Las calamidades de la guerra

Transcription

Las calamidades de la guerra
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JULIO
REQUENA PÉREZ
Las calamidades de la
guerra
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Gracias a mi abuelo Antonio,
y ala memoria de su padre,
que nos dejó este libro,
como parte de una vida,
llena de dificultades y calamidades.
EL AUTOR
Nació el 7 de Marzo de 1.875 , a las 4 de la tarde . Hijo de Tomás
Requena y Cantos (natural de Villar de Chinchilla , Albacete) y de
Eladia Pérez Cuenca (natural de Camporrobles) , nació en la calle
Del Sol ,n°7. Su profesión fue la de labrador y estuvo casado en Ia
nupcias con Dominga García Albero , con la cual tuvo tres hijos :
Julia, Antonio y Francisco ; y en 2anupcias contrajo matrimonio
con Bonifacia González Sánchez ,con la cual tuvo una hija llamada
Virtudes.
Tenía una hermana llamada Virtudes Requena Pérez, que nació
el 13 de Abril de 1.878.
Murió el dia 28 de Diciembre de 1.932 , a las 15 h. , en Camporrobles , en la calle Travesía Valencia, a consecuencia de una estenosis
mitral.
Cabe reseñar como anécdota , que en el Certificado de Nacimiento
refleja como nombre Tomás , pero sin embargo , era llamado en el
pueblo como Julio , y de hecho en el Certificado de Defunción , se refleja como nombre el de Julio Requena Pérez.
JULIO REQUENA PÉREZ (1875-19321
Como curiosidad , entre las hojas del libro hay un pedazo de
cuartilla , escrito en chino antiguo , (y no en tagalo como pensé en
un principio), que tras muchas averiguaciones y consultas (ya que se
trata de una ortografía muy antigua) , me han podido traducir.
Al parecer, fue escrito por Julio Requena Pérez, cuando estaba
al servicio de Don Alejandro Roces , ya que realizaba trabajos de
contabilidad de la hacienda de Don Alejandro.
El texto , (página siguiente ) , se interpreta de arriba hacia abajo
y de izquierda a derecha , y viene a decir lo siguiente:
Dia 20. Ha mandado Wang Zheng Fa 2 Yens y 110
céntimos.
Dia 7. Gastado 1 Yen.
4 Diciembre. Mandado Wang Gi 4 Yens y 110 céntimos.
Dia 23. Gastado 1 Yen, y el mismo dia ha gastado en tienda
80 céntimos. Ha ido al banco y sacado 20 céntimos.
9 Noviembre. Ha comprado ropa y zapatos, lYen.
25 Octubre. Gastado 1 Yen. Total ha gastado 410 Yen.
25 Octubre.
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PROLOGO
Tal vez . si no hubiese sido , por mis preferencias a la lectura y al respeto y cuidado de los
libros , no hubiera rescatado de un viejo baúl, este singular
diario del bisabuelo Julio
que tenía guardado su hijo Antonio.
Después de muchos años de tenerlo guardado en casa , como oro en paño ,me he decidido a
transcribirlo y encuadernar una copia para cada uno de sus nietos , y que de esta forma ,toda la
familia conozca un poco de la vida de nuestro bisabuelo , en su etapa de defensor de la colonia
española de Filipinas en la Guerra de Independencia de 1896.
En realidad.si este libro , hubiese sido cuidado desde su escritura y respetado por aquellos
lectores a los que fue dejado ( y no hubieran arrancado hojas de una forma indiscriminada ),
estaríamos ahora ante una excelente obra biográfica escrita en rima , a través de cuartetos.
He querido respetar la ortografía del libro original, ya que puede ser una excelente obra
para el estudio de su escritura , por ello , en algunos versos aparecerán palabras que hoy nos
resultarán una auténtica barbaridad ortográfica , pero en aquella época , pocas personas eran
capaces de siquiera escribir .
Esperando que disfrutéis de su lectura y respetéis este libro a lo largo de vuestra vida.
Francisco Javier Requena García.
Mayo de 1998.
INTRODUCCIÓN HISTÓRICA
En las postrimerías del siglo XIX, en la Colonia Española
de Filipinas , se produjo un violento movimiento en favor
de la Independencia , uno de cuyos jefes , José Rizal, fue
fusilado en 1.896.
Al estallar la guerra Hispano-Americana , por motivo
de la Guerra de Cuba , Emilio Aguinaldo y otros caudillos nacionalistas organizaron una leve insurrección ,
que concluyó el 12 de Junio de 1.898, debido fundamentalmente a la intervención de la escuadra estadounidense
que derrotó a la española en Cavile, poniendo fin a la
soberanía española en el archipiélago.
Por el Tratado de París de 1.898, Filipinas pasó a depender de FE. UU. , que tuvo que luchar contra las tropas
acaudilladas por Emilio Aguinaldo , opuestas a la presencia estadounidense .
Por fin en 1.934, se fijó la Independencia del archipiélago en al año 1.946.
CRONOLOGÍA
12 DICIEMBRE 1.896.
13 DICIEMBRE 1.896.
14 DICIEMBRE 1.896
17 DICIEMBRE 1.896.
29 DICIEMBRE 1.896
15 ENERO 1.897.
16 ENERO 1.897.
17 ENERO 1.897.
22 ENERO 1.897.
24 ENERO 1.897
28 ENERO 1.897.
15 FEBRERO 1.897.
16FEBRERO 1.897.
19 FEBRERO 1.897.
7 MARZO 1.897.
19 MARZO 1.897.
24 MARZO 1.897.
6 ABRIL 1.897.
9 ABRIL 1.897.
20 ABRIL 1.897
30 AGOSTO 1.897.
1 MARZO 1.898
23 MAYO 1.898
3 JUNIO 1.898
2 JULIO 1.898
19 AGOSTO 1.898
3 SEPTIEMBRE 1.898
10 OCTUBRE 1.898
26 MARZO 1.899
29 MARZO 1.899
17 MAYO 1.899
22 MA YO 1.899
Sorteo del destino.
Llegada a Tarragona.
Llegada a Barcelona.
Salida hacia Filipinas en el barco 'Antonio López ".
Llegada al Mar Rojo.
Llegada a Adem (Yemen).
Llegada a Singapur.
Llegada a Manila.
Sorteo del n° de Batallón.
Llegada a Calumba.
Paso por las ciudades de Tulo , B igas y Santo Tomás.
Salida hacia Silang.
Llegada a Santo Domingo.
Traslado a Cavite.
Traslado a Las Marinas.
Paso por Salitran , Zapote y La Presa.
Salida hacia Imús, Bacoor y San Nicolás de las Pinas.
Paso por Cavite , Malabon y Santa Cruz.
Salida de Noveleta hacia Cavite.
Partida hacia Taal.
Salida hacia Nagcarlan.
Llegada aMajayjay.
Salida hacia Santa Cruz.
Llegada a Santa Cruz.
Es herido en Santa Cruz.
Recibe el alta en el hospital.
Rendición ante D. Ponciano Rizal en Santa Cruz y
traslado hacia Cabuyaó.
Es trasladado de Luchan a Paete como prisionero.
Ultimo día como prisionero en Paete.
Llegada a Lilio para seguir como prisionero.
Pide el ti-aslado como prisionero.
Vuelta a Paete , como prisionero y al servicio de Don
Alejandro Roces.
LA
Las calamidades de la suena.
Delaño 96
dia 12 de Diciembre,
nos preparan las roletas
para sacar nuestra suerte.
Por lanoche paseando,
las calles de Tarragona;
para a otro dia marchar:
en el tren á Barcelona,
De cuatrocientas boletas,
ciento veinte heran las malas;
para ir a Filipinas:
ha combatir con las volas.
Una peseta nosdio,
el Teniente Coronel;
para que en Filipinas glorioso:
nos ha cordaramos de el.
Nada mas que me nombraron,
meti ¡amano en el bombo;
y bidé dos letras negras:
que bidé el 58.
El catorce por la mañana,
montáramos en el tren;
y llegamos á Barcelona:
sobre a hora de las diez.
De como bidé misuerte,
en aquel mismo momento,
ala cuarta memarche;
haber si encontraba un quinto.
Aquel dia que llegamos,
no nos dejaron salir;
á recorrer Barcelona:
y podernos divertir.
Arreglamos las pelmultas
15 duros dava yo a el;
para que echase lafirma
en Teniente Coronel.
Estovamos algo tristes,
y al mismo tiempo rabiosos;
por no poder divertirnos:
pateábamos los gorros.
Con la pelmultas arregladas,
las bajaba yo en lamano;
y medijo el Comandante,
que todo heraya en baño.
Nos hunimos los soldados,
como buenos compañeros;
empeñados en salir:
y logramos nuestro intento.
Ninguno de mis amigos,
quería que me biniera;
por que sabían de cierto:
que deseguida ascendía.
Tambravo como un León,
el Teniente Coronel;
con el sable desembeinado:
quería hacer uso de el.
No tenia otro camino,
ni tampoco sabacion;
que marchar á Filipinas:
á defender la nación.
Hera el dia diecisiete,
y teníamos que embarcar;
nos rrepartieron las mantas:
para podernos tapar.
Dia trece de Diciembre,
sobre las 3 de la tarde;
entregamos el equipo:
y nos dieron otros trages.
Desde el cuartel hasta el muelle,
no podíamos andar;
de tanta jente que había:
y mucha de ella llorar.
Halli había varias madres,
de algunos que se marchavan;
llorando alagrima viva:
sin poderlas consolar.
A los tres o cuatro días,
al toque de una corneta;
dieron pito para el agua:
y para el rrancho chapeta.
Barias señoras habia,
rregalando chocolate;
y al mismo tiempo decían;
Dios que hos de vuena suerte;
para que buelva abrazarte.
Los marineros decían,
soldados no tener pena;
que alas cuatro de la tarde:
vamos á saltar a tierra,
dicho puerto hera porsay.
Malditas sean las guerras,
gritavan los caballeros;
que toda esta pobre jente;
marchan al degolladero.
En el tiempo queses tuvieron,
entrando carbón al vareo;
los oficiales bajaron:
y estuvieron paseando.
A sus padres avandonan,
y tamvien asus familias;
por defender ala patria:
por cuatro pillos del dio.
El vapor rrompio lamarcha,
con rrumboy con enerjia;
frente afrente del saliente:
con dirección á Manila.
Estovamos en el muelle,
con muchísimo calor;
y ya bimos una barca:
para marchar al vapor.
El día de noche buena,
pasábamos por Colombo;
y en el vapor con nosotros:
monto un capitán de moros.
Ala horillita del muelle,
una lancha de hacercaba;
ha conducir ala tropa:
que á Filipinas marchava.
Al salir ya de Colombo,
eché un suspiro llorando,
á Dios patria de mibida;
que lejo tevas quedando.
Un obsequio nos acian,
al entrar en el vapor;
cinco puros y peseta:
nos rregalava un Señor.
Un poco mas adelante,
un hombre nos rrejistrava;
no querían que se usara:
ni cerillas ni nabaja.
