente se le cayó de las manos
dentro del mismo bus y comenzaron a sufrir ellos mismos los
efectos deseados para otros. Los Carabineros comenzaron a
vomitar, con pañuelos en las narices abandonaron el bus. Aprovechando esto se bajaron todos los detenidos. Fue cómico en
ese instante ver que había mucho más gente aprisionada allí de
la que pensábamos. Resulta que los Carabineros habían estado
deteniendo a comerciantes ambulantes. Mientras se escapaban
nos daban las gracias. Nos regalaban los chocolates que llevaban. Nunca se imaginaron que iban a quedar libres en tan
corto plazo. ¡Y para qué decir nada del ridículo que hicieron los
policías aquellos, que estaban recibiendo su propia medicina,
aplicada por su propia mano! Liberada la gente, nos retiramos.
Ahí descubrimos que podíamos liberar a prisioneros. Nos dimos
cuenta que nosotros estamos no sólo por rescatar al torturado y
a nuestra gente, sino que también rescatamos a aquellos jóvenes
que estaban tratando de ganarse la vida de alguna forma, por
lo que estaban siendo reprimidos.
Visión externa
Emociones y expectativas de una oposición
agobiada
Hasta este momento, nuestra estrategia investigativa nos
ha llevado al énfasis en una visión del MCTSA desde una perspectiva interna: las circunstancias de su surgimiento, sus raíces
en la subcultura de los organismos de defensa de los Derechos
Humanos, su elaboración mítica y ritual, la conexión de esos
mitos y rituales con los temas, metáforas y símbolos creados
por esa subcultura. Esta perspectiva debe ser complementada
con la visión externa, la del público a quien el MCTSA se dirige
para llevarlo a un compromiso con la lucha contra la tortura y
por la restauración del universo simbólico que posibilite una
convivencia nacional sustentada en el consenso más fundamen376
tal y mínimo que pueda tener una civilización, el respeto por
la integridad física y psicológica de la persona.
La adopción de esta perspectiva externa es la que introduce la dimensión quizás más problemática que pueda tener
este estudio. Porque, en realidad, ¿cómo puede comprobarse
efectivamente el impacto del MCTSA en la ciudadanía en condiciones del todo adversas para el conocimiento de opiniones
opositoras al régimen militar?, ¿cómo podría comprobarse tal
visibilidad en una situación de gran censura de los medios de
comunicación masiva más efectivos, como es la televisión?,
¿es real el conocimiento ciudadano de los esfuerzos hechos por
el MCTSA?, ¿hay tal preocupación general por los problemas
morales planteados por el MCTSA a sectores sociales profundamente fragmentados en su intercomunicación, de manera tal
que el Barrio Alto y las poblaciones marginales de Santiago
pertenecen a mundos absolutamente extraños entre sí? Nuevamente nos encontramos ante el problema de la circulación de la
verdad como factor gravitante en la evaluación de la actividad
social en Chile. Antes de proseguir, primero propongamos una
perspectiva para replantearlo.
En la incapacidad fascista de resolver conflictos de fondo en la sociedad, irresueltas han quedado la solución de los
problemas económicos, políticos y sociales que motivaron la
búsqueda anterior de soluciones revolucionarias; también la
dinámica emocional que llevó a la amplia movilización y conflicto político anterior al triunfo fascista, así como la secuela
de tragedias personales y familiares que ha dejado la represión
masiva y selectiva que se practicaron en los comienzos tanto
como se practican ahora. A las tensiones provocadas por estas
irresoluciones se han sumado los efectos de la necesidad fascista de estabilizar su poder con la transformación del Estado
y la institucionalización definitiva de su sistema político y del
aparato burocrático-represivo. Este complejo de situaciones es
el que ha obligado al fascismo a administrar, explotar y mantener conscientemente las fragmentaciones y rupturas sociales
que heredara del orden político anterior y las que creara con
la implementación de su propio proyecto. Para este efecto, las
instituciones mediadoras entre la sociedad civil y el Estado
377
–los partidos políticos, los gremios, sindicatos y los medios de
comunicación– han sido disueltas, censuradas o intervenidas.
La sociedad chilena ha quedado efectivamente dividida entre
triunfadores y vencidos. Entre los primeros, las jerarquías
fascistas seleccionan y designan a los implementadores de su
política cultural. Se reconoce exclusivamente a estas personas
como representantes y portavoces legítimos de intereses sociales más amplios. Quienes no reciben tal designación son
llamados u obligados tácita o directamente a abandonar toda
actividad de organización política o social independiente de la
gestión gubernamental. Si es que se los tolera, se les asigna
una muy restringida representatividad social, se cuestiona su
derecho a expresar intereses corporativos más amplios o se los
amenaza para que desistan. El aparato de propaganda fascista
recuerda estas restricciones y amenazas con la narración de
hechos aparentemente criminales, que, en realidad, débilmente
enmascaran la represión política.
Restringida la participación social en la conducción de la
cosa pública, suspendidas las posibilidades de interpretación y
satisfacción alternativas de las necesidades sociales, intervenidos los medios de comunicación, se da una radical escisión del
conocimiento de la sociedad. Toda experiencia de certidumbre
queda restringida a la cotidianidad más inmediata, mientras que
las concepciones más globales de nación y cultura nacional se
hacen oscuras y sospechosas. Correlato de esta escisión del
conocimiento es la escisión material de la sociedad entre dos
espacios y poblaciones claramente demarcados: las rutinas de
la cotidianidad que parecen desarrollarse con una semblanza
de normalidad y eficiencia, a las que se entregan incuestionablemente aquellos ciudadanos que buscan "vivir su vida",
bien sea por temor, desilusión, por despreocupación, porque se
consideran débiles moralmente y han elegido conscientemente
"no querer saber", mientras en una subterraneidad de diferente
significado operan los aparatos represivos del Estado, la oposición y la resistencia.
El aparato represivo está compuesto por grupos de tarea
que circulan dentro de una extensa red de instalaciones administrativas, de organización, de entrenamiento, de confinamiento,
378
interrogación y tortura, de eliminación física y ocultamiento de
los restos en cementerios secretos, red totalmente clausurada al
escrutinio público. Mientras tanto, los cuadros sobrevivientes
y nuevos de los partidos políticos, particularmente los de la
izquierda, han explorado cautelosa y prudentemente los espacios públicos permitidos y administrados por la burocracia
fascista para reorganizarse lentamente. En estratos clandestinos
de diferente profundidad se han reformado las células políticas
y sus mecanismos coordinadores a nivel local, regional y nacional. En un nivel más cercano a la superficie, estos cuadros
han iniciado una agitación en los lugares de trabajo y en los
sindicatos fascistizados para desacreditar a su liderato. En
la superficie, la oposición ha explorado las posibilidades de
establecer nuevos canales de información y publicación, dependiendo de las alternativas de la política represiva, a la vez
que actúa en instituciones y asociaciones culturales, deportivas
y religiosas, utilizando todos los espacios posibles para forjar
formas de consenso redemocratizante en el trabajo, las parroquias, las escuelas, las universidades, los talleres de artesanía,
poesía, etc.
¿Puede realmente superar estas fragmentaciones sociales
una coalición como el MCTSA –que cuenta con muy limitados
medios organizativos y comunicativos– para tener influencia
sobre personas ubicadas en los restantes compartimentos de la
cultura nacional? Tanto las observaciones directas que hemos
hecho como la opinión de observadores simpatizantes de la
actividad del MCTSA hacen pensar que no.
A través de los dos meses que tomó el período de investigación para este estudio, hicimos preguntas relativas al
conocimiento que pudieran tener del MCTSA a personas no
caracterizadas por tener mayores preocupaciones o compromisos sociales o políticos. Nuestra suposición era que si estas
personas relativamente pasivas en lo político habían tenido
información sobre el MCTSA, se podría pensar con fundamentos que el movimiento había roto con éxito las barreras
para la comunicación social intervenida. Se trataba de personas
pertenecientes a diversos sectores de capas medias: profesionales, burócratas, pequeños y medianos comerciantes, residentes
379
en diversas zonas de la ciudad de Santiago. En general, estas
personas se consideraban bien informadas, de acuerdo con el
material que entregan los medios comunicativos, a pesar de que
todas ellas manifestaron algún grado de desconfianza que no
pudieron precisar en cuanto a la veracidad de la información por
efecto de la censura. Indudablemente se trató de una encuesta
informal. Sus resultados fueron abrumadoramente negativos.
Casi la totalidad de las personas cuestionadas desconocía al
MCTSA. Por lo demás, en las ocasiones en que las personas
interrogadas resultaron ser simpatizantes de la oposición y tener interés en la defensa de los Derechos Humanos –llegando,
incluso, a pedir información sobre el MCTSA– confesaron que
si quisieran sumarse a sus actividades de denuncia no sabrían
a dónde dirigirse para hacer los contactos necesarios.
Observadores conectados con la red de relaciones de los
organismos de defensa de los Derechos Humanos concuerdan
con esta impresión. Por una parte, expresan dudas similares a
las nuestras en lo que respecta a la masividad del conocimiento
que pueda tener la opinión pública del MCTSA. Por otra, perciben las actividades del MCTSA más bien como un foco de
rotación de personal ya involucrado en las actividades de esos
organismos, con un fuerte agregado de jóvenes estudiantes que
tienen contactos con ese personal debido a su participación en
la actividad política organizada. En otras palabras, de acuerdo
con esta opinión, la formación y las manifestaciones públicas
del MCTSA deberían entenderse como un esfuerzo de quienes
ya constituyen la subcultura de los organismos de defensa de
los Derechos Humanos por diversificar las formas de interpelar
a una mayoría ciudadana que debería movilizarse más decididamente en favor de la oposición y por el pronto término de
la dictadura militar en Chile.
Según este juicio, el imperativo de hacer un impacto
demostratorio y ejemplar en la ciudadanía para incitar a esa
movilización se funde a la vez con la necesidad emocional
de la antigua militancia de izquierda por aliviar la profunda
sensación de derrota sufrida desde el golpe militar y las frustraciones y sacrificios experimentados en los trece años de
lucha por reconstituir una cultura política y una capacidad de
380
oposición efectiva bajo condiciones del todo adversas. En una
situación política en que la oposición dista mucho de encontrar las bases para un entendimiento que resulte en una acción
común, masiva y planificada, se supone que esas necesidades
emocionales llevarían a una proyección sobre el MCTSA de
todas las expectativas y deseos de liberación nacional todavía
no gestadas ni cristalizadas. Una militancia izquierdista que
ha recibido tan rudos golpes durante estos años necesita, por
tanto, una dosis de optimismo que encuentran en el MCTSA.
Nuestra experiencia directa corrobora estas apreciaciones: las
personas involucradas en la lucha política que se expresaron
en los términos más altamente admirativos sobre el éxito y
la precisión cronométrica de las acciones del MCTSA, sobre
la sensación de festival que sorpresivamente inyectan con su
canto, sus letanías, gritos y consignas a una cotidianidad amenazadoramente vigilada fueron aquellas con más evidentes signos
de desgaste y agotamiento emocional y físico. Particularmente
emotivas fueron las palabras de un dirigente coordinador de
importantes actividades de la Comisión Chilena de Derechos
Humanos para referirse a la enorme sensación de esperanza que
encuentra en las estrategias de no-violencia activa del MCTSA, en circunstancias en que él personalmente cree que Chile
está inevitablemente condenado a un enfrentamiento militar de
consecuencias catastróficas.
A pesar de aseveraciones testimoniales tales como "El
Movimiento "Sebastián Acevedo" es muy conocido" o "en la
opinión pública hemos crecido mucho", las propias declaraciones de participantes en el MCTSA consignadas anteriormente
apoyan nuestras suposiciones. Según las palabras de uno de los
sacerdotes entrevistados, es evidente que los gestores del MCTSA tenían en mente la posibilidad de un crecimiento abierto
e infinito en los anillos de la red de relaciones denominados
"zona extendida", es decir, las zonas más alejadas del núcleo
central. De allí que en la sección intitulada "La Identidad Propia" se registran palabras sobre la simpleza de los requisitos
necesarios para pertenecer al MCTSA: "No hay adiestramiento
especial ni nada. Se tiene que tener claro nomás de qué se trata
y el método que es de no-violencia activa. Hay una que otra
381
condición que no se puede decir sin autorización. La persona
que quiere hacer una denuncia contra la tortura y quiere hacerla
de esta manera sólo tiene que ser de confianza de alguien en
el Movimiento para que tenga asegurada su entrada. Lo que
luego tiene que hacer es bastante poco". Si consideramos que
quienes constituyen la subcultura de los organismos de defensa de los Derechos Humanos son personas que se mueven en
circuitos muy específicos y cerrados, tanto por la naturaleza
de su trabajo como por razones de seguridad y sus dificultades
para comunicar públicamente su experiencia, no podremos sino
concluir que es contradictoria la apreciación de que "No es difícil que se integren a nosotros, eso sí que no entra nadie que
no sea conocido de alguien en el Movimiento". Precisamente
ése es el contacto vedado para las mayorías ciudadanas a quienes se pensaba incorporar. Esto es reconocido implícitamente:
"El crecimiento del Movimiento no resultó como habíamos
pensado. Es que nos habíamos hecho un esquema demasiado
mecánico".
La apreciación del entrevistado en cuanto a que hay un
número estable de doscientos participantes que se movilizan
para cada acción, con un máximo de cuatrocientos en algunas
ocasiones, y con una rotativa total de aproximadamente dos
mil personas corresponde con el estimado de que la subcultura
de defensa de los Derechos Humanos está formada por unas
tres mil personas. Por supuesto, a esto hay que agregar la importante participación de estudiantes universitarios, quizás el
grupo más heterogéneo en el MCTSA: "Lo que pasa es que el
mundo estudiantil es mucho más para este tipo de cosas, para
acciones en la calle. Se invitan entre ellos".
La alegorización del dato cotidiano bajo el fascismo
Recapitulando: aunque es evidente que los miembros
estables del MCTSA pueden sufrir de mistificaciones en cuanto
382
al impacto de sus acciones sobre la comunidad nacional, la
conciencia de los propios participantes sobre la identidad y
afiliación política de quienes participan es del todo clara: ellos
pertenecen a diferentes religiones y a todas las ideologías políticas de la oposición, incluyendo especialmente aquellas que,
como el Partido Comunista y el Movimiento de la Izquierda
Revolucionaria, aprueban la opción de la lucha armada para
derrocar al régimen militar. Para estos, el compromiso contraído
es el de abandonar la violencia durante las manifestaciones
organizadas por el MCTSA, aunque quizás practiquen paralelamente la violencia en alguna de las otras organizaciones
en que participan o militan. Los portavoces del MCTSA no
condenan su uso ni descuentan la posibilidad de que ella sea
necesaria en el futuro.
Esta doble postura se hace necesaria para respetar la
pluralidad de posiciones políticas dentro del MCTSA. De otro
modo, la coalición se debilitaría considerablemente, si es que
quienes creen en la vía armada optaran por marginarse. De
allí que la adhesión estricta a ese doble principio sea materia
de especial cuidado de todo miembro del MCTSA, en aras de
mantener la estabilidad de la organización. Por esta razón, los
militantes comunistas no tienen ningún problema en participar
en el MCTSA, puesto que la línea política de esa colectividad
ha sido la de apoyar cualquiera forma de oposición y resistencia
creada por el pueblo. No sorprende, entonces, la afirmación de
que "Ningún partido político ha podido apoderarse del Movimiento [...] nunca ninguno ha intentado siquiera decir que el
Movimiento ha sido inspirado por ellos".
Sin embargo, las relaciones no han dejado de ser controversiales con intelectuales y movimientos que propugnan
la no-violencia activa como la única estrategia moralmente
legítima de resistencia ante el régimen militar. Dado el estilo
de actuación del MCTSA, ellos también tienden a proyectar
sobre la organización sus propias expectativas y esperanzas
de que el movimiento de la no-violencia activa arraigue en
Chile. Así el MCTSA llegaría a ser entendido como prueba
empírica de sus especulaciones teóricas. Por este motivo los
coordinadores del MCTSA se han visto envueltos en situaciones
383
potencialmente y/o de hecho polémicas, ya que algunas formas
de la no-violencia activa son propuestas en Chile con un tono
francamente anticomunista. Esta situación puede entenderse
como una alegorización del significado del MCTSA y causa
frecuentes malestares a sus miembros.
El origen de esa alegorización está en los constantes
esfuerzos de reflexión teórica que deben hacer intelectuales
democráticos sin experiencia en movimientos políticos de profundo enraizamiento popular para analizar la situación chilena y
proyectar el camino hacia la redemocratización del país. Debido
a las grandes limitaciones para la comunicación estructurada y
libre de compulsión represiva entre los diferentes grupos y partidos de oposición, es difícil para esos intelectuales aislados en
circuitos que reproducen su propia forma de pensamiento situar
los incidentes de la vida cotidiana dentro de perspectivas más
globales de interpretación histórica a partir del dato empírico.
Como contrarreacción a esto, la percepción de la cotidianidad
queda sujeta a una extraordinaria sobrecarga de atención constante que, a su vez, da lugar a una sobresignificación simbólica
del dato cotidiano porque se lo remite constantemente a esa
reflexión filosófica.
Esta sobrecarga del dato cotidiano por su frecuente
compulsa con la interpretación filosófica es la que provoca
paradigmas discursivos marcadamente alegóricos. Como género
discursivo, la alegoría se caracteriza por la tendencia a mostrar
erróneamente los entes narrados como si no existiera diferencia
entre su identidad propia y los marcos teóricos en que se los
sitúa. De este modo, la autonomía de esos entes se funde y confunde totalmente con el aparato de aprehensión teórica como si
coincidieran en su esencia. Esto se debe a que, por necesidades
retóricas de la lucha ideológica, en el constante rebote intelectualizador entre la especificidad y la totalización, el dato cotidiano pierde gradualmente su facticidad propia y es finalmente
absorbido por las categorías del discurso global elaborado. Con
esto se da el cuadro característico de la narración alegórica:
los hechos narrados toman aspecto de prolongación directa del
discurso filosófico, perdiéndose de vista que, al revés, fueron
los hechos los que provocaron la meditación. Junto con esto
384
se dan otras características de la alegoría: las voces expositoras
constantemente interrumpen su narración para interponer largos
segmentos interpretativos dispuestos en gran cercanía con los
datos narrados. Con este arbitrio las voces narradoras intentan
un estricto control del marco interpretativo que se entrega en
el texto. Así surge la sensación de inflexibilidad y dogmatismo
característica de la alegoría.
En lo que respecta a las consecuencias de la alegorización
del MCTSA, su foco está en las diferentes posturas dirimidas
en torno a la forma con que diversos intereses políticos buscan
arraigar la acción política no-violenta en Chile y en Latinoamérica. Si nos atenemos a la bibliografía existente en cuanto a esos
esfuerzos, todo parece indicar que tras ellos está el soporte de
la Iglesia Católica, deseosa de ofrecer a los cristianos una línea
de acción política que promueva una identidad diferencial ante
las líneas tendientes a la violencia revolucionaria en que puede
desembocar el diálogo cristiano/marxista-leninista entablado a
través de la Teología de la Liberación. Para captar la dimensión de este potencial basta recordar la importancia de Camilo
Torres en la época del repunte revolucionario de la década de
1960. Si esta apreciación es correcta, ella explicaría la razón
por la cual todas las organizaciones de investigación teórica
y/o activismo social dedicadas al estudio de las implicaciones
prácticas de la no-violencia activa en Chile buscan absolutizarla
como la única forma ética y cristianamente correcta de actuar
por la redemocratización en el país. Esta postura absolutista
tiene repercusiones simultáneas en otras áreas. Por ejemplo,
problematiza fuertemente la interpretación global de sucesos
trascendentales de la historia latinoamericana reciente como
la Revolución Nicaragüense y, por tanto, problematiza en una
medida indirecta y similar las interpretaciones posibles que se
puedan dar al proceso de oposición y resistencia en Chile.
El proceso revolucionario en Nicaragua surgió de un
apretado haz de circunstancias, contradicciones estructurales y
conflictos en que es imposible privilegiar un solo componente:
la marginación permanente de los beneficios económicos y la
participación política sufrida por amplios sectores sociales debido a la concentración monopólica de capital bajo el régimen
385
somocista; la creciente movilización popular, que hizo de las
barriadas urbanas y el campesinado la fuerza insurrecccional
más importante; la actividad clandestina de la izquierda organizada; el terremoto de 1978, en cuanto a que causó fracturas
en el poder político somocista al excluir este a sectores empresariales del negocio de la reconstrucción; el desprestigio del
gobierno por el escándalo de las apropiaciones indebidas de
parte de la ayuda internacional dada por el terremoto; el asesinato del empresario y publicista Pedro Chamorro en 1978, que
alienó aún más a sectores burgueses y medios del somocismo;
el impacto que causó el asesinato de un reportero de televisión
norteamericana en el público estadounidense, razón por la que
Somoza perdió cierta medida de apoyo político en ese país; la
salvaje represión general del somocismo contra la disidencia,
que a nivel juvenil alcanzó caracteres de masacre. En fin, son
muchas las contradicciones y conflictos que gravitaron para que
el sandinismo antes fragmentado se unificara, se convirtiera
en el sector de oposición con mayor organización política, de
mayor capacidad convocatoria de la población y adquiriera
una base armada para la fundación de un bloque de poder
que acordó un pacto con las burguesías y pequeñas burguesías
desafectas del orden establecido. Así se formó una coalición
que supo dirigir el proceso insurreccional en un momento en
que el gobierno de Jimmy Cárter, preocupado por proyectar
una buena imagen en la defensa de los Derechos Humanos,
no estaba preparado para intervenir de manera directa en el
proceso revolucionario, como hoy en día lo hace el gobierno
de Ronald Reagan.
Como decimos, frente a esa multiplicidad y concatenación de factores de todo proceso insurrecccional, resulta
problemático un análisis de la Revolución Nicaragüense de
intenciones finalmente absolutistas en cuanto a la no-violencia
activa como el que hace Adolfo Pérez Esquivel –Premio Nobel
de la Paz, persona centralmente involucrada en el Servicio de
Paz y Justicia (SERPAJ)– quien ha estado promoviendo ese tipo
de acción política a través de varios países latinoamericanos ya
desde comienzos de la década de 1970. Según sus palabras:
386
En el caso de Nicaragua, pienso que todo no es solamente el resultado de las armas. Es necesario considerar el
problema en su totalidad y no contentarse con una visión
parcial de las cosas. Durante muchos años, la guerrilla
sandinista ha acosado al gobierno de Somoza, pero sin
poder derrocarlo. Era como una picadura de mosquito:
es molesta, pero nada más. La fuerza sandinista casi fue
destruida. Es entonces cuando ciertos acontecimientos
esenciales desencadenaron una lucha no violenta en el
pueblo; una lucha intensa e inmensamente importante a
la que no se le ha prestado suficiente atención [...] Con la
Revolución nicaragüense, estamos ante una insurrección
popular. Arranca en el momento del asesinato de Pedro
Chamorro, en enero de 1978. Es este hecho concreto el
que provoca la indignación de la población, en todos los
niveles, contra la dictadura somocista, indignación que
desembocará en la insurrección. Esto es, una lucha no
violenta del pueblo. Los sandinistas no harán más que
aprovecharse de ella para lograr una mayor credibilidad
en el pueblo, credibilidad que no habían tenido durante
muchos años. Una rebelión no puede triunfar si no existe
una insurrección de la conciencia colectiva [...] Pero
todavía es necesario ver las cosas más profundamente. El
otro hecho importante fue el aislamiento internacional de
Somoza, sobre todo con relación a EE.UU., aislamiento
que se hará definitivo en el momento del asesinato en
Nicaragua de un periodista americano ante las cámaras
de Televisión, en junio de 1979. Si se leen los periódicos
de la época, se ve que Somoza hizo un viaje a EE.UU.,
fue a USA a mendigar un apoyo económico y militar. A
su vuelta declaró que América del Norte, su gran amigo,
le había abandonado. Su aislamiento se hace real y esto
es como consecuencia de la reacción del pueblo americano mismo. Desde entonces el gobierno de Somoza
está prácticamente condenado y a punto de caer. En este
momento interviene la guerrilla sandinista. Teniendo que
elegir entre el apoyo a Somoza o a los sandinistas, el
pueblo opta lógicamente por los sandinistas. Así es como
387
se produce el hundimiento total de Somoza.3
Ateniéndonos a lo transcrito, el análisis de Pérez Esquivel
resulta parcialista y finalmente absolutista porque en su voluntad de relevar al máximo la acción no-violenta –que ciertamente
se dio en Nicaragua– está preparado para desconocer la multiplicidad de factores que esbozáramos anteriormente y hacer de
elementos gatilladores y condicionadores internacionales de ella
a sólo dos incidentes individuales como las muertes de Chamorro y del periodista norteamericano. Curiosamente, la masiva
organización popular que llamó a las armas a poblaciones
marginales hoy consideradas heroicas no es mencionada. Por
otra parte, el sandinismo es representado según rasgos con los
que pocos historiadores y cientistas sociales contemporáneos
estarían dispuestos a coincidir: Pérez Esquivel parece pensar
que el sandinismo no sólo es un elemento extraño al pueblo
nicaragüense, sino que, además, se adueñó mañosamente de su
revolución como si no hubieran militado en él grandes masas
de diverso origen social. Pérez Esquivel relega al sandinismo
a una participación periférica y subsidiaria en la historia de la
revolución nicaragüense, en circunstancias en que, por el mero
hecho de haber sido el único brazo armado capaz de enfrentarse
militarmente a la Guardia Nacional, no podía sino tener un
papel central en la insurrección .
Otras áreas problemáticas que surgen de la confrontación
exclusivista entre no-violencia activa y violencia política en
Chile inescapablemente plantean un debate –bien sea implícito
o explícito– no sólo con los partidos marxista-leninistas, sino
también con sectores religiosos y cristianos que no están necesariamente opuestos a la violencia revolucionaria. Estos –tan
igual como ocurrió en Nicaragua– incluso están preparados
para practicarla si es que se agotan otros medios.
De uno u otro modo, cualquier debate sobre la no-violencia activa afecta al MCTSA por ser, junto con la Agrupación de
Familiares de Detenidos Desaparecidos, uno de los grupos de
defensa de los Derechos Humanos más reconocidos en Chile
por esa práctica. Estas consecuencias se evidencian a través de
un ensayo de Otto Boye S., intitulado La no-violencia activa.
388
Camino para conquistar la democracia.4
No-violencia activa:
La versión de un sector demócrata cristiano
En honor a los hechos, la relación del MCTSA con esta
obra es indirecta y extremadamente paradojal. Indirecta por dos
razones: primera, en cuanto a que la unión de ambos términos
–el autor y el movimiento– está en la preocupación común por
la no-violencia activa como forma de acción política; segunda,
por el hecho de que ninguno de los portavoces del MCTSA
entrevistados dijo haber leído esta obra, a pesar de que es el
único texto de meditación de largo aliento sobre la validez y
utilidad de la no-violencia activa en el contexto chileno que
parece haber tenido una circulación abierta en el mercado librero. Esto la diferencia de panfletos y estudios producidos por
organismos para la defensa de los Derechos Humanos como
SERPAJ, los cuales tienen una diseminación reducida. Se trata,
además, de una relación paradojal porque, a pesar de que los
portavoces más importantes del MCTSA desconocen el trabajo
de Otto Boye, éste es un hito significativo en el horizonte intelectual de la oposición antimilitarista chilena. No se lo puede
desconocer en el momento de evaluar el significado cultural del
MCTSA como una de esas dos organizaciones más reconocidas
públicamente por su dedicación constante a la práctica de la
protesta no-violenta. La confrontación del proyecto político del
MCTSA y el pensamiento de Otto Boye arrojan una interesante
luz sobre la no-violencia activa como foco de lucha ideológica
en la cultura chilena.
En sentido inverso, la relación de la obra de Otto Boye
con el MCTSA es aún muchísimo más paradojal, puesto que
el autor no ha sido participante en ese organismo, aunque él
mismo parece practicar la no-violencia activa. Todavía más, el
anexo 5 que se adjunta al cuerpo de La no-violencia activa.
Camino para conquistar la democracia es un panfleto titulado
"Decálogo de la No-violencia", que Otto Boye declara haber
389
hecho circular durante las Protestas Nacionales de 1983. Nos
será necesario transcribirlo y, al hacerlo, veremos que refleja
muy fielmente la práctica concreta del MCTSA. La obra fue publicada en 1984 –cuando ya el MCTSA tenía aproximadamente
un año de vida– por lo que extraña que en el texto no haya la
más mínima referencia a esta organización, aunque sí se rinde
un homenaje al sacrificio de Sebastián Acevedo. La paradoja
de este desconocimiento e incomunicación mutua difícilmente
podría explicarse señalando que la discusión de la no-violencia
activa como estrategia y táctica de la oposición no es privativa
de ningún grupo específico, sino parte integral de su universo
simbólico. Por lo tanto, dada una necesidad común y la comunidad de textos a que se refieren los intelectuales interesados en
la materia –Gandhi, Martin Luther King, la Biblia, Jean-Marie
Müller– es predecible que grupos sin mayor contacto directo
hayan elaborado una matriz de argumentos similares.
Otto Boye absolutiza la práctica de la no-violencia activa
como conjunto de principios y métodos totalmente opuestos
y excluyentes de su uso simultáneo con la violencia como
instrumento político. Se puede sugerir, por tanto, que Otto
Boye queda en la incómoda situación de promover la teoría,
la metodología y la práctica de la no-violencia activa sin tener
un referente institucional que la concrete en la realidad social
chilena y que absolutice la no-violencia activa como arma de
ataque contra el Partido Comunista desconociendo que precisamente el MCTSA es una organización que pone en práctica
exitosa ese pensamiento sin la necesidad de excluir a militantes
comunistas o miristas, sino, por el contrario, nutriéndose y fortaleciéndose con ellos. Sería injusto proponer que Otto Boye
simplemente ignora al MCTSA porque no corresponde con
sus argumentaciones teóricas y filosóficas, aunque quizás esta
opción del juicio no sea desechable necesariamente. Más bien,
para nuestros propósitos es de mayor importancia mostrar la
forma en que la significación posible de la actividad de organismos como el MCTSA ha sido alegorizada por Otto Boye.
Esta alegorización se evidencia ya en la estructuración
misma de La no-violencia activa. Camino para conquistar la
democracia. El texto está dividido en un prólogo, una intro390
ducción titulada "El Problema de los Medios", nueve capítulos,
conclusiones, una sección de anexos y una bibliografía. En el
prólogo se plantea de manera sucinta el propósito de la obra:
"Este ensayo trata de un tema de candente actualidad: el principio de la no-violencia y su método respectivo, conocido hoy
ampliamente con el nombre "no-violencia activa". Surge de la
necesidad de contar con un texto que le entregue, a todo interesado en esta materia, los antecedentes respectivos. Aunque lo
importante es, evidentemente, la praxis no violenta, saber bien
de lo que se trata es el paso indispensable y previo para asegurar
su eficacia" (p. 7). Más adelante se hace una referencia a la
necesidad imperativa de profundizar este tipo de conocimiento
y de acción en el contexto chileno: "En relación con la realidad
chilena, es fundamental hoy el hecho de que se busque el fin
de una dictadura y la construcción de una democracia renovada
y vigorosa. Ello condiciona la elección de los medios políticos
que se utilicen para alcanzar esa meta. El uso de la violencia no
aparece como el camino que conduzca a ella, pues el proceso
antidictatorial podría pasar de largo frente a la democracia para
desembocar, o en un retroceso colosal que mantuviese el actual
estado de cosas por largo tiempo, o en una nueva dictadura, de
otro signo tal vez, pero dictadura al fin. Dicho de otra forma,
si salimos de esta dictadura utilizando la violencia –que tendría
que ser enorme para tener éxito– conduciríamos al país muy
luego a una nueva dictadura. Hay que derrotar la violencia para
alcanzar la democracia plena, esto es, la vigencia máxima posible de los valores de la justicia y la libertad. Esto, o se logra
con la no-violencia activa, o no se obtendrá" (p. 12).
De acuerdo con esta declaración, el objetivo de la obra
es doble y paralelo: por una parte, explicar los principios y
métodos de la no-violencia activa; por otra, absolutizar la noviolencia activa como la única vía apropiada y legítima para
la redemocratización en Chile, transformando su versión de
ella en instrumento de ataque al Partido Comunista chileno
en la medida en que se descarta la dictadura del proletariado.
Esta dualidad y paralelismo de propósitos es la que confiere
a la obra su carácter alegórico. Puesto que ya sabemos que la
práctica del MCTSA revela que sí es posible que la no-vio391
lencia activa coexista con la práctica de la violencia política,
los capítulos en que se discuten los principios y métodos de
la no-violencia activa como práctica de resistencia antimilitar
pueden ser leídos separadamente de aquellos en que Boye entrega los antecedentes ideológicos que terminan en su alegato
anticomunista. Comprobemos esto desplegando los títulos de
los nueve capítulos:
Capítulo
Capítulo
Capítulo
Capítulo
Capítulo
Capítulo
Capítulo
I:
II:
III:
IV:
V:
VI:
VII:
La Violencia
Cristianismo y Violencia
La No-violencia Activa
Gandhi y King
Cristianismo y No-violencia
Metodología de la No-violencia activa
No-violencia y Democracia, Derechos
Humanos, Dictadura e Ideología
de la Seguridad Nacional
Capítulo VIII: La No-violencia Activa como Componente
Esencial de una Estrategia Liberadora
Capítulo IX: Violencia y No-violencia en Chile
Ya los mismos títulos permiten observar que, si se quisiera buscar en este texto solamente una guía práctica para la
resistencia política no-violenta, bastaría con leer los capítulos
I-III-VI-VIII. Los capítulos de apoyatura ideológica aparecen
como intercalaciones no esenciales a la demostración de los
principios y métodos de la no-violencia activa pero sí esenciales para el ataque anticomunista. Ellos corresponden al intento
alegorizante de controlar al máximo los marcos interpretativos
de un fenómeno social. Siempre en referencia a la práctica real
de la no-violencia activa por el MCTSA, comprobaremos lo
dispensable de estas intercalaciones transcribiendo el panfleto
titulado "Decálogo de la No-violencia", por cuanto refleja esa
práctica en forma óptima. Este panfleto destila la esencia metodológica de los largos argumentos teóricos recogidos por Otto
Boye de la bibliografía internacional sobre el tema. Luego, en
términos contrastantes, ilustraremos la dinámica argumenta!
de los capítulos II-IV-V-VII-IX presentando sus conclusiones
392
anticomunistas.
El régimen negará hasta el final su fracaso y se resistirá
a salir de escena para dar paso a la democracia. Sólo
nuestra persistencia, unida a la de la inmensa mayoría
de los chilenos, logrará conseguir las metas buscadas.
La lucha podrá parecemos larga, pero lo sería más
si la abandonáramos cayendo en la pasividad o en la
violencia.
5. Rechacemos toda provocación.
El régimen, junto con usar la represión, recurre a tretas
o trampas para arrastrarnos a su campo de batalla: el
terreno de la violencia. No le hagamos el juego.
6. Dominemos nuestro miedo.
Tener miedo es normal. No nos avergoncemos si lo experimentamos, pues se trata de un sentimiento normal
que no nos disminuye. Lo importante es que encontremos
siempre un modo de protestar y de actuar, por modesto
que sea. Poco a poco, con la ayuda de nuestro grupo
de acción, iremos venciendo el temor y podremos actuar
con más fuerza. Recordemos siempre que el régimen se
ha sostenido –y sigue afirmándose– gracias a nuestro
miedo. Al vencerlo o controlarlo le estaremos quitando
una parte importante de su base de sustentación.
7. Hagamos en nuestro grupo, después de cada acción
llevada a cabo, un cuidadoso y honesto balance.
No nos desanimemos por los errores cometidos. Identifiquémoslos y tomemos medidas para no repetirlos en
la jornada siguiente. Confrontemos nuestro balance con
el de otros grupos a fin de mejorar constantemente la
calidad de la acción de todo el conjunto.
8. Mantengámonos fieles al objetivo central de la lucha:
poner fin a la dictadura y construir la democracia.
Alejemos de nosotros cualquier fin secundario. No busquemos, por ejemplo, venganzas personales ni alentemos
el odio. Alcanzada la meta, todo –incluyendo la justicia– será una tarea nueva.
9. Utilicemos siempre la razón, la verdad y nuestro
propio sacrificio.
Son fuerzas indestructibles, las únicas armas que nadie
DECALOGO DE LA NO-VIOLENCIA
Otto Boye S.
Para asegurar el éxito de nuestras luchas por la democracia y los Derechos Humanos que estamos desarrollando a través de las protestas pacíficas y de otras
acciones no-violentas, debemos sujetarnos con disciplina
a las siguientes normas:
1. Aunque a veces cueste y, por las provocaciones, resulte difícil de cumplir, la regla esencial es: DEBEMOS
ABSTENERNOS DE RECURRIR A LA VIOLENCIA.
Evitemos destruir bienes públicos o privados y causar
daño a las personas. No es éste el objetivo de nuestra
lucha. En la no-violencia de nuestras acciones está la
llave del éxito de nuestros esfuerzos, puesto que nos
negamos a caer dentro de la lógica en que pretende
legitimarse la represión. Es en este terreno –y sólo en
este– donde tenemos ventajas claras sobre el régimen
que nos oprime.
2. Conservemos siempre la calma, evitando toda precipitación en nuestras acciones.
Es preferible usar unos minutos para planificar bien lo
que vamos a hacer y asegurar así lo más posible su éxito,
a perder todo lo avanzado en un minuto, ser aplastados
y quedar derrotados.
3. Juntemos nuestros esfuerzos a los de otros, coordinémonos con ellos y sintámonos participando en lo
que este combate no-violento por la democracia es: una
tarea de todo el pueblo.
Nunca actuemos solos, aisladamente. Si lo hacemos, seremos vencidos. Si nos salvamos de ser destruidos, quedaremos con toda seguridad frustrados, desmoralizados
y anulados para continuar la lucha hasta la obtención
de sus objetivos.
4. Tengamos paciencia aunque no veamos resultados
inmediatos.
393
394
puede arrebatarnos.
10. Rompamos el bloqueo informativo y denunciemos
las mentiras gubernamentales.
Difundamos este decálogo y todos los comunicados
acerca de nuestras acciones de lucha. Usemos medios
simples a nuestro alcance: nuestra palabra, cartas tipo
"cadenas", el teléfono, fotocopias y todos los que nuestra imaginación pueda crear. No le creamos, mientras
no cambien, a la TV y a los diarios que ocultan la
verdad.
recogiendo las inquietudes y necesidades de todos los
sectores. A fin de cuentas, es producir la movilización
combativa de la mayoría de la población para terminar
con la dictadura.
Nada más lejos de la política de los comunistas, que
una desviación militarista. Nuestro objetivo primordial es
ante todo lograr la unidad para recobrar la democracia.
Pero unidad con las masas, en torno a su lucha. Sin las
masas, sin un pueblo consciente y organizado, nada es
posible. Y la forma que va adquiriendo la lucha popular
es producto de la propia experiencia de ese pueblo.
Hace un año era imposible imaginar las jornadas de
lucha de los últimos meses. Las protestas, que nacen
como tímidas formas de expresión de la disidencia, se
transforman por la fuerza del pueblo en una forma inédita de lucha. Es la capacidad creativa que tienen aquellos
a los cuales sólo les queda la fuerza de sí mismos como
única esperanza.