A las cinco de la tarde,
el vapor rrompio lamarcha;
despidiendo anuestros padres:
y tamvien anuestra patria.
No se podía dormir,
la primer noche en el vareo;
cada instante bomitando:
lo mismo que los vorrachos.
Pasaremos a otro asunto.
Los piojos que se criaban,
en el vareo Antonio López,
tenían bastante fuerza;
para irtirando en un coche.
Siete piojos compañeros,
de los gordos que yo evisto;
tenían una disputa:
y querían pegarle aun quinto.
Esto lo digo por mi,
que en mi cuerpo se criaban,
del tamaño de piñones,
y tomismo que habellanas,
y no hera de los que mas llevaba.
El primer dia de pascua,
formamos en pelotón;
para darnos á tres igos:
y un pedazo de turrón.
Durmiendo venia yo,
dencima de una barquilla;
dos compañeros me ataron:
y quitarme la mochila.
Al otro dia siguiente,
nos mandaron á formar;
por pelotones enteros:
nos mandavan á lavar.
Con una soga me ataron,
de los pies ala varquilla;
y los dos bien preparados:
para quitarme la mochila.
Nos mandaron á lavar,
y sin pizca dejaron;
y la tropa había de estar
lo mismo quel mismo sol.
Antes de que terminara,
de atarme los pies al yerro;
como un rrayo metiré:
en lo alto de su cuerpo.
Cuando estovamos lavando,
en la corriente del agua;
de los piojos que venían:
se formo una barricada.
Dos otros golpes ledi,
y le dije gran ladrón;
me an quitado la mochila:
el quinto me contestó.
Como no había javon,
y el agua hera tan mala;
mucho me hacordava yo:
de mi madre y de mi hermana.
Tabaco no nos faltava,
y de comer y gualmente;
por que los Jefes querían:
tener contenta ala gente.
Algunos por no lavar,
la rropa echaran al mar;
y ya llegó cierto dia:
que los vido el Capitán.
Beintinueve de Diciembre,
llegábamos al mar Rojo;
y venían á hendernos:
de todas frutas los moros.
Nada mas que ya les vido,
la compañía formada;
y aquel dia rrepartió:
muchísimas bofetadas.
La dirección del vapor;
marchando siempre al saliente;
el dia cuatro de Enero
amanecimos al poniente.
A las diez de la mañana,
pasábamos la rrebista;
porque a bastantes soldados:
lesfaltava la mochila.
El dia cuatro de Enero,
del año noventa y siete;
llegavamos al canal:
y muy contenta la gente.
A las cuatro de la tarde,
compañía nos tocaban;
y los Jefes y oficiales:
al mauser nos enseñaban.
Un vapor nos encontramos,
que de Manila venia;
y á Francia ¡regresaba:
con bastantes mercancías.
Tres días estuve enfermo,
y metido en la bodega;
sin poder subir arriba:
por causa de la marea.
Ala izquierda del canal,
se encuentra el desierto de sara;
de donde salen camellos:
de aquella espesa montaña.
Muy mala noche pasamos,
en el golfo de León;
se creían ir a pique:
y anclaron el vapor.
La primera cosa que acen,
darte un látigo en la mano;
para si marchan despacio:
que les vayas habivando.
Once días navegando,
y sin divisar aun un abe;
y divisamos un puerto:
que lo titulan por Aden.
Los chinos travajan mucho,
con interés particular;
por marcharsen de su tierra:
para poder comerciar.
Muy prosimo aeste sitio,
ala derecha del camino;
se encuentra Jerusalen:
y la montaña de Ejido.
Los chinos por ver castilas
se meten dentro del barco;
con varias cosas de venta:
y con bastante tavaco.
Estavamos en el muelle,
entrando carbón al barco,
y también bastantes vacas;
para mucha carne el rrancho.
En el dia diez de Enero,
salíamos de la china;
yfaltavan siete (lias:
para llegar á Manila.
Algunos desde el vapor,
tiravan perras al agua;
por ver tirarsen los Indios;
á cojer perras de España,
Dia dieciseis de Enero,,
del año noventaisiete;
nos dieron el armamento:
municiones y machete.
Aun Indio muy atrevido,
le echaron una peseta;
y se le arrojó un tiburón:
quedándose le una pierna.
Divisamos á Manila
al otro dia siguiente;
y alas cinco de la tarde:
desembarcando lújente.
Con rrumbo y con enerjia,
sobre las dos de la tarde;
el vapor rrompio conrrumbo:
para ir á Singapur.
Antes de echar pies entierra
nos regalaron sombreros;
paseando por Manila;
tomismo que caldereros.
Por la mañana temprano,
nos hicieron asear;;
para ala tarde hir al pueblo:
y marchar á pasear.
En el muelle de Manila,,
hubo gran recibimiento;
muchas personas de España:
y con músicos de viento.
Con algunos oficiales,
marcharon varios soldados,
y por el pueblo estuvieron:
por la tarde paseando.
Al grito de viva España
soldados heramos miles;
donde fuimos conducidos:
al cuartel llamado misis.
El pasear por la china,
es una grande delicia;
pase habanse en los quiles:
rrecordando asus familias.
Por la calle del Rosario
con dirección al cuartel;
gritavamos viva España
y lújente echó á correr.
La noche que alli llegamos,
toditos secos de sed;
y pusieron centinelas:
para no dejar vever.
El Teniente Coronel,
que había estado en Melilla;
el sequeria marchar:
conbatallon y guerrilla.
El rrancho que alli nos davan,
no se podía pasar;
y no teníamos perras:
para poderlas gastar.
Tenia grande interés,
de marcharse del cuartel;
por que sabia decierto:
que ascendía á Coronel.
Al otro día siguiente
mando el Capitán formar;
y se fue a sacar dinero
que nos quería pagar.
Dia veintitrés de Enero,
setenian que marchar;
las fuerzas de dicha plaza:
para en el campo luchar.
Sacando cuentas de cabeza,
ya lo vimos asomar;
y ya no fue necesario:
que nos mandaran formar.
El veintidós por la tarde,
se marcho á Malacañan;
á que lediese permiso:
el capitán General.
Estovamos muy contentos,
mis amigos aquel dia:
que nos dieron a cada uno:
nueve pesetas y media.
Por la noche de rreten,
y no nos dejavan dormir;
por cabecera dos mochilas:
y entre las piernas fusil.
La primer faena que ice,
de como tuve dinero;
escribirle amis padres:
una carta con franqueo.
Al capitán General,
el,venció con sus palabras;
hasta que le dio permiso:
para salir á campaña.
Por la calle del Rosario,
a buscar canbio salía,
y que medieran el aumento:
en moneda Filipina,
Antes desalir al campo,
rrepartieron alas tropas;
camisetas y bomvones:
y también un par de votas.
Teníamos instrucción,
por la tarde y la mañana;
lo mismo que se ejecuta:
en el campo de batalla.
En el dia veintidós,
todos fuimos ala mar;
para provar los fusiles:
y a otro dia marchar.
No podíamos salir
ni de noche ni de dia;
á pasear por las calles:
tan vonitas de Manila,
Al otro dia siguiente;
a las diez de su mañana;
embarcaba el Batallón:
para marchar á Calamba,
En el dia veintidós,
sortearon los batallones;,
y al doce no le tocó:
el salir de operaciones.
A pesar de tanta fuente,
íbamos secos de sed;
y las mujeres decían:
que saquen agua y vever.
Las mujeres nos decían,
que tristeza abrá en España;
abandonáis vuestros padres:
para venir á campaña.
Aquel arroz lo cocieron,
en una holla de campaña;
y ya no comimos más:
hasta otro dia de mañana.
Sobre las dos de la tarde,
marchábamos á Calamba;
echavamos pies en tierra:
a las dos de la mañana
En aquel famoso cerro,
muchísimo hambre pasamos;
alos tres dias pillé:
una cabeza de ajos.
Estovamos en la playa,
esperando al General;
hasta que vino y dio orden:
para marchar á cenar.
Los ajos vien los guardé,
hasta las seis de la tarde;
hasta pude pillar:
una gallina muy grande
Cinco dias estuvimos,
en el pueblo de Calamba;
y por matar las gallinas:
nos llevaron á Campaña,
La gallina hera muy grande,
nosabia ande ponerla;
hasta que pude escurrirme:
y ponerla en la mochila.
Dia veintiocho de Enero,
vino decretada orden;
que pongan destacamentos:
en todos los Batallones.
Mis amigos de patrulla,
estovan en el camino;
cuando los vide asomar:
con un pollito pequeño.
A nosotros nos tocó,
marchar á santo Tomás;
y poner destacamento:
en Biga; y Tuló nada mas.
Uno de ellos traía sal,
el otro traia los mistos;
el otro se fue a por leña:
y yo arreglando el pisto.
El primer dia de marcha,
hasta llegar á Tuló;
todos séquitos de sed:
por aquel monte de Dios.
Nosotros tirando de habe,
todo el mundo nos miraba;
hasta el Teniente nos dijo:
que le dieramos una ala.
En el cerro de Tuló,
hacia un sol que habrasaba;
y decíamos unos á otros:
que fríos harán por casa.
Estando en santo Tomás,
alas dos de la mañana;
rrecibimos una orden:
para marchar á Calamba.
Cargaos como burrillos,
y con falta de comer;
chapeábamos el bosque:
para poder andar vien.
El general dio una orden,
fuera los destacamentos;
arreunir alas tropas:
y a buscar los Insurrectos.
Alas cinco de la tarde,
ya divisamos a un biejo;
y nos traia un poco arroz:
en un caballo muy biejo.
Nos juntamos muchas fuerzas,
en el pueblo de Calamba;
paró el dio dieciseis:
salir todos á campaña.
Por la mañana instrucción,
y por la tarde revista;
el comandante quería:
que lajente ándase lista.
El sol que apretava mucho,
en aquella triste mañana;
y para apagad la sed:
comíamos mucha caña.
Una pregunta le hice,
aun buen mozo,y artillero;
y deseguida me dijo:
yo soy cerca de tu pueblo.
Alas diez de la mañana,
pasamos Sto. Domingo;
y un poco mas adelante:
habia un hermoso Rio.
A comer con ellos me iba,
porque comían mejor;
y sin parar de decirme:
bebe vino cazador.
Una corneta tocó,
fajina para comer;
porque teníamos cerca:
al aguapara bever.
El catorce por la noche,
nos mandaron á formar;
repartieron la radon:
para a otro dia marchar.
Puso una rreguridad,
el doctor del Batallón;
que no bebamos mucha agua:
quesera mucho mejor.
Dieron galleta y arroz,
sal y bastante tocino;
y después nos ¡repartieron:
un grande bombón de vino.
Hoimos el cornetín,
y empiezan á desfilar;
por una estrecha hereda:
y espeso cañaveral.
Dia quince de Febrero,
salíamos de Calamba;
la división de Lachambre:
que hacia Silang habanzaba.
Ya se nos hizo de noche,
y llegamos al campamento;
donde el agua nos faltava:
y también el alimento.