Por otro lado, (creemos) que ya está medianamente
claro que la violencia proviene de las fuerzas represivas
y no del pueblo. El pueblo quiere paz, la libertad y la
democracia, y eso lo conseguirá de la única forma que
lo sabe hacer, luchando y enfrentando con fuerza y decisión el poder de la dictadura. Esta lucha libertaría no es
contradictoria, sino que absolutamente complementaria
con toda aquella iniciativa política amplia y unitaria que
tienda en forma efectiva a provocar un cambio profundo
en el país.
Así concebimos los comunistas la Rebelión Popular:
unidad, organización, lucha de masas. Y en esa unidad,
sin exclusiones, deben estar todos aquellos que desean
realmente la reconstrucción democrática de nuestra patria. Nuestra política es formar el más amplio acuerdo
nacional, concebido según el Manifiesto del Movimiento
Democrático Popular, al que adhirió nuestro partido
(pp. 128-129).
En este panfleto se puede fácilmente reconocer las tácticas del MCTSA para emplazar y denunciar la tortura, a sus
cómplices y enmascaradores, la relación con los medios masivos de comunicación, la necesidad de reuniones de evaluación
luego de cada acción y la preocupación por reelaborar el miedo
como instrumento para la acción. Por supuesto, todo paralelo
entre los planteamientos de Otto Boye y los del MCTSA termina con la profesión anticomunista del autor. Para tratar este
aspecto de la obra citaremos primeramente algunos párrafos
medulares de declaraciones más extensas hechas a través de tres
años por el Secretario General del Partido Comunista de Chile,
Luis Corvalán, ya que Otto Boye las recopila para llegar a sus
conclusiones más importantes luego de examinarlas:
Los comunistas nunca hemos planteado como fundamento y centro de una táctica la salida militar. Nuestra
política definida como la Rebelión Popular se basa en
la necesidad imperiosa de que el pueblo adopte todas
las formas de lucha para terminar con la dictadura.
Esto es mucho más que un militarismo vanguardista.
Es antes que nada, desarrollar una política de masas,
unitaria, que vaya cada día sumando fuerzas capaces
de solucionar la grave crisis que enfrentamos. En estos
términos, todas las iniciativas populares organizadas y
serias son las que le dan contenido a la Rebelión Popular, llámense estas protestas, paros, manifestaciones
callejeras, mítines en poblaciones y centros de trabajo,
395
En lo que respecta a los propósitos de nuestro estudio,
396
Otto Boye basa los puntos más contundentes de su ataque a la
propuesta comunista en diferentes premisas: en que es ilegítimo
ubicar y combinar la no-violencia activa y la práctica de la
violencia como métodos de resistencia en igualdad de significación, puesto que incluir la violencia termina por pervertir
los postulados ideológicos con que la no-violencia fue creada
y finalmente se hegemoniza sobre esta; en que si los fines
buscados son la paz y la libertad es ilógico no adecuar medios
exclusivamente pacíficos de resistencia para alcanzarlos; en que
este tipo de interpelación a los cristianos no puede ser escuchada ya que es una mera repetición redundante de posiciones
comunistas viejas e invariables; y, finalmente, de manera más
o menos velada, se sugiere que el Partido Comunista se estaría
apropiando de la no-violencia activa de manera oportunista,
una vez que ha observado su efectividad. Reproduzcamos sus
palabras en cuanto a los puntos que nos incumben:
de las cosas. El PC hace como si no existiera, poniendo
el acento en fines ("el pueblo quiere paz, la libertad y la
democracia") que justificarían el empleo de todos los medios. Se trata, ciertamente, de una diferencia sustancial
con lo expuesto hasta aquí en el presente estudio.
6. El segundo texto de Corvalán está redactado en forma
de respuesta a críticas. El destinatario principal parece
ser el chileno cristiano, especialmente católico, a quien
se le recuerda la doctrina pontificia expuesta por Paulo
VI en su encíclica Populorum Progressio y se vuelve a
considerar el derecho a rebelión como el método mismo,
como si fueran sinónimos. Tratando de explicitar un poco
lo que se quiso decir con "violencia aguda" ahora se
habla de "violencia revolucionaria ejercida de manera
consciente y responsable". En el fondo, nada nuevo.
8. Con esta posición el PC pretende llegar al "más amplio ACUERDO NACIONAL", lo que en otros términos
implica que quisiera estar dentro de una alianza donde
estuvieran todos los partidos de oposición contrarios al
régimen. Choca con una realidad que no logra ocultarse con palabras: quiere integrarse a un marco político
donde la tesis de "todas las formas de lucha" es explícitamente rechazada, pues se ha hecho una opción que excluye las formas violentas de lucha. Se niega a entender
que la vía no-violenta sólo es eficiente si permanece fiel
a su opción, pues cuando se mezcla con la violencia es
esta última la que termina primando y dando la pauta.
9. Hay en el último texto citado un párrafo notable que
requiere volver a ser citado: "Hace un año era imposible
imaginar las jornadas de lucha de los últimos meses. Las
protestas, que nacen como tímidas formas de expresión
de la disidencia, se transforman por la fuerza del pueblo
en una forma inédita de lucha. Es la capacidad creativa
que tienen aquellos a los cuales sólo les queda la fuerza
de sí mismos como única esperanza". Una primera observación adjetiva, aunque no carente de importancia:
el PC hace una separación entre "disidencia" y "pueblo"
que es absolutamente arbitraria, voluntarista. La obser-
1. La tesis que prima en los textos transcritos es la del
uso de todos los métodos de lucha, los no-violentos y
los violentos, o, si se quiere, la tesis de la combinación de métodos. A esta propuesta el PC la denomina
de Rebelión Popular, que, como el mismo lo dice, "se
basa en la necesidad imperiosa de que el pueblo adopte
TODAS LAS FORMAS DE LUCHA para terminar con
la dictadura".
2. Dicha tesis, expuesta en la forma en que lo hace el
PC, no tiene nada que ver con la vía de Gandhi, de
Martín Luther King, Jr., de Hélder Cámara, de Adolfo
Pérez Esquivel, etc., desarrollada y defendida en este
trabajo, cuya característica común consiste en renunciar
a recurrir a la violencia. El PC no renuncia a ella. Está,
por tanto, en otra vía, transita otro camino.
4. El PC sitúa virtualmente todos los métodos de lucha
al mismo nivel. El raciocinio sobre la debida correspondencia que debe existir entre el fin y los medios no está
presente para nada. Es eludido por completo, a pesar
de tratarse de un asunto de tal trascendencia que, como
se ha visto, es el que verdaderamente determina el curso
397
398
vación sustantiva: resulta difícil encontrar una mejor
descripción y justificación de la vía no-violenta que la
última oración del párrafo citado. Quienes sólo tienen
"LA FUERZA DE SI MISMOS como única esperanza",
acompañada de "capacidad creativa", están en la más
perfecta no-violencia activa. Son pobres, desarmados, no
podrían recurrir a la violencia sin ser aplastados. Les
queda sólo "la fuerza de sí mismos" más su "capacidad
creativa" y con esos dos elementos transforman su protesta "en una forma inédita de lucha". Son ya maestros
de la no-violencia. Si siguen por ese camino y contagian
al pueblo chileno entero, nada detendrá su triunfo (pp.
129-132).
La animosidad anticomunista de Otto Boye ilustra nuestra referencia al hecho de que ningún régimen fascista ha logrado solucionar los conflictos que condicionaron su instauración.
Con este autor reemerge el anticomunismo de algunos sectores
democratacristianos. Al explicar su iniciación en el estudio de
la no-violencia activa, Boye indica la perspectiva desde la que
se introdujo al tema: "Mi búsqueda personal en esta materia
ha estado íntegramente determinada por ella, especialmente a
partir del 11 de septiembre de 1973, fecha del golpe de Estado
militar y la instauración de un régimen de dictadura que ya ha
cumplido los diez años. Escribiendo en 1981 mi primer intento de sistematizar algunas ideas sobre la no-violencia activa,
traté de caracterizar en muy pocas líneas la situación chilena
acudiendo al testimonio de Eduardo Frei y Patricio Aylwin,
quienes, en muy pocas palabras, daban cuenta de lo esencial
de la realidad en ese momento" (p.123). Como se explicó en
la primera parte de este estudio, en la actualidad el Partido
Demócrata Cristiano es una de las colectividades que promueve
una transición a la democracia que proteja el sistema capitalista
en Chile. Por ello es que apoya la movilización pacífica contra
el régimen militar a la vez que busca un diálogo simultáneo
con el régimen y sus adherentes para obtener un acuerdo de
redemocratización negociada. Esta estrategia requiere dos condiciones: la garantía del mantenimiento de las fuerzas armadas
399
con un mínimo de intromisión civil para hacer justicia por la
violación de los Derechos Humanos; la exclusión de toda posibilidad de que se quiebre el monopolio de la violencia estatal
depositado en los institutos armados, salvaguarda principal del
capitalismo en Chile.
En la articulación argumentativa de La no-violencia
activa. Camino para conquistar la democracia este conservadurismo procapitalista se muestra en la forma como se tratan
las posibles implicaciones revolucionarias de este tipo de
práctica política. El problema de la revolución aparece a raíz
de una cita de René Macaire que Boye utiliza en el Capítulo
III para definir la no-violencia activa. Las mayúsculas pertenecen al texto de Boye: "En un primer tiempo, diré que ES UN
CONJUNTO DE ACTOS DE RUPTURA CON LAS ALIENACIONES INSTITUCIONALIZADAS, ACTOS DE RUPTURA
CÍVICAS Y PUBLICAS, ARRAIGADOS EN FORMAS NUEVAS DE VIVIR Y DE PRODUCIR Y COMPROMETIDOS
EN UN ESPÍRITU DE APERTURA A LOS AUTORES DE
LAS ALIENACIONES INSTITUCIONALIZADAS [...] En
un segundo tiempo, diré que la praxis no-violenta, si somos
bastante fuertes y numerosos, PODRÍA DESEMBOCAR EN
UNA REVOLUCIÓN POLÍTICA QUE ACABARÍA POR
COLOCAR ESTRUCTURAS ADAPTADAS A LA EDAD DE
LA ESPECIE A QUE HEMOS LLEGADO Y CUYO FUNDAMENTO, SIEMPRE FRÁGIL, SERIA UN DERECHO QUE
IMPEDIRÍA LA EXPLOTACIÓN DE UNA PARTE DE LA
HUMANIDAD POR LA OTRA PARTE. Tarea gigantesca que
constituiría un soporte y un trampolín para la historia futura"
(p. 58). A continuación Boye plantea nueve puntos de comentario sobre los términos más importantes de esa definición. En
los dos puntos finales dice: "8. Aquí se plantea la perspectiva
de una "revolución política", esto es, de un cambio profundo,
de un corte histórico de carácter positivo, capaz de llegar a
"colocar estructuras adaptadas a la edad de la especie a que
hemos llegado" [...] 9. El fundamento sobre el que descansaría
esta revolución política, "siempre frágil", apunta Macaire con
realismo, "sería un derecho que impediría la explotación de
una parte de la humanidad por la otra parte". Con esta afir400
mación queda establecido claramente el carácter universal que
pretende tener el itinerario planteado (la no-violencia activa).
Teóricamente puede ser adoptado por cualquiera, pero queda
en claro que en cada caso requeriría una adaptación exacta. En
el capítulo VI se precisará mucho más el camino que se puede
seguir para aplicar, a través de una metodología específica, el
principio de la no-violencia" (p. 60).
Una revolución social, entendida en los términos del
debate y las luchas internacionales contemporáneas, implica la
transformación socialista del modo de producción material, de
las relaciones de propiedad de los medios productivos y, consecuentemente, de las relaciones sociales, políticas e ideológicas
que imperan en una sociedad para hacerlas más orgánicas en
relación con esos cambios en la base material, todo esto de
acuerdo con planes de reconstrucción claramente definidos para
ese conjunto de transformaciones a todo nivel. Sería absolutamente injusto demandar de un individuo la proposición de
tan vastas tareas, que más bien corresponde a colectividades
políticas. No obstante, si es que Boye introduce el tema de las
posibles consecuencias revolucionarias de la acción no-violenta,
le era indispensable sugerir por lo menos algunas proyecciones,
de manera que los lectores a quienes se incita a adoptar este
tipo de estrategia de acción tengan alguna idea del compromiso
en que se han adentrado.
Sin embargo, al llegar al Capítulo VI descubrimos que la
prometida discusión de las consecuencias revolucionarias de la
no-violenta activa no se hace efectiva y se la reemplaza con una
exposición restringida a los tres aspectos en que Boye divide
la acción no-violenta: la preparación, en que se recomienda
el análisis exhaustivo de las causas que suscitan la injusticia
social; la formación de pequeños grupos y comunidades de
base para efectuar las acciones; el trabajo de refuerzo de la
convicción espiritual en esos grupos y su entrenamiento en
el autocontrol durante ellas. Aquí Boye recalca que la "viga
maestra" es el mantenimiento permanente de un diálogo con
el adversario para reconocer el grado de verdad que lo pueda
animar. El diálogo debe servir de base para romper con prejuicios mutuos que impiden la comunicación y debe cumplir
401
múltiples funciones: impactar su conciencia demostrándole su
responsabilidad en la producción de injusticia; enrostrar clara
e inequívocamente al adversario la injusticia que ha creado;
presentarle continua e incansablemente proposiciones positivas
para superar esas injusticias, acompañada esta actividad con la
preparación simultánea de formas de desobediencia y no-coperación que desarmen el poder de reproducción de la institucionalidad injusta. En este último punto Boye cita a Jean-Marie
Müller: "La estrategia de la acción no violenta apunta a romper
esa colaboración con las leyes, las instituciones, las estructuras,
los sistemas, los regímenes, los estados que crean y mantienen
la injusticia, a fin de parar sus mecanismos, de neutralizarlos.
Se trata así de poner la mira en secar las fuentes de poder del
adversario, privándolo del concurso donde él lo necesite para
asegurar su dominación y dejarlo imposibilitado de hacer daño"
(p. 101). Aunque el cuerpo de este Capítulo VI termina con
un acápite titulado "El programa constructivo", los argumentos
son del todo vagos. Reproducimos el acápite en su totalidad:
"Del proceso anterior surgen dos tareas que se van realizando
dinámicamente [...] La primera la proporciona el proceso por sí
mismo, pues en su espíritu y en su estilo se empieza a anticipar
o a anunciar casi proféticamente la alternativa, justa y fraterna,
que se propone. Hay aquí todo un contenido programático [...]
La segunda tarea requiere un esfuerzo especial y sistemático,
paulatino y sostenido, para configurar el programa global a
ofrecer en el momento en que la situación haya madurado y sea
necesario asumir la responsabilidad de reemplazar el sistema o
régimen que oprime al conjunto de la sociedad" (p. 101).
De lo transcrito se desprende que la explicación de lo
revolucionario en la no-violencia activa se ha disuelto. El problema de la transformación social redemocratizante se vuelve a
tomar sólo –y muy brevemente– en la introducción del Capítulo
IX, para lo cual se hacen tres cortas afirmaciones tomadas de
un discurso de crítica contra el régimen militar pronunciado
por el ex Presidente Eduardo Frei el 24 de agosto de 1979:
"1. El modelo económico-social que hoy se aplica concentra
la riqueza en unos pocos y pauperiza a las grandes mayorías,
mantiene tasas insoportables de cesantía, una muy baja tasa de
402
inversión. 2. Las leyes, decretos y proyectos que hasta ahora
conocemos, tanto en el plano constitucional como en el laboral,
están inspirados en una idea básica: crear todos los mecanismos
defensivos para que el pueblo no pueda expresarse. 3. Los que
detentan el poder ni quieren ni desean la apertura. Sólo quieren
imponer sus planteamientos y aplastar toda disidencia, y aprovechan hasta las más solemnes ocasiones para dar expresión
a su rencor" (p. 124). El cuerpo del Capítulo IX no vuelve a
insistir sobre el tema; está dedicado al ataque anticomunista.
Ahora bien, el Partido Demócrata Cristiano no se ha caracterizado por aspiraciones a la transformación revolucionaria
de la sociedad chilena, sino, más bien, a la modernización del
capitalismo y a una moderada expansión de las oportunidades
de organización popular en términos controlados por el Estado.
Por lo tanto, la postergación del tratamiento de las posibles
repercusiones revolucionarias de la acción política no-violenta
y la delegación final del tema a las palabras de un alto líder del
Partido Demócrata Cristiano implican que, para Otto Boye, esas
repercusiones se limitan a las libertades políticas, como bien
lo señala al enfatizar el término "revolución política" cuando
comenta las palabras de René Macaire en el Capítulo III. Esta
estrategia expositiva trae a la memoria la consigna de "Revolución en Libertad", que la Democracia Cristiana levantara para
su triunfo en la elecciones presidenciales de 1964.
Es evidente, entonces, que la versión de la no-violencia
activa propuesta por Otto Boye relaciona a este movimiento
con una conducción democratacristiana del proceso de redemocratización en Chile. Una vez que esto queda patente, se
explica la ausencia de un problema inescapable en toda acción
política: la formación de un bloque de poder para implementar
la transformación de las relaciones sociales. Suponemos que,
si es que no se lo discute, es porque se acepta tácitamente su
existencia inmediata: la Alianza Democrática –que reúne al
Partido Demócrata Cristiano y a sectores de derecha democrática– en algún tipo de relación y entendimiento con la izquierda
no-marxista-leninista. El grado máximo de concertación que
alcanzara este conglomerado fue el Acuerdo Nacional –el cual
Boye menciona en su réplica a Luis Corvalán– firmado en 1985,
403
convenio que fuera avalado por Monseñor Francisco Fresno con
su patrocinio y buenos oficios. El gobierno militar lo desahució
desdeñosamente, sin siquiera discutirlo.
De allí, entonces, que Boye no conciba la acción política
no-violenta como un movimiento generador de un nuevo bloque
de poder alternativo estructurado, reduciéndolo a una dimensión
microcósmica, cotidiana, de vaga capacidad para elaborar un
proyecto nacional reconstructivo:
En un régimen dictatorial, el efecto más penetrante de la
represión permanente que lleva a cabo se produce a nivel
de cada persona cuando ésta llega a sentirse aislada,
sola y desamparada frente al poder. La atomización de la
sociedad es un objetivo permanente del sistema político
opresor, porque produce un control social casi perfecto,
de una eficacia casi a toda prueba [...] El primer paso
para destruir este mecanismo de control y que tiende a
la desmasificación y a la personalización de la población
consiste en rehacer el tejido social, volver a organizar
al pueblo [...] Aquí cabe tener mucho cuidado, pues los
dirigentes políticos y sociales que están disponibles para
llevar a cabo esta tarea suelen estar marcados por los
reflejos condicionados que tenían en el momento en que
fueron desplazados del poder por la dictadura. Ellos
suelen razonar y actuar con las categorías que estaban
vigentes en ese instante histórico y no tomar en cuenta
los hechos creados por la nueva situación. De allí que
muchas veces fracasen en sus esfuerzos y contribuyan,
sin quererlo, a aumentar el desaliento entre sus seguidores [...] Rehacer el tejido social, volver a reorganizar
al pueblo, es una labor que en condiciones de dictadura
sólo puede empezarse en forma muy modesta y a partir
de pequeños núcleos de estructura muy elemental y compuestos de muy pocas personas. La infraestructura será
al comienzo el hogar de los que integran estas pequeñas
organizaciones celulares. El objetivo será también el más
simple y al alcance de la mano: se tratará de romper el
aislamiento y el inmovilismo de cada uno interesándolo
404
en hacer algo por sus problemas más inmediatos, los que
tiene en su población, en su trabajo o los derivados de
la falta del mismo" (p. 119).
Es notorio que Boye resta mérito muy selectivamente al
liderato político y social anterior al golpe militar de septiembre
de 1973. Los que están "marcados por los reflejos condicionados" son aquellos "que fueron desplazados del poder por
la dictadura", es decir, los dirigentes asociados con la Unidad Popular. Por el contrario, Boye es del todo encomiástico
cuando se refiere a líderes democratacristianos de esa misma
época como Eduardo Freí, Patricio Aylwin, Bernardo Leighton,
Claudio Orrego.
Por último, es preciso señalar la profunda nota irónica
que crea este tipo de alegorización extrema. Dado este acopio
de antecedentes para condenar la actividad armada del Partido Comunista, negar la posibilidad de una coexistencia de
medios violentos y no-violentos en la actividad política y el
desconocimiento del MCTSA, resulta irónico que al comienzo
de su obra Otto Boye rinda un emotivo homenaje a Sebastián
Acevedo, que, como observáramos, fue militante comunista de
tradición familiar: "... Y una dedicatoria especial y conmovida:
A Sebastián Acevedo Becerra, humilde obrero de nuestra patria, confesor extremo de la no-violencia activa, que prendió
fuego a su cuerpo y entregó su vida para defender la libertad
y la dignidad de sus hijos: Con su sacrificio ha defendido a
todos los hijos de esta tierra herida, ha denunciado con fuerza
indestructible un sistema de opresión, ha despertado la conciencia todavía adormecida de muchos y ha desatado energías
nuevas dispuestas a sumarse a la gran lucha por la justicia y
la libertad en nuestro suelo. Su sacrificio no será en vano"
(pp. 5-6). Quizás dos interpretaciones de esta dedicatoria sean
válidas: Boye no tenía información de la militancia política de
Sebastián Acevedo, dato no divulgado ampliamente ni por las
autoridades ni por los medios de comunicación masiva; o Boye
está preparado para reconocer el valor de acciones simbólicas
específicas de individuos, separándolos de su filiación política.
Ciertamente esta última interpretación es rotundamente negada
405
por los familiares de Sebastián Acevedo, quienes, al darnos su
testimonio para este estudio, insistieron en mantener la identidad de su padre y esposo como ser humano consecuente a
la vez con su cristianismo y su comunismo y pidieron que la
memoria histórica que se guarde de él respete esta imagen.
No-violencia activa: La versión de SERPAJ-Chile
En su intento por arraigar teóricamente en Chile la práctica de la no-violencia activa, la estrategia de Otto Boye es
examinar sus antecedentes en diversas fuentes bibliográficas:
el desarrollo ideológico del cristianismo en cuanto a la relación no-violencia/violencia; luego conecta este desarrollo con
enseñanzas de Paulo VI, de la Iglesia Católica latinoamericana
y chilena a la luz de las experiencias de la Segunda y Tercera
Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano realizadas en Medellín y Puebla en 1968 y 1979, respectivamente,
además de la conferencia episcopal ocurrida en Bogotá entre
el 28 de noviembre y el 3 de diciembre de 1977; y, como ya
lo señaláramos, con el estudio de la obra de cultores y propugnadores extranjeros de esa práctica, especialmente Gandhi,
King, Müller. En este sentido, la estrategia de Otto Boye puede
caracterizarse de ahistórica, en la medida en que no la conecta
con una interpretación de la totalidad de la evolución moderna
y contemporánea de la cultura política de Chile. Esta postura
y su absolutización de la no-violencia activa llevan a Boye a
extremar su ahistoricismo dando un tono legalista a sus argumentos. Por legalismo entendemos aquí la construcción de un
discurso ideológico –la definición de la no-violencia activa, en
este caso– que luego se aplica inflexiblemente para enjuiciar a
cualquiera otra alternativa de acción política. Esto le permite
excluir toda posible asociación coyuntural de la no-violencia
activa con la línea política de los partidos marxista-leninistas
chilenos.
En realidad, el perfil ahistoricista, absolutista y legalista de los argumentos de Boye sólo queda expuesto luego de
compulsarlos con los de Fernando Aliaga Rojas, subdirector de
406
SERPAJ-CHILE, en su folleto titulado "No-Violencia Activa.
Estrategia Democrática". Para sentar términos contrastantes,
indiquemos que Boye interpreta la inclusión comunista de la
lucha armada como una actitud extranjerizante, de mala fe conspirativa, inflexible e irrespetuosa del resto de la oposición, que
ya con gran antelación había sido decidida, aun sin considerar
el dato histórico chileno actual. Boye dice:
La posición de los comunistas chilenos tiene al respecto
un peso indudable y merece una consideración detenida. Son ellos los que le dieron dinamismo al debate
(de la vía correcta de oposición y resistencia) y, en la
práctica, lo volvieron a abrir. Todo comenzó en Moscú
el 3 de septiembre de 1980, cuando faltaban ocho días
para que se celebrara el plebiscito del general Pinochet
(con el cual se legitimó la constitución autoritaria). El
secretario general del PC chileno, Luis Corvalán, leyó
un discurso que contenía, en dos de sus partes, una
referencia explícita a los medios de acción. La fecha es
importante, porque pone de relieve que lo expuesto había sido discutido y decidido sin esperar los resultados
del plebiscito. La actitud de toda la oposición frente a
dicho evento, incluida la del PC, no tenía importancia,
ni daría pautas futuras de acción. Antes que se hiciera
el balance del mes (11 de agosto al 11 de septiembre de
1980) en que la oposición entera había alcanzado su
mayor grado de movilización y unidad de acción en los
últimos siete años, el PC ya había definido lo que iba a
hacer en el futuro. No hay que olvidar esta circunstancia
si se quiere conocer la historia fidedigna de este hecho
político" (p. 125).
sido el MIR. Aliaga diferencia específicamente la situación del
Partido Comunista, señalando que éste planteó la lucha insurreccional como vía única sólo en sus orígenes en las primeras
décadas de este siglo. Desde 1933 en adelante había adoptado
una línea de acción legal, de trabajo de masas, dentro de los
parámetros fijados por el Estado para la participación política.
Para Aliaga, la opción actual del Partido Comunista por la lucha armada se ha debido a "la obsecación de la cual ha dado
muestras el régimen de Pinochet, en cuanto a circunscribir todo
el modo de concebir las relaciones sociales dentro de la lógica
de la guerra" (p. 1).
Vale la pena citar ese párrafo interpretativo de la historia
política chilena:
En primer término, la vía armada surgió en Chile dentro
del contexto que significó la Revolución Cubana y su
proyección en la Guerrilla, una de cuyas experiencias estuvo comandada por Ernesto Che Guevara. Sin embargo,
esta propuesta recogida por el MIR, no fue compartida
por la izquierda tradicional. La cual específicamente
aparece en la historia del país como una superación del
Anarquismo y es orientada por Luis Emilio Recabarren
dentro del marco de una lucha popular que respeta la
institucionalidad democrática. El propio Partido Comunista vive una evolución y, ya desde 1933, entra en la
etapa de la "estatalidad". Su inserción en un programa
de democratización legal desde el Parlamento es defendida por ellos, incluso en los años en que padecen los
efectos de la Ley de Defensa de la Democracia. Es dentro
del Gobierno de los militares que los comunistas optan
por aceptar "toda vía de lucha" en la recuperación de
la democracia. Con ello se ha roto una tradición, se ha
introducido en la izquierda y, en general, en la oposición,
un serio motivo de conflicto, lo cual es aprovechado por
la Derecha y el Gobierno. La "vía armada" o la violencia como método para derribar la dictadura, no sólo es
motivo de exclusión, sino que de hecho se está prestando
para antagonismos y descalificaciones en el movimiento
Aliaga sigue una estrategia del todo diferente a la de
Boye. Interpreta la evolución del movimiento social y político
chileno para demostrar que éste, de manera abrumadora, se
había orientado hacia una actividad legal y pacífica. Para ello
muestra que el único movimiento en asumir exclusivamente la
violencia militar como vía de transformación revolucionaria ha
407
408
popular, que las más de las veces entorpecen y paralizan
la movilización social" (p. 1).
Por lo tanto, para Aliaga introducir la acción no-violenta tiene el propósito de servir de medio para recuperar esa
tradición pacifista perdida en la cultura política chilena. Esto
implica llevar a la civilidad a un examen de la realidad nacional mediante un proceso de Educación Popular que reviva la
conciencia crítica. Así la ciudadanía desarrollará una capacidad
de discernimiento político y descubrirá los mecanismos con
que se reproduce la dominación y la represión por parte de las
minorías explotadoras, responsables principales de la violencia
en Chile y del imperio de una cultura de la muerte. Con una
mayor precisión de la que Boye usa para designar al agente
de la redemocratización en Chile, Aliaga habla concretamente
de "Redescubrir en el Movimiento Obrero y en el proceso democrático anterior al Golpe Militar, una serie de argumentos
que permitieran no sólo analizar ideas, sino tener referentes
históricos del pasado" (p. 2). De acuerdo con esto, la base para
una redemocratización está en la cultura política nacida con la
solidificación de las organizaciones de la clase obrera, en torno
a las cuales en el pasado se había creado una visión del país y
de los modos de resolver conflictos sociales que "significó una
auténtica convergencia social, política y religiosa" (p. 2).
A la vez, esa Educación Popular debe llevar a la formación de un "tejido socio-organizativo" de comunidades cristianas, comités de defensa de los Derechos Humanos y grupos solidarios para la acción, la renovación política y la movilización
popular. Esto surgirá de una dialéctica que integre a la "persona,
la comunidad y el pueblo en un proyecto de liberación", en un
movimiento social dinamizado desde la bases y no desde las
cúpulas de la dirigencia política: "La persona aislada no logra
una conversión auténtica si no se integra en una experiencia
comunitaria. Así también, la organización de base, el partido
no impulsará un movimiento popular liberador si no animan
procesos comunitarios que son posibles sólo a través de un
"encuentro nacional", de un consenso o de un pacto político"
(p. 4). En otras palabras, este tejido socio-organizativo es la
409
base para la creación de un bloque de poder popular, "Todo
ello consecuente con la consolidación de una Democracia participativa, pluralista, surgida de un consenso nacional, que en
definitiva debe aislar al fascismo y recuperar las Fuerzas Armadas, el poder jurídico y la derecha democrática"; "El proyecto
de la no-violencia, precisamente, significa rescatar el alma y
la dignidad del pueblo. En este sentido se intenta lograr una
concertación social y política en que el pueblo, cada ciudadano,
se sienta integrado y participe en el bien común" (p. 5).
Esta argumentación, que ya toma un aspecto socialdemócrata, también contiene párrafos que implícitamente critican
al Partido Comunista: "La lógica de la guerra, el camino de
la vía armada se distancian y alejan de la recuperación de la
democracia, donde el respeto a los Derechos Humanos, la
justicia sean sus fundamentos sólidos. La violencia y el terrorismo son vistos hoy en día por un gran espectro político
y social de chilenos como un método que justifica y le hace
el juego al Régimen dictatorial y nos conduce a la espiral de
la violencia" (p. 4). Pero en ningún momento se plantea la
exclusión del Partido Comunista en la formación de un frente
nacional, como lo hace Boye. Un lenguaje que habla de "lograr
que el pueblo, sus grupos organizados emprendan una lucha de
liberación", de los "procesos comunitarios de liberación", de
"abrazar la causa de los explotados", que ensalza el recuerdo de
la cultura política surgida en torno a la clase obrera no puede
proponer tal exclusión, sino tratar de fortalecer la búsqueda de
un consenso nacional que incluya a todo sector ideológico a
pesar de los desacuerdos. Esta argumentación tiende decididamente a valoraciones positivas en sus referencias al resto de
la izquierda chilena. En ello quedan claros sus dos objetivos
centrales: la condena de la violencia terrorista practicada por el
régimen militar y la construcción de una vigorosa tradición de
no-violencia activa en Chile. En cuanto a esto último, Aliaga
señala que las primeras raíces ya han sido echadas, a pesar de
todo: "La lucha de la no-violencia activa a lo largo de estos
años de represión ha sido la forma de denuncia que adoptaron
las víctimas y los grupos de defensa de Derechos Humanos.
En este sentido la historia de la no violencia activa ha quedado
410
consagrada por centenares de gestos. Ante la brutalidad de la
represión, de los detenidos-desaparecidos, de la tortura y del
exilio brota por millares de fisuras la firme mano que empuña
una flor, el grupo que se encadena ante los tribunales de justicia,
los que denuncian la cárcel secreta, concentraciones, marchas,
reunión de firmas, etc. Aparentemente, todo ha sido inútil, sin
embargo, esta auténtica expresión popular ha amalgamado la
defensa de los Derechos Humanos con la recuperación de la
Democracia" (p. 4).
Afirmar el arraigo de la no-violencia activa en Chile a
partir de hechos ya establecidos y de una experiencia de oposición ya probada reitera la perspectiva historicista de Fernando
Aliaga, puesto que en sus argumentos procede a la generalización a partir del discernimiento cuidadoso de realidades
ya manifestadas: "Todo este procesamiento a nivel personal
y de grupos ha ido teniendo, a lo largo del período militar,
una encarnación que ha significado un gran enriquecimiento,
por cuanto han ido surgiendo exponentes nacionales de la no
violencia activa. En esto, no me refiero a los que han adoptado
esta metodología de acción como una táctica coyuntural contra
la dictadura, sino la de aquellos que con su testimonio de vida
y consecuencia entre el pensar y el actuar se han convertido
en referentes nacionales" (p. 3).
Por consecuencia, este discernimiento a partir de lo real
plantea indirectamente una crítica a posturas idealizadoras,
absolutistas y legalistas como la de Otto Boye. A la inversa de
Aliaga, Boye procede desde el discurso teórico, sobrevalorándolo por sí mismo, sin llegar a delinear claramente los sujetos
de la acción no-violenta ya existentes en Chile, tratando de
mantener una pureza doctrinaria en aras de una condena del
comunismo. Por este motivo plantea lo siguiente en la Introducción de La no-violencia activa. Camino para conquistar la
democracia: "El tema de los medios o métodos políticos ha sido
irresponsablemente descuidado, pues casi siempre se ha preferido poner el énfasis en destacar los fines perseguidos y se ha
dejado el punto de los medios abierto a cualquier respuesta más
o menos reflexiva, más o menos improvisada. Así, el dominio
de la escena ha correspondido no sólo a la afirmación de que
411
el fin justifica los medios, sino que, además, el discurso político
predominante se ha concentrado, casi siempre, en proclamar
los fines políticos perseguidos, en enunciarlos, guardándose
silencio respecto a los métodos a utilizar para alcanzarlos. Las
sucesivas frustraciones históricas de los pueblos que habitan el
planeta encuentran aquí una pista muy segura para explicarlas,
pues a la hora de escoger los medios para alcanzar las metas
propuestas, ha sido demasiado frecuente que la elección haya
recaído sobre caminos que conducían a otra parte" (p. 15). Más
adelante, esto permite a Boye condenar las propuestas comunistas precisamente sobre la falta de adecuación entre fines y
medios: "4. El PC sitúa virtualmente todos los métodos de lucha
al mismo nivel. El raciocinio sobre la debida correspondencia
que debe existir entre el fin y los medios no está presente para
nada. Es eludido por completo, a pesar de tratarse de un asunto
de tal trascendencia que, como se ha visto, es el que verdaderamente determina el curso de las cosas. El PC hace como
si no existiera, poniendo el acento en fines ("el pueblo quiere
paz, la libertad y la democracia") que justificarían el empleo
de todos los medios. Se trata, ciertamente, de una diferencia
sustancial con lo expuesto hasta aquí en el presente estudio" (p.
130). Por el contrario, aunque no discrepa totalmente de Boye,
Aliaga sugiere: "En medio de nuestro pueblo, donde la principal
violencia proviene de las minorías dominantes, el planteamiento
teórico de la adecuación de los medios a los fines suscita confusiones o al menos largas y estériles discusiones" (p. 4).
Quizás esta línea argumental sea la que permite la actuación conjunta en el MCTSA de personal de SERPAJ con
militantes de las dos principales tendencias marxista-leninistas
chilenas, el Partido Comunista y el MIR. Sin embargo, es difícil
determinar si esta afinidad es más bien coyuntural o contiene
un potencial antagónico latente. Al respecto es preciso recordar
declaraciones de Adolfo Pérez Esquivel en cuanto al activismo
social de SERPAJ: "Nuestra esperanza, al organizar constantemente al pueblo, es la de saber que llegaremos a alguna meta.
Si miramos los pueblos de América Latina, vemos que han
adquirido una conciencia crítica. Ya no son los pueblos de
hace quince o veinte años atrás. Comprenden mejor su propia
412
situación; exigen también respuestas concretas a sus problemas.
Ciertamente, la violencia aumenta por todas partes, especialmente en América Central. Pero, ¿qué quiere decir esto?: que
una fuerte presión se ejerce desde la base. Es esta presión la
que es la causa de la represión [...] Algunos nos acusan de
hacer el juego al comunismo si nos atenemos al sistema en
vigor. Rechazamos esta acusación. No hacemos el juego ni
al comunismo ni a la derecha. El terrorismo, por definición
es el (imperio) del terror. El terrorismo de la izquierda como
el de la derecha no hacen más que sumarse, pero nunca dan
la solución de los problemas. Para mí todo terrorismo, venga
de donde venga, es un atentado al hombre, a la humanidad, a
Dios. Por esta razón rechazamos toda forma de terrorismo. No
logra nada porque nada se puede construir sobre el terror" (La
lucha no violenta por la paz, p. 42).
Por otra parte, Adolfo Pérez Esquivel es claro en demarcar límites con el marxismo-leninismo y diferenciar para SERPAJ una noción socialdemócrata del problema del socialismo:
Algunos nos dicen que no hay más elección que entre
el capitalismo y el comunismo, y que la revolución debe
hacernos pasar del uno al otro [...] Personalmente, preferiría que no se diera el paso ni al uno ni al otro. Se
debe encontrar una alternativa: la de la socialización. Y
no veo por qué se confundirá con el comunismo. El comunismo y el capitalismo son dos imperialismos que no
ofrecen más que respuestas a medias; hacen del hombre
un objeto. En mi opinión, esta es la razón por la que los
cristianos de América Latina tienen una responsabilidad
especial: la de encontrar alternativas políticas [...] En
este momento, el socialismo no comunista no existe. Es
necesario inventarlo. No tenemos fórmulas totalmente
hechas, ni respuestas definitivas. En Brasil, por ejemplo, las comunidades de base trabajan sobre propuestas
políticas. Nuestro movimiento de la no violencia estudia
también algunos proyectos políticos. Queremos algo
diferente del comunismo y del capitalismo. Algo que va
en el sentido de la auto-gestión y de la participación.
413
La participación es en efecto el elemento fundamental"
(p. 43).
Como se observa, hay una cercanía de opinión entre
Pérez Esquivel y Otto Boye. No obstante, la extensión de esa
afinidad de SERPAJ-CHILE con las partidos marxista-leninistas
sólo se podría determinar según el modo en que los dirigentes
chilenos definan la línea de su institución con la independencia
necesaria para hacer frente a las condiciones específicas de la
cultura política del país, en que ciertamente el marxismo-leninismo es factor de peso incuestionable. No obstante, no es el
propósito de este estudio abrir una línea de indagación en este
sentido, ya que el MCTSA se ha planteado a sí mismo como
organismo absolutamente independiente de toda institución política, social y cultural. Respetando este hecho, el funcionario
de SERPAJ que entrevistamos como portavoz del MCTSA,
hombre joven, que evidentemente se ha entregado totalmente
al trabajo de organización comunitaria para la democracia, aun
a costa de un extremo agotamiento físico, dio testimonio de su
participación señalando el sentido profético y utópico que tiene
el MCTSA en la cultura política chilena, en términos cercanos
a los planteamientos oficiales de SERPAJ, pero interiorizados
con un marcado fervor y sinceridad personal. Habló de la membrecía del MCTSA como el anuncio de una renovación política
en Chile por la cual quizás se pudiera superar el énfasis en las
tradicionales rivalidades, dislocaciones y rupturas ideológicas
existentes entre las clases sociales y los partidos políticos.