Una diana tocaron,
alas tres de la mañana;
nos cargamos las mochilas:
el fusil y las cananas.
Llegamos al campamento,
y pusieron el servicio;
y al poco trato trageron:
arroz y jamón del chino.
Estovamos en la plaza,
vien formados por sesiones;
y el general nos decía:
animarsen Cazadores.
Una sección com bombones,
al trio marcho a por agua;
y las otras dos rrestantes:
allí quedaron de guardia
Al toque de una corneta,
alas seis de la mañana;
salían los Batallones:
muy contentos de Calamba
Teníamos mucho bolas,
para cortar muchas tramas;
para quitarles las hojas:
y ponérnoslas por cama.
Un dia grande de sol,
y aquella terrible marcha;
pasando vastante hambre:
y faltándonos el agua.
El medico nos mandó,
que hiciéramos barraquillas;
para que no nos cayese:
troció en nuestras mejillas.
Al otro dia siguiente,
nos amaneció lloviendo;
y ala voz del General:
salimos del campamento.
Desplegados en guerrilla,
rrecelando el temporal;
cuando fuimos rrecibidos:
com balas mas de un millar.
La lluvia había cesado,
sobre las once del dia;
y pillamos a un manbís:
que nos serbia de guia.
Nos mandaron acer fuego,
por mando del capitán;
y no teníamos orden:
para poder habanzar.
Sobre las dos de la tarde,
ya rrompiamos la marcha;
los Insurrectos estovan:
a muy cortita distancia.
Al oírles las lantacas,
echamos rrodilla entierro;
y un Sargento nos mandó:
que aga fuego la guerrilla.
Ala tercera compañía,
nos tocó por la derecha;
y sin saber nos metieron:
en una fuerte trinchera.
Heran los primeros tiros;
que hadamos en campaña;
toditos muy asustados:
y con la cara muy blanca.
De ordenanza me sacó,
el capitán por la tarde;
yo hacia de correo:
para llevarle los partes.
Cabronazos y cobardes,
el capitán nos decia;
si me aceis esto otra vez:
rremato la compañía.
Estovamos asentados,
muy cerca del enemigo;
porque el guia nos condujo:
por un camino perdido.
Un soldado del país,
Batallón setenta y cuatro;
el pobre cayó herido:
y nadie iba hampararlo.
A cien metros de nosotros,
había muchas gallinas;
y el capitán nos decia:
andar si queréis por ellas.
El capitán nos decia,
un soldado habido herido;
y no haveis sido ninguno:
para prestar vuestro ausilio.
Ya salimos la camino,
y cojimos alegría;
que perdidos en los bosques:
andavamosya tres dias.
De aquelfuego no me olvido,
porque me tocó el perder;
la correa de la manta:
y la caña de vever.
Estando ya en el camino,
y formados por secciones;
el capitán nos decia:
animarsen cazadores.
En un ondo del camino,
la compañía formada;
y mandaron pasar lista:
por ver si alguno faltava.
Ya nos mando preparar,
y un cargador en la mano;
muchachos no tener miedo:
que bamos a entrar en fuego.
Toda la brigada entera,
bolvimos al campamento;
y con mucha vijilacia:
para ver los Insurrectos.
Sin comer y sin vever,
porque no habia denada;
y preciso hera el entrar:
en Silangpor la mañana.
Ya que subimos el Rio,
nos tocaron paso ataque;
los cazadores corriendo:
y los hartilleros delante.
Estovamos asentados,
todos en el campamento;
y tuvimos tres heridos:
délas balas de Insurrectos.
El Teniente Coronel,
del Batallón numero dos;
ciento cincuenta soldados:
por un cordel los pasó.
Estovamos asentados,
esperando al General;
hasta que bino y dio orden:
que enpiecen á desfilar.
Los artilleros estarán,
en la plaza de Silang;
y a nosotros nos decían:
cazadores avanzar,
que yo ya no puedo mas.
Hera terrible el tomar,
aquella fuerte trinchera;
donde matan seis soldados:
y un comandante se llevan.
Un báñente cazador,
pordarse muestra dehonor;
lo cojió la insurrecion.
Por mando del coronel,
franquearon por la derecha;
dos compañías del doce:
para tomar las trincheras.
Por mando del General,
tocan fuego las cornetas;
y los bravos cazadores:
cargan a la bayoneta.
Las músicas Insurrectas,
tocaban desde Silang;
y en las altas voces decían:
cazadores habanzar.
Habia una cuesta grande,
y nosotros en el Rio;
y tuvimos que pasar:
por un camino echo a pico.
De la fuerza de vanguardia,
traían algún herido;
y el Doctor del Batallón:
los curaba halli en el Rio.
Diecinueve de Febrero,
las balas allí llovían;
y los pobres artilleros:
el caballo los cubría.
Barias fuerzas de las nuestras,
no podían acer fuego;
porque a los flancos tenían:
muchísimos de los nuestros.
Una, pina nos hicimos,
en el pueblo de Silang;
tantas balas Insurrectas:
y nosotros sin tirar.
En la calle Real que habia,
con dirección al combento;
nos tocaron paso ataque:
a buscar los Insurrectos.
Cuarta y tercer compañía,
nos mandaron habanzar;
llegamos á cierto sitio:
que no podíamos pasar.
Apareció por alli,
el Teniente Coronel;
y nos dijo muchachitos:
el Combento hay que cojer.
Como Leones rrabioso,
salimos dos compañías;
y un poco antes de llegar:
ya los vimos que salían.
Salían de aquel Combento,
como ovejas de un corral;
y nuestras balas decían:
vastante no corráis más.
Llevavamos ya tres dias,
sin comer ningún manjar;
y estovamos muy contentos:
de haber cojido Silang.
A una descarga que icimos,
la tercera compañía;
salía un tao del Combento:
tocando una campanilla.
Un teniente con nosotros,
se vino abuscar comida;
y pillamos cuatro cerdos:
y una porción de gallinas.
Todo cuanto allí existia,
en la casa de la villa;
cojieron los oficiales:
y le echaron una cerilla.
Sobre las dos de la tarde,
establecieron el servicio;
y nos pusieron de guardia:
en horillita del Rio.
Un bajay que habia allí,
frente afrente del combento;
tiramos cuatro descargas:
porque tenia Insurrectos.
La lluvia apretava mucho,
y el hambre apretava mas;
me hacordava de mis padres:
y de mi familia no más.
Ya quel fuego se hacabó,
insurrectos no esistian;
por compañías enteras:
que fueron pasando lista.
Tres heridos que tuvimos,
la tercera compañía;
en aquella misma tarde:
los llevaron á Manila,
Formados por Batallones,
y por orden en la calle;
por que al Combento venia:
el General de Lachambre.
Al General rrecibimos,
con el arma presentada;
y sin parar de decirnos:
muchachos miles de gracias:
que asi me gustan a mi,
los soldados en campaña.
Nada mas cesar el fuego,
nadie puede imajinar;
el destrozo que alli icimos:
y sin nada aprovechar.
Ya ocultaba el sol sus rradios,
y la noche oscurecía;
y ya nos traían el truncho:
a los que habia en la linea.
En la punta del mache,
aquella noche dormimos;
muyprosimo de nosotros:
se encontravan los bandidos.
La noche del diecinueve,
no la olvidara tájente;
y con mucho mas motivo:
el que estuvimos presente.
Por cada vala que tiramos,
por la mañana en Silang;
por las noches en la linea:
se disparava un millar.
Al otro dia siguiente,
ya nos dieron de comer;
nos dieron Rancho y galleta:
y vino para veber.
Tomándonos el café,
el veinte por la mañana;
nos vinieron atacar :
aquella perra canalla.
En el dia veintidós,
llegaba la hartilleria;
que tienen los hartilleros:
puesta alli su balentia.
El gran puñetero chino,
ablaba con el pañuelo;
y les decía la fuerza:
que había en el campamento.
De los pobres cazadores,
que estovamos en campaña;
jamas se borrara nunca:
de la memoria de España.
La noticia le llevaron,
al General de Lachambre;
y cuatro tiros mandó:
que un cazador le pegase.
Pueblo de mas importancia,
de la provincia de Cavite;
diecinueve de Febrero:
lo tomó tan pocajente.
Por el flanco a la derecha,
pusieron los centinelas;
y con gasones de tierra:
hadamos casutillas.
Los oficiales y Jefes,
muy llenos de simpatías;
se abrazaban unos a otros:
y lloraban de alegría.
La alerta que se cantava,
herapor numeración;
para que no nos sintiese:
la maldita Insurrecion.
Beinticinco de Febrero,
alas seis de la mañana;
nos dieron cuatro galletas:
y nos pusimos en marcha.
La hartilleria Rodada,
en medio del campamento;
para que no la copasen:
los malditos Insurrectos.
Un anónimo encontramos,
escrito por insurrectos;
cuyo papel nos decía:
este pueblo habandonamos:
en Imús ya nos veremos.
Por mando del General,
el clarín ya nos tocaba;
para agruparsen las fuerzas:
atención y Generala.
El Teniente Coronel,
saliendo acia la marinas;
nos preguntó si llebavamos:
galletas en las mochilas.
Acia un sol que habrasaba,
nosotros muertos de sed;
y ya llegamos aun Rio:
y no nos dejaron veber.
Prosimamente al Rio,
hicimos el campamento;
y muy cerquita de hallí:
estovan los Insurrectos.
Pusieron los centinelas,
al frente del enemigo;
y bieron que hacia señas:
un chino con un pañuelo.
Batallón numero 12,
nos tocaba hir de banguardia;
para cojer las Marinas:
aquella misma mañana.
Barios barrios sencontravan,
antes de entrar en Marinas;
y los Jefes nos decían:
echarles una cerilla.
Muchas trincheras había,
antes de entrar en el pueblo;
y en el camino encontramos:
muchos de ellos y muertos.
Auno de ellos se cojió,
que en una trinchera había;
y le preguntaban los Jefes:
la fuerza que de ellos había.
Después de varias preguntas,
le rrejistraron el cuerpo;
y llevaba unos papeles:
de todos los Insurrectos.
Mucho trabajó el soldado,
en Pérez de Las Marinas;
los Insurrectos estovan:
puestos en sus baterías.
Biendo que no declaraba,
y de cierto un en bustero;
el Comandante mandó:
que le pegasen un tiro.
Sobre las seis de la tarde,
cuando el sol se trasponía;
salíamos departida:
por aquellas cercanías.
Ya ocultava el sol sus luces,
y la noche oscurecía;
divisamos un Combento:
y bastante hartilleria.
Una tarde que salimos,
la tercera compañía;
tiraron dos cañonazos,
y al mismo tiempo decían
habanza baril castilas.
Muchísimos muertos hubo,
en el pueblo de Marinas;
les apretavan las clujas:
la brigada de Marina.
Cuando entramos en el pueblo,
nos fuimos al campamento;
el agua abundaba poco:
y nos faltara alimento.
El hambre apretava mucho,
y heramos tres compañeros;
habandonamos mochilas:
y fuimos a buscar cerdos.
Nada mas pillar un cerdo,
al campamento volvimos;
y en paja de arroz asado:
el cerdo nos lo comimos.
A los tres o cuatro dias,
ya no había ningún cerdo;
barias visitas le hacia:
a mi amigo el hartillero.
Nosotros de mala gana,
hadamos el servicio;
que habia algunos soldados:
que perdíamos el juicio.
Al otro día siguiente,
ya nos dieron la galleta;
garvanzos y bacalao:
y una poca morisqueta.
El dia siete de Marzo,
no lo olvidaré en mi bida;
del combate que tuvimos:
en Pérez de las Marinas.
Sobre la una de la tarde,
dejamos los campamentos;
con dirección a los bosques:
a buscar los Insurrectos.
Por elflanco a la derecha,
le tocó a mi compañía;
y con nosotros venían:
tres piezas de hartilleria,
Al cuarto de hora de marcha,
ya los vimos rrecorrersen;
y el teniente de artilleros:
puso las piezas al frente.
Los cazadores muy quietos,
los hartilleros soplando;
de tantos muertos que hubo:
el campo quedó sembrado.
Alas Marinas bolvieron,
las piezas de hartilleria;
y fueron bien custodiadas:
por la cuarta compañía.
Muchas valas nos tiravan,
los Insurrectos al bosque;
y nosotros amagados:
lo mismo que los trotones.
Las compañías extremas,
les mandaron rretirarsen;
y nosotros amagados:
hasta tener municiones.
Benia uno con un sable,
el que mas se distinguía;
todos tiravan al sable:
que las valas le llovían.
Ya no teníamos tiros,
ni en canana ni en cartera;
nos mandaron rretirar:
a donde estova la fuerza.
El fuego de las Marinas,
no se les podrá olvidar;
porque el que allí no moría:
se marchava a Salitran.
Los Insurrectos al ber,
que nosotros rretiramos;
salían de aquellos bosques:
todos con el bolo en mano.
Ya quel fuego se acabo,
mirábamos con los lentes;
y estova el campo cubierto:
de muertos de aquella jente.
Hombres mujeres y niños,
salían de la manigua;
con dirección a nosotros:
lo mismo que las holmigas.
El suelo quedó cubierto,
de clamólas ya vacidas;
donde estovamos nosotros.
De toda la fuerza nuestra,
no se oía allí un mosquito;
y nos mandaron acerfuego:
biendolos ya en descubierto.
Muchas cajas se an gastado,
los oficiales decían;
por vien empleadas sean:
el comandante decía.
Aquella tarde en Marinas,
dava el gusto disparar;
el que mas tiros tirava:
mas Insurrectos matava.
Ya mandaron desfilar,
y marchar dos campamentos;
y tuvimos que pasar:
por dencima de los muertos.
Benian acia nosotros,
como lobos carniceros;
con los bolos en la mano:
a cortarnos el pescuezo.
Había algunos montones,
de cuarenta y cincuenta;
los tenían preparados:
para taparlos con tierra.
Como icimos rretirada,
en aquellas mostraciones;
los Insurrectos decían:
y no tienen municiones.
Antes de que entrasen tropas,
en aquel dichoso pueblo;
la jente estova metida:
toda dentro del Combento.
Alas des cargas que icimos,
como las moscas caían;
y se los iban llevando:
por aquellas cercanías.
Se estubieron rresistiendo,
hasta que habrieron la puerta;
y entonces los Cazadores:
entraron a bayoneta.
Daba gusto el disparar,
por verlos como caían,
y nosotros como lovos:
con gusto y con alegría.
Desde la puerta al altar,
tiraron cuatro des cargas;
hombres mujeres y niños:
todos alli pataleaban.
Salía un tao del Combento,
rrepartiendo candalazos;
y un Guardia Cibil que era Indio:
le pegó cuatro balazos.
La comida que nos dieron,
um plato de morisqueta;
sin garvanzos ni patatas:
sin aceite y sin galleta.
Los sacaron del Combento,
y los icieron montones;
para darles sepultura:
los batientes Cazadores.
Con aquella triste comida,
dos dias nos aguantamos;
y ya nos vino un comboy:
mucho que nos alegramos.
El aquel infame pueblo,
se mobió una tempestad;
que a los pobres Cazadores:
serbia de enfermedad
Aquel dia dieron Rancho,
de garvanzos nada mas;
para dos una galleta:
y termino de contar.
Los hambres que alli pasamos,
no se pueden apuntar;
porque dirán que el soldado:
siempre le gusta aumentar.
Hacia un sol que abrasaba,
y nos hadan cortar Ramas;
para acernos barraquillas:
cuando estavamos de Guardia.
Como tantos enfermaban,
por causa de tempestad;
deseguida nos marchamos:
para tomar Salitran.
Estavamos en la linea,
y se veian los Insurrectos;
y los Jefes nos decían:
tirarles Leones fieros.
Desde el pueblo de Marinas,
al Combento Salitran;
media una corta distancia:
de hora y media nada mas.
Estova bastante lejos,
adonde ellos se veian;
pero las balas del Mauser:
nadie no las detenia.
Sin comer y sin bever,
nos hacían caminar;
a buscar los Insurrectos:
al Combento Salitran.
Los manbises se corrieron,
sobre le flanco de la izquierda;
y no podía acer fuego:
la fuerza de la derecha.
Llegamos a dicho sitio,
y dejamos la mochila;
y a los nueve o diez minutos:
todos puestos en la linea.
La hartilleria Rodada,
se encontrava en el Combento;
y la querían copar:
los malditos Insurrectos.
Un sol que nos abrasaba,
y un hambre que nos comía;
el agua estova en el mar:
y la comida en Manila,
Ya quel fuego terminó,
el General dio una orden;
para marchar a otro sitio:
en aquella misma noche.
Alas 12 de la noche,
nos mudaron de la linea;
y nos hicieron formar:
para darnos la comida.
Alas cuatro de la tarde,
las mochilas en la espalda;
los Insurrectos un fuego:
que en llamas nos abrasaban.
Quietos en unos bancales,
nos tuvimos que amagar;
por causa de tanta bala:
no podíamos marchar.
Ya que el fuego terminó,
llamaron ala sección;
y rreunieron la fuerza:
y se marchó el Batallón.
la mochila nos pusimos,
por librarnos la cabeza;
a un que biniese una bala:
y se llevase una pierna.
Los oficiales decían,
antes de rromper la marcha;
muchachos mucho cuidado:
que esta noche nos abrasan.
Lo mismo que los conejos,
estovamos amagados;
los Insurrectos malditos:
nos tenían ya copados
Por una estrecha vereda,
empiezan a desfilar;
y sin oírse un mosquito:
cada momento á observar.
El sol se había ocultado,
y la noche oscurecía;
y sin parar de atacarnos:
con muchísima malicia.
Por ocho o por nueve veces,
aquella noche perdidos;
los unos por unos bailes:
los otros por unos picos.
El Teniente Coronel,
al ber el fuego que había;
le dijo ami Capitán:
donde está la compañía.
Alas dos de la mañana,
llegamos al campamento;
donde el agua nos faltava:
y tamvien el alimento.
Mandas al Teniente ver,
y la primera sección;
que les sostengan el fuego:
a la maldita Insurrecion.
Nada mas llegar alli,
nos pusieron de abanzada;
nos quitamos la mochila:
y a dormir la madrugada.
Como heraya tan de noche,
y tan obscuro que estova;
beiamos los fogonazos;
cuando ellos nos disparaban.
Estovamos sin comer,
y sin beverya tres días;
y aquella mañana dieron:
á dos latas de sardinas.
Nosotros rrodilla en tierra,
en una cequia que había;
y se beian los lantacazos:
del sitio donde salían.
Todos con bastantes cuartos,
y sin poder comer nada;
y ya cojimos un pueblo:
y alli no había de nada.
Un soldado del país,
estava sobre mi izquierda;
ledieron un lantacazo:
y le atravesó la cabeza.
Aquella misma mañana,
salimos del Campamento;
con dirección á Zapote:
á buscar los Insurrectos.
Estarían de nosotros,
algunos doscientos metros;
yyó decia entre mi:
mecojen los Insurrectos.
Alas diez de la mañana,
pasábamos por un Rio;
no nos dejavan bever:
los oficiales jodidos.
Hibamos ya caminando,
por una estrecha vereda;
y llegamos aun campamento:
que se titula la presa.
Estovamos acostados,
y nos dispierta el furriel;
prepararse ala carrera:
que marcháis a por comboy.
Puestos en unos bancales,
nos mandaron á campar;
y rrecojiamos paja:
para poder des cansar.
Sin comer y sin bever,
y sin fumar y gualmente;
tristes y en colorizados:
se encontrara ya lajente.
Aquella noche nos dieron,
en la Presa una comida;
lo menos por cuatro veces:
al ¡reenganche yo bolvia.
Llegamos a dicho sitio,
donde el comboy se encontraba;
aquel sitio lo titulan:
el campamento de Almansa.
Un tal Vicente Marín,
que es del pueblo de Landete;
bido el hambre que tenia:
y me rregaló un tomatete.
Los oficiales y Jefes,
adán las centinelas;
porque ellos no sefiavan:
que el soldado las hiciera.
Al otro dia siguiente,
el rancho iba la galope;
por que habia que marchar:
al Campamento Zapote.
Tan hambrientos como lobos,
sobre las cajas lanzados;
y sacábamos galleta:
y las manos echas pedazos.
Pasamos por unos bosques,
que habían prendido fuego;
los Insurrectos que habia:
todos estovan ardiendo.
Los oficiales decían,
cuando nos veían cojer;
corojo no abusar tanto:
y nos miraban haber.
Llegamos al Campamento,
y nos quedava una lata;
nos comimos las sardinas:
y nos pusieron de Guardia.
Yo me comí dieciseis,
y el macuto vien rreprieto;
en lU guerrera catorce:
y las que pude en el pecho.
Sin comer y sin bever,
estovamos en la linea;
y un Jefe nos preguntava:
que si nos davan comida.
Los cajones de tavaco,
también llevaron habance;
que con tanto paquetillo:
ya no pasábamos hambre.
Campamento de Zapote,
no te olvidaré jamás;
porque el hambre quépase:
no se puede numerar.
En aquella misma tarde,
a un bolvimos á Zapote;
todos con la tripa llena:
y tirando de rrelumbre.
Hacíamos barraquillas,
para poder tener sombra;
para aguantarnos al hambre:
que andava alli muy desobra.
Llegamos con el comboy,
y tocaron provisiones;
acudían los Furrieles:
a sacarnos las rraciones.
Aquella noche cominos,
lo mismo que en una boda;
tocino carne y garvanzos:
vino galleta y bajocas.
La morisqueta en Zapote,
parecía morteruelo;
quien pillara una sartén:
de gazpachos con conejo.
El dia de san José,
vien nos dieron de comer;
mucha abundancia de todo:
y vino para bever.
Alas seis de la mañana,
nos dijeron que a formar;
para bolver otra vez:
al Combento Salitran.
Se terminó lo mejor,
alos tres o cuatro dias;
terminado ya el comboy:
terminaron alegrías.