Para él, el MCTSA ha abierto un espacio de acción política
auténticamente comunitaria, de nuevo tipo, de mayor amplitud,
puesto que allí la preocupación central es la persona humana
misma, su maduración, su desarrollo en torno a la capacidad de
comunicación de valores de efectiva defensa de los Derechos
Humanos que trascienden el individualismo egoísta que ha
estado viviendo Chile durante la dictadura, reintroduciéndose
una noción de colectividad solidaria.
Influencia socialdemócrata y alegorización del
414
MCTSA
Tanto este testimonio como las argumentaciones de Fernando Aliaga muestran la esperanza de que surja un nuevo actor
popular desde la base, libre de las rigideces sociales y políticas
de la historia chilena anterior al golpe militar. Esta aspiración
ha sido latamente asociada en Chile con "la influencia socialdemócrata" que ningún informante pudo relacionar con instituciones políticas precisas, pero que, según opiniones que se nos
dieran, atraviesa todo el espectro de los partidos que componen
el llamado Bloque Socialista. Esa influencia se concreta en la
polémica ya referida de sectores que compusieron la Unidad
Popular en contra del Partido Comunista chileno.
Dentro de la oposición, y particularmente en los círculos
de izquierda, es obvia la potencia de este debate, por lo que es
imperativo para el comité coordinador del MCTSA deslindar
una línea en sus relaciones con otras instituciones, de manera
que se conserve la identidad que le permita cumplir con la
función específica para la que el movimiento fue creado, sin
que se vea succionado dentro de esa polémica. Aparentemente,
esto debería ser fácil, puesto que esa función es exclusivamente
la de protestar contra el uso institucionalizado de la tortura y
hacer conciencia ciudadana sobre la existencia de esta práctica
en Chile. Sin embargo, la identidad, mitos y rituales acentuadamente cristianos con que se ha dado a conocer, junto con su
flexible organización de pequeños grupos no burocratizados,
hacen del MCTSA un fácil blanco para una asimilación tanto
dentro de las expectativas y argumentaciones teóricas de círculos católicos propugnadores de la no-violencia activa como
de la descentralización política socialdemócrata. Tres situaciones ilustran los cuidados de la coordinación del MCTSA para
mantener la distancia ideológica-intitucional necesaria para
sobrevivir independientemente.
El 17 de diciembre de 1984 SERPAJ-CHILE otorgó su
Premio Oscar Romero al sacerdote Pierre Dubois y al MCTSA
en una ceremonia llevada a cabo en la Casa de Ejercicios San
Francisco Javier, a la que asistieron, entre otros invitados, el
Vicario General, Monseñor Cristian Precht; el Vicario de la
415
Pastoral Obrera, Monseñor Alfonso Baeza; el antiguo líder
sindicalista cristiano Clotario Blest; el Coordinador Nacional de
SERPAJ, Jorge Osorio, y el subdirector de SERPAJ, Fernando
Aliaga. El informe de prensa del Boletín Zona Oeste, publicado
por la Vicaría Zona Oeste, en su edición de enero de 1985,
Año XVI, N° 141, pp. 14-15, reseña momentos sobresalientes
del discurso pronunciado por Jorge Osorio: "No queremos una
tregua. Queremos la paz basada en la justicia, en la verdad, en
la reconciliación verdaderamente democrática. Estos propósitos
involucran a toda la sociedad chilena. Las violaciones de los
Derechos Humanos no son asuntos privados, de las víctimas y
de sus familiares, sino que son problemas de todo el pueblo.
Es una herida abierta inferida a toda la sociedad. La tortura y
desapariciones fueron un castigo no sólo para el torturado, el
desaparecido y sus familiares, sino un atentado al conjunto de
la sociedad a quien se pretendió paralizar". Si es que se tienen
en mente declaraciones oficiales del MCTSA recopiladas tanto
en la primera parte de este estudio como en los testimonios de
la presente, se comprobará la coincidencia de ambas organizaciones en una visión organicista y homogénea de la sociedad
basada en la metáfora del cuerpo social, según la cual los
efectos y responsabilidades del pecado social afectan a todos
sus miembros y órganos.
Según se informa más adelante en ese Boletín, se puede
apreciar otra coincidencia en cuanto a las temáticas del sacrificio cristiano –comentado en la segunda parte–, además de los
temas de la necesidad de una catarsis pública del problema de
la tortura y de la defensa de la civilización y de la vida, que
encontráramos en la sección titulada "Testimonio Laico" en esta
tercera parte: "Osorio hizo en seguida una "propuesta", sobre
un posible futuro gobierno. "El que debe –expresó– dar plenas
garantías que alienten a las víctimas para que denuncien las
violaciones de que fueron objeto y comuniquen sin temor todas
las informaciones a las comisiones parlamentarias e investigadoras, a los Tribunales de Justicia civiles según sea el caso" [...]
Finalmente añadió: "la paz o la guerra, el derecho o la fuerza,
la unidad o el quiebre, la civilización o la barbarie, la vida o
la muerte. Estas son las alternativas que se juegan. Por amor a
416
la verdad y a la justicia, hoy no podemos silenciar la verdad,
hoy no podemos silenciar la justicia y el deseo verdadero hacia
la democracia. Sólo hay una opción, colocar nuestras vidas al
servicio de la tarea superior, que nos exige la pacificación y la
democratización de Chile".
A pesar de esta coincidencia de propósitos y visiones,
portavoces del MCTSA expresaron incomodidad y preocupación por el hecho de que esa distinción conferida por SERPAJ
podría desembocar en el peligro de lo que califican como "vedettismo", puesto que llamar demasiado la atención sobre el
MCTSA mismo es desviar la atención tanto de la prensa como
del público del problema central de la tortura. Considerando
esta preocupación, se podría pensar que la forma con que la
representante del MCTSA agradeció el Premio fue un intento de
reenfocar la ceremonia sobre el objetivo primordial: "Nuestro
movimiento surge, aunque tardíamente, como una necesidad
incontenible de gritar en todos los rincones posibles y frente
a quienes mayor responsabilidad tienen: la inmoralidad y aberración de lo que significa la existencia de la tortura [...] El
Movimiento "Sebastián Acevedo" quiere dedicar este premio a
los torturados por la dictadura militar durante los últimos doce
años y a quienes no pudieron soportar la tortura y murieron a
consecuencia de ella".
Este reenfoque de intenciones es fácil en una publicación
como el Boletín de la Zona Oeste, de circulación limitada a
los canales de contacto eclesiástico y controlada por personas
afines a la defensa de los Derechos Humanos. Por el contrario, la modulación apropiada del mensaje del MCTSA se hace
complicada fuera de este tipo de circuito, en el momento en
que se convierte en noticia nacional, como ocurrió con el reportaje de la noticia del Premio Monseñor Oscar Romero al
MCTSA hecho por la revista Fortín Mapocho. En su edición
de la primera quincena de enero de 1985, la revista publicó
una extensa nota sobre los objetivos y actividades de SERPAJ
en la promoción de la acción política no-violenta. En la misma
página se insertó una corta nota sobre la distinción hecha por
SERPAJ al MCTSA. El deseo de evitar una fácil interpretación
de causa y efecto motivó a que uno de los sacerdotes portavo417
ces del MCTSA escribiera una carta a la revista aclarando la
identidad de la organización como movimiento estrictamente
dedicado a la denuncia de la tortura y no a la promoción de la
no-violencia activa como forma de acción política.
Aún mayor escozor provocó en el MCTSA la publicación
de un extenso artículo titulado "Movimiento Sebastián Acevedo: Cuando la No Violencia se Hace Práctica" en la revista
de oposición Análisis, Año VIII, N° 97, del 2 al 9 de julio de
1985. La reseña causó malestar no sólo por lo que se juzgó
como excesiva concentración sobre el movimiento en comparación con el problema de la tortura, sino también por lo ya
ocurrido con Fortín Mapocho. En la información esto quedó
marcado con dos afirmaciones tajantes: "Con esta acción (en
el cuartel de la CNI en la calle Borgoño) nació un movimiento
que por primera vez ligó la denuncia teórica de la tortura con
la protesta callejera en contra de aquélla"; "Las variantes para
llevar a cabo su objetivo han sido múltiples. Sin embargo, no
sólo la "creatividad" en esa lucha llama la atención. Más aún
lo hace la respuesta que los miembros de este Movimiento dan
frente a la respuesta represiva. Es donde más claramente se ha
expresado su vocación no-violenta, activa". Esta identificación
fue complicada aún más por el hecho de que el cuerpo del
artículo está constituido por la transcripción directa de declaraciones de dos informantes, uno de ellos sacerdote, identificados
como "militante del Movimiento y funcionario del Servicio
de Paz y Justicia (SERPAJ)" y "es uno de los fundadores del
Movimiento Sebastián Acevedo, un admirador de Gandhi y un
fiel exponente de quienes en Chile practican las formas de no
violencia activa contra el régimen".
La estrategia de transcribir las declaraciones sin duda da
un aspecto fidedigno a la información, pero, por otra parte, viola
el doble deseo del MCTSA de proyectar una imagen más bien
colectiva y de restringir esa imagen al problema de la tortura.
Más aún, identificar a uno de los informantes con palabras
como "militante del Movimiento" tiene el inconveniente de
dar un carácter netamente político al MCTSA, pues en Chile
la palabra militante es normalmente reservada para quien está
asociado formalmente con un partido. Este inconveniente es
418
todavía más agudo si tenemos en cuenta que esa identificación
fue acompañada por el término "funcionario de [...] SERPAJ",
puesto que en círculos de oposición este organismo es vinculado, correcta o incorrectamente, con la Izquierda Cristiana. La
posibilidad real de una lectura de este tipo quedó relevada con
un pasaje del artículo que dice: "A partir de esa decisión el
Movimiento no ha cejado en una tarea que ha demostrado que
la no violencia "es también rebelión contra la opresión", como
señalara el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel". La
referencia a Pérez Esquivel no puede sino remitir a la búsqueda
de un nuevo socialismo que él propone, según sus palabras citadas con anterioridad. Nuevamente el policefalismo del grupo
distorsionó la modulación y comunicación de su imagen.
La opción de una violencia política cristiana
El artículo de la revista Análisis ilustra las contradicciones de un movimiento que, para cumplir su misión, depende
especialmente de medios de comunicación progresistas dispuestos a cubrir sus acciones en la situación del Chile actual. Esa
dependencia expone al MCTSA al peligro de ver tergiversada
su misión y su identidad por periodistas aquejados de una
doble premura: la de explicar el dato social de acuerdo con
fáciles actitudes estereotipificantes legadas de una cultura política anterior, que buscaba y exigía tajantes diferenciaciones e
identidades ideológicas; la de ver frustradas las esperanzas de
un pronto entendimiento entre las fuerzas de oposición para la
formación de un frente de resistencia único y concertado. Pero,
por otra parte, ese artículo es de importancia porque complica
aún más la visión del MCTSA para aquellos observadores que
tienden a alegorizarlo en términos absolutistas. Nos referimos
a las declaraciones tomadas del sacerdote entrevistado por los
periodistas de Análisis, el padre José Aldunate, quien introduce
la posibilidad de la práctica de la violencia política como opción
legítima, si es que la vía no-violenta fracasa. Por supuesto, el
padre Aldunate respondió a las preguntas a título personal. Sin
embargo, sus respuestas tienden a generalizar su pensamiento
419
hacia todo el MCTSA, lo cual se prestó para polémicas potenciales o de hecho dentro de este organismo.
Nos interesa reproducir, comentar y expandir la implicaciones de las declaraciones del padre Aldunate sobre la opción
de la violencia cristiana por dos razones: en primer lugar, porque en Chile son solamente los partidos políticos agrupados
en el MDP los que asumen una línea de argumentación en su
defensa. No hemos captado la expresión positiva de tal opción
como postura oficial en ningún otro círculo de defensa de los
Derechos Humanos, especialmente aquellos que están asociados
con el cristianismo. Por lo tanto, importa comprender estos
planteamientos, en la suposición de que quizás en el futuro
se conviertan en argumentaciones extendidas a muchos otros
sectores. Por otra parte, es imperativo expandir la resonancia
de estas implicaciones porque la persona que expuso la legitimidad de la opción cristiana por la violencia mostró gran
seguridad con nosotros al respecto, aunque fue reticente en el
momento en que le pedimos que explayara su pensamiento.
Esta reticencia se explica si tenemos en cuenta que las condiciones necesarias para esa opción, para quien la expresó como
posibilidad, no parecen darse todavía en Chile. Por lo tanto,
haber argumentado latamente en este sentido habría parecido
ejercicio excesivo, alarmista y gratuito por no tener un referente
todavía necesario.
Para expandir las resonancias de esa propuesta procederemos primeramente a transcribir las declaraciones que hiciera
el padre Aldunate a los periodistas de la revista Análisis y
luego examinaremos argumentos afines, tomados de la obra
Cristianos, política y revolución violenta, de J.G. Davies.5 Para
nuestro propósito esta obra tiene la conveniencia de que el autor
ha elaborado una argumentación dirigida a los cristianos del
Tercer Mundo, Latinoamérica en especial, para lo cual revisó
y comentó un muy amplio cuerpo bibliográfico, trabajo preparatorio que difícilmente podría ser reproducido en bibliotecas
no dotadas adecuadamente.
Las preguntas cruciales que respondió el padre José Aldunate para Análisis fueron:
420
¿Usted cree que, junto a lo testimonial, la no violencia
activa en un régimen de fuerza tiene incidencia real?
Si analizamos la situación actual, hay motivos para dudar de su efectividad, porque la tortura no ha terminado.
Más bien se ha generalizado. Ahora se tortura también
en Carabineros. Pero nosotros trabajamos a más largo
plazo. Creemos que la conciencia de la población frente
a la tortura ha crecido y que el Movimiento ha ayudado
a ello. La vergüenza de ser un país torturador se siente.
Y eso, a la larga, va socavando un Régimen que es torturador y creando resistencia frente a esto.
¿Pero en lo inmediato, el hecho que la tortura aumente,
no genera frustraciones en los integrantes del Movimiento? ¿No ven lejano el objetivo?
Sí pasa eso. Tenemos una tentación de frustración. Tenemos entonces que motivar más acciones, sabiendo que
los resultados a veces no se ven a corto plazo. Pero, a
la larga, se van creando las condiciones para que se
pueda tener éxito. Y si no lo tuviese la línea no violenta,
no queda más que la violencia. Si tras un análisis de la
situación, se evalúa que la no violencia ya no es eficaz,
entonces se abre el otro camino. Por ejemplo el caso de
Nicaragua. No quedó más que los métodos violentos para
echar a Somoza. Eso puede suceder aquí también.
¿Cambiarían de método ustedes?
Nosotros no somos sistemáticamente y a priori contrarios
a la violencia. Creemos, sin embargo, que la vía que hemos escogido no se ha probado suficientemente. Hay un
camino que explorar y que tiene aún muchas formas de
expresión y hay que utilizar la imaginación. Creemos que
el recurso de la violencia es aún precipitado. No tenemos
derecho a recurrir a ella, si no hemos probado este otro
camino. Hay que trabajar. No creo que la violencia tenga
cabida actualmente en Chile, como un medio eficaz para
solucionar los problemas.
¿Y si la vía ya no tiene eficacia, como sacerdote católico cree que puede llegar el momento de hacer uso del
derecho de rebelión?
421
Esto último está muy estudiado en la ideología católica
desde Santo Tomás. Para hacer uso de este derecho se
establecen dos premisas. La primera es que cuando un
Gobierno compromete los fundamentos de su autoridad
no sólo amenazando y lesionando los derechos de las
personas, sino que también la convivencia social, ese
gobierno se hace ilegítimo. Entonces, si hay realmente
posibilidades de rebelión y se prevé que ésta pueda ser
eficaz y no causar mayores daños, habría derecho.
Teniendo en cuenta estas premisas, ¿cómo evalúa usted
la situación en Chile?
Existe un Gobierno de facto que estableció un sistema
social, económico y político de dictadura que ha ofendido los derechos fundamentales de las personas. Es
un Gobierno no sólo ilegítimo en su origen, sino en su
sistema. Es un Gobierno que ha sido pernicioso para
el país.
¿Entonces, la primera condición, de acuerdo a las premisas señaladas, estaría dada?
Sí. Faltaría la segunda. No se ve realmente que ésta se
dé. No existen posibilidades de rebelión tampoco. No
es igual la situación aquí que en Nicaragua. Por eso
es importante probar esta otra vía, hasta que pierda
eficacia...
En sus declaraciones, el padre Aldunate se refiere a la
teoría de la "guerra justa", con que la Iglesia ha tratado de
limitar la guerra y su violencia. Los criterios aplicados para
esa caracterización son seis: 1. debe ser declarada por una
autoridad legítima; 2. la causa debe ser justa; 3. debe ser emprendida como último recurso; 4. debe tener objetivos justos;
5. los medios empleados deben ser justos; 6. debe haber una
razonable posibilidad de éxito.
Según J.G. Davies, la aplicación de estos criterios para
emprender una campaña de violencia con el objeto de terminar
con un gobierno ilegítimo, que lesiona los Derechos Humanos
y daña la convivencia social tiene que ver con la necesidad
de adquirir poder político para implantar la justicia social. Por
422
poder entiende la habilidad y capacidad de realizar, efectuar
o alcanzar algún resultado. Si definimos a los seres humanos
como entes que se transforman a sí mismos en el trabajo de
transformar la naturaleza y la sociedad, la necesidad de poder
es inherente a la condición de ser humano, pues éstos son
tales en la medida en que tengan la libertad y el poder para
convertirse en agentes de su propia transformación, superando
así condiciones dadas. Por lo tanto, el ejercicio del poder es
parte esencial de ser humano. Puesto que, en última instancia,
el poder emana de Dios, no tiene necesariamente un carácter
maligno. Más bien tiene un carácter neutral, pues es condición
necesaria para efectuar el bien o el mal.
Sin embargo, aunque tenga un carácter moralmente indiferente en lo teórico, el poder político no es nunca neutral
en las situaciones concretas. Por esto es que en el pensamiento cristiano se abre debate sobre la definición de la violencia
como instrumento político para implementar la justicia. Tan
igual como Otto Boye, J.G. Davies diferencia entre violencia y
fuerza, atribuyendo a la primera la intención desautorizada de
herir o dañar. La violencia sería, por tanto, un recurso ilegítimo, lo que hace que el término sea inadecuado para expresar
la necesidad de un uso legítimo del derecho a la rebelión para
efectuar cambios sociales justos. Por ello es que se propone
el término "fuerza", palabra de significado más neutro, para
indicar que su uso queda limitado estrictamente al contexto de
un poder y un derecho legítimos y con el propósito de alcanzar
fines de bien comunitario. Aún más, dentro de este contexto la
aplicación de fuerza no puede ir más allá de lo imprescindible
para cumplir con esos fines comunitarios. De lo contrario, se
convertiría en recurso tan ilegítimo como el de la violencia:
"Por tanto, de acuerdo con esta línea de pensamiento, un gobierno legítimo tiene el derecho de usar fuerza apropiadamente
para controlar un tumulto –puesto que los mismos alborotadores
son culpables de violencia. A la inversa, los ciudadanos estarían haciendo uso de la fuerza y no de la violencia si buscan
derrocar un gobierno ilegítimo. La fuerza debe ser aplicada, por
ende, a cualquier acción que se base en la autoridad de leyes
justas o posiblemente sobre convicciones morales o sobre el
423
deseo de justicia. En tal caso, si se pudiera demostrar que una
revolución se opone a un gobierno ilegítimo o fue incitada por
principios morales bien fundados para buscar la corrección de
una situación maligna, se podría decir que los revolucionarios
están haciendo uso de la fuerza y no se podría hablar de violencia. El problema moral es entonces: ¿en qué situaciones es
correcto usar la fuerza para derrocar las estructuras existentes
de una sociedad?" (p. 129).
La respuesta a esta cuestión es dada en términos similares a la discusión del término "pecado social" utilizado por el
MCTSA. Tomando un término usado por el Consejo Mundial
de Iglesias, J.G. Davies se refiere a la "violencia estructural":
ella existe cuando los recursos y los poderes sociales están
desigualmente distribuidos, concentrados en manos de unos
pocos que no los usan para impulsar la realización de toda
la colectividad, sino para la satisfacción de la élite o para el
dominio, opresión y control de los desposeídos. Si se aplica
este concepto, de inmediato se hace evidente el grado de violencia que pueda imperar en una sociedad, bien sea a nivel
de patencia o en formas más enmascaradas o sutiles. En estas
circunstancias, el cristiano tiene el deber y la obligación de
luchar por poner término a las estructuras sociales que impiden
la acción hacia propósitos humanizadores de la comunidad, de
acuerdo con el amor divino. El requisito que se presenta para
el cristiano en la lucha por la destrucción de las estructuras que
promueven el mal social está en que debe asegurarse de que
haya unidad entre amor y poder: "Con el objeto de destruir lo
que se opone al amor, el amor debe estar unido al poder, pero no
sólo con el poder, sino también con un poder de compulsión...
¿Cuándo hay un conflicto entre la compulsión y el amor? La
compulsión entra en conflicto con el amor cuando impide los
fines del amor, es decir, la reunión de los que se han separado.
El amor, mediante el poder compulsivo, debe destruir lo que
se opone al amor" (p. 136).
Queda claro, entonces, que las propuestas del padre
José Aldunate y de J.G. Davies rechazan la absolutización de
la acción política no-violenta, como lo hace Otto Boye. En
particular, Davies adopta una postura contraria a esa absoluti424
zación basándose en la naturaleza de la ética cristiana. Afirma
que la acción responsable es una aventura jugada libremente,
sin justificación estricta en ninguna ley, efectuada sin ningún
reclamo a una autojustificación válida y, por tanto, sin ninguna
proclama de conocimiento último del bien y del mal. El bien,
como manifestación de actividad responsable, es efectuado en
ignorancia del bien y entregando a Dios la acción que ha sido
necesaria y libremente ejecutada. El cristianismo sería una
religión ahistórica si tuviera imperativos éticos abstractos que
deben cumplirse a toda costa. El cristianismo tiene máximas
éticas que deben ser tomadas sólo como guías generales de
la conducta. Si es que hay algún absoluto en las enseñanzas
de Jesús, éste es el doble mandamiento de amar a Dios y al
prójimo. Este es el único principio invariable. Por tanto, es
deber de cada generación humana decidir libremente su acción
moral cara a cara con su situación histórica específica: ""La
ética cristiana no es ciertamente una obediencia esclava de las
reglas y de las regulaciones. Es vida activa, y por tanto tiene
el poder para dirigirse al meollo de cualquier situación ética
a medida que surge. Tiene el poder para ver qué respuesta es
adecuada en cuanto a sentimiento, palabra y acto, y el poder
para realizar esa respuesta, y realizarla creadora y efectivamente. En resumen, la ética cristiana es una obra de arte". Las
soluciones a los problemas morales no pueden ser rutinarias
y mecánicas; deben ser creativas. Esto significa que no hay
leyes éticas que se apliquen a problemas sucesivos a medida
que ocurren" (p. 141).
Al seguir las guías del amor en el uso de la fuerza,
el cristiano posiblemente se verá envuelto en situaciones en
que quizás tenga que matar. Esta situación extrema debe ser
asumida como lucha contra la injusticia y no contra un adversario personal. El propósito es conservar, proteger y promover
valores sociales cristianos e impedir que se los pervierta. La
participación del cristiano en el uso de la fuerza debe estar
libre de odio, lo cual significa que los adversarios no pueden
ser considerados como agentes del mal, sino como hijos de
Dios prisioneros de las cadenas del mal. Además, el cristiano
debe aceptar la culpa que le corresponda por las consecuencias
425
de este tipo de acción: "¿Es que entonces Dios dice que se use
la fuerza? Aparentemente sí, pero a la vez El porta la fuerza
en sí mismo. De acuerdo con el Nuevo Testamento, Dios es
un ser que acepta la fuerza, aun la violencia, según la dirigió
contra sí mismo en la persona de su Hijo. Además, si los seres
humanos fueron hechos a imagen de Dios y si Dios requiere
el ejercicio de la fuerza, entonces todo acto de fuerza contra el
prójimo es contra Dios. El está al comienzo, dentro y al fin del
proceso de la fuerza. Si es que la conducta correcta es actuar
de acuerdo con la voluntad de Dios, ¿quién puede decir que
nunca demandará fuerza? Ejercerla es incurrir en la culpa, pero
en esto nuevamente Dios corre con el costo de perdonar esa
culpa, ya que pagó el precio de la reconciliación en la cruz.
Los cristianos que optan por la fuerza entran en un sufrimiento
que los divide hasta las mismas profundidades de su ser; viven
una existencia trágica en la que llevan el peso del pecado. No
deberían buscar la defensa de sus actos en premisas falsas y
dar excusas vanas, sugiriendo que están involucrados en una
cruzada o en una guerra santa. Los cristianos saben que la
culpa es inescapable. Tolerar el mal es ser tan culpable como
reaccionar efectivamente contra él. Si al comprometernos con
esto último, arriesgamos la pérdida de nuestras almas, al poner
la fuerza al servicio de la piedad y del amor, todavía podemos
preguntarnos, con Ernst Bloch: ¿Cuál es el valor real de la salvación de las almas? Porque es "precisamente en la aceptación
responsable de la culpa en que una conciencia que está comprometida solamente con Cristo mejor probará su inocencia"
(p. 160). Hacia fines de este estudio veremos la importancia
de lo trágico en el MCTSA.
En circunstancias en que los Derechos Humanos han
sido atrozmente violados, la culpa inevitable surge porque el
cristiano no tiene la opción de escoger entre un mundo en que
la coerción es necesaria y otro donde no reine sino el amor supremo. Hay sólo un mundo, en el que el amor y el poder están
en constante conflicto, en donde el orden humanizador a veces
debe ser protegido por la coerción y donde la persistencia del
pecado hace de la resistencia y de la guerra necesidades de la
justicia, aun cuando el cristiano sienta una mayor inclinación
426
al pacifismo y a la no-violencia:
Aunque la mayoría de los cristianos estaría de acuerdo
en que el camino de la no-violencia es preferible, no
se la debería elevar a la categoría de absoluto. Sus limitaciones deben ser consideradas. En particular debe
apreciarse que su uso exitoso presupone la existencia de
la compasión y de un sentido de justicia por parte del
adversario. El caso de Gandhi es aquí muy a propósito.
Gandhi mismo no fue ni un pensador sistemático ni un
pacifista absoluto. El aceptaba matar en defensa propia.
Aunque prefería la satyagraha (la fuerza nacida de la
verdad y del amor o no-violencia), el propugnaba la violencia por sobre la cobardía y posteriormente apoyó el
uso del poder armado contra las potencias del eje en la
Segunda Guerra Mundial. Por lo demás, la concepción
popular de sus logros es tanto una sobresimplificación
como probablemente una mala interpretación de la
historia. De acuerdo con este entendimiento, la India
obtuvo su liberación bajo el liderato de Gandhi mediante
una lucha no-violenta que demostró el poder del amor.
Pero en realidad la satyagraha no fue ni comprendida
ni probada por la mayoría de los hindúes. Además, la
violencia ciertamente jugó un papel en el logro posterior de la independencia y la retirada británica fue el
resultado de un complejo de diferentes factores y habría
ocurrido posteriormente aun si Gandhi no hubiera aparecido en la escena. Por sobre todo, la medida de éxito
que Gandhi realmente tuvo se debió a que los británicos
tenían conciencia moral. Si se lo hubiera puesto en la
Roma de 1925 o en el Berlín de 1933 no sólo habría
sido arrestado, sino que tampoco se habría sabido más
de él" (p. 156).
militares, personas cercanas a la labor social de la Iglesia hacen
notar el tono restringidamente moralista con que ha dirigido la
campaña. El Cardenal parece desconocer la complejidad de las
cuestiones logísticas, legales, la escala, la intensidad, la designación de los objetivos legítimos en el uso estratégico, táctico y
coyuntural de la violencia como derecho a la rebelión que hacen
del asunto materia de profunda y franca discusión, en condiciones
en que la violencia es el recurso central de un Estado terrorista.
Según ese juicio, Monseñor Fresno más bien parece darle al uso
de la violencia un cariz estereotípico de expresión irracional que
dista de aportar algo a la solución del problema. Es útil citar
palabras de Davies al respecto:
En una situación de opresores/oprimidos, ambos grupos
son deshumanizados [Por tanto], el amor por los oprimidos nos obliga a identificarnos con ellos contra los
opresores con el objeto de que puedan avanzar hacia su
realización humana, a la vez que el amor por los opresores se muestra luchando contra ellos para salvarlos de
sí mismos y de las estructuras que subsirven. Por tanto
la liberación tiene que darse antes de que sea posible la
reconciliación de las dos partes –sin liberación no hay
reconciliación sino conciliación [...] La reconciliación
sin embargo no puede conseguirse sin un precio. Esto es
a menudo olvidado y por tanto se convierte en un simple
comodín para sancionar el status quo, siendo reducido
a conciliación. Reconciliación significa reunir de nuevo
en una relación armoniosa después de la alienación,
mientras que la conciliación se refiere a ganar buena
voluntad mediante actos que inducen sentimientos amistosos –conciliar puede significar aplacar o calmar. El
resultado de la conciliación es a menudo que las cosas
permanezcan más o menos como estaban antes, fuera
de algunos ajustes menores. La reconciliación puede
ser malinterpretada como conciliación de modo tal que
siempre da ventajas a los poderosos y no a los sin poder
[...] A menudo cuando la gente dice que prefiere la reconciliación al conflicto, parece que escoge una alternativa
Por último, en el contexto de las disquisiciones de J.G.
Davies es preciso llamar la atención sobre la campaña de Reconciliación Nacional que ha impulsado Monseñor Francisco Fresno.
En referencia a su conservadurismo político y sus simpatías pro427
428
pacífica al uso de la fuerza. Pero es cuestionable hasta
qué grado es realmente pacífica y hasta qué grado es
siempre una alternativa real a la lucha armada. No hay
un camino simple a la reconciliación –la reconciliación
a través de la cruz bien puede requerir el sufrimiento
de una insurrección revolucionaria con el objeto de producir la liberación que le sirva de base. Puede que una
negativa a encarar el costo de una revolución en aras de
una profunda preocupación por la reconciliación no sea
sino un sentimentalismo insustancial que por último sea
más costoso en vidas y menos respetuoso de la persona
humana. La reconciliación puede ser una paparruchada
compasiva para justificar la inacción, mientras que el
amor encarnado en acción dirigida a la reconciliación
puede requerir la revolución. La reconciliación y la revolución entonces no son antítesis necesarias, puesto que
ésta puede llevar a la anterior" (pp. 184-185).
Civilización contra barbarie
El potencial de polémica interna y externa que tienen estas alegorizaciones, malentendidos, distorsiones interpretativas
y quizás intentos conscientes y/o inconscientes de apropiación
de la identidad y significado del MCTSA redundan, según decíamos, en un posible debilitamiento de la cohesión del grupo.
Muy comprensiblemente, esto ha llevado a que algunos de sus
portavoces, en la adopción de una actitud defensiva, retraída,
deseosa de desviar y alejar el interés de observadores externos
a su actividad, lleguen a negar que el grupo haya generado
alguna forma de pensamiento, de visión de mundo o teoría
coherente. Contra toda la evidencia existente, insisten en que la
única razón de ser de su coalición es la protesta puntual sobre
la tortura. Sin embargo, como viéramos en el testimonio laico
recogido más arriba, los miembros más conscientes del MCTSA no dejan de mostrar una vocación culturalista de mayor
trascendencia, que se dirige al problema de cómo recuperar un
sentido de la civilización en que el orden institucional exista
429
para la realización del ser humano y no para su degradación.
Esto nuevamente realza el hecho de que el MCTSA se gestó
entre religiosos, trabajadores sociales y defensores de Derechos
Humanos que particularmente desarrollan su actividad en las
poblaciones marginales de Santiago. Es en el espacio de la
población marginal donde esa lucha se da con mayor desnudez,
claridad e intensidad, reconstituyendo en el presente la oposición entre civilización contra barbarie ya clásica en la cultura
latinoamericana, términos que se deslizan en el lenguaje mismo
de ese testimonio y en el de otros voceros en el movimiento
por la defensa de los Derechos Humanos.
Un análisis de ese testimonio laico revela que esa oposición se perfila a partir de la preocupación expresada por la
testimoniante en cuanto a la pasividad en que puedan haber caído los habitantes de esas poblaciones ante las consecuencias de
la política económica y social del neoliberalismo militarizado.
Como se sabe, esa política de modernización de la economía
nacional para insertarla en el mercado capitalista internacional
en términos de "ventajas comparativas" desmanteló la industria,
arruinó aquellos sectores agrícolas no orientados a la exportación, privilegió a un capital financiero más interesado en la
especulación que en la inversión productiva e infló el comercio
de importación, especialmente de artículos suntuarios. La penetración del capital extranjero y las deudas astronómicas contraídas por el sistema financiero privado han desnacionalizado
sectores aún mayores de la economía chilena y han intensificado la dependencia del país. Esa forma de modernización del
capitalismo nacional produjo una dislocación aún mayor de las
relaciones de clases6 propias de un capitalismo dependiente: fracasó en generar una clase empresarial que propusiera proyectos
de conducción económica del país independientes del Estado.
"Actualmente, ya en la crisis del modelo económico neoliberal,
el sistema financiero se encuentra intervenido y subsidiado a
enorme costo social por el Estado para su supervivencia. Los
sectores medios, al perder la estabilidad de su relación ya
"tradicional" con el servicio burocrático por la desinversión
estatal en los servicios públicos se ha visto lanzada a aventuras
comerciales de poca monta que finalmente la han hundido en
430
grandes deudas y en el "empleo informal" que enmascara la
masividad del desempleo y del subempleo permanentes. Pero,
por sobre todo, la pérdida de la capacidad de absorción de la
fuerza laboral por el aparato productivo ha tenido un mayor
impacto en la clase obrera. Junto con la represión sistemática,
ello ha restringido su volumen y debilitado la influencia social
y política de sus organizaciones sindicales, a la vez que se ha
inflado un sector de servicios formales e informales también
inestable por la crisis económica. Materialmente, la crisis que
afecta a las clases trabajadoras se concreta en las poblaciones
marginales de las grandes ciudades chilenas. Allí se concentra la
masa de los desempleados y subempleados, con toda la secuela
de efectos materiales y espirituales para quienes se hacinan en
esos espacios.
En realidad, el término "poblaciones marginales" cubre
una variedad de fenómenos que se han llamado urbanidad
deteriorada.7 Entre estos están los "conventillos" y "cites" ubicados dentro de las ciudades, consistentes en antiguas casas y
pasajes deteriorados por la falta de reparaciones, divididos en
habitaciones individuales para uso muy intensivo de múltiples
familias; las "poblaciones callampas", surgidas por la ocupación-expropiación organizada colectivamente de terrenos ubicados en la periferia de las ciudades, sin equipamiento sanitario,
con construcción de viviendas de materiales ligeros e improvisados; las "poblaciones", zonas urbanas para la construcción
gradual y autogestada o grupos de construcciones permanentes
y planificadas ya sea por agencias estatales u organismos cooperativos privados, con una gama que va desde barrios con
equipamiento sanitario terminado, en proceso de construcción
o con matrices para su desarrollo futuro.
A fines de la década de 1960 comenzó el surgimiento de
poblaciones callampas que, más allá de responder a la aspiración por la casa propia de personas sin posibilidades de obtenerla en el mercado, fue inspirado por fines políticos orientados
al cambio de las estructuras sociales fundamentales. Son, por
tanto, lugares en que también se privilegia la concientización y
la organización política. El término "campamento" ha llegado a
reemplazar el de "población callampa". El término "poblaciones
431
marginales" agrupa a los campamentos y a las poblaciones por
cuanto la crisis económica y social ha provocado problemas
comunes en ambos espacios, que generalmente colindan, aunque en los campamentos las consecuencias de la pobreza son
más agudas.8
Al surgir en la década de 1960, los campamentos tuvieron el carácter de presión al Estado para que respondiera a
la demanda de casa propia. Las tierras invadidas eran preferentemente de propiedad fiscal. A través de canales partidistas
de izquierda, la Democracia Cristiana y la Iglesia, finalmente
se negociaba la concesión definitiva de la propiedad para los
pobladores, por lo cual la "toma" llegó a ser considerada como
una etapa oficialmente reconocida hacia la vivienda propia.
Desde 1974 en adelante esa posibilidad quedó cancelada9 por
la drástica prohibición gubernamental de las "tomas" como
atentado intolerable a la propiedad, dando a la vivienda la
categoría única de bien transable y adquirible en el mercado,
de acuerdo con las capacidades económicas individuales. En su
efecto concreto, esta política promovió la construcción para los
sectores de ingresos medios y altos, dejando insatisfechas las
necesidades especiales de los sectores más desposeídos. Aunque
se establecieron programas ministeriales de subsidio habitacional para que estos sectores accedan al mercado, las estadísticas
han demostrado que la cuota de subsidios nunca es utilizada en
su totalidad porque el desempleo masivo hace prohibitiva hasta
la ayuda que ellos suponen. En los dos primeros llamados a
la inscripción para obtener 10.000 subsidios, sólo se hicieron
5.725 y 928 solicitudes respectivamente.10
El congelamiento de la solución de las familias sin casa
por las prohibiciones y la política gubernamental no sólo ha
agravado las precarias condiciones de vida en los campamentos
y las consecuencias del desempleo y el subempleo sino que,
además, ha hecho explosiva la situación con el crecimiento
vegetativo de la población y la concentración en las grandes
ciudades de las personas que se han desplazado allí desde las
provincias en busca de trabajo. En 1978 se realizó un estudio sobre la calidad de la vida en las diecisiete comunas que
componen el Gran Santiago.11 Esas condiciones de vida fueron
432
medidas tomando en consideración la escasez de viviendas;
la contaminación atmosférica; la mala localización de áreas
industriales; el hacinamiento y la promiscuidad; la falta y mala
distribución de áreas verdes; la falta de servicios e instalaciones
básicas de la vivienda; el exceso de asentamientos provisorios;
el inadecuado sistema de recolección, transporte y disposición
final de la basura; la insuficiencia y mala localización de los
establecimientos de salud pública; un servicio de transporte
público insuficiente; falta y deterioro de locales escolares; falta
de redes de alcantarillado; escasez de arborización en las calles.
El estudio reveló una estrecha relación entre el gran deterioro
de las condiciones de vida en dos tercios de esas comunas
y la existencia de grandes concentraciones de población en
campamentos.