Nos dieron Rancho y galletas,
y antes de salir comer;
y nos dieron paquetillos:
y vino para bever.
Teníamos enseñados,
los dientes a no mascar;
que si comíamos mucho:
se podía indijestar.
Campamento de Zapote,
faltava agua de bever;
orines de Carabao:
se arrojaban ha bever.
Nada más tocar diana,
marchaba del Campamento;
en busca de morisqueta:
y me encontrara Insurrectos.
Campamento de Zapote,
no te podré yo olvidar;
el hambre que en tí e pasado:
no lo puedo yo contar.
Una mañana temprano,
iban delante de mí;
empezaron a tirarles:
y yo hacia delante seguí.
El arroz que se cojia,
aun estova con la trama;
ociamos unos pozos:
para picarlo en la manta.
Por Dios y los demás Santos,
que no te buelva a pisar;
Campamento de Zapote:
con Dios te puedes quedar,
que yo contento me boy,
al Combento Salitran;
ya mandaron desfilar por
una estrecha vereda y espeso,
y espeso cañaveral.
Con la punta del machete,
hadamos grande el pozo;
allí picando el arroz:
hasta que se hacia polvo.
Acia un sol que abrasaba,
nosotros muertos de sed;
y sin comer un bocado:
por no tener que bever.
Lo echavamos en el plato,
con un poquito de agua;
y no quería pasar:
devajo de la garganta.
Alas diez de la mañana,
nos encontramos un Rio;
y el Capitán nos decia:
aquí se para hijos mios.
Una mañana con hambre,
a buscar palay me fui;
me dio un asistente un poco:
una peseta le di.
Después de haber ya comido,
nos decia el Capitán;
muchachos andar por agua:
que nos vamos a marchar.
Encontramos en la senda,
dos soldados y un Sargento;
y los habían matado:
los malditos Insurrectos.
Ya vimos los Insurrectos,
por una ermosa cañada;
y nosotros preparados:
para acer una descarga.
Alas cuatro de la tarde,
llegavamos al Combento;
doce días encerrados:
llebavan los hartilleros.
De ningún batallón quiero,
el General nos decía;
que no se oyga un disparo:
que tengo orden de Manila,
Sin comer y sin bever,
estovan los hartilleros;
no les dejaran salir:
los bandidos Insurrectos.
Benía un tao con nosotros,
que nos servia de guia;
Lachambre le dio un papel:
y que fuera ala manigua.
Cojieron los hartilleros,
los fusiles de los muertos;
y estuvieron rresistiendo:
a fusilazos los Insurrectos.
El hombre aquel que marchó,
hera ya hora que bolviera;
entonces se adelantó:
el Teniente combandera.
Los Insurrectos estovan,
de la puerta frente afrente;
y les hadan el fuego:
metidos dentro de un puente.
El Insurrecto bolvió,
y le dieron un papel;
no nos entregamos no:
en Imús beremos haber.
Las piezas de hartilleria,
de metralla bien cargadas;
cuando veian ocasión:
tiravan una descarga.
Al ver la contestación,
nos mandaron á Campar;
y de seguida sentimos:
que nos bienen atacar.
La mochila me quité,
a un amigo fuy a buscar;
y le llevé unas galletas:
y tavaco para fumar.
En aquel barrio pillamos,
muchas gallinas y cerdos;
y yo salí boluntario:
para acer yo de Ranchero.
Los hartilleros decían,
si tardáis dos días mas;
en heñir los cazadores:
piazos nos acen aquí,
como los bravos Leones.
Aquella noche escondí,
dos gallinas bien asadas;
y en la trinchera de Imús:
las comí de vuena gana.
El veinticuatro de Marzo,
salimos se Salitran;
con dirección para Imús:
para poderlo tomar.
Por los caminos pusimos,
de papeles un millar;
para los taos que quisieran:
decidirsen a la paz.
El veinticinco de Marzo,
combastante hartilleria;
entró la marina en Imús:
y dos otros camisillas.
Muchos heridos nuestros,
pasaban los camilleros;
a curar ala trinchera:
casi todos hartilleros.
Estovamos en un prado,
con el barro alas cananas;
nos tocaron paso ataque:
y nos caíamos al agua.
El favor que puede acer,
es el marcharse de aqui;
por que yo me encuentro enfermo:
y lo que quiero es dormir.
Pasavamos por un Rio,
todo cubierto de cañas;
nos tocaron paso ataque:
y nosotros encerrados,
como en un corral de vacas.
Que no estima V. su vida,
el cabo me preguntaba;
esta noche no señor:
yo mismo le contestava.
Ya que salimos al llano,
la división de Lachambre;
ocho batallones juntos:
desplegados en guerrilla,
marchando toda la tarde.
Parte ledoy al Teniente,
de como V. esta en la linea;
dos tiros le doy á V.
si de aqui no serretira,
al cabo yo ledecia.
Alas cinco de la tarde,
llegavamos al Combento;
nos mandaron retirar:
cada uno asu campamento.
Deseguida vino el Rancho,
y yó dormido seguía;
saque V. el plato Requena;
que letraemos la comida:
el cabo ami medecia.
Ami sección le tocó,
el ir de guardia al Combento;
y mi cuerpo se encontrava:
esactamente ya muerto.
Me destinaron aun sitio,
para hacer la centinela;
y me causaba respecto:
el mirar aquella cueba.
Aunque era muy peligroso,
adonde ami me pusieron;
alli tiré el correaje:
y me puse aechar un sueño.
Toda la noche tirando,
los centinelas estovan;
pero yo no disparaba:
por mas tiros que tiravan.
Ya vino el Cabo de guardia,
y llegó donde yo estova;
Requena que ace V. asi:
el cabo me preguntaba.
El plato yo no losaco,
por que no puedo comer;
márchese pronto de aqui:
porque no les quiero ver.
Ala que se hizo de dia,
entonces medispertava;
y el cabo ami medecia:
anoche el que le pasaba.
Aquel Insurecto pueblo,
estova echo una ceniza;
porque lo habia quemado:
la brigada de marina.
Abandonamos Imús,
para marchar á Bacor;
en busca de tulisanes:
y también de Insurrecion.
Todo el pueblo de Bacor,
estova echo una ceniza;
aquel pueblo lo cojió:
la brigada de marina.
Cuando llegamos alli,
la marina estova dentro;
le habían pegado fuego:
que alli no existia pueblo.
El comandante decía,
tu declara la verdad;
porque si dices mentira:
tevamos afusilar.
El combento parecía,
un arel de arelar trigo;
de tantas bonbas metidas:
para Reliquias y cristos.
Biendo que no declarava,
el comandante medijo;
pegarle dos o tres tiros:
V. y el sarjento Garrido.
Estovamos ala sombra,
de la pared del combento;
hacia mucha calor:
y nosotros muy sedientos.
Cuatro tiros le pegamos,
al lado de una trinchera;
dos ledimos en la tripa:
y otros dos en la cabeza,
Llegamos al campamento,
y no había que comer;
el capitán nos decía:
gallinas hay que cojer.
Rejistrando por allí,
me metí en una trinchera;
por lo alto estova muy llana:
y estaba devajo de tierra.
Cada uno por donde pudo,
se marchó a cojer gallinas;
algunos llebavan cerdos:
pero ninguno gallinas.
Yo entrava muy preparado,
y el Teniente estaba allí;
donde ba V. sojodido:
es que quiere V. morir.
Un quinto y yo nos marchamos,
muy cerca de una balsilla;
a puro palo y peñazo:
matamos cuatro gallinas.
Muchas flechas encontramos,
y tanvien muchas lantacas;
y de muchos instrumentos:
en aquella mala Fragua.
La que al quinto le salía,
el sol se le trasponía;
había sido pastor:
y la pluma la entendía.
San Nicolás de las Pinas,
nos marchamos a otro día;
y ya lo habia cojido:
la brigada de Marina,
Nosotros dos nos marchamos,
muy lejos del campamento;
nos comimos dos gallinas:
y las otras dos al plato.
Una lata de sardinas,
nos dieron para comer;
y el agua hera de salitre:
y no sepodia bever.
íbamos buscando sal,
y encontramos un bajay;
habia dos tulisanes:
y tenían su panday,
que se titula una fragua.
Aquella tarde bolvimos,
de Nicolás á Bacor;
y en la puerta del Combento:
desembarcaba un bapor.
El uno de ellos marchó,
el otro le eché yo el guante;
lo amarramos de los brazos:
y lo llevé al comandante.
Galleta pan y tocino,
nos traía para comer;
y muchas pipas de vino:
y agua para bever.
Con dirección para Imús,
salíamos a otro dia;
por que alli permanecía:
las piezas de hartilleria.
A nosotros nos mandaron,
que cesáramos el fuego;
y rreunieron la fuerza:
para entrar dentro del pueblo.
Nos marcháramos de Imús,
para cojer á Cabite;
Capital de la provincia:
que alli bullía lújente.
Sobre las dos de la tarde,
entramos en aquel pueblo;
unos a tocar campanas:
y otros a prenderle fuego.
Teníamos mucho miedo,
aquel dia los soldados;
decíamos unos a otros:
hoy seremos degollados.
Trescientos tiros nos dieron,
por la mañana al soldado;
y cojimos á Cabite:
con los fusiles colgados,
todo el dia aciendo fuego:
porque habia poca jente.
Era el dia seis de Abril,
al toque de la oración;
rrecibimos una orden:
para huir a Malabon.
Al otro dia siguiente,
todos en la simentera;
esperando alli las balas:
toda la brigada entera.
Deseguida nos mandaron,
cuarta y tercer compañía;
por aquella simentera:
desplegados en guerrilla.
Estovamos haciendo fuego,
y tuvimos una baja;
el capitán vino alli:
y de ira pataleaba.
A nosotros nos tiravan,
desde el pueblo Sta. Cruz;
y los demás Batallones:
peleando en Malabon.
En lo alto del Combento,
pusieron una bandera;
nosotros la divisamos:
desde aquella simentera.
Alas seis de la mañana,
empezaron el jaleo;
y cada cinco minutos:
soplavan los hartilleros.
San Francisco Malabon,
todo el pueblo atrincheraron;
para poderlo cojer:
grandes descargas tiramos.
Alas cuatro de la tarde,
entravamos en el pueblo;
y varias calles estovan:
cubiertas de tanto muerto.
Tres mujeres prisioneras,
tenían los Insurrectos;
familia de un Capitán:
muerto por los Insurrectos.
Las tenían en la Iglesia,
y se pudieron amagar;
y cuando ello se marcharon:
nadie las pudo encontrar.
Las mujeres se amagaron,
lo mismo que las olmigas;
cuando vieron tropas nuestras:
lloraron a lagrima biva.
En la puerta del Combento,
se dejaron dos cañones;
porque no les dimos tiempo:
para llevarlos al bosque.
Las mujeres espresaban,
lo que habían echo de ellas;
todo lo malo del mundo:
que no esta bien de escribirlas,
de dos mujeres doncellas.