Peor aún, desde 1978 en adelante se han hecho catastróficas las condiciones de vida en los campamentos por el
hacinamiento de los allegados. Se calcula más de 250.000
familias viven allegadas en Chile, un 60% de ellas en Santiago y un 40% en las regiones restantes.12 Tomando en cuenta
la cifra estadística usual de 4,5 personas por familia, la suma
total es de un mínimo de 1.125.000 chilenos que viven en esas
condiciones. Pero luego, al tomar en cuenta un déficit general
de viviendas calculado oficialmente en la suma de 1.695.782
unidades, según un juicio de experto, "Se comprenderá lo dramático de la situación de la inmensa mayoría de las familias
chilenas si se considera que sólo en el primer tramo de ingresos
(hasta 2 ingresos mínimos mensuales) hay 677.629 familias; es
decir, sobre 3 y medio millones de personas".13 Considerando,
además, que Chile tiene un población total de aproximadamente
12 millones de habitantes, se justifican juicios como este: "Ud.
puede darse cualquier tiempo razonable para solucionar un
problema de viviendas modestas, pequeñas o precarias, pero no
puede darse el mismo tiempo para enfrentar un problema que
clama al cielo, que afecta a miles de familias que son también
chilenos, humanos y dignos y que realmente no tienen un techo
donde guarecerse o un espacio medianamente adecuado donde
reposar y hacer una vida mínimamente digna [...] Lo diré más
claro de otra manera: si llegase a ocurrir la tragedia de un terre433
moto o un cataclismo y se destruyeran 50 o 100 mil viviendas
y otras tantas familias quedaran a la intemperie, allegadas o
hacinadas, nadie dudaría, y menos la autoridad responsable, en
procurar solución inmediata del problema; simplemente porque
no admite dilación. Sin embargo, con las familias sin casa,
ocurre una especie de "acostumbramiento", aunque el problema
es igual; son también miles de chilenos asolados por la tragedia
de la extrema pobreza y la carencia absoluta de un lugar donde
cobijarse. La única diferencia estriba en que esta última situación carece de relieve y espectacularidad. Por eso la conciencia
y la solidaridad de los chilenos permanece dormida".14
Un testimonio ilustra las condiciones de vida típicas de
una vivienda poblacional en estas circunstancias: "Mire, aquí
llegamos hace 24 años con mi marido y cuatro niños. Los
otros dos nacieron aquí. Esta casita (tres dormitorios, living,
comedor, de adobes) la levantamos nosotros... Primero se casó
la hija mayor que, gracias a Dios, vive en Arica. Después se
casó el mayor de los hombres y se quedó acá con su mujer y
dos hijos. Se compró una mediagua de dos piezas y la instaló
en el sitio (patio trasero de la vivienda). Después se casó la
otra niña y esa vive de allegada con una prima del esposo allá
en La Florida. Pero se viene para acá todos los días porque...
bueno, allá son muchos también y ella molesta. Así que ella
sólo va a alojar allá. Luego está el otro hijo hombre que se casó
hace un año y que también instaló una mediagua en mi sitio.
Y después están Bernardita y el Nelson, que viven conmigo
(¿Espacio para ellos si se casan?) ¿Y dónde? Mire, si ya no me
queda patio. Tendría que construir un segundo piso arriba de
estas panderetas que ya se vienen guardabajo. Tengo que ir a
lavar donde una vecina porque aquí no puedo. Además, ¿dónde
boto el agua? Si no tengo alcantarillado... (¿Baño?) Tenemos
pozo séptico, pero yo no lo ocupo nunca porque le tengo horror. Este sitio está lleno de pozos mal tapados (¿Lavatorio?)
Tampoco tenemos. ¿Ve?, agua de la llave nomás. Yo que tengo
que darme un baño tres veces por semana, voy donde una amiga
que tiene agua caliente en Avenida La Feria..."15
Si consideramos que una de las disciplinas más importantes en la construcción de la civilización son los hábitos de
434
aseo personal y la limpieza del espacio inmediato, podremos
colegir que en esa situación las personas afectadas no podrán
sino sufrir de una baja autoestima acentuada muchísimo más
por el desempleo y la lucha por la supervivencia a nivel mínimo. Al hablar de su dieta, "Más bien parece ser que cuando
hablan de "comer" se refieren al trozo de pan y la taza de té,
el plato de tallarines, o porotos y la escasa verdura o fruta que
constituye, a diario, el alimento de estas familias".16 La reacción
al hambre, la desnutrición, el desaseo, la falta de actividad
constructiva, las preocupaciones diarias por la supervivencia
y la sensación de inadecuación personal es la criminalidad, la
prostitución, la violencia familiar y con vecinos, el alcoholismo,
la drogadicción y el aburrimiento constante en espirales que
se retroalimentan. Una experiencia de trabajo en salud mental
en poblaciones hecha por la Fundación de Ayuda Social de las
Iglesias Cristianas (FASIC)17 mostró que, de las personas que
acudieron al equipo asistencial, un 88% tenían padecimientos
psíquicos y algún grado de invalidez producida por ellos. De
ese 88%, 93% sufría de angustia y/o depresión, 14% de disfunción sexual, 12% de alcoholismo, 10% de trastornos psicosomáticos, 5% de epilepsia. Fuera de acudir para el alivio de
sus dolencias, las motivaciones expresadas para ingresar a los
grupos de trabajo estaban profundamente marcadas por el deseo
de superar la sensación de abandono, soledad, incomunicación
y falta de esparcimiento.
Si pensamos que la historia de la humanidad es el de
la creación de todos los instrumentos materiales, simbólicos y
las formas de comportamiento necesarios para transformar la
naturaleza y la sociedad en la búsqueda de satisfacciones materiales y espirituales cada vez más ricas a través del tiempo,
no puede quedar duda que, en estas condiciones, la humanidad
de casi un tercio de la población chilena sufre de mutilaciones.
En estas condiciones, la mayor parte de las energías mentales
y corporales del poblador durante las rutinas de su cotidianidad estarán entregadas a la búsqueda de una supervivencia
mínima, provocando que su estilo mismo de vida sea el de
esa búsqueda, sin espacio ni tiempo para enriquecer su personalidad con otras actividades más creativas. La experiencia de
435
trabajo de salud mental mencionada mostró que las personas
atendidas sufrían profundos sentimientos de culpabilidad por
la condición personal y la pobreza, carencias en la capacidad
para explorar la interioridad espiritual, tomar conciencia de sus
propias emociones y las de su grupo familiar, en sus recursos de
conducta para plantear, discutir y aclarar sus preocupaciones, en
comunicar y recibir afecto, en tomar conciencia de las tensiones
que experimenta su cuerpo y relajarlas, en vincularse con otras
personas para crear un clima de aceptación, de solidaridad y
apoyo para entretenerse, intercambiar, enseñar y aprender experiencias y soluciones. Se trata, sin duda, de un espacio de y
para la barbarie, de infrahumanidad.
No puede sorprender, entonces, que durante la Protesta
Nacional convocada en mayo de 1983 los pobladores se hayan
convertido en su "protagonista principal", a juicio de observadores, en manifestaciones calificadas como "la explosión de las
mayorías". A partir de la cuarta protesta, en agosto de 1983,
la reacción del gobierno contra las poblaciones marginales fue
aumentar la masividad y violencia de la represión. La mayor
parte de los 18.000 soldados que ocuparon la ciudad de Santiago fueron dirigidos contra ellas, causando por lo menos 29
muertos, innumerables heridos, vejaciones, torturas y destrozos
innecesarios de viviendas e instalaciones. De allí en adelante
la función del Cuerpo de Carabineros como "mantenedores del
orden" fue modificada para militarizarla y especializarla en las
estrategias y tácticas de la "guerra antisubversiva". Además, con
un criterio geopolítico propio de la Doctrina de la Seguridad
Nacional, desde septiembre de 1983 el gobierno intensificó su
política de erradicación de campamentos iniciada en 1982.
A raíz de las grandes inundaciones sufridas en Santiago
por el desbordamiento del río Mapocho en 1982, el gobierno
militar inició un programa llamado de "saneamiento básico" de
la situación de 166 campamentos de la Región Metropolitana
que comprendían el 60% de los existentes en la zona, con una
población de 29.373 familias. Según el proyecto, un porcentaje
de esos campamentos y población sería "radicada", es decir, se
les otorgarían títulos de propiedad de los terrenos ocupados,
ya que la propiedad de ellos no era litigada y la topografía
436
y la calidad del subsuelo los hacía aptos para la habitación.
Por otra parte, 141 campamentos con 18.364 serían "erradicados" por ocupar terrenos pertenecientes a intereses privados
y por tener características negativas en cuanto a salubridad,
para trasladarlos a mejores condiciones de vida en comunas
del Gran Santiago o a provincias alejadas. El saneamiento
por radicación se habría realizado en tres etapas que habrían
cubierto los años 1982, 1983 y 1984. Incluía loteo y readecuación de los sitios, instalación de una red de agua potable,
electricidad y alcantarillado con conexión completa, trazado
de calles con solera y ripiado y la construcción de una caseta
sanitaria –una pieza de baño con excusado y ducha de pie
con lavaplatos adosado al exterior.18 Sin embargo, la crisis del
modelo económico neoliberal redujo drásticamente los fondos
para continuar el proyecto, mientras que la Protesta Nacional
introdujo en él la lógica geopolítica mencionada. Por lo tanto,
se postergó la radicación para acelerar la erradicación, pero
ahora con un sentido diferente al de la intención originalmente
expresada. Esta reorientación se hizo más urgente para el gobierno por el hecho de que, desde septiembre de 1983, masas
de pobladores allegados intentaron una serie de ocupaciones
de terrenos baldíos en la zona sur de Santiago, muchos de las
cuales fracasaron, triunfando, sin embargo, en la formación de
los actuales campamentos "Cardenal Silva Henríquez" y "Monseñor Francisco Fresno", nombres elegidos con propósitos de
intercesión protectora ante la autoridad militar.
Es así como, a juicio de observadores expertos, se ha
dado prioridad a la erradicación de los campamentos que han
mostrado mayor combatividad en las protestas nacionales.
Esos campamentos son trasladados a lugares distantes, con
serios problemas de transporte y comunicación con el resto
de la ciudad, o bien se los concentra en lugares de provincia
en que las posibilidades de trabajo y abastecimiento estables
son ínfimas. A esto se agregan los problemas creados por la
descentralización administrativa de las comunas, que entrega
a las municipalidades la dirección política de la prestación de
servicios de salud, educación y vivienda. Para las comunas más
prósperas por la concentración de una población de clase media
437
y alta –como son las de Providencia, Nuñoa, La Reina, Las
Condes– no sólo resulta onerosa la prestación de tales servicios,
sino que, además, la presencia de los campamentos impide la
comercialización de terrenos ocupados en la cual, por la alta especulación en bienes raíces, las empresas implicadas en la venta, urbanización y construcción podrían obtener altas ganancias.
Por ello es que esas comunas prósperas han hecho convenios
con aquellas de menores recursos, mediante los cuales se les
permite el traslado de esos campamentos a cambio del financiamiento de la construcción para esos nuevos pobladores y otras
garantías inmediatas que benefician a las comunas recipientes.
Es así como desde Las Condes, La Reina, Providencia y Nuñoa
se han hecho traslados masivos hacia Conchalí y Renca en el
norte del Gran Santiago, y hacia Puente Alto, San Bernardo,
Maipú y la Granja en el sur. Por razones de estrategia militar
se han trasladado campamentos desde Quilicura y Conchalí en
el norte, desde la ciudad de Santiago y desde las comunas de
Pudahuel, Quinta Normal, Maipú y La Cisterna en el oeste y el
sur hacia La Florida, Puente Alto, La Granja y San Bernardo.
En el aspecto militar, La Granja se ha convertido en el gran
campamento de concentración de pobladores por ser el lugar
más distante, con menores recursos de transporte colectivo y
con mayores facilidades para la interdicción militar de rutas
de comunicación.
Se ha observado que en diferentes ocasiones estos traslados han resultado en una mejora de las condiciones de vida
material de los pobladores.19 No obstante, los efectos culturales
son devastadores. Como consecuencia de esos traslados, súbitamente se destruyen las rutinas cotidianas que domeñaron
el espacio y el universo simbólico que organizaran con cierta
solidaridad un estilo de vida orientado hacia la supervivencia.
Es preciso aprender hábitos desconocidos, disponer el cuerpo
para movimientos desusados, reconocer una topografía extraña
y que emocionalmente no tiene significado, avizorar cuidadosamente las potencialidades desconocidas de acción en el
nuevo territorio. Pero ya no está a la mano la vecina a quien
uno puede ir a pedir prestado un poquito de té o una taza de
azúcar; ya no está el compadre a quien uno puede pedir pres438
tada una herramienta para hacer un "pololito", trabajo ocasional
que fortuitamente solucione la compra de pan para el día; ya
no está la amiga a quien uno puede pedir permiso para entrar
al baño a "hacer sus necesidades" o bañarse; el boliche de la
esquina donde uno puede pedir fiado; el bar clandestino donde
uno puede ir a conversar con los amigos para alegrarse por unos
momentos; o la parroquia donde está el cura "paleteado" que
entregará alguna ayuda para la subsistencia. Por otra parte, los
antiguos vecinos de los lugares en que los nuevos pobladores
son descargados se aprestan con angustia para enfrentar olas
de crímenes causadas por la necesidad y la desesperación de
los recién llegados. Los pobladores trasladados, que ya viven
una vida humanamente mutilada son sometidos a una mutilación mayor. Es ilustrativo el testimonio periodístico que dieron
pobladores trasladados a Colina y que buscaban retornar a
Santiago, en contra del "control relativamente estricto de las
autoridades locales":20
Se les manifestó que "estarían en tránsito" y que luego
serían erradicados a viviendas definitivas. Uno de ellos
dijo al respecto: "todo está en veremos y nadie sabe
nada. A lo mejor nos dijeron que veníamos por dos
o tres meses con la intención de dejarnos aquí para
siempre...
... las mediaguas son de seis metros por tres metros,
insoportables por el calor del verano. Y no se pueden
hacer mejoras porque no se sabe si nos van a dejar o
nos van a llevar a otra parte. Lo ideal sería que las autoridades cumplieran las promesas de llevarnos a casas
de Santiago, porque de allá somos...
Los pobladores capitalinos no han podido adaptarse
en Colina. En primer lugar, porque no hay fuentes de
trabajo, a no ser la permanencia en el POJH, con cuyo
salario apenas les alcanza para algunos gastos elementales o participando en esporádicos trabajos en las
chacras del sector...
Por recoger porotos pagan cien pesos el saco, pero
apurado, trabajando todo el día, uno puede llenar dos
439
sacos. Y como se trabaja de lunes a viernes, se ganan
mil pesos a la semana, lo que equivale a lo mismo del
POJH. Además como uno no está acostumbrado, termina
con la espalda doblada.
Por otra parte, a los campesinos del sector no les agrada la presencia de los pobladores. Los acusan a éstos
de ladrones y pendencieros. Esto es reconocido por los
pobladores debido a que en los primeros días, cuando
había desorganización total y nada que echarle a la olla,
muchos optaron por entrar a las chacras y apoderarse
de cualquier producto para comer. Ese fue el punto de
partida para que se hicieran de mala fama y por lo tanto
los roces con los lugareños persisten...
La justificación de esta política por la autoridad militar renovó las más rancias ideologías épicas del tema de la
civilización contra barbarie, inaugurado por el liberalismo
del siglo XIX. En una entrevista periodística al Intendente
Metropolitano, el general René Guillard –que ya citáramos
en relación con el sacrificio de Sebastián Acevedo–, tuvo el
siguiente intercambio:
Periodista: General Guillard, ¿se da cuenta de lo que
significa 15.000 familias dispuestas a subir de la noche
a la mañana a un micro (bus) de la Municipalidad, con
todas sus cosas y sus guaguas y partir "a lo que me
toque" como me dijo una señora?
Intendente: [...] ¿Y cómo se fue la gente en los Estados
Unidos al Oeste?
Periodista: ¿Y la compulsión de tener que dejar a sus
familias y amigos porque no pueden seguir subsistiendo
aquí?
Intendente: ... Bueno, pero si la vida es así. Yo puedo
vivir en Nueva York, pero resulta que me muero de
hambre allá. Y entonces tengo que irme a vivir donde
pueda hacer lo que yo sé hacer o donde haya mejores
expectativas. El mundo es así, y ni usted ni yo lo vamos
a cambiar...
440
La renovación militar de la épica liberal-difusionista:
¿Nuevamente genocidio?
Aníbal Pinto, el destacado economista, ha dicho que la
instauración del desarrollo económico neoliberal ha sido "la vía
chilena al siglo XIX": "En el fondo, la postura combina la fe
en la mano invisible de Adam Smith y su sintética y pintoresca traducción chilena en el aforismo de Barros Luco: hay dos
clases de problemas, los que se arreglan solos, y los que no
tienen solución [...] En resumen, la actitud de nuestros nuevos
científicos se reduce a copiar, con otra retórica tecnocrática, la
vieja historia de subordinar por completo las economías nacionales a las vicisitudes de la economía exterior. Es, a la postre, la
opción por la dependencia y la pasividad".21 A esto habría que
agregar que los imperativos sistémicos del neoliberalismo han
puesto nuevamente en vigencia ideologías concomitantes a las
económicas, tales como la discursividad épica y su resultante
dicotomía de civilización vs. barbarie. Las palabras del general
Guillard lo comprueban de un modo que vagamente evoca un
escenario de película de John Wayne.
En su origen moderno durante el siglo XIX en Latinoamérica, esta discursividad está –tan igual como lo está hoy en
día en el neoliberalismo– en estrecha relación con el proyecto
de modernización de las sociedades latinoamericanas mediante la inserción de sus economías en el mercado capitalista
internacional. Guardando las distancias temporales en que se
pueda haber concretado ese proyecto en los diferentes países,
en términos globales, participar en la división internacional de
la producción de las naciones como exportadores de alimentos
y materias primas e importadores de manufacturas permitiría la
acumulación de capital que llevaría a la integración nacional a
través de una red de comunicación ferroviaria, caminera y fluvial que homogeneizaría un mercado interno para los productos
importados y aseguraría una producción nacional estable para la
441
exportación al exterior. La riqueza obtenida en este intercambio produciría los recursos necesarios para la modernización
infraestructural y supraestructural de estas sociedades, mediante
la importación de capital, tecnología, ideologías y personal
idóneo de todo tipo, a la vez que se instauraría un continuo
flujo de nacionales hacia los países capitalistas avanzados para
su entrenamiento.
La lucha por la implementación de ese proyecto consolidó el poder de las oligarquías latifundista-comerciales que
durante el siglo XIX, gracias a condiciones internacionales
favorables y a la falta de opciones alternativas nacionales,
lograron convertirlo en hegemónico. Obviamente no fue un
proyecto democrático, en la medida que la construcción de una
red de contactos financieros y comerciales en el mercado internacional y la homogeneización institucional de los territorios
americanos por la violencia hacía de determinadas minorías
los agentes centrales de implementación, con estrecho apoyo
exterior, y los árbitros indiscutibles de cuanta importación
cultural se llevara a cabo, quizás sin considerar las verdaderas
necesidades nacionales. Es así como en las décadas finales
del siglo XIX las estructuras fundamentales de ese liberalismo
quedaron cimentadas con la estabilización de esas oligarquías
en el control económico y político de nuestros países.
A nivel ideológico, la integración y homogeneización
institucional de las diferentes zonas del territorio nacional se
manifestó como una frecuencia de discursos épicos para la representación de las culturas nacionales en formación. La épica
es una forma narrativa que enfoca las actividades de un héroe
que emprende un viaje en que se pondrá a prueba su vigor,
inteligencia y conocimientos para resolver las grandes pruebas
a que se verá sometido en la construcción de un nuevo orden
social, es decir, la fundación de una nueva civilización. A medida
que demuestra sus capacidades, paulatinamente deja de ser una
entidad privada, de intereses sectoriales dentro de su colectividad,
para convertirse en representación de las mejores cualidades que
se suponen de la raza, etnia o pueblo, quedando consagrado como
modelo de conducta ética no sólo para las generaciones posteriores, sino para toda la humanidad. Las grandes obras literarias
442
del siglo XIX latinoamericano fueron escritas de acuerdo con
estos ideologemas, que magnificaron y exaltaron la identidad
oligárquica como constructores de las naciones-Estado.
Todo discurso épico responde a una lógica guerrera. El
objetivo del héroe es establecer un cosmos, un orden de realidad
en que impere su voluntad y en que todos los elementos, naturales y humanos, encuentren su ubicación y uso adecuado según
los dictados de su voluntad e imaginación. Para establecer su
cosmos, adquirir propiedad, trabajadores y poner en marcha
los procesos de producción según él los concibe, el héroe
épico debe asesinar, someter y usar a otros hombres, tomando
su tierra y posesiones, forzándolos a trabajar del modo que él
estime conveniente. Esto implica el tratamiento del adversario
como si no fuera ser humano, sino forma inerte, a lo que todo
ser humano se resiste. Así se da el conflicto característico de
toda épica: mientras el héroe lucha por exaltar su humanidad,
simultáneamente se enfrenta a sus semejantes para reducirlos a
cosas sujetas a su voluntad. A la vez busca legitimación para sus
actos con argumentos ideológicos que lo erigen en paradigma
de civilización. El héroe épico aparece como donador de cultura, como excelso representante de la humanidad más avanzada.
Invita y obliga a otras clases sociales o pueblos a incorporarse
a su orden de realidad, exigiéndoles que cancelen y abandonen
sus propios intereses e identidad. Según sus deseos, los pueblos
y las clases sociales sometidas deberían ver en la aculturación
la única posibilidad de recuperar la dignidad humana perdida.
Las razas, etnias, grupos o clases sociales que no se suman a
la fundación de la nueva civilización son eliminados en los
grandes genocidios que se conocieron en el siglo pasado. Sus
principales víctimas, en la representación figurativa y en los
hechos, fueron las poblaciones indígenas despojadas de sus tierras –de su identidad cultural, por lo tanto, como hoy en día ha
ocurrido nuevamente con los mapuches–, para luego integrar a
los sobrevivientes como masa laboral en el latifundio. A medida
que surgían las organizaciones de trabajadores explotados en las
ciudades, en los puertos, en las minas y en las haciendas, ellos
también fueron víctimas de enormes masacres cuando intentaron la reivindicación de sus necesidades. Las décadas finales
443
del siglo XIX y los comienzos del presente están tachonadas
de matanzas en que miles de trabajadores fueron muertos en
una ocasión, en reacción a sus demandas.
La Doctrina de la Seguridad Nacional, en el contexto
actual del neoliberalismo, vuelve a poner en vigencia la lógica guerrera de esa antigua épica al hacer de los militares "la
reserva auténtica de los valores morales de la nacionalidad",
que defiende los Objetivos Nacionales y los Valores de la Civilización Occidental y Cristiana y aspira a la refundación de
la cultura nacional. Actualmente su voluntad de reducir a otros
seres humanos a la categoría de objetos inertes se demuestra
en la política seguida con los pobladores marginales. Sin embargo, mientras se puede atribuir al liberalismo decimonónico
los beneficios de la construcción del Estado nacional chileno,
su rápida estabilización en términos comparativos con otros
países latinoamericanos y la fundación de los primeros temas,
metáforas y símbolos que conformaron el universo simbólico
que perfiló la identidad nacional, a la épica neoliberal militarista
del presente sólo puede atribuírsele consecuencias destructivas,
el desmantelamiento de la cultura nacional. Ello porque los
otros agentes sociales surgidos anteriormente en la historia nacional eran capaces todavía de mantener o proponer proyectos
sociales alternativos de conducción de la cultura nacional, con
mayor o menor grado de autonomía de las decisiones sobre el
desarrollo social y económico frente a lo foráneo, bien a través
de la conservación de un débil capitalismo nacional en difícil
negociación con el capitalismo internacional transnacionalizado
o a través de una transición al socialismo. La gestión militar ha
traído una desnacionalización de la economía chilena similar a
la que se atestiguara luego de la Guerra del Pacífico y la guerra
civil de 1891, en que la gran riqueza generada por el salitre
pasara a manos de empresarios ingleses.
Lo lógica guerrera de la épica liberal decimonónica indudablemente llevó al genocidio. Hoy en día, la Doctrina de la
Seguridad Nacional del neoliberalismo militarizado ha vuelto a
echar mano de la masacre para lograr sus objetivos. Con este
trasfondo histórico y con el dato cierto de que luego del 11 de
septiembre de 1973 han ocurrido violaciones masivas de los
444
Derechos Humanos, ¿podemos hablar nuevamente de genocidio? La pregunta está plagada de riesgos y obviamente éste no
es el lugar para resolverla. No obstante, estimamos necesario
plantearla, pues sin duda la introducción de esta categoría, aunque quizás no sea sino como sugerencia para el debate, tal vez
gravite sobre una mejor aprehensión de los tabúes existentes en
la discusión actual de la posible redemocratización chilena.
En el Artículo II de la Convención para la Prevención
del Crimen de Genocidio adoptada por la Asamblea General de
las Naciones Unidas el 9 de diciembre de 1948 –"que buscó la
codificación de un principio fundamental de civilización"– se
afirma que "genocidio significa cualquiera de los siguientes
actos cometidos con la intención de destruir, en su totalidad o
en parte, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, tales
como: a) matar a miembros del grupo; b) causar serio daño corporal o mental a miembros del grupo; c) infligir deliberadamenta
al grupo condiciones de vida calculadas para causar su destrucción física en su totalidad o en parte; d) imponer medidas
con la intención de impedir nacimientos dentro del grupo; e)
transferir bajo compulsión a niños del grupo a otro grupo".22
Como conceptualización de un crimen internacional, el término
genocidio fue usado oficialmente por primera vez en el Tribunal
Internacional de Nuremberg en los cargos dirigidos a los principales criminales de guerra alemanes: "realizaron un genocidio
deliberado y sistemático, es decir, la exterminación de grupos
raciales y nacionales, contra las poblaciones civiles de ciertos
territorios ocupados con el objeto de destruir razas particulares
y clases de personas y grupos nacionales, raciales o religiosos".23 El 11 de diciembre de 1946 la Asamblea General de
las Naciones Unidas adoptó la resolución 96 (1) que dice: "El
genocidio es la negación del derecho a la existencia de grupos
humanos enteros, en la misma medida en que el homicidio es
la negación del derecho a vivir de seres humanos individuales;
tal negación del derecho a la existencia choca a la conciencia de
la humanidad, resulta en grandes pérdidas a la humanidad en la
forma de contribuciones culturales y de otro tipo representadas
por estos grupos humanos y es contraria a la ley moral y al
espíritu y propósitos de las Naciones Unidas".24
445
Este conjunto de definiciones no es un cuerpo estático.
A través de los años ha sido foco de considerables debates en
que comentaristas y activistas preocupados por la defensa de
los Derechos Humanos han tenido que enfrentar simultáneamente la necesidad de ampliar sus términos para cubrir sucesos
contemporáneos a la vez que la de impedir que se diluya la
definición del concepto de genocidio hasta el extremo de que
pierda significado. Por ejemplo, el hecho de que el genocidio
no implica necesariamente la destrucción total de un grupo lleva
a la discusión sobre qué cantidad de muertes puede hacer que
el "en parte" de la definición sea significativo. Mayor debate ha
causado el que se haya restringido la protección a "un grupo nacional, étnico, racial o religioso". Es difícil determinar hasta qué
punto ciertas minorías constituyen un grupo nacional o étnico
dentro de una sociedad. Por otra parte, la experiencia demuestra
que los nazis también intentaron eliminar a los homosexuales
y a los deficientes mentales, mientras que, recientemente, en
la década de 1970, el régimen de Pol Pot exterminó a más
de un millón de personas en Campuchea, la mayoría de ellas
pertenecientes a las clases medias urbanas, y el gobierno de
Uganda masacró a la inteligentzia cristiana de los grupos étnicos Acholi y Langi, todos estos sucesos de acuerdo con obvias
motivaciones políticas.
En general, es imposible separar lo político de la eliminación deliberada y sistemática de algún grupo nacional, racial,
étnico o religioso por un gobierno que usa los recursos del aparato estatal. Ya en las discusiones originales de la Convención se
hizo notar este vacío. Por este motivo B. Whitaker comenta:
En apoyo de la inclusión de grupos políticos (en la Convención para la Prevención del Crimen de Genocidio) se
ha argumentado y se sigue argumentando que es lógico
y justo que se los trate como grupos religiosos, ya que
la marca distintiva de ambos tipos de grupos son las
creencias comunes que unen a los miembros. Ejemplos
específicos tomados de la historia reciente del Nazismo
prueban que los grupos políticos son perfectamente
identificables y, dada la persecución a que son someti446
dos en una era de conflicto ideológico, su protección es
esencial. Durante el debate (del 14 de octubre de 1948)
el representante francés visionariamente arguyó que
"mientras en el pasado los crímenes de genocidio han
sido cometidos por motivaciones raciales o religiosas",
era claro que en el futuro se los cometería principalmente por causas políticas", y esta posición tuvo fuerte
apoyo de otros representantes. Muchos observadores
tienen dificultad en comprender por qué los principios en
que se basa la Convención no se aplican igualmente en
el caso de masacres con el objetivo de exterminar, por
ejemplo, a comunistas o kulaks. Por lo demás, en algunos casos de masacres horrendas no es fácil establecer
cuál de los factores políticos, económicos, nacionales,
raciales, étnicos o religiosos concomitantes fue el determinante. Tomando nada más que dos ejemplos, ¿el
crimen de apartbeid es primordialmente racial, político
o económico? ¿O el genocidio selectivo en Burundi fue
intrínsecamente político o étnico en sus objetivos? La
mayoría de los genocidios tiene por lo menos algún tinte
político, y un número considerable de las matanzas nazis
fueron políticas. Se ha argumentado que dejar a grupos
políticos y de otra naturaleza fuera de la protección de la
Convención abre una escapatoria ancha y peligrosa que
permite que cualquier grupo designado sea exterminado,
ostensiblemente con la excusa de que es por razones
políticas [...] Es el elemento de la intención de destruir
a un grupo designado total o parcialmente el que plantea que los asesinatos en masa y contra la humanidad
sean calificados como crimen especial de genocidio. Las
palabras "tales como" proveen una condición esencial en
el Artículo II, la cual estipula que, pare ser caracterizados como genocidio, los crímenes contra un número de
individuos deben ser dirigidos contra ellos en su carácter
o capacidad de colectividad. El motivo, por otra parte,
no es mencionado como aspecto relevante".25
Interpretaciones como esta última parecieran sustentar
447
una posible ampliación del concepto de genocidio, particularmente si se lo conecta argumentalmente con el derecho a la
vida, considerado como preeminente, esencial y base de todos
los otros Derechos Humanos. Desde esta perspectiva deben
también ser consideradas todas las condiciones materiales y
simbólicas (lengua, tradiciones, etc.) y servicios de soporte
de la vida individual y de grupo, que mantienen la salud y la
identidad, incluyendo el hecho de que la explotación económica
de un grupo en situaciones de colonialismo –como ocurre con
pueblos indígenas– puede significar su extinción, llegándose
a hablar de que son punibles los actos de omisión que, "en
ciertos casos, (mediante) el abandono y la negligencia puedan
ser suficientes para destruir a un grupo designado total o parcialmente, por ejemplo, por hambre o enfermedad".26 Esto ha
llevado a la propuesta de que se agregue la siguiente cláusula
al final del Artículo II de la Convención: "En cualquiera de las
conductas indicadas arriba, un acto o actos de omisión advertida
pueden ser tan culpables como un acto de comisión".27 Por esta
razón han habido intentos de incluir dentro de la Convención
conceptos tales como el de "genocidio cultural" y "ecocidio"
(en cuanto a la destrucción del habitat de un grupo).
Bajo tales suposiciones, un Grupo de Trabajo Ad-hoc de
Expertos, establecido según resolución 2 (XXIII) de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, examinó
el apartheid como constituyente posible de un crimen de genocidio. El Grupo señaló que las siguientes prácticas podían
ser consideradas como tales: "a) La institución de áreas para
grupos ("las políticas de Bantustán"), que afectan a la población
africana hacinándola en áreas pequeñas donde no pueden ganarse la vida adecuadamente, o a la relegación de la población
hindú a áreas que carecen totalmente de precondiciones para el
ejercicio de sus profesiones tradicionales; b) las regulaciones
con respecto al movimiento de africanos en las áreas urbanas
y especialmente la separación forzada de africanos de sus
esposas durante largos períodos, por lo tanto impidiendo el
nacimiento de africanos; c) la política social en general, que
se dice incluye la malnutrición deliberada de grandes sectores
de la población y el control de nacimientos de sectores no448
blancos con el objeto de reducir su número, a la vez que era
política oficial favorecer la inmigración blanca; d) la prisión
y maltrato de líderes políticos no-blancos y de prisioneros
no-blancos en general; e) la muerte de la población no-blanca
mediante un sistema de trabajo esclavo o sujeto, especialmente
en los llamados campamentos de tránsito".28 Por el hecho de
que el 30 de noviembre de 1973 la Asamblea General de las
Naciones Unidas, por resolución 3068 (XXVIII) adoptó y abrió
para firma y ratificación de los Estados miembros la Convención Internacional para la Supresión y Castigo del Crimen de
Apartheid, éste fue considerado crimen contra la humanidad,
única razón por la cual no llegó a ser considerado como forma
de genocidio. No obstante, recientemente un Grupo de Trabajo
Ad-hoc de Expertos en Violaciones de Derechos Humanos en
Sudáfrica establecida por la resolución 1983/9 (párrafo 14) de
la Comisión de Derechos humanos consideró nueva evidencia
y, entre otras conclusiones, informa que "El Grupo de Trabajo
interpreta el término genocidio más ampliamente para significar cualquier acto calculado para destruir al individuo (de un
grupo designado) o impedirle la participación plena en la vida
nacional. Lo último también debe entenderse en su sentido más
general, para incluir la vida política, económica y social".29
Por último, consideremos que el relator designado por
las Naciones Unidas para examinar las masacres en Campuchea
crea un término especial para el concepto de genocidio contra
una parte significativa de un grupo cometido por miembros del
propio grupo: auto-genocidio.30
Llevando estas conclusiones y debates por ampliar la
definición de genocidio a la culminación de su lógica, Nils
Castro ha hecho una reflexión basada en materiales, documentos, discusiones y declaraciones del Segundo Simposio Contra
el Genocidio Yanqui en Viet Nam.31 Su definición: "Genocidio
es destruir la vida y los medios de vida del pueblo, hacer
desaparecer la resistencia exterminando la población, pero es,
igualmente, la destrucción de los valores, la degradación resultante de la quiebra moral, del envilecimiento de las costumbres,
la reactivación de las tradiciones caducas para desnaturalizar
la cultura y conducir a la desintegración nacional, la desperso449
nalización. De acuerdo con Lemkin -citado por un vietnamita– es hacer desintegrarse las instituciones políticas, sociales y
culturales, el lenguaje, los sentimientos nacionales, la religión,
la existencia económica de los grupos nacionales, y destruir la
seguridad del individuo, la libertad, la salud, la cualidad de la
vida de los individuos de aquel grupo" (p. 82). Obviamente,
atendiendo a lo ocurrido en Vietnam y sus paralelos latinoamericanos con lo ocurrido en Chile, Castro introduce la categoría
imperialismo como eje central de su discusión, aspecto que
cobra importancia en lo que sigue.
Castro concibe la cultura nacional en las sociedades
divididas en clases sociales como un sistema de prácticas y
representaciones simbólicas en que conviven las subculturas
de los explotadores-dominadores y los explotados-dominados.
Sólo la de los primeros llega a constituir un sistema en la medida en que cuenta con todos los recursos de organización y
administración para orientar esas prácticas y representaciones
simbólicas. Los explotados, por su condición de dominados,
sólo cuentan con elementos culturales no del todo coherentes
que han ¡do generando en su experiencia histórica de explotados-dominados. Para mantener su hegemonía, la clase explotadora debe mantener dispersos, distorsionados e incompletos los
elementos de la cultura de los explotados, para así distraer y
neutralizar los aspectos más hostiles y agresivos de su tendencia a la liberación. Aunque no lo plantea directamente en estos
términos, al referirse a la acción de las potencias imperialistas
podemos colegir que Castro les atribuye el hecho evidente de
tener una experiencia hegemónica aún más amplia que la de
las clases explotadoras nacionales, la cual las habitúa al control
simultáneo de múltiples unidades sistémicas de culturas nacionales a través de todo el mundo. Podríamos agregar que esto
constituye la base de todo su sistema de supervisión científica
de las estrategias culturales (a través de la antropología, la
sociología, y las ciencias políticas) y militares que otorgan a
todas las clases explotadoras nacionales absorbidas en su esfera
de influencia.
Castro argumenta que en la penetración y conservación
del control de las regiones bajo su influencia, el poder imperial
450
y sus aliados nacionales utilizan estrategias graduales, según las
que la destrucción militar masiva es sólo recurso extremo. La
primera es "la penetración cultural y su derivación inmediata, el
genocidio cultural" (p. 75), preludio al genocidio físico: "Para
el imperialismo, el ideal es mantener disgregados los elementos
de la cultura nacional-popular, impedir su integración en un
sistema cultural de proyecciones revolucionarias, patrióticas,
reduciéndolo a un chovinismo conservador o, mejor aún a pintorescas muestras fragmentarias de pobre incidencia social. Se
parte de la premisa de que la ruptura y dispersión del sistema
de la cultura nacional y sus facultades, de la cual resulta una
progresiva merma de la capacidad para resolver y organizar
armónica y eficientemente las necesidades de la práctica social
establecida o por establecer, afectándose hasta las habilidades
del pueblo para solucionar por sí mismo los requerimientos de
su vida material, acentuándose su dependencia. El supuesto
reconoce que el pueblo no es la mera población o suma de los
habitantes individuales, sino la coparticipación en una personalidad nacional capaz de reconocerse a sí misma y proponerse
objetivos propios. La permeabilidad ante la penetración cultural
extraña a su idiosincrasia sería tanto más factible cuanto más
pobre o inconsciente sea el sistema de la cultura nacional. Y (a
la inversa) tendría mejor capacidad para preservar y desarrollar
su personalidad colectiva distintiva, para discriminar entre lo
propio y lo injustificadamente insertado" (p. 75).
Expuesto lo anterior, es relevante transcribir el modo
en que la socióloga Anny Rivera describe el transcurso cultural chileno entre los años 1978, en que comienza el llamado
"boom" económico, y su crisis en 1981.32 Según Rivera, aunque
el bloque de poder autoritario no es monolítico, pues contiene
concepciones nacionalistas, elitistas y burguesas modernas
de la producción cultural, en los efectos específicos se puede
reconocer una tendencia que concuerda con el diagnóstico de
Nils Castro:
Las variables financieras adquieren mayor peso sobre
la determinación de la actividad pública, al tiempo que
se le otorga un mayor espacio a la iniciativa privada
en la promoción y determinación de las dinámicas artístico-culturales [...] Congruente con esta reducción
del papel del Estado en la vida cultural, se produce el
incremento del rol del mercado en la determinación de
la "oferta cultural", es decir, de los productos culturales
más susceptibles de difusión o venta masiva. Nacen así
empresas artísticas especializadas en diversos segmentos de público. Algunas se orientan hacia un público de
gustos "refinados", montando programas de música docta
o popular con figuras de relieve mundial; mientras otras
se dirigen al show de fácil consumo. El "negocio del espectáculo" alcanza niveles antes no vistos: un empresario
santiaguino construye una lujosa sala de espectáculos
de un costo de cinco millones de dólares, en la cual se
montan, principalmente, comedias musicales; el "teatro
envasado", con altísimos costos de producción, es también un fenómeno que se desarrolla en este período [...]
Hacia fines del período, la imagen dominante del país
transmitida a través de los medios masivos, muestra
cambios sustanciales. La programación televisiva, por
ejemplo, combina gran cantidad de programas "envasados" (especialmente seriales, teleseries y "comics"
infantiles, cuyo origen principal es Estados Unidos y
Japón), con programas nacionales, cuyo eje es el "show
internacional" y el "concurso" [...] El "boom" televisivo
del período son los shows musicales, transmitidos directamente desde un cabaret, restaurant o teatro. En él, el
público, formado por gente de clase alta -entre el cual
se halla usualmente a altas personalidades de gobierno,
o figuras destacadas del mundo del espectáculo o del deporte– goza de un espectáculo de "nivel internacional",
con primeras figuras traídas de fuera de las fronteras.
En suma, una imagen que bien podría homologarse a la
imagen del país próspero y despreocupado. En fiesta [...]
La actividad comercial experimenta un aumento notable.
En términos generales, disminuye la presencia pública
como motor principal de la actividad artística y ésta
denota (un) sesgo más elitista y menos nacional [...]
451
452
Santiago se llena de "caracoles" y "shopping centers";
mientras niños y adolescentes concurren masivamente
a los nuevos locales de entretenimientos electrónicos,
bailan al compás de la música "disco" (predominante
en la programación de las radios) y consumen las hamburguesas de los recién inaugurados "burguer-inns".
La imagen del país en "reconstrucción" luego de una
ardua lucha en contra de la "tiranía" (marxista), pasa
a segundo plano, mientras se perfila en el primero la
dorada vitrina del consumo [...] Los sectores populares
son sistemáticamente excluidos de este escenario. Su presencia en los medios de comunicación masiva se reduce
a las páginas policiales, a su participación en concursos
de diversa índole o como objeto de las políticas oficiales
de "erradicación de la pobreza". Las manifestaciones
artístico-culturales de corte popular prácticamente desaparecen del espacio público. Significativo al respecto,
es la no difusión en Chile de la música "salsa", pese
a su probado éxito en los mercados internacionales.
Consultados los programadores de medios respecto de
esta contradicción a las pautas mundiales, adujeron en
su mayoría una razón contundente: sonaba demasiado
"rasca, populachera".
Tabúes intelectuales y la necesidad
de vanguardias políticas
Lo anterior demuestra que es posible trazar una tipificación de similitudes y paralelos entre la práctica del genocidio,
453
como se ha dado en otras partes del mundo, con el control
militar de esa población en Chile. En especial, es preciso llamar
la atención sobre las claras relaciones existentes con el apartheid sudafricano: la erradicación y aislamiento de pobladores
en áreas que territorialmente impiden su amplia y efectiva
participación en la colectividad nacional, resguardándose y promoviéndose en el hecho la reproducción de estrictas jerarquías
de clase no sólo a través de la incomunicación, sino también
mediante una negligencia consciente en la entrega de servicios
públicos que aseguren a los pobladores un acceso al trabajo, a
la salubridad y a la educación conmensurables con su dignidad
de seres humanos. Más aún, la autoridad administrativa niega
el diálogo con los dirigentes libremente elegidos, y desconoce
sus puntos de vista sobre sus necesidades más apremiantes. A la
vez, la autoridad militar ejerce sobre ellos una represión masiva
para la intimidación colectiva y una selectiva para descabezar
sus organizaciones de base. ¿Qué otro referente sino situaciones de genocidio puede tener la descripción eclesiástica de la
cultura de la muerte, que señaláramos en la parte primera de
este estudio? ¿Qué sino una situación de genocidio puede llevar
a una madre pobladora a decir, "Yo les diría a las mujeres que
no tengan hijos", según testimonio eclesiástico?
Sergio Wilson, el urbanista que ya citáramos, ha dado
otro testimonio con respecto a la posibilidad de participación
de los pobladores aislados en la política estatal que rige su
propio destino: "Frecuentemente las organizaciones informales,
entre las que se encuentran también y mayoritariamente los
comités de pobladores y los comités de vivienda, son mejores
intérpretes que las juntas de vecinos, en lo que concierne a los
más urgentes y dramáticos problemas de los pobladores. Ello,
en vez de favorecerles, las perjudica, porque se producen, desgraciadamente, rivalidades entre ambas formas de organización
poblacional, las formales y las informales. Las primeras, si bien
no son alentadas muy vigorosamente ni se les da activa participación, cuentan con la mayor confianza de las autoridades. Las
informales, como interpretan muy vivamente los problemas de
las bases, aparecen ante los ojos oficiales como contestatarias. A
falta de otro alero, la mayor parte hace su vida en forma muy
cercana a las parroquias, sacerdotes, agentes pastorales o bien
454
instituciones de apoyo de inspiración cristiana".33
En términos sociales más amplios, la disgregación de
fuerzas que se da a nivel intrapoblacional tiene paralelos en la
arena política nacional. A pesar de que los pobladores han sido
reconocidos como uno de los actores principales de la Protesta
Nacional, el carácter mucho más violento que ella tiene en las
poblaciones hace que su movimiento sea mirado con recelos
tanto por las organizaciones sindicales, en que predominan
tendencias centristas, como por la Alianza Democrática, en que
predomina la Democracia Cristiana, y en otros sectores de capas
medias. En éstos se ha afincado la propaganda gubernamental
que presenta a los pobladores como vándalos, delincuentes y
antisociales que amenazan el orden y la civilización. El aislamiento tipo apartheid queda completo si se añade que la mayor
influencia partidista en ese medio proviene de las tendencias
marxista-leninistas agrupadas en el Movimiento Democrático
Popular y que el movimiento poblacional lucha por reivindicaciones extremadamente localistas, a veces con un marcado
oportunismo y sin mucha trascendencia en una colectividad
nacional adormilada al respecto por los medios de comunicación masiva que han logrado enmascarar la situación de vida
denigrante en las poblaciones.34
Ahora bien, decíamos que éste no es el foro adecuado
para argumentar en favor de una expansión del concepto de
genocidio como para que también abarque la situación de los
pobladores marginales en Chile. No obstante, si aceptamos las
reflexiones de Nils Castro sobre el término y las compulsamos
con el cuadro de exclusiones masivas del ejercicio de los Derechos Humanos –que en su manifestación más intensa entre
los pobladores marginales alcanza a casi un tercio de la población chilena–; considerando, además, el mantenimiento del
inmovilismo y la fragmentación de la oposición, no podremos
sino concordar que en Chile el militarismo y sus supervisores
imperiales han tenido resonante éxito: "Para el imperialismo,
el ideal es mantener disgregados los elementos de la cultura
nacional-popular, impedir su integración en un sistema cultural
de proyecciones revolucionarias, patrióticas..."
La problemática en torno al genocidio provoca un útil
455
contraste de perfiles con la forma en que se ha llevado adelante el debate sobre la función de los partidos políticos en la
actualidad. La perspectiva de enfoque predominante ha sido la
de una observación desde las cúpulas directivas, no desde las
bases, haciéndose énfasis en que hay una ruptura entre ambos
términos. Una vez planteado el problema de este modo, las
directivas partidarias aparecen como burocracias desconectadas
de toda representatividad que, sin embargo, cumplen mecánica
y rutinariamente con el cometido de hacer cálculos de fuerzas,
alineamientos y realineamientos de ellas para maniobrar una
mejor posición estratégica y táctica, aunque su relación efectiva
con los sectores e intereses que dicen representar queda en el
aire y sujeta a cuestionamiento. Una vez que así ha quedado
enmarcado el asunto, es fácil, en ese argumento, emplazar a
esas burocracias para que se "den a la razón" y abandonen
cualquier postura maximalista que todavía pretendan, como si
la cuestión se tratara de sensibilidades que aún padecen de los
vicios mentales del juego político anterior ya caduco. La discusión queda entonces restringida a una descripción sistémica
de los partidos sin conexión con necesidades humanas reales,
que da cuenta del juego de objetivos y maniobras de actores
políticos en una competición en que debiera primar una racionalidad moralista y psicologizante. Se abandona la noción de
que la lucha política es un proceso de construcción dinámica de
nuevas condiciones para la acción. Se trata de una argumentación de naturaleza formalista, y quizás reificante, por cuanto se
da por hecho que el estado de la situación es así y de manera
realista y pragmática debería aceptársela. Por razones obvias de
seguridad, estas afirmaciones no pueden ser compulsadas con
estudios empíricos que especifiquen el estado y situación real
de las estructuras orgánicas de los partidos, particularmente de
la izquierda marxista-leninista. De allí que, según vimos, se
corra el peligro de alegorizar el significado de micro-grupos
como el MCTSA. No se encara directamente, o por lo menos
no queda claramente verbalizado, el hecho de que el destino
en juego es el del sistema capitalista y que a ello obedecen las
maniobras fragmentarias que producen el actual inmovilismo
político, cuyo origen es, evidentemente, la falta de un bloque
456
de poder que resuelva la cuestión definitivamente.
Por eso es que en un acápite anterior argumentáramos
que la represión fascista había sido exitosa en la implantación
de tabúes que ponen fuera de discusión la continuidad del capitalismo en Chile y, por tanto, oscurecen la aprehensión más
recta de la función actual y futura de los partidos políticos,
desplazándosela a cortinas de humo ideológico como el debate
moralista sobre el uso de la no-violencia activa y la violencia
como formas de acción legítima hacia la redemocratización
chilena. Decíamos que esos tabúes se demuestran en tres áreas:
en la censura de una discusión abierta, franca y amplia sobre
los efectos reales del capitalismo actual en Chile; a través
del anticomunismo compartido en mayor o menor grado por
sectores progobiernistas, centristas y por ciertos sectores de
izquierda; y la falta de una discusión de la influencia imperial
a través del fascismo.
Una discusión no censurada del capitalismo dependiente
en su forma actual en Chile no debería limitarse a descripciones
sistémicas formalistas y moralistas, sino considerar rectamente
que las devastaciones introducidas por sus efectos se aproximan
catastróficamente a los de un genocidio que afecta a toda la
nación, sin exclusión de clases sociales, en la medida en que ha
llevado a "la destrucción de los valores, la degradación resultante de la quiebra moral, del envilecimiento de las costumbres,
la reactivación de las costumbres caducas para desnaturalizar
la cultura y conducir a la desintegración de la nacionalidad,
la despersonalización". Se echa de menos en esas discusiones
globales sobre el sistema de partidos en Chile una consideración
de las necesidades que apremian a cada sector social. Resalta
el hecho de que en esos estudios del sistema de partidos no se
introducen como variables la brutalidad del hacinamiento, el
desempleo, la desnutrición, la insalubridad, el alcoholismo, la
drogadicción y la prostitución en las poblaciones marginales,
como si no fuera dato a considerar que allí se ubica casi un
tercio de la población chilena. Tampoco se considera que la
violencia es una necesidad real de recuperación de la dignidad
y la autoestima entre los pobladores marginales, especialmente entre los jóvenes que gritan "¡Morir, luchando, de hambre
457
ni cagando!", como lo hace notar Eduardo Valenzuela en su
estudio sobre la rebelión de los jóvenes. En el transcurso de
la investigación para este estudio recibimos varios testimonios
de pobladores de Santiago y Concepción en que hacían notar
la formación espontánea de grupos paramilitares de jóvenes
que aún sin tener una afiliación orgánica con el Frente Popular
Manuel Rodríguez (FPMR) se declaraban parte de su milicia;
de escolares de secundaria que asisten a las protestas cargando
mochilas con cócteles molotov e imitando los uniformes del
FPMR o llevando los colores del MIR. Más grave aún, se nos
habló de grupos de pobladores que habían formado diferentes
unidades para el cobro de peaje en territorio que consideraban
de su control bajo pena de violencia contra vehículos y transeúntes; para el robo de alimentos y carbón para combustible
casero en vías de circulación lenta de camiones y trenes; y de
la aparición de grupos de lumpen con precisión prácticamente
militar en el asalto de almacenes, panaderías y otras tiendas
de vituallas. Diariamente se informa de bandadas de pobladores que súbitamente aparecen para atacar a policías que han
arrestado a algún borracho o a algún maleante que quizás los
victime a ellos mismos.
Esto retorna nuestra exposición al testimonio de la lucha
por la civilización que nos diera la portavoz del MCTSA. De
particular impacto e importancia son sus declaraciones de que
"Hay un grueso del sector de las poblaciones que no participan
en ningún tipo de actividad de oposición. Cuando ven que alguien de su familia es arrebatado, torturado, se les generan unas
ansias y unos deseos de venganza. Hemos tratado en especial
que los niños no críen esa sed de venganza, mostrarles que todo
es posible en un país que tendrá que ser democrático y hacer
que los tribunales hagan justicia, que castiguen a los culpables
de tanta maldad. Pero cuesta luchar contra el "ojo por ojo", no
puede ser la mano nuestra la que aplique justicia [...] Proponemos una manera más creativa de uso de energías que de otra
manera irían al odio. No se puede seguir sembrando odio para
que luego lo que recojamos sea más odio". Estas palabras implican que entre los pobladores marginales existe la necesidad
concreta de que haya activistas que dirijan estructuradamente
458
una actividad de concientización y expresión social y política,
energía que de otro modo sería gastada en una violencia ciega,
sin dirección ni espíritu reconstructivo, que finalmente podría
llevar realmente a una anomia total. En otras palabras, la situación de los pobladores marginales muestra que el debate
entre la opción por la no-violencia y la violencia como formas
legítimas de oposición política no puede ser rebajada a la simpleza de suponer que quienes optan por la violencia manifiestan
un irracionalismo condenable moralmente. Lo expuesto revela
que los partidos marxista-leninistas que incluyen la opción de
la violencia no lo hacen expresando el capricho subjetivista
de burocracias desconectadas, sino respondiendo a las necesidades de los sectores sociales que representan orgánicamente
en el hecho –sin las supuestas rupturas entre cúpula y base– y
aceptando el desafío de que si ellos mismos no dan dirección,
canales, objetivos claros y bien delineados a esa energía, con
la aplicación exacta de fuerza para mantener la actividad militar dentro de marcos necesarios y legítimos, los efectos para
la convivencia nacional serían aún peores. Sin duda a esto
se refieren las palabras de Luis Corvalán, Secretario General
del Partido Comunista de Chile, que Otto Boye citara en la
obra anteriormente revistada: "Los comunistas no buscamos la
violencia por la violencia ni queremos hacer de nuestro país
un escenario de terror. Al contrario. Queremos terminar con el
terror y crear un nuevo orden basado en la justicia social. Para
ello propiciamos la unidad y el combate de las masas y el empleo de las más diversas formas de lucha, incluso de violencia
revolucionaria ejercida de manera consciente y responsable.
Por eso rechazamos las conductas que llevan agua al molino
del enemigo y valoramos, en cambio, aquellas que favorecen
la causa popular" (pp. 126-127).
En última instancia, la necesidad de ese trabajo de
activismo para la concientización, canalización y dirección
consciente y constructiva de energías opositoras expresada
por la portavoz del MCTSA sugiere que las opiniones socialdemócratas expresadas en cuanto a la caducidad actual del
concepto de vanguardia partidista en la reconstrucción de los
"tejidos más fundamentales de la cultura de izquierda chilena"
459
no parecen tener asidero en la realidad concreta del medio
poblacional. Una frase como "Hay un grueso del sector de las
poblaciones que no participan en ningún tipo de actividad de
oposición" tiene como trasfondo un hecho social captado por
sociólogos católicos en estudios preparatorios para el desarrollo de una nueva estrategia evangelista entre pobladores35: el
material reunido por diez religiosas y cuatro sacerdotes que
entrevistaron a una muestra significativa de pobladores de
Pudahuel para captar su visión de mundo permite proyectar la
existencia de un 65% a un 70% que tiene profundas distorsiones
en cuanto a su ubicación en las jerarquías sociales, en cuanto
al funcionamiento y efecto humano de las estructuras sociales
y que poseen, por tanto, una conciencia incapaz de captar el
significado real de sus deseos y aspiraciones de mejor vida y
las posibilidades concretas de que se realicen dentro del sistema
socio-económico imperante. Esta mentalidad llega a aceptar su
denigración humana como hecho natural porque fatalmente "así
son las cosas" o que las soporta en aras de la promesa tácita de
una posibilidad de ascenso en la escala social. Una interpretación clave del material así reunido indica "que para una parte
importante de los entrevistados el código normativo que rige
su conducta obedece a la aceptación aerífica y conformista del
código moral dominante. El proceso de producción material y
simbólico que asegura la supervivencia de la subcultura popular
analizada es así, en parte importante, normado y controlado
desde una estructura cultural ajena a esta cultura: aquella que
proviene de la cultura oficial. En el proceso de socialización,
pieza clave en esta dinámica de dirección y control cultural, los
agentes fundamentales difusores de la ideología dominante son
los medios de comunicación social y el sistema escolar. Una de
las posibilidades de la generación de respuestas valóricas que
escapen a la influencia oficial radica precisamente en la vida
y estructura familiar" (p. 183). Esto afecta particularmente a
un sector que suscita el siguiente comentario de los analistas:
"Llama la atención ese 13% de pobladores que aún viviendo
en las precarias condiciones en que vive se autoubica en clase
media. Esto revela una influencia de la ideología dominante
que tiende a difundir una ilusión de igualdad distorsionando la
460
autopercepción de clase hacia la indefinida "clase media". Consideramos que un 13% es un porcentaje bajo dado la poderosa
influencia que ejerce hoy la ideología, especialmente a través
de los medios de comunicación de masas" (p. 212).
Pero también la muestra señala que existe un 12% que
posee una conciencia crítica de marcado realismo, recipiente
de la historia política de izquierda, que los analistas describen
del modo siguiente:
Se observa aquí una conciencia política crítica y transformadora. Se percibe el actual orden social como injusto
y la mayor aspiración es a cambiarlo por una sociedad
mejor. Recordemos que son en su mayoría hombres y
que ellos en anteriores respuestas ligaban la percepción
de la humillación con la de explotación [...] La clara
insistencia aquí de una aspiración al "perfeccionamiento
moral" estaría reflejando un cierto sentido ascéticoético-revolucionario necesario para la transformación
social. No aspiran a acomodarse con el actual sistema.
Su aspiración principal no es a una "casa buena" y
"vivir bien", tampoco a "casarse y tener profesión". Tal
acomodo sería una traición a la clase, dado que aquí
hay una conciencia colectiva de clase [...] Concluyendo
podemos decir que los pobladores que dicen percibir una
sociedad dividida entre trabajadores y patrones tendería
a percibir causas estructurales de las injusticias, con
una acertada conciencia de sus derechos y del valor y
dignidad del trabajo manual. El abuso y la explotación
de que son objetos, captados críticamente les lleva a una
conciencia de clase. Para ellos la única salida de esta
situación está en la transformación social" (p. 198).
Un estudio del Comité "22 de Julio", formado en 1981
por pobladores de la Población San Rafael (Comuna La Granja)36 para solucionar el problema de los allegados, muestra
que de esa minoría socialmente consciente surgen los cuadros
directivos estables de un movimiento poblacional caracterizado
por grandes fluctuaciones en su capacidad de movilización. En
el momento en que se realizó el estudio, 1984, el Comité "22
de Julio" tenía 750 familias inscritas y un activo no superior
461
a 20 pobladores. Según nuestra propia experiencia, existe una
alta probabilidad de que estos dirigentes militen en algún partido marxista-leninista. Ellos están encargados de la labor de
coordinación de todo tipo de actividad de interpelación de la
autoridad, de las tomas de terrenos, de los contactos con otros
comités de cesantes, cooperativos, juveniles, deportivos, de
cesantes, de ex alcohólicos y de la participación en la Coordinadora Metropolitana. Reciben todas las presiones que ejercen
sobre ellos pobladores que esperan de ellos resultados prontos y
definitivos aunque quizás asistan a reuniones y acepten alguna
responsabilidad sólo cuando se ha obtenido algo de la autoridad municipal o se planee una toma. Son también las víctimas
principales de las intimidaciones: "Se trabaja incómodo porque
hay gente que molesta a los dirigentes, los atemoriza; entre
estas personas hay tanto pobladores como gente de afuera. Esto
limita el trabajo, porque basta que haya un informante para que
pare en parte el trabajo. Claro que es un problema salvable,
porque si uno demuestra que no tiene miedo, los compadres
se aburren" (p. 34). El 23 de agosto de 1984 fue asesinado el
dirigente Roberto González. "Yo creo que el mayor problema
que tiene este Comité, por su magnitud, ya que es el segundo
en Santiago en cantidad de familias que reúne, es el problema
de los dirigentes. Cuesta levantar nuevos dirigentes de entre
los pobladores; hay una actitud conformista que cuando ven
que otros se mueven, ellos se quedan. La gente es cómoda, no
quieren trabajar por su propio beneficio. Ellos dicen: "Estoy
dispuesto a ir a la toma, no me importa que me apaleen", pero
cuesta encontrar quién encabece las acciones" (p. 34).
Vanguardia política, evangelización y conciencia
nacional-popular
A pesar de las extensas distorsiones de la conciencia social registradas en el estudio sociológico que revistábamos, en
él también se consigna el hecho de que, a raíz de las mismas
condiciones en que viven esos pobladores, se dan mayoritariamente en ellos (60%) aspiraciones e ideales generalmente
462
vagos e incoherentes a una liberación de su calidad de seres
explotados y una añoranza por una sociedad justa donde sus
carencias queden superadas. Vale la pena transcribir las palabras
de los analistas:
Este ideal de igualdad se articula en (a lo menos) tres dimensiones fundamentales de la percepción intersubjetiva
del mundo social: en su dimensión étnico antropológica;
en su dimensión social y en la dimensión jurídico-política. En la primera dimensión podemos constatar el valor
de la igualdad antropológica del ser humano que supera
toda barrera étnica; en la segunda acepción la igualdad
del hombre como sujeto de derechos y deberes en la sociedad supera toda barrera y división de clases y en la
tercera acepción la igualdad jurídica y el establecimiento
de relaciones jurídico-políticas equitativas que superan
toda situación de injusticia sociopolítica y jurídica. En
cualquiera de los casos sería un ideal por actualizar,
dado que los juicios vertidos al responder a estas preguntas parecen ser realistas al constatar actualmente
las diferencias y divisiones raciales, sociales, jurídicas y
políticas existentes. Se trata por tanto de un ideal –una
aspiración básica a la igualdad– muy arraigado en el
seno de la conciencia social colectiva de esta cultura
estudiada. Ideal cuya actualización ofrecería interesantes
motivaciones e incentivos para la lucha por la justicia
y por una sociedad más justa, sin discriminaciones ni
dominaciones del hombre por el hombre [...] Por otra
parte, más del 10% de la muestra parece estar sometida
a la influencia de una ideología dominante legitimadora
de toda discriminación, dominio y desigualdad injusta
en la sociedad. Por cierto que, dadas las condiciones
objetivas en el seno de las cuales estas afirmaciones
son enunciadas, ellas constituyen un factor muy fuerte
de alienación y sometimiento".37
Estos ideales y aspiraciones forman lo que se ha llamado
conciencia nacional-popular y corresponden a las experiencias
463
de masas de trabajadores explotados que, por el sufrimiento de
sus carencias, padecimientos y frustraciones, llegan a constituir
una ideología democrática que sólo puede ser satisfecha mediante el socialismo. Como todo elemento de la cultura de los
explotados esos ideales y aspiraciones son vagos, incoherentes
e inestables que, debido a las interferencias, infiltraciones y desviaciones fragmentaristas que le interpone la cultura burguesa
dominante, no llega a constituir un discurso capaz de conformar
una alternativa y agentes para la reorganización social.38 Para
constituir tales agentes de transformación social esa conciencia nacional-popular requiere un trabajo que la convierta en
conciencia nacional-revolucionaria. A partir de la experiencia
y entendimiento de las estructuras de la explotación nacional
y de su historia, esa conciencia más avanzada debe captar la
forma en que el poder burgués hegemónico se inserta en las
estructuras del imperialismo y es apoyado por este, para así desarrollar las estrategias y tácticas de la liberación nacional que
lleven a la implantación del socialismo en el país, de acuerdo
con su fisonomía y tradiciones históricas.
Este trabajo de transformación de conciencias demanda
la presencia, habitación y acción en ese medio de grupos centralmente organizados, que reúna a los individuos de mayor
conciencia social y de clase de entre los explotados, actuando
en conjunto con intelectuales e individuos de otras clases sociales que adhieran a su causa, homogéneamente unidos por
una convicción y una doctrina. Esa organización debe tener
capacidad de radiación de su actividad, coordinación y convocación de conocimientos, información y apoyo en todo el
ámbito nacional e internacional y contar con los recursos y
la experiencia organizativa para unir fuerzas y esfuerzos desperdigados, y conflictivos entre sí que favorecen a las clases
dominantes. Sus militantes deben tener la moral de sacrificio y
la disciplina necesarias para pasar toda clase de pruebas en pro
de la reivindicación de los explotados. Deben ser individuos
con capacidad de diálogo igualitario necesaria para reconocer
el sentido de las aspiraciones de los explotados, expresadas con
vaguedad, incoherencia e inestabilidad y aprender de su experiencia para interpretarlas y refinarlas, transformándolas en un
464
discurso y consignas para la acción concreta, mediante el uso
de una doctrina específicamente orientada a servir los intereses
de los explotados. La acción así estructurada es un proceso
de aprendizaje para todos los participantes, en que se forja
una identidad colectiva a partir de las diferencias, carencias y
deformaciones de clase manifestadas inicialmente. Finalmente
esa acción conjunta trasciende intereses limitados solamente a
la clase en nombre de quien se establece el discurso y beneficia
a la sociedad en su totalidad, en la medida en que, lograda la
liberación de los más desposeídos, todo otro individuo o grupo
también explotado alcanzará su liberación. Esta es la noción
marxista-leninista de la vanguardia política.
El objetivo de la vanguardia partidista es el de lograr
que los trabajadores explotados superen las distorsiones de
conciencia a que los han sometido las ideologías dominantes
para que se conviertan en actores conscientes de su propia y
verdadera historia, verdadera en cuanto siempre han aspirado
a recuperar su dignidad humana como definidores libres de
sus necesidades y de los modos, medios y calendarios para
satisfacerlas, de acuerdo con un proceso de purificación de sus
tradiciones que elimine aspectos que llevan al sometimiento y
realcen aquellos que llevan a la liberación. Entendida así la función de la vanguardia política marxista-leninista se podrá captar
las coincidencias de una nueva forma de entender la labor de
evangelización en las poblaciones marginales que germina en
los sectores progresistas de la Iglesia Católica chilena que, sin
duda, a través de la Teología de la Liberación, asume muchos
de los rasgos de esa concepción de la vanguardia partidista.
Esbozar estas coincidencias nos llevará a los tramos finales de
nuestro entendimiento del MCTSA como espacio de concertación de esfuerzos entre cristianos y marxista-leninistas.
Entre esos agentes pastorales –sacerdotes y monjas– existe
la conciencia de que la Iglesia hasta ahora ha estado evangelizando en el medio poblacional con una concepción errada,
que lo homogeniza con la imagen del individuo y de la familia
prevaleciente en los sectores medios, ofuscando su identidad
cultural e histórica.39 A esta alienación se agregan otras dislocaciones y desfases: hasta ahora la Iglesia ha estado catequizando
465
para entregar e inyectar "paquetes" doctrinales y cognoscitivos
de la religión desde un "afuera", con un sentido jerárquico-verticalista que inevitablemente pone al agente pastoral en perspectiva de figura externa, superior y autoritaria. A esto se agregan
tendencias burocráticas que conciben la evangelización como
un medio de reproducir la Iglesia como institución, postergando
su verdadera misión, que es la redención de los seres humanos.
Y aún más, es imposible descontar el hecho de que el agente
pastoral realmente proviene de una cultura diferente a la popular, en especial si se trata de monjas y sacerdotes extranjeros,
quienes predominan en el trabajo eclesiástico poblacional.
Por el contrario, esta nueva forma de evangelización es
concebida como el desarrollo de una nueva pedagogía cristiana
que traiga a los pobladores la conciencia de ser personas y
los capacite para descubrir la acción liberadora de Dios en sí
mismos, en su propia acción y en su propio habitat, de acuerdo
con sus propios valores morales: "Evangelizar es transformar la
cultura en un sentido liberador, a partir de los propios valores
evangélicos ya presentes en dicha cultura. Y como se trata de
una cultura profundamente marcada por la dominación a la cual
se le anuncia la libertad del Reino de Dios, la evangelización
reviste entonces la doble dinámica de denuncia de esas opresiones, y discernimiento y potenciación de los gérmenes de la
acción liberadora de Dios en su historia. Por ello la evangelización a la vez que denuncia y transforma las alienaciones que
mantienen al pueblo sometido, llama e impulsa al pueblo para
que vaya construyendo su identidad autónoma y liberadora. En
este sentido podemos afirmar que toda tarea evangelizadora
es una acción cultural liberadora en el medio popular. Como
acción cultural liberadora, la evangelización, sometida a las
condicionantes de toda práctica cultural, se orienta a que el pueblo forme su propia identidad y se transforme en sujeto capaz
de hacer su propia historia. Más concretamente podemos decir
que la praxis pastoral liberadora lleva a despertar en el pueblo
las resistencias culturales y la criticidad frente a los elementos
de la cultura dominante y rescatar los elementos populares en
su propia cultura".40
Para asumir este nuevo espíritu pastoral, el agente debe
466
experimentar una profunda transformación de su personalidad,
de manera tal que las mediaciones que interpone por su formación en otra clase social y en la subcultura sacerdotal queden
despejadas hasta el punto en que el agente pueda "convertirse" a ella, "inculturarse" en ella para asumirla como propia,
"desde sus mismas raíces", llegando a conocer ese medio no
como observador distante, sino como participante y dialoguista
que aprende de los pobladores, asume sus problemas desde
esa perspectiva y enseña a los pobladores en un proceso de
transformación mutua: "Vivir en la población o el tener en ella
una práctica militante puede facilitar tener una visión de los
problemas más sentidos por la gente como problemas importantes dignos de estudio para iluminar posteriormente la acción
en torno a ellos".41
Observamos, entonces, las coincidencias de este entendimiento de la labor pastoral y la concepción marxista-leninista
del partido de vanguardia hasta el extremo en que se da una
confluencia de lenguaje: en la cita anterior se ubica la acción
pastoral en la población a corta distancia de la militancia
política. Más aún, en la tarea de preservar la identidad y la
continuidad de la cultura popular encontramos una total coincidencia con palabras de Nils Castro que ya citáramos: "La
permeabilidad ante la penetración cultural extraña a su idiosincrasia sería tanto más factible cuanto más pobre e inconsciente
sea el sistema de la cultura nacional. Y (a la inversa) tendría
mejor capacidad para preservar y desarrollar su personalidad
colectiva distintiva, para discriminar entre lo propio y lo injustificadamente insertado".
Esta concepción pastoral claramente asume las implicaciones políticas de su tarea, a pesar de que la Iglesia no está
todavía del todo preparada para hacerlo como institución de
carácter nacional. Lo político tiene aquí un sentido lato, no
asociado directamente con partidos políticos. Parece obvio, sin
embargo, que, al concebirse de este modo la acción pastoral,
se provoca una afinidad con los partidos políticos propiciadores del socialismo, decisión individual de militancia entre los
pobladores en que indudablemente el agente pastoral no se
involucra. Sin embargo, ¿hasta qué punto hay en esto una total
467
divergencia? A pesar de todo, tanto las vanguardias políticas
marxista-leninistas como esta nueva forma de acción pastoral
comparten la conciencia nacional-popular como materia prima
para su trabajo, con el propósito de proyectarla a un estadio
superior. El trabajo sobre esa conciencia puede concebirse como
un continuo en que un mayor refinamiento de su contenido
puede llevar a los pobladores a establecerse como agentes
históricos, aunque no necesariamente con un carácter revolucionario, como serían los efectos de una acción vanguardista
política. La retórica empleada tiene un tono que debiera desembocar en ello, sin embargo. No obstante, no queda claro el
modo en que este trabajo evangélico pueda conectarse con una
institucionalización partidista de ese tipo. Todo esto hace que
la apreciación de Brian Smith con que cerráramos la segunda
parte de este estudio, en cuanto a que en las poblaciones marginales se está gestando una nueva Iglesia, adquieran nuevas
y más profundas resonancias. Esto es conmensurable con el
hecho de que el espacio de la población marginal también
adquiere un nuevo sentido dentro de la crisis cultural chilena.
Allí se está gestando una nueva concepción de lo popular,
plena de sincretismos, en que se funden elementos religiosos y
políticos que la cultura nacional oficializada rehusa aceptar, en
que se acercan y confunden las culturas campesinas, la urbana,
la obrera, la de los trabajadores ocasionales y de los cesantes,
como también la de los trabajadores sociales y defensores de
los Derechos Humanos provenientes de otras clases sociales,
conjunto todavía incoherente por la infiltración de la cultura
dominante a través de los medios de comunicación masiva y
de la represión militar directa.
EL MCTSA: Liminalidad y reconstrucción del
universo
simbólico nacional chileno
Luego de esta incursión en la cultura de las poblaciones marginales, podemos ya decir que la metáfora central del
universo simbólico elaborado por el MCTSA –el estado de la
materialidad del cuerpo humano como proyección de la totali468
dad del cuerpo social– encuentra su sustancia en la experiencia
de esa subcultura, en que precisamente la denigración de esa
materialidad es la evidencia testimonial más cruenta de los
efectos del fascismo y del imperialismo en Chile. Recordemos
que los núcleos originales en la formación del movimiento y
en el mantenimiento de una coordinación provienen de religiosos y trabajadores laicos de asistencia social y defensa de los
Derechos Humanos que laboran en esas poblaciones. Entendida
así esa metáfora, debemos también comprender que la elección
de un trabajo de agitación pública en torno a la tortura es una
metonimia de importantes consecuencias significativas. Como
recurso de interpelación retórica, toda metonimia funciona sobre la base de tomar una parte de un todo como si ella fuera
esa totalidad mentada. En este caso, esa totalidad es la degradación humana en términos de prostitución, crimininalidad, desnutrición, insalubridad, desempleo, alcoholismo, drogadicción
y desesperanza que se da en las poblaciones marginales. Sin
embargo, de la totalidad de esa degradación corporal, al definir
su foco de acción el MCTSA ha optado por luchar por una
sola, aquella que ocurre con la degradación del cuerpo humano
cuando una burocracia estatal lo hace objeto para infligir dolor
durante la tortura como instrumento de sujeción política. ¿Por
qué se privilegia este aspecto y no otro? Porque el torturado
es generalmente un activista social –un "animador" social, en
el lenguaje de las comunidades cristianas de base– que precisamente en su acción organizadora y concientizadora encarna
una praxis de liberación en nombre de su clase social, puesto
que la mayoría de los torturados en Chile proviene de las poblaciones marginales.
En este sentido, entonces, el torturado, como metonimia
de un cuerpo de significaciones más vastas alcanza una clara
resonancia analógica de la totalidad, ya que él/ella padecen ese
sufrimiento en su lucha por terminar con todas las denigraciones materiales y espirituales que se han derramado sobre su
medio. En el énfasis en la metonimia del torturado encontramos una nueva reiteración de las coincidencias entre cristianos
comprometidos y marxista-leninistas desde el momento en que
ambos enfatizan la cultura como proceso de transformación
469
para concretar materialmente el máximo de potencialidades
humanas, bien sea en nombre del Reino de Dios o en nombre
de un humanismo laico. Finalmente, esta metonimia del torturado originada en la población marginal es elevada por el
MCTSA a la calidad de analogía –ese como si fuera– para
toda la sociedad chilena actual, en la medida en que destruir
o neutralizar por la tortura a un agente de liberación del sector
social más desposeído, inevitablemente redunda en liquidar las
posibilidades de paz social en Chile y de su transformación en
una sociedad en que impere la verdad y la justicia. Nuevamente
encontramos una coincidencia cristiana-marxista-leninista en la
adopción de la causa de los pobres y explotados como índice
de la liberación de toda la colectividad.
Podríamos aumentar el número de coincidencias señalando, además, que en el momento en que el MCTSA propone
ritualmente la metáfora de la redención de la materialidad corporal a toda la sociedad chilena en la ciudad, más allá de la
población marginal, el movimiento está analogizando la labor
de toda vanguardia partidista en cuanto a proyectar los intereses del sector social como un conjunto de valores universales
que absorben los de la colectividad más amplia. Sin embargo,
de ahora en adelante nos interesa enfocar la atención en el
hecho de que quienes formaron el MCTSA fueron religiosos
y laicos de acción en las poblaciones marginales que, sin embargo, reconocen que los pobladores no parecen interesarse por
protestar por problemas que no vayan más allá de su medio,
como lo atestiguaba uno de los sacerdotes en su testimonio de
comienzos de esta tercera parte de nuestro estudio. En especial queremos hacer énfasis sobre la naturaleza aparentemente
paradojal de este hecho. Como recurso retórico, la paradoja es
definida como figura del pensamiento que consiste en emplear
expresiones o frases que envuelven contradicciones.
Decimos que este hecho tiene una naturaleza aparentemente paradojal, es decir, no verdaderamente tal si uno hace un
examen en profundidad, puesto que si consideramos la visión
interna presentada por los portavoces del MCTSA se puede
captar una coincidencia entre cristianos y marxista-leninistas
fundada en las nociones de vanguardia y praxis liberadora. El
470
aspecto paradojal proviene de la visión externa al MCTSA. Aquí
habría que hacer énfasis en el hecho de que toda definición es
una situación de poder, ya que supone que alguien tiene una
legitimidad universalizada para proceder a la construcción de
marcos inclusivos/exclusivos para la aprehensión mental de un
objeto. En cuanto a la definición de paradoja, la determinación
de qué términos son contradictorios se basa en valores predominantes que dictaminan aquello que lógicamente puede o no
puede ser unido. Todavía más, al hablar de una determinación
lógica de qué categorías del pensamiento pueden o no unirse
realmente nos referimos a una institucionalización ya existente,
en que técnicos de la producción ideológica ya han estabilizado un discurso racionalizador de lo que debe considerarse
experiencia humana legítima o ilegítima. Para los propósitos
de este estudio, ese referente de institucionalización debe ser la
cultura nacional oficializada por el poder hegemónico, es decir,
las diversas variantes de sectores sociales e ideológicos que
directa o indirectamente apoyan la continuidad del capitalismo
dependiente en Chile. Es importante reiterar este hecho desde
este nuevo ángulo, puesto que desde él se basan y desprenden
los tabúes impuestos a la discusión de la redemocratización en
Chile que ya señaláramos: la interdicción de un debate sobre los
efectos genocidas reales del sistema capitalista actual en Chile;
el anticomunismo compartido aun por sectores de la izquierda;
el abandono de la categoría imperialismo en el análisis. En
otras palabras, la represión fascista ha sido exitosa en absorber
a prácticamente la totalidad de la oposición en la lógica de su
cultura institucionalizada, exceptuando los partidos agrupados
en el Movimiento Democrático Popular. De allí provienen los
múltiples dictámenes revistados: de que el cristianismo y el
marxismo-leninismo son términos antitéticos; de que la noviolencia activa y la violencia administrada políticamente son
términos excluyentes; la universalidad de la ruptura partidista
entre cúpulas y bases como hechos reificados más allá de una
corrección mediante la praxis. De allí provienen también las
mistificaciones, distorsiones y apropiaciones directas o indirectas del MCTSA en el cuadro extenso de los debates políticos.