Las mujeres presentaron,
al General de Lachambre;
se les dio vien de comer:
porque estarán muertas de hambre.
El que vimos las mujeres,
¡regamos nuestras mejillas;
de verlas como lloraban:
en aquellas agonías.
Estovamos en la plaza,
y en la puerta del Combento;
y mandaron rretirar:
cada uno asu campamento.
Llegamos al campamento,
y tiramos las mochilas;
y nos dijo el capitán:
marchar á buscar gallinas.
Como los lobos hambrientos,
por aquel alrrededor;
parecíamos demonios:
en busca de los manos.
Miraron por el Combento,
encontraron un Rincón;
y tenían escondido:
un batiente cazador.
El cuerpo tenia negro,
de pincharle con hagujas;
aquella perra canalla:
que todos heran granujas.
El cazador declaró,
donde habia seis cañones;
los tenían preparados:
para llevarlos al bosque.
Por todo elglovo del pueblo,
se mobio una tempestad;
que oíos pobres cazadores:
servia de enfermedad
Tanto muerto como habia,
en aquel maldito pueblo;
que los bravos cazadores:
habían pegado fuego.
Escaparon a correr,
y se dejaron las cajas;
y en las trincheras habia:
también algunas lantacas.
Dencima de las mangueras,
los centinelas tenían;
nos habrasavan a tiros:
donde el Rancho nos hadan.
Cuando entramos en el pueblo,
nos llevaron al Combento;
y allí se habían dejado:
las camillas y los muertos.
Al pueblo Cabite Nuevo,
a por comboy nos marchamos;
y veníamos cargados:
lo mismo que presidiarios.
En el pueblo de Cavite,
viviajente Española;
nos rregalavan tavaco:
aquellas vuenas personas.
Llegamos a una taverna,
que hera casa de comidas;
y le dijimos al dueño:
que nos sacara gallinas.
Les saco vino del tinto,
el dueño nos preguntava;
nosotros le contestamos;
saque V. una dama Juana.
Cinco duros nos costó,
aquella vuena comida;
acerpuñetas dinero:
que yo lo que quiero es vida.
íbamos muertos de sed,
ala salida del pueblo;
y las mujeres decían:
cazadores bevan Refresco.
Ya nos tocaron llamada,
y nos dieron las Raciones;
para ir a Nobeleta:
con aquellas provisiones.
Llegavamos la Combento,
todos con mucha tristeza;
y al momento nos marchamos:
para cojer Noveleta.
Hera un cuadro de alegría,
el ver alli los soldados;
marchando por el camino:
como caballos cargados.
Estovan cinco hartilleros,
arreglando de comer;;
y estalló una granada:
de cinco murieron tres.
A unos les davan galleta,
a otros les davan tocino;
a otros les davan aceite:
y a otros les davan el vino.
Ala salida del pueblo,
le echaron una cerilla;
y nosotros maldiciendo:
maldito sea marina.
Medieron ami un jamón,
y una lata de aceite;
todo lo amarré al fusil:
y el jamón lo até al machete,
y la lata ala culata.
Mucho se nos rresistieron,
en el pueblo de Noveleta;
tenían muchas trincheras:
y toda lújente Insurrecta.
El dia que nos marchamos,
de Noveleta á Cavite.
Alas diez de la mañana,
entravamos en el pueblo;
cuarta y tercer compañía:
nos marchamos al Combento.
El combento de Cabite,
todo lleno de bujeros;
que la marina hacia:
los disparos muy certeros.
Binieron dos barquichuelos,
y no podían arrimar;
habia aplacado el aire:
y habia bajado el mar.
Tanta jente habia alli,
y de tantísimos pueblos;
que ya tenían copados:
alos pobres hartilleros.
Habia un llano muy grande,
que hera una gran simentera;
y mandaron acer alto:
toda la brigada entera.
En aquel maldito pueblo,
mucho se nos rresistieron;
por haber tantas trincheras:
muchos muertos hubo nuestros.
Los vares alli parados,
y sin poder arrimar;
para sacar la comida:
preciso nos fue nadar.
Llegamos al campamento,
y por alli nos marchamos;
como los lobos hambrientos:
las cajas de municiones,
escondidas las tenían:
y por eso en Noveleta:
tanto se nos resistían.
El cieno hasta la cintura,
sin poderlo vadear;
Mamada y ala carrera:
para al momento marchar.
El dia nueve de Abril,
dieron orden jeneral;
que todos aquellos muertos:
se tenían que enterrar.
De la tercera compañía,
nos tocaba el ir á siete;
y con nosotros venia:
de director un Teniente.
El no tenia una perra,
yo si llevava bastante;
nos fuimos auna cantina:
a comer varios manjares.
Cojimos las erramientas,
y hacíamos pozos grandes;
para enterrar a los taos:
los valientes Cazadores.
Ala oficina memarcho,
le dije yo á Marcelino;
que hay uno de nuestro pueblo:
que se llama Margarito.
Todos teníamos aseo,
de tocarles alos muertos;
atodos se nos formó:
en nuestro estomago asiento.
El dia veinte de Abril,
me marchava ala oficina;
y pasé una temporada:
que no veré otra en mi bida.
Tres calaveras cojió,
un pequeño cazador;
de trevedes le sirvieron:
para cocer un arroz.
Bino muchísima jente,
del pueblo Cavite Nuevo;
y nos ponían cantinas:
para sacarnos dinero.
Tenían todos mucho asco,
de tocarles alos muetos;
un Alicantino y yó:
los cojiamos por cientos.
Toda mivida tendré,
bien presente a Malabon;
porque ala fuerza me hadan:
que hiciera de enterrador.
El dia 30 de Agosto,
vino una orden jeneral;
los destinos de oficina:
se tenían que marchar.
A Nagcarlang me mandaron,
que estaba micompañia;
desde Septiembre hasta Marzo:
estuve yo destacado;
y ya llegó cierto dia:
que me tuve que marchar:
y me marché a Majayjay.
En el pueblo Majayjay,
teníamos un teniente;
terror de los Insurrectos:
que llamavan losjentes
Alos doce o trece dias,
teníamos que marchar;
y marchamos á Cavite:
para marcharnos á Taal.
En aquel maldito pueblo,
me pillaron calenturas;
y yo creia que me iba:
derecho a la sepultura.
Nada mas llegar á Taal,
pregunté por Recorton;
por que dijeron que estova:
destacado el Batallón.
Dia 23 de Mayo,
a las dos de la mañana;
rrecibimos una orden:
para marchar á Luchana.
Como yo estova de Guardia,
nopodiayo buscarlo;
y ya lo vide venir:
en compañía de un Cabo.
El Teniente Coronel,
mandó alos destacamentos;
rreconcentrar alas fuerzas:
que mueben los Insurrectos.
A Sta. Cruz nos marchamos,
y habandonamos Luchana;
y pasamos unos Rios:
con el agua alas cananas.
De Sta. Cruz hasta el sitio,
donde llevábamos la orden;
los soldados muy contentos:
por que cojiamos habes.
El agua llovía a mares,
y nosotros caminando;
no lo olvidaré en la vida:
ni aun que esté en el campo santo.
Estando en la divisoria,
para bolver desde alli;
los Insurrectos estovan:
alos flancos y sinfín.
La causa de rreunirnos,
alas fuerza de campaña;
lo causaba Filipinas:
que estova mobilizada.
Lo mismo que un cazador,
que esta esperando alas liebres;
lo mismo nos sucedió:
alos pobres cazadores.
En el dia tres de Junio,
sobre las seis de la tarde;
llegamos á Sta. Cruz:
y sin tener un combate.
Nos tiran una des carga,
que nos hicieron tres vajas;
y toda la guerrilla nuestra:
avanzando a la banguardia.
Fuerzas heramos muy pocas,
para pedir rresistirnos;
sobre quinientos soldados:
con las clases y destinos.
Hera un cuadro de alegría,
pero de mucha tristeza;
todos tirando gallinas:
y mano alas cartucheras
De soldados delpais,
en el pueblo de Sta. Cruz;
caballería bien puesta:
formaron un batallón.
Por miedo alos Insurrectos,
no cojiesen la vanguardia;
cuatro infelices valientes:
quedamos a rretaguardia.
Las patrullas de acaballo,
se bolvieron Insurrectos,
lleváronse los equipos:
y habandonando alos nuestros.
El dia trece de Junio,
hubo que acer descubierta;
ciento cuarenta soldados:
nos numeraron por lista.
Tres secciones nos hicieron,
á parte de la guerrilla;
y rrecelando el temporal:
prepararon las camillas.
Flancos hizquierda y derecha,
vijilancia sin cesar;
que al divisar Insurrectos:
al momento disparar.
El uno de los heridos,
cayó sobre mi derecha;
y y ó gritava y decia:
que se cargué aqui la fuerza.
Al herido le quité,
elfusil y las cananas;
y un catalán que hera Cabo:
le preparaba la cama.
Lo echamos en la camilla,
entre los dos infelices;
a pesar de tanta bala:
que caian pero a miles.
Fui a cojer el fusil,
y agarrado ala camilla;
y el pobre herido decia:
darle parte ami familia.
Con el fusil y el herido,
caminábamos los dos;
en esto vino una bala:
y cayó herido sedó.
Alas 3 de la mañana,
los Jefes y los soldados;
todos puestos en trincheras:
esperando alos malvados.
Nadamas que cayó herido,
el infeliz de sedó;
la camilla y el herido:
todito allí se quedo.
Alas 6 de la mañana,
nos empiezan atacar;
y nosotros amagados:
y sin poder disparar.
Desde el puente a Sta. Cruz,
sin cesar el tiroteo;
y ya venían soldados:
para mas rrefuerzo nuestro.
Los Hindios en sus trincheras,
los cazadores tamvien;
las volas caían a miles:
y nosotros sin comer.
Cuando llegamos al pueblo,
no queríamos el Rancho;
del colera que cojimos:
y por el mucho cansancio
En las latas de petróleo,
el rrancho alli nos traían;
y como estova tan malo:
ninguno se lo comía.
El dia trece de Junio,
no lo podre yo olvidar;
porque aquel dia empezamos:
a comer Rancho simpan.
Ese dia 24,
jamas yo lo olvidaré,
ni mas de 4 infelices:
ni cuantos sepan le ir.
De aquellos dos cazadores,
cojidos por Insurrectos;
despedazaron sus carnes:
tomismo que dos corderos.
Ni de noche ni de dia,
no usaba el tiroteo;
de tanta vala esplosiva:
el suelo estova cubierto.
En la orillita del rio,
amarrados auna tabla;
para que viesen la acción:
por la corriente del agua.
Nosotros en las trincheras,
lo mismo que los conejos;
cansados por el travajo:
y muertecitos de sueño.
Barios soldados habia,
en el Rio allí lavando;
cuando vieron que venia:
el desgraciado soldado,
por la corriente del agua.
Una de ciertas mañanas,
yo creí que nos comían;
de tanta vala esplosiva:
de aquella braba familia.
Deseguida dieron parte,
de como vieron quien hera;
al momento dispusieron:
que les dieran sepultura.
En aquel mismito dia,
la plaza quedo sitiada;
hasta el dia 24:
que acometieron con rrabia.
Los cabellos herizados,
no lo digo por contarlo;
una cosa es el decirlo:
y otra el estarlo pasando.
En 28 o 30 dias,
no cesó elfuego tagalo;
nosotros al disparar:
heran babois para el rrancho.
Carne galleta y patatas,
no lo beíamoi-jamas;
e!pan aceite y el vino:
todo estova por demás.
Eznian é Si a. Cruz,
una porción de Insurrectos:
nosotros cu las trincheras:
con los ojos muy habiertos.
Una orden dispusieron,
par todas nuestras trincheras;
que no disparen un tiro:
hasta no herios afuera.
Los Insurrectos querían,
en aquella noche entrar;
pero les hera costoso:
nuestras trincheras saltar.
A pesar de tanta vala,
que anosotros nos tiravan;
de diez a doce minutos:
cañonazos nos tiravan.
Alas doce de la noche,
adornos el ¡relevo;
las doce y cuarto serian:
querían entrar a dentro.
A fuerza de cañonazos,
las trincheras nos tiravan;
y los Jefes ordenaron:
que había que rreforzarlas.
Travajar en la trinchera,
de dia no se podía;
de tanta vala maldita:
de aquella perra familia.
A las ocho de la noche,
todo el mundo alas trincheras;
unos para rreforzarlas:
los de mas de centinelas.
Los Insurrectos de noche,
nos voceaban y decían;
cazador gualan tinapay:
gualay paquete insular.
Buenos días cazadores,
los Insurrectos decían;
al terminar la palabra:
un cañonazo nos tiran.
Una noche sejuntaron,
en la trinchera del puente;
para entrar á Sta, Cruz;
alas doce de la noche,
vorrachos estavan todos:
con el silencio del mundo,
venían muy amagados.
La cuenta les salió herrada,
de lo quellos se creían;
pero el vino es muy valiente;
cuando se toman porfías.
Helios querían entrar,
por donde habia dos puertas;
pero habia centinelas:
con el hojo muy habierto.
Aquel cuarto le tocaba,
a un soldado de primera;
alerta y fuego muchachos:
que suben por la trinchera.
Unas cuantas habellanas,
y aceitunas del saquillo;
les dimos aquella noche:
ala partida de Zaino.
Cuando los vimos que estavan,
en nuestras mismas trincheras;
tiramos cuatro descargas:
por las nuestras aspilleras.
Una porción de tagalos,
quedaron allí tumbados;
el que no murió en el ínter:
quedaron allí amagados.
Cuando ya seizo de dia,
y bimos aquellos muertos;
binieron á Sta. Cruz:
que lograron sus intentos.
De los muertos que alli ieimos,
se mobió una tempestad;
que en media hora alrrededor:
no sepodia aguantar.
A dos tenia ya atadas,
y se lanzó sobre el otra;
muy listo se de vantó:
y con el bolo en la mano.
Ya trataron de enterrarlos,
pero quien blincaba las trincheras;
para entrarlos adentro:
si alli llovían las valas,
de los bravos Insurrectos.
Hera un cuadro de alegría,
lo mismo que un saínete;
el Insurrecto acia alos suyos:
y el voluntario Jilocano,
entre las yerbas se mete.
A unos cuantos cazadores,
los oficiales nos dicen;
pasen JJdes. por ellos:
y se les dará dinero,
la contestación fue buena,
pasen lides, si quieren,
nosotros todos dijimos;
que la vida es muy amable,
porque ay nos comen atiros,
que de tras de las trincheras,
son JJdes. muy batientes.
A dos otros voluntarios,
les dieron dicho dinero;
y con cordeles muy largos:
se les ataron al cuello.
Estiraban del cordel,
una porción de soldados;
de ese modo hubo que acer:
para poder enterrarlo.
Amagado se marchaba,
el desgraciado Insurrecto;
y el voluntario benia:
muy ruscado de miedo.
Arrastrado por el suelo,
lo mismo que una culebra;
se marchava el Insurrecto:
acia los suyos se acerca.
Ya tenia dos atados,
y uno de tantos lefaltava;
y al tiempo de ir atarlo:
el muerto se de vantava.
Muchos tiros le tiramos,
cuando vimos que corría;
alos tres o cuatro días:
los perros se lo comían.
Todo el que alli no murió,
o nó entregaron sus vidas;
preciso les fue acer el muerto:
para no perder su vida.
De aquella hora en adelante,
cañonazo nos tiravan;
en el día dos de Julio:
dos cazadores nos matan.
Nosotros desde trincheras,
todos estando mirando;
al ver la acción de aquel muerto:
y también del voluntario.
En el dia dos de Julio,
muy humildes y callados;
estando en nuestras trincheras:
nos tiran dos cañonazos.
El Insurrecto miraba,
al boluntario muy listo;
como atava asus amigos:
y el infeliz se decía:
lo mismo ba acer conmigo.
Alas diez de la mañana,
estando comiendo el rrancho;
nos tiran un cañonazo:
y matan dos balencianos.
Al uno ¡o dividió,
por mitad de su cintura;
y el otro pobre decía:
los dos ala sepultura.
En aquel mismo momento,
se puso y sacó la baia;
por favor se la pedí:
para tenerla en mi casa.
Distancia de quince pasos,
de unos aotros mediaría;
corriendo fuimos haberlos:
dejándonos la comida.
Alos seis o siete días,
ami se mcpuso el brazo;
de tal modo encangrenado:
que ya quería cortarlo.
El Teniente nos mandó,
a terminar de comer;
y después de terminar:
que los fuéramos haber.
Alos cinco o seis minutos,
que estovamos asentados;
comiendo un poquito Rancho:
nos tiran un cañonazo.
Heramos comiendo dos,
con miplatoy mi cuchara;
los dos caímos heridos:
yo y el desgraciado de maza.
Tres heridas yo tenia,
del dichoso cañonazo;
en la pierna y la cabeza:
y la mas grabe en el brazo.
Al combento mellevaron,
que estova allí el hospital;
desde el dia tres de Julio:
hasta el dia de entregar.
El brazo ami semepuso,
lo mismo que una almoada;
y un dia dije al Doctor:
por dentro tengo una bala.
El doctor ami medice,
no encuentro nada Tomás;
y yo le buelvo a decir:
dejeme V. ami la tienta
un poquito nada mas.
El medico alli presente,
y yo pinchazos al brazo;
yo mismo en contre la vala:
del maldito cañonazo.
En el dia seis de Agosto,
alas seis de la mañana;
la cartera de erramientas:
la tenia yo en mi cama.
Deseguida alli el Doctor,
y yo con rrabia decía;
para que tanta erramienta:
para cortarle á V. el brazo:
el medico me decía.
El brazo no me lo corta,
por que no meda la gana;
que quiero ver a mis padres:
que aun tengo dicha esperanza.
Ya no le visito á V.
el medico a mi medijo;
pues no me visite V.:
al medico yo le digo.
Con lo que llevo consigo,
yo mismo puedo curarme;
mibrazo lo cortará;
cuando yo ya me oiga muerto,
que mientras yo tenga vida,
quiero mibrazo derecho.
Con pura agua sublimada,
desde aquel mismito instante;
alas diez de la mañana:
me curaba un practicante.
Todos los santos del cielo,
alas diez yo los veía;
cuando venia a curarme:
el practicante Macias.
Un carabao nos maiavan,
para quinientos soldados;
ademas dieciseis Frailes:
y ademas muchos paisanos.
El hambre que allí pasamos.
en el maldito hospital;
no puede contarlo nadie:
ni sepuede numerar.
Los desgraciados heridos,
y enfermos al mismo tiempo;
muchos se morían de hambre:
por faltar el alimento.
Mientras hubo carabao,
un pedacito nos davan;
pero ya setermin aron:
y un caballo nos matavan.
Dos comidas nos adán,
con la carne de un caballo;
para los Jefes y frailes:
y los quinientos soldados.
El hambre que yo pasaba,
no lo puedo yo decir;
porque me huviese comido:
hasta el catre de dormir.
El dia quince de Agosto,
se me marchara la vista;
cuatro pesetas gasté:
para putos y bivincas.
Con muchísimo mas hambre,
al otro dia siguiente;
y me ice una ensalada:
con un poco de sacate.
Sesenta dios estuve,
en el infierno en calderas;
de cuyos dieciocho días:
no se me bieron las huñas.
El codo estova desecho,
del maldito cañonazo;
muchos pedazos de hueso:
me salían apretando.
Ya tenia tres bajeros,
en e¡ coda de mi brazo;
y después ine icieron otra:
por devalo del sobaco,
por donde salió la bala.
El alta yo la pedí,
el diecinueve de Agosto;
no me la quisieron dar:
que me encontrava muy flojo.
Alos cuatro o cinco días,
sedecia de la paz;
hasta que el dia veintiocho:
nos tuvimos quentregar.
El veintiséis por la tarde,
se efectuó el parlamento;
con todos los Jefes nuestros:
y los Jefes Insurrectos.
El Jeneral catipunan,
al hermano de Rizal;
el dia tres de Septiembre :
nos tuvimos que entregar,
a Don Ponciano Rizal.
Todos los soldados nuestros,
el dia del parlamento;
dencima de las trincheras
mirando alos Insurrectos.
Benian los Insurectos,
a nuestras fuertes murallas;
y nos echavan la mano:
aquella perra canalla.
Nosotros el hojo alerta,
por si adán mala acción;
por querer entrar a dentro:
la maldita Insurrecion.
Lo mismo que las ormigas,
que están en un ormiguero;
en aquel maldito bosque:
estovan los Insurrectos.
Viejos mujeres y niños,
alas trincheras venían;
por ver alos cazadores:
que tanto serresistian.
Nosotros en las trincheras,
sentíamos los cañones;
de los norte americanos:
con los bravos españoles.
I cieron el inibentario,
y muchas apuntaciones;
entregando el armamento:
y miles de municiones.
Esperando fuerzas nuestras,
todas las oras del dia;
para sacarnos de alli;
y que nos diesen comida,
que estavamos muertos de hambre.
Sobre las 3 de la tarde,
nos mandaron á formar;
á los Jefes y oficiales:
para marchar á entregar.
Las fuerzas todas rrendidas,
y faltara Sta. Cruz;
con los quinientos soldados:
no puedo la Insurrecion.
Nos tuvimos que entregar,
por faltarnos la comida;
y cieron el parlamento;
y vinieron dos Jenerales;
acompañándoles a ellos
venían dos cazadores.
Les taparon vien los hojos,
al llegar ala trinchera;
semarcharon al Govierno:
atomar una cerveza.
Que todo estova entregado,
y la plaza de Manila;
á Don Ponciano Rizal:
Aguinaldo le decía.
Si V. eré que soy cobarde,
venga V. y tome la plaza;
que estos bravos cazadores:
no les temen alas volas,
el Ponciano de Rizal,
Aguinaldo le contestava.
Trincheras de Sta. Cruz,
murallas de Cartagena;
que si tienen alimentos:
no se entregava esta fuerza,
la catipunan decía.