En conclusión, el MCTSA sólo puede parecer paradójico
471
para observadores que consciente o inconscientemente se ubican en la cultura nacional oficializada por el fascismo. Desde
estos parámetros de juicio nos proponemos ahora introducir a la
discusión una versión modificada del concepto de liminalidad
social creado por Víctor W. Turner42 como instrumento para el
análisis del significado de micro-grupos como el MCTSA en
la producción simbólica.
Turner arguye que en determinados momentos de la historia de una sociedad surgen pequeños grupos que en su estilo
de vida, discursividad, adopción y creación de símbolos representan un cuestionamiento de las estructuras sociales vigentes.
Los administradores de estas tienden a buscar su reproducción
fortaleciendo los procesos de canalización institucional, socialización de la persona y protección de los procesos de interiorización psíquica de esquemas ideológicos con que se crean las
condiciones para que los individuos y los grupos acepten cumplir las funciones y los roles sociales que impone el imperativo
sistémico de la organización social prevaleciente. Sin embargo,
especialmente en espacios periféricos, marginales con respecto
a las zonas de manifestación del poder hegemónico, comienzan
a surgir y a congregarse individuos que, por alguna experiencia
en sus vidas, paulatinamente se distancian y llegan a romper
con los usos predominantes. En el mismo uso de los espacios
que privilegian para vivir o manifestar sus preocupaciones, en
los calendarios y horarios con que las elaboran y comunican, en
los objetos con que se rodean, en sus vestimentas, en sus gestos
y movimientos, en su manera de relacionarse con otros seres
humanos, en sus palabras y en el uso de imágenes y símbolos
con que sienten genuinamente manifestada su personalidad,
concretan una expresión del modo en que para ellos los usos sociales predominantes han comenzado a perder su inflexibilidad
conservadora y a erosionarse en su contorno. Para quienes los
observan desde perspectivas totalmente decantadas, ya sea para
conservar o negar la organización social existente, la expresión
de estos grupos toma un carácter paradójico y ambiguo, difícil
de categorizar dentro de esquemas claros y precisos. En ellos
predomina la expresión emocional, analógica y metonímica
que comunica una experiencia con inmediatez por sobre la
lógica y analítica mediatizada y distanciadora predominantes
472
en la cultura nacional oficializada. Los entes a que se refieren
tienen contornos muchas veces esotéricos, desvaídos, mutantes, deslizándose ubicuamente en un continuo de opciones,
insistiendo en no ser capturados en ninguna identidad del todo
específica, excepto la de su propia marginalidad, ambigüedad y
búsqueda de una liberación de los usos prevalecientes. Puesto
que los motiva la ruptura con diferente grado de urgencia con
las normas sociales del poder establecido, generalmente estos
individuos y grupos adoptan a los sectores más desposeídos de
su sociedad como referentes para la creación de alternativas
de organización, conducta, pensamiento y expresión. Para ello
practican una actitud vigilante ante la práctica de normas de
conducta provenientes de la cultura oficial y hacen énfasis en
una ética más antigua, comunitaria, basada en valores decantados y acumulados por la comunidad sin relación inmediata con
alguna forma específica de poder hegemónico. Esto es lo que
Turner llama comportamiento basado en un comunistas.
Turner llama liminales a estos grupos y a las situaciones
históricas en que surgen porque están en un límite impreciso
entre el abandono y rechazo de las normas sociales hegemónicas, a la vez que sirven de portal que permite atisbar imperfectamente todavía el surgimiento de nuevas normas, usos y
organización social todavía no bien perfilados. No es que estos
grupos carezcan de una lógica, sino que sólo en apariencias
no la tienen, de cara a las normas de la cultura nacional oficializada. El sistema de esa nueva lógica y sus implicaciones
son captadas en toda su extensión sólo una vez que el poder
establecido que buscan negar ha quedado superado y uno nuevo, más afín a esa lógica liminal, está en vías de institucionalizarse. Basándose en toda su experiencia en la investigación
antropológica, Turner recomienda enfocar la atención en estos
grupos, ya que ellos son siempre una rica fuente para la creación de nuevas modalidades de expresión artística, moral, ética,
filosófica y científica. En nuestro lenguaje, para la creación de
nuevos universos simbólicos.
De acuerdo con estos términos, es innegable que el
MCTSA es un grupo liminal. Su comunistas está en la proposición de que la convivencia nacional, más allá de cualquiera
473
diferencia de clase, cultura e ideología, debe reconstruirse sobre
la base del respeto mínimo a la materialidad corporal del ser
humano. El movimiento surge en momentos de prolongada ruptura social, en que no se ha decidido en Chile la supervivencia
del capitalismo dependiente, en que la oposición ha llegado a
un inmovilismo precisamente por la fortaleza de los sectores
que apoyan la organización social capitalista y la socialista.
El MCTSA es manifestación de dos subculturas marginales,
la de la comunidad de defensa de los Derechos Humanos y
la de los religiosos que sirven como agentes pastorales en las
poblaciones marginales. ¿Cuánto se los conoce realmente en
la colectividad nacional? Es dificilísimo determinarlo, como
también es difícil precisar un contorno claro de su discurso de
autoexplicación y justificación, pues es una coalición policefálica en que ninguno de los componentes abandona su identidad ideológica. Insisten en que no debe entendérselos como
un movimiento solamente cristiano, aunque toda su lenguaje
y simbología está profundamente marcada y sustentada en el
cristianismo, aun en la expresión de los participantes marxista-leninistas que entrevistamos. Hacen énfasis en la cohesión
interna y han desarrollado toda una mitificación y una ritualización para este efecto, aunque a la vez algunos de ellos niegan
que hallan desarrollado una ideología de grupo y rehusan darse
un domicilio y una estructura burocrática. Están localizados en
todo el circuito eclesiástico y de las instituciones de defensa de
los Derechos Humanos, a la vez que como grupo no se alojan
en ninguna. Aspiran a abarcar a toda la población democrática
de Chile, aunque nadie que no esté ya en los circuitos en que
ellos mismos se mueven puede tener acceso fácil al movimiento. No quieren que se concentre la atención pública sobre ellos
como movimiento, pero a la vez saben que si así no ocurre no
podrán agitar sobre el problema de la tortura.
Y si observamos a los sacerdotes que dieron origen al
MCTSA, las rupturas del código cultural hegemónico son aún
más intensas. Entre ellos hay apellidos que sin duda pertenecen
a las más rancias oligarquías chilenas que se esforzaron por
crearse una imagen aristocrática y a estratos sociales altos, lo
que se revela en su lenguaje y maneras. Sin embargo, a primera
474
vista su aspecto es la de un obrero o de un trabajador manual
muy pobre, hecho que es realmente efectivo. Ni los sacerdotes
ni las monjas usan hábitos religiosos. Ya observamos en uno de
los testimonios sacerdotales la confusión de la autoridad policial al comprobar que esas personas detenidas eran sacerdotes
y su insistencia en otorgarles tratamiento preferencial que ellos
rechazaron. Al entrevistar en Estados Unidos a un sacerdote
extranjero participante en el MCTSA, una de nuestras acompañantes no pudo contener el comentario de que simplemente
no parecía sacerdote. Aún más, privadamente dos personas
nos hicieron el comentario de que si no se supiera que el entrevistado era sacerdote y norteamericano, por las expresiones
usadas, y a pesar del acento, se hubiera podido pensar que nos
encontrábamos ante un dirigente poblacional comunista.
Como tratamos de demostrar, desde una perspectiva externa al MCTSA, asentada en los códigos de la cultura nacional
oficializada, es fácil percibir la serie de rupturas liminales que
el movimiento provoca. Sin embargo, es preciso agregar que la
ambigüedad liminal también se aposenta en la visión interna
del MCTSA. Ella se ubica en una particular visión trágica con
que enjuician éticamente las acciones represivas de los militares y de sus adherentes, problema fundamentalmente cristiano
y no marxista-leninista. Habrá llamado la atención del lector
la serie de referencias a lo trágico que se deslizan en los escritos oficiales del MCTSA. Por ejemplo, resaltan expresiones
como "... la verdadera tragedia que sufre el respetable Cuerpo
de Carabineros" o "Se percibe que aquí (en el pecado social)
también se perfila la terrible figura de lo trágico". Queremos
terminar nuestro trabajo refiriéndonos a esta problemática porque, si hemos de atender al llamado de Víctor Turner en cuanto
a que es necesario prestar atención a estos grupos liminales
por la riqueza de sus proposiciones simbólicas para el futuro,
la visión trágica de la acción humana puede llegar a ser un eje
de organización discursiva crucial en la reconstrucción de un
universo simbólico para un Chile redemocratizado.
Sabemos que, en la concepción aristotélica, la tragedia
se dirige a la representación del sentido de la acción humana,
su felicidad o desgracia. La naturaleza de los personajes no
475
queda demostrada por el carácter ya formado con que entran a
la acción, sino por los fines que persiguen dentro de las realizaciones que son posibles para ellos y las elecciones de curso de
acción que realizan para acercarse a esos fines. Para Aristóteles
la tragedia no es la marcha indesviable de un gran ser humano
hacia un destino fatal, haciendo que ese desperdicio de grandeza
provoque en el espectador de sus actos terror y piedad. Más
bien, la tragedia demuestra cómo se construye la grandeza, la
magnanimidad del carácter humano en el ejercicio de la libre
elección de los medios y los fines dentro de limitaciones que,
en última instancia, no están bajo su control. En primera instancia, la tragedia es, entonces, una tensión entre dos términos: la
voluntad humana de llegar a ser a través de la elección libre, la
voluntad de crear el carácter propio, en conflicto con determinismos que no dependen de esa voluntad –llámense demonios,
modo de producción capitalista, estructuras sociales injustas,
pecado social. Los determinismos se presentan a los ojos del
actuante trágico como azares entre los que debe elegir, quizás
impelido por un cierto entendimiento del bien, de la responsabilidad, del deber, del amor. Sin embargo, al final resulta que
ha elegido equivocadamente, movido por ilusiones y espejismos
que lo llevan a su propia aniquilación. Pero, además, la acción
trágica, en la medida en que es una representación del sentido
de la acción humana, requiere que se la elabore como una narrativa dramática de hechos ejemplares que deben interesar a
todo ser humano. Estructurar esa narración ya implica un juicio
ético que invita a otros juicios éticos, en la medida en que la
ética es el metadiscurso colectivo de la moral individual. Esto
implica que el juicio ético es parte constitutiva de la tragedia
como hecho social, pues es él el que dará a la acción trágica
la identidad de tal ante la colectividad. Ella juzgará la grandeza o mezquindad de ese ser humano precisamente por haber
actuado según esas elecciones, quizás otorgándole piedad si es
que descubre en esas elecciones una magnanimidad que debió
merecer mejor suerte.43
En otras palabras, el juicio ético introduce un tercer
factor de tensión, en la medida en que quizás quienes son
llamados a dar un juicio sobre esos actos humanos ejemplares
476
introduzcan una mirada turnia. Quizás algunos hagan énfasis
en la voluntad de autoconstrucción del carácter que exhibe
el actuante, privilegiando en el juicio ese instante preciso,
laberíntico, de torbellino existencial, en que se gesta la elección que bifurcará los caminos, eliminando la felicidad para
llevar al destino catastrófico. Quizás otros se nieguen a fijar
la mirada en el hombre en el laberinto y enfaticen el cuadro
global de opciones que se ofrecían para su acción, que pudo
haber seguido, pero que abandonó equivocadamente. Esta
tensión es la que marca la diferenciación de marxista-leninistas
y cristianos adherentes a la Teología de la Liberación unificados
en un uso común de la noción de la historia como praxis de
autoconstrucción social de la humanidad.
Los marxista-leninistas tenderán a tomar la segunda opción del juicio ético, ya que es la que funda la política como
ciencia de la acción humana, particularmente en el materialismo
dialéctico. Todo ser humano tiene la capacidad para apreciar
esos "instantes precisos, laberínticos, de torbellino existencial"
que implican la elección trágica porque todos estamos expuestos a estos kairoi diariamente. Sin embargo, el marxistaleninista, particularmente el dirigente, –en cuanto militante de
partidos que deben movilizar enormes recursos humanos hacia
la conquista de un poder que no se les concederá por la gracia
de los que lo detentan, sino mediante una ardua lucha– está
llamado a privilegiar el cálculo racional de opciones para
impedir, en lo posible, una gran catástrofe social innecesaria.
Desde la perspectiva del cálculo hacia el poder se podrá respetar humanamente un destino trágico dentro de un panorama de
correlación de fuerzas favorables o negativas para su empeño.
Pero, en última instancia, la dirigencia política deberá juzgar
el destino trágico primordialmente como acción errada, incorrecta, de la que se debieran sacar lecciones para el futuro. En
otros palabras, la perspectiva política debe desprenderse de la
identificación existencial con el destino trágico para ubicar a
su agente en situación de objeto de análisis dentro de los determinismos del imperativo sistémico en que se juega la lucha
por la liberación y por el socialismo. Ante este deber político
de objetivación de los seres humanos en lucha competitiva,
477
se corre el peligro de que marxista-leninistas de desarrollo
moral imperfecto simplifiquen las consecuencias éticas del
cálculo político y lleguen al exceso de considerar al contrario
no como un oponente que debe ser neutralizado o eliminado,
si es imperativo, de acuerdo con las leyes de la guerra, sino
como enemigo que debe ser destruido sin mayor reflexión.
De allí que, para adoptar la lucha armada como otra opción
antimilitarista, el Partido Comunista de Chile haya tenido que
abrir intenso debate entre sus militantes y explicado su línea
con claridad. Esto, sin embargo, no cancela la dificultad del
cometido si consideramos la ofuscación de este cuadro por
oponentes como Otto Boye.
La opción cristiana en el juicio ético tenderá, por el contrario, a privilegiar una visión del ser humano en el laberinto
y en los instantes de su elección existencial. Recordemos que
los rituales de protesta relámpago del MCTSA está influida por
la noción de los kairoi: "Son tiempos de gracia, ocasiones en
que la conciencia despierta, oportunidades de una opción decisiva y que organiza toda una serie de acciones posteriores, es
como cuando nos encontramos en una encrucijada y nos vemos
obligados a escoger". Esto porque el cristiano no se debe a la
ley de ningún orden social específico, sino a las enseñanzas de
Cristo para la redención de todo ser humano por igual, aún más
en particular la de aquellos que puedan ser nuestros oponentes.
La Teología de la Liberación que motiva a los religiosos del
MCTSA ha incorporado en su discurso importantes aspectos del
marxismo-leninismo, incluyendo, como viéramos en un acápite
anterior, la posibilidad de la participación cristiana en un movimiento revolucionario hacia el socialismo. Sin embargo, en los
escritos producidos en Chile en el presente, ese pensamiento
no parece haber decantado todavía una agenda específica para
una acción política en que las decisiones se deberán tomar preferentemente en el plano de la lógica de las opciones correctas
o incorrectas y no en el de la tragedia.
Quizás haya que suponer que la primacía en un religioso
está en la salvación de las almas, y secundariamente en la lógica
de la acción política. Aquí yace la ambigüedad liminal de un
movimiento como el MCTSA. En los documentos transcritos
478
anteriormente hay frases iluminadoras al respecto: "...la fe en
el hombre es mucho más que el cálculo fundado en los datos
de la realidad. Es una apuesta que pone un nuevo elemento en
esa realidad, una fuerza nueva y explosiva. Creer en el hombre
es, a la vez, empezar a crear al nuevo hombre"; "... hay que
creer que el hombre lleva una conciencia, que en él se esconde
una llama que puede siempre surgir y encenderse". Dirigentes
poblacionales marxista-leninistas nos relataron los problemas
de un sacerdote obrero de una población marginal, de vocación
socialista, que por algún motivo debió acoger en su hogar, por
cierto tiempo, a un militante del movimiento fascista Patria y
Libertad. Al parecer, durante su estadía ese joven tuvo actividades que, a juicio de dirigentes políticos locales, era simplemente
espionaje que debía ser refrenado. Por lo tanto se le pidió al
sacerdote que lo expulsara de allí, lo cual éste rehusó alegando
que por mucho que el muchacho fuera un fascista, necesitaba de
su ayuda espiritual. Por ello es que al hablar de los Carabineros,
cuerpo policial hoy en día a cargo del mayor número de torturas, los escritos del MCTSA dicen: "Nos acercamos ese día a
ellos como amigos, para saludarlos"; "los queríamos reconocer
como hermanos"; "Fue bueno, en un apretón de manos, hallar
al hombre bajo el uniforme". Pero, a la inversa, ¿qué lleva a un
joven karateka mirista a someterse a un apaleo de la policía con
tal de respetar el compromiso de que los rituales de protesta del
MCTSA son acciones de no-violencia activa? Quien conoce la
"mística" casi suicida de la juventud del MIR en cuanto a no
permitir de ninguna manera la indignidad si es que se puede
echar mano de la violencia ofensiva o defensiva, comprenderá
que ese muchacho estaba haciendo un enorme sacrificio para
mantener su lealtad al MCTSA. Para nosotros, el hecho más
conmovedor fue el de la señora portavoz del testimonio laico
que transcribiéramos al comienzo de esta parte tercera y final.
Allí se habla de que "proponemos una manera más creativa de
uso de energías que de otra manera irían al odio. No se puede
seguir sembrando odio para que luego lo que recojamos sea
más odio [...] Quizás no será hoy día, pero mañana vamos a
conseguir que se críe una población sana, donde no tengamos
ni odios ni rencores". Paradójicamente, lo decía una militante
479
del MIR, partido que propicia la lucha armada como la única
vía hacia la liberación de Chile.
NOTAS
1 Indice de esta polémica son los trabajos de intelectuales agrupados en la
Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO-Santiago de Chile),
en especial los de Tomás Moulian, Manuel Antonio Carretón, Carlos Portales,
Augusto Varas, José Joaquín Brunner y Norbert Lechner. Su bibliografía es
muy amplia. Como muestra de su argumentación señalamos la publicación
conjunta Autoritarismo y alternativas populares en América Latina (San
José de Costa Rica: Ediciones FLACSO, 1982).
2 Hernán Montealegre Klener, La seguridad del Estado y los Derechos Hu-
480
Letanías, denuncias, urgimientos,
emplazamientos:
Documentos del Movimiento
Contra la Tortura Sebastián Acevedo
481
482
manos (Santiago de Chile: Academia de Humanismo Cristiano, 1979) es un
manual jurídico precisamente dedicado a la discusión de las circunstancias y
procedimientos que hacen de la guerra actividad legal y legítima.
3 Adolfo Pérez Esquivel, La lucha no violenta por la paz (Bilbao: Editorial
Desclée de Brower, S.A., 1983) pp. 39-40.
4 Otto Boye S., La no-violencia activa. Camino para conquistar la democracia (Santiago de Chile: Instituto Chileno de Estudios Humanísticos, 1984)
Indicaremos número de página inmediatamente después de una cita.
5 J.G.Davies, Christians, Politics and Violent Revolution (Maryknoll, New
York: Orbis Books, 1976) Los pasajes citados en adelante son traducción
nuestra.
6 Norbert Lechner, "El Sistema de Partidos en Chile: Una Continuidad Problemática". Documento de Trabajo, Programa FLACSO-Santiago de Chile,
N° 249, junio, 1985, pp. 10-11.
7 Leopoldo Benavides y Eduardo Morales, "Campamentos y Poblaciones de
las Comunas del Gran Santiago. Una Síntesis Informativa". Documento de
Trabajo, Programa FLACSO-Santiago de Chile, N° 154, septiembre, 1982.
8 Eduardo Morales, "Algunos Indicadores de Niveles de Vida en Campamentos de las Comunas del Gran Santiago". Documento de Trabajo, Programa
FLACSO-Santiago de Chile, N° 178, mayo, 1983, pp. 8-9.
9 Ibid.
10 Sergio Wilson P., El drama de las familias sin casa y los allegados
(Santiago de Chile: Fundación para la Acción Vecinal y Comunitaria, AVEC,
1985) p. 38.
11 Morales, op. cit., pp. 20-23.
12 Wilson, op. cit., p. 137.
13 Ibid., p.37.
14 Ibid., p.24.
15 Morales, op. cit., p. 12.
16 Rasgos de cultura popular..., op. cit., p 128.
17 "Una Experiencia de Trabajo en Salud Mental Poblacional". Fundación de
Ayuda Social de las Iglesias Cristianas (FASIC), Santiago de Chile, 1985.
18 Morales, op. cit., pp. 16-17.
19 Ibid., pp. 26-27.
20 Sergio Rojas R., "Políticas de Erradicación y Radicación de Campamentos.
1982-1984 Discursos, Logros y Problemas". Documento de Trabajo, Programa FLACSO-Santiago de Chile, N° 215, agosto, 1984, pp. 65-66.
21 Entrevista a Aníbal Pinto por María Ester Aliaga, APSI, 11 al 24 de agosto
de 1981, pp. 2-3.
22 "Review of Further Developments in Fields with which the Sub-Comission Has Been Concerned. Revised and Updated Report on the Question of
the Prevention and Punishment of the Crime of Genocide Prepared by Mr.
B. Whitaker". E/CN. 4/Sub. 2/1985/6. 2 July, 1985. Comission on Human
Rights. Sub-Comission on Prevention of Discrimination and Protection of
Minorities. Thirty-Eigth Session. p. 12. Ver, además: Eric Lane, "Mass Killing by Governments: Lawful in the World Legal Order?" International Law
483
and Politics, Vol. 12:239, 1979. Agradecemos las sugerencias de nuestro
colega David Wiessbrodt, School of Law, University of Minnesota, por sus
sugerencias en esta materia. Las traducciones son nuestras.
23 Ibid., p. 8.
24 Ibid., p. 11.
25 Ibid., pp. 18-19.
26 Ibid., p. 20.
27 Ibid.
28 Ibid., pp. 20-21.
29 Ibid., p. 22.
30 Ibid., p. 16.
31 Nils Castro, "Penetración Cultural, Genocidio Cultural, Política Cultural",
Cultura nacional y liberación, op. cit.
32 Anny Rivera, "Cultura y autoritarismo". CENECA-Santiago de Chile,
mayo, 1983, mimeo, pp. 121-124.
33 Sergio Wilson, op. cit., p. 46.
34 Rodrigo Baño, op. cit.
35 Rasgos de cultura popular..., op. cit.
36 Olga Segovia y Javiera Torres, "Los Sin Casa Bajo el Régimen Militar:
Proceso de Lucha del Comité 22 de Julio". Programa Urbano- Sur, Taller
Vivienda Social, 1984, mimeo.
37 Rasgos de cultura popular..., 206-207.
38 Castro, op. cit.
39 "Proyecciones Pastorales". Rasgos de cultura...
40 Cristián Skewes, "Evangelización, Investigación y Cultura Popular",
Documento de Trabajo No 1, Arzobispado de Santiago, Vicaría Zona Oeste,
agosto, 1983, p. 6.
41 Ibid., 45.
42 Víctor W. Turner, Dramas, Fields and Symbols. Symbolic Action in
Human Society (Ithaca, New York: Cornell University Press, 1974)
43 Con modificaciones, seguimos los argumentos de Fernando Savater en
cuanto a la relación de la ética con la tragedia. La tarea del héroe, op. cit.
Santiago de Chile, 20 de Septiembre de 1983
Señor Arzobispo
Juan Francisco Fresno y Vicarios de la Iglesia de Santiago
Presente
Estimados Señores:
484
Somos un grupo de veinticuatro sacerdotes, religiosas y
laicos detenidos el día miércoles, 14 de septiembre, después de
una protesta pacífica en contra de la tortura.
Nos sentamos en la calle Borgoño frente a un lugar de
tortura de la CNI. Durante cinco minutos cantamos una canción
que menciona "los cuerpos torturados" y repetimos en voz alta
las palabras del lienzo:
"Aquí se está torturando a un hombre". A causa de la
crítica negativa de nuestro Arzobispo y las inquietudes de
nuestras comunidades cristianas se ve la necesidad de explicar
nuestra acción.
Creemos que cada persona humana es sagrada y merece
respeto y buen trato. La tortura "demuestra un total irrespeto
por la dignidad de la persona humana", (Puebla N° 1262); "es
destructiva de la salud física y mental. Es siempre condenable"
(Puebla N° 531). Bajo tortura murieron algunos chilenos y otros
murieron a causa de las heridas recibidas, por ejemplo, Eduardo
Jara, alumno de periodismo.
En Guadium et Spes el Papa con los obispos nos dicen:
"Todo lo que viola la integridad de la persona humana, como
la mutilación, las torturas corporales o mentales... todo esto y
otras plagas análogas son, ciertamente, lacras que afean a la
civilización humana; en realidad rebajan más a los que así se
comportan que a los que sufren la injusticia. Y ciertamente están en máxima contradicción con el honor debido al Creador".
(27) En Chile durante los últimos años los obispos de alguna
diócesis han excomulgado a los que practican o permiten la
tortura. Además, cuatro obispos son miembros de la Comisión
Nacional Contra la Tortura.
A pesar de todas las declaraciones en contra de la tortura,
los torturadores de la CNI siguen usando esta forma brutal,
cruel e inhumana de recoger información, castigar y amenazar a
tantos hombres y mujeres. Todas las persona de buena voluntad
condenan este crimen y desean que se termine con la tortura.
De una manera dramática quisimos manifestar nuestro
rechazo de la tortura y nuestra solidaridad con los que estaban
sufriendo en ese lugar de la CNI. Quisimos hacer algo concreto para poner fin a esa práctica inaceptable. Con este fin
485
alrededor de un centenar de personas nos juntamos el miércoles
pasado en un lugar donde se tortura. Fuimos con miedo, sí,
pero confiados en Dios y convencidos de que Jesucristo nos
lo exige. Hicimos nuestra denuncia en forma pacífica. Cuando
estábamos retirándonos, fuimos detenidos por Carabineros y
conducidos a la Novena Comisaría. En el tiempo que estuvimos
en la Comisaría no recibimos mal trato, pero, sí, antes de salir,
nos sacaron fotos, tomaron huellas y fuimos fichados por los
agentes de la CNI. Después de seis horas fuimos puestos en
libertad los sacerdotes, religiosas y misionera laica, unas horas
más tarde los laicos.
Reconocemos y agradecemos los esfuerzos del Arzobispado, y de su delegado Enrique Palet C. para conseguir nuestra
libertad. Pero, al mismo tiempo, nos sorprende, nos entristece
y nos molesta que el Arzobispo criticó, por los medios de
comunicación, nuestra participación en ese acto sin denunciar
la acción de la CNI. Se nos ha dicho que los que practican o
permiten la tortura pueden interpretar la respuesta del Arzobispo o como aprobación de sus métodos crueles o como falta de
apoyo a todos los que participamos en esa denuncia profética
de la tortura.
El Arzobispo, con su crítica, cambió la discusión al nivel
de acciones de los sacerdotes y religiosas sin dar su opinión
sobre la tortura en los lugares de la CNI. Sabemos que él
comparte la línea clara de la Iglesia Universal y de la Iglesia
Chilena en contra de la tortura y es por eso que pensamos que
un diálogo con nuestro Arzobispo sería bien positivo.
En nuestra protesta pacífica un grupo de sacerdotes y religiosas y personas consagradas se juntaron con laicos comprometidos para denunciar la tortura con palabras y con acciones
(sentarse en la calle, poner un lienzo y repetir en voz alta que
"Aquí se está torturando"). Nos extraña que el Arzobispo "fue
crítico al descalificar la participación de sacerdotes y religiosas"
en ese acto (La Ultimas Noticias, 17 de septiembre, p. 27). "En
realidad yo ya he dicho claramente que esas cosas no corresponde hacerlas ni a sacerdotes, ni a religiosas ni a personal
consagrado cuando tienen aspecto marcadamente político. En
realidad, no es propio de personas consagradas que están para
486
el servicio de sus hermanos en lo que son las cosas de Dios
y en bien de su espíritu, de su provecho espiritual... A mí me
parece que esto no conduce a ninguna cosa que sea realmente
de bien espiritual y de desarrollo de la vida del hombre en
lo que significa para bien del mismo y de la comunidad" (El
Mercurio, p. C-8). "No apruebo este tipo de acciones" (Las
Ultimas Noticias).
Nos extraña que Monseñor Fresno acepta palabras de
denuncia pero no aprueba acciones pacíficas coherentes con
las palabras.
En la parábola del Buen Samaritano, el sacerdote no
"se portó como prójimo del hombre que cayó en manos de los
salteadores" (Lc.10, 36); "El que se mostró compasivo con él
"actuó con amor hacia su prójimo". En esa línea creemos que
todos los cristianos igualmente tenemos la responsabilidad de
ayudarle al hermano que ha caído en las, manos de los torturadores. Hemos visto que las palabras solas no son suficientes. Por eso salimos a la calle para hacer oír el mensaje que
nuestros hermanos están sufriendo la tortura y para pedir que
dejen de torturarlos. Dice Puebla: "La Iglesia por un auténtico
compromiso evangélico, debe hacer oír su voz denunciando y
condenando estas situaciones, más aún cuando los Gobiernos
o responsables se profesan cristianos" (N° 42).
Don Enrique Alvear nos da un aporte a nuestra reflexión
en su charla sobre "Evangelio y Política": "La misión de la
Iglesia lleva consigo la defensa y la promoción de los grandes
valores humanos: la dignidad de la persona [...] La defensa y
promoción de esos grandes valores humanos es un tipo de actuación política, porque pretende influir y cambiar situaciones
políticas, económicas, sociales, disconformes con el Evangelio; pero no al estilo de los partidos políticos sino con la sola
fuerza divina y transformadora del Mensaje que proclama con
su palabra y con acciones de dimensión profética".
Por fin afirmamos de nuevo nuestra intención de seguir
en nuestra oposición a la tortura, colaborando con la Comisión Nacional Contra la Tortura en la cual participan cuatro
obispos.
Se les agradece de antemano su atención a la presente,
487
Les saluda atte.
GRUPO DE VEINTICUATRO LAICOS,
RELIGIOSAS Y SACERDOTES.
DECLARACION PUBLICA
Movimiento Contra la Tortura
Santiago, 3 de noviembre de 1983
Chile es un país donde se tortura
En Santiago y en provincias, desde siempre en la CNI
y ahora también en Investigaciones y Carabineros, en recin488
por el pez en la pecera
por mi amigo que está preso
porque ha dicho lo que piensa
por las flores arrancadas
por la hierba pisoteada
por los árboles podados
por los cuerpos torturados,
yo te nombro libertad.
tos secretos y últimamente hasta en las calles, se practica la
tortura.
Se practica científicamente para extraer información,
con métodos sofisticados y con personal preparado, incluso
profesionales médicos.
Se practica también como instrumento de represión. Las
Fuerzas Armadas se transforman, por momentos, en bandas
terroristas que recorren las poblaciones.
Ante esto no podemos callar los que queremos defender
la persona humana en nombre de la humanidad, los que profesamos nuestra fe en un Dios hecho hombre.
Exigimos hoy día particularmente al Poder Judicial que
cumpla su grave responsabilidad en esta situación.
Será una cuenta muy grande que deberá dar ante el
Tribunal de la nación por las consecuencias de diez años de
inhibición en el cumplimiento de su deber; desaparecimientos,
abusos de todo orden, torturas, indefensión de los detenidos,
verdaderos asesinatos.
En esta hora en que el país clama por volver a emprender
un camino de dignidad y derecho, urge que el Poder Judicial
rectifique sus prácticas.
Urge que deponiendo todo temor haga plena justicia y
erradique definitivamente la tortura.
Eso es lo que exige la conciencia sana de la nación.
Es lo que hemos pedido al Honorable Presidente de la
Corte Suprema cuyo celo funcionario reconocemos.
Por la idea perseguida
por los golpes recibidos
por aquel que no resiste
por aquellos que se esconden
por el miedo que te tienen
por tus pasos que vigilan
por la forma en que te atacan
por los hijos que te matan,
yo te nombro libertad.
Te nombro en nombre de todos
por tu nombre verdadero
te nombro cuando oscurece
cuando nadie me ve.
Escribo tu nombre
por la paredes de mi ciudad (BIS)
Por los dientes apretados
por la rabia contenida
por el nudo en la garganta
por las bocas que no cantan
por el beso clandestino
por el verso censurado
por el joven exiliado
por los nombres prohibidos,
yo te nombro libertad.
PROTESTA CONTRA EL MERCURIO
21 de noviembre de 1983
INSTRUCTIVO
1) Yo te nombro Libertad (canción). Cantan todos:
Por las tierras invadidas
por los pueblos conquistados
Por el pájaro enjaulado
489
490
por la gente sometida
por los hombres explotados
por las muertes en la hoguera
por el justo ajusticiado
por el héroe asesinado
por los fuegos apagados,
yo te nombro libertad.
Te nombre en nombre de todos...
2) Denuncia pública
¡Ojo!: Algunos leen la frase entera, y TODOS repetimos
muy fuerte y lentamente.
3) Letanías
a) Los que están adelante
trás
b) Los que están de-
De la muerte de Víctor Jara...
Del sacrificio de José Tohá...
De la tortura y asesinato
de María Ugarte...
cómplice
Del desaparecimiento de
Carlos Lorca y otros tantos..
De la masacre de los campesinos
de Lonquén...
De los asesinatos de Laja...
De los sepultamientos clandestinos
de Mulchén…
De la tortura hasta la muerte
de Eduardo Jara…
cómplice
De los golpes que mataron al
profesor Alvarez...
cómplice
De las balas que asesinaron
a Hugo Rivero...
cómplice
De la carnicería practicada
en la persona de D. Huerta...
El Mercurio es cómplice
El Mercurio es cómplice
El Mercurio es
El Mercurio es cómplice
El Mercurio es cómplice
El Mercurio es cómplice
El Mercurio es cómplice
El Mercurio es
El Mercurio es
El Mercurio es
El Mercurio es cómplice
491
De las técnicas de tortura practicadas
en los sindicalistas relegados...
De las masacres de agosto y septiembre
realizadas por Carabineros...
De la cárcel secreta de calle
Habana de Valparaíso...
De la persecución de los dirigentes
de la 8a Región..
De la tortura de los hijos de
Sebastián Acevedo…
Del maltrato permanente a los
presos políticos...
De la tortura moral de los exiliados...
Del silencio sobre la suerte de
los desaparecidos...
cómplice
De la inmoralidad de la
autoamnistía del año 1978...
El Mercurio es cómplice
El Mercurio es cómplice
El Mercurio es cómplice
El Mercurio es cómplice
El Mercurio es cómplice
El Mercurio es cómplice
El Mercurio es cómplice
El Mercurio es
El Mercurio es cómplice
4) Diálogo (muy lento y fuerte)
¡Ojo! Preguntas: los que están adelante
Respuestas: Los que están atrás
- ¿Puede un cómplice de la tortura hablar de humanidad?
- No, no
- ¿Puede un cómplice de la tortura hablar de democracia?
- No, no
- ¿Puede un cómplice de la tortura hablar de convivencia?
- No, no
- ¿Puede un cómplice de la tortura hablar de paz?
- No, no
- ¿Puede un cómplice de la tortura hablar de bien común?
- No, no
- ¿Puede un cómplice de la tortura hablar de libertad?
- No, no
- ¿Puede un cómplice de la tortura hablar de honorabilidad?
- No, no
- ¿Puede un cómplice de la tortura hablar de honestidad?
- No, no
- ¿Puede un cómplice de la tortura hablar de verdad?
- No, no
492
puede
puede
puede
puede
puede
puede
puede
puede
puede
- ¿Puede un cómplice de la tortura hablar de conciencia?
- No, no puede
- ¿Puede un cómplice de la tortura hablar de justicia?
- No, no puede
- ¿Puede un cómplice de la tortura dictar cátedra sobre la conducta
cristiana?
-No, no puede
- ¿ Puede un cómplice de la tortura dictar cátedra sobre los Derechos
Humanos?
- No, no puede
- ¿Puede un cómplice de la tortura dictar cátedra sobre violencia y
no violencia?
- No, no puede
- ¿Puede un cómplice de la violencia dictar cátedra sobre la política
moral?
- No, no puede
- ¿Puede un cómplice de la tortura dictar cátedra sobre la civilización
occidental y cristiana?
- No, no puede
5) Canto: YO TE NOMBRO LIBERTAD
Santiago de Chile, noviembre 21 de 1983
Señor
Agustín Edwards
493
Director de El Mercurio
Presente
Señor Director:
Reconocemos que El Mercurio, como diario y como
empresa publicitaria, tiene peso y significación en el país y en
el extranjero (por ejemplo en la SIP).
Por esto, y por ser su responsabilidad tanto mayor, nos
dirigimos a Ud. Pero también tenemos en vista otros diarios
como La Tercera, Las últimas Noticias y, muy particularmente, los canales de televisión, forjadores todos de una opinión
pública.
No representamos ningún poder económico ni manejamos poder social o político. Nuestro único título para hablar
es ser una porción de la conciencia moral de la nación y un
grupo comprometido con los Derechos del Hombre y con la
erradicación de la cruel práctica de la tortura de nuestras instituciones públicas.
En este orden de lo ético y ante el tribunal de la conciencia colectiva que juzgará nuestra actuación en la historia,
quisiéramos plantearle a El Mercurio algunas preguntas:
1. ¿Ha tenido conciencia El Mercurio de que la tortura
viene practicándose sistemáticamente en nuestro país ya 10
años y que sigue aplicándose en las cárceles secretas de la
CNI? Si es así, ¿por qué no ha hecho ninguna campaña para
erradicar esta práctica inhumana y vergonzosa? ¿Por qué sigue
callando, disimulando, encubriendo?
2. ¿Se da cuenta El Mercurio en la responsabilidad que le
cabe en forjar la opinión pública frente a los valores esenciales
de una convivencia digna y humana; y de lo contrario, qué es
a esta convivencia la práctica de la tortura? Si es así, ¿cómo
ha prestado su colaboración al engaño, a la inconsciencia, a la
indiferencia frente a los hechos de detención arbitraria, tortura,
desaparecimiento?
3. ¿Por qué en el caso concreto de la autoinmolación de
Sebastián Acevedo, padre de dos detenidos, relegó la noticia
a páginas interiores como una noticia regional, siendo así que
impacto a todo el país y dio vuelta al mundo? ¿Ni lo consideró
494
suficientemente importante para figurar en el resumen semanal?
¿Por qué se ha propuesto no hablar de tortura o cárcel secreta
o prácticas ilegales de la CNI? ¿Las razones tienen algo que
ver con los valores supremos de verdad, libertad, servicio a la
conciencia ciudadana?
Señor Director, el valor supremo que puede tener un
medio de comunicación es su prestigio moral. Las ventajas
económicas, el servicio de intereses de grupo, el favor de los
poderosos, las amenazas de un régimen dictatorial, no pueden,
no deben comprometer ese prestigio moral.
Diez años de colaboración de El Mercurio con el régimen más inhumano de nuestra historia han destruido todo
fundamento para invocar ese prestigio.
Si ahora que el país se abre a la democracia y a la convivencia respetuosa de los Derechos Humanos, El Mercurio no
es capaz de sumarse a una campaña nacional por la erradicación
inmediata y definitiva de la tortura, la supresión de la CNI y
el desmantelamiento del presente aparato policial, El Mercurio ya no tendrá, en el futuro, derecho alguno de posar como
defensor de los Derechos Humanos ni de sentar cátedra sobre
temas como "convivencia nacional", "democracia", "libertad",
"humanidad".