Pobrecitos Cazadores,
el Jeneral nos decia;
cuanto antravajado Uds. :
por la noche y por el dia.
Llegamos al pantalón,
formados como Dios manda,
entregando el armamento:
para marchar á Calamba.
Un Insurrecto sobre otro,
desde el pueblo al pantalón;
habría unos veinte mil:
y no pudieron entrar.
Habió mucha tristeza,
y dava gana de llorar;
el ver alli los soldados:
al tiempo de ir a entregar.
Cuando yo entregué el fusil,
mi pensamiento decia;
cuantas veces en Campaña:
me abras salvado la vida.
Las lagrimas me saltaron,
cuando entregué el armamento;
al mismo tiempo tenía:
a mis padres en el pensamiento.
Alas dos de la mañana,
llegavamos á Calamba;
sin comer y sin veber:
casi toda la semana.
Aquella noche en Calamba,
cuatro galletas nos dieron;
hasta a otro dia alas diez:
quel rrancho nos repartieron.
Alas cuatro de la tarde,
nos mandaron ó formar;
con la mochila en la espalda:
para alas cinco marchar.
Genio cuarenta soldados,
que kcramos ya prisioneros;
marchamos á Cabuyaó:
qu.es un pueblo muy pequeño.
En el dia diez de Octubre,
vino una orden a! tugar:
que marchen ios prisioneros:
acia e' pueblo de Lumban.
Todos puestos en cuartel,
pero alas tardes paseo;
nos Íbamos por el pueblo:
a gastar algún dinero.
En aquel mismo momento,
nos mandaron a formar;
y marcharnos ala playa:
y al momento a embarcar.
El Teniente Coronel,
hera un hombre muy fatal;
el dinero de la caja:
no, no lo quiso entregar.
Sin comer y sin bever,
llegamos á Siniloan;
alas once de la noche:
mas estrechos que una soga.
La caja del Batallón,
fue para los Insurectos;
sacaron algún dinero:
y ochenta mil duros dentro.
Alas cuatro de la tarde,
marchavamos á Lumban;
y llegamos á Poete:
y allí me pude quedar.
Una orden rrecibió,
el presidente del pueblo;
para acernos travajar:
a todos los prisioneros.
Nos dio arroz el presidente,
y tortas de camarones;
tomar acer morisqueta:
pobrecitos cazadores.
El travajo que se acia,
en aquel maldito pueblo;
hera cortar unas hierbas:
en el patio del Combento.
Ablé con el presidente,
de aquel famoso lugar;
y le dije vuena mente:
si me podría quedar.
En casas particulares,
salieron muchos destinos;
los que no en el tribunal:
por ser enfermos y heridos.
Puede usted quedar si quiere,
el presidente medijo;
que oficio tiene usted:
el de herrero yo le digo.
Ami como estova herido,
nadie me quiso sacar;
por que yo no estova útil:
para poder travajar.
Estovamos ya durmiendo,
y se acercó un carpintero;
y medijo si quería:
quedarme yo en aquel pueblo,
pues yo le dige que si.
Ocho desgraciados cuartos,
alos pobres prisioneros;
nos davan para comer:
en aquel maldito pueblo.
Arreglavamos un Rancho,
berenjena y calabaza;
y un poco de morisqueta:
y los demás agua clara.
Boy ablar con mi compadre,
el carpintero medijo;
estará usted allí muy bien:
y lo tendrá como hijo.
Alas seis de la mañana,
en le Combento mi amo;
mis compañeros marcharon:
y yo quedé de criado.
De tanto hambre que tenia,
yo no ablava una palabra;
cuando subimos arriba:
la comida preparada.
Alas 9 de la tarde,
medecia que a paseo;
con los cuatro cazadores:
que heramos en aquel pueblo.
Seis platos de morisqueta,
me comí con la Manda;
y mientas tanto mi ama:
otra ropa preparaba.
Siempre medecia el amo,
cuando me iba de paseo;
toma y gastar esas motas:
pobrecitos prisioneros.
Terminamos de comer,
y me mandaron mudar;
y yo le dije ami amo:
bamonos a travajar.
Los domingos por las tardes,
ala academia marchaba;
me ha compañaba mi amo:
y tres o cuatro Dalagas.
Una acha habia forjada,
y mepuse a travajar;
todos los taos de aquel pueblo:
venían alli amirar.
Mi amo hera de justicia,
y no sabia una letra;
una temporada estuve:
de escribiente en la presidencia.
Ya terminamos el acha,
y el amo ami medecia;
mucho entiende usted el oficio:
cuatro años que no lo uso:
a mi amo yo le decia.
Mi ama siempre decia,
que yo no salir al campo;
que alli siempre en el bajay:
y escribiente de mi amo.
Se me hacia ami berguenza,
el ponerme a travajar;
por que no entendía nada:
y todos alli amirar.
El dia dos de Noviembre,
estovamos travajando;
me cayó una chista al pie:
y ya querían cortarlo.
Lo mismo que aun hijo propio,
medavan el tratamiento;
en el vestir y calzar:
y lo mismo el alimento.
Conforme tenia el pie;
el presidente me llama;
á compaña usted ala horquesta:
para una granserenata.
El presidente me dijo.
Tomás tu no cazador,
el amo ami medecia;
tu estarás con nosotros:
como hijo de la familia.
Todo lo vuenoy mejor,
me ponían de comer;
desde el mas viejo al mas joven:
Alejandro y su muger.
Noquerian que saliese,
tanto el ama como el amo;
para del campo traer leña al pueblo:
y que viniese cargado.
Con los travajos del mundo,
ala Orquesta á compañaba;
en casa del Gobernador:
todo el mundo memiraba,
y en general las dalagas.
En medio de tantos Indios,
sólito yo me encontraba;
todos mirándome ami:
porque veian que tocaba
El presidente y mi amo,
mepidieron por favor;
que tocase yo unpasodoble:
ai Señor Governador.
Llegamos á dicho Lilio,
al otro día de. Ramos;;
formados en ¡a presidencia:
venían alli á sacarnos.
En aquel mismo momento,
me encontrava un poco triste;
porque en aquellos momentos:
me acordava de mijente.
Un amigo mió y yo,
los dos sirviendo al mismo amo;
travajos habia muchos:
pero muy poquito caldo.
Al terminar de tocar,
mellamó el Governador;
tome usted cuarenta rreales:
pobrecito cazador.
Juevesanto y Biernesanto,
por ser dias señalados;
la comida de nosotros:
morisqueta y unos ajos.
Desde el ocho de noviembre,
estuve sin travajar;
hasta el veintiséis de Marzo:
que tuvimos que marchar.
Buenos platos de pescado,
seponian en la mesa;
pero Requenilla y Roto:
nada mas que morisqueta.
Cuando vino la noticia,
para á otro pueblo marchar;
tanto el ama como el amo:
se agarraron a llorar.
En la maldita manigua,
todo el dia travajando;
y por la noche cargados:
igual que un biejo caballo.
Del año noventa y nueve,
hera Domingo de Ramos;
prisioneros de Paete:
á Lilio se nos llevaron.
Enfermo yo me encontraba,
ni un paso podía andar;
pero Dios medava fuerza:
para poder caminar.
Al tiempo de despedirme,
del amo que yo tenia;
metió la mano al bolsillo:
y medió cuanto tenia.
Aquella mala persona,
jamas la podre olvidar;
poruqe el hambre que pasaba:
no se puede numerar.
Cuarenta dias estuve,
en aquella casa Infierno;
y el presidente mepuso:
en casa de un caballero.
La despedida le di,
cuando mefuy con otro amo;
me marcho de su bajay:
en los infiernos lo aguardo.
Puedes dispensar Tomás,
aunque te dé pocos cuartos;
ya ves que yo soy un pobre:
y llevamos muchos gastos,
con esto de tanta guerra.
Por ser hipócrita y falso,
merecía usted por todo;
por maltratar a un soldado:
que muera usted en un cadalso.
En la noche del domingo,
llegamos á Magdalena;
con los travajos del mundo:
por aquellas sementeras.
El diecisiete de Mayo,
de su casa me marché;
aunque biva muchos años:
el hambre no olvidaré.
Enseñando mis vergüenzas,
parque no tenía tropa;
en casa del Señor Noble:
rropa medió su señora.
Alas cinco de la tarde,
ílegavamos é Pacte;
el señorito seestava:
paseando por ¡a calle.
Los domingos de mañana,
me marchava á Nagcarlang;
y yo entregaba una carta:
para mi amo rreclamar.
Cuando entrevamos al pueblo,
paseaba por la calle;
pronto dejó la visita:
y se puso á preguntarme.
Después de mandar tres cartas,
ala cuarta me atendieron;
el dia veinte de Mayo:
un oficio rrecibieron.
El no haber venido usted antes,
usted se tiene la culpa;
yo en haber tenido carta:
rreclamo ala jefatura.
En aquella misma noche,
el presidente medijo;
mañana marchan ustedes:
tome lea usted ese oficio.
De las cartas que me ha escrito,
no herrecibido mas que una;
y nada mas /recibirla:
oficié ala Jefatura.
El que ami merreclamaba,
hera un Señor de Manila;
cuando marché de Paete:
medijo que bohena.
Al terminar de cenar,
el señorito medijo;
Tomás aga usted el favor:
de pasearse conmigo.
El veintidós por la noche,
rregresamos á Paete;
muy alegres y contentos:
por conocer alújente.
Dispénseme V. Tomás,
aunque le moleste un poco;
creo estará V. cansado:
pero quiero ablar un poco.
Estando en la Gefatura,,
me preguntó el General;
usted a escrito esta carta:
usted sellama Tomás.
Barias cosas me contó,
de los dos que allí tenia;
estos quedarán aquí:
V. se vendrá á Manila.
Al General contesté,
escierto que yo lo escrito;;
si en alguna cosa falto:
métame usted en presidio.
Los dos paseando juntos,
muy alegres y serenos;
metió la mano al bolsillo:
y me rregaló cinco pesos.
Al contrario de lo dicho,
estoy muy agradecido;
deque meden las noticias:
de los Indios tan indignos,
como tratan al cartilla.
Por la mañana y la tarde,
nos marchavamos al mar;
con la escopeta y elmauser:
en una barca á cazar.
Ambenido rreclamando,
un tal Alejandro Roces;
ustedes van á Paete:
sin impedírselo nadie.
Los otros dos cazadores,
a travajar semarchavan,
y yo me que dava en casa:
visitando las dalagas.
El diecisiete de Jimio,
semarcharon á Manila;
y nosotros en el pueblo:
encargados con sutia.
Ai tiempo de hirse a Kanüa,
merregaíó quince pesos;
para los tres repartidor,:
como buenos compañeros.
Ami medejó encargado,
cuando el semarcho a Manila;
que los otros dos soldados:
no faltasen a sutia.
Todos los viernes benia.
con un vapor á Paete;
cargado de comestible:
para aquella pobre jente,
como hera tiempo de Guerra,
tenía miedo la jente.