Todo lo que dijera sobre estos temas no constituiría más
que ruido de palabras, hipocresía, fariseísmo.
Emplazamos a El Mercurio a dar prueba de compromiso con el hombre y con los valores fundamentales de la
eticidad.
Por el Movimiento Contra la Tortura
"Sebastián Acevedo"
CARTA A LOS OBISPOS
Santiago de Chile, 1 de diciembre de 198.
495
Monseñor
José Manuel Santos A.
Presidente de la CECH
(Conferencia Episcopal de Chile)
Apreciado Monseñor Santos y Señores Obispos de la
CECH:
Somos un grupo de personas, católicos y no católicos,
casi todos cristianos, todos humanistas, creyentes en el valor supremo de la persona humana, defensores irrestrictos del derecho
a la vida, a la integridad física y moral de todo ser humano.
Hoy pesa sobre nuestras conciencias, de un modo incallable, nuestro conocimiento sobre la práctica de la tortura en
Chile.
Durante más de diez años hemos sido testigos de los
casos más atroces de vejaciones, a hombres y mujeres, por
parte del personal de las fuerzas de seguridad del Gobierno,
especialmente la ex DINA y la CNI. Muchos de ellos han
quedado con daños físicos y sicológicos irrecuperables. También podríamos recordar varios nombres de personas que murieron, como consecuencia de las innumerables y sofisticadas
formas de ser torturados. Entre nosotros mismos hay quienes
hemos sido torturados, y podemos afirmar que después de ese
padecimiento, físico y sicológico, es muy difícil recuperarse
plenamente.
En el año 1983, la tortura ha recrudecido en nuestro país,
en comparación con años anteriores. (En los nueve primeros
meses, los organismos de Derechos Humanos habían recibido
352 denuncias de torturados). Recientemente hemos sido sacudidos por algunos hechos que desnudan el drama humano
que desata su práctica impune. La muerte de Víctor Huerta
en Concepción, en lo que el Arzobispado de la región calificó
de "dudoso enfrentamiento", cuyo cadáver mostraba variadas
huellas de tortura, dio una grave señal de alerta, a comienzos de
noviembre. El relato de las torturas sufridas por Ximena Díaz
–liberada gracias al allanamiento que realizó el juez Haroldo
Brito, a una casa de tortura de la CNI, en Viña del Mar– agregó
496
nuevos antecedentes de advertencia. Por último, la autoinmolación de Sebastián Acevedo dio el grito de auxilio extremo,
representando a todas las víctimas de la tortura en Chile.
Pensamos que no es necesario abundar en explicaciones
con los señores Obispos, sobre el sentido que tiene esta práctica
en Chile. La tortura no se produce por "algunos excesos" de
ciertos funcionarios ni son los torturados "casos aislados". La
tortura ha sido implementada, desde los inicios del Gobierno
Militar, como un sistema, implementado con personal adiestrado para el efecto, con asesores profesionales, médicos y
sicólogos, con instrumental especializado, con lugares secretos
custodiados por los servicios policiales y/o de seguridad, protegidos y encubiertos por la autoridad.
Lo repetimos, esta realidad pesa sobre nuestras conciencias de un modo incallable.
Por este motivo, nos hemos propuesto denunciar y condenar la tortura, con palabras y con gestos, hasta conseguir que
las instituciones más representativas del cuerpo social –junto
con toda la ciudadanía– tomen conciencia de la gravedad del
problema y hagan valer su autoridad –sea cual fuere su carácter– para que sea erradicada de nuestra patria esta práctica
inhumana.
Así, en dos oportunidades, fuimos hasta la casa situada
en la calle Borgoño 1470, en Santiago, para denunciar en sus
puertas que ahí se tortura. En otra ocasión, fuimos hasta los
Tribunales de Justicia, para llamar la atención sobre la responsabilidad que le cabe al Poder Judicial, en la eliminación de la
práctica de la tortura. Entonces, tuvimos una amable y comprensiva entrevista con el Presidente de la Corte Suprema, don
Rafael Retamal. Después hicimos una manifestación pacífica
ante El Mercurio, emplazando a los medios de comunicación
a sumarse en el esfuerzo para erradicar la tortura.
Ahora recurrimos a la Jerarquía de la Iglesia Católica.
En primer término, no podemos dejar de decirles a
ustedes, señores Obispos, con mucho respeto –igual como lo
dijimos al Poder Judicial y a los medios de comunicación– que
según nuestro parecer la Iglesia Católica ha actuado, en esta
materia, con indecisiones y debilidades que la hacen cómplice
497
–por omisión del deber moral de denunciarla y condenarla– de
la práctica de la tortura. Sin embargo, prioritariamente, reconocemos su buena voluntad y sus honestos deseos de ser fieles,
en palabras y obras, con el Evangelio de Jesucristo y con la
doctrina de la Iglesia.
Por eso recurrimos a ustedes, señores Obispos, como
portavoces de esa doctrina que ha calificado la tortura como
una práctica "injustificable", "siempre condenable".
El Concilio Vaticano II dice que "las torturas corporales o mentales [...] ciertamente están en contradicción con
el honor debido al Creador" (Gaudíum et Spes, Na 27). Los
documentos de Puebla señalan: "Asesinatos, desapariciones,
prisiones arbitrarias, actos de terrorismo, secuestros, torturas
continentalmente extendidas, demuestran un total irrespeto
por la dignidad de la persona humana" (N° 1276); "La tortura
física y sicológica [...] es siempre condenable" (N° 531); "La
Iglesia, por un auténtico compromiso evangélico, debe hacer
oír su voz, denunciando y condenando estas situaciones, más
aún cuando los Gobiernos o responsables se profesan cristianos" (N° 42). El Papa Juan Pablo II ha dicho recientemente:
"La Iglesia se interesa por la suerte de los sometidos a tortura,
sea el que fuere el régimen político, pues a sus ojos nada
puede justificar este envilecimiento que desgraciadamente va
acompañado de vejámenes bárbaros y repugnantes" (Discurso
a Diplomáticos, 15/1/83).
Recurrimos a ustedes como representantes de la fe que
profesan la mayoría de los chilenos y como guías de la formación de las conciencias y de las prácticas de ellos.
Recurrimos a ustedes porque se les admira como la más
alta autoridad moral de nuestro país y porque eso les otorga un
poder real, que puede influir positivamente en la erradicación
de la tortura en Chile.
Recurrimos a ustedes para pedirles que en esta Navidad,
teniendo presente el Verbo de Dios hecho carne, en consecuencia con las orientaciones de la Iglesia y haciendo uso de su alta
autoridad, hagan una condenación explícita de la práctica de
la tortura y decreten la excomunión de los que torturan, de los
que mandan torturar y de los encubridores de la tortura.
498
Saludan respetuosamente a Ud.,
18 de enero de 1984
DECLARACIÓN
Hace dos meses, Sebastián Acevedo se inmoló, frente a la
Catedral, en la Plaza de Armas de Concepción, clamando: "¡Que la
CNI me devuelva a mis dos hijos!"
En esos momentos precisos, Galo y Candelaria eran sometidos
a tortura en una cárcel clandestina de la CNI.
En su escalada de acción terrorista, la CNI había detenido
ese mismo mes a 25 ciudadanos por sospecha, había torturado a la
mayor parte de ellos. Uno de ellos, Víctor Hugo Huerta, murió en
los tormentos, debiendo fingir la CNI una historia de enfrentamiento
para encubrir su asesinato.
El sacrificio de Sebastián Acevedo sacudió la conciencia de
los chilenos e impacto a la opinión mundial.
De esta sacudida ha nacido el Movimiento Contra la Tortura
"Sebastián Acevedo" que reúne a los que quieren proclamar, con
hechos y no sólo con palabras, que no aceptan ni son cómplices de
un sistema en que impera la tortura.
El Gobierno ha reiterado su apoyo a la CNI. Ahora pretende
robustecer a esta institución y sus prácticas con una ley que se dice
antiterrorista, pero que en realidad consagra un terrorismo de Estado
cual nunca se ha visto en nuestro país.
Hay miembros de este Gobierno que siguen llamándose católicos.
El Episcopado Nacional en cambio ha proclamado "que no
pueden recibir la Sagrada Comunión ni moralmente ser padrinos
en los Sacramentos de la Iglesia los torturadores, sus cómplices y
quienes, pudiendo impedir la tortura, no lo hacen" (Declaración del
15 de diciembre de 1983).
Frente a la Catedral de Santiago, hacemos memoria del sacrificio de un hombre que nos entrega un supremo testimonio de
integridad moral, de entrañas de padre, del don de su vida para que
todos podamos vivir en un país sin torturas.
Nos comprometemos a luchar para que nuestro Chile, con
su conciencia plenamente alertada, pueda expulsar de sí este cáncer
mortal que roe sus entrañas y envenena su alma.
Movimiento Contra la Tortura "Sebastián Acevedo".
Movimiento Contra la Tortura Sebastián Acevedo.
DENUNCIA PUBLICA
A DOS MESES
DE LA INMOLACION DE SEBASTIAN ACEVEDO
499
500
Un Padre se ha inmolado
para que la CNI le devuelva a sus hijos.
La noticia impacta en todo el mundo
pero la prensa nacional disimula, El Mercurio encubre.
10 años llevamos en Chile
con una prensa servil que calla.
Denunciamos a esta prensa...
Esta prensa calla la tortura y así se vuelve torturadora,
calla los desaparecimientos y así ella también hace desaparecer,
calla las cárceles secretas y así las custodia,
calla cobardemente lo que hace y dice la CNI
y así colabora con la CNI.
Emplazamos a El Mercurio y a toda la prensa nacional
a emprender una campaña contra la tortura,
contra las cárceles secretas
que sea abolida y desmantelada la CNI.
Si no lo hacen, renuncien definitivamente
a decir una palabra que tenga valor
a prestar un aporte que sea constructivo
en la edificación de una democracia y de un futuro para
Chile.
¡TOQUE DE ALARMA!
(contra el proyecto de Ley Antiterrorista)
501
Movimiento Contra la Tortura "Sebastián Acevedo"
25 de marzo de 1984
Reparto público en iglesias
El 11 de noviembre de 1983 el obrero Sebastián Acevedo
se inmoló frente a la Catedral de Concepción prendiendo fuego
a su cuerpo al tiempo que clamaba: "¡Que la CNI me devuelva
a mis dos hijos!"
Este gesto, absolutamente inédito en nuestra historia,
sacudió vivamente a toda la nación y su noticia dio vuelta
al mundo. ¿Era posible que la crueldad y la impotencia para
defenderse de ella hubiese llegado en este país al extremo de
exigir que un padre, para salvar a su hijos, tuviese que sacrificar su vida de esa manera atroz y así llamar la atención de las
autoridades y de la opinión pública?
Chile puede haber estado largamente paralizado y silenciado por el aplastamiento económico y social y por el miedo,
pero no ha perdido su sensibilidad. La muerte de Sebastián
Acevedo obró como un pinchazo en la epidermis de la patria.
Produjo un impulso de insospechado vigor y dinamismo; los
incrédulos se situaron ante una repentina evidencia: ¡Entonces
era cierto! ¡En Chile existían el secuestro y la tortura por parte
de los organismos de seguridad! Se produjo una reacción en cadena, se sucedieron declaraciones y acciones que no han cesado
hasta el día de hoy: ¡No es posible seguir tolerando que la CNI
penetre todos los rincones con sapos y soplones, que ataque e
invada las poblaciones, irrumpa en los hogares, detenga y haga
desaparecer a la gente, torture y realice toda clase de acciones
degradantes contra las personas de esta tierra!
Desde la alta jerarquía de la Iglesia Católica, pasando
por múltiples organismos de defensa de los Derechos Humanos,
siguiendo por organizaciones gremiales y sindicales, partidos
políticos de todos colores y personajes y personalidades de
todos los niveles, se movilizó la gente por millares por medio
de prensa y radio, en teatros, iglesias, locales y calles, en manifestaciones contra la CNI y sus atrocidades, en particular la
tortura: ¡Basta la tortura! ¡Fin a la CNI!
502
El propio don Sebastián Acevedo quizás no soñó los
alcances que tendría su admirable acto de entrega y de amor.
Pero el régimen no tardó en medir el grado de peligro que
toda esa movilización revestía para él y, en vez de recapacitar y
cambiar sus prácticas inhumanas, escogió, –¡cosa increíble!– la
forma de blanquearlas, legalizarlas y así... poder continuarlas.
No a otra cosa apunta el proyecto de ley antiterrorista
que, de no mediar acciones clamorosas de rechazo por el pueblo y sus organizaciones, el régimen convertirá en Ley de la
República lo más pronto que pueda.
Diversos juristas, la prensa y la radio, organizaciones
de diversos tipos están levantando su voz contra el proyecto,
a medida que el análisis de su texto, publicado el 7 de enero
en La Nación, va revelando su verdadera intención y las aberraciones que esconde.
Nosotros, –que no constituimos más que un intento de
recoger el eco del noble gesto de Sebastián Acevedo–, pedimos
a las personas hasta las cuales podemos llegar que enciendan
las luces de alerta en sus corazones, que averigüen, consigan,
lean o escuchen y reflexionen esa información crítica que está
apareciendo por aquí y por allá por los pocos conductos que
el régimen deja entreabiertos. No está en nuestro poder ni es
nuestra práctica ordinaria presentar un estudio que muestre de
manera completa cómo, por esta nueva ley, el régimen intenta
desatar una nueva ola represiva de envergadura comparable
con la de 1973.
Pero a modo sólo de muestra del horror que se avecina
adjuntamos unos cuantos ejemplos de disposiciones de esta ley
antiterrorista y de sus consecuencias concretas.
LA LEY ANTI-TERRORISTA
ES EN VERDAD UNA LEY PRO-TERRORISTA
503
He aquí nueve botones de muestra de cómo otras tantas
disposiciones de este proyecto de ley, bajo un lenguaje jurídico
de apariencia protectora, pretende en verdad la legalización de
la arbitrariedad, la inseguridad y la agresión a la población y,
en el fondo, ahogar toda oposición al régimen.
1. La ley antiterrorista tiene por objeto legalizar la
CNI que, hasta ahora, es un organismo al margen del cuerpo legal constitucional vigente.
En efecto, la CNI es nombrada expresamente en la
nueva ley para otorgarle un rol protagónico en el ataque al
terrorismo. Así, por ejemplo, el juez, que es quien debe dirigir
la investigación de cada caso, está facultado para delegar su
ejercicio en la CNI y esta podrá ahora mantener, en virtud
de esa facultad, no ya veinte días como antes, sino un mes
en sus propios cuarteles al detenido antes que este pueda ver
a un juez. Esta detención es, por cierto, con incomunicación
y, normalmente como lo sabemos, con tortura, (aunque esto
último, naturalmente, no lo expresa la ley).
2. La ley procura, sin decirlo, la protección del torturador.
En efecto, se establece para la formación del proceso, un
sistema increíble como es el de testigos secretos (art. 18).
¿Se le ocurre a Ud. qué clase de testigo será este que necesita no ser individualizado? ¿No será, por ventura, el mismo
que ya conocemos que, en tantos casos de tortura se cuida de
que sea vendada previamente la vista de su víctima?
Pero si a Ud. todavía le cabe alguna duda de que esta
ley lo que quiere es cautelar, proteger y perpetuar la práctica
de la tortura, conviene que sepa que hubo un anteproyecto de
esta ley que redactó una comisión encargada, la "Comisión
Bustamante" (Cf. Revista Solidaridad, No 171, p. 6) en el
que se proponía precisamente la protección de los detenidos
de posibles abusos. Este anteproyecto señalaba que los que
abusaran de las facultades que se les hubieran entregado para
combatir el terrorismo serían castigados con la pena asignada
al delito pero aumentada en uno o dos grados. Esta disposición
fue eliminada en el proyecto nuevo. ¡No había para qué inhibir
504
a los chicos de la CNI!
3. Su casa de Ud., su capilla o su oficina pueden ser
allanados y registrados por la CNI y Ud. puede ser detenido
SIN MANDATO JUDICIAL.
En efecto, el proyecto de ley faculta a cualquier jefe de la
CNI para hacer cualquiera de estas gracias. Es cierto que antes
de esta ley las hacían igual pero, en teoría, tenían que exhibir
mandato judicial y a Ud. le quedaba "el derecho de pataleo"
si no cumplían con esta formalidad. Ahora se acabó hasta ese
"sagrado" derecho y la CNI tiene legalmente chipe libre.
4. Se bendice la violación por parte de la CNI y otros,
de la correspondencia y de otros documentos privados.
Otra vez es cierto que esta barbaridad, de hecho, la
practicaba ya antes la CNI. Pero, siquiera en teoría, se podía
reclamar si Ud. lo verificaba, porque era un delito. Ahora no
lo es y Ud. no podrá decir ni pío, ni habrá juez alguno que
lo lleve a Ud. de apunte si protesta porque alguien de la CNI,
o del Ministerio del Interior y otros organismos policiales,
facultados por la futura ley, intercepta, abren o registran sus
comunicaciones y documentos privados sin otra formalidad que
dar cuenta al juez militar.
5. Usted es un terrorista en potencia y expuesto, por
lo tanto, a que caiga sobre Ud. todo el peso de esta ley.
Esto será efectivo, eso sí, si Ud. es opuesto al gobierno.
Y no se requieren muchas otras condiciones más. Porque la ley
tipifica ciertos actos como terroristas cuando se cometen con
un fin revolucionario o subversivo. Y ya sabemos lo poco
que cuesta a la policía para motejarlo a uno de extremista,
revolucionario o subversivo. Y precisamente, el artículo tercero
de la ley en proyecto presume conducta terrorista cuando
los participantes del delito propugnan la violencia o cuando,
según la tipificación de terrorismo en otro artículo, crean conmoción en la población o en parte de ella.
Así es que, si esta ley hubiese estado promulgada el año
pasado, los millares de manifestantes en las calles de Santiago
que protestaron y fueron calificados por carabineros o militares y por el gobierno de subversivos y violentos y de crear
conmoción, habrían sido reos de terrorismo y se les hubiese
505
podido aplicar la ley.
Ahora bien, como esta ley pretende sacar su eficacia del
temor (o terror) a la pena, ella aplica penas sólo en grados
mayores que van desde presidio mayor hasta la muerte. Y Ud.
no se habría bajado de cinco años a la sombra...
6. Se trata de ahogar toda oposición al gobierno.
La ley antiterrorista tiene también por objeto quitar toda
posibilidad de manifestarse con opiniones contrarias al
régimen.
El art. 10o de la ley en proyecto nos hace entrar de lleno
en el clima asfixiante de las películas y de la realidad del terror
nazi. Según este artículo queda penado hasta el pensamiento
expresado o la conversación privada que puedan ser calificados
de conspiración o de proposición al delito.
El Código Penal (art. 8o) hablaba, ciertamente, de la
proposición de delito, pero consideraba no punible (esto es: no
sujeta a pena) esa proposición previa a todo acto que implique
principio de ejecución, salvo en casos muy especiales referentes a delitos determinados. Parece que la ley antiterrorista se
agarra de esta especialísima excepción y la hace regla para los
casos de terrorismo. Y la regla se convierte en una amenaza
escalofriante, pues entonces el terrorismo comienza antes que
exista siquiera un principio de ejecución de los actos incriminables. Por ejemplo, si un político señala, –como algunos ya
lo han hecho–, que, de prolongarse la actual situación estallará
la violencia, esto puede considerarse comprendido en proposición o conspiración terrorista. Y si el político en cuestión lo
ha expresado, no ya en público sino en conversación privada,
–y no ha faltado el sapo que lo denuncia–, basta esta figura o
situación para que se le pueda aplicar la ley y su pena (siempre
en un grado mayor, que empieza con cinco años). ¡La caza de
brujas está lanzada!
Después de esto, no hablemos de discursos (o predicaciones) encendidos, de protestas, de cacerolas ni de marchas, ni
menos de barricadas y fogatas, ¡ni mucho menos de paro!
7. Pero usted puede estar tranquilo si no es de
oposición, pues nada de la anterior se aplica sino a los que
persiguen un fin revolucionario o subversivo. Ud. puede po506
nerle una bomba a su vecino izquierdista que habla contra el
gobierno o hacer lo mismo contra un cura que predica contra
los torturadores: como Ud. lo hace en defensa y mantención
del orden establecido, entonces, obviamente, Ud. no tiene un
fin revolucionario ni subversivo y, aunque el vecino y el cura
hayan volado en pedazos, Ud. no es terrorista.
8. En cambio, si Ud. es contrario al gobierno y es
víctima de una bomba u otra forma de atentado contra su
persona, despídase de cualquier investigación efectiva.
Porque, según el proyecto en cuestión, los delitos de esta
naturaleza se juzgan sólo en caso de requerimiento, es decir,
por petición expresa de autoridades que esta ley señala y que
son todas de gobierno: el Ministro del Interior, el de Defensa,
los Intendentes, los Gobernadores, el Director de la CNI y los
comandantes de guarnición.
O sea que, si Ud. es víctima de un acto como el indicado
y un juez ordinario inicia la investigación, en cuanto advierte
el carácter terrorista del delito, tiene que suspender la investigación y dar cuenta a la comandancia de la guarnición (porque
otra maravilla de esta ley es que ningún juicio de terrorismo
puede ser seguido por los tribunales civiles sino solamente por
los militares). Y entonces, si no hay requerimientos de las autoridades arriba señaladas la investigación no seguirá adelante
y ¡ahí se quedó su caso!
Si esta ley hubiese estado promulgada hace dos o tres
años, antes de la muerte de Eduardo Jara o la de Tucapel
Jiménez, la investigación judicial de ellas habría quedado suspendida, o pasada a los supersecretos juicios militares.
El abogado Roberto Garretón se da el trabajo en la revista
Análisis (No 74 del 31-1-84) de computar y enumerar los casos
de terrorismo que ha habido en Chile provenientes de cualquier
lado. Ahí están los del general Schneider y de Pérez Zujovic,
como los de Roger Vergara, Carol Urzúa, Israel Bórquez; los de
chilenos en el exterior como los casos Letelier, Prats, Leighton;
los de Tucapel Jiménez y otros; los que se han cometido en
serie como los de comandos vengadores Covema, Carevic; los
de detenidos-desaparecidos; los asesinatos de carabineros, etc.,
etc. Allí se muestra, sin dejar lugar a dudas, que la inmensa
507
mayoría de las víctimas del terrorismo lo han sido por la
acción del terrorismo de Estado.
Así se descubre, entonces, que la llamada ley antiterrorista es, en realidad, una LEY PRO-TERRORISTA, pues, por
exigir el requerimiento, y por la definición que da de terrorismo
(ver números 5 y 7 del presente análisis) la ley quiere acabar
con una clase de terrorismo: el de oposición y permite y asegura
la impunidad a los actos de terrorismo de Estado o de derecha
que constituyen la inmensa mayoría de los casos en Chile.
9. Si usted tiene un vecino o conocido que sea, por
ejemplo: abuelo o abuela de militar o carabinero, ¡cuidado!
¡No se meta en líos con ellos!
Porque si el lío desemboca en una pelea y se van a las
manos, el abuelo o la abuela pueden alegar luego que han sido
las víctimas de una agresión considerable y entonces... ¡se trata
de un acto terrorista!
Aunque parezca mentira, así lo expresa el artículo tercero
de la ley en proyecto que presume conducta terrorista cuando
la víctima del delito es cónyuge, ascendiente o descendiente de
un miembro de las Fuerzas Armadas o de Orden.
**********************
He aquí nueve botones. Podrían señalarse varios más.
Ud. estudie estos, convérselos con sus vecinos y vean si no
vale la pena, en defensa propia y de la paz y decencia del país,
aportar o comprometerse en alguna de las muchas acciones que
se hacen para parar la promulgación de esta ley increíble.
508
TERCERA ACCION CONTRA EL CUARTEL CNI
DE BORGOÑO 1470
TODOS:
11 abril de 1984
Canto: YO TE NOMBRO LIBERTAD
¡Ojo! Una parte será leída por dos lectores solamente
DOS LECTORES: Aquí en Borgoño 1470
en esta cárcel clandestina
que cerró sus puertas a la justicia
TODOS:
Aquí fueron, estos días, torturados
Angélica de las Mercedes ABARCA CASTRO
Mario Alberto PEÑA CONCHA
DOS LECTORES: Aquí suceden crímenes vergonzosos
que el Gobierno pretende ignorar
que El Mercurio no se atreve a nombrar
TODOS:
Aquí fueron torturados
Alicia LORCA ALDEA
del Colegio Montessori detenida
con otros muchos compañeros
Mario Alberto PEÑA CONCHA
DOS LECTORES: Aquí están los instrumentos de la tortura
la parrilla de los golpes eléctricos
el pau d'arará que suspende el cuerpo
la inmersión que no permite respirar
¡instrumentos de la muerte!
TODOS:
Con ellos fueron torturados
Jorge Luis ANCAMIL ZUÑIGA
Pedro Antonio FIGUEROA QUILODRAN
DOS LECTORES: Aquí escondidos como en ratonera
se guarecen los de la CNI
que no dan sus nombres
que no muestran sus rostros
que no miran a los ojos...
509
Aquí torturaron a indefensos ciudadanos
Juan Manuel FIGUEROA QUILODRAN
Humberto René CORDOVA CACERES
DOS LECTORES: Estos son funcionarios de la Dictadura
el cuerpo de guardia de Pinochet
los contratados por el Ministro del Interior
que le permiten dormir tranquilo,
militares, lumpen y también paramédicos
TODOS:
Cuando aquí fueron torturados
Ramón Antonio AYALA GALLEGOS
Adela Irene VALERIA SALAS
510
EL MOVIMIENTO CONTRA LA TORTURA
"SEBASTIAN ACEVEDO" A
LOS CARABINEROS DE CHILE EN SU DIA
MENSAJES DESDE LA CARCEL
Militantes del Movimiento Contra la Tortura
"Sebastián Acevedo"
27 de abril de 1984
Con Uds., Carabineros de Chile, nos hemos encontrado
en muchos sitios. Por de pronto en Borgoño 1470, frente a la
cárcel clandestina de la CNI, pero también en otras calles y
plazas. Hemos estado bajo el agua de sus "guanacos" y a la
sombra de sus Comisarías. Pero nada de esto significa que estemos contra Uds. Precisamente, queremos ahora mandarles un
mensaje en este día en que Uds. celebran su Institución.
Este 27 de abril se les recordará una vez más la gloriosa
tradición de los Carabineros de Chile, su vocación de servicio
a la comunidad, los hechos de constancia y hasta heroicidad
que han marcado este servicio al pueblo.
Nosotros también tenemos algo que decirles, una palabra de verdad de parte de este mismo pueblo. Reconocemos
lo que han sido los Carabineros de Chile y lo que no poco
siguen siendo. Pero el conjunto de la Institución ha cambiado.
El pueblo ya no los miramos como antes. Demasiada ha sido
la sangre derramada y el dolor que tantas veces han dejado a
su paso por caminos y poblaciones. Un pueblo hambreado y
una juventud frustrada han recibido de Uds. un trato que jamás
merecieron.
Pero hay todavía más: Es voz común que en sus propias
Comisarías y contra toda ley humana y divina, aplican tortura.
Que han abierto su Institución a esta práctica de muerte que
pervierte su vocación y destruye el alma.
Carabineros de Chile ya no es lo que ha sido y lo que está
llamado a ser. Porque apreciamos su Institución le dirigimos
este día, 27 de abril, un mensaje que es de alarma; un llamado
a Carabineros a reflexionar.
511
Mayo de 1984
"Muchas gracias por el apoyo (la canción ayer y sus
caras solidarias fuera del gimnasio de la 1a Comisaría en calle
Mc Iver). Están de buen ánimo los compañeros y mandan sus
saludos con estos recados. Un abrazo fraternal a todos..."
Dennis O'Mara
"No somos nosotros los que estamos dentro los únicos
que tratamos de luchar por la Justicia, sino somos todos, trabajadores y obreros de esta construcción. Cada uno pone su
piedra para la construcción y el maestro es el Señor. Por la
verdad seguiremos caminando".
Pedro Rojas
"Fiado en Dios asolo la muralla", dice el Salmo. Con
nuestra confianza puesta en El todo el tiempo pedimos NO
MAS TORTURA. Por los que nos seguirán, "¡Gracias Señor!"
José Romero
"Ojalá nuestra lucha sea signo eficaz. Me siento muy
unido a todos Uds. Fortalecido por nuestro espíritu solidario y
de cuerpo. Más temprano que tarde nacerá el hombre libre".
Juan Ramón Castañeda
"Aunque me detengan 20 años no callaré.
Lo diré con todo mi cuerpo: la vida es sagrada.
La muerte no vencerá.
Somos hijos de la vida, ahora y siempre".
Carlos Sánchez
512
"Por el momento nuestra estadía acá ha sido fructífera
porque todos nuestros sentimientos se han unido en la lucha
que estamos dando. Yo sé por qué estoy acá y la causa implica
una entrega de todos".
Juan Carlos Barriga
"Quisiera dar gracias por la solidaridad y fraternidad de
cada uno de Uds. Nuestra condición de detenidos confirma o
nos demuestra que para luchar por una causa en defensa del
hombre nos lleva a la cruz. Esta es una pequeña cruz. Muchas
gracias por todo, hermanos. Recuerden: no hay como el dar la
vida por los hombres".
Nelson Oviedo
PADRE NUESTRO AQUI Y AHORA
Santiago de Chile, 1a Comisaría
1 de junio, 1984
Queridos amigos y amigas, compañeros todos. Estamos
a esta misma hora compartiendo con ustedes nuestra oración
común, la misma que nos enseñó Jesús. Aquí, desde la 1a Comisaría, la ofrecemos a ustedes y al Padre, junto con nuestras
experiencias:
Padre nuestro que estás en el cielo
(y aquí en la 1a Comisaría en medio de
nosotros, detenidos, que nos reunimos en
tu nombre, día a día)
Santificado sea tu nombre
(a pesar de las burlas y las groserías
con que nos tratan cuando te nombramos)
Venga tu Reino
(donde no hay tratos vejatorios, ni privaciones
de libertad, ni vendedores ambulantes
y prostitutas humilladas, ni carabineros obedeciendo
leyes injustas)
Hágase tu voluntad aquí en la tierra
(y en este pedazo de tierra)
para que sea como en el cielo.
"Gracias a todas las personas de la Vicaría de la Solidaridad por su apoyo y solidaridad con nosotros.
Quisiera darles ánimo a toda la gente del Movimiento
"Sebastián Acevedo". Sigan luchando contra la tortura sistemática. Reciban el fraternal abrazo de un cristiano comprometido,
aunque esto que estoy pasando no es nada".
Carlos Muñoz
"¡Qué lindos se vieron cuando cantaban la canción frente
al bus!: "por los cuerpos torturados"... "por mi amigo que está
preso"... ¡Si hubiera sido paco, en ese momento me convierto...!
Nuestro testimonio sigue aquí dentro. Después, otra vez con
Uds., donde sea, hasta el Reino. Los abraza con cariño..."
Juan Manuel de Ferrari
El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy
(el pan que nos quita el hambre
y el pan que nos mantiene vivos
el hambre y la sed de Justicia)
Perdona nuestras ofensas
(las que hemos hecho a los carabineros
cuando no los tratamos como hermanos
ni acogemos sus propias tensiones
y contradicciones)
Como también nosotros perdonamos a los
513
514
que nos ofenden
(o, más bien, como intentamos,
de verdad, hacerlo, hasta con el
subcomisario)
No nos dejes caer en la tentación
(de responder maldición con maldición
odio con odio, maltrato con maltrato)
Líbranos del mal
(de asustarnos, de deprimirnos,
de desesperarnos, de sentirnos solos)
AMEN.
Carlos Evaristo Sánchez
Nelson Oviedo Castro
Juan Carlos Barriga N.
llo
José Romero Silva
Luis Contreras Pacheco
MARCHA SILENCIOSA EN LA PLAZA DE ARMAS
Vigilia por detenidos
29 de mayo de 1984
TESTIMONIO
J. Manuel de Ferrari
Pedro Rojas Ravanal
Patricio Illanes CastiCarlos Muñoz Torres
Juan Ramón Castañeda Ramo
515
Mi nombre es Verónica, una ciudadana común y corriente, vivo en una de las comunas más pobres y golpeada en
estos momentos como lo es Pudahuel. Estoy en el Movimiento
Contra la Tortura "Sebastián Acevedo" desde que comenzó, y
como muchos otros compañeros también he sido detenida por
participar en acciones de denuncia pública de esos degradantes
atropellos a la dignidad del hombre como es la Tortura.
Participo en el Movimiento porque, como otros, he hecho
una opción por la Vida, una opción por el Hombre, por conseguir una vida digna para ese hombre y a través del Movimiento
veo una forma más de testimoniar ese Deber irrenunciable de
defender y proteger los derechos de las personas cuando éstas
son víctimas de la injusticia y la violencia, más aún cuando
dichas personas no están en condiciones de defenderse por
sí solas, como es el caso de los Torturados. No he podido
sustraerme al dolor de esos miles de hermanos que han sido
detenidos y maltratados y en contra de los que se ha usado esa
forma inhumana para obtener información como es la práctica
de la Tortura. Ahí están ellos presentes, con las secuelas y marcas en sus cuerpos y en sus almas, sus familias tan afectadas
como ellos mismos, y también están presentes... los físicamente
ausentes, aquellos cuyos cuerpos no resistieron esa demonial
práctica pero que siguen Vivos interpelándonos. ¿Cómo poder
olvidarlos?... ¿hacerme la ciega o sorda a su dolor? De ahí que
veo clara y decididamente que algo tengo que hacer, que algo
debemos hacer y en este sentido encuentro que el Movimiento
nos da un espacio de acción colectiva, que permite denunciar
públicamente esta inmoralidad con palabras y con hechos
y denunciar a los responsables directos de la Tortura, a sus
cómplices y los lugares secretos donde se esconden a torturar.
Frente a esta lacra no hay personas, instituciones ni organis516
mos neutrales: o estamos contra la Tortura o la favorecemos y
entiendo que el silencio es también complicidad.
Durante las acciones nos hemos enfrentado a una reacción violenta y represiva de carabineros a la cual no le hemos
hecho el juego; no respondemos a la agresividad con la que
ellos acostumbran aplastar cualquier clamor que surge en defensa de la Verdad, la Justicia y los Derechos de las Personas;
pero aún así nos quieren acallar con bombas lacrimógenas,
guanacos y palos; pretenden inmovilizarnos a fuerza de represión, nos detienen y nos castigan porque al parecer nuestra
sola presencia molesta a sus conciencias. Pero ahí estamos de
nuevo presentes en la denuncia, como presentes están nuestros
compañeros con su dolor.
Sé que somos muchos los que vamos perdiendo el miedo
y estamos dispuestos a continuar con todo el riesgo que esto
implique, con la confianza y fuerza que nos da el luchar por
un mundo más humano y fraterno.
NO TRANSAREMOS NUESTRO COMPROMISO,
mientras siga habiendo compañeros torturados en Chile.
SI A LA VIDA, NO A LA TORTURA
(Declaración pública del Movimiento Contra la Tortura "Sebastián Acevedo" en la realización de una nueva acción pública de denuncia, hoy jueves
29 de julio de 1984, frente al Palacio de Gobierno)
El Movimiento Contra la Tortura "Sebastián Acevedo" ha
realizado una nueva acción de denuncia de la Tortura, en el día
de hoy jueves 19 de julio, frente al Palacio de Gobierno.
Adherimos con este gesto a la campaña CHILE DEFIENDE LA VIDA y al llamado que los Obispos chilenos formularan
en defensa de la dignidad humana
Nos anima el deseo de que la Tortura sea abolida en Chile, para que nunca más un hombre, un ciudadano, sea sometido
a esta inhumana práctica totalitaria.
A la opinión pública solicitamos que tome conciencia de
la existencia de esta práctica sistemática de la Tortura en nuestra
patria, ahora legalizada en los cuarteles de la CNI, y nos ayude
a exigir del Gobierno un pronunciamiento claro acerca de su
complacencia o rechazo de la Tortura.
Exigimos de las autoridades una condenación oficial de
la Tortura.
Contra la Tortura, defendemos la vida.
"Las máximas autoridades de cada país deberían demostrar su
total oposición a la tortura, haciendo saber a todo el personal encargado
del cumplimiento de la Ley que la tortura no será tolerada bajo ninguna
circunstancia".
Punto 1 del Programa Mundial de Prevención Contra la Tortura.
Campaña Internacional de Amnistía Internacional.
CARTA PUBLICA
517
518
AL SEÑOR MINISTRO DEL INTERIOR
MOVIMIENTO CONTRA LA TORTURA
"SEBASTIAN ACEVEDO"
Santiago de Chile, 22 de agosto de 1984
Señor
Sergio Onofre Jarpa
Ministro del Interior
Presente
Señor Ministro:
Nuestra petición es de su plena incumbencia: es bien
sabido y hay abundante evidencia que en Chile, organismos
que están bajo su responsabilidad, practican sistemáticamente
la Tortura; la practican con técnicas e instrumental especial
con el fin de investigar y atemorizar. Por lo cual le hacemos
la siguiente petición:
1. Que declare públicamente su total oposición a la
Tortura.
2. Que notifique a la CNI, a Investigaciones, a Carabineros y a todo Grupo Especial que está a sus órdenes, que la
Tortura no será tolerada en ninguna circunstancia.
3. Que imparta las instrucciones pertinentes para que esto
sea efectivo y se castigue disciplinariamente a todo infractor.
4. Que mande efectuar una inspección interna en estos
organismos para que se destruya el instrumental y se erradique
la práctica de la Tortura.
5. Que asegure al Poder Judicial que ofrecerá toda su
colaboración para que se persiga este delito en los propios
Organismos de Seguridad y Policía.
6. Que haga saber a la ciudadanía que denuncie con
confianza toda práctica de Tortura como verdaderamente terrorista.
Señor Ministro: la ciudadanía quiere realmente saber si
Ud. está o no está contra la Tortura. Nosotros mismos nos lo
preguntamos cuando se nos reprime por protestar contra ella.
Agradeceríamos tener noticias de la acogida que recibirá
de parte suya nuestra petición.
Lo saluda.
519
DECLARACION DEL MOVIMIENTO CONTRA LA
TORTURA
"SEBASTIAN ACEVEDO" EN SU 1er ANIVERSARIO
520
DE JUAN ANTONIO AGUIRRE BALLESTEROS
28 de septiembre, 1984, frente a la Comisaría 26a
14 de septiembre de 1984.
Cumplimos este mes un año de vida y actividad. Nacimos el 14 de septiembre de 1983 frente al cuartel de la CNI
en Borgoño 1470. Nacimos señalando el oscuro portón de
esa cárcel clandestina y denunciando con un lienzo AQUI SE
TORTURA. Después una y otra vez hemos vuelto a ese foco
de tanta aberración y crueldad.
Y luego hemos salido a las calles y plazas a gritarles a
todas las conciencias de nuestra angustia: EN CHILE SE TORTURA. En Chile se tortura y los que deben hablar, callan. Calla
nuestra Justicia a quien le corresponde condenar. Calla nuestra
Prensa a quien le corresponde denunciar. Alrededor de la tortura
se ha creado una conspiración de silencio, un silencio impuesto
por el servilismo y el miedo, un silencio cómplice.
Hemos clamado ante los Tribunales; hemos clamado ante
El Mercurio. Hemos pedido al Gobierno que se defina, que
diga si está o no contra la tortura. Hemos pedido también a la
Iglesia una denuncia más clara y comprometida.
Pero sobre todo nos hemos dirigido, en calles y plazas, a
la conciencia ciudadana. Los chilenos también callamos y por
esto se sigue torturando.
Todos somos responsables de que no se haya terminado
con la tortura en Chile. La autoinmolación de Sebastián Acevedo en la Plaza de Armas de Concepción clamando: "que
la CNI me devuelva a mis hijos", sacudió profundamente la
conciencia nacional. Todos nos sentimos culpables, pero, ¿qué
hemos hecho nosotros frente a la tortura?
En este aniversario de nuestro nacimiento, reiteramos un
llamado a la conciencia nacional. Creemos que frente a una
marea creciente de repudio, esta política que está matando al
cuerpo y el alma de la nación deberá desaparecer.
1. Canto: YO TE NOMBRO LIBERTAD, primera parte
2. Letanías
- Detienen a Juan Antonio Aguirre
- Lo encierran en la 26a Comisaría
- Lo torturan
- Lo hacen desaparecer
calla
- Su madre pide recurso de amparo
- El Vicario pide fiscal ad-hoc
- Pasan 10 días
- Pasan 20 días
- Pasan 35 días
- Carabineros dice "no lo tenemos"
- El Ministro niega su detención
- Mendoza dice "olvídense"
- Jarpa dice "los desaparecimientos
son normales"
calla
- La tortura se generaliza
- Se tortura en los buses policiales
- Se tortura en las poblaciones
- Se tortura en las Comisarías
- Chile entero es territorio de tortura
y
y
y
y
y
y
y
y
la
la
la
la
la
la
la
la
Justicia
Justicia
Justicia
Justicia
Justicia
Justicia
Justicia
Justicia
calla
calla
calla
calla
calla
calla
calla
calla
y la Justicia
y
y
y
y
y
la
la
la
la
la
Justicia
Justicia
Justicia
Justicia
Justicia
calla
calla
calla
calla
calla
3. Se termina con la segunda parte del canto.
ACCION DE DENUNCIA.
REPARTO PUBLICO DE FOLLETOS.
REPARTO DE CARTAS A COMISARIAS DE SANTIAGO
POR LA TORTURA Y DESAPARICION
521
y la Justicia calla
y la Justicia calla
y la Justicia calla
y la Justicia
Santiago de Chile, 8 de octubre, 1984
Comisaría N° 26
522
Carabineros de Chile
Presente
9 de octubre de 1984
Señor Comisario:
El 28 de septiembre nos presentamos en silencio ante
la Comisaría 26a preguntando por el joven obrero desaparecido, Juan Antonio Aguirre Ballesteros, quien fuera detenido y
torturado antes de su desaparición. Se nos detuvo y acusó de
ofensa a Carabineros.
Queremos informarles con verdad sobre el sentido de
nuestra actuación.
No estamos contra la Institución de Carabineros de Chile,
ni los hemos ofendido. Estamos en contra de una nueva orientación que pervierte la vocación de Uds., que es de Servicio
a la Nación.
Esta orientación ha culminado en los hechos protagonizados por la Comisaría 26a: detención de Juan Antonio Aguirre,
su cruel tortura y su desaparecimiento. Todo esto agravado al
afirmar Carabineros que nunca detuvo al joven. Por los testimonios de quienes fueron detenidos con Juan Antonio, consta
que él lo fue también y que fue torturado.
Todo eso crea una situación muy grave para Carabineros
de Chile, ante la opinión de la nación. Apelamos al sentido de
Justicia y de defensa de la vida que ha estado en las mejores
tradiciones de ese Cuerpo. Creemos que corresponde a Uds.
mismos, individual y colectivamente, recapacitar sobre el rumbo que van tomando.
Nuestra convicción es que hay que decir la verdad en lo
que respecta a Juan Antonio, aunque sea dura para Uds.; que
hay que corregir lo que estuvo mal; y finalmente, que debe
cesar en Chile definitivamente la práctica de la tortura que es
una vergüenza para la nación.
MOVIMIENTO CONTRA LA TORTURA
"SEBASTIAN ACEVEDO"
¡JUAN ANTONIO AGUIRRE!
¡DESAPARECIDO! ¡TORTURADO!
Reparto Público
523
LOS HECHOS
El 4 de septiembre recién pasado el joven Juan Antonio
Aguirre Ballesteros paseaba tranquilamente en compañía de
unos amigos por las polvorientas calles de la comuna de Pudahuel, cuando fue interceptado por personal de Carabineros,
detenido e introducido a un vehículo policial.
Juan Antonio Aguirre Ballesteros, soltero, 23 años de
edad, obrero panificador y sufrido habitante de la Población
Violeta Parra fue conducido en compañía de otros pobladores
detenidos a la 26a Comisaría Lo Prado de Pudahuel, y desde
entonces no se tienen noticias de su paradero.
LOS TESTIGOS
Elias Huaiquimil, quien fue detenido junto a Aguirre
Ballesteros y posteriormente dejado en libertad incondicional,
declaró: "Fui llevado al bus policial. Al ingresar por la puerta delantera vi que en el pasillo del bus estaba Juan Antonio
Aguirre quejándose y siendo objeto de malos tratos por parte
de Carabineros, quienes los golpeaban con sus botas".
Sergio Tapia, otro de los detenidos, informó: "Me subieron a un vehículo en cuyo interior se encontraban, aparte del
chofer, otras dos personas en calidad de detenidos. Uno de
ellos era Elias Huaiquimil y el otro era una persona joven...,
por las fotografías que me fueron exhibidas después por familiares, supe que esta persona se llamaba Juan Antonio Aguirre
Ballesteros".
A Juan Antonio Aguirre lo torturaron junto a él, ya que
Sergio Tapia podía escuchar con claridad el interrogatorio y las
torturas a que éste era sometido.
Había presente en el interrogatorio un médico, el cual
los atendía cuando era necesario.
En un momento, continúa Tapia, "escuché un grito
desgarrador acompañado de los siguientes comentarios: "este
huevón no aguantó, se nos fue", refiriéndose a Aguirre Ballesteros. Noté mucho movimiento y una gran agitación en el lugar.
Alguien dijo que había que llamar una ambulancia. Después
524
de esto no volví a escuchar la voz de Aguirre".
LA JUSTICIA
Al día siguiente de la detención de Juan Antonio Aguirre
Ballesteros, es decir, el 5 de septiembre, fue interpuesto un
recurso de amparo en su favor. En su tramitación tanto Carabineros, Investigaciones como CNI negaron su detención.
La 7a Sala de la Corte de Apelaciones tampoco accedió,
en dos oportunidades, a que un Ministro se constituyera en la
26a Comisaría para verificar si Aguirre Ballesteros se encontraba allí.
A pesar de la presentación a la Corte de los testimonios
de los detenidos junto a Juan Antonio, el Tribunal de Alzada
rechazó el amparo ateniéndose solamente a los informes de
la policía uniformada y de la CNI. El fallo dice: "atendido
el mérito de estos antecedentes, especialmente los informes
de Carabineros y de CNI consta que el amparado no ha sido
objeto de detención por parte de CNI, ni Investigaciones, ni
Carabineros de Chile".
Finalmente, el 5 de octubre, la 3a Sala de la Corte Suprema rechazó la petición del Vicario de la Zona Oeste, Olivier
D'Argouges para que designase a un fiscal ad-hoc que investigara los hechos denunciados.
APRECIACION
Los hechos que hemos referido revelan una situación
gravísima bajo varios puntos de vista:
1. Carabineros está torturando. Ya no sólo la CNI sino
una Institución tan importante como Carabineros de Chile está
recurriendo sistemáticamente a esta práctica inhumana. Y esto
es señal de un estilo y una ideología que está pervirtiendo la
Institución misma. Carabineros se ha vuelto instrumento de un
régimen de represión.
2. Carabineros está mintiendo a la justicia. Debiendo ser
mano de la justicia, se ha puesto al servicio de los intereses del
régimen hasta el punto de impedir la función de la justicia. En
lo que va del año se han certificado 20 casos en que ha negado
la detención de personas que efectivamente había detenido.
525
3. La justicia está consciente de este abuso y sin embargo
condesciende con él. En junio expresó "su preocupación" al
respecto. Sin embargo, una vez más le cree a la declaración
oficial de Carabineros y no a los testigos en la causa de Juan
Antonio.
4. Tenemos nuevamente un detenido-desaparecido.
Creíamos que en 1978 había desaparecido definitivamente esta
perversa práctica. Ahora se abre nuevamente el camino a los
peores abusos de personas que quedarán impunes por efecto
del desaparecimiento.
LLAMADO
Hacemos un apremiante llamado a las personas y a las
instituciones. A cada uno le pedimos que se pregunte qué puede
hacer en esta situación. Todos podemos hacer algo, decir algo,
escribir. Sugerimos una carta a Carabineros (Dirección General,
26a Comisaría, etc.), o a los Ministros de la Corte. Podemos
dejar en alguna parte la pregunta acusatoria, ¿dónde está Juan
Antonio Aguirre?
Todos pertenecemos a instituciones o tenemos amigos en
ellas: instituciones profesionales, laborales, educativas, religiosas, culturales. Nuestra institución debe hacer algo o decir algo
sobre Juan Antonio, sobre la tortura y el desaparecimiento.
Si todos hacemos algo, un clamor generalizado hará
imposible que se repitan estos casos. De lo contrario, nuestro
silencio podrá ser cómplice. Dios y nuestra conciencia nos
interrogarán: CAIN, ¿DONDE ESTA TU HERMANO? Y
nosotros también lo habremos hecho desaparecer.
MOVIMIENTO CONTRA LA TORTURA
"SEBASTIAN ACEVEDO"
LITURGIA EN EL ANIVERSARIO DE LA INMOLACION
DE DON SEBASTIAN ACEVEDO
1. Introducción-Motivación
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La razón de este acto litúrgico es rendir un homenaje a
don Sebastián Acevedo, inmolado el 11 de noviembre del año
pasado, ante la Catedral, en la ciudad de Concepción. Queremos
recordarlo en este día, decirle y decirnos que su gesto dramático
pero generoso, continúa desgarrándonos y cuestionándonos. Y,
también, continúa empujándonos.
El gesto de su inmolación, así como también la entrega
de muchos otros compatriotas nuestros a lo largo de estos años
de dictadura, nos da fuerza, nos convoca y nos une.
Especialmente en estos días en que pareciera que todo
vuelve atrás, queremos estar juntos, recordar juntos, rezar
juntos. Apoyarnos en la vida que nos entregan diariamente
los mártires de estos 11 años, apoyarnos en el Señor de Toda
Historia y de Toda la Historia, apoyarnos en don Sebastián para
seguir buscando, rezando, cantando juntos. Pero sobre todo, y
principalmente, para seguir LUCHANDO JUNTOS.
Por eso iniciemos este acto con la canción que a lo largo
de este año ha pasado a convertirse en nuestro himno. Con las
manos tomadas cantemos...
2. Himno: YO TE NOMBRO LIBERTAD
3. Testimonio de Enrique Moreno (Laval, sacerdote)
El contará datos biográficos de don Sebastián y las circunstancias que rodearon su muerte.
4. Minuto de silencio por don Sebastián: Se escucha
la grabación de su Inmolación.
5. Canción homenaje
6. Poemas en homenaje
7. Aclamación: "Oye, Padre, el grito de tu pueblo...".
8. Testimonio de Mariano Puga
Caso de Juan Pino y lectura de una de sus cartas a
Dios.
9. Aclamación: "Yo te canto, amigo, hermano...".
10. Lectura del Evangelio: Mateo 20, 24 (segundo
párrafo)
12. Invocación: Todos de pie, leemos juntos
1. Sebastián Acevedo, padre de familia, obrero y profeta, en este aniversario de tu inmolación, queremos
recordarte.
Allá en Concepción, ante la Catedral, en la Plaza de
Armas
PARA ACABAR CON LA TORTURA ACEPTASTE
MORIR.
Clamando "que la CNI me devuelva a mis hijos..."
PARA ACABAR CON LA TORTURA ACEPTASTE
MORIR.
2. Sebastián, tu inmolación conmovió a Chile entero y
resonó en el mundo.
PERO EL REGIMEN SIGUIO TORTURANDO
Los Jerarcas del régimen se avergonzaron, disimularon
y mintieron
PERO EL REGIMEN SIGUIO TORTURANDO
3. Sebastián, durante un año entero tu espíritu no ha
podido descansar.
Cuando nos pusimos ante la cárcel clandestina de Borgoño
ESTUVISTE PRESENTE
Cuando gritamos nuestra indignación ante los Tribunales
de Justicia
ESTUVISTE PRESENTE
Cuando sacudimos las puertas de los diarios que callan
ESTUVISTE PRESENTE
Cuando señalamos a los responsables: los torturadores
de la Moneda
ESTUVISTE PRESENTE
4. Sebastián, mientras Chile siga como territorio de tortura, tú seguirás penando sobre nuestro suelo...
SEGUIRAS PENANDO SOBRE NUESTRO SUELO
Pero llegará un día, Sebastián, llegará con la seguridad
11. SILENCIO: Después de la lectura guardar un
silencio largo
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de la aurora, en que se hundirá una noche de muerte...
UNA NOCHE DE MUERTE
y tú descansarás...
Y TU DESCANSARAS
Y este Movimiento Contra la Tortura que tú ayudaste a
crear, habrá
cumplido su tarea...
HABRÁ CUMPLIDO SU TAREA
21 de noviembre, 1984
Iglesia de San Francisco con Alameda Libertador Bernardo
0'Higgins
1. Canto: YO TE NOMBRO LIBERTAD
2. Letanías
- Chile está en Estado de Sitio sometido a más tortura...
SOMETIDO A MAS TORTURA
- Un ejército ocupa calles y plazas y nos somete a más tortura...
Y NOS SOMETE A MAS TORTURA
- Se allanan poblaciones indefensas se las somete a más tortura...
SE LAS SOMETE A MAS TORTURA
- Se acallan los medios de comunicación Chile sometido a
más tortura...
CHILE SOMETIDO A MAS TORTURA
- Cada vez más parecemos un campo de concentración
donde hay más tortura...
DONDE HAY MAS TORTURA
PROTESTA CONTRA EL ESTADO DE SITIO
Y RELEGACIONES
529
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- Chileno, piensa, ¿quieres un país dividido en torturadores y
torturados...
¿TORTURADORES Y TORTURADOS?
- Chileno, toma conciencia: construyamos un país donde ya no
haya ni torturadores ni torturados...
NI TORTURADORES NI TORTURADOS
3. Canto: YO TE NOMBRO LIBERTAD
NADIE DEBE SER TORTURADO - pero ahora tortura Carabineros
NADIE DEBE SER TORTURADO - pero tortura el Gobierno
Militar
NADIE DEBE SER TORTURADO
- las Naciones Unidas condenan a este régimen
NADIE DEBE SER TORTURADO
- condenamos todos al régimen torturador
NADIE DEBE SER TORTURADO - Chile será finalmente
un país
EN QUE NADIE SERA EFECTIVAMENTE TORTURADO
4. Canto: YO TE NOMBRO LIBERTAD
5. Grito: Movimiento Contra la Tortura "Sebastián Acevedo"
MANIFESTACION PLANEADA PARA
LA CALLE PATRONATO.
POR INFILTRACION DE LA POLICIA
SE LA TRASLADA A
SANTA MARIA CON INDEPENDENCIA
10 de diciembre, 1984
1. Grito: Movimiento Contra la Tortura "Sebastián Acevedo"
2. Canto: YO TE NOMBRO LIBERTAD
3. Letanías
NADIE DEBE SER TORTURADO - lo dicen los Derechos
Humanos
NADIE DEBE SER TORTURADO - lo dice el mundo civilizado
NADIE DEBE SER TORTURADO - así se cumplía en Chile
NADIE DEBE SER TORTURADO - pero ahora tortura la
CNI
NADIE DEBE SER TORTURADO
- pero ahora tortura Investigaciones
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DISTRIBUCION DE TARJETAS NAVIDEÑAS
A LA SALIDA DE LAS MISAS
EL DOMINGO 23 DE DICIEMBRE
Relación de los hechos
Para prevenir toda deformación de la noticia y corregir
las falsas interpretaciones que se han dado (La Segunda del
26-XII, por ejemplo, habla de la distribución de "panfletos
políticos") queremos hacer una relación breve y objetiva de
los hechos.
El hecho fundamental es la agravación acentuada de la
práctica de la tortura en estos últimos meses de 1984. Se tortura por simple sospecha, se tortura casi sistemáticamente, se
tortura con mucha crueldad... y ya conocemos casos en que se
ha torturado hasta la muerte o hasta el suicidio.
Para no ser cómplices por nuestro silencio e indiferencia,
muchos nos hemos sentido impelidos a protestar.
532
En estas Navidades quisimos hacer un llamado a las
conciencias cristianas. Creemos que si todo cristiano pronunciara y actuara un "No" definitivo a esta práctica, ella tendría
que cesar.
Por eso fabricamos una tarjeta de papel con un dibujo
alusivo. Nuestro deseo lo expresamos con estas palabras:
Por una Noche Buena sin los Herodes
y un Año Nuevo sin los torturadores.
La figura representa un grupo que en la plazoleta de
San Francisco despliega un lienzo que dice NO A LA TORTURA.
Abajo está escrito: Movimiento Contra la Tortura "Sebastián Acevedo", diciembre de 1984.
Abajo está escrito: Movimiento Contra la Tortura "Sebastián Acevedo diciembre de 1984.
Este llamado se distribuyó en las salidas de las Misas
dominicales del 23 de diciembre. Se hizo en las veredas o en
la puerta de la iglesia. En algunas partes los párrocos estaban
informados; en otras no. Como nuestra intención era repartir
fuera de las iglesias, no nos parecía que debíamos pedir permiso, con lo que, por lo demás, se podía causar conflictos a
los párrocos.
En la gran mayoría de los Templos no hubo problemas.
Donde hubo fue más bien por el fanatismo irracional de uno
que otro feligrés. Hubo mucha acogida en general, pero en
ciertos sectores del Barrio Alto se advirtió rechazo y agresividad. Algunos llamaron a Carabineros y casi los forzaron a
actuar. Un jeep militar detuvo a una religiosa. En total quedaron
detenidos dos sacerdotes extranjeros, una religiosa, dos laicos
(hombre y mujer) y un muchacho que no tenía nada que ver
con el Movimiento sino que sólo intervino para defender a un
sacerdote a quien estaban agrediendo físicamente.
Al laico lo esposaron. Las mujeres fueron detenidas en
la Sub-Comisaría San Cristóbal y los hombres en la 19a de las
Condes. El trato en las Comisarías ha sido respetuoso.
533
Significado de los hechos
La distribución de este anhelo navideño:
1. No fue una acción política (en el sentido partidista del
término). Estaba vinculada a la defensa del derecho del hombre
a no ser torturado. Fue una acción que todo hombre que cree
en los Derechos Humanos habría de poder asumir.
2. No fue ni aún es ilegal en el presente Estado de Sitio.
No se trataba de panfletos ni propaganda sino de una sencilla
tarjeta navideña que decía NO A LA TORTURA. El delito es
torturar; no protestar contra la tortura.
3. Tampoco fue una acción irrespetuosa de la libertad de
las personas. Los párrocos podrían haberse sentido sorprendidos, pero la acción se hacía fuera de las iglesias y su sentido
humano y cristiano era tan evidente que los pastores se deben
haber sentido interpretados.
4. El sentido positivo de esta acción fue la urgencia de
incluir en el mensaje que nos trae el Salvador al mundo de hoy
y al Chile de hoy, la erradicación del enorme pecado contra
la humanidad que es la tortura practicada en una sociedad que
se llama cristiana.
Reflexión final
Nos sorprendió mucho la reacción de algunos cristianos cuya molestia por nuestra acción pareciera demostrar que
defienden la tortura. Nos sorprende también la acción oficial
de detenernos; si fue un error, deberían haberse apresurado a
dejar volver a sus casas a los detenidos para celebrar en ellas
la Navidad.
MOVIMIENTO CONTRA LA TORTURA
"SEBASTIAN ACEVEDO"
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DECLARACION PUBLICA FRENTE
A LA EXPULSION
DEL SACERDOTE DENNIS O'MARA
Diciembre de 1984
Una vez más, el Gobierno del General Pinochet ha
expulsado del país a un sacerdote extranjero por defender los
Derechos del Hombre, que son los Derechos de Dios.
La prensa oficialista y censurada ha dicho que el delito
fue distribuir "propaganda política" a la salida de las iglesias el
domingo 23 de diciembre. Personajes oficiales, incluso el propio Ministro de Relaciones Exteriores han repetido esa versión.
Todos se han cuidado de mencionar la verdadera naturaleza de
la acción que se hizo. Fue un llamado navideño a la conciencia
cristiana a decir un "No" a la tortura y erradicarla del país en
este nuevo año que comienza. La tortura es, por alguna razón,
un concepto tabú que el Gobierno no quiere expresar y la prensa
no puede hacerlo.
Dennis O'Mara fue expulsado de Chile no por acciones
políticas sino por haber participado en acciones pacíficas en
defensa de los Derechos Humanos. Ni siquiera podría calificarse esta acción de ilegal o contraria al orden público. Que lo
juzguen los lectores de esta declaración.
Lo que se distribuyó a la salida de algunas iglesias el
domingo 23 de diciembre fue una hoja en forma de tarjeta de
Navidad que consistía en lo siguiente:
Un dibujo que representaba a un grupo de personas con
un lienzo desplegado que decía NO A LA TORTURA.
Arriba señalaba: "Por una Noche Buena sin los Herodes y un Año Nuevo sin torturadores". Y abajo firmaba el
535
Movimiento Contra la Tortura "Sebastián Acevedo". Chile,
diciembre, 1984.
En lo anterior consistía "el panfleto" que se ha calificado
como "propaganda política".
El religioso Dennis O'Mara, un sacerdote maduro que
ha dedicado muchos años al trabajo apostólico en Chile, ha
merecido el respeto de todos como hombre espiritual y profundo. Sabía a qué se exponía en las circunstancias actuales,
pero hizo su opción de conciencia: no podía quedar a un lado
mientras en Chile se seguía torturando a hombres, mujeres y
menores de edad, y actualmente en una medida que sobrepasa
los años anteriores.
La acción y el sacrificio de Dennis O'Mara es una interpelación para toda conciencia cristiana o simplemente humana.
Interpela muy particularmente a los que creen que pueden
conciliar su fe y práctica religiosa olvidando lo que sucede en
nuestro país: la inhumana y sistemática práctica de la tortura.
Nos sorprende, nos alarma y nos sorprende profundamente la reacción violenta de los católicos que saliendo de
Misa, se supone empapados en un sentimiento de solidaridad
con el que sufre y dispuestos a hacer realidad la Buena Nueva. Sin embargo, agredieron y en algunos casos ellos mismos
solicitaron la presencia de Carabineros y Militares para que
"castigaran" a los sacerdotes y laicos que cumpliendo con su
ministerio propio denunciaban la Tortura y recordaban el compromiso que todo cristiano y hombre de buena voluntad debe
tener con la VIDA.
Por último, adherimos a las actividades convocadas por la
Vicaría de la Zona Oeste, vale decir el ayuno del día 29 y 30
y a la misa a efectuarse en la Basílica de Lourdes el domingo
30 de diciembre.
Dennis, gracias por tu testimonio, te lo agradecemos en
nombre de los torturados de Chile.
MOVIMIENTO CONTRA LA TORTURA
536
"SEBASTIAN ACEVEDO"
Testimonio del sacerdote Dennis O'Mara
(aparecido en la revista Pastoral Popular)
el brazo y me amenazó con la luma indicando con su mirada:
"Váyase o va a recibir el mismo cariño otra vez".
Las cuatro mujeres y los sacerdotes José Aldunate y
Antonio Ghyselen salieron en libertad ese mismo día. A las
18 horas del día siguiente me dejaron libre después de descubrir que soy sacerdote. Los laicos y seminaristas tuvieron
que permanecer en la Primera Comisaría durante cinco días.
Como dice la declaración del Movimiento "Sebastián Acevedo", si protestar contra la tortura es delito, lo es tanto para los
sacerdotes liberados más pronto como para los laicos retenidos
durante cinco días.
El día dos de junio, en las oficinas de la Jefatura Nacional de Extranjería y Policía Internacional, me notificaron
del contenido de la Resolución No 346, del 31 de mayo de
1984 del Ministerio del Interior, Departamento de Extranjería
y Migración.
Según la Resolución No 346:
1. "Se rechaza la solicitud de permanencia definitiva
formulada por el extranjero Francis Dennis O'Mara Folan de
nacionalidad estadounidense".
2. "En lugar de abandonar el país se le otorga visación
de residente temporario, válido por dos meses..."
La misma suerte tuvo el sacerdote belga Antonio Ghyselen a pesar de tener permanencia definitiva durante 16 años.
Ahora los dos tenemos residencia de dos meses.
Este castigo del Ministerio del Interior es su reacción a
nuestra detención, junto a 14 chilenos, el día 29 de mayo en
la Plaza de Armas; participábamos en una marcha pacífica y
silenciosa con otros miembros del Movimiento Contra la Tortura "Sebastián Acevedo". Queríamos denunciar la tortura y la
nueva ley que la facilita. Cuatro o cinco carabineros llegaron
corriendo y al tiro empezaron a romper los carteles y golpear
a los que estaban en la primera parte de la procesión. (Dos
carabineros golpearon a un sacerdote y un laico).
No quisieron dialogar cuando traté de intervenir: "... ¡por
favor, deje de pegarles! ¡es algo pacífico!..." me pegó fuerte en
Los motivos personales
Esta experiencia me hizo pensar de nuevo en los motivos
que me guiaban. En agosto de 1983 yo había expresado mi
ansiedad y preocupación al enterarme del sufrimiento de unos
dirigentes sindicales torturados y relegados al sur. Me invitaron
a la primera acción frente a la CNI, en calle Borgoño. En un retiro recé y pensé en la invitación. Y en un cuaderno escribí:
1. Jesús dijo "traten a los demás como quieren que ellos
los traten a ustedes" (Le. 6). Si yo estuviera en las manos de
la CNI, le rogaría a Dios que mis compañeros y hermanos hicieran todo lo posible para librarme de este infierno. Yo quiero
participar en algo concreto para lograr la liberación de los que
sufren la tortura.
2. Jesucristo sigue torturado en los torturados por la CNI,
"Yo soy Jesús a quien tú persigues", (Hechos 9, 6). Al pensar en
la tortura en contra de otras personas me siento muy conmovido, enojado y ansioso. Busco la oportunidad para denunciar esta
tortura. Nuestra presencia frente al lugar de la CNI sería una
manera muy fuerte de denunciar este crimen horrible y decirles:
"No aceptamos la tortura de nuestros hermanos y hermanas".
Si están torturando a alguien en ese momento ojalá que dejen
de maltratarlo a causa de nuestra presencia y de la publicidad
en los medios de comunicación. Ojalá que este tipo de protesta
pacífica influya en cambiar lo que se le permite a la CNI.
3. Nuestra presencia frente a la CNI, anuncia nuestra
solidaridad con los que están sufriendo esta indignidad y puede
TORTURAR ES NEGAR QUE LA VIDA HUMANA
ES SAGRADA
537
538
darles ánimo y fuerza interior.
4. Nuestros carteles y canciones van a decirles a los de
la CNI, que están maltratando a nuestros hermanos, que están
actuando en contra de Dios, quien exige que respetemos a la
persona humana.
5. Como hermano de los que sufren la tortura y como
miembro de la Iglesia chilena, quiero participar con los que
van a ir al lugar de la CNI, al saber que allí están torturando
a alguien.
6. Hablé de estos motivos con un sacerdote chileno. Me
quedé convencido de que la decisión fue correcta. Por supuesto
tomé en cuenta que el gobierno podía poner fin a mi presencia
en Chile si participaba en una acción para poner fin a la tortura.
Para mí tortura es negar en la práctica que Dios está presente
en cada persona; al nivel de la acción, torturar es negar que la
persona humana es sagrada y siempre merece respeto y buen
trato por ser persona humana. Entonces no podía conformarme
ni aceptar que diariamente están torturando y están sufriendo la
tortura. El Movimiento Contra la Tortura "Sebastián Acevedo"
me da la oportunidad de afirmar que la persona torturada tiene
valor, es sagrada y ha sido violada en el centro más personal
de su ser y que tienen que poner fin a la tortura.
7. Me ayudó el comentario de un sacerdote chileno después de la primera visita a la calle Borgoño: "En la parábola
del Buen Samaritano, el sacerdote no se portó como prójimo
del hombre que cayó en manos de los salteadores" (Le 10. 36).
"El que se mostró compasivo con él" actuó con amor hacia su
prójimo. En esta línea creo que todos los cristianos igualmente
tenemos la responsabilidad de ayudarle al hermano que ha caído
en las manos de los torturadores. Hemos visto que las palabras
solas no son suficientes. Por eso salimos a la calle para hacer oír
el mensaje de que nuestros hermanos están sufriendo la tortura
y para pedir que dejen de torturarlos". (Dice Puebla: "La Iglesia,
por un auténtico compromiso evangélico, debe hacer oír su voz
denunciando y condenando estas situaciones, más aún cuando los
gobiernos o responsables se profesan cristianos", N° 42).
8. En las palabras de otro sacerdote chileno el Movimiento "Sebastián Acevedo" nos da la oportunidad de "juntar
539
palabras de denuncia con acciones pacíficas coherentes con las
palabras".
La voz me quema dentro
Cuando siento miedo, me da ánimo el himno: "TENGO
QUE GRITAR, TENGO QUE ARRIESGAR ¡HAY DE MI
SI NO LO HAGO! ¿COMO ESCAPAR DE TI, COMO NO
ANDAR, SI TU VOZ ME QUEMA DENTRO?"
Siento que una voz me quema dentro y no me deja estar
tranquilo. Hay voces de todas las víctimas de esa crueldad,
gritando en su dolor, impotencia y abandono. Hay la voz de
Jesús: ¿Por qué me has abandonado a los torturadores?. Además
creo que se escucha la voz de los torturadores pidiéndonos
que los liberemos de ese "trabajo" tan deshumanizante, cruel
y autodestructivo. ¿Cómo poder seguir torturando? No lo entiendo. Tal vez su formación (mejor decir "deformación") en
la CNI, y otros servicios de seguridad los deja como hombres
robot después de un lavado cerebral. Hacen lo que mandan sus
superiores: "cumplen órdenes".
La voz de Sergio Inostroza, ahora en la cárcel, después
de 10 días con la CNI: "El brazo no me lo quebraron a golpes,
fue con corriente. Me engrillaron los brazos y entonces uno
ordenó "ponle 220". Fue terrible. Sentí clarito como sonó el
hueso. Fíjense, me lo rompieron en tres partes. Por ahí está la
radiografía". "Lo peor, continúa, fue la utilización de mi hijo
para presionarme a hablar. Al niño lo torturaban delante mío.
Lo ponían en la camilla y le aplicaban la electricidad igual
que a mí. No respetaron ni siquiera su edad. Me ponían focos
potentes encima de los ojos y electricidad en la frente y en
la nuca, además de unos golpes que lo atontaban a uno... Las
torturas eran diarias; el movimiento empezaba como a las siete
de la tarde y no paraba en la noche..." (Fortín Mapocho, 7 de
junio, p. 11).
Las conclusiones
1. Al pensar en el sufrimiento de nuevas víctimas no
puedo arrepentirme por haber participado en una manifestación
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pacífica contra la tortura. Creo que los participantes no hemos
merecido la reacción violenta de los carabineros, ni la detención
de los 16, ni la decisión de dejar a los seminaristas y laicos
detenidos durante 5 días, ni una visa de dos meses a Antonio
y a mí. Mucho más razonable y justo sería que el Ministro del
Interior dé un plazo de dos horas a los torturadores. Si no dejan
de torturar en dos horas, mandarlos a la cárcel.
2. Nos trataron, a los detenidos, como enemigos del pueblo. Me pregunto, ¿son amigos del pueblo los torturadores de
la CNI, y los que torturan en los cuarteles de investigaciones
y en las comisarías? ¿Están actuando como amigos del pueblo
los que permiten, encubren u ordenan el maltrato de chilenos?
Todos los grupos e individuos que hemos manifestado nuestro
rechazo de la tortura creo que estamos promoviendo el bien
común de Chile. Sin duda estamos sirviendo al bienestar del
pueblo mucho más que los que torturan o tratan de negar, proteger y perfeccionar la práctica sistemática de la tortura.
3. A los responsables de la tortura, no les gusta ni la
crítica nuestra ni la publicidad. No les conviene la acción de
grupos y personas que llaman la atención a sus crímenes. Con
razón los responsables de la tortura temen la verdad. Como
Jesús dijo, "El que obra mal, odia la luz y no viene a la luz, no
sea que su maldad sea descubierta y condenada" (Jn. 3, 20-21).
Así se trata de silenciar a las personas que divulgan los casos
de detenidos-desaparecidos y de torturas.
4. Con palabras claras y enérgicas los Obispos chilenos
han condenado la tortura. En diciembre último declararon: "Es
absolutamente indispensable y urgente una reforma de fondo
en los organismos de seguridad, especialmente de la CNI, para
que actúen dentro de la moral y de las leyes justas que deben
regir un país. Sólo así se evitarán torturas, intimidaciones,
relegaciones y tratos denigrantes" ("Un Camino Cristiano", 15
de diciembre, 1983). Desgraciadamente no les hacen caso los
responsables de la tortura. El general Pinochet evita el tema,
el general Gordon y el señor Jarpa nos aseguran que no hay
tortura ni en los lugares de la CNI y de Investigaciones, ni en
las comisarías. Al mismo tiempo los carabineros y el Ministerio
del Interior nos tratan con mano progresivamente más dura a
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los que manifestamos en contra de la tortura en el Movimiento
"Sebastián Acevedo".
5. Se habla de un país donde los líderes, con la ayuda
de científicos, crearon un MONSTRUO capaz de reconocer y
maltratar a los enemigos del Estado. Reconocerlos fue fácil
porque tenían caras rojas. Según su programación al detectar el
color rojo, el monstruo reacciona con violencia, muchas veces
con más destrucción que la programada. Con frecuencia los
ayudantes presentaban a los opositores no-rojos bajo el color
rojo, y el monstruo reaccionó con violencia en contra de ellos;
y a veces el monstruo no pudo distinguir los colores. Empezó
a volverse loco. Por fin había un miedo casi universal.
La tortura sistemática es un monstruo. El pueblo siente
miedo, vergüenza y rechazo en cuanto a la tortura, a los que
la han creado y mantenido esa práctica monstruosa. El pueblo
tiene derecho a gritar "no al monstruo, no a la tortura". Y los
gobernantes necesitan estos gritos para despertar la voz dormida
de una conciencia moral, para darse cuenta de que los chilenos
no aceptan la tortura que les castiga, que los amedrenta y que
busca información.
6. Nací fuera de Chile pero tengo la sangre chilena,
porque hace cinco años me operaron dos veces en Santiago.
Tuvieron que darme transfusiones de sangre. Así soy medio
chileno aunque un amigo chileno me dijo: "Sí, Denny; ahora
tienes sangre chilena, pero no llegó a tu cabeza. Piensas y
hablas como gringo".
De todas maneras me gusta vivir y trabajar en Chile. En
persona he experimentado "como quieren en Chile al amigo
cuando es forastero". La canción expresa la acogida que los
sacerdotes, religiosas y misioneros laicos hemos recibido. Muchas veces nos han dicho "ésta es su casa", y en verdad me
siento como en mi casa compartiendo las alegrías y las penas
de los demás; testigo de su fe profunda y espíritu cristiano de
solidaridad. Sin embargo, no puedo acostumbrarme a la práctica
sistemática de la tortura.
Estoy preocupado de mi situación legal. Tres veces me
han detenido en manifestaciones contra la tortura (septiembre
frente a Borgoño; noviembre cerca de la CNI en República,
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y en la Plaza de Armas). Me acuerdo bien de la expulsión de
los sacerdotes de Pudahuel en marzo de 1983. Espero que el
gobierno no tome la misma decisión injusta en el caso mío o
en el caso de Antonio. Los Obispos de la Iglesia me enseñan:
"acción en favor de la justicia y participación en la transformación del mundo, son elementos esenciales de la predicación
del Evangelio" (Sínodo de Obispos, 1971). Creo que en ese
espíritu he participado con chilenos y extranjeros en acciones
pacíficas para transformar una práctica opuesta al Evangelio y
opuesta a los valores tradicionales chilenos.
Antonio Ghyselen subraya que la oposición a la tortura
"sobrepasa el concepto de nacionalidad o raza". Tomo yo el
ejemplo de Poncio Pilato, un extranjero en Palestina. Se lavó
las manos por la condena de Jesús y así lo entregaron a sus torturadores y asesinos: "Yo no me hago responsable de la sangre
que se va a derramar. Es cosa de ustedes "(Mt.). "Y dejó que
trataran a Cristo como quisieran" (Le.) Pilato no quería perder
ni su trabajo ni la amistad del César.
Ser extranjero no me quita el deber y el derecho a luchar
con los chilenos para poner fin a esa forma de crucifixión (la
tortura). Y puedo identificarme bien con Pilato. Durante años yo
seguí su ejemplo de mantener limpias las manos y no hacerme
responsable de la sangre de los crucificados. El Movimiento
Contra la Tortura "Sebastián Acevedo" me ha invitado a superar
el miedo, a salir de mi silencio cómplice y a seguir el camino
de acciones pacíficas contra la tortura. (Por supuesto hay otras
formas igualmente válidas de oponerse a la tortura).
No debo ni quiero seguir lavándome las manos. Hay
Pilatos suficientes.
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CARTA A DENNIS
Santiago de Chile, enero 1 de 1985
Rev. Dennis O'Mara
Chicago
USA
Querido Dennis:
Te escribo sujeto aún a la fuerte impresión que a mí y
a todos nos produjeron los sucesos de tu expulsión y de los
actos que siguieron a ella. Creo que no necesito informarte de
estos últimos pues ciertamente otros han de estar escribiéndote
sobre ellos.
Sí quisiera que estas palabras mías contribuyeran a reconfortarte en tu espíritu. Porque cuando se hace con una persona el
crimen de desarraigarlo violentamente de los suyos sin siquiera
dejarle tiempo a despedirse ni a escuchar los sentimientos de
los demás, creo que ese silencio obligado de las voces amigas
puede convertirse equivocadamente en una sensación de reproche o de crítica por lo que uno hizo. Temo que hayas partido
de Chile con esa impresión y que –por las circunstancias policiales del suceso– tal impresión se haya acrecentado cuando
al hacer escala en Miami fuiste víctima de una estúpida contramanifestación. Espero que la sola consideración de la clase
de gente que son esos cubanos de Miami te haya bastado para
comprender y confirmarte que estás en el buen camino de la
Liberación, así como la reacción de la burguesía católica en el
templo de San Agustín en Santiago fue una demostración de
lo que puede hacer el odio y la intolerancia de las clases dominantes hoy en Chile. Dennis: si anteayer hubieses escuchado
el clamor gigantesco de la multitud que repletaba la basílica
de Lourdes, que permaneció por varios minutos